que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

7/12/16

DESTRUYE MAURICIO







Un año en el gobierno: 
los 10 programas eliminados o vaciados por Mauricio Macri

Macri, sus ministros y funcionarios desarticularon o eliminaron políticas públicas promovidas por el anterior gobierno de Cristina para favorecer la inserción laboral, acortar la brecha digital y brindar salud y el acceso a la Justicia de sectores vulnerables.

Al momento de aplicar las políticas de ajuste económico, Cambiemos explica que se debe a la "pesada herencia" que le dejó el kirchnerismo. En ese accionar, el gobierno de Mauricio Macri aplica recortes a políticas sociales, educativas y de acceso a la justicia que afectan, principalmente, a los sectores sociales más vulnerables.


1. Conectar Igualdad

Luego de su nacimiento en 2010, este programa repartió 5.400.000 netbooks a todos los estudiantes y docentes de establecimientos públicos de educación secundaria, especial y de formación docente. Este año, el Ministerio de Educación y Deportes despidió a los 60 empleados del equipo central y solo 6 se quedaron en este programa.

Se priorizaron los perfiles técnicos por sobre los pedagógicos y se desmanteló la área que desarrollaba las capacitaciones, realizaba talleres en escuelas y organizaba encuentros nacionales. Bajo la gestión de Esteban Bullrich solo se repartieron 200 mil computadoras y no se cubrió la totalidad del alumnado que ingresó este año al secundario y se trataba de un remanente de la gestión anterior.






2. Asistir

El gobierno de Mauricio Macri recortó fuertemente el programa Asistir, que depende del Ministerio de Trabajo, a través del cual se brinda información y asesoramiento sobre sus derechos laborales. Cumple una importante función social ya que los principales demandantes de este asesoramiento son personas de bajos recursos.

Hasta diciembre contaba con 20 abogados, dos psicólogos y tres administrativos. Pese a la gran cantidad de despidos, que se aceleraron en el segundo semestre, hoy Asistir funciona con 10 abogados y sin asistencia psicológica.


3. Progresar

En paralelo a los despidos que hubo en el Ministerio de Hacienda y Finanzas, más de 300 mil jóvenes dejaron de percibir el beneficio económico del Progresar. De los 130 despidos en la cartera de Alfonso Prat-Gay, 100 fueron aplicadas sobre los trabajadores del programa lanzado en enero de 2014 por Cristina Kirchner, que quedó sin personal.

El recorte en el Progresar ya se refleja en el número de jóvenes que acceden al beneficio: era más de 960 mil en noviembre pasado y en abril de este año se redujo a 600 mil, según informó el propio Gobierno. Gran parte de los despedidos integraba la red territorial, cuya función era llevar información sobre el programa puerta a puerta en zonas del interior del país donde se hace difícil acceder a ese tipo de información.






4. Argentina Sonríe

El gobierno de Mauricio Macri decidió derogar el programa Argentina Sonríe, lanzado por Cristina Kirchner en diciembre de 2014 y que había atendido a 31.900 personas. Hasta diciembre de 2015 había 2316 personas en tratamiento y 3300 prótesis instaladas. Además, había 626 talleres de prevención de salud bucodental con 11638 participantes. Se hacía limpieza de dientes, arreglo de caries, tratamiento de conducto, extracción dental y colocación de prótesis. Según la resolución publicada en el Boletín Oficial el 21 de octubre, que lleva la firma del ministro Jorge Lemus, la decisión fue por cuestiones técnicas.

El corte abrupto del programa, que era gratuito, generó una fuerte demanda a nivel municipal de asistencia odontológica debido a que había tratamientos que estaban inconclusos y cuyos costos en el sector privado oscilan entre 8.000 y 15.000 pesos.






5. Centros de Atención Judicial (CAJ)

Desde la asunción de Mauricio Macri, los Centros de Atención Judicial (CAJ), que ofrecían un servicio gratuito de asesoramiento jurídico, derivación institucional, acompañamiento psicosocial y mediación comunitaria, fueron desmantelados. Hasta diciembre pasado existían 82 CAJ, pero Cambiemos cerró al menos 30, en su mayoría en el conurbano bonaerense, y despidió a más de 200 trabajadores.


6. FinEs

Si bien este programa, a través del cual se puede finalizar los estudios secundarios, continúa vigente, el Ministerio de Educación y Deportes lo trasladó a las provincias que, debido al escaso presupuesto con el que cuentan, tuvieron que ajustar el programa y abrir menos comisiones. Más grave aún, a través de una resolución publicada en abril, la gestión de Esteban Bullrich dio de baja en FinEs en las Universidades, donde ya no se podrán inscribir nuevos alumnos a partir del año que viene.


7. Jóvenes por Más y Mejor Trabajo

Este programa nace en plena crisis internacional del 2008 y apunta a jóvenes de entre 18 y 24 años que no hayan terminado la secundaria. el objetivo es la inclusión social y laboral personas afectadas por el desempleo y la precarización laboral.

Hasta diciembre pasado el programa contaba con 21 trabajadores y ahora solo quedaron 7 debido a despidos y reubicaciones. Si bien el contenido de los cursos donde se le hace conocer a la persona sus derechos y obligaciones laborales no cambió, la llegada al territorio, principalmente enfocado en barrios vulnerables, bajó considerablemente al punto de que cayó a la mitad la cantidad de adherentes al programa.


8. Programa de Salud Sexual y Reproductiva

La gestión del ministro de Salud, Jorge Lemus, echó a 55 profesionales que pertenecían a este programa. Sólo 19 conservaron el puesto, pero fueron reubicados en otros sectores. Así, se redujo la capacidad de acción y abordaje territorial de esta área que, en 2015, distribuyó en centros de salud de todo el país 33.212.649 de métodos anticonceptivos.

Quedaron muy afectadas las Áreas de Monitoreo y Evaluación, Fertilidad, Diversidad, Comunicación y Promoción Comunitaria. Hay una imposibilidad de contar con información fidedigna sobre la distribución de métodos anticonceptivos, el seguimiento sobre las prestaciones realizadas por los efectores de salud en los distintos niveles de atención, el seguimiento de la organización de los servicios y la calidad y atención de los mismos. Esto dificulta gravemente la toma de decisiones de la política pública en torno de los derechos sexuales y reproductivos.






9. Plan Qunita

Mediante la resolución 454, publicada en abril en el Boletín Oficial, el Ministerio de Salud dio de baja el plan Qunita con el pretexto de que los elementos que acompañaban las cunas eran "muy riesgosos". El objetivo de Qunita era reducir la muerte súbita de bebés menores de un año y se entregaba de forma gratuita a mujeres beneficiarias de la asignación universal por embarazo.

Tras la entrega de 67 mil kits, en septiembre pasado el juez Claudio Bonadio rechazó acondicionar los objetos y, pese al repudio de neonatólogos y pediatras, ordenó la destrucción de 60 mil kits. UNICEF cuestionó la decisión y pidió que se revean los aspectos técnicos. Bonadio cambió de opinión y dijo que reutilizar los materiales del Plan Qunita es decisión del Ministerio de Salud.






10. Argentina Innovadora 2020

Luego del recorte de 3.000 millones de pesos en el presupuesto del Ministerio de Ciencia y Tecnología para 2017, las consecuencias se empiezan a observar en los programas de la cartera que conduce Lino Barañao. Desde el CONICET denunciaron que para el año próximo ingresarán un 60% menos de investigadores al organismo, lo que representa la cifra más baja desde 2004.

Esto choca contra el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva "Argentina Innovadora 2020", que se lanzó hace tres años y que fijaba el objetivo de alcanzar 5 investigadores por cada mil habitantes de la población económicamente activa.







13/11/16

QUÉ TRUMP






Las 7 propuestas de Donald Trump que explican su victoria

La victoria de Donald Trump (como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinion. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la TeleRealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: «No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación» . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : «Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%.»

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. «Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país.», suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: «El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos.»

En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo », reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo…









4
Vino, vio, y ella perdió

Los medios estaban estupefactos, las caras de los periodistas eran una mueca, sus análisis disparatados. Las bolsas del mundo se desplomaban. Eran las dos de la mañana y Trump tomaba irreversiblemente la delantera en la carrera presidencial para dejar a Hillary Clinton con los crespos hechos. He came, he saw, she lost.

Buenos días, tenemos nuevo presidente. ¡Gracias medios de comunicación!… ¿Gracias medios de comunicación?… Donald Trump, no solo ha vencido a Clinton, también derrotó a los grandes medios que, de manera orquestrada, se dedicaron a reforzar la imagen de monstruo peligroso que hoy hace temblar quienes todavía creen en lo que dicen las primeras planas.

¡Trump es un racista! Clamaban los mismos medios que silencian o tuercen a conveniencia la matanza sistemática de ciudadanos negros por parte de la policía. Los medios que no cuentan cómo y por qué las cárceles de los EEUU están llena de negros y latinos. Trump es un racista, aunque Hillary había llamado a los jóvenes negros super depredadores. La conveniente hipocresía ya no podía ser contenida.

Los grandes titulares escandalizaban para callar otras cosas que Trump decía, pero la gente, sobre todo los blancos pobres, esos que llaman allá “white trash”, basura blanca; hartos de no ver su realidad reflejada en ningún noticiero, invisibles, porque, por ser blancos, ni siquiera entran en eso que llaman minorías, pararon la oreja.

Trump denunciaba a un sistema que permitía que tipos ricos, como él, se declararan en bancarrota, una, y otra, y otra vez sin sus bolsillos sufrieran algún daño. Un sistema que, a la vez, penaliza severamente a cualquier ciudadano cuando no puede cumplir con el pago de alguna cuota de su vida hipotecada, bloqueándolo por varios años del acceso al crédito, cosa que en el país de las oportunidades te convierte en un paria. En los EEUU, la línea de crédito es tu única credencial. Es casi mejor tener antecedentes penales que una línea de crédito manchada. El crédito determina la posibilidad de alquilar una vivienda, y ni hablemos de comprarla. Lo mismo para acceder a un seguro de salud, una vaina vital, porque allá no existe la salud pública. Sin crédito, no eres nada. Tu crédito determina, incluso, la posibilidad de obtener un buen trabajo; quien no paga bien, no puede ser una persona responsable.

Mientras los medios destacaban que Trump era un misógino, él denunciaba a un sistema donde los ricos podían comprar con sus “donativos” a la clase política. “Todos ustedes han recibido dinero de mi” –decía, en el primer debate republicano, a sus contrincantes. Todos bajaron la cabeza tratando de disimular tan incómoda verdad. “Incluso, yo le pagué a Hillary Clinton” –continuó. “Uno les paga para que hagan lo que uno quiere. Ella vino a mi boda porque yo le pagué”. Y no solo van a bodas, pasan leyes que favorezcan al mejor postor. Y los pobres, por supuesto, nunca tienen para pagar por una ley que los proteja de los desmanes de las grandes corporaciones, siempre tan generosas con sus donativos.

Se preguntó Trump, en voz alta y frente a los micrófonos ¿Qué hacían los Estados Unidos derrocando gobiernos por el mundo. “Yo soy un hombre de negocios. Yo puedo sentarme a negociar con gente que me caen muy mal y obtener resultados que nos beneficien a ambos” – Habló , incluso, de una alianza con Rusia para detener al Estado Islámico, todo esto cuando le preguntaron por su política hacia los gobiernos “enemigos”. Se preguntó qué hacían metidos en todas esas guerras. Cuestionó la existencia de la OTAN. Habló de los millones desperdiciados en guerras, y propuso dirigir ese dineral hacia adentro de sus fronteras para poder reducir impuestos, abaratar la medicina, mantener planes sociales… y los prospectos de soldado, los pobres que no tienen otro remedio que irse a matar o morir para que la Exxon haga caja, lo escucharon, a pesar de que los medios hacían todo el ruido posible para que sus palabras no llegaran.

Y el bocón se metió con la banca, proponiendo mayores impuestos y una legislación que limite las inversiones de riesgo en la banca tradicional. Trump también renegó de los tratados de libre comercio que que dejaron a millones de obreros americanos fuera de juego. Habló de rescatar el orgullo del “Made in USA”, habló de volver a hacer de Los Estados Unidos un país grande otra vez, reviviendo la nostalgia por aquel idílico país de los años 50. “Make America great again”.

Y claro, habló del muro mexicano, y contra la inmigración ilegal, y de mujeres facilongas que se van con tipos como él por dinero, pero ¿en serio creen que fue por eso que las grandes corporaciones lo marcaron como el enemigo, que por eso los medios lo pintaron como un payaso, y todito el sistema financiero se alió con en su contra? ¿En serio creen que es por eso eso que las bolsas se desploman hoy a niveles del 11S?

No sé si Trump va a gobernar a la altura de lo que su boca dice. Lo que sí sé es que el sistema se tambalea desde adentro, desde sus propios excesos, desde su propio desprecio a las gentes que lo sostienen a punta de sudor y sangre, desde el fruto de ese mismo sistema de injusticias: un multimillonario, que, acostumbrado a decir y hacer lo que le de la gana, terminó desnudándolo.







3
Mauricio Trump

“Todos tenemos un amigo que votó a Macri y ahora se lamenta porque ganó Trump” dice una frase que circula por las redes. Ironías aparte, tiene algo de razón, Macri es más parecido a Trump aunque quisiera parecerse a Hillary. Los dos son de derecha, pero Hillary es más presentable. Para los macristas, el triunfo de Trump en Estados Unidos fue como si los hubiera sorprendido un espejo caminando por Florida y los enfrentara a la imagen del empresario rústico, ignorante y oportunista para los negocios, que se desayunó al sistema político y alcanzó la presidencia. Trump y Macri fueron socios en un emprendimiento inmobiliario en Manhattan. Forman parte del mismo universo cultural. El aparato mediático del macrismo, Canal 13, TN, Lanata y demás, se apresuraron a disimular esas semejanzas, lo hicieron como si les dieran vergüenza. “Trump es de derecha, como el kirchnerismo pero sin doble discurso”, dijeron.

Macri y Trump son parte de la propagación en todo el mundo de una hegemonía conservadora y regresiva. Se habla de Hillary como progresista y Trump conservador. Pero cada uno representa un aspecto diferente de la derecha. Es un fenómeno paradójico. Los obreros empleados y desempleados del cordón de óxido de los viejos estados industriales que hace pocas semanas votaron al izquierdista Bernie Sanders en la interna demócrata, ahora lo hicieron por el conservador Donald Trump. El principal motivo que traccionó esos votos las dos veces fue la necesidad de generar empleo y defender el que hay, un reclamo que relegó otros aspectos. Hubo “progresistas” que en Argentina votaron a la derecha y preferían que gane Hillary en Estados Unidos. Y hubo progresistas peronistas y no peronistas que preferían a Trump por sus promesas de menos intervencionismo. Cualquiera de los dos era un desastre para Argentina. Es posible que el intervencionismo de Trump sea menor, pero será más agresivo, sobre todo en la competencia con China. Rusia es más un problema para Europa y Alemania. Con Macri, Argentina quedó muy vulnerable ante la gestión de Trump. El presidente es más parecido a Trump y hasta puede entender su lógica chabacana de country de ricachones, pero necesitaba desesperadamente que ganara Hillary para mantener el Transpacífico, los tratados de libre comercio y las bajas tasas de interés de la Reserva Federal.

Hay similitudes para repartir. Pero a nadie le causaría sorpresa si se topara a Macri, Trump y Silvio Berlusconi abrazándose en Olivos. El abrazo kirchnerista, en todo caso fue entre Néstor, Lula y Chávez. Son fotos diferentes, con éticas y lógicas opuestas.

Los medios conservadores argentinos sueñan con parecerse a los grandes medios norteamericanos como The Washington Post o The New York Times, llamados “los medios serios” que apoyaron abiertamente la campaña de Clinton. Una gran cantidad de medios respaldó a la candidata y creó la sensación de que Trump no tuvo respaldo.

No fue tan así, porque en gran parte de su campaña recibió el soporte activo de Rupert Murdoch, el magnate mundial que encabeza un poderoso grupo multimedia que abarca desde prensa deportiva hasta la empresaria y bursátil, del ex News Corporations, hoy dividido en 21th Century Fox y NewsCorp. A los que se sumó una miríada de publicaciones localistas y el respaldo de los grandes Chicago Tribune y Los Angeles Times. The New York Times y The Washington Post son leídos por las capas medias y altas urbanas, pero los medios gráficos y de televisión, amarillistas y gritones, de Murdoch, son medios populares, que llegan a millones de esos trabajadores y campesinos del país profundo que pusieron su voto por Trump. Todos los medios, los que respaldaron a uno y otro son de derecha. En el sistema de medios norteamericano no existen medios importantes que expresen una mirada progresista y popular.

La batalla también se dio en las redes. Trump usó una artillería pesada de botts y trolls, y docenas de personas creando contenidos y estrategias provocativas para involucrar audiencias, además de su intervención personal. En Twitter, Trump tiene 11 millones de seguidores, en tanto que Clinton, con una campaña muchísimo más costosa y el apoyo de los medios “serios” tenía ocho millones. En Facebook, la relación era 10,2 millones de “me gusta” en la página del republicano, a 5,5 millones de la demócrata. Las declaraciones más bizarras del empresario recalentaban las redes. Podría decirse que el lenguaje ramplón y berreta que usó Trump encajaba mejor en la lógica crispada de las redes.

Otro parecido: la etiqueta más popular de Trump en Twitter fue #CorruptaHillary. Fue su caballito de batalla: “Hillary es tan corrupta que la echaron de la Comisión Watergate. ¿Cuán corrupto tienes que ser para que te echen de la Comisión Watergate? Bastante corrupto”, repitió en varios de sus discursos. La acusación de corrupción a su adversaria llevó a la presidencia a un empresario de la construcción, donde todos los norteamericanos saben que se lava dinero y que allí anidan mafias de las más pesadas. En Argentina, ese mismo discurso “anticorrupción” contra su oponente llevó al poder a un empresario que hizo su fortuna como proveedor del Estado que, como todo el mundo sabe, es un negocio plagado de tramposos y coimeros. La coincidencia es también que ambos presidentes fueron socios.

Los servicios de inteligencia: otro respaldo que se escapa en la mayoría de los análisis. El FBI respaldó abiertamente a Trump con fuertes operaciones de inteligencia. Pocos días antes de la elección, James Comey, director del FBI, hizo filtrar una carta donde informaba al Congreso que se había abierto una investigación sobre e-mails de Clinton. Fue un golpe mortal a la ex primera dama, terminó de alejar a mujeres, latinos y negros que directamente no fueron a votar. Ojo: en el equipo de Trump sobresale Rudolf Giuliani, lobbista del mundo de las armas y de la seguridad y un contacto directo con los servicios.

Es difícil englobar esta irrupción generalizada de las derechas con respaldo de masas en el mundo. Tienen signos diferentes en cada país y los significados tampoco son los mismos cuando se trata de economías centrales o economías periféricas. Y es difícil hacerlo en un mundo cambiante donde al producirse con rapidez muchas veces los procesos son asincrónicos: Macri y Trump surgen cuando decayó la estrella de Il Cavaliere Silvio Berlusconi en Italia.

Cuando habla de los derechos de las minorías, de la inmigración o de las mujeres, Trump saca conceptos del ideario restaurador y neoconservador que busca restringir derechos. “A todas las mujeres les gusta que les digan un piropo, aquellas que se ofenden, no les creo. No puede haber nada más lindo que un piropo, por más que esté acompañado de una grosería, que te digan qué lindo culo tenés, está todo bien”. Bueno, ese no fue Trump, fue Macri. Trump dijo: “Cuando eres una estrella, las mujeres te dejan hacerles cualquier cosa, agarrarlas por el coño, lo que sea”. Bernasconi tiene a docenas. Para Trump, los inmigrantes latinos son lo peor, “violadores y ladrones”. Va en línea con lo de “resaca” como los calificó el senador Miguel Angel Pichetto y ratificó Claudio Avruj, el secretario de Derechos Humanos de Macri, que antes había dicho que acabaría “con el curro de los derechos humanos”. Trump prometió que sacará el plan de salud para los pobres, el Obamacare. Hay muchas acá sobre ese tema, desde la frase del radical Ernesto Sanz de que la plata de la AUH se va por la canaleta de la droga o la que dijo hace pocos días el mismo Macri al canal de La Nación de que había “muchos argentinos que son pobres y no se habían dado cuenta”. Se dan cuenta con él, pero eran pobres de antes.

Es probable que muchos votos de Trump hayan sido antisistema. Pero Trump es producto del sistema. Los mismos medios y periodistas que en Argentina estaban desolados por la derrota de Hillary Clinton, coincidían con Trump en su diatriba contra los inmigrantes. En Argentina se viene una crisis social muy fuerte y esos discursos que estimulan la guerra entre pobres son funcionales a la derecha. Ellos aquí y Trump allá, son una consecuencia del esquema de valores que puso en juego el neoliberalismo en su confrontación crispada con las experiencias democráticas y populares: la antipolítica, la exaltación de la riqueza como máxima virtud, la naturalización de la pobreza, la leyenda del empresario sin cultura ni escrúpulos que triunfó. Trump abona al mismo clima de época que Macri, que Uribe y el No a la paz en Colombia y que el Brexit en Gran Bretaña.








2
El cielo se llenó de cisnes negros

Introducción: si por “cisne negro” se entiende a los hechos extraordinarios, imprevistos e impredecibles que rompen política, social y culturalmente con la acostumbrada línea del horizonte y con la línea vertical de la ley de gravedad vigente, digamos que varios y diversos hechos han logrado ser merecedores de tal mote en el último tiempo. Nombremos algunos: la votación de Inglaterra para salir de la Unión Europea (Brexit); la votación por el No a la Paz en Colombia; La unción de un cura peronista como Papa; la victoria de Donald Trump en los EE.UU. De allí el título de esta reflexión somera para abrir el debate.
1.- El triunfo de Trump es el inicio del fin del neoliberalismo global y la aceptación norteamericana de que el mundo dejó de ser unipolar para convertirse en un mundo multipolar. Es el primer presidente de los EE.UU. que no llega al gobierno con el apoyo poderoso del complejo financiero militar de su país ni de Wall Street ni de los grandes medios. Léase: la flor y nata del poder neoliberal global.

2.- EE.UU. desarrollará con Trump, según se anuncia, una fuerte política aislacionista, puertas adentro de sus fronteras, que tendrá como meta devolver a los estadounidenses la ilusión del sueño americano: basta de gastos bélicos para costear los gastos del mundo a expensas de la creciente pobreza del ciudadano propiamente norteamericano; es lo que proclama Trump.

3.- Hay que dar un intenso debate con los compatriotas que por desconocimiento o prejuicios se compraron el cliché de que en EE.UU. ganó la derecha más retrograda y perdió el progresismo más avanzado. Ganó una versión norteamericana de la derecha nacionalista, sí. Pero la que perdió fue una de las principales comandantes de las fuerzas políticas militares de EE.UU. y la OTAN que asesinó en vivo y en directo a un líder terrorista antes prohijado por ellos ( Bill Laden) y por sobre todo, aniquiló una nación como Libia provocando en consecuencia la tragedia humanitaria de este siglo expresada en las masivas migraciones que día a día naufragan en el Mediterráneo. Libia siempre fue un estado tapón del África. Muamar al Gadafi advirtió que si lo derrocaban Libia dejaría de ser contenedor de sus hermanos africanos para ser el muelle por donde se irían a Europa los pueblos que huyen del hambre y de las guerras y de los misiles norteamericanos. Es lo que está pasando. La candidata que perdió, además, convalidó los ataques económicos y parlamentarios a Venezuela, a Bolivia, a Ecuador, y diseñó los golpes que destituyeron gobiernos populares en la región. No nos engañemos más con el discurso falsamente “progre”.

4.- Todas las bolsas del mundo cayeron ni bien se supo que ganaba Trump, todas, menos la de Rusia. Algo nos dice este dato del nuevo mapa mundial que se abre de ahora en más.

5.- Anotemos y observemos quiénes se lamentan aquí de la derrota demócrata: Macri, Malcorra, TN y Clarín, La Nación, los pro-buitres de la Bolsa.

6.- Trump ya se pronunció contra todo intento de reeditar el ALCA, tipo el Acuerdo Transpacífico (PPP), y contra el NAFTA (acuerdo de libre comercio de EE.UU. con Canadá y México) y contra el mega gasto económico militar que hacen para mantener a la OTAN. Que cada uno se pague lo que consuma, dijo Trump. Por eso las caras largas contra él en toda Europa. Trump acepta que son tres potencias las que se reparten la geopolítica mundial en este siglo: EE.UU., Rusia y la China emergente. De allí los enojos de unos y las caras alegres de otros. O sea: Trump acepta que el mundo es multipolar y que al aceptarlo podrá direccionar el gasto público fronteras adentro de los EE.UU. y no tanto en las trincheras externas. Él no es un pacifista. Es un millonario pragmático que leyó mejor que nadie la realidad del mundo y de su propia sociedad. Como dice irónica y sagazmente un amigo: por fin los yanquis tienen a un presidente que se parece a su pueblo.

7.- En este contexto, Argentina y América Latina deberán reagrupar fuerzas y volver a disputar el sentido común perdido con el neoliberalismo que hoy llora la derrota de Clinton. No esperemos nada de nadie. No festejemos el triunfo de ninguna potencia. Nosotros cuando fuimos libres fue porque nos valimos de nuestras propias fuerzas y con nuestro propio espíritu libertario. No dependamos de nadie. Más que de nosotros mismos.

8. Ahora sí entrémosle a la cantinela impuesta por los medios a escala global: Trump es xenófobo, sexista, racista, insensible, etc., etc. Y sí. Toda discriminación merece nuestro más absoluto repudio y rechazo. Condenemos este rasgo autoritario. Para eso damos la batalla cultural día a día de la manera que cada uno puede. Pero de lo que se trata es de comprender que la política es causa y consecuencia de las relaciones de fuerzas y de poder que vayamos construyendo. La inteligencia política entonces es aprovechar el resquebrajamiento del poder unipolar para construir mayores espacios de autonomía y para construir más y más derechos sociales.

9.- Macri no es Trump. El nuestro es un millonario a costa del Estado pero que ahora reniega del Estado para no tener que hacer grande y feliz a su pueblo, sólo a su propio bolsillo. El otro es un millonario que se vale del Estado para fortalecer a su nación a costa de dejar a la intemperie a todo aquel que no sea un NIC como se aprecia ser él. No caigamos en la trampa que nos tiende el poder financiero mediático vendiéndonos que ahora viene la catástrofe para América Latina. Nunca se preocuparon de nosotros más que para expoliar nuestras riquezas. Dejemos que sigan sin preocuparse de nosotros y hagamos lo que tengamos que hacer como libres que somos.

10.- A la izquierda nuestra, la pared: tenemos más que suficiente autoridad política y moral para condenar todas las conductas racistas y xenófobas verbalizadas por el presidente electo de la potencia imperial del norte. Los que votaron a Macri tendrían que tener el pudor de no mostrarse tan verborrágicamente anti Trump mientras aquí votaron como votaron. Somos pocos y nos conocemos muchos. Pero mucho más condenamos la violencia imperial que arma el ISIS, que bombardea a escuelas y hospitales de niños en Siria y a los países de aquella tan sufrida y milenaria región en nombre del “mundo libre”. El mundo cruje por abajo y por arriba. El futuro es impredecible y nos obliga a ser creativos. Como enseñan los pueblos originarios: No sigamos las huellas de los antiguos, busquemos la última huella que ellos dejaron y el lugar que ellos buscaban al momento de partir. Y sigamos caminando hacia delante, haciendo nuestras propias huellas.

Volveremos y seremos mejores, ya lo verás mi amor.








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Un mundo para Donald Trump

El mundo mira con profunda desconfianza al nuevo presidente de los Estados Unidos, como nunca antes miró a otro, y sobran razones para eso. Donald Trump podría ser considerado una especie de ovni, que está a menos de dos meses de aterrizar en el corazón del mundo, y nadie tiene la menor idea sobre que va a salir de esa nave.

Sin duda su victoria sobre Hillary Clinton, ha asombrado a las enormes mayorías que siguieron el proceso electoral de los Estados Unidos, que en muchos tramos tuvo entidad de culebrón mexicano, y que anoche terminó convirtiéndose en un verdadero “cisne negro” que acaba de desplegar sus alas con todo esplendor.

Las razones de porque ganó Trump, más allá de que supo llevar al barro a Clinton y sabemos cómo se manejan los empresarios en la mugre, se engloban en una sola respuesta: los trágicos ocho años de gobierno del Barack Obama, que, más allá de la crisis económica y cualquier tipo de objeciones, termina su mandato dejando al mundo al borde de la tercera guerra mundial, aunque para muchos, incluyendo al Papa Francisco, esa guerra ya ha empezado hace más de un año.

No conforme con esto, Obama alentó como sucesor a quien ha hecho lo indecible por generar este estado de cosas. Los cinco años de Hilary Clinton, al mando del Departamento de Estado, son la razón fundamental de que hoy ya nadie se sienta seguro en ningún lugar del mundo, sino que lo digan los cuatro parroquianos muertos en el bistró Le Petit Cambodge durante la trágica jornada del 14 de noviembre del año pasado en Paris, donde un raid terrorista terminó con la vida de 140 personas y, por mucho tiempo más, con aquello de que París era una fiesta.

Las aberrantes políticas del tándem Obama-Clinton son la causa fundamental del resurgimiento de la ultra derecha en toda Europa, como única respuesta a los millones de refugiados que, con los bombardeos “quirúrgicos” del Pentágono, lanzaron a las playas y caminos europeos, sin contar los miles que quedaron en el fondo del Mediterráneo. Esta “invasión” de víctimas de las políticas guerreristas de Obama, llevadas a cabo por Clinton, como un efecto dominó, no solo provocó el Brexit, sino que puso a la Unión Europea al borde de la disolución.

Las políticas que también la Unión Europea fomentó con el apoyo de Washington, son la razón de la guerra en Ucrania, lo que obligó a Moscú a intervenir, en defensa propia. En Ucrania la OTAN, pretendía terminar de enhebrar en toda la frontera occidental rusa, un peligroso cerco, que desde ya el presidente ruso Vladimir Putin no iba a tolerar. La torpeza del Departamento de Estado, ya en manos de John Kerry, que poco y nada pudo hacer para enderezar la nave definitivamente escorada por Clinton, terminó por darle visibilidad mundial al presidente Putin, quien se ha convertido en un líder global que Rusia no tenía desde los tiempos de Stalin, y a una China, a quien prácticamente obligaron a salir de su milenario mutismo.

Donald Trump, el 45 presidente de los Estados Unidos, tiene todo un mundo por resolver si pretende que lo sentenciado por Francisco no se convierta en una aseveración absoluta.


La bronca blanca

Nunca antes en la historia moderna nadie tuvo tanto poder político sin una carrera que lo respaldara. Trump, es un perfecto arribista que solo pudo acceder a su postulación como el candidato del partido Republicano, porque supo, y muy bien, transitar por las vísceras carcomidas de un sistema tomado por la corrupción, tal cual sucede con el partido Demócrata, que solo se animó a jugar con una candidata del establishment desgastada, ya no solo por su actuación en el Departamento de Estado, sino también por ser parte de esa “clase” política que los blue collar, es decir los obreros, particularmente blancos, se cansaron de sostener asó como al sistema que los llevó a la desocupación, a los bajos sueldos, disparándose, además, en esos sectores las tasas de alcoholismo, drogadicción y suicidio, como nunca antes.

Trump les habló a las clases bajas blancas que se han sentido traicionadas por el sistema, y supo direccionar su bronca, su bronca blanca, como los líderes europeos, que nada han podido hacer para que esos mismos sectores no deriven en una bronca parda y eso ha sido también un elemento clave de su triunfo.

Es paradójico que muchos sectores progresistas, siempre en busca de un padre, esta misma mañana hayan librado un cheque en blanco a quien hasta hace pocas semanas catalogaban de nazi y hoy prácticamente lo ven como a un Fidel Castro bajando de Sierra Maestra.

Develaremos quien es el verdadero Trump luego de que llegue a la Casa Blanca, ya que en Irak y Siria se están librando dos batallas claves contra el Estado Islámico, que no le dará tiempo para ninguna luna de miel. Turquía, aliado fundamental en la región de Washington desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se ha desbocado en estos últimos meses y las andadas de su presidente, Recep Erdogan, tampoco permiten dilaciones al momento de ponerlo en caja. A ello se suma, el desorden generalizado de Libia y la crisis en Afganistán, donde el talibán, ya casi desbordando al gobierno títere de Kabul, están a punto de volver a incendiar Asia Central.

Será clave la política exterior que lleve Trump, para entender si en Estados Unidos hubo un cambio real u otra vez el establishment hizo una de las suyas, si bien su grandes propuestas fueron hacia el interior de los Estados Unidos, antes de encerrarse tras su fronteras, levantar muros y demás, tendrá que ordenar por lo menos en parte lo que su antecesor le ha dejado.








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¿Fin del fenómeno Trum?

(Septiembre 2016)

Según las encuestas, y aunque faltan dos meses para las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre en Estados Unidos, las cosas parecerían estar ya claras en lo que concierne al resultado: la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, resultaría electa y se convertiría así –venciendo además toda una serie de prejuicios machistas–, en la primera mujer que gobernaría los destinos de la principal potencia mundial de nuestro tiempo.

La pregunta es: ¿qué ha ocurrido con el candidato del Partido Republicano, el tan “irresistible” y mediático Donald Trump? ¿Por qué, de pronto, el magnate se desploma en las encuestas? (1). Siete de cada diez estadounidenses no se sentirían “orgullosos” de tenerlo como presidente, y solo el 43% lo juzgaría “cualificado” para sentarse en el Despacho Oval (mientras que el 65% sí juzga, en cambio, que la Sra. Clinton está cualificada) (2).

Conviene recordar que, en Estados Unidos, las elecciones presidenciales no son nacionales, ni directas. Se trata más bien de cincuenta elecciones locales, una por estado, que determinan un número preestablecido de 538 grandes electores quienes, en realidad, son los que eligen al (o a la) jefe de Estado. Por lo cual, las encuestas de ámbito nacional tienen apenas un valor indicativo y relativo (3).

Ante sondeos tan negativos, el candidato republicano remodeló su equipo a mediados de agosto y nombró a un nuevo jefe de campaña, Steve Bannon, director del ultraconservador Breitbart News Network. También empezó a modificar su discurso en dirección a dos grupos de electores decisivos, los afroamericanos y los hispanos.

¿Conseguirá Trump invertir la tendencia y lograr imponerse en la recta final de la campaña? No se puede descartar. Porque este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ha desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que, desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido), ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la carrera por la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencia, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la ascensión de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la “rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerrealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado dirigiendo. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios de comunicación han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o “ubuescas”. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en Juego de Tronos, de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21.000 millones de dólares sería financiado por el Gobierno de México. En ese mismo orden de ideas: también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes... Y atacó con vehemencia a los padres de un oficial estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su crítica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios de comunicación dominantes no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se plantea es: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadra.

Para responder a esa pregunta ha habido que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir qué otros puntos fundamentales defiende, silenciados por los grandes medios. Éstos no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: “No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación” (4). En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: “Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%”.

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito...

Otra razón por la que los grandes medios de comunicación atacan a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien remunerados desaparecieron. Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del brexit, Donald Trump ha desvelado que, si llega a ser presidente, tratará de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.

En regiones como el rust belt, el “cinturón de óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras han dejado altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo. Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro sanitario) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú. También, contrariamente a muchos líderes de su partido, ha declarado aprobar el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables y odiosas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios de comunicación dominantes. Pero sí explican mejor el porqué de su éxito en amplios sectores del electorado estadounidense.





(1) A finales de agosto, Hillary Clinton le llevaba a Donald Trump, a nivel nacional, una ventaja de 6,8 puntos, según la media de sondeos que elabora la web RealClearPolitics.

(2) Varios estudios revelan también que el tándem demócrata Hillary Clinton-Tim Kaine derrotaría, por el momento, al “ticket” republicano Donald Trump-Mike Pence en algunos segmentos sociológicos determinantes: las mujeres (el 51% frente al 35%), los afroamericanos (el 91% frente al 1%), las minorías étnicas (el 69% frente al 17%), los jóvenes (el 46% frente al 34%), los electores con título universitario (el 47% frente al 40%) y los hombres (el 43% frente al 42%). Donald Trump sólo vencería entre los electores blancos (el 45% frente al 40%), los mayores de sesenta años (el 46% frente al 43%) y los electores blancos sin titulación (el 49% frente al 39%).

(3) Aún considerando esto, según otros sondeos, la candidata demócrata también derrotaría a Trump en varios estados clave como Florida, Pensilvania o Virginia, que son decisivos. Porque, sabiendo que California (55 grandes electores) y Nueva York (29) votan siempre a favor de los demócratas, a Hillary Clinton le bastaría con vencer, efectivamente, en Florida (29), Pensilvania (20) y Virginia (13) para acercarse holgadamente a la cifra mágica de 270 grandes electores que garantiza la elección.

(4) En su mitin del 13 de agosto, en Fairfield (Connecticut).






16/7/16

EL FRÍO DE SU CORAZÓN





Decretar aumentos colosales, mal calculados y aplicarlos al gas cuando empieza el invierno no fue un error, fue un acto de desprecio. En general las medidas de este gobierno impactan así en la piel de la gente. Sobre los derechos humanos acumula varias, como cuando Macri dijo que iba a acabar con el curro de los derechos humanos o cuando el minúsculo ex secretario de Cultura de la CABA dijo que la cifra de los 30 mil desaparecidos había sido inventada para cobrar indemnizaciones. El ministro de Hacienda pidió perdón por la nacionalización de YPF a empresarios españoles que están presos en España y que vaciaron la petrolera. Pero allí lo superó el mismo presidente al intentar meterse en la cabeza de los próceres y decir que seguramente “sintieron angustia por España” al liberarse de ella. En lo social es una atrás de otra. “Si andás en pata y en camiseta en invierno, quiere decir que estás derrochando” fue la más reciente de Macri, o sea, sólo los ricos como él pueden andar en pata y en camiseta en invierno. Pero antes habían dicho que el kirchnerismo engañó a los “empleados de nivel medio” al hacerles creer que con su salario podían comprar “un plasma, un celular y viajar al exterior”. De ese tono hubo de sobra, alguno de la vicepresidenta Gabriela Michetti. Y el miércoles en la Bolsa de Buenos Aires, Macri se incluyó entre los que negrean plata. “Ya no vamos a tener que ocultarnos” dijo, suelto de cuerpo, para explicar las bondades del blanqueo que propicia. Es impúdico que lo diga un presidente que tiene empresas offshore, de las que se usan para “ocultarse”, evadir y negrear.

No son declaraciones habituales en la política. No las diría un gobierno radical o peronista de derecha. No están tamizadas por la política, se expresan como una derecha militante aunque está dicho con la parsimonia de abuelito conservador. Sin filtro, sin vergüenza, sin sensibilidad.

No son furcios, hablan así porque piensan así y no se dan cuenta de la violencia que transmiten, o se dan cuenta y no les importa. Cualquiera de las dos. Esas expresiones tienen una fuerte coherencia interna. Y su gozosa exposición pública tiene un motivo. Macri ha sido aún más expresivo en las exposiciones que realizó ante empresarios extranjeros durante su reciente gira por Europa y Estados Unidos. Se presenta como el Fidel de la derecha. Y su discurso, reivindicador de algunos clásicos que la derecha prefiere ocultar en todo el mundo, es una forma de mostrarse como el caudillo que derrotó al populismo sin ocultarse. Su victoria es la de una derecha que no tiene vergüenza y que gana votos. Una derecha que puede hablar de ajuste, despido, tarifazo, austeridad, autoridad y ganarle en las elecciones a gobiernos que promovieron medidas “populistas”. Macri se presenta como líder de una revolución restauradora derechista que puede llevar esperanza también a otras geografías. “Se puede derrotar al populismo”, agita. Por eso reclama a los grandes empresarios y financistas del mundo que lo apoyen.

En esas declaraciones rigurosamente clasistas se compagina el relato épico de Macri y su gobierno. Es el relato del dirigente que sacó a la derecha del clóset de barrios ricos y la hizo tan popular como una rockstar. Si no se cuenta al fascismo y al nazismo, la derecha no ha tenido un relato épico. Macri siente que ahora lo encarna en plenitud con la derrota que le infirió al kirchnerismo en las urnas y con esa seguidilla de formulaciones provocativas que buscan profundizar la hegemonía ideológica abiertamente de derecha.

    Es una apuesta difícil. Un sector de la derecha en Argentina tiene esa vocación extremista. En su versión autoritaria, la dictadura de Videla innovó con su estrategia masiva de secuestro-tortura-desaparición que aplicó en forma masiva. En su versión democrática, el macrismo busca su consolidación con un discurso clasista que la derecha de todo el mundo evita y que en Argentina siempre tuvo que travestirse como una parte del radicalismo o del peronismo. No es una exageración: en el desfile del bicentenario confluyeron esas dos caras de la derecha franca: el gobierno de Macri y los que todavía reivindican a la dictadura. Escuchar las declaraciones de algunos de los que desfilaron o asistieron al desfile producía escalofríos. Y Macri consagró esa confluencia por la “reconciliación” nacional.

Durante La noche del apagón, en 1976, secuestraron a 400 personas de Ledesma, Jujuy, por pedido de los Blaquier, dueños del Ingenio, según denunciaron los vecinos. Ahora Blaquier ordenó al gobernador radical Gerardo Morales, que destruya a la Túpac Amaru, la organización que impulsó el juicio de Blaquier por aquella represión. Morales ganó con la boleta de Macri. Hay una convergencia de historias de la dictadura y el macrismo. El jueves, el gobernador Morales mandó reprimir en forma salvaje a los trabajadores del ingenio de los Blaquier y dejó numerosos detenidos y 80 heridos. Ese mismo día encarceló a Raúl Noro, esposo de Milagro Sala. El macrismo de Morales devolvió a la provincia las viejas prácticas de las dictaduras junto a la presencia ominosa del apellido Blaquier.

El masivo y extendido Ruidazo del jueves fue ignorado por los medios oficialistas, o sea la mayoría de los medios. Fue editado en un segundo, tercer o cuarto nivel. En primera plana estuvo López hasta el cansancio. Mientras transcurría el Ruidazo o cacerolazo, Canal 13 hacía el centésimo informe sobre López. El tarifazo provocó la unificación de todos los intendentes del peronismo, unificó a la oposición en el Senado y provocó otra movilización contra el gobierno, pero los medios oficialistas y sus periodistas emblemáticos no se dan por aludidos.

En vez de organizar una sola concentración, las multisectoriales hicieron miles de convocatorias en todo el país. No hubo fotos de grandes multitudes como las del acto del kirchnerismo en Comodoro Py o del movimiento obrero en el monumento al Trabajo. Los organizadores priorizaron la participación de los vecinos en sus barrios antes que el efecto de las fotos multitudinarias. Los medios oficialistas aprovecharon esta modalidad para desvalorizar la movilización. Pero lo real es que, con frío y con lluvia, centenares de miles de vecinos participaron en las esquinas de barrio en todo el país, incluso en los pueblos más chicos. “La izquierda protestó contra el tarifazo”, confundía el zócalo de TN mientras mostraba poca gente en el obelisco, antes de que empezara la protesta.




El Ruidazo anuncia el fin de una etapa en la que el gobierno se sostenía con el discurso de “la pesada herencia” y con el show mediático de la corrupción k. Ese discurso se está agotando. El gobierno cree que el caso López terminó de hundir al kirchnerismo porque supone que permite generalizar. Pero en realidad es al revés: de los innumerables casos de corrupción denunciados, López es el único comprobable e indiscutible. Es diferente a los demás. En vez de permitir la generalización, López acentúa por contraste el hecho de que en todos los demás no se pudo lograr una prueba irrefutable. Si hubo una corrupción desaforada como la que denuncian los medios oficialistas, tendría que haber más López y no decenas de casos en permanente discusión en tribunales con jueces y fiscales totalmente parcializados o condicionados por la masiva campaña mediática y por el gobierno.

Los medios oficialistas insisten con el show de la corrupción k porque no encuentran aspectos del gobierno que habiliten un discurso reivindicable. Esa práctica arrastra a los funcionarios de la Justicia a prácticas repugnantes, como la difusión de las fotografías del dinero declarado que estaba en las cajas de seguridad de la hija de Cristina Kirchner. La misma Florencia Kirchner había solicitado al juez Julián Ercolini que ratificara el contenido de las cajas, “para terminar el show mediático”, que fue lo que insólitamente promovió el juez.

Frente a la gran protesta contra el tarifazo, la campaña mediática es cada vez más débil. Los funcionarios ya no usan la letanía de “la pesada herencia” que repitieron durante los primeros meses porque ya no suena como explicación sino como justificación. Sienten que ya está gastada, que perdió fuerza. Es una etapa que se va cerrando. Para sostenerse, Macri deberá ensayar ahora su propio relato. Tiene la colaboración de los medios oficialistas y de sus periodistas emblemáticos que tratan desesperadamente de insuflarle carisma y credibilidad, de ocultar los límites y maquillar los desastres y denigrar a sus adversarios. Aún así, hasta en sus lectores, la imagen de Macri es que gobierna para los ricos. Y las frases que quedan en el imaginario colectivo para identificar a su gobierno son las más provocativas, las más ideológicas y menos políticas. Con ese perfil deberá alimentar las expectativas que aún mantengan quienes lo votaron.

















22/3/16

YANKIS AT HOME






La visita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a nuestro país tiene y tendrá una enorme repercusión. La presencia de un mandatario del Gran País del Norte para una reunión bilateral se dio contadas veces (Roosevelt, Eisenhower y George W. Bush lo hicieron en gira a varios países de la región o cumbres de mandatarios). Solamente la visita la visita de Bill Clinton y la de George Bush padre para reunirse con Carlos Menem se registran como antecedente.

Es evidente las conveniencias para Obama y para los EE.UU. de su presencia en Argentina. En su última entrevista con la CNN el presidente norteamericano dijo: “creo que la Argentina es un buen ejemplo en cuanto a las relaciones de Estados Unidos con otros gobiernos” y que “Cristina tenía una retórica que data de los años 60 y 70, y no de la actualidad”, “... sus políticas eran siempre antiestadounidenses”

Respecto de su viaje a Cuba, la primera vez que un presidente estadounidense pisa suelo cubano en casi 90 años, Obama afirmó que “es el punto culminante del mucho trabajo que hemos hecho en América Latina”. Señaló que, cuando asumió la presidencia, “el prestigio de Estados Unidos en la región era muy bajo, con figuras como Chávez y el ALBA en ascenso. Había mucha sospecha con respecto a las intenciones de Estados Unidos y mi política fue entablar una relación con base en el interés mutuo, el respeto mutuo, en vez de entrar en competencias de insultos con Chávez. Dimos un paso atrás para atraer tanto a los amigos como a los adversarios en la región”. Más claro, agua.

Después del rechazo al ALCA, EE.UU. se propuso recuperar terreno rápidamente en la región. Firmó tratados de libre comercios (TLC) con varios países, creó la Alianza del Pacífico, un modelo de integración alternativa al Mercosur, colaboró con la destitución de los presidente Fernando Lugo y Mel Zelaya, apoyó movimientos desestabilizantes en Ecuador y Bolivia, y hostigó de varias maneras a los pilares de la integración regional Brasil, Venezuela y Argentina. La simpatía y solidaridad con Cuba en América latina –y la necesidad de tener un organismo propio y no subordinado a la los EE.UU., como es la OEA– gestó la Celac (que es la OEA menos Canadá y EE.UU., más Cuba). Necesitaba Norteamérica recuperar la legitimidad de ese organismo, y por eso, como dice Obama, dio un paso atrás y se acercó a Cuba para congraciarse con la región.

Norteamérica impulsó, alimentó, dio argumentos y contenidos a una nueva derecha no tradicional, como Henrique Capriles en Venezuela, Sebastián Piñera en Chile, Mauricio Rodas en Ecuador, Luis Lacalle Pou en Uruguay, Aécio Neves en Brasil, Sergio Massa y Mauricio Macri en Argentina. Utilizó los medios de comunicación para instalar y propalar sus virtudes de modernidad, sentido común, actitud descontracturada (una derecha sin corbata), amiga de los EE.UU., enemiga de los populismos y convocantes a “volver a la normalidad”. Que es en realidad dejar en el olvido los últimos años, y que” los ricos no pidan permiso”, que “pobres habrá siempre” y que “EE.UU. es el gran hermano del norte que hay que obedecer”. Obama viene a la entrevista con Macri para demostrar que aquel plan que contó en la CNN dio resultado, y mostrar a nuestro Presidente como el ejemplo de ese logro. Es uno de sus muchachos.

Ahora bien, ¿a nosotros en que nos conviene esta visita? Siempre nuestra relación con Norteamérica fue poco útil. Somos competitivos en los temas productivos y de comercio exterior, el terrible desarrollo tecnológico nunca fue compartido en lo mas mínimo, jamás recibimos colaboración financiera que ayudara a nuestra Nación y que no enriqueciera aun más a los bancos, apoyaron todos los golpes de Estado en nuestro país, y cuando debieron cumplir con el Tratado Interamericano de Ayuda Recíproca (TIAR) en nuestro conflicto con el Reino Unido en Malvinas y colaborar con nosotros, jugaron con los británicos.

No hay en agenda de la visita ningún convenio ni proyecto favorable para nuestro país, solo la propuesta de volcarnos de lleno al libre comercio, con la posibilidad de firmar un TLC con EE.UU., ingresar a la Alianza del Pacífico e incorporarnos al Tratado Transpacífico. Desprotegiendo con esas acciones totalmente a la industria nacional, favoreciendo a los grandes exportadores y exponiendo a nuestras pymes a una agonía que ya conocimos en los 90. Está claro las ventajas que espera obtener Obama, ¿pero cuál es el beneficio de la visita y de volver al alineamiento automático para nuestro país y nuestro pueblo?


Director de Instituto de Estudios de America Latina-CTA.








31/1/16

TÁCTICA Y ESTRATEGIA






Acostumbrado a manejarse a sus anchas cuando ejerce el poder, al peronismo siempre le costó encontrar su lugar como partido en la oposición. La pulseada abierta en las últimas semanas por la jefatura del PJ que debe renovarse en mayo esconde –apenas– la discusión por el rol que buscará jugar durante el gobierno de Mauricio Macri la principal oposición, si optará por una estrategia de colaboración con las políticas oficiales marcando diferencias sólo en algunos aspectos o si se inclinará por un papel activo de resistencia a las modificaciones al modelo desarrollado por el kirchnerismo. Una posición intermedia, de “unidad”, también es posible, pero sólo servirá para postergar un debate que tarde o temprano el peronismo deberá saldar.

De los 32 años desde el retorno democrático, el justicialismo gobernó durante 24. En las dos ocasiones en las que fue oposición, el gobierno no completó su mandato. Los dos datos sirven para marcar la anomalía del peronismo fuera del poder. Durante la gestión de Raúl Alfonsín, el peronismo realizó una renovación de su dirigencia, superadora de la ortodoxia tradicional. En el breve interludio de Fernando de la Rúa ni siquiera hubo tiempo para eso y el PJ se presentó luego a elecciones dividido en tres opciones. ¿Qué sucederá ahora con una alianza de centroderecha manejando la Casa Rosada?

El gobernador salteño Juan Manuel Urtubey se muestra como la cabeza del sector que plantea un espíritu colaborador con la gestión macrista. Pese a ser relativamente joven (46 años), Urtubey ya va por su tercer mandato consecutivo como gobernador. En todo ese tiempo, y antes como diputado, Urtubey mantuvo los pies dentro del Frente para la Victoria aunque siempre se preocupó de hacer algún gesto que lo diferencie, dando a entender que él y el kirchnerismo no eran exactamente lo mismo. Desde hace años Urtubey viene anunciando sus intenciones de postularse a la presidencia, pero nunca concretó la amenaza. Su meta ahora es el 2019. Probablemente lo vea como “ahora o nunca”.

Aunque comente que conversa con toda la dirigencia peronista, Urtubey siempre apareció un poco solo en sus posiciones. Un intento por remediarlo fue el asado que compartió con Sergio Massa en Pinamar, pero se vio como un paso excesivo. Urtubey luego salió a aclarar que, en realidad, Massa está fuera del justicialismo, y el jueves pasado suspendió con una excusa un segundo encuentro en el que se mostrarían juntos. Pese a que no parecería liderando ningún grupo, sí es verdad que en los últimos tiempos el salteño aglutina a su paso las críticas al kirchnerismo duro que parten de otros gobernadores, legisladores e intendentes. Las reuniones militantes en las plazas, la defensa de Milagro Sala son cosas “de un partidito de izquierda”, dicen en esas reuniones.

Desde La Cámpora critican a este sector, acusándolo de buscar mimetizar al peronismo con el macrismo. “¿Para qué vas a votar a Urtubey o a Massa si lo podés votar a Macri? ¿No es mejor el original que una mala copia?”, ironizan. Máximo Kirchner definió a Massa como “el candidato de Davos”, luego de que Macri lo presentara en Suiza como el posible próximo jefe del peronismo. Ante la política avasallante y por decreto que lleva adelante el macrismo, el kirchnerismo duro enarbola una estrategia de resistencia y defensa cerrada de los derechos adquiridos en la última década. Con esa idea, buscan evitar cualquier señal de colaboración con las políticas oficiales. Por ejemplo, con obstáculos a la sesión para la aprobación del presupuesto bonaerense o con la sugerencia a algunos gobernadores para que no asistieran a la reunión con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

Aquí se da otra situación, también típica de un partido en la oposición, sobre las diferencias de perspectiva entre quienes necesitan la colaboración del gobierno nacional para gestionar sus distritos –gobernadores, intendentes– y quienes no tienen esa responsabilidad. Especialmente en un año no electoral como este 2016, en el que gobernadores e intendentes tienen más urgencia por encauzar sus administraciones en medio de las turbulencias económicas que por marcar distancia con la Casa Rosada. “Los de La Cámpora ya piensan en 2019, pero nosotros tenemos que gobernar tres años y medio antes”, se quejaba uno de los legisladores que responde directamente a su gobernador. Estas diferencias vienen generando una brecha también en los bloques de diputados y de senadores del Frente para la Victoria.

Entre un sector y el otro, varios dirigentes buscan mediar para que la sangre no llegue al río. La convicción es que una división opositora sólo beneficiaría a Macri, quien quedaría en condiciones de pasar a manejar también el Congreso, el reducto desde el cual el peronismo debe buscar reconstruirse. Entre ellos hay representantes kirchneristas más moderados, algunos nucleados en la Corriente Nacional de la Militancia. Dirigentes como Daniel Filmus, Agustín Rossi y Gustavo Carmona estuvieron en los últimos días reunidos con todos los sectores en busca de una fórmula para la unidad. Lo mismo el senador Juan Manuel Abal Medina, quien participó de la reunión del jueves de Urtubey con algunos integrantes del bloque que están enojados con el kirchnerismo como Miguel Angel Pichetto. “Intento trabajar para la unidad. Si estuviera vivo, Néstor nos diría: ‘Júntense todos y ganen las elecciones’”, explicaba Abal Medina.

En el fondo, nadie quiere una interna del justicialismo con elección directa de los afiliados, con fecha tentativa en abril o inicios de mayo. Para empezar, se votaría con unos padrones poco confiables que necesitan urgente depuración. Por otro lado, es una interna sin antecedentes que habilitaría una agria discusión e, imaginan, sólo serviría para debilitar al justicialismo en un momento en el que necesita mostrarse fuerte y unido. “Es difícil pensar en una interna Urtubey contra Capitanich”, decía un dirigente que participa de las conversaciones.

Dado que Cristina Kirchner –quien nunca mostró mucho interés por las cuestiones internas del PJ– ya expresó que no tiene en sus planes postularse para la jefatura partidaria, se exploran otras posibilidades. Urtubey candidateó al ex gobernador de San Juan José Luis Gioja, quien tiene prestigio entre sus pares y siempre mantuvo una buena relación con el kirchnerismo, aunque hoy se muestre más alejado. Otra opción es Daniel Scioli, quien seguramente también gozaría de una aprobación mayoritaria. Aunque no haya dado muchas pistas en público, quienes lo consultaron en privado aseguran que el ex gobernador bonaerense está dispuesto a presidir el justicialismo siempre y cuando haya consenso y Cristina Kirchner lo apruebe. En un caso o el otro, los acompañaría una conducción colegiada donde estarían representados todos los sectores, tal como se hizo en la última elección de autoridades.

Suponiendo entonces que pudiera haber consenso para el reacomodamiento y se evitaran las internas, aún quedaría pendiente la discusión sobre el rol del PJ como principal partido opositor. Hay quienes piensan que el debate tiene que ser más amplio, que también debe abarcar los motivos de los resultados de las últimas elecciones a nivel nacional y provincial. “Si bien nadie discute el liderazgo de Cristina Kirchner, incluso quienes la cuestionan, surge claramente que hoy el PJ carece de una conducción táctica, tanto en el plano nacional como el de la provincia de Buenos Aires”, aporta el legislador bonaerense Chino Navarro.

La distinción recuerda a la que hacía Perón sobre táctica y estrategia, una para las grandes líneas políticas generales y la otra para llevarlas exitosamente adelante en el día a día. Lo que no pueden es ser una contradictoria con la otra. “Unidad de concepción y unidad de acción”, adoctrinaba el General en Conducción Política. “No oponer ideas dentro de una misma concepción, porque una idea destruye a otra idea, y entonces, después ocurre lo que ocurre a muchos hombres con quienes hablamos todos los días. Usted lo escucha una hora a ese hombre y él se ha pasado media hora afirmando una cosa, y media negándola. Y entonces, cuando el hombre termina, usted dice: ‘Pero, en conclusión, ¿qué quiere este hombre, adónde va, cuál es la idea?’”. Un desafío para el peronismo ante la necesidad de una política opositora exitosa al gobierno de Macri.







28/11/15

LAS FORMAS Y EL CONTENIDO







En medio de la transición hacia el nuevo gobierno son muchos los interrogantes que se abren, pero también certezas que se consolidan. De todos modos es un tiempo propicio para la reflexión y el análisis, un desafío para el pensamiento y para la acción.

Continuando con el estilo de campaña que le dio resultados electorales el ahora gobierno del PRO insiste en la batalla cultural que incluye resignificar palabras y consignas modificando su significado histórico, y rebautizar con nuevos nombres a viejas conductas y actitudes.

Hace tiempo el PRO y sus aliados se apropiaron de la palabra “cambio” (histórica bandera de la izquierda y del progresismo) para arrebatársela a quienes hasta entonces la enarbolaron, vaciarla de los antiguos contenidos vinculados a la política y la ideología y rellenar el concepto con significados vacuos, livianos, música ligera, globos y papelitos de colores. La perspectiva es coherente para una fuerza que dice despreciar la política, que propugna el pragmatismo y que sostiene que a la alegría se arriba sin conflictos y solo mediante la eficiencia técnica. La operación le ha sido, por otra parte, extremadamente útil y eficaz. Muchos ciudadanos votaron “el cambio”, aún sin saber de qué se trata o pensando que elegían “la alegría” y la falta de conflictos sin otra consecuencia práctica. Lejos estuvo del FpV y sus dirigentes de percibir la jugada y más lejos aún de reformular su propia estrategia frente a la metamorfosis de la oposición.

Si realmente existe la tan mentada “batalla cultural” el PRO se impuso ampliamente. Por lo hecho, pero sobre todo porque logró captar el sentido instalado en buena parte de la sociedad, potenciarlo y capitalizarlo a su favor.

Puede decirse que lo mismo ocurrió antes con el Frente para la Victoria (FpV). La recuperación de la política, el discurso rupturista y la exaltación del heroísmo en cada derecho conquistado o restituido fue también un acierto en su momento. También la recuperación del valor de una sociedad movilizada en pos de objetivos político culturales. Habría que reflexionar acerca de si el error de esa fuerza política consistió, primero, en la ritualización de una forma de hacer política y de acumulación de poder y, luego, en la reiteración por “enamoramiento” de prácticas que en otro momento dieron resultados positivos.

En el escenario cambiante de la política lo que es bueno en un momento puede no serlo al día siguiente y lo que no sirve hoy puede ser útil mañana. Si esto fuera cierto obligaría a repensar de manera permanente los modos de hacer política y acumular poder. Sin resignar los principios pero con flexibilidad para renovar los métodos y las formas, dejando de lado toda soberbia basada en lo conseguido para abrir los ojos y los oídos a fin de entender lo que viene.

Al margen lo anterior, el gobierno que está por asumir persiste en la batalla cultural. Aunque la perspectiva ideológica ampliamente mayoritaria del Presidente electo y del equipo que lo acompaña sea claramente de derecha, los voceros del nuevo oficialismo rechazan esa calificación. Prefieren llamarse de “centro”, quizás porque la derecha tiene mala prensa y está claramente asociada al atropello y al autoritarismo. No menos claro es que la perspectiva ideológica tiene que ser analizada por los efectos concretos respecto de los alineamientos y las consecuencias que las medidas que se tomen tendrán para la vida cotidiana de los trabajadores y de los pobres.

Más allá de la estudiada estética de los buenos modales, de la sonrisa permanente y de un discurso sin mucho contenido que solo habla de paz y amor, es de derecha un gobierno que elige para conducir el país a personas que han sido históricos enemigos de los intereses de los trabajadores, que exhibe su alianza con sectores financieros y económicos antes que con actores populares y que declama su alineamiento internacional con la potencia hegemónica de la región.

Tampoco habría que confundirse con la adjetivación fácil. El gobierno del PRO es, sin duda, un gobierno de derecha. Pero es una nueva derecha que llega al poder no por la fuerza sino por la vía democrática (diferencia sustancial) y que pretende aprender de sus experiencias anteriores. No resignan convicciones respecto de la subordinación al mercado y de la primacía de lo privado sobre lo público, pero no habría que esperar ni brutalidad ni salvajismo en las medidas que se adopten. Al menos inicialmente. La palabra “gradualidad” se impone. También porque hay una lectura sobre la correlación de fuerzas políticas (expresada además en la urnas) y porque advierten que muchos actores populares conservan la capacidad acumulada en los últimos años para defender los derechos conquistados.

Por ese mismo motivo no parece atinada la idea de “resistencia” acuñada desde algunos sectores que serán oposición desde el 10 de diciembre. Resistencia hubo contra las proscripciones y la dictaduras. No es el caso. Ahora, en lugar de resistir sería más apropiado revisar la propia práctica política con el fin de reubicarse con creatividad y realismo en el nuevo rol de oposición que le da la historia política del país, pensando que la resistencia de antaño se podría traducir hoy en el fortalecimiento de la organización social y política. Ese objetivo se logra cuando los ciudadanos y las ciudadanas adquieren protagonismo a través del convencimiento del valor de sus derechos y conquistas y desarrollan capacidades para defenderlos sin depender de nadie, ni siquiera de líderes carismáticos aunque estos puedan ser esenciales en determinados momentos de la historia. Quienes perdieron las elecciones no son víctimas de quienes ganaron. Sí son responsables, a partir de los errores cometidos, de su propia derrota. Entenderlo así debería leerse como una manifestación de sabiduría y, quizás, el punto de partida para la autocrítica y la revisión necesaria.

Mientras tanto es posible que en los próximos meses asistamos a una puesta en escena del nuevo gobierno continuando ahora con la estrategia de campaña permanente construida por sus expertos en marketing político. Aunque no sea novedoso habrá referencias, con ese u otro nombre, a “la pesada herencia” mientras se tiran fuegos de artificio (denuncias de corrupción y de presuntas o reales maniobras de quienes hasta ahora estuvieron en el poder, inconsistencias en las cuentas públicas, etc. etc.) para distraer de los verdaderos cambios de fondo que van a comenzar operarse: modificación de prioridades en la asignación de recursos, recortes del gasto público que afectan de manera directa a los más pobres, endeudamiento progresivo y beneficios para los nuevos aliados del poder, para señalar apenas algunos.

Al mismo tiempo se verán otros hechos sintomáticos del nuevo tiempo y del cambio de época. Aún cuando formalmente se mantenga la gradualidad y se descarten medidas que puedan generar la reacción de determinados sectores, es indudable que el nuevo contexto habilita y envalentona a algunos actores que habían permanecido hasta ahora retraídos o en las sombras. El editorial de La Nación al día siguiente de las elecciones pretendiendo tirar por tierra la política de derechos humanos es una clara manifestación de ello. No hay texto sin contexto. Así como los organismos de derechos humanos de sintieron empoderados y habilitados a protagonizar por el escenario creado por los gobiernos precedentes, ahora los actores más reaccionarios de la sociedad creen que con el gobierno derechista de Mauricio Macri ha llegado su momento. Probablemente el nuevo Presidente ni siquiera necesite pronunciarse al respecto. Su gobierno garantiza el contexto que habilita otras manifestaciones textuales.

Finalmente, con el mayor sentido democrático, resulta imprescindible abrirle el crédito al gobierno que se inicia. Sin que ello signifique resignación, sino más bien una actitud tan positiva como vigilante en defensa de principios y derechos. Recordando también que, en cualquier caso, “la única verdad es la realidad”.