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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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3/1/26

DECRETOS, ESPÍAS e INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

 
El DNU 941/2025 se firmó el 31 de diciembre, cuando ya habían finalizado las sesiones extraordinarias del Congreso a las que convocó el Gobierno sin incorporar en el temario las modificaciones a la central de inteligencia. No es la primera vez que Milei recurre a esta jugada para reformar el sistema de inteligencia. Ya lo había hecho en julio de 2024, con el DNU 614, con el que resucitó a la vieja SIDE y dio por acabada la experiencia de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).
 
A través de un comunicado difundido por la propia SIDE, se explicó el cambio por el “nuevo rol central que ocupa la República Argentina en el escenario mundial, a partir del liderazgo del Presidente Javier G. Milei”.
 
Según el Gobierno, la reforma busca racionalizar y achicar la estructura de inteligencia. Hasta ahora no queda claro cuál sería el impacto en la propia SIDE. Lo que sí hace el nuevo DNU es eliminar la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM). Esto implica que el Ministerio de Defensa deja de tener inteligencia propia y pasa a depender directamente de la que realizan las Fuerzas Armadas. El exministro Jorge Taiana explicó que esta era una “vieja aspiración de la corporación”, mientras que su antecesor, Agustín Rossi, dijo que se trata de una maniobra para vaciar de poder al Ministerio de Defensa para cuando vuelva un civil a manejarlo.
 
Horas después de que el gobierno de Javier Milei le otorgue por decreto mayor poder de acción a la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), el bloque de diputados de Unión por la Patria (UXP) le pidió al oficialismo que conforme una comisión bicameral para tratar "de forma urgente" esa decisión. Casi toda la oposición ya mostró su descontento con el DNU con el que la gestión libertaria modificó la Ley de Inteligencia Nacional. 
 
 
🔴 Dicen “más democracia y transparencia”
 
👉 Hacen lo contrario: declaran que toda la actividad de inteligencia reviste carácter “encubierto”.
 
🔴 Dicen que ponen fin al “espionaje doméstico” (sic)
 
👉 Lo legalizan: eximen a las tareas de contrainteligencia de las prohibiciones que están en la ley 25.520, habilitando el espionaje sobre periodistas, organizaciones sociales y ciudadanos.
 
🔴 Dicen que achican y ordenan el sistema
 
👉 Lo agrandan: crean nuevas estructuras y organismos, con más burocracia y más presupuesto.
 
🔴 Dicen que separan inteligencia de seguridad interna
 
👉 Las mezclan: autorizan a la SIDE a pedir apoyo de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, violando las leyes vigentes.
 
🔴 Dicen que eliminan superposiciones
 
👉 Crean una fuerza parapolicial: convierten a los agentes de la SIDE en “policía secreta” y los autorizan a aprehender personas.
 
🔴 Dicen que sacan a los militares del espionaje interno
 
👉 Los meten por la ventana: habilitan a las Fuerzas Armadas a involucrarse en inteligencia interna, algo expresamente prohibido por ley.
 
🚨No es una reforma de segunda generación. Es una REFORMA DE DEGENERACIÓN.
 
Ni moderna ni democrática. Buscan legimitar en un DNU las tareas de espionaje interno y hacer uso discrecional de los recursos presupuestarios.
 
 
 






Uno de los puntos clave del decreto 941/2025 es la consolidación de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) como el órgano rector y superior del sistema, que tendrá entre sus entidades descentralizadas al Servicio de Inteligencia Argentino (SIA), la Agencia Nacional de Contrainteligencia (ANC), la Agencia Federal de Ciberinteligencia (AFC) y la Inspectoría General de Inteligencia (IGI).

La medida instrumentada este viernes le da “carácter encubierto” a todas las actividades de inteligencia nacional debido a su “sensibilidad”. El objetivo, según el Ejecutivo, es minimizar el Riesgo Estratégico Nacional. También se crea el Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC) para separar las funciones de inteligencia de las de protección civil. El CNC será un organismo descentralizado bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete y su función es proteger infraestructuras críticas y activos digitales del Estado.

 
 
Gran Hermano en medio de la interna libertaria
 
En materia digital, el decreto dispone la separación entre ciberseguridad y ciberinteligencia. Para eso, crea el Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC), que pasará a depender de la Jefatura de Gabinete. Una cuota de poder para la hermana Karina Milei, porque el jefe de los ministros, Manuel Adorni, responde a ella.
 
La ex Agencia Federal de Ciberseguridad, en tanto, pasa a ser Agencia Federal de Ciberinteligencia, bajo la órbita de la SIDE, con foco exclusivo en inteligencia en el ciberespacio. En este caso, punto para el asesor sin firma Santiago Caputo, que colocó al frente de la SIDE a Cristian Auguadra tras la salida traumática del cargo de Sergio Neiffert.
 
 

26/7/20

HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD, EL ETERNAUTA



Un coleccionista de sonidos de Mar del Plata, compra unas cintas y las escucha para encontrar tesoros, perlitas, notas o reportajes de personalidades de distintas épocas.

Es su hobby.

De pronto descubre un reportaje que le hacen a Héctor Germán Oesterheld, y lo selecciona y aparta.

Busca el teléfono de sus nietos Martín Miguel Mórtola y Fernando Araldi y los llama dándoles la nueva.

¡Apareció un reportaje a su abuelo! (se entusiasmó)

¡Es que hay muy pocos registros de la voz de Héctor!

3/11/18

FMI, FAKENEWS y LAWFARE




“Ora, sou um ser humano, portanto, não sou perfeito” dijo Onyx Lorenzoni cuando todavía era diputado federal y admitió haber recibido una coima de cien mil reales. En el nuevo gobierno de Brasil, Lorenzoni será el ministro de la poderosa Casa Civil, según ya fue anunciado, aunque el derechista Jair Messias Bolsonaro se jactaba de que en su gobierno no habría corruptos...
 
 

31/10/14

2015: EL PROCESO Y EL PROYECTO








EN 2015 DEFENDAMOS EL PROCESO PARA IR POR EL PROYECTO

En 2015 probablemente votaré por Scioli. Digo probablemente porque todavía no sé si será el candidato del kirchnerismo, que es lo que voy a apoyar. Pero me gustaría que sea, aunque no es santo de mi devoción. Lo que sí tengo claro es que en 2015 decidiremos la continuidad del proceso abierto en 2003 con Néstor Kirchner y después Cristina, y con el que avanzamos como nunca en nuestra historia, desde los primeros gobiernos de Perón.

Eso, que no es poco, no es una revolución, vale la pena aclararlo, ni tampoco implicó hasta ahora ningún cambio estructural de fondo, como en la Bolivia de Evo Morales, por ejemplo. Pero es un salto hacia adelante, coincidente con los nuevos vientos en el Continente; y no hacia atrás como el que pretenden dar TODOS los candidatos de la oposición, incluida la letanía confusa, difusa y obtusa de la “progresía” perfumada de UNEN y cierta “izquierda”, trotskista y no trotskista que lo apoya.
¿Por qué digo que Scioli es la expresión de la continuidad viable del actual “proceso”? Porque el “proyecto” es, o debe ser en mi opinión, otra cosa. El proceso es lo que tenemos y transcurrimos, y en buena hora. El proyecto en cambio es eso: un proyecto, una aspiración; lo que queremos conquistar y convertir en realidad a partir de consolidar el proceso y seguir avanzando, como hasta ahora, con aciertos y errores.

Pero sobre todo reconociendo el devenir en permanente lucha que implica avances, pero también retrocesos. No hay otra forma.

Cabría advertir que no reconocer los retrocesos es lo mismo que aceptarlos. En cambio, admitiéndolos sabremos qué corregir y en qué enemigos poner el acento. También nos permite saber quién y con quién podemos caminar en cada etapa, sumando y no restando. Y si en política la suma no es una operación aritmética y dos más dos pueden ser dos o tres o cinco-seis, una mala apreciación de lo que tenemos y a lo que aspiramos a partir de lo que tenemos, nos puede llevar a saltar etapas y caer en un precipicio.

En otras palabras, al margen de los nombres, que podrían dar para hoy largos e inútiles debates, ¿qué base tendría en 2015 un candidato de lo que se ha dado en llamar el “kirchnerismo duro”? Muy poca, en mi opinión, aunque hubiera ganado ajustadamente la interna del Frente para la Victoria. No tendría, tampoco, ni una pizca del liderazgo y la imagen positiva que mantiene Cristina y le permite, aún así, sólo resistir, y no mucho más, el embate brutal de la canalla mediática y el revanchismo oligárquico.

¿Vamos apretaditos en 2015 tras ese candidato ideal, con las banderas bien altas pero renunciando, objetivamente, a los sueños, para que gane Macri, o lo que es peor (sí, peor, por muchas razones) Massa? Para esa necedad no habrá que contar conmigo. Yo quiero contribuir a que gane Scioli y, como hasta hoy, seguir avanzando pasito por pasito, en lucha, presionando, rodeando, obligando, peleando cada espacio, comprometiendo hacia delante. El atajo, por no decir la cobardía o pasividad del todo o nada o del cuanto peor mejor ya tiene una historia trágica en Argentina.

Insisto: un proceso alentador es los que transitamos; el proyecto transformador es a lo que aspiramos.

La Asignación Universal por Hijo; las paritarias; la (tardía, por cierto) renacionalización de YPF; la firme posición frente a los buitres, la comunión con los procesos de Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, o Chile y Uruguay; la política de derechos humanos con la firme recuperación de la memoria y la justicia para las víctimas del genocidio; la igualdad de género y el matrimonio igualitario; el reajuste por ley de la asignación de los jubilados; la maravillosa y trascendental política científico-técnica por la que miles y miles de nuestros compatriotas han retornado a la Patria; etc., etc., etc., son, junto a muchas otras medidas de esta gestión de gobierno, que todos conocemos y disfrutamos, los hitos de un proceso que aspira a realizarse definitivamente en un proyecto nacional y popular. Es lo que apoyo y seguiré apoyando con firmeza.

Por el contrario, lamento el inmenso equívoco que se generó con la 125, por el que debimos enfrentar y derrotar un plan destituyente montado sobre ella, pero que permitió a la vez una fabulosa transferencia de ingresos a los pools de siembra y los grandes acopiadores exportadores en detrimento de los pequeños y medianos productores agrarios. No apoyo el visto bueno al negocio criminal y extranjero de la minería a cielo abierto; tampoco los acuerdos secretos con Chevrón y la insólita y francamente entreguista Ley de Hidrocarburos que acaba de aprobar el Congreso. Me huele mal, en general, toda la política energética. No me gusta la subrepticia inclusión de la xenofobia y la vara otorgada al poder mediático para determinar casos de “conmoción social” en el proyecto (en general muy positivo) de nuevo Código Procesal Penal. No apoyo la intención de modificar la ley de medios a partir de otra que retrotrae al proyecto inicial (repudiado y modificado por el debate nacional) para alentar un nuevo monopolio de las telefónicas foráneas; ni el impulso discriminador, grotesco y represivo (Lear) del doctor-coronel Berni, la espada del Poder Ejecutivo para combatir la inseguridad; o el triste epílogo de un general Milani al frente del Ejército de la democracia en el gobierno de los derechos humanos.

Tampoco respaldo, desde luego, la homologación de esas políticas nacionales por parte de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. No me gustan. Me hacen mucho ruido. No estoy de acuerdo. Claro que no levanto por eso tribuna, sino sólo por lo positivo, en ambos casos. Porque sé cuál es mi lugar en esta lucha. De igual manera, no admito la corrupción en MI gobierno, más allá de que exista en todos los países y al abyecto de Lanata se le ocurra vociferar falsedades o decir que es “mayor que la de Menem” (sic).

Sin embargo, no creo que sea útil entre los militantes, en nuestros intercambios de ideas y propuestas, limitarse a callar todo y seguir con el ¡Viva Cristina Carajo! Me inclino más bien por un más reflexivo e igualmente comprometido ¡Carajo, Viva Cristina! No dejemos que siga avanzando el enemigo y admitamos que estamos perdiendo terreno (no la guerra, desde luego) en algunos aspectos de una Argentina en la que no hay ciertamente, ni por asomo, ninguna otra alternativa que no sea la continuidad (la posible, no la imaginaria o deseable) de esta gestión, de este proceso, del kirchnerismo o como quiera llamárselo.

Preguntémonos, entonces, ¿qué estamos haciendo para consolidar este proceso, además de vivar a los nuestros e insultar y ridiculizar a las basuras? ¿Interroguémonos por qué y con qué consecuencias NUESTRO gobierno no concreta la participación activa a la que nos convoca y la reduce a sólo movilizaciones y discursos de adhesión?

¿Se entiende la trampa en que se nos pretende envolver? Se trata de que no asumamos la etapa. Que compremos sin beneficio de inventario la foto o la película que nos venden los medios hegemónicos. O sea, la de una país envuelto en una “grieta” en todos los planos, entre los partidarios de un gobierno cuasi socialista o comunista, títere de Venezuela o Cuba, etc.; versus una oposición moderada, que viene a restaurar la democracia frente al autoritarismo y el antiperiodismo, así como a “corregir” la economía enfrentando la inflación y los problemas “de la gente” (esa seudo categoría sin clase que inventó el Chacho Álvarez) acabando con la inseguridad.

Ni lo uno ni lo otro. Este gobierno no es, ni de lejos, algo diferente a un capitalismo que intenta ser humano por su impronta peronista (y no termina de conseguirlo porque no deja de ser capitalismo) y renguea en consecuencia para el lado del pueblo (como ningún otro que lo precedió) y para el de la independencia y la justicia social.

Tampoco las propuestas opositoras son inocentes, sino que vienen a reinstaurar el orden capitalista más feroz y explotador, a terminar en los hechos con la libertad de expresión y volver a la más absoluta y totalitaria libertad de empresa. No quieren acabar con la inflación sino con todo avance de este gobierno que implique ampliación de los derechos colectivos o individuales de las mayorías (no de unos pocos), o algún control sobre los monopolios e independencia de los poderes imperiales. Tienen, sí, cortita la bocha, una receta contra la inseguridad y es la represión indiscriminada, incluyendo la protesta social, y la paz de los cementerios. Se lo propongan o no, terminarán mandando a nuestros científicos, otra vez, a lavar los platos.

Este y no otro es el contexto en el que marchamos a 2015. Para seguir manteniendo y profundizando los logros, como en Brasil, Uruguay o Bolivia, salvando las respectivas distancias, o a los fines de replegarse cerrando y ampliando filas para volver (sin tener que reconstruir todo) en 2019, como en Chile. No es ni será un camino fácil, aun ganando, y el candidato para esa etapa no es, en mi opinión, un dirigente del Movimiento Evita, de Nuevo Encuentro, La Cámpora o cualquier otro sector u organización que se precie, o sea, probadamente nacional y popular, como postula con más deseo que visión Carta Abierta. Al menos que optemos por una victoria testimonial, que sería una derrota al fin, y no es una disyuntiva que se plantee hoy en esos términos.

La correlación de fuerzas actual no es otra cosa que el producto de la dramática batalla ideológico-política-cultural que se libra a través de los medios de comunicación, entre los que las redes sociales son una instancia no menor. Por eso apuro estas reflexiones. No para abrir un debate en si mismo sobre las mismas, valga la redundancia. Más bien para bajar en alguna medida los decibeles del griterío exitista, al que tendemos acaso por necesidad, y comenzar a elevar el tono de las propuestas y los análisis que nos permitan unificar toda la fuerza que tenemos, en el puño que tenemos, para enfrentar al enemigo que tenemos, en los tiempos que tenemos.

De ahí que aspiro a votar al mejor candidato posible en 2015, aunando convicciones y esfuerzos, límites y objetivos, de forma tal de convertirlo, condicionarlo si se quiere, a ser continuador del proceso para bien del proyecto; y no en un mero mal menor “ajeno”. De nosotros depende, como todo.

Buenos Aires, 30 de octubre de 2014



















11/12/13

30 AÑOS







30 años de libertad

Tres décadas son apenas un suspiro en la historia de una sociedad. Sin embargo, se trata de un período inédito de vigencia ininterrumpida de la democracia en la Argentina.


Tal ha sido la dificultad para construir ciudadanía que enfrentamos los argentinos en estos 200 años de vida institucional.

Nos trajo hasta aquí un recorrido sinuoso, plagado de tropiezos. Con avances extraordinarios como el juicio a las Juntas y retrocesos penosos como las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en esa lucha desigual que enfrentó al primer presidente del regreso de la democracia, Raúl Alfonsín, con el poder militar y el poder económico.

Pasamos por la década neoliberal, marcada por la pérdida de derechos y la destrucción del aparato productivo nacional, las privatizaciones y el oprobio de las relaciones carnales.

Y fuimos testigos de la peor crisis social de la historia moderna que se cocinó al fuego lento del achicamiento del Estado. Familias partidas –otra vez– ahora por la distancia. Jóvenes sin futuro que buscaban su destino en otro lado. La mitad de los argentinos pobres y un tercio sin empleo. Y el hastío a cualquier cosa que tuviera que ver con la política. Después llegó la recuperación económica y la política de Memoria, Verdad y Justicia con los juicios a los genocidas que les dieron sentido a las rondas de las Madres y la búsqueda incansable de las Abuelas.

También llegó la ampliación de derechos sociales, con la jubilación para todos, la Asignación Universal por Hijo, el plan Conectar Igualdad y el matrimonio igualitario, sólo por mencionar algunos. Treinta años después de la recuperación de la democracia, la Argentina sigue siendo un país desigual. Pero es, sin lugar a dudas, un país mejor.

Por primera vez en casi medio siglo, los hijos tienen expectativas de tener una vida mejor que la que tuvieron sus padres. Es difícil entonces no hacer un paralelismo entre la densidad de la democracia y la calidad de vida de los sectores populares. Está en nuestras manos, profundizar ese camino. Cerrar sin hesitar el paso a cualquier intento de condicionar a la democracia. Con participación popular y ejercicio democrático. Respetando las diferencias y trabajando sobre las coincidencias.

Por esta libertad que hoy tenemos, por los que vienen detrás, por los que ya no están y por lo que falta, que todavía es mucho.














4/7/12

ABAL MEDINA EN DIPUTADOS








Juan Manuel Abal Medina expuso en una sesión informativa, en su primera visita a la Cámara de Diputados. Brindó su primer informe como Jefe de Gabinete en la Cámara baja, que se extendió por mas cuatro horas, y en el cual se refirió a la situación económica, reseñando las principales medidas adoptadas por el gobierno nacional.

Llamó a "cuidar y preservar los logros de la gestión de la presidente Cristina Kirchner" y afirmó que "cuidar el desarrollo es cuidar el futuro".

"La responsabilidad de todos los dirigentes es cuidar el empleo, el trabajo, el desarrollo de los argentinos porque de este modo se cuida el presente y el futuro de los argentinos".

"Hay algunos sectores a los que les interesa que a Argentina le vaya mal, que son sectores menores pero poderosos... se trata de grupos antidemocráticos, que sueñan con una Argentina distinta, que quieren terminar la democracia".

"Lo que nos toca hoy a los argentinos es cuidar y preservar esos logros que se consiguieron en estos nueve años".

"Argentina sigue creciendo en medio de la tempestad, viene soportando exitosamente la crisis internacional más profunda que todos conocemos... pese a ello, el multimedio Clarín viene pegándole al gobierno las 24 horas... en los últimos 120 días el matutino Clarín publicó 240 títulos negativos en tapa sobre la economía argentina... pareciera que Argentina está peor que España o que Grecia y que estamos en guerra con Brasil y México".

"Sin dudas, esa embestida del multimedio se debe a la aprobación de la ley de Comunicación Audiovisual... este año, antes del 7 de diciembre, el Grupo Clarín tiene que cumplir con la desinversión".

"En estos primeros meses de gestión (el gobierno) soportó exitosamente la crisis internacional; gracias al esfuerzo y el empeño de cada uno de los argentinos. Argentina sigue creciendo en medio de la tempestad".

"Hay que cuidar y preservar esos logros que se traducen en las cinco millones de personas que consiguieron un trabajo, los cuatro millones que cuentan con agua potable y los 3 millones y medio de niños que cobran la asignación universal, entre otros indicadores bastante claros..."







12/12/11

NO QUIEREN ESCUCHAR







Tras la asunción del sábado, tras los actos y los discursos y sus repercusiones, queda claro una vez más que –parafraseando a Wilde y a Twain– asistimos a una auténtica decadencia en el arte de escuchar. Cualquiera oye pero parece que muchos no escuchan. Y si escuchan, no parecen entender. En la Argentina hay peores sordos que los que no quieren oír: son los que escuchan pero que pareciera que no. Los que no se hacen los sordos sino los boludos. Y tienen sus razones.

Nos puede agradar o no el estilo oratorio de la Presidente –yo, como tantos, tengo serias reservas sobre el uso de ciertos énfasis, referencias y recursos retóricos: cuestión de gustos–, pero no cabe ninguna duda de que es, lejos, muy lejos, la mejor. Quiero decir: en términos de aptitud política, acopio de saberes y descripción de medios y objetivos, Cristina –cuando habla, cuando explica y describe– maneja conceptos y formula definiciones, establece correlaciones y clarifica cuestiones con la solidez de una estadista. Ocupa ese lugar con una soltura e idoneidad que acá nadie antes y en mucho tiempo. Sólo la ceguera y el prejuicio pueden echarle alguna sombra en ese aspecto. Es un cuadro político excepcional. Un fierro. Y además –creemos muchos– no sólo tiene razón en lo que dice sino que lo que dice se parece mucho, todo lo que puede, a lo que hace, a lo que quiere e intenta hacer. La solidez y la sensación de convicción provienen de esa coherencia, supongo.

Por eso es por lo menos curioso que todos hayan oído lo que dijo pero muchos no hayan querido escuchar de qué se trata.

Pocas veces se ha bajado línea tan clara y programática en términos de Política económica, así, con mayúscula (y lo dice este gil, que sabe poco –como la mayoría– de datos y nomenclatura técnica, pero que no come vidrio), ya que de eso habló Cristina, no de otra cosa: lo demás son detalles, temas derivados. En ese sentido, su defensa de la economía real –la basada en la producción, la inversión y el trabajo– en oposición a la economía especulativa –la que saca sus números y cuentas de resultados de los balances de los bancos y de las pizarras de los ladrones– es ejemplar. Y su énfasis en poner el ojo y la atención en el comercio interior y exterior, con lo que significa de saludable contralor a la circulación de las divisas y el equilibrio de la balanza de pagos, ni hablar. Vamos por ahí, como toda nación soberana (que alguna vez lo fuimos).

Fue conmovedor –romper el chanchito familiar, leer el papelito con los números de entradas y salidas– verla hacer la ominosa cuenta del costo en millones de verdes que suma el desembolso por pago de perversa deuda externa en retirada, y el goteo diario o casi por auxilios del Central para neutralizar las provocadas y frustradas corridas cambiarias de la puta Patria Financiera. Pese a eso, revisando el chanchito, ahí están –aunque podrían ser el doble– los cuarenta y pico mil millones de reservas, bancándosela. En fin... Grande, Presidente.

Ahora, a mí me va a gustar ver, en este país de buena gente, cómo los buenos representantes del pueblo y las provincias avanzan, desde el Congreso, con las leyes que regulen las condiciones de propiedad y explotación de la tierra y el funcionamiento de las entidades financieras, entre otros instrumentos legales que devuelvan soberanía en zonas hasta ahora liberadas para los ladrones. Me gustaría –nos gustaría– coherentemente, verlo. A Cristina también, claro. Habló de eso, lo recordó sin ira. Sería una manera de empezar a reparar el daño que este mismo Congreso soberano –formado por nuestra buena gente– causó por acción y omisión –no lo olvidemos– en tiempos no muy lejanos de culposo espejismo neoliberal.

La distorsión que produce el no querer escuchar lo que dijo Cristina en el pintoresco y sombrío, distendido y tenso discurso de la asunción, el sábado, puede ser fatal para comentaristas sesgados en general y analistas políticos de mala o cortada leche en particular. Se van a enterar por otros medios y en otras palabras que no son las suyas, que viven en un país saludablemente distinto del suyo: ése que no quieren ni oír soñar.









21/11/11

Los patos y la escopeta






Hay mucha duda, pero el tema es sobre qué.

¿Se duda de que la tarjeta del SUBE sea una buena credencial para la detección de quién merece estar subsidiado? ¿O se duda de si el Gobierno no habrá pegado un volantazo a derecha? ¿Se duda de cómo harán la declaración jurada para encontrar a los que deben seguir cobrando el subsidio? ¿O se duda de si los K no estarán pegándole un sacudón al bolsillo multitudinario? ¿Se duda de qué deben hacer los inquilinos? ¿O se duda de si estos recortes, bajo pantalla de afectar a los que más tienen, no van a caer sobre los que tienen menos? ¿Se duda de qué pasa si uno renuncia al subsidio del servicio público y después resulta que vuelve a necesitarlo? ¿O se duda de si el oficialismo no estará retrancando hacia correcciones impopulares? ¿Se duda de qué ocurrirá con los que no respondan el formulario adjunto a la factura del gas, la luz, el agua? ¿O se duda de que avanzar sobre Puerto Madero y Barrio Parque no es más que una movida para la gilada? En esas preguntas elementales se dirime para dónde vamos, y la respuesta –porque es una sola respuesta– sólo la tiene el Gobierno.

Hasta ahora, cada vez que se pronosticó una fuga a derecha hubo equivocación.

El kirchnerismo, ya se sabe que en los marcos del sistema (nunca prometió poner todo patas para arriba, para algún desorientado que jamás falta), siempre sorprendió. La máxima expresión de esa tendencia transgresora fue a la salida de la derrota contra los campestres y sus socios mediáticos literales, que terminaron traste al norte. Hoy vuelve a manifestarse un interrogante: para dónde disparará la necesidad de prevenir las cuentas fiscales contra amenazas externas e insuficiencias propias. Hacia dónde se modificará que, recuperada la economía aunque en estadio de purgatorio, las clases medias no tengan nada que aportar.

Asistimos y, quizás sobre todo, asistiremos a una enésima imagen de los patos que le tiran a la escopeta. La derecha corriendo al Gobierno por izquierda. Un cinismo pavoroso y dividido en dos planos que son complementarios. La chicana de que se viene el ajuste, aun cuando se advierta su centralidad en los sectores de mayores ingresos. Y el estímulo a que el oficialismo siga así, recortándoles beneficios a los pudientes. Este segundo aspecto tiene la subsecuencia de que, apenas se note que los recortes alcanzan también a la clase media, pilotearán –ya lo hacen– un clima de “al fin y al cabo, no son ni todo lo populares ni todo lo nacionales que dicen ser”. Falta que digan que el verdadero progresismo son ellos, la derecha. Venderán que estamos frente a la misma mierda de los ajustes exigidos otrora por el Fondo Monetario, pero con distinto olor. Expuesto de esta forma, puede parecer una batalla exclusiva por la construcción de sentido simbólico. No es así. La comunicación es un efecto de la realidad política, no su causa. Del mismo modo en que la oposición incurrió en papelonescos spots de campaña no porque careciera de creativos (que también), sino por su impotencia propositiva, el Gobierno ganará o perderá lo que se viene según sea su auténtica y demostrada vocación de continuar reparando a las mayorías populares.

Lo que hacen los bolsones de la derecha, desde las horas inmediatas al 54 por ciento, es probar lo que llaman la “gobernabilidad” cristinista. Primero le tiraron con el dólar, subidos al espanto que fue la (no) táctica comunicacional del Gobierno. Pero, de nuevo: si se equipara a pequeños ahorristas en dólares con grandes fugadores de capitales, como si fueran igual cosa el colchón o las cajas de seguridad que bancos o paraísos fiscales del exterior, no hay mago que pueda comunicar bien nada de nada. Parece que, finalmente, el oficialismo les ganó la pulseada asegurando que hay todos los dólares que se quieran, y apretando donde y como se debe. La cotización del dólar, esa indesmentible pasión cultural clasemediera, no sólo se contuvo. Bajó. Los dos bajaron. El que llaman “legal” y el que la tilinguería bastarda de la City, con sus operadores cambiarios y periodísticos, denominan “blue”. La muchachada mediática, sus analistas aterradores, la patria sojera, pintan haber rendido esa ofensiva. Y en gran medida es así porque, tanto como el Gobierno no es un dechado de virtudes comunicacionales, esa gente se ceba e incurre en vicios peores. El periódico Perfil, que junto con variados productos de esa editorial viene a ser la hermanita muy menor de los mastines mediáticos muy mayores, se pegó un viaje de aquellos y habló en portada de un “plan pesificador”, capaz de causar la refutación de los liberales más recalcitrantes. Agotada esa operación, en principio, ahora arrancan con que los subsidios son un ajuste tradicional.

El Gobierno, en lo macro, corrigió errores y dio alguna idea de comunicación coordinada a través de la aparición conjunta de Boudou y De Vido. Son tipos convincentes, la mochila les juega más a favor que en contra por sus efectividades de gestión y, aunque así no fuera, enfrente hay un vacío magnífico que los Redrados no pueden ni podrán llenar con apariciones bizarras en programejos de cable, ni con recuadros fotografiados en publicaciones a las que nadie sustantivo presta atención, ni con una fortaleza política de la que están faltos por completo, ni por vía de las hazañas sexuales que cuenta Luciana Salazar.

Sin embargo, y otra vez, tampoco se trata de que ese lucro cesante de los adversarios allane el camino. O de que al oficialismo le alcanza cubrirse con mejor comunicación y punto. Dólar y subsidios, por caso, son coyunturas de las que se puede salir airoso en tanto eso: coyuntura. En lo estratégico, demostrar que se quiere profundizar “el modelo” pasa por otro lado o, si se quiere, por una parte mucho más grande. Sistema impositivo, nueva ley de entidades financieras, ampliar el concepto de asignación universal, desconcentrar y desextranjerizar la economía, sumar actores productivos locales. El tipo de cambio y la inflación son factores cuyo carácter de controlable o alarmante depende, en proporción decisiva, del grado de confianza que el Gobierno logre asentar respecto de su rumbo general.

Se cuenta para todo eso con un aval popular reciente y enorme. Y se le suma una potencia de movilización nada desdeñable, con preponderancia juvenil. Como si fuera poco, los vientos de afuera son demostrativos de que el país, y su región, vienen zafando gracias a intentos y concreciones anclados, por fin, en una mira que desde la periferia le enseña al centro. Estamos por acá con unas democracias que en varios aspectos se les han plantado a las corporaciones financieras, y con unos presidentes que se asemejan más a la gente común que a los sabios conocidos. Por allá están exactamente al revés. Sus sociedades van a las urnas, pero el destino irremediable de lo que votan es quedar atrapados en las resoluciones tomadas en Bruselas por un puñado de garcas. Hay aquí una oportunidad perfectible pero inmejorable, si se la observa desde condiciones objetivas que muestran a una derecha desvencijada, sin partido militar ni líderes siquiera incipientes; con patrullas mediáticas inmensas y todavía gravitantes, pero seriamente deterioradas. La trampa de esta ganga es no encontrar el punto intermedio entre que todo está bien, cuidándose de cuestionar hasta lo obvio porque sería hacerle el juego a la derecha, y que todo son remiendos capitalistas que sirven para un carajo.


Lo incierto es si el Gobierno será eficaz en la ejecución de las medidas administrativas que, jura, no afectarán a los desposeídos ni –gravemente– a la clase media. Lo seguro es que, mientras se equivoque pero quede claro que el camino sigue siendo integrador de las mayorías, no habrá operaciones de prensa ni sectoriales que puedan derrumbarlo. El 23 de octubre ya lo demostró.



27/10/11

EL LEGADO DE NK




En sus 4 años al frente del Ejecutivo, NK llevó drásticas acciones de gobierno que cambiaron en rumbo de la política argentina. Además, su paso como diputado y en la Unasur, a un año de su muerte



Durante su gestión como Presidente y, posteriormente, como diputado nacional y secretario general de la Unasur, Néstor Kirchner dejó tras de sí hechos concretos que quedarán en la historia de la Argentina y de la región sudamericana.

El impulso a los Derechos Humanos, el pago de la deuda al Fondo Monetario Internacional, la reforma de la Corte Suprema de Justicia y su intervención al frente de la Unasur fueron algunos de los hitos más destacados de su paso por la política.



Los Derechos Humanos

Uno de los ejes centrales de la presidencia de Kirchner fue el impulso que se le dio a la lucha por los derechos humanos.

Recién comenzado su gobierno, en 2003, decidió apoyar un proyecto de la diputada de Izquierda Unida (IU), Patricia Walsh, para anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que fue aprobada por el Congreso. La iniciativa posibilitó llevar al banquillo de los acusados a todos los represores que habían resultado impunes con las normativas del Gobierno de Raúl Alfonsín.

Y en 2006, la Justicia declaró la inconstitucionalidad de los indultos de Carlos Menem, que abrió el camino para juzgar a todos los responsables de la represión ejercida entre los años 1976 y 1983.

En 2004, en un acto al conmemorar el 28 aniversario del golpe militar, Kirchner pidió perdón en nombre del Estado por las "atrocidades" cometidas por los dictadores y entregó la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), principal centro de torturas y detenciones, para construir el Museo de la Memoria.

Los cuadros del pasado: el 25 de marzo de 2004, pasados 28 años del golpe cívico militar más oscuro que sufrió la Argentina, Kirchner, en una actitud inédita, ordenó al jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, descolgar los cuadros de los represores Jorge Rafael Videla y de Roberto Bignone de los muros del Colegio Militar.



Chau Fondo

En diciembre del 2005, Kirchner anunció otra medida impensada para la política monetaria argentina de los últimos 40 años: el pago del total de la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

Con el uso de las reservas federales, el Presidente canceló en un solo pago los préstamos del organismo financiero que ascendían a 9.810 millones de dólares.



La reforma del poder judicial

A través de un decreto, el jefe de Estado eliminó la facultad presidencial que regía hasta el 2003 de designar a los jueces de la Corte Suprema. A través de esta medida, transparentó el proceso de selección de magistrados que, desde el decreto, deben pasar el filtro de la opinión pública y de Senado de la nación. También generó el cupo femenino del Tribunal.

Posteriormente, en 2006, bajo la ley 26.183, impulsada por el Ejecutivo, el Congreso aprobó reducir la Corte de nueve a siete miembros y, a medida que se generen las vacantes, a cinco, que será el cupo definitivo.



No al ALCA

En el marco de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, celebrada en noviembre de 2005, Kirchner rechazó el intento de su par norteamericano, George W. Bush, de instaurar un tratado de libre comercio para toda América que favorecía a Estados Unidos y representaba una seria amenaza para el Mercosur regional.

Con el propio Bush como invitado, Kirchner decidió enfáticamente rechazar el Área de Libre Comercio de las Américas.



La integración latinoamericana

La política internacional del gobierno kirchnerista marcó un cambio de rumbo absoluto respecto de lo que venía sucediendo en Argentina. Kirchner impulsó el resurgir del Mercosur como herramienta "imprescindible" para el crecimiento de Argentina y de la región y rechazó las relaciones de tipo "carnal" -como se las denominaba hasta ese momento- con Estados Unidos.

Desde 2004 y hasta el momento de su fundación en 2007, el santacruceño fue un firme impulsor de la Unión de Naciones Sudamericanas. En 2010, Kirchner fue nombrado como el primer secretario general de la Unasur.

En su breve período al frente del organismo, tuvo que mediar en un conflicto entre Colombia y Venezuela que amenazaba con una guerra regional. Consiguió que los presidentes Hugo Chávez y Juan Manuel Santos firmaran el acuerdo de Santa Marta que los comprometía a "prevenir la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley".



La actividad legislativa

En diciembre de 2009, Kirchner asumió su cargo como diputado nacional. En sus once meses como legislador sólo asistió dos veces a la Cámara baja. La primera fue cuando asumió y la segunda fue para dar su apoyo a una de las leyes más discutidas de la Argentina: la ley de matrimonio igualitario, que finalmente fue aprobada.