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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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28/11/15

LAS FORMAS Y EL CONTENIDO







En medio de la transición hacia el nuevo gobierno son muchos los interrogantes que se abren, pero también certezas que se consolidan. De todos modos es un tiempo propicio para la reflexión y el análisis, un desafío para el pensamiento y para la acción.

Continuando con el estilo de campaña que le dio resultados electorales el ahora gobierno del PRO insiste en la batalla cultural que incluye resignificar palabras y consignas modificando su significado histórico, y rebautizar con nuevos nombres a viejas conductas y actitudes.

Hace tiempo el PRO y sus aliados se apropiaron de la palabra “cambio” (histórica bandera de la izquierda y del progresismo) para arrebatársela a quienes hasta entonces la enarbolaron, vaciarla de los antiguos contenidos vinculados a la política y la ideología y rellenar el concepto con significados vacuos, livianos, música ligera, globos y papelitos de colores. La perspectiva es coherente para una fuerza que dice despreciar la política, que propugna el pragmatismo y que sostiene que a la alegría se arriba sin conflictos y solo mediante la eficiencia técnica. La operación le ha sido, por otra parte, extremadamente útil y eficaz. Muchos ciudadanos votaron “el cambio”, aún sin saber de qué se trata o pensando que elegían “la alegría” y la falta de conflictos sin otra consecuencia práctica. Lejos estuvo del FpV y sus dirigentes de percibir la jugada y más lejos aún de reformular su propia estrategia frente a la metamorfosis de la oposición.

Si realmente existe la tan mentada “batalla cultural” el PRO se impuso ampliamente. Por lo hecho, pero sobre todo porque logró captar el sentido instalado en buena parte de la sociedad, potenciarlo y capitalizarlo a su favor.

Puede decirse que lo mismo ocurrió antes con el Frente para la Victoria (FpV). La recuperación de la política, el discurso rupturista y la exaltación del heroísmo en cada derecho conquistado o restituido fue también un acierto en su momento. También la recuperación del valor de una sociedad movilizada en pos de objetivos político culturales. Habría que reflexionar acerca de si el error de esa fuerza política consistió, primero, en la ritualización de una forma de hacer política y de acumulación de poder y, luego, en la reiteración por “enamoramiento” de prácticas que en otro momento dieron resultados positivos.

En el escenario cambiante de la política lo que es bueno en un momento puede no serlo al día siguiente y lo que no sirve hoy puede ser útil mañana. Si esto fuera cierto obligaría a repensar de manera permanente los modos de hacer política y acumular poder. Sin resignar los principios pero con flexibilidad para renovar los métodos y las formas, dejando de lado toda soberbia basada en lo conseguido para abrir los ojos y los oídos a fin de entender lo que viene.

Al margen lo anterior, el gobierno que está por asumir persiste en la batalla cultural. Aunque la perspectiva ideológica ampliamente mayoritaria del Presidente electo y del equipo que lo acompaña sea claramente de derecha, los voceros del nuevo oficialismo rechazan esa calificación. Prefieren llamarse de “centro”, quizás porque la derecha tiene mala prensa y está claramente asociada al atropello y al autoritarismo. No menos claro es que la perspectiva ideológica tiene que ser analizada por los efectos concretos respecto de los alineamientos y las consecuencias que las medidas que se tomen tendrán para la vida cotidiana de los trabajadores y de los pobres.

Más allá de la estudiada estética de los buenos modales, de la sonrisa permanente y de un discurso sin mucho contenido que solo habla de paz y amor, es de derecha un gobierno que elige para conducir el país a personas que han sido históricos enemigos de los intereses de los trabajadores, que exhibe su alianza con sectores financieros y económicos antes que con actores populares y que declama su alineamiento internacional con la potencia hegemónica de la región.

Tampoco habría que confundirse con la adjetivación fácil. El gobierno del PRO es, sin duda, un gobierno de derecha. Pero es una nueva derecha que llega al poder no por la fuerza sino por la vía democrática (diferencia sustancial) y que pretende aprender de sus experiencias anteriores. No resignan convicciones respecto de la subordinación al mercado y de la primacía de lo privado sobre lo público, pero no habría que esperar ni brutalidad ni salvajismo en las medidas que se adopten. Al menos inicialmente. La palabra “gradualidad” se impone. También porque hay una lectura sobre la correlación de fuerzas políticas (expresada además en la urnas) y porque advierten que muchos actores populares conservan la capacidad acumulada en los últimos años para defender los derechos conquistados.

Por ese mismo motivo no parece atinada la idea de “resistencia” acuñada desde algunos sectores que serán oposición desde el 10 de diciembre. Resistencia hubo contra las proscripciones y la dictaduras. No es el caso. Ahora, en lugar de resistir sería más apropiado revisar la propia práctica política con el fin de reubicarse con creatividad y realismo en el nuevo rol de oposición que le da la historia política del país, pensando que la resistencia de antaño se podría traducir hoy en el fortalecimiento de la organización social y política. Ese objetivo se logra cuando los ciudadanos y las ciudadanas adquieren protagonismo a través del convencimiento del valor de sus derechos y conquistas y desarrollan capacidades para defenderlos sin depender de nadie, ni siquiera de líderes carismáticos aunque estos puedan ser esenciales en determinados momentos de la historia. Quienes perdieron las elecciones no son víctimas de quienes ganaron. Sí son responsables, a partir de los errores cometidos, de su propia derrota. Entenderlo así debería leerse como una manifestación de sabiduría y, quizás, el punto de partida para la autocrítica y la revisión necesaria.

Mientras tanto es posible que en los próximos meses asistamos a una puesta en escena del nuevo gobierno continuando ahora con la estrategia de campaña permanente construida por sus expertos en marketing político. Aunque no sea novedoso habrá referencias, con ese u otro nombre, a “la pesada herencia” mientras se tiran fuegos de artificio (denuncias de corrupción y de presuntas o reales maniobras de quienes hasta ahora estuvieron en el poder, inconsistencias en las cuentas públicas, etc. etc.) para distraer de los verdaderos cambios de fondo que van a comenzar operarse: modificación de prioridades en la asignación de recursos, recortes del gasto público que afectan de manera directa a los más pobres, endeudamiento progresivo y beneficios para los nuevos aliados del poder, para señalar apenas algunos.

Al mismo tiempo se verán otros hechos sintomáticos del nuevo tiempo y del cambio de época. Aún cuando formalmente se mantenga la gradualidad y se descarten medidas que puedan generar la reacción de determinados sectores, es indudable que el nuevo contexto habilita y envalentona a algunos actores que habían permanecido hasta ahora retraídos o en las sombras. El editorial de La Nación al día siguiente de las elecciones pretendiendo tirar por tierra la política de derechos humanos es una clara manifestación de ello. No hay texto sin contexto. Así como los organismos de derechos humanos de sintieron empoderados y habilitados a protagonizar por el escenario creado por los gobiernos precedentes, ahora los actores más reaccionarios de la sociedad creen que con el gobierno derechista de Mauricio Macri ha llegado su momento. Probablemente el nuevo Presidente ni siquiera necesite pronunciarse al respecto. Su gobierno garantiza el contexto que habilita otras manifestaciones textuales.

Finalmente, con el mayor sentido democrático, resulta imprescindible abrirle el crédito al gobierno que se inicia. Sin que ello signifique resignación, sino más bien una actitud tan positiva como vigilante en defensa de principios y derechos. Recordando también que, en cualquier caso, “la única verdad es la realidad”.









13/3/15

FORO INTERNACIONAL X LA EMANCIPACIÓN Y LA IGUALDAD





El Ministerio de Cultura de la Nación realizó del 12 al 14 de marzo en el Teatro Cervantes (Libertad 815, Ciudad de Buenos Aires), el Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, en el que se reflexionó acerca de los procesos políticos que atraviesan los países de América Latina y de la crisis económica y social que afecta a Europa.



"Este encuentro servirá para analizar los procesos de transformación que se han dado en nuestro país y en Latinoamérica, una región que logró trasladar el eje de la discusión y la acción política hacia la izquierda, enfocándose en la defensa de los intereses nacionales y la inclusión de las mayorías populares. Además, las ponencias y discusiones que se desarrollen esos días serán una nueva oportunidad para debatir sobre los cambios en curso en Europa y los actuales intentos de socavar los procesos democráticos latinoamericanos con el evidente propósito de restaurar el statu quo neoliberal", dijo la ministra de Cultura de la Nación, Teresa Parodi.


Noam Chomsky (EE.UU.), Cuauhtémoc Cárdenas (México), Constanza Moreira (Uruguay), Emir Sader (Brasil), Piedad Córdoba (Colombia), Iñigo Errejón (España), Jorge Alemán (Argentina), Ignacio Ramonet (España), Álvaro García Linera (Bolivia), Nicolás Lynch (Perú), Gabriela Montaño (Bolivia), Axel Kiciloff (Argentina), Gabriela Rivadeneira (Ecuador), Leonardo Boff (Brasil), Gianni Vattimo (Italia), Paco Taibo (México), René Ramírez (Ecuador), Nidia Díaz (El Salvador), Ticio Escobar (Paraguay), Horacio González (Argentina), Camila Vallejo (Chile) y Marisa Matias (Portugal) son algunos de los políticos e intelectuales que participarán del encuentro.


Este Foro Internacional es organizado por la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, que conduce Ricardo Forster, y tiene como objetivo poner en el centro del debate la dignidad del hombre y de los pueblos, destacando a la política como una herramienta de emancipación democrática.

Forster explicó que "el foro servirá para actualizar el mapa político-intelectual que proponen los dispositivos alternativos a la hegemonía neoliberal, tanto en Latinoamérica como en Europa. Vamos a hacer un encuentro donde, bajo el paraguas de la emancipación y la igualdad, se discuta el neoliberalismo, el presente y el surgimiento de nuevos proyectos de tradición democrática y popular en ambos continentes".

"La idea, entonces, es generar un gran debate de cara a la sociedad, con la expectativa de producir un texto firmado por todos los participantes", añadió.

Así, dirigentes sociales y políticos, intelectuales y líderes de América y Europa se reunirán para decir no a las amenazas de restauración neoliberal, buscando fortalecer los horizontes de emancipación e igualdad que deben guiar la vida de los pueblos.

El Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad se realizó entrada gratuita, con ingreso por estricto orden de llegada hasta agotar la capacidad de la sala de 800 localidades. Además, se dispuso una pantalla gigante en la plaza ubicada frente al teatro (Av. Córdoba y Libertad), que permitió ver el Foro en vivo y en directo, y mediante un sistema de streaming, todas las actividades pudieron seguirse en www.cultura.gob.ar







Chomsky vs Foucault

En su discurso de apertura, el jefe de gabinete Aníbal Fernández habló en representación del Poder Ejecutivo. Con la locuacidad que lo caracteriza, hizo referencias al peronismo con citas que fueron desde Calle 13, pasando por Julio Cortázar y hasta Michel Foucault. En el palco izquierdo lo escuchaba atentamente el lingüista estadounidense Noam Chomsky, quien debatió con el intelectual francés en un debate televisado en 1971. El abogado Lucas Arrimada recordó en su blog Ante la Ley que a Chomsky no le quedó el mejor de los recuerdos de aquella charla. "Me pareció completamente amoral. Nunca he conocido a nadie que fuera tan totalmente amoral", dijo sobre Foucault.







PROGRAMA

JUEVES 12 DE MARZO
14.00 h. Acto de apertura.

15.00 h. Mesa 1: Desafíos y encrucijadas en América Latina
Panelistas: Cuauhtémoc Cárdenas (México), Constanza Moreira (Uruguay), Emir Sader (Brasil), Piedad Córdoba (Colombia). Moderador: Víctor Hugo Morales.

17.30 h. Conferencia magistral de Noam Chomsky
Palabras introductorias a cargo de Anthony Arnove.

20.00 h. Mesa 2: América Latina y Europa, en espejo
Panelistas: Iñigo Errejón (España), Ignacio Ramonet (España), Ricardo Forster (Argentina) y Álvaro García Linera (Bolivia). Moderador: Diego Tatián.

VIERNES 13 DE MARZO
11.00 h. Mesa 1: Nuevas izquierdas y tradiciones populares en América Latina
Panelistas: Nicolás Lynch (Perú), Gabriela Montaño (Bolivia), Vladimir Acosta (Venezuela) y René Ramírez (Ecuador). Moderador: Eduardo Rinesi.

14.30 h. Mesa 2: Nuevas izquierdas y tradiciones populares en Europa
Panelistas: Martina Anderson (Irlanda), Konstantinos Tsoukalas (Grecia) y Germán Cano (España). Moderador: Pedro Brieger.

17.00 h. Mesa 3: Actualidad de las tradiciones emancipatorias
Panelistas: Leonardo Boff (Brasil), Gianni Vattimo (Italia), Horacio González (Argentina), Marcelo Sánchez Sorondo (Argentina). Moderador: Jorge Alemán.


SÁBADO 14 DE MARZO
11.00 h. Mesa 1: Cultura: nuevas subjetividades, neoliberalismo y proyecto emancipador
Panelistas: Paco Taibo (México), Ticio Escobar (Paraguay), Eduardo Moisés Torres Cuevas (Cuba) y Nidia Díaz (El Salvador). Moderador: Gonzalo Civila (Uruguay).

14.00 h. Mesa 2: La nueva generación ante la disputa del presente
Panelistas: Iñigo Errejón (España), Camila Vallejo (Chile), Marisa Matias (Portugal) y Axel Kiciloff (Argentina). Moderador: Ricardo Forster

16.00 h. Clausura del Foro



















5/8/12

EL CONFLICTO







A través de un post breve, conciso y profundo publicado en el blog Artepolítica, Nicolás Tereschuk se interroga sobre el conflicto: cuánto conflicto es necesario, cuál es el límite que separa la conflictividad que hace falta para volcar la balanza de fuerzas a favor de un proceso transformador, de aquella que deja a su promotor en el lugar de una “minoría intensa”, a la que se pueda aislar del grueso de la opinión popular, siempre demandante de una dosis considerable de rutina en los asuntos públicos.

La cuestión admite múltiples perspectivas de abordaje. Tal vez, como casi siempre que se abordan cuestiones centrales de la filosofía política, convenga remitirse a Maquiavelo. Dice el florentino en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio: “Los que condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma... En toda república hay dos espíritus contrapuestos: el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión entre ambos”. Notable exaltación del conflicto en la pluma de quien se planteó la unidad estatal italiana como tarea político-intelectual excluyente.

Pero la cuestión del conflicto va y viene; está siempre atravesada por las contingencias históricas y concretas de cada comunidad política. Europa, después de la destrucción masiva en dos guerras y de la experiencia de los regímenes criminales del fascismo y el nacional-socialismo, experimentó la fuerte necesidad de paz interior y, en ese contexto, proliferaron las perspectivas consensualistas y la demanda de la atenuación de los conflictos. Gran parte de la ingeniería institucional y de la reflexión filosófico-política estuvieron signadas por esa demanda. Alguna analogía puede trazarse entre esa experiencia y la de las sangrientas dictaduras militares en el Cono Sur en la década del setenta: después de la recuperación democrática, la conflictividad social fue mayoritariamente asociada a la amenaza de la “ingobernabilidad”, término que en su origen nombraba a complejos problemas de legitimación del capitalismo democrático y en el léxico criollo de los ochenta terminó llanamente asociado a los clásicos procesos de quiebra de la democracia.

En nuestros países, es notable cómo uno de los registros sobresalientes de esa apelación a la “responsabilidad” en la contención del conflicto sociopolítico provino de voces que venían de la izquierda, aun de sus versiones más radicalizadas en la década anterior. Coincidieron dramáticamente en los albores de nuestra redemocratización, las huellas profundas de la derrota política de los setenta –la barbarie del terrorismo de Estado incluida– con el visible deterioro de los regímenes del “socialismo real” que acabaría implosionando pocos años después. Era algo así como si al temor a la derrota de las utopías revolucionarias se sumara algo peor: el temor a su éxito, que la historia nos mostraba como el reino más perfecto del autoritarismo burocrático.

Un testimonio altamente calificado de ese proceso de las izquierdas puede encontrarse en el libro Secretos de la Concertación, recientemente publicado por el ex senador chileno Carlos Ominami. Todo el volumen está atravesado por lo que el autor llama la perspectiva del “sobreviviente”, él mismo que en los tiempos del gobierno de la Unidad Popular militaba en la izquierda más radicalizada y crítica de la experiencia del “socialismo en democracia” que encabezó Salvador Allende. Habla de la culpa y los temores de quien logra eludir la amenaza cierta y concreta de la muerte. Dice Ominami: “Reconozcámoslo, el miedo al conflicto restringe de manera severa el espacio de la libertad... ¿Cuántas veces se me enrostró, frente a la defensa de un punto de vista, que por mi intransigencia iba a pasar esto o aquello? ¿Que cómo yo, con mi historia, no me daba cuenta de los riesgos que corría, de los males que podía acarrear? Frente a esas presiones, las convicciones tambalean”.

Claro que, como lo ilustra el propio trabajo de Ominami, los procesos de autorreflexión de las comunidades políticas no son lineales, ni mucho menos neutrales. Los años de la recuperación democrática en el Cono Sur son, al mismo tiempo, el período en el que se concreta la hegemonía mundial del capitalismo financiarizado, que vino a reemplazar al “estado de bienestar” como fórmula de compromiso entre la acumulación del capital y la vigencia de los derechos sociales, con el Estado democrático como garante, por un nuevo paradigma de desarrollo: los mercados “autorregulados”, las fronteras estatales diluidas y los derechos sociales reconvertidos en estrategias individuales de salvación frente al avance incontenible del capital. La difusión generalizada y abrumadora de ese nuevo mundo feliz necesitaba colocar al conflicto –y muy particularmente al conflicto de clase– en el lugar del museo arqueológico, en el sitio simbólico de quienes vivían anclados en el pasado (en el ’45, en el caso de los argentinos).

Los partidos políticos –en el país, la región y el mundo– no pueden explicar su actual pobreza ideológica y la brecha de representatividad que los separa del pueblo por una simple acumulación de errores dirigenciales. Es el vaciamiento de la arena del conflicto lo que los puso en ese lugar. Es la obsesión por el “consenso” deliberadamente reinterpretado como resignación ante el establishment; la falsa idea de que la política es un espacio puramente “deliberativo” en el que está ausente la dimensión del poder. (¡Una política depurada del poder!) La democracia reducida a un sistema de derechos individuales, derechos que flotan en el aire de las buenas conciencias y no en las relaciones de fuerza que los habilitan o los frustran. Una “ética de la responsabilidad” que termina consistiendo redondamente en “no hacer olas” para no convocar a los fantasmas del enfrentamiento.

También nuestra democracia, como la Roma evocada por Maquiavelo, creció en el conflicto. Sus mejores momentos en estas casi tres décadas están asociados a conflictos: desde el juicio a las Juntas hasta el actual proceso de transformaciones signado por la recuperación de autonomía frente a las corporaciones, pasando por la derrota política de los militares insubordinados contra el régimen constitucional. La gran pregunta sobre el conflicto no es la que duda de su carácter políticamente necesario sino, justamente, la que atañe a la capacidad de “cercarlos” democráticamente, de desplegarlos sin que pongan en riesgo la estabilidad democrática. Hemos aprendido que los programas de transformación y los diseños de improbables sociedades futuras no son nada sin el poder que pueda, no hacerlos realidad, lo que es materialmente imposible, sino sostenerlos como banderas y fuentes inspiradoras de un determinado rumbo político.

Ese es el quantum del conflicto necesario. Y no es descifrable por ninguna prescripción con pretensiones científicas. Para volver a Maquiavelo, no es la virtud del político la que está en juego sino la virtù. Es decir, no se trata de la buena educación, los buenos modales y la simpatía. Se trata de esa aptitud intransferible para captar la naturaleza de la situación y actuar sobre ella: una aptitud que deviene virtuosa cuando la acción que en ella se inspira contribuye al fortalecimiento del espacio político como ámbito de libertad. Esa virtù es tan incompatible con la adaptación temerosa al statu quo como, trayendo una vez más a Tereschuk, con la escandalización artificial del sentido común de las clases medias. La conflictividad no es un juego de chicos; tiene sentido si sirve a una estrategia transformadora. Y tal estrategia necesita actuar sistemáticamente sobre las correlaciones de fuerza, ganar amigos, neutralizar adversarios, aislar enemigos.

Lo más interesante del actual proceso político –y puede pensarse que no es una exclusividad suya– es que con los avances los conflictos no se detienen ni se simplifican; por el contrario, se hacen más tensos y más complejos. No es tan extraño como parece: para darle legitimidad a políticas de reparación, redistribución y cambios estructurales hay que enarbolar una promesa, un “relato”. Y ese relato es la clave tanto de la transformación como de sus problemas. Porque a cada paso, la coherencia del relato se hace más compleja: por qué recuperar YPF pero no gravar la renta financiera, por qué aplicar retenciones a las exportaciones agrarias y no hacer una profunda reforma impositiva de carácter progresivo, por qué recuperar el Banco Central para el estado democrático y no avanzar en la plena reestructuración de la actividad de las entidades financieras.

Son porqués de la política y no de las almas bellas que observan. Y como son de la política se subordinan a la pregunta sobre el cómo: cómo hacer para mantener y reproducir el poder político que fue necesario para llegar hasta acá y será más necesario todavía para responder a esos porqués y a otros que, con todo derecho, puedan formularse.






6/4/12

NUCLEO DURO: U.S.A EN EL CHACO






La periodista argentina, Stella Calloni, aseguró que las fuerzas militares de los Estados Unidos “nunca dan ayuda humanitaria a cambio de nada”, en relación a la instalación en el aeropuerto de Resistencia del Centro de Operaciones y Almacenamiento para Emergencias gestionado por representantes del Comando Sur y financiado por la Embajada Norteamericana.

Calloni consideró que no es necesario exagerar afirmando que se trata de una base militar ya que es “una instalación operativa que es tan peligrosa como una base militar” y que “hay ingenuidad” por parte del gobierno chaqueño en este tema.

En diálogo con el programa “Núcleo duro” que conduce los sábados por la mañana la periodista Mona Moncalvillo, en Radio Nacional, Calloni puso como ejemplo que las tropas estadounidenses ingresaron al Paraguay con el pretexto de la “acción cívica” y que en realidad están practicando un “relevamiento de territorios, control de población, un esquema de todo lo que hay allí en riqueza, en tema territorio en el campo... acción cívica es contrainsurgencia”.

Con respecto a lo que denominó una “instalación operativa” en el Chaco, la corresponsal del diario La Jornada de México subrayó que “es un lugar estratégicamente ubicado, limítrofe con Paraguay donde hay tropas de Estados Unidos, donde hay estructuras preparadas del Comando Sur como Mariscal Estigarribia, que no es una base militar donde vas a encontrar soldados. Han hecho de una pista aterrizaje de más de 3.000 metros de largo que son para los grandes aviones, como los Galaxy. Están preparando toda una estructura de guerra porque están pensando en venir para acá, hace tiempo que tienen estos planes, por eso están dispersando el Comando Sur por todas partes, en vez de estar ubicado solo en Panamá”.

“Hay que explicarle a la gente que este Centro de Emergencia es un centro operativo que le sirve a esa red de bases. Ellos están soñando con poner una base en la Triple Frontera, están detrás de los recursos naturales. Esto sirve para hacer espionaje poblacional, esto sirve para hacer comunicaciones, intercomunicaciones. La IV Flota está muy lejos pero desde ahí se pueden establecer comunicaciones importantísimas, darse datos o establecer una serie de redes porque además tienen centros operativos en muchas partes”, agregó.

“Es una instalación operativa tan peligrosa como una base militar”

Calloni también cuestionó a algunos sectores que exageraron el asunto asegurando que se estaba instalando una base militar del Comando Sur en el Chaco, lo cual fue desmentido fuertemente por el gobernador Capitanich. “Lo que se presta a este tipo de desmentida también es la exageración de otros lados. No es necesario exagerar que hay una base militar. No es una base militar, estrictamente como se llama. Es una instalación operativa que es tan peligrosa como una base militar. Pero cuando alguna gente exagerada dice base militar de la IV Flota se presta para que Capitanich diga eso es un disparate. Porque es cierto, es un disparate. Porque si vas a la gente y le mostrás la gente dice: bueno, ahí no es una base militar”.

“Por eso hay que explicar las cosas con seriedad. Nadie tiene que exagerar las cosas, porque no es necesario exagerar, porque lo mismo es peligroso. Es un centro de emergencias donde ellos van a poner la red informática. ¿A qué suena red informática del Comando Sur en un lugar? Aprovechan que ahí hay un enorme radar. Yo creo que ahí hay ingenuidad. Esta falta de los políticos jóvenes de conocer exactamente cuáles son los problemas de la dependencia”.

“Donde ellos entran no salen jamás”




“No lo estoy diciendo porque quiero golpear al gobierno”, aclaró Calloni al exponer cuál es la metodología de trabajo del Comando Sur. “No lo hacemos por molestar a un gobierno, la oposición no se ocupa de eso, porque no quiere molestar a Estados Unidos”, agregó. “Estamos advirtiendo, somos seguidores de cierta temática de hace muchos años y sabemos que donde ellos entran no salen nunca más”, sostuvo.

“Yo pienso que hay ingenuidad porque él -por el gobernador- lo dice. Capitanich está explicando que él estuvo, efectivamente, que le ofrecieron esto. El no está escondiendo, y no lo escondió nunca porque en el 2008 reconoció que dio los cursos. Pero es necesario que se tomen medidas, estamos a tiempo porque no se ha instalado”, señaló la periodista.

“Ellos crean un esquema de cosas, y en un aeropuerto nuestro, nada menos, donde pueden instalar un esquema de radares. Está rodeado de cinco provincias argentinas donde monitoreás, controlás. El esquema de control es terrible y lo están armando en todos los países”

Días pasados el gobierno de Bolivia descubrió un automóvil de la Embajada de Estados Unidos con armamento sofisticado y aparatos de comunicación sin permisos oficiales que llevaban a la zona donde se encuentra la oposición que en 2008 intentó el golpe de Estado contra el gobierno del presidente Evo Morales”.

“No podés ser ingenuo a esta altura. Si sos ingenuo, hay mucha gente que sabe perfectamente lo que significa qué es el Comando Sur, en el gobierno. Hay que parar esto. Ellos hicieron ese enorme galpón. No importa si es chiquito el edificio, no necesitás muchas cosas para instalar un equipo”.

“Ese Comando Sur fue el que dio apoyo logístico y operativo a los británicos en la guerra del Atlántico Sur. No podemos dejar que entren al país en ningún lugar, con ayuda humanitaria o con esto o lo otro”, exhortó Calloni.


REPORTAJE A

22/1/12

BIENVENIDOS a la DISCUSIÓN






¿Qué pasa en las páginas de La Nación, Clarín, Perfil y en programas (no sólo) de TN que desde hace un tiempo se discuten agendas audaces? ¿Qué es eso de que paseen por allí valiosos intelectuales de diversos pelajes hablando contra la concentración de la tierra, la megaminería, la ley antiterrorista, los muertos por represión? ¿Qué raros desplazamientos y contorsiones suceden y qué vacíos en la representación política permiten que afloren estas discusiones en semejantes lugares, donde lo habitual es o era toparse con las aburridas cabecitas en crisis del radicalismo conservador, el duhaldismo o la economía liberal?

Estas no son preguntas irónicas que sólo sospechen algún pecado de “usurpación de progresismo” por parte de los medios (más o menos) dominantes “con tal de pegarle al Gobierno”. Son más bien una bienvenida al hecho de que ya sea un documento de Carta Abierta como la irrupción de un nuevo colectivo de intelectuales críticos del kirchnerismo sean asuntos noticiables e interesantes para generar debate.

Por supuesto que siempre habrá intentos de aplanamiento, recorte, distorsión, manipulación y uso por parte de los medios (más o menos) dominantes. Pero, caramba, ¿quién le está imponiendo agenda a quién en estos casos? ¿No está bueno que donde antes hubo Biolcatti, Cobos o consultor de la City hoy aparezcan de Horacio González a Maristella Svampa? ¿Y no está igualmente bien que la irrupción de la gente de Plataforma 2012 estimule a otro grupo de gente que piensa bonito a seguir afinando Argumentos y discutir cada vez mejor?

Ley antiterrorista, minería a cielo abierto, muertos por represión estatal o por patotas… Ninguna de los temas enunciados en el primer documento de Plataforma 2012 es menor. Aún cuando las críticas parezcan exacerbadas y en algún caso (como el diagnóstico de una presunta desigualdad creciente) artificiosas o temerarias. Aún cuando se trata de un puñado de temas potentes, el problema reside, como bien lo señaló Eduardo Jozami en la respetuosa entrevista que le hizo Marcelo Zlotogwiazda por TN, en “dirimir” si las eventuales falencias del Gobierno respecto de esa agenda “definen” de un saque todos los rasgos y esencias del complejo universo kirchnerista.

Una elección posible es la que apuntó en el mismo programa Gabriel Levinas: a su juicio, algunos de esos temas implican situaciones “extremas”, “que trazan una raya” a partir de la cual se supone que un simpatizante del Gobierno debería dejar de serlo.

El argumento parece atendible, sólo que la valoración –la que eventualmente conduzca a la decisión de permanecer o irse– depende de la masticación interna y la subjetividad colectiva, grupal o la de cada uno, no sólo de la de Levinas (y eso sin entrarle demasiado al asunto sí dominante de las emociones que ciegan). Puede que un simpatizante, militante o intelectual cercano al kirchnerismo, a partir de cierto grado de madurez política, ponga en la balanza cuánto comparte y cuánto no de lo hecho por el Gobierno. Mientras la balanza se incline a favor, seguramente elegirá permanecer en alguno de los espacios del kirchnerismo, entre otras cosas para hacer fuerza desde ahí. Puede que potencie esa decisión el hecho de que, por fuera del kirchnerismo, no haya proyectos transformadores ni consistentes ni convincentes (sí muy respetables agrupaciones, sin ironía, y muy interesantes voces sueltas).

Puede que piense también nuestro sujeto experimental K otras cosas largamente sabidas: como que siempre existe la amenaza de perder lo recuperado y volver a retroceder en el tiempo (Macri en la Ciudad).

Puede que se valore la importancia de anteponer la construcción, permanencia y eventuales “refacciones” en un espacio colectivo ya construido –que cuanto más se expande más arisco se pone y más tensiones genera– que salvaguardar las plenas libertades de opinión personales (huinca atajando: que nadie diga por favor que esta última línea es una incitación al estalinismo).

Arietes y fiestitas. Una crítica a Plataforma 2012 que el que escribe no comparte es el hecho de que el nuevo colectivo de intelectuales se haya expresado en alguno de los espacios de la comunicación (ya no tan) dominante. Puede que alguno de ellos opere en esa dirección y por supuesto que los medios del establishment los van a usar como ariete antikirchnerista, así como usan las críticas de Carta Abierta para hacerse la fiestita (por si las moscas: los subversivos de ambos colectivos de intelectuales hubieran sido exterminados en dictadura, con la sensata aprobación de La Nación y el opaco silencio de Clarín). También es verdad que en un escenario polarizado y a menudo binario están faltando espacios de encuentro, intercambio y debate. Pero guarda la tosca porque a veces sí emergen esos espacios de encuentro en preocupaciones comunes. En Miradas más que a menudo hemos podido hacernos cargo de varios de los temas planteados desde Plataforma (y desde Carta Abierta, o viceversa en orden de aparición): desde la minería a cielo abierto (o los riesgos tóxicos del modelo sojero) a la represión a los Quom, el asesinato de Mariano Ferreyra, las muertes del Indoamericano.

Maristella Svampa escribió aquí; Norma Giarraca (que dejó Plataforma apenas se creó ese espacio) es fuente habitual de consulta. Ergo: el kirchnerismo ni es tan monolítico ni impone un relato único.

Allí, en la idea simplificadora de “la imposición del relato kirchnerista”, falla feo el diagnóstico de Plataforma 2012. No existe en una sociedad compleja (además de discutidora como la nuestra) “imposición de relato” posible.

Hay en todo caso modos de circulación de relatos que no tienen un único emisor omnipotente (un Zeus tronante); grados siempre cambiantes de retroalimentación, de valoración, de aceptación de un verosímil. “Imponer relato” (la aguja hipodérmica en las añejas teorías de la comunicación) es algo que no consiguen ni “la Corpo”, ni un gobierno, ni Dios.

La de Plataforma es al respecto una lectura floja que revela un cierto desdén por la apropiación que hizo buena parte de la sociedad del famoso relato kirchnerista. En cuanto a los asesinados por violencia estatal o no, hay un tipo de reacción que a quien escribe le recuerda lo que le sucedió a su hija de 16 (simpatizante o turista accidental del kirchnerismo) en cuarto año del secundario cuando un compañerito del PO la acusó de “tener las manos manchadas con sangre” por el asesinato de Mariano Ferreyra. Puede suceder con un pibe de 16. No con intelectuales formados, que en su primer documento comprimieron en un mismo “sistema” cerrado una decidida voluntad política del Gobierno Nacional. Enlistar muertes en un puro sistema de crueldad estatal roza lo efectista.



Las corpos.

La gente de Plataforma (para la recuperación del pensamiento crítico) sostiene otra cosa interesante. Aquello que el gobierno kirchnerista hace horriblemente mal no es parte de una lista de “asignaturas pendientes”, como señalaría Carta Abierta. Sencillamente esas cosas jamás estuvieron ni estarán en la agenda oficial.

Carta Abierta, si al que escribe no le falla la memoria, no suele usar la expresión “asignaturas pendientes”. Pero de todos modos es más que discutible que el gobierno kirchnerista vaya en todo a contramano de lo que plantea Plataforma: Nilda Garré no es precisamente una Ministra de la Represión, la Ley de Tierras es un avance importante, lo mismo el nuevo estatuto del trabajador rural. Y allí donde Maristella Svampa generaliza una relación estructural del Gobierno con “las corporaciones”, incluyendo las cerealeras, está el último acuerdo con las cooperativas agrarias respecto de los modos de exportación, para no hablar de la relación compleja que sostuvo con otras corporaciones: Iglesia, Fuerzas Armadas, Sociedad Rural, las mediáticas, el FMI, Washington, su ruta.

En todo caso, porfis, concédannos a los simpatizantes del kirchnerismo la ilusión o la libertad de creer que colaboramos en ampliar y construir agenda. De hecho, como suele reiterar Mario Wainfeld, unas cuantas y significativas políticas impulsadas por este gobierno no estaban en su agenda inicial.

En algún punto da la sensación de que Plataforma se comió ricas porciones del relato liberal y sus suspicacias satelitarias acerca de lo que es el kirchnerismo. Maristella habla de la horizontalidad de Plataforma como quien invoca las mejores tradiciones inauguradas en las asambleas populares de 2001 y 2002.

¿Y qué es Carta Abierta? Carta es (a veces insoportablemente) horizontal y asamblearia, a riesgo de perder capacidad de hacer, de producir, de intervenir, de expresar. La desdeñosa expresión “voceros del Gobierno”, en ese sentido, es desgraciada. En cuanto a la autonomía intelectual, conviene decir que según cómo venga la bocha puede necesitarse más coraje político y personal para mantenerse en un espacio sosteniendo “pensamiento crítico” en medio de innumerables tensiones, y más cuando se hace algo tan grasa como adherir a un gobierno, que conservar en lugar fresco el ciento por ciento del discurso individual. No es el caso de la gente de Plataforma pero, para levantar el sempiterno dedito acusador, para el pensamiento y la indignación fácil, para apostar sin jamás quemarse al aplauso de la platea, para eso se inventaron los periodistas.



Primera respuesta a Plataforma

Texto completo original en “Argumentos para una mayor igualdad”

Los que siguen son algunos fragmentos principales de Argumentos por una mayor igualdad, la respuesta que un flamante espacio de intelectuales publicó en respuesta al documento emitido por Plataforma 2012.

    Esta carta pretende escapar a una falsa polarización. Quienes firman Plataforma, quienes adhieren y promueven Carta Abierta y quienes firmamos estos “Argumentos” afirmamos desear que la Argentina sea una sociedad más igualitaria. ¿Cómo es posible que nuestro diagnóstico acerca de lo que sucede en el país sea tan distante al de Plataforma?

    El pensamiento crítico, que reivindicamos, distingue entre cualidades diferentes, se adentra con cuidado en procesos complejos. No descalifica a los adversarios o a quienes piensan diferente: construye argumentos. Quienes firmamos este texto creemos que es urgente desplegar un debate franco, que busque reconocer los matices y complejidades del proceso actual.

    Los firmantes de Plataforma 2012, con algunos de los cuales hemos compartido muchas luchas, parten de una idea que consideramos equivocada: este gobierno es nefasto y sólo hace cosas nefastas.

    Todos los gobiernos, de izquierda o de derecha, construyen relatos. La pregunta no es si los intelectuales se sienten interpelados por esos relatos. La pregunta crítica es qué habilitan y qué obstruyen dichas narraciones. Honestamente, entre quienes apoyan las principales medidas de los últimos años, vemos énfasis bastante distintos, comentarios críticos, disputas relevantes e irrelevantes. La crítica a la ley antiterrorista ha sido la muestra más reciente de lo que afirmamos: hay un debate público. No vemos un discurso único, salvo que así parezca el acuerdo profundo en enfrentar los discursos de aquellos economistas que quieren llevar a este país a los años noventa.

    Existen disputas por la legitimidad política muy asociadas a los procesos de distribución económica. Y esas luchas son verdaderamente complicadas. No sólo porque una corriente progresista, que ha tenido diferentes capítulos en la historia del país, siga creyendo que las mayorías populares están engañadas, dado que han manifestado su apoyo a pesar de la supuesta “profundización de la desigualdad”. También, y principalmente, porque los poderes económicos y corporativos son mucho más reales de lo que un lector de la Plataforma podría suponer. En su texto no mencionan sus tensiones con el Gobierno: esas tensiones serían “puro relato”.

    Que haya acciones y metodologías del Gobierno que no compartamos (el Indec, la minería contaminante), no nos lleva a creer que exista hoy en la Argentina la posibilidad de una construcción de izquierda que insista en desconocer los avances logrados en estos años. Un pensamiento crítico comprometido con lo que hay que lograr pero también con lo logrado intervendrá activamente en el debate acerca de lo que falta, que es un avance cualitativo en todos los terrenos de una mayor igualdad.

    Quienes creen que nos encontramos ante el demonio y que todo lo que vivimos es solamente una fantochada, una puesta en escena, cometen el error de persistir en un análisis que elude los temas centrales de las políticas del Gobierno y también hace silencio ante el papel de los poderes a los que se enfrenta. Ese error profundiza la idea de que hay dos trincheras. Cuando tengamos un debate con matices, percibiremos que no serán los mismos los argumentos de los compañeros de Carta Abierta (que no pueden ser calificados como “voceros del Gobierno”) que los de Plataforma, pero tampoco los de sus integrantes. Quien conoce a las personas por sus trayectorias, sus hechos y sus dichos, sabe que es bueno siempre juntarse, con el riesgo de que en el entusiasmo transmitido de unos a otros esa ausencia de matices pueda terminar en rejunte.



Texto completo original en:
Plataforma (para la recuperación del pensamiento crítico)


Texto completo original en:
Carta Abierta/11






3/12/11

CORTOCIRCUITO HISTÓRICO




Y se armó la discusión: de este lado de la frontera, los historiadores del campo popular tiene cosas que decir(se)...

Dado que se ha producido un cruce de opiniones entre el compañero Facundo Moyano y el periodista Hernán Brienza, donde este último señala que no acepté incorporarme al Instituto Dorrego y que va a publicar mi carta para demostrar que utilizo “los mismos argumentos que Sarlo y Lanata”, que los he acusado de “fachos retardatarios” y que me hago “la víctima discriminada”, le solicito la publicación de las dos únicas cartas que envié a ese Instituto (previas a la aparición del decreto) y que permiten dejar todo aclarado.

Cabe solamente agregar que tiempo atrás, Pacho O’Donnell me hizo llegar la información de que se había constituido dicho Instituto, así como los integrantes y los puestos que ocuparían junto a un proyecto de decreto y una diplomatura designada “La Otra Historia Argentina”, a darse en la Universidad de las Ciencias Empresariales, por la módica suma de $ 2.500 por un ciclo de 12 clases, y me ofrecía participara como miembro honorario del Instituto. A ello contesté:

    Buenos Aires, 9 de septiembre de 2011

    Al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego”

    He recibido una comunicación del Instituto, por el cual se me propone como “Miembro de Honor”. Sin embargo, como en estos momentos estamos constituyendo un Instituto de Estudios históricos, políticos, económicos y sociales, con un grupo de compañeros, que seguramente mantendrá posiciones distintas a las que sustenta éste, debo agradecer a ustedes la gentileza pero declinar dicho ofrecimiento para evitar confusiones e incompatibilidades en momentos en que la Argentina necesita la mayor claridad posible y no avanzar en equívocos.

    Atentamente,
    Norberto Galasso


Luego intervino Víctor Ramos (hijo de Abelardo Ramos) y le contesté:

    4 de octubre de 2011

    Al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego”. Respuesta al envío de Víctor Ramos

    He recibido un correo electrónico en el cual Víctor Ramos lamenta mi rechazo para integrarme como Miembro de Honor en ese Instituto y manifiesta que ello provoca “confusión” y que mis argumentos son “enigmáticos”. Para aclarar la decisión tomada, reseño lo siguiente:

    -Desde 1997, en el Centro Discépolo, hemos venido formulando la crítica a la Historia Oficial y asimismo hemos tomado distancia del revisionismo nacionalista de derecha desde nuestra línea de los Cuadernos de Indoamérica publicados por “Frente Obrero” y de Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, de Jorge A. Ramos.

    -Así publicamos 30 cuadernillos bajo el rótulo “Cuadernos para la Otra Historia”. En base a ellos dimos conferencias, armamos talleres y el 2005 los convertimos en 10 DVD que ha difundido últimamente el periódico “Miradas al Sur”. Alrededor de esta tarea se fueron nucleando jóvenes que hoy integran el grupo que redacta –desde 2010- “El Cronista del Bicentenario”.

    -Asimismo, desde el 2005 publicamos en la editorial de Madres de Plaza de Mayo, 4 tomos de Los Malditos, personajes silenciados o tergiversados por la Historia Oficial.

    -De la misma manera, hemos dado cursos en Cancillería, Sindicatos y Agrupaciones populares especialmente en el conurbano.

    De todas estas experiencias surge mi compromiso personal, militante, con el grupo de compañeros que ha llevado adelante esta tarea. Carecería, pues, de sentido, sumarme a otro grupo donde es fácil advertir que no coincidimos en interpretaciones sobre asuntos importantes, como por ejemplo, la Revolución de Mayo, la caracterización de Rosas, Urquiza, Mitre y Sarmiento hasta diferencias políticas respecto al Golpe del 30 o al menemismo que derivan de la influencia liberal-conservadora que pesa sobre algunos integrantes de ese Instituto así como la influencia nacionalista clerical que pesa sobre otros.

    Trabajemos, pues, cada uno por nuestro lado. Por esta razón, señalé en mi declinación al nombramiento, que deberíamos evitar equívocos para dar la polémica a la Historia Social con posibilidades de éxito. Para esa polémica es necesario, a nuestro juicio, tener en claro que hay enorme distancia entre saavedrismo y morenismo, entre rosismo y “chachismo-varelismo”, entre uriburismo e irigoyeinismo, entre menemismo y peronismo histórico, entre nacionalismo e izquierda nacional.

    Saludo a ustedes atentamente,
    Norberto Galasso


De este modo le evito al Instituto la preocupación por publicar estas cartas, las cuales demuestran que no afirmé lo que sostiene Brienza, sino una posición clara y consecuente con las ideas que vengo sosteniendo desde hace largos años. Escribo estas líneas porque “es lindo informarse”, como sostiene Brienza.

Norberto Galasso




17/8/10

LO que se HIZO, lo que FALTA, lo que VIENE



La cita fue hecha para charlar sobre el escenario abierto en 2003. La conversación fue libre y abierta: las transformaciones iniciadas, las nuevas discusiones y las que esperan, lo que falta por hacer, lo que cambió en los últimos meses, el horizonte electoral.

Alfredo Eric Calcagno: Un economista con décadas de trabajo en distintos países de Latinoamérica y el mundo, alineado con la idea de lo nacional .

Carlos Gabetta: Un periodista de enorme trayectoria que rescata avances del ciclo kirchnerista pero también cuestiona.

Luis Fernando Chino Navarro: Un diputado que es a la vez dirigente de un movimiento social.

Fernando Braga Menéndez: Un publicista al mismo tiempo veterano y “moderno”, comprometido en la defensa del Gobierno.

Santiago Rossi: un consultor joven, bien formado, situado no precisamente en los imaginarios nack&pop.

Debate a 5 voces sobre el escenario que se viene. Miradas al Sur organizó un encuentro para analizar, desde distintas visiones, el actual clima político y social, los desafíos futuros y deudas pendientes con vistas a las elecciones de 2011.


–Se suele decir que a partir del ciclo kirchnerista en el país cambió la agenda de discusión y que esa agenda es de mayor calidad y más transformadora en relación con la de hace de seis o siete años. ¿Hasta dónde comparten esa afirmación?

Fernando Braga Menéndez: –Más que por lo que se hable, son los cambios reales que se están produciendo en la sociedad los que modifican la calidad del debate. Si si se analiza la política de autonomización, lenta y gradual –porque no hay otra forma de hacerlo–, ese trabajito de hormiga está dando resultados increíbles. Por ejemplo, rechazar el Alca, inteligente y hábilmente, o replantear el vínculo con el Fondo Monetario.

Santiago Rossi: –Yo voy a tratar de basarme en los datos de opinión pública y hacer la menor cantidad de análisis subjetivos. Lo que se ve en estos últimos tiempos es una sociedad partida en lo que llamamos representatividad y los hacedores. En ese marco, el grupo que tiene mejor posicionamiento hoy ante la opinión pública son los científicos e investigadores. El sector que peor mide en términos de imagen –y es una encuesta de 1.200 casos que hacemos de manera sistemática– son los piqueteros. La clase política, que en el ’83 tenía casi un 90 por ciento de imagen positiva, hoy está pegada entre los piqueteros y los sindicalistas. Pero lo importante para resaltar es que en la última medición la clase política levantó una tendencia que venía en caída. Los problemas de inseguridad o la inflación figuran en el tope de las demandas de la opinión pública. Pero hay temas que quizá no están en la agenda de los medios de comunicación y que ahora entran, como el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo. Hubo una fuerte difusión que generó que la gente tomara partido por las dos posiciones, a favor o en contra, y no hubo un “no sabe, no contesta”. Eso es un logro: plantear temas de discusión, temas sociales.

Carlos Gabetta: –La primera presidencia de Kirchner estuvo marcada por el hecho de que asumió con el 21 por ciento de votos de la sociedad en un momento de crisis extrema del país. Ya se había producido la devaluación, ya había empezado una recuperación económica importante, pero creo que el primer gobierno de Kirchner no debe ser juzgado muy severamente porque se encontró con una gravísima crisis y en una situación de debilidad política de entrada. Esto es lo que hace que lo poco o mucho que hizo fuera visto positivamente. Yo resalto en primerísimo lugar la impecable renovación de la Corte Suprema de Justicia que hizo Néstor Kirchner. No fue el caso de todo lo que vino después, incluso siendo positivo, como la recuperación del dinero de las Afjp para el Estado y una serie de cosas. Creo que el gobierno de Cristina Kirchner hizo muchas cosas que lo diferencian clara y definitivamente del neoliberalismo anterior: el Fondo Monetario Internacional, la deuda, el Alca, las Afjp, las asignaciones familiares. Todas fueron una serie de iniciativas de corte claramente progresista. Ahora, yo sigo notando –tanto en el oficialismo como en la oposición– una especie de tacticismo. No hay plan, no hay un proyecto económico, político, social. Lo que hay son medidas, algunas de tipo progresistas y otras que deberían implementarse y no se implementan.

Alfredo Eric Calcagno: –Hay dos cosas: una es la situación general del país. Hemos tenido seis años de fuerte crecimiento económico, para ser precisos, 8,6 por ciento como promedio anual. La tasa de inversión pasó del 11 al 23 por ciento, las exportaciones de 20 mil millones a 70 mil millones de dólares, todos los indicadores económicos –y sobre todo los relacionados con empleo– fueron muy favorables durante todo este periodo. Existe un ambiente como para poder hablar de otros temas que superen la mera idea de sobrevivencia. En 2002 no estábamos para sutilezas, ahora sí podemos encarar este tipo de problemas. Hay otro fenómeno que no se ha discutido y que es el retroceso del gorilismo, según la definición de gorila de Horacio González, que es uno de los intelectuales más lúcidos del país: gorila es quien en nombre de un prejuicio se niega a pensar. Había una cantidad de temas que no se pensaban, se rechazaban. No solamente me refiero al gorilismo clásico de “antiperonismo” sino a una cantidad de temas, como el prejuicio contra los homosexuales, la gran mayoría se negaba a pensar y esto se rompió. Hemos vuelto a pensar. Ese es un cambio muy importante: cuestionamos y pensamos todos los temas.

Fernando Chino Navarro: –Me parece que claramente desde el 2003 a la fecha, la política está sobre la mesa. Néstor Kirchner no ganó la elección a presidente, sino que salió segundo. Y añado un dato porque hablamos siempre de mayorías: el kirchnerismo nunca logró la mayoría en ninguna elección, nunca pudo llegar al 50 por ciento más un voto sino que siempre fue la primera minoría. Tuvo mayorías en el Congreso como consecuencia de la suma de dos elecciones, pero eran mayorías muy heterogéneas. Quedó demostrado cuando la ley de retenciones fue al Congreso y ciertos diputados –ejemplo claro el de Felipe Solá o el senador vinculado al aceite sojero (por Roberto Urquía)– votaron en contra. El gran acierto de Néstor Kirchner fue romper la subordinación que desde el ’83 al 2003 había tenido la política, salvo un lapso de Alfonsín (la marcha contra el Fondo, el Juicio a las Juntas). Ese Alfonsín pretendió que la política condujera el proceso y luego la política fue derrotada. A partir de ahí hubo un retroceso y los ’90 fueron la gran entrega de la política en nombre del peronismo. El tema es hacernos cargo de todo eso como sociedad, con la gran responsabilidad que les cabe a los políticos y a los gobiernos. Porque esto tiene que ver con lo que reclama Carlos Gabetta, en lo que yo parcialmente estoy de acuerdo. No tenemos un modelo de Nación pero tampoco creo que haya ausencia de un plan, porque todas las medidas van en una dirección. Me parece que es un plan trazado con una línea muy gruesa, como cuando uno dibuja una casa sin ser arquitecto y después un maestro mayor de obras deberá determinar cómo deberá ser esa casa.

–Pregunta para los de esta mesa que más trabajan el tema de la opinión pública. En términos gruesos, ¿para el público consumidor de Tinelli, por expresarlo de alguna manera, ideas como “más Estado” o “más liberalismo” o “progresismo” son palpables a la hora de pensar o decidir el voto?

S.R.: –Se puede medir. Pero creo que hoy la agenda de la gente va por temas más concretos y eso lo concretan muchos intendentes. La gente se conecta directamente con el intendente y la política nacional parece encaminarse hacia esa relación. Pero todavía hay una visión cortoplacista. Quiero agregar que lo peor que podés generar en la opinión pública es expectativa. Vos abrís la puerta de la comunicación, generás expectativa y si no hay respuesta, la caída es estrepitosa. El ejemplo concreto es una excelente campaña publicitaria pero vacía de contenido político, en el contexto de un difícil entramado político.

F.B.M.: –Yo tengo mucho más vínculo con la investigación cualitativa que con la cuantitativa. En la cualitativa, el hombre medio que ve a Tinelli no tiene ningún tipo de evaluación en cuanto a más progresista o menos, más neoliberal o menos. No lo ve en lo más mínimo, no le interesa.

C.G.: –Coincido con Fernando en el sentido de que hay que mirar a la sociedad y justamente es la falta de esa mirada lo que ha caracterizado a todos los gobiernos desde el ’83 hasta ahora, salvo Menem que se dedicó a mentirles. Los presidentes que se propusieron otra cosa, son tres: Alfonsín, Néstor y Cristina. Pero Cristina ya llegó en una situación en la que la sociedad estaba madura para proponerle algo más global, incluso para debatir con una sociedad distinta. La sociedad es muy volátil, hoy vota a Menem y mañana a Cristina, hoy a reaccionarios y mañana, a progresistas. Pero cuando a nuestra sociedad se le han planteado temas de contenido progresista, se ha producido una especie de transversalidad. El último caso es el de la votación por el matrimonio igualitario. Todos los partidos votaron divididos, salvo la izquierda. Se acabó eso de “yo soy radical” o “yo soy peronista”. Falta un sector, un partido, un frente, que plantee un programa de corto, mediano, largo plazo. El sindicalismo argentino tiene muchísimo de lo que enorgullecerse, peronista, socialista o comunista. Ahora, convengamos en que vivimos en una sociedad donde algunos dirigentes sindicales son millonarios. Todo el mundo lo sabe, no lo ocultan y la sociedad lo acepta. Eso tiene que terminarse de alguna manera. Lo mismo pasa con el elefantismo del Estado. Yo soy un estatista ciento por ciento, pero ¿de qué Estado hablamos? Ahí tenemos que meterle mano al asunto.

F.B.M.: –Coincido con el Chino Navarro en que hay un programa muy nítido y claro desde hace siete años. Justamente porque tenemos ese programa es que desde el 2008 a hoy no hemos sufrido las consecuencias de la crisis mundial. Este no es un plan que esté escrito, pero sí está actuado de forma permanente. De ninguna manera yo siento, Carlos, que Cristina haya asumido con beneplácito mayoritario. A los tres días de asumir, tanto Clarín como La Nación publican en tapa toda la farsa sobre Antonini Wilson. La “luna de miel” de los primeros cien días de gobierno en su caso no existió. No creo que haya sido tan cómodo su comienzo, de ninguna manera.

A.E.C.: –Como decía Braga recién, si bien no hay un plan global escrito que por lo general no se cumple, lo que sí hay es una estrategia que, desde mi punto de vista, fue muy clara. Primero la inclusión social basada en el empleo sobre todo; y eso fue orientando toda la acción del Gobierno. Segundo, desde el punto de vista económico, la reindustrialización. Creo que ésos fueron los dos ejes de la acción de gobierno. No hubo un plan detallado, fino, sino una estrategia. Fue más como la definición de Lenin de “soviets más electrificación”, que enmarcó el rumbo de la Revolución Rusa. En lo esencial, no creo que este gobierno haya estado a la deriva sino que siempre se optó por la solución, frente a cualquier problema, que favoreciera la inclusión social y la industrialización.

F.N.: –Uno de los problemas que tenemos es que no hemos reconstruido el Estado. Hemos crecido, todos los datos que dicen son absolutamente ciertos, pero ese crecimiento llega de una forma a los sectores formales de la economía y de otra a los sectores informales. En 2007 la elección la palpamos en la calle, se notaba que había ruido y creíamos que el problema era que Cristina era mujer, que a veces tiene ese discurso que a los sectores populares quizá no les llega tanto. Nosotros la escuchamos y nos encanta pero lo medís en las personas que están en el día a día sobreviviendo: quieren escuchar cosas concretas. Se vio con claridad en el conflicto con “el campo”. Esto fue una cosa que explotó más el hecho de que ya la inflación estaba comiendo a los sectores informales, sectores de menores ingresos, y la vida del informal es el día a día, no tiene la seguridad del trabajo en blanco. Si nosotros no reconstruimos el Estado rápidamente, un Estado que tiene que estar en la calle, si no tenemos un Estado agresivo en la calle como instrumento de organización, si vamos una vez y no volvemos más, o un programa se maneja por teléfono, escritorio y una asistente, eso no resuelve nada, aleja. Sí creo que, a diferencia de los ’90, la categoría “progresista”, “liberal”, “neoliberalismo”, no llega a la persona que se sube a las cuatro de la mañana a un colectivo y que a la noche ve a Tinelli, si no se durmió antes. Si vos le decís: “¿Querés trabajar en blanco, ganar un sueldo digno?”, eso lo entienden. No se quedaron en la década del ’90. Hoy todo el mundo entiende que el Estado, más o menos presente y con sus fallas, es parte del patrimonio de ese vecino de Villa Albertina, Laferrere o Florencio Varela. Yo creo que el año próximo va a ganar el kirchnerismo, pero supongamos que no y que venga alguien y diga “suspendamos las paritarias, bajemos las jubilaciones, saquemos la asignación”, entonces habría cientos de miles de personas en la calle.

F.B.M.: –Si bien es bueno plantear siempre metas mejores, creo que no es bueno no evaluar de modo realista lo que está sucediendo. La presencia actual y concreta del Estado para generar empleos es un proceso que no se ha hecho nunca en la sociedad argentina. El programa Repro permitió completar el sueldo de 135 mil empleados cuyas empresas estaban en riesgo de echarlos. Son 135 mil tipos que están cobrando un sueldo de una pyme, que está siendo completado por el Gobierno para que no los echen. Más el Plan Obras Para Todos los Argentinos, más el Plan Argentina Trabaja. 560 mil tipos fueron blanqueados, 560 mil familias que cobran jubilación, aguinaldo... Es increíble.

–Hablemos del escenario electoral. ¿Sigue vigente el escenario más o menos difuso de tres tercios? ¿Qué pasa con el tercio del peronismo disidente si Macri, que es el mejor candidato que tienen, se queda afuera?

S.R.: –Los escenarios son los tres tercios. La foto, hoy, favorece al Gobierno. Pero es una foto inconclusa. Falta una discusión interna del panradicalismo que es el mayor contraste a lo que ofrece hoy el Gobierno con una discusión interna de liderazgos y un peronismo disidente que no tiene candidatos, salvo la figura de Reutemann que es una incógnita si va a ser candidato o no.

F.N.: –¿Cuánto está midiendo?

S.R.: –Está teniendo un alto grado de desconocimiento en la franja que va de los 18 a 29 años, gente que no lo conoció como deportista y que no lo ha visto en la escena política. La media nuestra es muy dura, tenemos a todos los dirigentes con imágenes más negativas que positivas. Los únicos dos que nos dan más positivos que negativos son Alfonsín y Pino Solanas que arrancan de abajo. Reutemann debe estar entre un 35 positivo con 50 o 55 por ciento negativo. En cuanto a intención de voto, es difícil medirla porque vos tenés esa foto inconclusa del otro lado en cuanto a las candidaturas. Pero vuelvo al tema de los problemas concretos, falta todavía la discusión para que esto derrame en la gente que se levanta a las cuatro de la mañana para ir a trabajar. Sí se vio la mejora en la gestión. Es difícil cuantificar cuántos de estos aspectos de la gestión kirchnerista son los que han impactado. Kirchner tuvo logros de gestión y a Cristina le falta el logro de gestión fuerte. Puede ser que sea la Asignación Universal por Hijo, pero no sé si le alcanza. Está en un compendio de medidas de cara a 2011.

F.B.M.: –En lo cuantitativo lo que vemos clarísimo es que quien dice que no recibió nada de nada es el tipo de clase media. Ellos dicen que no recibieron nada, tienen esa percepción.
S.R.: –Pero eso también tiene que ver con el descontento histórico que planteaba Gabetta, una clase media que va de un extremo a otro. ¿Cómo se compuso el voto de Pino Solanas el año pasado? Un voto de desencanto ante el Gobierno Nacional, ante la gestión de Macri, el primer voto idealista del joven de la Ciudad.

F.B.M.: –¿El señor que se levanta a las cuatro también siente que se le dio poco?

S.R
.: –No lo tengo medido como para plantearlo. Del cúmulo de logros que uno puede analizar del Gobierno, no lo tengo segmentado.

F.N
.: – Con los sectores populares, si no continuás con los logros, la cosa se olvida...

C.G
.: –Sobre todo cuando decís que la inflación es del 7 por ciento y la realidad te da el 20. Ése es otro problema grave.

– Chino, vos que sos el más recorredor del Conurbano, te pregunto si de estos últimos años de movimientos sociales, militancias cruzadas, las cooperativas de Argentina Trabaja, está surgiendo, aunque sea desordenadamente un sujeto social que hable por sí mismo, que piense como tal a la hora por ejemplo de pensar el voto o lo que sucede en el país.

F.N.: –Lo quiero repetir: este Gobierno es, lejos, el mejor. Y creo que el de Cristina, a diferencia de lo que decía Rossi, ha sido mejor porque ha avanzado mucho más. Néstor fue más de ruptura con los grupos económicos, de no subordinarse, pero mantuvo grandes marcos de acuerdo. Cristina, después de la derrota, fue mucho más valiente. Pero venimos de una dictadura y de los ’90 que fueron aún más violentos. Porque el “sálvese quien pueda” estaba instalado de tal forma que todos nosotros somos parte de eso. Hoy está todo mezclado porque la ideología dominante llega a todos lados y la masificación de los medios hace que respondan en Villa Albertina de la misma forma que te responden en Caballito. Y uno se dice “No puede ser, pero si acá estamos haciendo el asfalto, las cloacas...”. Sin embargo, percibo que en la calle está surgiendo algo distinto. Vos vas a un barrio y te encontrás con diez, veinte madres en un club de fútbol, mujeres que pelean contra el paco, diez que se organizan para que haya una comisaría y no es que piden mano dura. Porque los hijos que están en la esquina son los hijos, sobrinos, vecinitos de ellos que se mueren o pueden matar a cualquiera del barrio. Hay una expresión de compromiso por la cuestión puntual; el vecino está en la vereda, en la cuadra, en la esquina, por su problema de falta de desagüe, pavimento, falta de luz. Cuando empezás a tirar la política, no desde la politiquería, no desde el “votame”, sino con un proceso, la mayoría se encauza en la idea de que este Gobierno, con aciertos y errores, es el que más les ha dado a los sectores populares. Yo veo que crece eso. Me parece que si pudiéramos darle una vueltita de tuerca a la política, darles poder a los sectores populares, confiar en ellos, darle recursos, instrumentos, no ir nosotros a explicarles... Si les damos más poder y ponemos al Estado al servicio de esa experiencia, me parece que se puede construir una masa crítica que hoy no tenemos.




PARTE DE LO QUE FALTA, SEGÚN CARLOS GABETTA


“Ningún progresista podría oponerse a que en nuestro país, con la renta que tiene la producción agropecuaria –muy en particular las grandes exportaciones– se grave seriamente el ingreso agropecuario en este país, porque no sólo hay una renta sino que hay una renta diferencial. El enfrentamiento político que se produjo responde a la resistencia habitual de esos sectores que se consideran los dueños del país. Pero en el momento de esa discusión ya había pasado el primer gobierno kirchnerista, lo esencial de la crisis había pasado, Cristina ganó las elecciones con una mayoría clara, tenía un altísimo porcentaje de aceptación en la sociedad y mayoría absoluta en las dos Cámaras del Congreso. Entonces, ¿por qué no presentó una ley de reforma impositiva que contemplara un impuesto a las ganancias, no sólo a las del campo, y altos impuestos a los que tienen un ingreso alto, a las finanzas, al juego, a la minería? El tema de la minería es un asunto escandaloso. En buena hora que un sector del peronismo vaya en una dirección distinta a la del gobierno peronista de Carlos Menem, pero insisto en que va en otra dirección de una manera parcial y a los golpes, dando palos de ciego. Si en lugar de pasar por un decreto de necesidad y urgencia, el tema de las retenciones se hubiera presentado como un proyecto de reforma impositiva en el Congreso, seguramente habría habido una gran discusión, resistencia, pero hubiera sido completamente distinto.”




PARTE DE LO QUE FALTA SEGÚN EL CHINO NAVARRO

“Tenemos que hacer un gran esfuerzo para mejorar el porcentaje de trabajadores en blanco, para hacer la reforma financiera que presentó (Carlos) Heller. Hay otra que la han presentado dirigentes de la oposición y que son elogiados por Adeba. De eso yo ya desconfío, no conozco mucho pero si la otra es elogiada por Adeba será que es mejor la de Heller. Hay que hacer la reforma tributaria. Obviamente tiene que ser gradual, sabemos que el IVA es absolutamente injusto porque va sobre los sectores más humildes. Pero si hoy el Gobierno se queda sin el IVA hay que refinanciar para que el Estado siga desarrollando políticas a favor de los sectores populares. Todo eso hay que hacerlo y no tenemos la correlación de fuerzas que necesitaríamos.”




  1. Santiago Rossi: es el actual director ejecutivo de la consultora Ipsos Mora y Araujo. Experto en Comunicación Política, trabajó como asesor en Diputados. Es también docente universitario.

  2. Carlos Gabetta: desde hace años dirige la edición argentina de Le Monde Diplomatique. En los ’80 dirigió también un recordado semanario que colaboró con una primera etapa de transformación del periodismo argentino en democracia: El Periodista.

  3. Alfredo Eric Calcagno: desarrollista convencido cuando despuntó la figura de Arturo Frondizi, economista nacional, trabajó durante años para la Cepal. Es uno de los fundadores del Plan Fénix.

  4. Fernando Braga Menéndez: director de la agencia publicitaria que lleva su nombre y que suele colaborar con el Gobierno.

  5. Luis Fernando Chino Navarro: diputado provincial del FPV y dirigente del Movimiento Evita. Conduce un programa por la señal de cable Canal 26 los domingos a las 22.