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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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26/5/14

EL PAPA, ISRAEL Y PALESTINA







El papa Francisco llamó a los líderes israelíes y palestinos a reunirse en el Vaticano. En una iniciativa sin precedentes, el pontífice argentino invitó tanto al jefe de Estado israelí, Shimon Peres, como al presidente palestino, Mahmud Abbas, a orar por la paz en Medio Oriente, un sueño que parece inalcanzable después de más de seis décadas de conflictos y varias tentativas infructuosas de acercamientos. La convocatoria tuvo lugar luego de que Francisco tocara, con su propia mano en Belén, el muro que separa Israel de Cisjordania. “Ofrezco mi casa, en el Vaticano, para ese encuentro”, dijo el Papa al llegar a Israel, la tercera etapa de su periplo, después de Jordania y Belén (Cisjordania), en uno de los momentos más emotivos de su visita a Tierra Santa. Abbas anunció que viajará al Vaticano el 6 junio; en tanto Peres, cuyo mandato como presidente de Israel vence el 27 de julio, también aceptó la invitación.

La propuesta fue equiparada a la jornada masiva de ayuno y oración promovida en septiembre por el pontífice para rezar por la paz en Siria, en oposición a una intervención militar estadounidense que en ese momento parecía inminente. La iniciativa papal, que será sin duda la marca de su primera visita a Tierra Santa, es una tentativa para reactivar las negociaciones entre israelíes y palestinos, que se encuentran en un punto muerto desde que el mes pasado fracasara un intento de mediación de Estados Unidos.

A su vez, Francisco instó a “que la solución de los dos Estados se convierta en una realidad y no se quede en un sueño”. Dijo Francisco: “El Estado de Israel tiene derecho a existir y gozar de paz y seguridad dentro de unas fronteras. Palestina tiene derecho a una patria soberana y a circular libremente”. Las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos afrontan una serie de cuestiones como el conflicto por las fronteras, las colonias israelíes asentadas en territorios palestinos ocupados, la seguridad de Israel, el estatuto de Jerusalén y los refugiados palestinos.

Además, el Papa se refirió al tiroteo contra el Museo Judío de Bruselas, ataque que causó la muerte de cuatro personas, entre ellas dos ciudadanos israelíes. “Llego con el corazón adolorido por el feroz atentado del sábado en Bruselas. Acto criminal de odio antisemita”, dijo Francisco al condenar el hecho. “Que no haya lugar para el antisemitismo, en cualquiera de sus formas, ni para manifestaciones de hostilidad, discriminación o intolerancia hacia las personas o los pueblos”, exclamó el jefe de la Iglesia Católica en su primer discurso ante las autoridades israelíes, entre ellas el presidente Peres y el primer ministro Benjamin Netanyahu.

En la misa que ofició en Belén, donde según la tradición cristiana nació Jesús, Francisco señaló ante 10.000 personas que siguieron su sermón con atención, que construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento. El Papa hizo una parada imprevista ante el muro de separación entre Cisjordania e Israel, que el Estado hebreo considera indispensable para su seguridad, pero que los palestinos denominan “muro del apartheid” y denuncian como símbolo de la ocupación. El pontífice bajó de su coche y rezó durante varios minutos en silencio, con el rostro conmovido, frente al muro, tocando sus alambradas, en un mensaje fuerte y simbólico como los que suele realizar desde que fue elegido en marzo de 2013 como pastor de los más de 1200 millones de católicos desplegados alrededor del mundo. Una pancarta resumía el viejo deseo al que los palestinos se abrazan desde hace años: “Papa, necesitamos hablar de justicia con alguien”.





El muro comenzó a erigirse en 2002, pero fue declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Con todo, Israel ya completó el 62 por ciento del trayecto que demanda su construcción (calculado en 712 kilómetros). La estructura de cemento y alambres de púa aísla a poblaciones enteras y, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), privará a los palestinos de casi 6300 hectáreas de su territorio. “La incomprensión entre las partes produce divisiones, sufrimientos, éxodo en comunidades enteras”, se lamentó el papa argentino.

Ayer, Belén se convirtió en una suerte de capital del estado de Palestina, que el Vaticano reconoce oficialmente desde 2012. “Que se redoblen pues los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad”, pidió Francisco. El llamamiento a la paz en Medio Oriente fue una constante de todas las etapas de la peregrinación de dos días a Tierra Santa que mantuvo Francisco. En Ammán, Jordania, abogó por negociaciones para poner fin a la guerra civil en Siria y por dar respuesta a los dramas de los refugiados de ese conflicto.

En Jerusalén se reunió con el patriarca de Constantinopla, Bartolomeo I, jefe espiritual de los ortodoxos, para conmemorar el histórico encuentro del 5 de enero de 1964, del que se cumplen 50 años, entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras. Ambos firmaron una declaración conjunta por la unidad de las dos iglesias, casi diez siglos después del cisma entre los cristianos de Oriente y Occidente.










19/3/13

CIA, VATICANO Y VATILEAKS









Esa alianza gestada entre el director de la CIA, William Cassey, y monseñor Pío Laghi –que se desempeñó como Nuncio Apostólico durante la dictadura en Argentina–, fue decisiva para implementar y sostener el terrorismo de Estado y el militarismo en América Latina y provocar (con los buenos oficios del Papa polaco Karol Wojtyla) la implosión de la Unión Soviética y la expansión del neoliberalismo como infalible credo universal.

En ese sentido, la elección del nuevo Pontífice, efectuada por los 114 cardenales –entre los que se encontraban varios con acusaciones de tolerar la pedofilia–, forma parte de una decisión geopolítica de intereses compartidos y del equilibrio de fuerzas en el mundo católico. "Si es en el sur que algo nuevo está pasando –señala el politólogo Julio Gambina–, nada mejor que un Papa del sur, un latinoamericano para enfrentar este nuevo momento político y preservar intactas las tradiciones de la familia y la propiedad".

Mientras el Papa Francisco cultiva la imágen bondadosa y sin ostentación que seduce a los medios y encubre al hombre real con sus numerosas contradicciones, hay un discreto personaje que permanece a sol y sombra al lado del nuevo Papa. Se trata del padre Georg, encargado de guiar a Bergoglio por los laberínticos secretos del Vaticano, que incluyen nada menos que el lapidario dossier redactado como consecuencia de la filtración masiva de documentos reservados del Vaticano. Ese informe de 300 páginas, sobre corrupción y relaciones homosexuales en la cúpula de la Iglesia, precipitó la renuncia de Benedicto XVI.

Según la publicación especializada Vatican Insider, el papel del arzobispo Georg Gaenswein en este inicio de Pontificado va mucho más allá de su cargo como prefecto de la Casa Pontificia: el padre Georg –que fue el colaborador más estrecho de Joseph Ratzinger– ahora acompaña permanentemente al nuevo Pontífice en ceremonias y audiencias, y luego entre bastidores pone a su disposición su conocimiento de 8 años de pontificado de Ratzinger.

También es quien orienta a Bergoglio respecto de las cuestiones que quedaron pendientes y que forman parte de la agenda más urgente del nuevo Papa: el escándalo Vatileaks, la vuelta de los lefebvrianos en comunión con Roma, la reforma de la Curia, las sacrosantas finanzas del Instituto de Obras para la Religión (IOR).

El banco de Dios, como suele ser llamado el IOR, cuenta con un patrimonio de 5.000 millones de euros y 33 mil titulares de depósitos, en su mayoría italianos, polacos, franceses, españoles y alemanes. La justicia italiana abrió en 2010 una investigación por sospechar que el banco administraba, a través de cuentas anónimas, importantes sumas de dinero de oscura procedencia. Con eso deberán lidiar ahora el Papa Francisco y su ladero Georg.

Figura absolutamente inédita en la historia de la Iglesia, el Padre Georg es el punto de contacto entre el Papa reinante y el emérito. Conserva la función de secretario de Ratzinger y sigue viviendo con él en Castel Gandolfo, pero al mismo tiempo, actúa de correa de transmisión en la compleja fase de puesta en marcha del pontificado.

"Está llevando a cabo una tarea delicadísima –explica un jefe de dicasterio–, el Padre Georg está con Francisco no tanto por sus actuales funciones en el Palacio Apostólico como por estar haciendo, por cuenta de Ratzinger, la entrega de consignas sobre los temas delicados." En una palabra, la presencia (y el consejo) de monseñor Gaenswein es el modo en el cual Benedicto XVI ayuda a Bergoglio en los meandros de la Curia romana y lo protege en la resbaladiza fase de transición. "El Padre Georg es quien tiene el dossier Vatileaks que debe ser entregado a Francisco", precisa el purpurado, haciendo referencia al informe de los tres cardenales investigadores, Julián Herranz, Josef Tomko y Salvatore De Giorgi sobre el robo de documentos del dormitorio papal.

El viernes, el nuevo Papa participó en la Sala Clementina en la ceremonia de saludo a los cardenales, donde muchos purpurados entregaron cartas y regalos para el nuevo Pontífice. Francisco se los entregó a Gaenswein, que a su derecha, hacía de puente imaginario con el Papa emérito repetidamente citado por Francisco.


Las primeras claves sobre la orientación que asumirá el Vaticano bajo el mando de Francisco será cuando nombre su equipo de gobierno, pero fiel a su estilo cauteloso, el nuevo Papa ya anunció que provisoriamente todo el mundo queda en sus puestos, inclusive el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, considerado una especie de Satán por su responsabilidad en todos los escándalos financieros que sacuden al Vaticano.

Bertone habría boicoteado todos los intentos de hacer limpieza en el IOR, el banco vaticano, para adecuarlo a la normativa internacional contra el lavado de dinero.

El IOR es una enorme lavadora, el vientre oscuro de los intereses personales de figuras de todo calibre. Hasta Matteo Messina Denaro, el nuevo jefe de la Cosa Nostra, tenía su dinero en el IOR. La comisión puesta en marcha en 2011 para sanear los agujeros negros del IOR fue desmantelada a los seis meses de ser establecida por Bertone.

Sin embargo, el fin de semana llegó la esperada confirmación para los jefes de los dicasterios de la curia romana, "suspendidos" desde el momento de la elección de Francisco. El Papa, por el momento, deja a cada uno en su cargo, porque, precisa el comunicado vaticano, "el santo padre desea reservarse un tiempo para la reflexión, la oración y el diálogo antes de cualquier designación o confirmación definitiva".

Curiosamente, el comunicado menciona también a los secretarios, es decir, los vices de los dicasterios, que no caducan, como los jefes, en el momento en el que la sede apostólica queda vacante y que, por lo tanto, no deberían necesitar una reconfirmación. El haberlos citado tal vez signifique que, si bien todos deben continuar desempeñando sus roles, ninguno puede dar por sentado que conservará el lugar que ocupa actualmente. La nota vaticana no menciona explícitamente al secretario de Estado, Tarcisio Bertone, a quien hace dos días el Papa había saludado públicamente en la Sala Clementina recordando sólo su rol de camarlengo. Pero la secretaría de Estado es el primero de los dicasterios vaticanos y, por lo tanto, la confirmación momentánea también incluye al purpurado originario de Canavese, que desde 2006 preside la diplomacia vaticana y dirige la máquina curial. La revista Vatican Insider adelanta que el cambio del secretario de Estado, de casi 79 años, probablemente sea el más inmediato, mientras que los demás cambios tal vez se verifiquen en los próximos meses.


Lo único seguro es que el nuevo Pontífice cuenta con la bendición de Estados Unidos, como viene ocurriendo desde la época de la Guerra Fría. El 10% de los cardenales del Vaticano son estadounidenses y Benedicto XVI fortaleció la posición de ese lobby en la Santa Sede.

La influencia de Washington y el Pentágono sobre la Iglesia se reveló a finales de los '70. En un mundo dividido entre dos bloques ideológicos, hubo un Papa, Albino Luciani, que afirmó: "La Iglesia no debe tener poder ni poseer riquezas." Duró poco. Tan sólo 33 días. Algunos sostienen que fue asesinado justamente porque esas ideas ponían en peligro la Santa Alianza con EE UU.





18/4/10

BERGOGLIO Y LA DICTADURA





Recordando con ira

El rol del ahora cardenal Bergoglio en la desaparición de sacerdotes y el apoyo a la represión dictatorial es confirmado por cinco nuevos testimonios. Hablan un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. La iracunda reacción de Bergoglio, quien atribuye al gobierno el escrutinio de sus actos.


5 nuevos testimonios, ofrecidos en forma espontánea a raíz de la nota “Su pasado lo condena”, confirman el rol del ahora cardenal Jorge Bergoglio en la represión del gobierno militar sobre las filas de la Iglesia Católica que hoy preside, incluyendo la desaparición de sacerdotes.

Quienes hablan son una teóloga que durante décadas enseñó catequesis en colegios del obispado de Morón, el ex superior de una Fraternidad sacerdotal que fue diezmada por las desapariciones forzadas, un seglar de la misma Fraternidad que denunció los casos al Vaticano, un sacerdote y un laico que fueron secuestrados y torturados.

Teóloga con minifalda

2 meses después del golpe militar de 1976 el obispo de Morón, Miguel Raspanti, intentó proteger a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics porque temía que fueran secuestrados, pero Bergoglio se opuso. Así lo indica la ex profesora de catequesis en colegios de la diócesis de Morón, Marina Rubino, quien en esa época estudiaba teología en el Colegio Máximo de San Miguel, donde vivía Bergoglio. Por esa circunstancia conocía a ambos. Además había sido alumna de Yorio y Jalics y sabía del riesgo que corrían. Marina decidió dar su testimonio luego de leer la nota sobre el libro de descargo de Bergoglio.

Marina Rubino vive en Morón desde siempre. En el Colegio del Sagrado Corazón de Castelar daba catequesis a los chicos y formaba a los padres, que le parecía lo más importante. “Una vez por mes nos reuníamos con ellos. Era un trabajo hermoso. Esta experiencia duró 15 años”.

También dio cursos de iniciación bíblica “en todos los lugares no turísticos de la Argentina. Teníamos una publicación, con comentarios a los textos de los domingos, queríamos que las comunidades tuvieran elementos para pensar”. Desde que se jubiló da clases de telar, en centros culturales, sociedades de fomento o casas.

No quiso ingresar al seminario de Villa Devoto porque no le interesaba la formación tomista, sino la Biblia. En 1972 comenzó a estudiar Teología en la Universidad del Salvador. La carrera se cursaba en el Colegio Máximo de San Miguel. En primer año tuvo como profesor a Francisco Jalics y en segundo a Orlando Yorio. Mientras estudiaba, coordinaba la catequesis en el colegio Sagrado Corazón de Castelar, donde también estaba la religiosa francesa Léonie Duquet.

“Eran tiempos difíciles. Por hacer en el colegio una opción por los pobres tomándonos en serio el Concilio Vaticano II y la reunión del CELAM en Medellín perdimos la mitad del alumnado. Pero mantuvimos esa opción y seguimos formando personas más abiertas a la realidad y al compromiso con los más necesitados sosteniendo que la fe tiene que fortalecer estas actitudes y no las contrarias.”

El obispo era Miguel Raspanti, quien entonces tenía 68 años y había sido ordenado en 1957, en los últimos años del reinado de Pío XII. Era un hombre bien intencionado que hizo todos los esfuerzos por adaptarse a los cambios del Concilio, en el que participó. Después del cordobazo de 1969, repudió las estructuras injustas del capitalismo e instó al compromiso con “la liberación de nuestros hermanos necesitados”. Pero el problema más grave que pudo identificar en Morón fue el aumento de los impuestos al pequeño comerciante y el propietario de la clase media.

“Muchas veces hubo que discutir y sostener estas opciones en el obispado y monseñor Raspanti solía terminar las entrevistas diciéndonos que si creíamos que había que hacer tal o cual cosa, si estábamos convencidos, él nos apoyaba”, recuerda Marina.

Sus palabras son seguidas con atención por su esposo, Pepe Godino, un ex cura de Santa María, Córdoba, que integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Marina cursaba teología en San Miguel de 8.30 a 12.30. No le habían dado la beca porque era mujer, pero como era la coordinadora de catequesis en un colegio del obispado, Raspanti intercedió y obtuvo que una entidad alemana se hiciera cargo del costo de sus estudios. Tampoco le quisieron dar el título cuando se recibió, en 1977. El director del teologado, José Luis Lazzarini, le dijo que había un problema, que no se habían dado cuenta de que era mujer. Marina partió en busca de quien la había recibido al ingresar, el jesuita Víctor Marangoni:

–Cuando me viste por primera vez, ¿te diste cuenta o no de que era mujer?

–Sí, claro, ¿por qué? –respondió azorado el vicerrector ante esa tromba en minifalda.

–Porque Lazzarini no me quiere dar el título.

Marangoni se encargó de reparar ese absurdo. Marina tiene su título pero nunca se realizó la entrega oficial.

La desprotección

Un mediodía, al salir de sus cursos, “lo encuentro a monseñor Raspanti parado en el hall de entrada, solo. No sé por qué lo tenían allí esperando. Estaba muy silencioso, le pregunté si esperaba a alguien y me dijo que sí, que al padre provincial Bergoglio. Tenía el rostro demudado, pálido, creí que estaba descompuesto. Lo saludé, le pregunté si se sentía bien, y lo invité a pasar a un saloncito de los que había junto al hall”.

–No, no me siento mal, pero estoy muy preocupado –le respondió Raspanti.

Marina dice que tiene una memoria fotográfica de aquel día. Habla con voz calma pero se advierte el apasionamiento en sus ojos grandes y expresivos. Pepe la mira con ternura.

“Me impresionó verlo solo a Raspanti, que siempre iba con su secretario”, dice. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Yorio, Jalics, Dourron y Enrique Rastellini, que también era jesuita, vivían en comunidad desde 1970, primero en Ituzaingó y luego en el Barrio Rivadavia, junto a la Gran Villa del Bajo Flores, con conocimiento y aprobación de los sucesivos provinciales de la Compañía de Jesús, Ricardo Dick O’Farrell y Bergoglio. “Le dije que Orlando y Francisco habían sido profesores míos y que Luis trabajaba con nosotros en la diócesis, que eran intachables, que no dudara en recibirlos. Todos estábamos pendientes de que pudieran venir a Morón. Ninguno de los que conocíamos la situación nos oponíamos. Raspanti me dijo que de eso venía a hablar con Bergoglio. A Luis ya lo había recibido, pero necesitaba una carta en la que Bergoglio autorizara el pase de Yorio y Jalics.”

Marina entendió que era una simple formalidad, pero Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. “Con las malas referencias que Bergoglio le había mandado él no podía recibirlos en la diócesis. Estaba muy angustiado porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica y, me dijo:

–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves.

Cualquiera que ayudara a pensar era guerrillero, comenta Marina. Acompañó a su obispo hasta que Bergoglio lo recibió y luego se fue. Al salir vio que tampoco estaba en el estacionamiento el auto de Raspanti. “Debe haber venido en colectivo, para que nadie lo siguiera. Quería que la cosa quedara entre ellos dos. Estaba haciendo lo imposible por darles resguardo.”

La teóloga agrega que le impresionó la angustia de Raspanti, “que si bien no podía ser calificado de obispo progresista, siempre nos defendió, defendió a los curas cuestionados de la diócesis, se llevaba a dormir a la casa episcopal a los que corrían más riesgo y nunca nos prohibió hacer o decir algo que consideráramos fruto de nuestro compromiso cristiano. Como buen salesiano se portaba como una gallina clueca con sus curas y sus laicos, cobijaba, cuidaba aunque no estuviera de acuerdo. Eran puntos de vista distintos, pero él sabía escuchar y aceptaba muchas cosas”. Uno de esos curas es Luis Piguillem, quien había sido amenazado. Regresaba en bicicleta cuando se topó con un cordón policial que impedía el paso. Insistió en que quería pasar, porque su casa estaba en el barrio y un policía le dijo:

–Vas a tener que esperar porque estamos haciendo un operativo en la casa del cura.

Piguillem dio vuelta con su bicicleta y se alejó sin mirar hacia atrás. De allí fue al obispado de Morón, donde Raspanti le dio refugio. Los militares dijeron que se había escondido bajo las polleras del obispo. Pero no se atrevieron a buscarlo allí.

–¿Raspanti era consciente del riesgo que corrían Yorio y Jalics?

–Sí. Dijo que tenía miedo de que desaparecieran. No pueden quedar dos sacerdotes en el aire, sin un responsable jerárquico. Pocos días después supimos que se los habían llevado.
De Córdoba a Cleveland

Otro testimonio recogido a raíz de la publicación del domingo es el del sacerdote Alejandro Dausa, quien el martes 3 de agosto de 1976, fue secuestrado en Córdoba, cuando era seminarista de la Orden de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette. Luego de 6 meses en los que fue torturado por la policía cordobesa en el Departamento de Inteligencia D2 pudo viajar a Estados Unidos, adonde ya había llegado el responsable del seminario, el sacerdote estadounidense James Weeks, por quien se interesó el gobierno de su país. Este año se realizará en Córdoba el juicio por aquel episodio, cuyo principal responsable es el general Luciano Menéndez. Ahora Dausa vive en Bolivia y cuenta que tanto Yorio como Jalics le dijeron que Bergoglio los había entregado.

Al llegar a Estados Unidos supo por organismos de derechos humanos que Jalics se encontraba en Cleveland, en casa de una hermana. Dausa y los otros seminaristas, que estaban iniciando el noviciado, lo invitaron a dirigir dos retiros espirituales. Ambos se realizaron en 1977, uno en Altamont (estado de Nueva York) y otro en Ipswich (Massachusetts). Recuerda Dausa: “Como es natural, conversamos sobre los secuestros respectivos, detalles, características, antecedentes, señales previas, personas involucradas, etc. En esas conversaciones nos indicó que los había entregado o denunciado Bergoglio”.

En la década siguiente, Dausa trabajaba como cura en Bolivia y participaba de los retiros anuales de La Salette en Argentina. En uno de ellos los organizadores invitaron a Orlando Yorio, que para esa época trabajaba en Quilmes. “El retiro fue en Carlos Paz, Córdoba, y también en ese caso conversamos sobre la experiencia del secuestro. Orlando indicó lo mismo que Jalics sobre la responsabilidad de Bergoglio.”

Los asuncionistas

Yorio y Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 y conducidos a la ESMA, donde los interrogó un especialista en asuntos eclesiásticos que conocía la obra teológica de Yorio. En uno de los interrogatorios le preguntó por los seminaristas asuncionistas Carlos Antonio Di Pietro y Raúl Eduardo Rodríguez. Ambos eran compañeros de Marina Rubino en el Teologado de San Miguel y desarrollaban trabajo social en el barrio popular La Manuelita, de San Miguel, donde vivían y atendían la capilla Jesús Obrero. De allí fueron secuestrados 10 días después que los dos jesuitas, el 4 de junio de 1976, y llevados a la misma casa operativa que Yorio y Jalics. A media mañana Di Pietro llamó por teléfono al superior asuncionista Roberto Favre y le preguntó por el sacerdote Jorge Adur, que vivía con ellos en La Manuelita.

–Recibimos un telegrama para él y se lo tenemos que entregar –dijo.

De ese modo, consiguió que la Orden se pusiera en movimiento. El superior Roberto Favre presentó un recurso de hábeas corpus, que no obtuvo respuesta. Adur logró salir del país, con ayuda del nuncio Pio Laghi, y se exilió en Francia. Volvió en forma clandestina en 1980, convertido en capellán del autodenominado “Ejército Montonero” y fue detenido-desaparecido en el trayecto a Brasil, donde procuraba entrevistarse con el papa Juan Pablo II.

El mismo camino del exilio siguió uno de los detenidos en la razzia del barrio La Manuelita, el entonces estudiante de medicina y hoy médico Lorenzo Riquelme. Cuando recuperó su libertad la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio le dio hospitalidad en su casa porteña de la calle Malabia. En comunicaciones desde Francia con quien era entonces el superior de los Hermanitos del Evangelio, Patrick Rice, Riquelme dijo que quien lo denunció fue un jesuita del Colegio de San Miguel, quien era a la vez capellán del Ejército. Está convencido de que ese sacerdote presenció las torturas que le aplicaron, cree que en Campo de Mayo.

El ablande

También como consecuencia de la nota del domingo aceptó narrar su conocimiento del caso un fundador de la Fraternidad seglar de los Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld, Roberto Scordato.

Entre fines de octubre y principios de noviembre de 1976, Scordato se reunió en Roma con el cardenal Eduardo Pironio, quien era prefecto de la Congregación vaticana para los religiosos, y le comunicó el nombre y apellido de un sacerdote de la comunidad jesuita de San Miguel que participaba en las sesiones de tortura en Campo de Mayo con el rol de “ablandar espiritualmente” a los detenidos. Scordato le pidió que lo transmitiera al superior general Pedro Arrupe pero ignora el resultado de su gestión, si tuvo alguno. Consultado para esta nota Rice, quien también fue secuestrado y torturado ese año, dijo que eso no hubiera sido posible sin la aprobación del padre provincial. Rice y Scordato creen que ese jesuita se apellidaba González pero a 34 años de distancia no lo recuerdan con certeza.

Iracundia

Como cada vez que su pasado lo alcanza, Bergoglio atribuye la divulgación de sus actos al gobierno nacional.

Esta semana reaccionó con furia, durante la homilía que pronunció en una misa para estudiantes. En lo que su vocero describió como “un mensaje al poder político”, dijo que “no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación a la Patria”, sino “proyectarla hacia el futuro en una utopía que sea continuidad con lo que nos fue dado”, que los chicos no tienen otro horizonte que comprar un papelito de merca en la esquina de la escuela y que los dirigentes procuran trepar, abultar la caja y promover a los amigos. Con este ánimo iracundo inaugurará mañana en San Miguel la primera asamblea plenaria del Episcopado de 2010.












MALA  MEMORIA

Abuelas de Plaza de Mayo hace pública la declaración del Papa electo Jorge Bergoglio, en el juicio por Plan Sistemático de Apropiación de Menores. Allí se lo citó para declarar acerca del caso de la detenida desaparecida embarazada Elena de la Cuadra, cuya familia acudió a él, en vano, en busca de ayuda. En ese entonces Bergoglio recibió al padre de Elena en dos oportunidades, derivándolo al Arzobispo de La Plata, Mario Picchi. Èste le confirmó que Elena había dado a luz a una niña a la que llamó Ana Libertad y que estaba en manos de una familia: "A la nena la cría una familia bien, lo de Elena es irreversible", le explicó. Ana libertad continúa desaparecida...



Declaración Bergoglio