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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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24/9/17

EL CUENTO DE LA BUENA PIPA DE NISMAN







Un “guión” pensado de antemano para probar que Nisman fue asesinado

El cuento del análisis de Gendarmería

El informe sobre la muerte de Alberto Nisman entregado el viernes por la Gendarmería –fuerza que no tiene ninguna trayectoria en el mundo de las autopsias ni los estudios médicos– se basa en una secuencia especulativa sobre la cual no hay evidencia científica alguna. Se supone que dos personas entraron al departamento del fiscal porque él les abrió la puerta. Es que no hay nada forzado y él cerraba las puertas por dentro, como quedó comprobado. Las visitas le habrían dado una bruta paliza, pero sin desordenar nada: le fracturaron la nariz, le pegaron en la zona de los riñones y en las piernas. Todos esos golpes –detectados por un grupo de peritos sin experiencia médica– no fueron advertidos ni por la médica policial, que analizó el cuerpo en el propio baño, ni por los dos experimentados profesionales que hicieron la autopsia unas horas más tarde, ni por trece médicos forenses designados por la Corte Suprema. Es decir que la Gendarmería sugiere que los médicos con más autopsias del país no vieron una fractura de nariz que, además, debió dejar un hematoma.

El siguiente paso fue la supuesta administración de ketamina –tampoco detectada por los toxicólogos del máximo tribunal– a un fiscal que estaba ya desmayado por los golpes. No hay constancia alguna de la cantidad ni de cómo se le administró, ya que no registra rastros de inyección, la única manera de dormir a un individuo con ketamina. Estas manipulaciones son parte del arsenal usado para concluir lo que los poderes nacional e internacional exigían que fuera la conclusión: que a Nisman lo mataron. Es su forma de continuar la ofensiva contra el gobierno anterior, ya que le adjudicarán la responsabilidad, e incluso meterán en la bolsa a Irán y Venezuela, que integraron el comando sicario, según especulan sin una sola prueba.

Se necesitaba mucha elucubración para contrarrestar las pericias anteriores que no dejaban demasiado resquicio para la hipótesis del homicidio.

◙ No había rastros de pelea ni en el departamento ni en el baño.

◙ No había desorden

◙ Las gotas de sangre salpicaron hacia los cuatro costados, lo que indicaba que no había ninguna otra persona en el baño

◙ No hay pisadas

◙ No hay huellas, salvo de Nisman y del informático Diego Lagomarsino, en una taza, en la que tomó café el sábado

◙ No hay ingreso forzado

◙ Nadie vió a personas sospechosas o ajenas al edificio

◙ Nisman le pidió el arma a Lagomarsino, pero antes lo hizo con el custodio Rubén Benítez y el ex comisario Bogoliuk. Es decir que buscó el arma.

◙ Nisman ingresó a su computadora el domingo 18 de enero a las 7.30 de la mañana y terminó revisando una página sobre el regreso de la muerte




Golpiza

Lo que le dieron a la Gendarmería era un guión escrito, un resultado marcado antes de iniciar la pericia. Por lo tanto había que buscar cómo encajar las piezas.

La Gendarmería tiene un cuerpo de peritos con trayectoria en temas como balística, porque siempre les dieron los estudios en casos de gatillo fácil en que estaba apartada la Federal o alguna fuerza policial provincial. Lo mismo respecto de pericias de voz o, hasta cierto punto, comunicaciones. Pero la Gendarmería no tiene la menor trayectoria en lo que tiene que ver con autopsias, análisis médico de muertes, porque justamente la última palabra siempre fue del Cuerpo Médico Forense, dependiente de la Corte Suprema.

Uno de los obstáculos mayores que afrontaban los gendarmes es que no hay ningún rastro de pelea. Resulta poco aceptable que un hombre de 1,90 de altura, como Nisman, no haya opuesto ninguna resistencia a un disparo realizado a menos de un centímetro.

La solución que encontraron los gendarmes es que a Nisman lo tuvieron groggy gracias a una paliza singular. En primer lugar, concretada por alguien a quien el fiscal le abrió la puerta. No se puede sospechar en este caso de Lagomarsino porque cuando el informático subió al departamento de Nisman estaba acompañado por el custodio, Néstor Durán. Ambos subieron juntos en el ascensor, algo que quedó filmado por la cámara del propio ascensor.

Como no hay ningún vestigio de cerradura violada, el fiscal le abrió la puerta a sus agresores, según la versión tácita de la Gendarmería. Y, además, Nisman no se dió cuenta del peligro, porque después le dieron la paliza. Todo ocurrió sin romper nada ni desordenar nada. La madre de Nisman, Sara Garfunkel, testimonió: “Cuando entramos al departamento estaba todo en su lugar, como cuando yo fui de visita dos días antes”.

Los especialistas del CMF registraron dos golpes. Uno, en la cabeza, producto de la caída. El segundo en una pierna, de antigua data.

En cambio los de la Gendarmería, que no tienen experiencia ni trayectoria en autopsias, sostienen que le fracturaron la nariz, algo que se le habría pasado a la doctora Gabriela Piroso, de la Policía Federal, que fue la primera que revisó el cuerpo en el propio baño. Unas horas más tarde, a las ocho de la mañana del lunes 19 de enero, dos veteranísimos forenses hicieron la autopsia: Héctor Di Salvo y Fernando Trezza, ambos del CMF. Tampoco vieron la fractura de nariz. Y finalmente, trece forenses, la gran mayoría del cuerpo de la Corte, tampoco percibieron algo tan obvio como una fractura reciente de la nariz que, por supuesto, deja hematoma. A esto se agrega que, según los gendarmes, también tenía un golpe al costado del cuerpo.

Los especialistas de la defensa de Lagomarsino afirman, en cambio, que los gendarmes no tienen los equipos para hacer esos análisis y que usaron radiografías que no sirven para ese estudio. No sólo consideran que no tiene ninguna fractura sino que, en caso de existir, tiene que ser muy anterior.


Ketamina

Para seguir el guión prefijado, los gendarmes diseñaron una especulación en base a un químico que supuestamente se le encontró a Nisman en el hígado. La sustancia no fue detectada por el equipo de toxicología de la Corte, encabezado por Ana María Perkins, una profesional reconocida, presidenta de la Asociación Argentina de Farmacia y Bioquímica Legal.

Lo impactante es que la Gendarmería no pudo ni puede determinar la cantidad de ketamina, algo esencial para poder sostener que Nisman estaba indefenso. No es lo mismo, por ejemplo, tener 0,2 gramos de alcohol en sangre que 2,5 gramos. Pese a no saber qué cantidad tenía Nisman, la Gendarmería resolvió, sin base alguna, que efectivamente lo tenían virtualmente dormido.

A esto se agrega que para dormir a una persona con ketamina se necesitan dosis enormes, unos 245 gramos, en un cuerpo grande como el de Nisman y la forma de suministrar la sustancia es mediante una inyección. El fiscal no tenía vestigios de ningún pinchazo.


Sangre

Otro de los obstáculos para instalar la conclusión de homicidio es que Nisman tenía sangre en ambas manos. Tiene que ver con lo que sostuvieron los criminalistas: disparó con la mano derecha, pero sosteniendo esa mano con la izquierda. Cuando se produce el impacto, la sangre salta para atrás desde el orificio y eso es lo que mancha las manos. El fenómeno se conoce como back splatter.

Para los gendarmes, en realidad disparó uno de los sicarios y explican que Nisman se manchó las manos o, mejor dicho, que el supuesto homicida le manchó las manos, una hipótesis descabellada.

En la pericia anterior, por cinco votos a uno, se estableció que las salpicaduras de sangre quedaron en la bacha, en el inodoro y hasta el bidet, lo que muestra que no había ninguna persona atrás ni al costado. Es uno de los elementos que los llevó a concluir que Nisman estaba solo en el baño.

Por otra parte, la mancha de sangre fresca del lado interno de la puerta del baño demuestra que la puerta estaba cerrada en el momento del disparo. La madre del fiscal testimonió que esa puerta casi no se podía abrir porque la cabeza de su hijo estaba apoyada ahí y lo mismo dijeron los médicos que llegaron. Eso demuestra que había escasas chances de que alguien saliera, pero mucho menos que saliera sin dejar ninguna pisada.


Arma

La siguiente elucubración de los gendarmes tiene que ver con que, según suponen, los sicarios armaron una escena simulando un suicidio. Estaban solos en el baño y podían hacer lo que quisieron.

Sin embargo, el arma del disparo apareció bajo el hombro izquierdo. La Gendarmería dice que porque los homicidas lo colocaron allí, cuando mucho más razonable era colocarlo en la mano o cerca de la mano.

Tampoco se entiende cómo es que los supuestos homicidas super-profesionales utilizaron una vieja pistola que Lagomarsino tuvo guardada durante años sin disparar un tiro. Está probado que Nisman no sólo se la pidió prestada al informático sino que intentó convencer también a su custodio, Rubén Benítez, que le diera un arma y se comunicó con el ex comisario Ricardo Bogoliuk, pero éste estaba en Mar del Plata.


Horario

Uno de los elementos más llamativos del estudio es que los gendarmes se animan a contradecir la data de muerte fijada en las tres instancias anteriores: la médica policial, que le tomó la temperatura al cuerpo en el baño; la autopsia hecha en la morgue y la junta médica de los forenses de la Corte. Todos coincidieron en que Nisman murió en la mañana del domingo, entre las ocho y las 12. Eso coincide con un tiempo posterior a su ingreso a la computadora, a las 7.30 de la mañana.

Todo indica que en el guión que les dieron, los gendarmes tenían que meter, sí o sí, a Lagomarsino en la escena. Por lo tanto, contradijeron a los forenses y fijaron la data de muerte a las tres de la mañana del 18 de enero, utilizando un método –el potasio, humor vítreo– específicamente dejado de lado en la junta médica anterior porque los resultados son controvertidos. Eso sí, aclaran que podría ser en seis horas más o seis horas menos, lo que llevaría la punta del horario de muerte a las 21 del sábado 17 de enero.

Hoy está probado que Lagomarsino se fue a las 20.36 de Le Parc, algo que quedó grabado por las cámaras de seguridad. Y después de esa hora Nisman habló por teléfono con uno de sus custodios, Néstor Durán, y chateó con dos periodistas, Laureano Pérez Izquierdo de Infobae y Natascha Niebieskikwiat de Clarín. El chateo termino a las 21,17, hora en que Lagomarsino ya había llegado a su edificio, lo que las cámaras registraron un par de minutos después de las 21. El chateo fue personal, con códigos e ironías propios del diálogo entre esos dos periodistas y el fiscal.

A la mañana siguiente, pasadas las siete de la mañana, Nisman seguía con vida porque entró a su computadora a revisar sus mails, notas periodísticas, la imagen de una chica con la que había estado cuatro noches antes y finalmente ingresó a una nota sobre el regreso de la muerte posteado por Claudio María Domínguez.

Ninguno de todos los elementos encaja con la partitura que les dieron a los gendarmes. No importó. Tocaron la música que les dijeron que debían tocar. No les importó desafinar porque órdenes son órdenes.


raulkollmann@hotmail.com







25/8/13

10 guerras, 10 mentiras mediáticas





"Todas las guerras van precedidas por una gran mentira mediática..." 

Esta nota escrita en 2008 no ha perdido actualidad ni ha dejado de generar preocupación...



Contra Venezuela y Ecuador, Bush recupera la estrategia de las «armas de destrucción masiva».

Todas las guerras van precedidas por una gran mentira mediática. Actualmente, Bush amenaza a Venezuela y a Ecuador. ¿Mañana a Irán? ¿Y después? ¿A quién le tocará el turno.

Con el presidente Uribe, narcotraficante y exterminador de indios (cuatro millones de desplazados) en el papel de marioneta. Uribe pretende haber hallado en el indestructible ordenador de Raúl Reyes (FARC), las pruebas del apoyo de Chávez al «terrorismo» y la militarización de la región.

Periódicos como Le Monde se hacen eco de esta campaña de propaganda para la próxima guerra de Bush. Recordemos simplemente cuántas veces los mismos Estados Unidos y los mismos medios de comunicación ya nos manipularon. «Nos justifican» cada gran guerra con lo que aparecerá más tarde (demasiado tarde) como una información falsa. Inventario rápido…

1. Vietnam (1964-1975):

Mentira mediática: El 2 y el 3 de agosto Vietnam del Norte atacó a dos barcos estadounidenses en la bahía del Tonkin.

Lo que supimos después: El ataque nunca existió. Fue una invención de la Casa Blanca.

Objetivo real: Impedir la independencia de Vietnam y mantener la dominación estadounidense sobre la región.

Consecuencias: Millones de víctimas, malformaciones genéticas (agente naranja), enormes problemas sociales.

2. Granada (1983):

Mentira mediática: Se acusa a la pequeña isla del Caribe de construir una base militar soviética y poner en peligro la vida de médicos estadounidenses.

Lo que supimos después: Totalmente falso. El presidente Reagan fabricó el pretexto de cabo a rabo.

Objetivo real: Impedir las reformas sociales y democráticas del Primer Ministro Bishop (que fue asesinado).

Consecuencias: Represión brutal y restablecimiento de la influencia de Washington.

3. Panamá (1989):

Mentira mediática: La invasión tenía por objeto detener al presidente Noriega por tráfico de drogas.

Lo que supimos después: Noriega era un producto de la CIA y reclamaba la soberanía del canal cuando acabase la concesión a USA. Intolerable para Estados Unidos.

Objetivo real: Mantener el control estadounidense en esta vía de comunicación estratégica.

Consecuencias: Los bombardeos estadounidenses mataron entre 2.000 y 4.000 civiles, ignorados por los medios de comunicación.

4. Iraq (1991):

Mentira mediática: Los Iraquíes habían robado las incubadoras de la maternidad de Kuwait City.

Lo que supimos después: Invención total de una agencia publicitaria pagada por el emir de Kuwait, Hill & Knowlton.

Objetivo real: Impedir que Oriente Próximo resista a Israel y consiga independizarse de EEUU.

Consecuencias: Innumerables víctimas de la guerra y después un largo embargo incluso sobre los medicamentos.

5. Somalia (1993):

Mentira mediática: Kouchner «sale a escena» como héroe de una intervención humanitaria

Lo que supimos después: Cuatro sociedades estadounidenses habían comprado la cuarta parte del subsuelo somalí, rico en petróleo.

Objetivo real: Controlar una región militarmente estratégica

Consecuencias: Al no conseguir controlarla, Estados Unidos mantendrá la región sumida en un caos interminable.

6. Bosnia (1992 - 1995):

Mentira mediática: La empresa estadounidense Ruder Finn y Bernard Kouchner ponen en escena supuestos campos serbios de exterminio.

Lo que supimos después: Ruder Finn y Kouchner mentían. Eran campos de prisioneros para intercambios. El presidente musulmán Izetbegovic lo reconoció.

Objetivo real: Romper Yugoslavia, demasiado a la izquierda, eliminar su sistema social, someter la zona a las multinacionales, y controlar el Danubio y las rutas estratégicas de los Balcanes.

Consecuencias: Cuatro años de una guerra atroz para todas las nacionalidades (musulmanes, serbios, croatas), provocada por Berlín y prolongada por Washington.

7. Yugoslavia (1999):

Mentira mediática: Los serbios cometen un genocidio sobre los albaneses de Kosovo

Lo que supimos después: Invención pura y simple de la OTAN, como reconoció Jamie Shea, su portavoz oficial.

Objetivo real: Imponer la dominación de la OTAN sobre los Balcanes, y su transformación en policía del mundo. Instalación de una base militar estadounidense en Kosovo.

Consecuencias: Dos mil víctimas de los bombardeos de la OTAN. Limpieza étnica de Kosovo por la UCK, protegida de la OTAN.

8. Afganistán (2001):

Mentira mediática: Bush pretende vengar el 11-S y capturar a Bin Laden

Lo que supimos después: No hay ninguna prueba de que exista la red (Al Qaeda, N. de T.). En cualquier caso, los talibanes habían propuesto extraditar a Bin Laden.

Objetivo real: Controlar militarmente el centro estratégico de Asia, construir un oleoducto que permitiera controlar el suministro energético del sur de Asia.

Consecuencias: Una larga ocupación y un gran incremento de la producción y el tráfico de opio.

9. Iraq (2003):

Mentira mediática: Sadam poseía peligrosas armas de destrucción masiva, afirmó Colin Powell a la ONU, probeta en mano.

Lo que supimos después: La Casa Blanca ordenó a sus servicios que falsificaran o fabricaran las pruebas (asunto Libby).

Objetivo real: Controlar todo el petróleo y chantajear a sus rivales: Europa, Japón, China…

Consecuencias: Iraq hundido en la crueldad, las mujeres relegadas a la sumisión y el oscurantismo.

10. Venezuela - Ecuador (¿2008?):

Mentira mediática: Chávez apoya el terrorismo, importa armas, es un dictador (el pretexto definitivo parece que todavía no se ha elegido).

Lo que ya sabemos: Ya se han vertido varias mentiras mediáticas: Chávez dispara contra su pueblo, Chávez es antisemita, Chávez es militarista… Y la satanización continúa.

Objetivo real: Las multinacionales estadounidenses quieren el control del petróleo y los demás recursos de toda América Latina. Tienen miedo de la liberación social y democrática del continente.

Consecuencias: Washington está librando una guerra global contra el continente: golpes de Estado, sabotajes económicos, chantajes, establecimiento de bases militares cerca de las riquezas naturales.

En resumen, todas las guerras van precedidas y «justificadas» por una gran mentira mediática. ¡Y nuestro inventario está muy lejos de ser completo!

Para impedir las guerras es imprescindible destapar estas mentiras mediáticas cuanto antes y de la forma más amplia posible. Gracias por difundir este texto y, si es posible, traducirlo y comunicarnos dichas traducciones ¡En la guerra de la información la verdadera fuerza es nuestra!





Sobre las mentiras mediáticas:

Actualmente muchos de los pretextos para las guerras y las mentiras mediáticas han salido a la luz. Otras, por el contrario, siguen en pie. Por ejemplo, sobre Bosnia y Yugoslavia exponemos las pruebas de la desinformación en los libros Poker menteur y Monopoly.

Un resumen en nuestros dos test-médias.

Debate público con Jamie Shea, portavoz de la OTAN (en DVD): nessa.kovic@skynet.be
Sobre las mentiras mediáticas con respecto a Venezuela y Colombia:

Washington y Bogotá contra Hugo Chávez, Salim Lamrani ¿«Chávez narcotraficante»? Washington orquestó la satanización, ¿antes de atacar? 

USAID en Bolivia y Venezuela: la subversión silenciosa, Eva Golinger. El tra bajo silencioso de la CIA en Bolivia y Venezuela

Los pies de Greta Garbo, Thierry Deronne. Las mentiras de Le Monde con respecto a Venezuela
 
Portrait du présidente Uribe, Hernando Calvo Ospina. 

Bruit de bottes et rideau de fumée en Amérique latine , Jean-Luc Mélenchon
 
Misère du journalisme face au Venezuela , entrevista de Maurice Lemoine
 
Chavez - Juan Carlos : les phrases censurées par Le Monde et autres médias européens , Romain Migus 

Texto original en francés: http://www.michelcollon.info/articles.php?dateaccess=2008-05-16%2013:39:26&log=articles





19/8/13

LOS SENTIMIENTOS DE LA SOCIEDAD








Dos lecturas en espejo dificultan la comprensión política. En la primera, una martingala matemática permite ocultar el resultado de las PASO. Funciona así: como el número de votos obtenidos por el oficialismo no resulta inferior a las elecciones del 2009, el gobierno obtuvo una suerte de victoria relativa. Los partidos de la oposición, desde esta curiosa aproximación, no mejoraron demasiado su postura, y como ese abanico sigue disperso, el cristinismo prosigue su marcha triunfal.

Desde el 2003 sólo se registran victorias y accidentes, y los accidentes abren el paso a futuras victorias. Obvian un pequeño detalle, la elección posterior a la batalla campera del 2008 no podía sino reflejar en las urnas una derrota política, de tal modo que toda comparación con esos guarismos –los peores de toda la década– no pueden sino arrojar una situación mejor. Mejor que cuando luchaban por seguir en Balcarce 50; pero si ese fuera el término "científico", si esa fuera la única comparación posible por tratarse de elecciones de medio tiempo, sería preciso explicar los motivos de semejante retroceso sin que mediara batalla decisiva. Dicho de otro modo, si los números de la comparación no fueran sensiblemente distintos, y no lo son, la comparación contiene el diagnóstico.

El gobierno ha perdido la hegemonía política.

Considerar como algún senador que esto casi no sucedió, y tratar a las PASO como si se tratara de una encuesta a escala uno a uno, impide entender qué pasó y sobre todo impide prepararse para lo que va a pasar en octubre. Nadie cree que los números finales sean demasiado distintos, y por tanto sostener contra viento y marea el sonsonete de la victoria, no puede sino producir un efecto desmoralizante en la militancia K. Entonces, o el oficialismo se hace cargo de la nueva situación, o el cachetazo de agosto se transformará en depresión de octubre.

Desde la otra vereda actúan con idéntica liviandad partisana. Comparan el resultado obtenido con los comicios presidenciales del 2011; por tanto el oficialismo, su caudal electoral, perdió más del 40% de su soporte social. Claro que esa enorme cantidad no sólo no fue a parar a fuerza alguna, sino que el candidato que obtuvo el segundo puesto en las presidenciales –Hermes Binner– apenas si redujo la distancia relativa con el gobierno. Dicho con sencillez, el desinfle del electorado K no supuso el engorde de ningún opositor previamente existente.

Aun así, con ramplona sencillez casi todos actúan como si lo único que faltara para el 2015 se resolviera con un simple armado de listas. Desde esa lógica de puntero repiten el "análisis" que Mariano Grondona hiciera para el 2011. Y conviene recordar que no funcionó, y por eso Cristina Fernández sigue sentada en la poltrona de Rivadavia. De modo que no se trata de organizar una comandita electoral, donde cada aportante reciba según su participación en las PASO, sino de entender que la política no desbordó las fronteras de la ancha calle del peronismo electoral.

Ambas visiones, a mi ver, son tributarias del inmediatismo, de un aplanamiento voluntario de los motivos de la ciudadanía. Y ambas dejan un asuntillo sin considerar: ¿Qué significan las PASO? ¿Cómo leerlas más sensatamente? Mi hipótesis de trabajo: estamos ante un mapa de los sentimientos profundos de la sociedad argentina. Antes que nada conviene entender que las PASO, al decidir solamente alineamientos internos, y en la mayoría de los casos ni siquiera eso, permiten una extraña pureza. Nadie está obligado a votar con eficacia, consideración que no escapa a casi nadie, por tanto desnudan una situación casi ideal: qué se siente en lo profundo, qué haría cada uno si el único motivo fuera el sentimiento.

Hilda Duhalde tiene notables virtudes pedagógicas. Al sostener que la presidenta gobierna con el lóbulo malo, verbalizó un sentimiento arcaico y tenaz: la brutal misoginia nacional. Si se leen con algún cuidado las encuestas electorales previas se detectan algunos datos relevantes. A saber, la valoración positiva del gobierno superaba en varios puntos la de Cristina Fernández, y ambas cifras eran muy superiores al número de votantes que finalmente obtuvo el Frente para la Victoria. Una aproximación elemental permite sostener entonces que si el gobierno hiciera exactamente lo mismo que viene haciendo, pero fuera encabezado por un varón, el resultado electoral sería bien distinto.

Basta observar las pantallas de los noticieros televisivos, de aire y cable, para constatar que el número de víctimas de femicidios crece. Y que la furia que "la yegua" produce es tan intensa, que los brutales decires de la mujer de Eduardo Duhalde sólo merecieron declamaciones tibias de tirios y troyanos. 

Una mujer que guste o disguste ha sido electa en dos oportunidades para el cargo de Presidenta, y cuyo nivel político está muy por encima de la media realmente existente, ha sido defendida fría y protocolarmente. Sin olvidar, que en muchos casos ni siquiera esa defensa se produjo. La ausencia de muchas dirigentes políticas opositoras, el silencio cómplice, no puede ni debe soslayarse. De modo que ese es el sentimiento más profundo del mapa: el odio a las mujeres; si su lugar en la sociedad mejora, el rango de furia incandescente crece al menos en idéntica proporción.

Sobre ese piso se instala un valor compartido de larga data. Ningún interés es superior al mío, entonces si tengo el dinero para comprar un bien y por alguna razón esta compra se dificulta, verbigracia el dólar, la responsabilidad es del gobierno de los ladrones. Es obvio que los políticos sólo responden a su propio interés, y es precisamente por eso que la política es una suerte de mal inevitable. Entonces, como la política no es más que la continuación de los negocios por otros medios, y mis negocios chocan con los de ellos, se trata de defenderlos y punto. Si algo quedó claro en las movilizaciones dinámicas sin dirección partidaria, en los cacerolazos, es que esa perspectiva hegemoniza su comportamiento. Con un dato adicional, ese punto de vista es muchísimo mas amplio, y recorre trasversalmente la política nacional. Desde el "deme dos" de la plata dulce durante la gestión de Martínez de Hoz, hasta vivir a 660 dólares de Miami que la Convertibilidad menemista naturalizó, ese punto de vista no ha cesado de crecer.

Poco importa que se explique la crisis internacional, y el modo en que actúa la aspiradora financiera de los bancos, si alguien dispone del dinero para adquirir dólares no acepta otra cosa que dólares; es decir, la capacidad colectiva para percibir lo que sucede tiene un elemento fuertemente alucinatorio, la verdad sólo importa si coincide con esa sensación, de lo contrario las más burdas tesis conspirativas ocupan su lugar.

La eficacia de semejante comportamiento depende de varios elementos. El primero y el más importante, la despolitización. Esto es, el razonamiento simplote de que los conflictos no son el resultado de intereses contrapuestos, sino de una maniobra de políticos que utilizan en su favor los "problemas de la gente". Desde esta lectura bastaría con "dialogar" para poner fin al diferendo, y si esto no sucede es porque no les conviene a los "políticos profesionales". Esta lectura ha sido fuertemente inducida desde los medios electrónicos, pero no sólo, y sobre todo por la forma que adopta la lucha política actual. Cuando la política no es otra cosa que un debate de intendentes, cuando la cuestión central pasa por satisfacer los pedidos del "vecino", cuando la estrategia se reduce a la gestión, la despolitización no puede no extenderse.


Entonces, si se miran las campañas de los partidos para las PASO, se comprende que matiz más, matiz menos, una sobresimplificación las recorre de punta a punta. Es que una política construida desde las encuestas está obligada a empobrecimiento perpetuo, a vaciamiento conceptual, a pragmatismo sin horizonte. En esas condiciones la retaguardia cacerolera se transforma en vanguardia mediática.









26/5/13

LA FARSA ANTI K: CIRCO MEDIÁTICO Y JUDICIAL





En Tribunales corre una humorada: “Hay que ver qué declaró en sede judicial y hay que ver qué declaró en sede periodística”. Está claro que lo que se investiga es si Lázaro Báez ha hecho una fortuna de manera ilegal y si transfirió parte de esa fortuna al exterior. Pero la ironía apunta a que en algunos casos lo que parecen enormes pruebas en la televisión, se convierten en evidencias inexistentes en las causas judiciales. Y, en ocasiones, ni siquiera está claro si hubo delito. Pero, además, en la mayoría de las denuncias el orden de los factores altera los resultados de la investigación. Si el tandem Elisa Carrió - Jorge Lanata sale a decir públicamente que se investiga una baulera en San Fernando, son nulas las posibilidades de que un imputado visite la baulera y que la Prefectura –instalada allí secretamente por orden del juez– aborde al que va a sacar o poner cosas en la baulera. Si difunden las fotografías de un supuesto desarme de una caja de seguridad, no hay chances de que un juez o un fiscal pueda avanzar en silencio con la pesquisa de algo que tampoco queda claro si es delito o no. Encima, el supuesto fotógrafo Sergio Triviño declaró el viernes en una causa judicial de Santa Cruz que las fotos se las robaron, que hay tomas que no corresponden a la quinta de Báez y que no desarmó ninguna caja. Para dar una idea de que lo que importa es el impacto mediático y político, basta decir que en un mes se hicieron treinta denuncias que no aportan ni un sólo dato más que el difundido previamente por los medios opositores.


Lavado de dinero

El viernes el juez federal Sebastián Casanello concretó operativos en seis instituciones bancarias y financieras. Lo que se buscó fueron operaciones de Southern Global Investments (SGI) a través de la cual, supuestamente, se cursó dinero ilegal que Lázaro Báez habría sacado al exterior. El magistrado también pidió informes a Panamá sobre la sociedad Teegan en la que un hijo de Lázaro Báez, Martín, habría depositado 1.500.000 dólares, que luego fueron transferidos a Suiza. El delito originario –porque el lavado requiere de un delito originario– no está claro del todo, pero sería evasión impositiva, cohecho, sobreprecios.

El puntapié inicial lo dieron las entrevistas a Leonardo Fariña y Federico Elaskar en Periodismo para Todos. Tras el programa, se presentaron 14 denuncias: compitieron en la carrera por el impacto ante las cámaras de televisión cuatro abogados mediáticos y diez legisladores de la oposición.

Que haya salido antes en los medios que en la Justicia llevó, por ejemplo, a que el allanamiento a SGI se hiciera tres días después. Porque, además, tantas denuncias hicieron que no quedara claro quién era el juez. En este expediente se sugiere que Báez es ahora el verdadero dueño de SGI, que fue comprada por una empresa con sede en Suiza, Helvetic, fundada en 2005, y que está a nombre de dos cordobeses que viven hace años en ese país y en Inglaterra. Helvetic tiene una estructura grande con sociedades formadas en numerosos países, incluyendo Estados Unidos y Chile.

Habrá que ver si desde Panamá contestan: algunos dicen que sigue siendo un paraíso fiscal, otros afirman que ahora quiere hacer buena letra. Aunque parezca asombroso, en Tribunales dicen que hay un país del que nunca se pueden esperar respuestas sobre sociedades y cuentas: Estados Unidos. De los procedimientos del viernes, la Prefectura se llevó todas las carpetas de depósitos de SGI y, si había, de transferencias al exterior por vía bancaria. La documentación recién se empezará a analizar en la semana que se inicia.


Bolsos 

Otro despliegue mediático se generó alrededor del testimonio de la ex encargada de correspondencia de la Casa Rosada, Miriam Quiroga. La mujer se promocionó hace dos años como amante del fallecido presidente Néstor Kirchner, pidió dinero para seguir concediendo entrevistas y finalmente apareció este mes contando que vio bolsos, que le dijeron que contenían dinero y que los llevaba un secretario de Kirchner, Daniel Muñoz, a Santa Cruz.

Quiroga testimonió ante el juez Julián Ercolini, por pedido del fiscal Gerardo Pollicita, en otra causa sobre otros hechos –compra de vagones para el subte, construcción de una ruta, comercio con Venezuela, administración de autopistas– y por su declaración se deduce que nunca estuvo demasiado cerca, que no presenció ninguna reunión, que sólo entró en algún momento a un encuentro y escuchó que Kirchner sugería que inviertan en obras y en medios, que no recuerda cuándo ocurrió y tampoco sabe la fecha en la que vio los bolsos.

El juez federal Luis Rodríguez quedó a cargo de la causa por los bolsos y hasta ahora sólo pidió copia del programa en que habló Quiroga y envió una cédula a la Casa Rosada para saber qué cargos ocuparon Muñoz y Quiroga y en qué años.

Parece una causa con pocas chances: la ex funcionaria no tiene pruebas ni fechas ni datos adicionales. Al menos por ahora.


Caja I 

La denuncia iniciada por Elisa Carrió con 200 fotocopias de 200 fotos supuestamente tomadas por un carpintero, Sergio Triviño, en la casa de Lázaro Baéz y en la que se demostraría que desarmó una caja de seguridad, también provocó un escándalo mediático. Está claro que no importó saber la verdad sino golpear políticamente, porque de lo contrario la denuncia se hubiera hecho en forma reservada para que se tomen declaraciones y se verifiquen los hechos.

Con estruendo, Carrió se presentó ante Casanello y éste sacó fotocopia de la denuncia, dejó constancia en su juzgado y la envió a Santa Cruz para que la investiguen en el distrito donde habrían ocurrido las cosas, que ni siquiera queda claro que sean un delito. Podría ser, tal vez, destrucción de pruebas. Casanello dejó en claro que si de la investigación de Río Gallegos salía algún elemento sobre el lavado de dinero podría incorporarlo luego al expediente que él instruye. La decisión del juez fue apelada por el fiscal Guillermo Marijuán y ahora debe resolver la Sala II de la Cámara Federal. Va a tardar unas dos semanas.

Lo curioso es que, mientras tanto, en Santa Cruz se avanzó en la investigación, porque existe una causa, iniciada por la titular provincial del ARI, Mariana Zuvic, por asociación ilícita. Ante la fiscal Patricia Kloster ya declararon al menos dos personas. El autor de las fotos, Triviño, lo habría hecho el viernes. Lo que trascendió es que dijo que las fotos le fueron robadas por un allegado, Fabián Coll, y que hay varias tomas que no se corresponden con las que él sacó. Habría dicho también que Báez no desarmó ninguna caja.

Por supuesto que ahora vendrá la contraofensiva sosteniendo que Triviño fue “apretado” por Báez porque trabaja en Austral Construcciones. Lo cierto es que todo deriva de que lo que se buscó no es una investigación seria, sino un golpe político. Fabián Coll, que es quien –supuestamente– promovió la entrega de las fotos, dice que él no fue y alega que ya recibió amenazas de muerte. Casanello ordenó una custodia. Como sostenía el magistrado, la pesquisa podía y debía hacerse en Río Gallegos.


Caja II 

Respecto de la que existiría en la casa de los Kirchner en El Calafate, el propio arquitecto que testimonió en PPT les sacó crédito a las cosas: como el terreno era inundable, propuso hacer un subsuelo de hormigón. Para aprovechar el lugar los Kirchner le sugirieron hacer un gimnasio y luego el fallecido ex presidente le consultó si no se podía poner una caja de seguridad. El arquitecto, para no tener que hacer un cielorraso, dejó la caja con el doble de altura. El ex vicegobernador Eduardo Arnold, presentado como un testigo imparcial, pero hoy fanáticamente alineado con Hugo Moyano, el Momo Venegas y el peronismo disidente, dijo que se puso una puerta metálica que provenía del Banco Hipotecario, algo que el propio arquitecto dijo que era imposible. No se observa cuál sería el delito, en todo caso.


Extorsión

 En las últimas 48 horas apareció en escena el fiscal José María Campagnoli quien investiga si Báez extorsionó a Federico Elaskar para quitarle la financiera SGI. Según Campagnoli, Báez usa esa financiera para lavar dinero desde 2002, es decir antes de que asuma la presidencia Néstor Kirchner. A raíz de un diferendo en 2011, Báez habría extorsionado a Elaskar y lo obligó a vender SGI a quien supuestamente es uno de sus hombres, Daniel Pérez Gadín. Mediáticamente se lo presenta como contador de Baéz, pero la contabilidad de Austral Construcciones está en manos de otro estudio. Quienes acusan a Báez dicen que Pérez Gadín es Báez; en el entorno del empresario sostienen que Pérez Gadín se dedica desde siempre a proponer negocios y que tiene muy poca relación con Báez.

Campagnoli le pidió a la jueza María Gabriela Lanz la indagatoria del empresario por el delito de extorsión. Habrá que ver qué dice la magistrada. Paralelamente, el fiscal habría hecho un análisis de todas las sociedades esparcidas por el mundo que tendrían vínculo con SGI. La fotocopia de esa pesquisa quedó el viernes también en el juzgado de Casanello, porque no tienen que ver con la extorsión sino con el supuesto lavado de dinero.

Desde un punto de vista estrictamente judicial, la situación de Báez es hoy bastante mejor que la de Ernestina Herrera de Noble, otros directivos de Clarín o Francisco de Narváez. Respecto de todos estos últimos hay números de cuentas, montos y en el caso de De Narváez hasta un fallo de cámara en el que se dice que tiene cuatro sociedades en Panamá que no declaró ante el fisco. Respecto de Herrera de Noble hay un listado de cuentas presentado por el vicepresidente del JP Morgan ante el juez Sergio Torres. Incluye, también, sociedades en Panamá. En los cinco años transcurridos desde la denuncia de Arbizu nunca se presentó alguien de Clarín ante el juez, aunque sea para decir que el listado es falso.

Pero en todos los casos, lo que parece estar en perspectiva es una evasión impositiva y, tal vez, contrabando de dinero, si se puede probar que se llevó la plata en efectivo al exterior sin declarar. El problema –también en todos los casos– es probar el delito anterior, lo que es imprescindible para el lavado de dinero. No se requiere una condena por un delito anterior, como se requería antes de la nueva ley sobre el tema. Pero sí algún indicio, un procesamiento, una causa existente. La mirada tiene que estar puesta en sobrefacturaciones, coimas, licitaciones y otras maniobras delictivas. Y habrá que probarlas en sede judicial, no en sede periodística.







13/2/13

IMAGEN Y RAZÓN













«Mientras el hombre esté afectado por la imagen de una cosa, considerará esa cosa como presente, aunque no exista...» ☼


Después del fin del mundo maya, los internautas distraídos pueden haber tropezado con otros anuncios amenazantes. Tal vez con el aviso destellante y omnipresente que anuncia “El fin de la Argentina”.

El pronóstico, periódicamente actualizado desde 2011, es acompañado con ofertas financieras, amenazas de crisis griegas, consejos para la desobediencia fiscal y advertencias acerca de los resultados que acarrean los subsidios al transporte.

Ya no llama la atención que la construcción argumental de su discurso utilice consignas sin fundamento y fuentes de información poco relevantes.

Tampoco que se limite a ofrecer el refugio de productos financieros sin una sola propuesta productiva. Ni siquiera sorprende que el alegato insista en pronósticos apocalípticos, con un refrito iconográfico de casi todos los mensajes históricos emitidos por las corporaciones, para garantizarse la continuidad del actual diseño del mundo global.

Importa, en cambio, que sobre algunos sectores de la ciudadanía cumplan con el objetivo subterráneo del verdadero negocio: provocar miedo.

“Tanto más frecuentemente se impone una imagen a nuestra consideración, cuanto mayor es el número de imágenes a las que está unida”. ☼ 

Las factorías de mensajes publicitarios, con o sin Barba, son entrenadas acerca de predisposiciones, permeabilidad y hábitos culturales de vastas audiencias, y siguen operando sobre hábitos de interpretación y reflejos condicionados.

Si bien la reiteración de mandatos para la manipulación de subjetividades (“Tengo miedo”, “Hay miedo”, “Metió miedo”) es idónea para instalar imágenes mentales e incrementar la intolerancia a la incertidumbre, también exhibe las sugestivas semejanzas de estilo, vocabulario y estructura narrativa, que acaban por revelar su común usina ideológica.

Así, el diligente emprendedor de referencia carece de propuestas políticas, pero plantea medidas semejantes a las que, en Europa, al decir de Habermas, “debilitan la capacidad económica e incrementan el desempleo”, y su discurso, inmune a obvias contradicciones, es sumamente sensible al ritmo y a la repercusión visual y emocional de cada palabra.

El formato combina la retórica individualista con el abandono ciudadano de responsabilidades y la tácita delegación del Estado en manos de las corporaciones.

Apenas una sugerencia más clara le permitiría la construcción de un horizonte electoral, sobre la base de públicos permeables al marketing social. Incluso hasta el timbre y la cadencia de su voz evocan otros aspirantes a gerentes de la Nación que pedalean por análogas bicisendas.

La estrategia más eficaz para neutralizarlos continúa siendo la sanción social.

Por supuesto, “... si todos los hombres pudiesen fácilmente ser conducidos por medio de la razón y conocer la suma utilidad y necesidad del Estado, no habría nadie que no detestase los engaños sino que todos, con gran deseo de llegar a este fin, a saber, la conservación de la República, estarían sujetos a los pactos en todo y guardarían sobre todas las cosas la fe, superior cimiento de las repúblicas”. ☼

Hasta que alcancemos esa naturaleza de la razón, de la que todos los humanos y no sólo los argentinos carecemos, es preciso proseguir aprendiendo unos de otros y ayudándonos a reflexionar mutuamente.

Cabe destacar que las intrigas de quienes deshonran la comunicación pública, no sólo pretenden provocar desconfianza en el futuro democrático sobre sus audiencias habituales.

Ante la notable ausencia de candidatos propios, gestionan la profundización de las diferencias, los distanciamientos potenciales y el desconcierto de los indecisos.

Asimismo intentan generar divisiones en las filas progresistas para que, aun cuando sus operaciones de terrorismo mediático sean neutralizadas, se confunda a víctimas con victimarios.

El ejemplo paradigmático es la insistencia mediática en adjudicar la representación global de la “clase media” a la oposición, negando la filiación declarada por las mayorías que adhieren al Gobierno, implantando enfrentamientos y apostando a que los propios sectores progresistas cedan porciones de su electorado.

Nunca existió tanta conciencia popular acerca de la influencia de los medios masivos de comunicación.

La educación y la experiencia en desarticular engaños abren la posibilidad de diseñar una contraofensiva comunicacional que impida las falsas polarizaciones e incluya a nuevos participantes en el debate político.

Tenemos los contenidos, los frutos y las obras.

Trabajemos sobre las formas.


☼ las citas pertenecen al Tratado teológico político de Baruch Spinoza (1632-1677).


Antropóloga. Universidad Nacional de Rosario.


28/1/13

LA DONCELLA Y LA MUERTE










Esta semana se estrena La noche más oscura, la nueva película de Kathryn Bigelow, la primera cineasta mujer en ganar un Oscar –en 2010, por Vidas al límite–. Bigelow vuelve a elegir la guerra como tema, pero esta vez en versión casi documental: filma la búsqueda y captura de Osama bin Laden. La decisión de mostrar una larga escena de tortura a un prisionero durante la primera mitad de la película causó un debate que no cesa, desde el regreso de la teoría de la defensa nacional que los franceses “inventaron” para Argelia e Indochina hasta su justificación como tarea de inteligencia en series como 24, pasando por quienes creen que la directora está suscribiendo el uso de la tortura o apenas mostrándolo como un hecho insoslayable. 

Una contundente toma de posición de José Pablo Feinmann en contra de la película de Bigelow y del retrato heroico que hace de los agentes de inteligencia mostrándolos como guerreros de la democracia.




Cuando los militares bolivianos cometieron la –para ellos– hazaña de matar a Ernesto Che Guevara, se sintieron orgullosos. Tanto, que lo mostraron al entero mundo en el piletón de Vallegrande. Ahí estaba el invencible Che, muerto. Ahí estaban ellos, vivos y vencedores. Que el Che, con su milagrosa sonrisa, con sus ojos, aun muerto, abiertos, les arruinara la fiesta, al punto de que el mundo vio al más bello muerto de la historia rodeado de sus asesinos y burlándose de ellos con su sonrisa, con sus ojos pícaros, tal como los tenía cuando andaba de un lado a otro por el planeta, es otra cuestión. Los militares reprodujeron el famoso cuadro de Rembrandt sobre la lección de anatomía: señalaban que los balazos habían entrado por aquí y por ahí y por allá. Ahora viene la pregunta que todos (menos los norteamericanos) se han hecho: ¿alguien vio muerto a Osama bin Laden? Nadie. Y si esperan verlo en la película de Bigelow, olvídense. Van a ver un poco de cierta barba blanca y los orificios de una nariz con algún toque de sangre. ¿Alguien vio cuando lo tiraron al mar? ¿Tomaron fotos de algo sus sacrificadores? Nada. Y cuando llegó la noticia del eterno ocultamiento en el mar todos –en la Argentina y en muchos países del mundo– dijeron: mentira, nos toman por idiotas. O no lo mataron o lo mataron hace tres o cinco años y recién ahora (vaya uno a saber por qué) la CIA nos lo hace saber.

Tomarnos por idiotas es lo que se proponen, pero en concepciones conspirativas de la historia los argentinos somos maestros. ¿Por qué nos escamotearon a Osama? ¿Por qué lo tiraron al mar? ¿A quién tiraron al mar? ¿No tienen una foto para mostrarnos? ¿En la palabra de quién tenemos que creer que semejante archivillano ha sido abatido y el vencedor es parco en exhibir y probar exhaustivamente su triunfo y hasta su gloria? Además, ¿alguien cree todavía que el acontecimiento histórico universal de las Torres Gemelas no tuvo aliados internos? 1) Legitimó el triunfo electoral de Bush, que había sido todo menos transparente. A partir de ahí se transforma en el líder de la nueva cruzada: The President takes charge, dicen entusiastas varios magazines; 2) Se legaliza la guerra contra Saddam Hussein y la invasión a Irak. Guerra que todavía continúa y que ya ha tenido un costo de vidas altísimo. Y que ha recurrido a la tortura (tarea de inteligencia) y ha instalado innúmeros campos de concentración, no detectables por los satélites pues sólo los tienen EE.UU. o sus buenos aliados del Occidente capitalista y cristiano. La guerra de Irak está sostenida por el ataque a las Torres. Y la tortura sigue siendo (y seguirá siendo) la más efectiva de las tareas de inteligencia. Por si hiciera falta: la película de Bigelow lo demuestra. Ya lo había demostrado la casi intolerable Unthinkhable y el fanático agente Jack Bauer en 24 de la cadena Fox, propiedad del derechista Rupert Murdoch, zar de los medios. Ahí se entroncan los medios con los guerreros de la democracia, tortura mediante.


LAS LAGRIMAS DE LA COMANDANTE

Los norteamericanos no inventaron esto. Fue obra de los franceses. En Indochina y en Argelia impusieron la teoría de la Defensa Nacional. Su herramienta principal de inteligencia: la tortura. “La legalidad es incómoda, coronel”, heroicamente le dice un periodista francés (que, sin duda, había leído a Sartre) al coronel Mathieu. Su respuesta (notable) ya es bastante conocida: “La cuestión no es la tortura. La cuestión es si Francia se queda o no en Argelia. Si se queda, no me pregunten por los métodos que utilizo para lograrlo”. La valiente, obstinada agente de la CIA Maya (la actriz Jessica Chastain, que ganará su Oscar pese a su voz poco atrayente, aguda hasta un poco más allá del registro de una gran actriz) podría decir a quienes la denuesten: “La cuestión no es la tortura. Es si ustedes quieren o no que atrapemos a Osama. Si lo quieren, no me pregunten por los medios que utilizo para conseguirlo”.

Porque en el film de Bigelow los medios por los que se atrapa a Osama son: 1) La terquedad de la agente Maya. Su obstinación casi enfermiza. “Los de Washington dicen que es una asesina”, le comenta un hombre del Departamento de Estado a otro. Así nomás, al pasar. Maya, la heroica y terca protagonista, es una asesina según las altas fuentes de Washington. Luego Maya presencia las torturas y aunque algún mohín de disgusto expresa su linda cara, de ningún modo intenta impedir ninguna atrocidad.  

Las atrocidades de las torturas mienten. La principal y casi única es la que aquí conocemos como “el submarino”. ¡Qué piadosos los de la CIA! ¿No averiguaron los métodos de inteligencia de los militares argentinos? El empalamiento, la picana, la tortura delante de los hijos, la violación de las mujeres, el robo de los bebés, el asado de los prisioneros, vivos o muertos, los vuelos de la muerte, etc. O sea, Bigelow muestra una tortura light.

Sin embargo, su fiel torturador dice una frase decisiva ante el capo de la CIA (James Gandolfini): “Todo esto se basa en informes de los presos. Hay un 60 por ciento de posibilidades de encontrar a Osama”. Maya (que comparte la idea de que todo se basa en el testimonio de los presos) dice, contundente, “Hay un ciento por ciento. O, para no asustar sus cojones, caballeros, digamos un 95 por ciento. ¡Pero es un ciento por ciento!”.  

¿Quién es Maya, personaje que se devora el film con su omnipresencia, de la que podría afirmarse sin dudar que atrapa a Bin Laden por su perseverancia casi inverosímil? Maya (y aquí va la bomba) es el alter ego de Bigelow. “Si yo hago la película, yo lo atrapo.”  

¿Quién es Kathryn Bigelow?




Filmó siempre películas de hombres. Estuvo casada con James Cameron, detalle que algo tendrá que ver en la totalidad de nuestro análisis. Su film anterior fue una glorificación de los desactivadores de bombas, todos héroes, todos sacrificados, todos tipos que arriesgan sus vidas por salvar las de los otros. Bigelow es uno de los grandes personajes de Hollywood, es (según creo) bellísima, y ya pasó los sesenta. Tiene cara de inteligente, de mujer brillante, corajuda. Es patriota. Y atención: uno de sus próximos proyectos es hacer un film sobre la Triple Frontera a la que llenará de narcotraficantes, fundamentalistas islámicos y drogones miserables, despojos de la vida que nada valen.

Volvamos a Maya. Todos están en contra de su obstinación por ir tras Bin Laden. Un personaje comenta: “Es ella contra el mundo”. Sin embargo, aparte de su patriotismo agobiante, nada parece justificar (internamente) esa perseverancia. Maya es sensible. Maya es dura. Se enfrenta al mundo masculino y hasta llega a reventar a gritos a un tipo que se le opone (gran escena de Jessica Chastain que proyectarán si le dan el Oscar, recuérdenlo). La película se centra más en ella que en el misterio Osama, en el despliegue de inteligencia, o en la acción impresionante de las fuerzas de ataque.

¿Por qué llora Maya al final del film? ¿Por qué el film cierra con un plano medio de Maya derramando breves, pero dolorosas lágrimas? Tal vez, conjeturo, porque comprende que el sentido de su vida ha muerto con Osama. Tal vez porque sabe que mintió. ¿Alguien puede imaginar qué habría sucedido si Maya destapa la bolsa mortuoria de Osama, lo mira, mira a sus compañeros y niega con su cabeza en lugar de afirmar? ¿Era posible una actitud así en una mujer que había arrastrado al poder más grande de la Tierra hacia una zona inhallable donde no estaba lo que debía estar, lo que ella había dicho (con el ciento por ciento de su obstinación) que estaba? Llora por eso. Porque mintió. Porque será imposible exhibir algo de Osama al mundo y probar la hazaña. Porque habrá que sepultarlo en el mar, escamotearlo, esconderlo para la eternidad. Y si no que alguien diga por qué llora esa mujer tan dura, una “asesina”, una comandante de hombres, una convencida de los beneficios de la tortura.


UNA BANDERA PARA LA GUERRA

Decir que el film está bien hecho es un pleonasmo. Bigelow dirige bien y tiene –aquí– a toda la CIA y a todo el gobierno de los EE.UU. de su parte. Aunque se inicia con un contraste burdo, indigno de cualquier artista, pero perfecto para justificar la tortura. Pantalla en negro y de a poco empezamos a escuchar los gritos de los que habitan las Torres cuando se produce el atentado. Es el horror, por supuesto. Pero ese horror está puesto exactamente ahí para que la película pueda abrir con una escena brutal de tortura. ¿Ven? Aquí está la consecuencia inevitable del atentado. Fue porque nos agredieron que hacemos algo que no haríamos. Nos forzaron. Nos obligaron a hacer cosas que John Wayne jamás habría hecho, aunque las haría de estar en nuestro puesto, como vengadores de la injuria más grande que América ha recibido.

Confieso –casi dando un salto en el desarrollo del film– que el ataque final a la morada del Villano no me impresionó como lo esperaba. Ocurre de noche. Las luces salen de los súper cascos de los súper soldados. Hay tiros a destajo, muertos, idas y venidas, hasta que parece que matan a alguien (al que casi no se ve) que es Osama. A partir de aquí, lo ponen en una bolsa, lo llevan a un helicóptero y luego a un avión en que aguarda Maya, quien dice –con apenas un leve movimiento de cabeza– que sí, que es él.

La película ha generado furias de todo tipo. El progresismo norteamericano (que existe, y ya lo creo que existe; sobre todo, claro, en Nueva York) no le ha perdonado nada a Bigelow.

Naomi Wolf le ha enviado una carta personal. La carta es dura y no se ahorra nada. Ni siquiera el símil Bigelow-Riefensthal que resulta evidente para muchos de los que ven la película. ¿Quién es Naomi Wolf? Tiene un peso, un, por decirlo así, predicamento entre los sectores progresistas norteamericanos que la autoriza a decirle a Bigelow lo que abundantemente le dice. Anda por los cincuenta años, nació en San Francisco y su último libro es un éxito de ventas. Se llama The End of America. Postula que su país está muriendo por incurrir en la negación de sus valores tradicionales, los de la democracia. Que se está deslizando hacia el fascismo utilizando como pretexto el acontecimiento del nine eleven que ha llevado a primer plano a todas las fuerzas conservadoras y les ha dado una bandera de lucha, una bandera para la guerra con el argumento falaz e infundado de defenderse de un segundo ataque. (Ver: Antes de que nos ataquen de nuevo, de Bruce Ackerman, y Terrorismo y Contraterrorismo, un libro apoyado por la marina argentina. También The Real America, ese horrible manifiesto de Glenn Beck. Y para vacunarse contra esta catarata autoritaria siempre está el notable La otra historia de los Estados Unidos de Howard Zinn.)

Pero The End of America es un libro apocalíptico. Al menos para eso que los norteamericanos piensan de sí mismos y de aquello que quieren seguir siendo. Ya no seguirán siendo eso, dice Wolf. Si presenciamos el fin de “America” es porque su corrimiento hacia las leyes del fascismo parecen ser inexorables, ya que Obama, en el aspecto de la guerra contra el terror, no se ha diferenciado esencialmente de los republicanos. Le exige a Bigelow que presente las pruebas que la llevaron a filmar su apodíctico film. “Querida amiga –le dice–, presenta tus fuentes. Muestra tus pruebas de que la tortura produjo información que salvó vidas o de cualquier otro tipo. Pero no puedes presentar pruebas de esta información. Porque no existen. Cinco décadas de investigación, citada en el documental de 2008 The End of America, confirma que la tortura no funciona. Robert Fisk suministra otro resumen de esa categórica conclusión. Y este informe de 2011 de Human Rights First refuta la principal premisa de Zero Dark Thirty.”

Y éste es el punto axial de la discusión. Aun cuando se acepte dejar de lado el aspecto moral, ¿sirve la tortura para obtener información, como tarea de inteligencia? Recordemos: uno de los personajes más cercanos a Maya, el que hemos visto torturar con mayor convicción a los sospechosos, dice en la reunión con el jefe de la CIA: “Todo esto se basa en informes de los presos”. Y sin embargo, afirma que sólo hay un 60 por ciento de posibilidades de atrapar a Osama en base a esos datos, en tanto que Maya, terminante, vocifera: “¡Un ciento por ciento!”. Los halcones no quieren abandonar la tortura porque, a través de ella, dan cauce a su sadismo, a su odio racial. Y algo –aunque puedan conseguirlo por otros medios más civilizados, aunque ¿hasta qué punto la tortura no le es hoy inescindible a la civilización como antes lo fueron las grandes masacres de los pueblos colonizados?– conseguirán.

Las palomas seguirán insistiendo en que la tortura no es eficaz, que quiebra no sólo al enemigo sino al torturador, que, además, hunde en la infamia al país, que acostumbra a su pueblo a la brutalidad, al fin de la democracia y a la entronización de la violencia como regla para sobrevivir en la sociedad del dolor.


UNA SERVIDORA





En cuanto al paralelo con Leni Riefensthal, es complejo. Pero me atrevería a decir que perjudica a Bigelow. Leni filma en los albores del nazismo. Filma a comienzos de la década del ’30. Heidegger, en la célebre correspondencia que sostuvo con Marcuse, le dice, justificándose: “Auschwitz no era visible desde 1933”, fecha en que asume el rectorado de la Universidad de Friburgo. Marcuse, desde luego, le dice que sí, que era visible. Leni podría haber dicho lo mismo. Y el tema es materia de discusión. Pero nadie puede discutir que Bigelow filma cuando la Guerra contra el Terror lleva diez años de vejaciones y horrores varios. Sabe bien la causa a cuyo servicio se pone. La carta de Wolf finaliza condenando sin retorno a Bigelow: “El desagradable trabajo que realizó Riefensthal, con el paso del tiempo, no se ha podido ocultar. Los estadounidenses también despertarán y verán a través de la apología de La noche más oscura las mentiras estandarizadas de un régimen que pretende que esta brutalidad es necesaria de alguna manera. Cuando eso suceda, la misma comunidad que hoy te aplaude dará un salto atrás. Como Riefensthal, eres una gran artista. Pero ahora te recordarán eternamente como una servidora de la tortura”.

Como no podía ser de otro modo, el limitado y pretendido politólogo Vargas Llosa se ha metido en esta cuestión. Dice que vio el film de Bigelow en Nueva York y que, al terminar, el público se puso de pie y aplaudió a rabiar. Algunos, se conmueven, lloraban. Viene, en su texto, de comentar un libro de Niall Ferguson que atesora una visión ásperamente pesimista sobre la cultura occidental. Escribe: “Al terminar este film genial y atrozmente autocrítico, los centenares de neoyorquinos que repletaban la sala se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar; a mi lado, había algunos espectadores que lloraban. Allí mismo pensé que Niall Ferguson se equivocaba, que la cultura occidental tiene todavía fuelle para mucho rato”. ¿Por qué no? ¿Cómo no habría de compartir Vargas Llosa el alivio de esos neoyorquinos paranoicos que aceptan cualquier cosa con tal de ser protegidos del feroz terrorismo, del fundamentalismo asesino que les derrumbó esas torres en el mismísimo corazón financiero de Manhattan?

¿Cómo no habría de creer que Occidente tiene larga vida en tanto “servidoras de la tortura” (Naomi Wolf dixit) como Bigelow hagan films financiados por la CIA y el Pentágono?

Sólo un hombre con una visión tan limitada de Occidente y del humanismo no advierte que la tortura no salvará esta contradictoria civilización que, entre atrocidades, ha dado también maravillas al mundo. Si se salva será por entender de una vez por todas algunos de los principios centrales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos declarada el 10 de diciembre de 1948. Que son: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

Y también: Prohibición de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes. Sin embargo, la esperanza se nos vela ante los acontecimientos. Desde 1948 hasta aquí se han acumulado incontables horrores. Cualquier guerrero del Pentágono o de la CIA o de muchos otros países se reiría de esos principios, dictados ante el cercano horror de la Segunda Guerra, con sus cincuenta millones de muertos. Walter Benjamin ya se horrorizaba al ver en la historia una cadena de ruinas. Proponía la concepción de la historia como catástrofe. Aunque, también él, dijo la más hermosa frase que aún puede dar vida a cierta forma de empecinada ilusión: Es por nuestro amor a los desesperados que aún conservamos la esperanza.




18/8/12

DISPAREN A CRISTINA









Todos los cañones del dispositivo mediático están dirigidos, sin medias tintas, a horadar no sólo y exclusivamente al gobierno nacional, a debilitar sus políticas, a describir un escenario de catástrofe que siempre está cumpliéndose o por cumplirse, a demostrar que el rumbo económico que sigue el país nos conduce directamente al precipicio mientras avanza la impunidad delincuencial asociada a una justicia inoperante que se deja seducir por el garantismo que, como es sabido, se preocupa por los criminales y no por los ciudadanos. Hay algo más.




Jorge Lanata
Jorge Lanata

El principal objetivo de algunos de sus “comunicadores” estrella es “deconstruir” (para utilizar un lenguaje más acorde con los juegos semiológicos de los artículos de Beatriz Sarlo), demoler y desbaratar (en sintonía con la jerga efectista de Lanata) los discursos y las intervenciones públicas de Cristina Fernández. De lo que se trata es de rebajar esas intervenciones políticas de quien está al frente del Gobierno y que, día tras día, toma decisiones significativas ante la impasibilidad de una oposición reducida a comparsa de la corporación mediática, a un ejercicio banal propio de un aficionado al stand up. Una retórica de imitador que pone en evidencia, eso señala una y otra vez Sarlo en sus columnas de La Nación (véase en especial la última del lunes 13 de agosto), que la Presidenta no aspira a otra cosa que a la construcción verosímil de una ficción que poco o nada tiene que ver con la realidad pero sí con su abrumador “personalismo” que parece hacer girar toda la espesura del mundo alrededor de sus cuestiones privadas. Siempre se trata de la impostura que sería la marca de origen de aquello que inició Néstor Kirchner y que continúa, con libreto mejorado, su compañera. Una impostura, eso dicen, que se disfraza de producir transformaciones que en realidad sólo existen en el relato.

La Argentina, desde esta visión compartida por Sarlo y Lanata, sigue atrapada en la lógica del simulacro y en la persistencia de la más abrumadora y humillante desigualdad. Para ellos, en definitiva, nada de lo realizado en estos años constituye un cambio en un sentido popular sino un engaño más. De la política de derechos humanos a la recuperación de YPF, de la reconstrucción del trabajo a la reestatización del sistema jubilatorio, del desendeudamiento a la formulación de una política latinoamericana de matriz emancipadora, de la ampliación de derechos sociales a la asignación universal, de la defensa del salario y del mercado interno a la ley de medios, nada real ha sucedido en el país, apenas el gesto virtuoso de quien domina con maestría el arte de la simulación y la retórica ficcional.



Beatriz Sarlo
Beatriz Sarlo

Escriben y hablan, piensan y actúan, ironizan y trivializan, movilizando la espesa trama de prejuicios, banalidades, cuentapropismos morales, ombliguismos varios y sentido común obnubilado propio de amplios sectores medios urbanos (particularmente afincados en las grandes ciudades) que suelen analizar la realidad desde esos esquemas construidos alrededor de frases ruidosas e impactantes, conceptualizaciones simplificadas al extremo, retórica que bordea lo soez, individualismo autorreferencial, y profundo y significativo rechazo de la política. La reaparición de lo popular democrático los espanta y en sus afiebrados cerebros los fantasmas del populismo se afincan provocándoles un pavor atávico.

La figura de Cristina, su indudable capacidad para abrirse un lugar en el sentimiento de los más humildes, su coraje para enfrentar a los poderes corporativos y por afianzar una política a contramano de las hegemonías del capitalismo neoliberal, se les ha convertido en una obsesión a la que buscan destruir de cualquier manera. Saben que ahí se encuentra el blanco fundamental. Y contra él disparan su artillería mediática. Se combinan bien: una escribe utilizando los sofisticados instrumentos de la crítica del discurso y del análisis de las estéticas contemporáneas; el otro movilizando todos los recursos del efectismo televisivo y de las retóricas del golpe bajo con una buena dosis de gestualidad cool y posmoderna destinada a impactar en un target joven y urbano. ¿Se preguntará Sarlo por qué los lectores de La Nación festejan y se sienten tan identificados con sus artículos obsesionados por la figura de Cristina? ¿Y que los dueños del principal diario de la derecha argentina la tengan como una de sus columnistas estrella no le hace el mínimo ruido cuando revisa su historia? ¿Todo da lo mismo? ¿Encontrará Lanata el hilo secreto que le permite ser el fundador de Página 12 y actual periodista todoterreno del Grupo Clarín? ¿Qué continuidades existen entre cierto “progresismo” que proliferó en la década del ’90 al calor de la desideologización y las retóricas sarliana y lanatista?


    "Suelen analizar la realidad alrededor de frases ruidosas e impactantes, conceptualizaciones simplificadas al extremo, retórica que bordea lo soez, individualismo autorreferencial, y profundo y significativo rechazo de la política".


Nunca, en estos comentadores que despliegan su tarea de “demolición” desde los grandes medios de comunicación sin siquiera interrogarse por el famoso “lugar de enunciación”, aparece una reflexión crítica respecto de los intereses de aquellos que atacan sin contemplaciones al gobierno nacional. Nunca emergen los rostros del poder económico, nunca despliegan una contextualización histórica ni se preocupan por pensar la disputa en el interior de la sociedad. No existe, para ellos, crisis económica mundial, concentración de la riqueza, neoliberalismo, impunidad de un capitalismo afincado en la acumulación financiera, intentos sistemáticos de debilitar a los gobiernos populares de Sudamérica, conjuras restauracionistas de una derecha que siempre está a la espera de su oportunidad para recuperar las riendas del poder político, golpes de mercado, corporaciones mediáticas, acciones destituyentes que utilizan recursos constitucionales (¿les dice algo los nombres de Honduras y Paraguay?), impunidad para los genocidas y manipulación de la historia bajo las premisas de la reconciliación y el olvido.


¿No resulta extraño que haya desaparecido de su vocabulario cualquier referencia a la derecha, al poder corporativo e, incluso, al neoliberalismo? Los actuales “progresistas” prefieren desviar su atención hacia los semblantes, las estéticas, el estilo discursivo de Cristina, los simulacros, las “carencias republicanas”, el “hegemonismo autoritario” expresado en el uso de la cadena nacional, la supuesta falta de “calidad institucional” y el infaltable latiguillo de la “corrupción”. Lo demás es silencio.



Ricardo Forster
Ricardo Forster

Un profundo obstáculo epistemológico (para utilizar la certera categoría inventada por Gastón Bachelard) les impide comprender la novedad que viene aconteciendo en esta región del mundo. El obstáculo, en ellos, se corresponde con su elección política y su identificación con el poder económico-mediático. Por eso le han declarado la guerra (munidos de una impiadosa munición discursiva) al kirchnerismo bajo la modalidad de disparar, casi siempre, hacia la figura presidencial. Lo llamativo es que siguen insistiendo con aquello de que es el propio kirchnerismo el que ha transformado el escenario argentino en una guerra sin cuartel mientras se dedican, sin sonrojarse, a alimentar el odio de ciertos sectores de las clases medias.

Sarlo y Lanata escriben y hablan desde una abstracción mediática; siguen, con absoluta consecuencia, por los andariveles de la espectacularización discursiva tan afín a la época dominada por el esteticismo, el golpe de efecto, la ficcionalización y la reducción de lo real a pura virtualidad. Les encanta moverse (no sólo a Lanata) por los escenarios que conducen hacia las candilejas de las celebridades. Y para eso, para adecuarse a las exigencias de la sociedad del espectáculo, diluyen el espesor de la realidad, la compleja trama en la que se expresan los distintos intereses sociales, políticos, económicos e ideológicos, a discursividades vacías y de rápida digestión intelectual. En el mundo en el que se mueven todo es impostura que se adapta, sin inconvenientes, al guión de turno, ese que requiere cada stand up del capocómico del periodismo, y que tiene como principal objetivo, como núcleo estratégico de la oposición “real”, reducir a risa y a sarcasmo aquello identificable con el kirchnerismo. El odio violento, el prejuicio salvaje se disfraza de ejercicio grotesco y de imaginativa comicidad.

Horadar, dañar, esmerilar, vaciar de contenido, despolitizar, son algunas de las intenciones de estas “críticas” que siempre giran alrededor de los discursos de Cristina. Sarlo y Lanata, como ejemplares representantes de cierta clase media aficionada a leer La Nación y a regodearse con el stand up dominguero, dejan que su imaginación se impregne de la totalidad del prejuicio que enfervoriza el reaccionarismo contemporáneo y que asume, como decía Nicolás Casullo, la forma del cualunquismo antipolítico. En el fondo no han salido de la década del ’90. Su visión del mundo sigue respondiendo a la matriz hegemónica de una época que vino, cual nuevo evangelio, a anunciar el fin de la historia y la muerte de las ideologías. Nada quedaba del espesor de una realidad convertida, por arte y magia de los lenguajes audiovisuales, en una pugna de imágenes y relatos virtuales responsables por el desvanecimiento de la materialidad histórico-social. Era, y para ellos sigue siendo, el tiempo de la ficción y de lo que Beatriz Sarlo llamó “celebrityland”. Nada de conflicto real, nada de disputa de poder ni de politización, nada de contradicciones sociales ni económicas, fin de toda forma localizable de dominación, evaporación de la lógica capitalista transformada, ahora, en globalización sin contenidos.

Por eso no pueden interpretar los discursos de Cristina sin recurrir, una y otra vez, al paradigma baudrillardiano de “la realidad virtual” que le permitió al filósofo francés reducir la primera Guerra del Golfo a un videogame. Capturados por la ideología noventista, fascinados por los lenguajes mediáticos y atrincherados en su fobia ante la amenaza del “retorno” del conflicto propio del genuino lenguaje político-democrático, ese que recupera la dimensión material de los asuntos humanos, no pueden sino reducir la disputa que puso en evidencia el kirchnerismo a un mero asunto de ficciones en pugna.

Y en esa disputa de relatos artificiales tampoco aparece, en Sarlo y Lanata, la descripción crítica del “otro relato”, de ese contra el que ejerce su batalla “épica” Cristina. Nada de interrogarse, aunque sea de pasada, por los espectros corporativos a los que hace referencia el kirchnerismo. Detrás de bambalinas no hay nada. No hay concentración de la riqueza, no hay manipulación mediática, no hay derecha ni políticas neoliberales dispuestas a regresar a escena, no tienen ideología ni intereses La Nación y el Grupo Clarín, nada significan los procesos populares que se vienen desarrollando en América latina ni tampoco hay lugar para detenerse a pensar qué significación tiene la crisis del capitalismo central ni, claro, establecer algunas relaciones entre lo que sucedió entre nosotros en los ’90 y el salvajismo de las políticas de ajuste que se vienen llevando adelante en la Europa mediterránea.


Como ya no hay historia ni realidad, como de lo único que se trata es de la virtualidad y de sus evanescencias lingüísticas, no es necesario regresar sobre anacronismos insustanciales que, en verdad, sólo nos conducen hacia un pasado convertido en pieza de museo. Ellos son hipermodernos, sofisticados cultores de las nuevas tecnologías de la comunicación y estetas del más allá de la política y de las ideologías. Cruzados, aunque la palabra los horroriza, contra el “retorno”, así lo sienten, del populismo profusamente representado por la impostura de las imposturas: el kirchnerismo.