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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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28/10/17

ZAFFARONI: "Democracia o Dictadura"





En torno al debate sobre el Estado de Derecho
Buenos Aires, 5 de octubre de 2017

Bajo el signo del poder de policía


Nuestra idea de “dictadura” suele evocar la última y, para los más memoriosos, la de 1955 o incluso la de 1930, sin contar con otros periodos más discutibles. Preocupa que con ese concepto difuso a veces se hable hoy de una “dictadura”, porque confunde la naturaleza del actual momento político y equivoca la crítica.

Decididamente, no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.

Después de la implosión del totalitarismo del llamado “socialismo real”, el capitalismo hizo un giro hacia el totalitarismo que acabó con su variable keynesiana, instalando en el poder a los tecnócratas que manejan corporaciones transnacionales en detrimento de la política, que lo va perdiendo en beneficio de estos chiefs executive officers, que son la nueva oligarquía planetaria, que ya concentra en el 1% de la humanidad el equivalente a lo que recibe el 57% más pobre de ella.

    “… no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.”

Esto no es el producto de la concentración de capital que vaticinaba la Suprema Corte norteamericana a fines del siglo XIX, imaginando que un día los monopolios debían “derramar” alguna riqueza para crear mercado de consumo, o el que preveía Lenin con un final completamente diferente. Las cosas no fueron por ninguno de esos caminos, porque hace cien años no se podía calcular que un día irrumpirían masas de dinero de propietarios ignotos, manejadas por tecnócratas, que buscasen sólo concentrar más dinero en el menor tiempo a costa de cometer “macrodelitos”, cuyo crecimiento superase con creces al de la producción y que ese afán plutocrático ni siquiera se detuviese ante el deterioro acelerado de las condiciones de vida humana en el planeta.

Para colmo, el dinero que se concentra no existe, ni siquiera en los billetes verdes en que todos confiamos, porque aunque parezca mentira sólo una mínima parte de todos los billetes que se contabilizan y circulan por computadora existe en la realidad. ¿Cómo es esto posible? Muy sencillo: el dinero que depositamos en los bancos se presta y vuelve a los bancos que lo vuelven a prestar y, al final, los billetes que quedan en el banco son apenas una séptima parte de los que entregamos al depositar, de modo que si todos retirásemos nuestros depósitos, los bancos no podrían devolverlos, quebrarían porque no los tienen.

El llamado “neoliberalismo” (con perdón de los viejos liberales, que con todos sus defectos nunca pensaron semejantes incoherencias) defiende la “libertad” de esas ficciones que son las corporaciones, pero no de los seres humanos de carne y hueso y, además la teoriza, adueñado de las universidades, del Premio Nobel de Economía y de los monopolios de medios.

Este poder totalitario avanza por el mundo a propulsión delitos de dimensiones astronómicas: estafas, coacciones, administraciones fraudulentas, cohechos, trabajo esclavo a distancia, y un enorme aparato de encubrimiento por receptación, que es el servicio de reciclaje de dinero del hemisferio norte, que legaliza el producto de toda la criminalidad organizada y de la evasión fiscal de todo el mundo.

El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando su instrumento, o sea, el Estado. En los países sede de las corporaciones sus líderes políticos son agentes de las corporaciones, al menos desde la traición mundial a la política protagonizada por Reagan y Tatcher. Nuestra región no escapa a la regla: debilitan nuestros Estados.

¿Cómo lo hacen? Mediante el cohecho activo, es decir, ofreciendo y pagando “coimas” que les permiten tomar como rehenes a los politicastros que les son funcionales; debilitando la autonomía de los poderes judiciales con jueces “propios”; corrompiendo a las policías mediante la prohibición de tóxicos; neutralizando la defensa nacional al involucrar a las fuerzas armadas en funciones policiales; mostrando a la política como sucia, corrupta y perversa; creando políticos que no se presentan como políticos (imitación de Trump); estigmatizando al sindicalismo; fabricando enemigos, como los Mapuche y los adolescentes de barrios precarios; metiéndose en los servicios de informaciones autonomizados; difamando a cualquier disidente y a los defensores de Derechos Humanos y del medio ambiente; haciendo callar toda voz diferente; y cuando todo eso no alcanza, acudiendo a la violencia institucional, y podríamos seguir varias páginas más detalladas.

Por supuesto que la columna vertebral o instrumento central indispensable a esta faena destructora son los monopolios de medios de comunicación, que también son corporaciones y que crean una realidad virtual que hoy se llama “posverdad”, pero que no es nada nuevo ni muy diferente a Göbbels ni a la fábula de los “Protocolos de los sabios de Sión”, salvo en que hoy está más desarrollada la tecnología del “marketing”.

    “El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando el Estado mediante el instrumento central indispensable a esta faena destructora que son los monopolios de medios de comunicación ..."

Este poder totalitario colonialista y delincuencial no instala una “dictadura”, sino que deteriora y degrada al Estado de Derecho (que somete a todos por igual a la ley), que nunca en el mundo real llega a ser como su modelo ideal. El Estado de Derecho es una cápsula que contiene a su contrario, que es el Estado de policía (que somete a todos a la voluntad arbitraria de los que mandan), que tampoco nunca es como su modelo ideal.

Los Estados reales oscilan entre los dos modelos ideales en una continua tensión de pulsiones entre la cápsula que trata de contener las del Estado de policía, y éste que trata de perforarla y hacerla estallar. Lo que vivimos es producto de las perforaciones que logra el Estado de policía en la cápsula del Estado de Derecho, es decir, el debilitamiento programado de este último.

Estamos viviendo en un Estado de Derecho deteriorado, degradado, debilitado, con deterioro de la política y de las instituciones democráticas, con pérdida de seguridad jurídica, carente de una justicia imparcial, con un Ejecutivo unipersonal que manipula al Legislativo y al Judicial, con un monopolio mediático que crea realidad a gusto, es decir, un Estado que pierde soberanía y con ella independencia, como lo quiere esta etapa del colonialismo, inherente a la condición periférica del totalitarismo corporativo.

No es una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.

    “No vivimos una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.”

Pero no hay poder macizo, sin contradicciones, orificios de fuga ni fisuras; si alguna vez lo hubiese habido ni el lector leería esto ni yo podría escribirlo.

Sabemos que este sistema no se sostiene (“Laudato si”). La humanidad no se suicidará, la historia está en nuestras manos y la lucha por el derecho continúa y continuará, pero no contra una dictadura, sino contra las pulsiones de un totalitarismo corporativo y plutocrático que degrada al Estado de Derecho, debilitándolo para someternos más y mejor.



E. Raúl Zaffaroni
Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires






26/10/17

UNA POLÍTICA SIN AFUERA







El macrismo crea realidad. En su aparente torpeza, en su aparente estupidez, crea realidad. No refleja lo que es, no oculta lo que es. Crea, inventa, produce. No en paralelo a otra cosa. Crea un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos.

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Como en The Truman show, rebotamos contra la nube. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera. Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras.

¿Cuántas palabras tiene el vocabulario Macri? ¿O el vocabulario Bulrich, ella o él, es lo mismo? ¿Cuántas? No importa. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir. Si no entrás, te quedás pataleando en la puerta y rebotando contra la nube.

Por eso, para muchos de nosotros, la sensación de la época es la impotencia. La impotencia es más grande que la bronca y más grande que la tristeza. Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.

Contra el pensamiento crítico, los talleres de entusiasmo de Alejandro R. El macrismo es un diluyente para cualquier argumento y la impotencia se hace visible en nosotros.

Nuevamente: ¿Cuántos conceptos tiene la realidad Cambiemos? Evidentemente muchos más de lo que vemos y todos los que vemos: Macri tomando mate o abrazando a un pobre o tocando el timbre en Berazategui es un concepto, es una creación de realidad Cambiemos. Los besos al aire de Vidal son un concepto, también son realidad Cambiemos. “Nosotros”, “en todo estás vos” son una puesta en escena, no una forma de inclusión.

La cara de María Eugenia Vidal también es un concepto: su gesto es muy eficaz para la incorporación de jóvenes a este sistema cerrado de una realidad propia. Toda ella es el vecino, toda ella es el sí se puede, toda ella es el “en cada rincón estoy con vos”. Es una reificación del concepto, una puesta en acto. En ella, en las señas de su cara, en su tono de voz, los conceptos se hacen visibles. Vidal, en esta realidad Cambiemos, es pura ganancia.

Una política sin afuera requiere de un sistema de captura almibarado. Vidal es sedosa, envolvente, casi etérea. Ideal para la captura. Convierte el afuera en una situación sensible: Lucha contra el narcotráfico está incorporado, no como problema, sino como una puesta en escena: lo que más se ve del tema no es la droga sino el “sacrificio” de tener su hogar en una base militar.

Vidal es la Mujer Pro, la Mujer candidata. No necesita casi de nada. Su apariencia piadosa y su derrame Pan Triste, son más eficaces que todo Duran Barba. No le teme ni a Macri ni a Carrió.

Vidal y Carrió se repelen porque son lo mismo: las dos son bastardas en un mundo de aristócratas. Ninguna de ellas es de clase; ninguna creció con todo resuelto. Las dos son religiosas. Carrió con cuerpo de cura obeso e impunidad de fanático; Vidal como una beata devocional. (Las dos son mujeres religiosas; también Michetti, aunque desplazada por el pecado de gula 2015 “CABA es sólo mía”).

En esta lógica, ¿dónde situar a Milagro Sala, a Santiago Maldonado, las tropelías en el poder judicial, el fraude electoral? La respuesta del macrismo es la de remitir a significantes vacíos: está en manos de la justicia es el utilizado para Milagro, por ejemplo. Los significantes vacíos son parte del sistema de realidad Pro.

El pobre, el jubilado, los que duermen en la calle, los desocupados no son significantes vacíos. Pobreza cero, reparación histórica, emprendedores son conceptos de la matrix Pro que no fueron suficientes para convencer. Parece no alcanzar. ¿Nos mintieron? No. ¿Qué hicieron? Crearon más realidad: vamos juntos hacia adelante, nuestro compromiso es que vos llegues, juntos venimos bien, “yo quiero darte todo lo que falte”, dice una de las canciones Cambiemos. O sea, no hay que profundizar ni discutir las causas. Lo que hay es futuro: lo que vemos como mentira o engaño es una promesa a futuro.

El concepto “futuro” es un andamio fundamental en la construcción actual de Cambiemos: “sabemos que hay muchos que no ven todavía la mejora en la economía”; “van a llegar las inversiones”; “cómo no sentir esperanza”; “en equipo lo estamos haciendo posible”. La máquina conceptual del macrismo tiene en el futuro el soporte para mantener una política sin afuera. Mientras tanto, la puesta en escena funciona y el grado de eficacia es enorme.

Pero, la promesa de lo que ha de venir tiene fecha de vencimiento. A diferencia del pasado, que no vence, el futuro en la economía y en la política sí tiene fecha de vencimiento.

Entonces lo real, lo que sucede, el afuera arrollador se impone por encima de cualquier realidad creada y sin ninguna mediación.












24/10/17

22 de Octubre: Hoy aquí empieza todo







Se descorrió el telón electoral finalmente y la decisión popular reordenó el nuevo escenario donde se desarrollarán los próximos dos años de vida democrática.

Mirá que interesante el panorama que se abrió:

1.-El macrismo se consolidó como el partido de la derecha a nivel nacional.

2.- Cristina, aun perdiendo, se consolidó como la dirigente con más densidad de votos en la provincia de Buenos Aires y por ende, del país. Ningún gobernante y/o dirigente del peronismo logró la contundencia de votos que ella logró arrancando su campaña con un solo capital político expresado en: voluntad, decisión, proyecto, convicciones y memoria colectiva. No es poco para empezar de nuevo.

3.-Unidad Ciudadana emerge como la base de una nueva construcción social y política a construir que incluye la herramienta electoral pero no se agota allí. Cuando alguien pregunte cómo se llama la oposición a Macri, de ahora en más habrá una sola respuesta mayoritaria: Cristina Fernández de Kirchner.

4.-Perdieron todas las falsas oposiciones que priorizaron sus buenas amistades con el gobierno de Macri y, por el contrario, triunfaron aquellas alternativas que se plantaron con firmeza frente a las políticas de ajuste neoliberal y de desprecio al estado de derecho.

5.-Implotó definitivamente la tesis de la “tercera via” expresada por Massa y otros espacios afines, como el de Randazzo. Aunque hay que subrayar que todos ellos colaboraron directa o indirectamente en apuntalar el triunfo electoral del macrismo. Sigue siendo una verdadera pena que mucha militancia honesta se haya dejado llevar por operadores que nada tienen que ver con la lucha de los sectores populares que esa militancia expresa. Ojalá recapaciten y vuelvan al lugar de donde nunca tendrían que haberse alejado. Para no volver a errar el rumbo tendrán que admitir que vienen de posibilitar que no haya ingresado al Senado un militante de la entereza y la dignidad de Jorge Taiana.

Así, los que quisieron negar y competir con el liderazgo de Cristina cayeron al vacío. ¿Hace falta ponerles nombre y apellido?

6.-En el escenario quedaron en pie, de manera desigual y combinada, sólo dos contendientes y es muy probable que de la resolución final de esta contienda dependa el destino de los argentinos para lo que reste del siglo XXI.

Esos dos contendientes son: Cambiemos de un lado y Unidad Ciudadana, del otro. O si se prefiere: el neoliberalismo salvaje y el movimiento nacional y popular. El poder económico y el pueblo. Macri y Cristina.

7.-El campo popular, con sus dificultades, tendrá de aquí en más todo a su favor para ensanchar su caudal. Dependerá de la inteligencia y la grandeza de sus dirigentes posibilitar la construcción de un amplio frente que reúna en su seno todas las energías necesarias que se muestren dispuestas a enfrentar el salvajismo de la derecha y reconstruir en consecuencia una alternativa capaz de volver a gobernar el país para las mayorías populares.

8.-Sabemos que el gobierno que ganó estas elecciones legislativas sólo traerá dolor y despojo a los sectores sociales. Ganó la derecha. Es decir, ganó la expresión renovada de los sectores más ricos, más concentrados y poderosos de la economía local y trasnacional. Nada bueno para el pueblo habrá que esperar de ese lado de la vida.

9.-Ahora bien, como la política no escribe manuales de autoayuda sino hojas de ruta y cartas de navegación donde se miden y planifican los objetivos en función de las distancias y los vientos, de las relaciones de fuerza y el sentido común dominante en cada coyuntura, habrá que empezar por saber que el domingo 22 de octubre terminó de expirar el viejo sistema de partidos políticos que rigió en la Argentina desde mitad del siglo XX hasta principios de este siglo XXI.

¿Dónde está el peronismo ahora?

¿Dónde está el radicalismo ahora?

¿Dónde está representada la vieja oligarquía terrateniente y la nueva oligarquía agro-financiera ahora?

¿Dónde están representados los trabajadores y las clases medias oprimidas ahora?

El escenario se reconfiguró, pero sin fragmentarse al infinito. Y eso es un buen dato.

10.-Se recreó un nuevo bipartidismo que deja al desnudo como nunca antes las contradicciones antagónicas de esta sociedad.

La derecha ya no precisa intermediarios para gobernar. Y el movimiento popular, en reconstrucción, tampoco; porque tiene en Cristina un liderazgo que lejos de opacar sus objetivos y su representación social, se muestra dispuesto a consolidar y ensanchar las bases del movimiento popular sin dobleces ni medias tintas.

Estos dos polos son los que se enfrentan y enfrentarán de aquí en más, en paz y en democracia, hasta encontrar un punto de apoyo histórico que resulte más estable y consolidado para los próximos años.
Si el movimiento popular no se dispersa más y consigue desde este presente disparar coordenadas de entendimiento y construcción frentistas hacia adelante, estaremos ante la posibilidad histórica de afrontar los próximos desafíos con mayores recursos y con más claridad en el discernimiento de las clases sociales que componen este entramado llamado pueblo.

11.-Como requisitos imprescindibles para este desafío se imponen la memoria, las convicciones, la propia identidad y la identificación con un proyecto de país que está en las antípodas del proyecto de minorías que hoy gobiernan.

Contamos con una base territorial importante, aunque no suficiente, una militancia mayoritariamente joven, un liderazgo como el de Cristina, y además, contamos con el factor tiempo para seguir avanzando. Necesitamos tiempo, no sólo el que marca el calendario y el reloj; sino ese tiempo político que se construye día a día en cada lugar de militancia.

12.-La derrota duele. Tenemos mucha historia como para no saberlo. Pero hay que sobreponerse rápidamente porque en diciembre hay que llenar las plazas para acompañar a Cristina y los nuevos legisladores que asumirán las bancas como si fueran banderas que flamean en lo alto y resisten y marchan hacia la victoria, siempre.

Y antes hay que estar de pie en los innumerables conflictos sociales que sobrevendrán de aquí en más. Y hay que estar decididos a lograr verdad y justicia para Santiago Maldonado. Y hay que aguantar los trapos como lo venimos haciendo desde hace doscientos años.

O sea... ¡Si Cristina no se rinde, aquí no se rinde nadie!

Jorge Giles




18/10/17

Cambiemos, una manera de ser





No se parecen a nada de lo que conoció la política argentina. Hacen de la eficiencia un culto y de la falta de pensamiento crítico una herramienta. Desde allí construyen conceptos que no son ideas sino aplicaciones. Es lo que fue y lo que se viene.

Son otra cosa. No son la rancia aristocracia del siglo XIX; no son las fieras fascistas del treinta. Se parecen a los de la Revolución Libertadora (los antiperonistas se parecen, cualquiera sea la filiación política o ideológica). Pero estos de ahora son definitivamente otra cosa. Varias, no una, pero lo que más son es efectivos (por eso mismo son patoteros).

En la política son de genealogía reciente, de fines de los años setenta y comienzos de los ochenta: finanzas y era digital. O sea, máquinas de producción y resultado. Ni Roca, ni Agustín P. Justo, ni Frondizi. Ni Onganía, ni De la Sota, ni Cobos. Eso es carne vieja. Los de ahora son buitres de carroña actual. No son de derecha: no es ese el rango que los mide. Son otra cosa; neo-empresarios, de bicicleta, aire libre y viernes casual. No tienen país de origen, no les importa la Argentina. Pueden vivir aquí o en cualquier lado.

No son conservadores ni ilustrados. Son gentes a pura eficiencia y con muchos recursos técnicos. No tienen cultura, apenas aquella necesaria para el desplazamiento. En general son iletrados, de bostezo fácil frente a un libro.


Tienen preocupación por las formas, porque es parte del mismo asunto. Formas superficiales, de packaging de felicidad y armonía, de cartel en el subte que dice: “Si alguien se siente mal, ayudémoslo”. Lo obvio se convierte en slogan. Este marketing de vida sana y comprensión es la exudación de la economía política que sostienen.




Son corporaciones que negocian. Ni fábricas fordistas ni empresa familiar. Estas corporaciones no tienen dueño, los excede. Son más grandes las acciones que la voluntad individual de un dueño. Por eso no importa si es Mauricio Macri o quién sea. Macri es un muy buen exponente, sí, pero el asunto es más amplio, de inscripción internacional, de lazos más complicados, de intereses cruzados.

Tienen entrenamiento en el exterior, todos bajo el ala de las finanzas; son eficaces, muy eficaces para lo que quieren. Insisto: no son la derecha ni son conservadores. Son neo. Pura demolición a fuerza de anticipación financiera.

Neo; no es ambición sino procedimiento: es la forma de operación sobre los otros. La eficacia no admite caras, ni parentescos, ni pertenencia grupal. Cuando hablan de equipo es porque los vínculos responden a esquemas funcionales. Son cuerpos de abrazo rígido, de compromiso con la tarea y nada de comunión. Es un equipo gélido. Por eso se abrazan como repeliéndose.

La forma de operar sobre los otros es bajo una apariencia (amenaza) de modernización permanente. El Ministerio de modernización es la institucionalización del dominio financiero por encima de cualquier otra razón.

No son humanistas, no dudan. Retroceden, a veces, pero no dudan. Saben a dónde van y no necesitan que haya alguna mediación. No tienen un proyecto de país. No les importa. Son lo más agudo del capitalismo, su bisturí más impiadoso.

No es un nombre. Son otra cosa: una raza política nueva que casi no conocemos.

La administración del gobierno actual tiene una forma específica de ejercer poder: es la política vaciada como aplicación (app). No hay votantes, hay usuarios. Eso ofrecieron en las elecciones: aplicaciones para usuarios. Es decir, herramientas de uso y habilitación personal: ser felices, estar todos juntos, la alegría es poder colaborar, en todo estás vos, mirar al futuro. La aplicación más elocuente: cambiemos. Ante cualquiera de estas aplicaciones, la fuerza argumental en contra es vista como violencia. Y en el colmo de la aplicación, como soberbia.

La política como aplicación es el desplazamiento del elector al usuario móvil. La eficacia y la extensión de los íconos salen de las pantallas y se instalan y actualizan en la vida cotidiana.

Google play: 700 mil aplicaciones bajadas. Android: más de un millón. Apple, millón y medio aprobadas desde 2008. 35.000 millones de descargas. La extensión no reconoce clase social ni lugar de origen. 35.000 millones (sólo de Apple) es signo de una práctica orgánica, de un tipo de necesidad vital. 35.000 millones: no elegimos, estamos adentro.

Sergio Massa como opositor peronista es una aplicación del gobierno actual. En otras funciones, lo mismo Hugo Moyano y también lo fue el Momo Venegas. Los intendentes radicales, volver al mundo, el fin del cepo, ñoqui, contramilitancia, todas son aplicaciones conminadas al uso y la propagación. Y efectivas para administrar usuarios. El yaguareté de los billetes es la aplicación “basta de historia política”. Multitasking Pro.

Narcotráfico: la reiteración del tema, la insistencia y difusión permanente, es la composición de una nueva aplicación. Es necesario instalar el ícono en cada pantalla: Narcotráfico. No vemos claramente qué es; es suficiente el ícono. Eugenio Zaffaroni da un reportaje. Argumenta: “Al narcotráfico no le importa la Argentina porque queda lejos de Estados Unidos, lejos del lugar del consumo. El narcotráfico no es un problema aquí”. La aplicación se distribuye igual. A la aplicación no le importa Zaffaroni, no hay lugar para los argumentos de Zaffaroni.




La aplicación es eficiencia sin ética ni compromiso. Por eso puede ser una y lo contrario. Carlos Melconián: “Vamos a devaluar”; Macri, un día después: “No devaluamos”. La aplicación se actualiza. Todo es posible.

Cedamos siempre el asiento. Dejemos bajar antes de subir. Tiremos la basura en los cestos: aplicaciones para la vida Pro. La más clara, la que indica el gesto de un solapado disciplinamiento social: Esperemos siempre detrás de la línea amarilla.

No todo es aplicación. El poder judicial, el poder mediático y las fuerzas de seguridad no son aplicaciones, son la garantía de funcionamiento de las aplicaciones. ¿Para qué? Para la marcha precisa de la economía financiera y del vaciado político.

La aplicación que ya no sirve, se borra o se elimina (Ernesto Sanz y buena parte del radicalismo).

El ícono Pro, con su tecla de avance, no es un partido sino una aplicación con voluntad de vaciado político. El gobierno Pro no fue votado, fue descargado por un 51 por ciento de usuarios. Esa es su conquista inesperada. Y, a la vez, toda su fragilidad.

El macrismo crea realidad. En su aparente torpeza, en su aparente estupidez, crea realidad. No refleja lo que es, no oculta lo que es. Crea, inventa, produce. No en paralelo a otra cosa. Crea un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos.

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Como en The Truman show, rebotamos contra la nube. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera. Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras.

¿Cuántas palabras tiene el vocabulario Macri? ¿O el vocabulario Bulrich, ella o él, es lo mismo? ¿Cuántas? No importa. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir. Si no entrás, te quedás pataleando en la puerta y rebotando contra la nube.

Por eso, para muchos de nosotros, la sensación de la época es la impotencia. La impotencia es más grande que la bronca y más grande que la tristeza. Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.

Contra el pensamiento crítico, los talleres de entusiasmo de Alejandro R. El macrismo es un diluyente para cualquier argumento y la impotencia se hace visible en nosotros.

Nuevamente: ¿Cuántos conceptos tiene la realidad Cambiemos? Evidentemente muchos más de lo que vemos y todos los que vemos: Macri tomando mate o abrazando a un pobre o tocando el timbre en Berazategui es un concepto, es una creación de realidad Cambiemos. Los besos al aire de Vidal son un concepto, también son realidad Cambiemos. “Nosotros”, “en todo estás vos” son una puesta en escena, no una forma de inclusión.

La cara de María Eugenia Vidal también es un concepto: su gesto es muy eficaz para la incorporación de jóvenes a este sistema cerrado de una realidad propia. Toda ella es el vecino, toda ella es el sí se puede, toda ella es el “en cada rincón estoy con vos”. Es una reificación del concepto, una puesta en acto. En ella, en las señas de su cara, en su tono de voz, los conceptos se hacen visibles. Vidal, en esta realidad Cambiemos, es pura ganancia.




Una política sin afuera requiere de un sistema de captura almibarado. Vidal es sedosa, envolvente, casi etérea. Ideal para la captura. Convierte el afuera en una situación sensible: Lucha contra el narcotráfico está incorporado, no como problema, sino como una puesta en escena: lo que más se ve del tema no es la droga sino el “sacrificio” de tener su hogar en una base militar.

Vidal es la Mujer Pro, la Mujer candidata. No necesita casi de nada. Su apariencia piadosa y su derrame Pan Triste, son más eficaces que todo Durán Barba. No le teme ni a Macri ni a Carrió.

Vidal y Carrió se repelen porque son lo mismo: las dos son bastardas en un mundo de aristócratas. Ninguna de ellas es de clase; ninguna creció con todo resuelto. Las dos son religiosas. Carrió con cuerpo de cura obeso e impunidad de fanático; Vidal como una beata devocional. (Las dos son mujeres religiosas; también Michetti, aunque desplazada por el pecado de gula 2015 “CABA es sólo mía”).

En esta lógica, ¿dónde situar a Milagro Sala, a Santiago Maldonado, las tropelías en el poder judicial, el fraude electoral? La respuesta del macrismo es la de remitir a significantes vacíos: está en manos de la justicia es el utilizado para Milagro, por ejemplo. Los significantes vacíos son parte del sistema de realidad Pro.

El pobre, el jubilado, los que duermen en la calle, los desocupados no son significantes vacíos. Pobreza cero, reparación histórica, emprendedores son conceptos de la matrix Pro que no fueron suficientes para convencer. Parece no alcanzar. ¿Nos mintieron? No. ¿Qué hicieron? Crearon más realidad: vamos juntos hacia adelante, nuestro compromiso es que vos llegues, juntos venimos bien, “yo quiero darte todo lo que falte”, dice una de las canciones Cambiemos. O sea, no hay que profundizar ni discutir las causas. Lo que hay es futuro: lo que vemos como mentira o engaño es una promesa a futuro.

El concepto “futuro” es un andamio fundamental en la construcción actual de Cambiemos: “sabemos que hay muchos que no ven todavía la mejora en la economía”; “van a llegar las inversiones”; “cómo no sentir esperanza”; “en equipo lo estamos haciendo posible”. La máquina conceptual del macrismo tiene en el futuro el soporte para mantener una política sin afuera. Mientras tanto, la puesta en escena funciona y el grado de eficacia es enorme.

Pero, la promesa de lo que ha de venir tiene fecha de vencimiento. A diferencia del pasado, que no vence, el futuro en la economía y en la política sí tiene fecha de vencimiento.

Entonces lo real, lo que sucede, el afuera arrollador se impone por encima de cualquier realidad creada y sin ninguna mediación.