28/8/18

LA SEGUNDA RESISTENCIA





Dado el incalculable daño causado a la República por este gobierno, la verdad es que la respuesta popular ha sido hasta ahora muy prudente. El desastre económico y social (hambre, desempleo, destrucción del sistema productivo y provisional, y de la educación, salud y ciencia) ha alcanzado niveles que jamás nadie imaginó. Pero el presente ominoso que vivimos -siendo doloroso y desalentador- no por eso ha vencido al pueblo argentino ni mucho menos.

Y tampoco lo doblega el circo periodístico, pletórico de fotocopias dudosas y sin pericias caligráficas, que ofrece arrepentimientos insinceros arrancados a fuerza de chantaje judicial. Con lo que las “confesiones” son truchas porque los dizque “arrepentidos” son corruptos perdonados a cambio de acusaciones verbales y sin pruebas, como si el deshonor se lavara con el agua bendita de Comodoro Pro. Y encima no deja de ser llamativo que en la lista de empresarios coimeros que se autoincriminan diariamente ante el sergiomoro argentino sigue sin ser citado el Sr. Franco Macri. Ausencia más que notoria, impresionante. A menos que sea el único hiperempresario que jamás ofreció ni cobró una coima.

Pero sí es verdad que la organización de la oposición se ha demorado, en parte por la velocidad, audacia y heterodoxia con que el oficialismo impone decisiones, a la vez que siembra cizaña y miente con descaro. No obstante lo cual, aunque llevó más tiempo del deseado, la organización popular empieza a ser visible.

Obviamente no es un proceso concluído y su evolución es lenta y probablemente será dolorosa, porque el más grave daño moral infligido a la república por este gobierno es el odio que instalaron, que es un odio de clases, un odio gorila que genera resentimiento en los subsuelos de la Patria y hoy opera con la misma ferocidad que en los bombardeos criminales de otros odiadores, los de junio de 1955, que de hecho son los mismos, reciclados, porque estos son hijos y nietos putativos de aquellos oligarcas, igualmente corruptos y violentos.

Por eso quizás sea pertinente hablar de una Segunda Resistencia. Que, como hace décadas, se está gestando y será una tromba, aunque quizás todavía no se vea clara porque aún es tiempo de apechugar y tomar impulso.

Quizás muchos jóvenes ignoren qué fue la Resistencia Peronista, nombre con el que la Historia Argentina recuerda el enfrentamiento a las dictaduras y gobiernos civiles instalados a partir del golpe de estado que el 16 de septiembre de 1955 derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Hasta el 25 de mayo del 73, cuando una gran victoria electoral llevó a la presidencia a Héctor J. Cámpora, fueron 18 años de lucha contra todos los gobiernos instalados mediante golpes de estado y elecciones con el peronismo proscripto.

Si hace décadas aquella Resistencia -que fue sindical, estudiantil, juvenil, barrial y cultural e incluso religiosa- tenía por objetivo el regreso de Perón al país y la realización de elecciones libres y sin proscripciones, la de hoy puede y debe ser mejor. Porque ya no es sólo peronista, ni kirchnerista solamente, sino que ahora hermana a todo el pensamiento nacional y popular, incluyendo a los muchos radicales que no se doblaron, a los socialistas de buena memoria que honran a Alfredo Palacios, a las organizaciones de la izquierda nacional y a decenas de colectivos que se plantan día a día frente a la canalla neoliberal, reclamando de manera pacífica el fin de este oscuro período de latrocinio y odio.

Es un pueblo el que se está plantando frente a los nuevos dictadores de este tiempo miserable. Es tiempo de optimismo, entonces, si como pensamos la Segunda Resistencia ha comenzado. Fragmentada y pacífica, pero consistente, ya se la ve en las calles, los muros, las fábricas, las plazas, los puentes. En el repudio y la puteada cada vez más sonoros. En los maestros y ahora en los estudiantes, una vez más vanguardia de resistencia. El universo sindical que con excepciones tiene vocación retardataria, se sumará más temprano que tarde. Y todo en paz, esta vez sin más armas que las ideas y principios libertarios, la convicción democrática y el anhelo de justicia, soberanía, trabajo y dignidad. Y con el sentimiento patriótico renovado, para enfrentar al coloniaje.

Esta Segunda Resistencia convoca a militantes de todos los orígenes, hermanados en el repudio a la mafia ejecutivo-judicial y en la comprensión de que el centro y eje de la cuestión pasa por una nueva Constitución Nacional. Lo que es buenísimo, más allá de que algunos lo celebren como si descubrieran el dulce de leche. En esta columna lo afirmamos muchas veces: desde el mismísimo 27 de abril de 1956, cuando por un así llamado “bando revolucionario” los dictadores de entonces anularon la CN más democrática, social e igualitaria de nuestra historia (la de 1949), hubo memoria por lo menos en juristas como Jorge Cholvis y Eduardo Barcesat, y ahora también en un colectivo de ciudadanos notables, entre ellos Raúl Zaffaroni, Julio Maier, José Massoni y muchos más que trabajamos por una nueva Constitución.

Que es un camino largo pero inexorable, desde ya, porque replantea todo, como señala El Manifiesto Argentino desde 2002: que la salud, la educación y la previsión social son irrenunciables, indelegables e innegociables. Que las políticas sociales son derechos. Que los únicos monopolios deben ser para defender recursos naturales, servicios públicos sociales y desarrollo de áreas estratégicas. Que los recursos naturales en todo nuestro territorio, en superficie y en subsuelo, son también irrenunciables, indelegables e innegociables, y no serán jamás garantía de endeudamientos o negociaciones financieras, y se anulará toda extranjerización. Que la soberanía será de doble carácter Nacional y de Unidad Latinoamericana, y que desde esa concepción la Argentina promoverá la paz con paz y no se integrará a políticas guerreristas internacionales. Que los derechos históricos, geográficos y jurídicos sobre las Islas Malvinas son inclaudicables. Y entre muchas otras disposiciones, que la transparencia de todos los actos públicos y/o de gravitación social será Política de Estado -de una buena vez- y se caracterizará por el control, lucha y castigo de toda forma de corrupción, para lo cual es prioritario -ab initio e in totum- declarar en comisión a todo el Poder Judicial.

Como toda resistencia política, pacífica y patriótica, es difícil pero es posible.. Y sobre todo es urgente y necesaria.


Por Mempo Giardinelli






¿Cuál es el Plan, qué Programa levantaremos?

 

    La CONSTITUCIÓN del 49, que se irá perfeccionando con intervenciones de todo tipo, principalmente las del movimiento obrero, a través del tiempo.

Hoy, toda NUESTRA HISTORIA de PLANES, la CONSTITUCION y los PROGRAMAS PERONISTAS, se ACTUALIZAN en 27 PUNTOS del PROGRAMA DE LA CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES – CGT

Con el pueblo movilizado, para empezar la discusión sobre el plan, con el objetivo a llevar adelante para tener el país que queremos.

NECESITAMOS UN PROGRAMA PERONISTA


29/4/18

HORIZONTE NEOLIBERAL




Antonio Berni, Manifestación - año 1934


El 1º de Mayo es una fecha conmemorativa de la tragedia de los Mártires de Chicago, ocurrida en Estados Unidos en 1886, cuando dirigentes y activistas sindicales fueron sometidos a un proceso vergonzoso, plagado de irregularidades y que llevaron a condenas –en varios casos, a la horca- o al suicidio de los obreros víctimas de esa farsa montada por el Estado. Fue imprescindible la ayuda de fuerzas policiales infiltradas –y responsables de las bombas que explotaron- en una manifestación, la complicidad de la prensa hegemónica ligada a las patronales y un buen grado de xenofobia e indiferencia de las capas medias de la sociedad.

La lucha obrera tomada como excusa para la represión de las fuerzas de seguridad –que cobró la vida de muchos manifestantes- y la posterior “judialización”, sesgada y fraudulenta, tuvo consecuencias dramáticas como las antes aludidas u otras variadas expresiones persecutorias (expulsión de extranjeros, multas, encarcelamientos, tortura de detenidos). Además, tenía por objeto la reducción de la jornada de trabajo que, por ese entonces, superaba en promedio las 14 horas sin descanso semanal, alcanzar condiciones de labor algo más acordes con la dignidad humana y combatir el trato laboral recibido por mujeres y niños sujetos a una explotación extrema.

Con el tiempo, en virtud de las conquistas y progresos en materia de Derechos Sociales esa fecha, sin perder la connotación conmemorativa, fue constituyéndose a su vez en una celebración del trabajo y de los trabajadores. Sin embargo, con frecuencia ha dado el marco para el reclamo, la protesta o el rechazo de políticas de gobierno.

Experiencias históricas

La flexibilización laboral se enuncia como un proceso de necesario acomodamiento de las nuevas formas de producción, a la adaptación al desarrollo tecnológico, que no estarían debidamente consideradas en la legislación vigente, tildándosela de rígida o sobrecargada en materia de regulaciones de la relación entre empleador y empleado.

Paradójicamente, como quedó a la vista en la última década del siglo pasado, la desregulación normativa no fue tal. Por el contrario, fueron dictadas gran cantidad de normas –llegamos a tener más de 25 modalidades de contratación laboral flexibles-, convirtiendo al Derecho del Trabajo en un universo jurídico inmenso, de permanente cambio peyorativo e ininteligible en cuanto a su dimensión cierta no sólo para sus destinatarios naturales sino para los principales operadores del derecho (magistrados, funcionarios, abogados)

La aducida modernidad que imponía flexibilizar el desenvolvimiento del trabajo dependiente en beneficio de un falso interés general, tuvo por resultado la creciente precarización de las condiciones laborales, los abusos patronales consuetudinarios y el incremento indecente de la rentabilidad de las grandes empresas.

El horizonte laboral que nos proponen

El fallido intento inicial del Gobierno por consagrar una Reforma Laboral que barría con derechos conquistados e institucionalizados a lo largo de muchas décadas, tuvo una segunda etapa que consistió en inducir en la práctica empresaria –sostenida por el Estado- la flexibilización precarizante de hecho a la sombra del desempleo creciente, la represión brutal de los reclamos obreros y la pasividad –cuando no la connivencia- de ciertos sectores sindicales.

A la par, esa segunda fase comprendía una inusitada presión sobre los jueces del trabajo, la cooptación evidente de la Corte Suprema favorecida por su nueva integración y la pretensión de introducir por goteo la Reforma pretendida con variadas iniciativas legislativas propiciadas por el Poder Ejecutivo, a la espera de condiciones favorables para volver sobre el primer Proyecto de deconstrucción integral del Derecho del Trabajo.

En estos días nos volvió a “sorprender” el Máximo Tribunal nacional echando por tierra con una jurisprudencia que se creía consolidada en el año 2015, con sustento en Tratados y Convenios Internacionales sobre derechos humanos y sociales esenciales, reiteradamente invocados en sus fallos. El caso “Rica c/ Hospital Alemán” es la punta del iceberg en la búsqueda de deslaboralizar el trabajo dependiente, en línea con el afán empresario que representa el Gobierno nacional.

En esa línea se exhibe la bizarra creación de la categoría de los “trabajadores profesionales autónomos económicamente vinculados”, una absoluta ficción incorporada en aquel Proyecto de Reforma Laboral.

Categoría laboral que abarcaría a aquellas personas que presten servicios especializados, realizando una actividad a título oneroso, de manera habitual, personal y directa, para una persona física o jurídica y de los que resulten hasta el 80% de sus ingresos anuales y/o no superen las 22 horas semanales de dedicación.

Ostensible caracterización de una relación de empleo, pero que los dejaría fuera de la aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo y con sujeción a parámetros de imposible contralor, convirtiéndose así en una legalización de un fraude impune.

El juego de las semejanzas

No se trata de hacer forzados paralelismos con los sucesos de 1886, ni con otros muchos similares que registra la Argentina del siglo XX, sino de un análisis elemental de lo que está ocurriendo en la actualidad.

La resignada aceptación de lo que nos muestran como el único camino, y destino inexorable, comunicadores rentados y funcionarios ocupados sólo de gerenciar intereses antinacionales y antipopulares, nos conduce aceleradamente al abismo que nos presentan como grieta.

Mirar al costado, hacerse el distraído, pensar que únicamente le ocurre a otros sin que nos genere sentimiento alguno de solidaridad, acelera el recorrido de un sendero que no se bifurca porque la meta es una sola.

Despertar cuanto antes del sueño amarillo prometido, que en realidad es una pesadilla atroz para la inmensa mayoría de la población, es la exigencia de la hora.

No vaya a ser que el aletargamiento, un negacionismo insostenible, nos conduzca irremediablemente a una tragedia nacional de incierto y cruento final.


1° de MAYO: Recuerdos del Futuro
Álvaro Ruiz





Los mártires de Chicago

El 1 de mayo empezaron una serie de protestas en Chicago (donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades del país) se habían producido en respaldo a los obreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. El 4 de mayo de 1886 se convirtió en el punto álgido de las protestas. Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta.

El 5 de mayo en Milwaukee, la milicia del Estado respondió con una masacre sangrienta en un mitin de trabajadores; acribillaron a ocho trabajadores polacos y un alemán por violar la ley marcial. En Chicago, se llenaron las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung y la policía detuvo a 8 anarquistas: George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies. Todos eran miembros de la IWPA (Asociación Internacional del Pueblo Trabajador), asociación de corte -de lo que años después se denominaría como- anarcosindicalista.

Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas y anarcocomunistas, donde cinco de ellos fueron condenados a muerte (uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado) y tres fueron recluidos. Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero



Las últimas palabras de los Mártires de Chicago

Michael Schwab: Hablaré poco, y seguramente no despegaría los labios si mi silencio no pudiera interpretarse como un cobarde asentimiento a la comedia que se acaba de desarrollar. Lo que aquí se ha procesado es la anarquía, y la anarquía es una doctrina hostil opuesta a la fuerza bruta, al sistema de producción criminal y a la distribución injusta de la riqueza. Ustedes y sólo ustedes son los agitadores y los conspiradores.

Adolf Fischer: Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno… pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida.

Albert Parsons: El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.

Hessois Auguste Spies: Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia.

Louis Lingg: No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!





21/4/18

ABORTO y GUILLOTINA





El 8 de junio de 1943, un tribunal francés condenó a la pena capital a Marie-Louise Giraud, una lavandera de la ciudad de Cherburgo, por haber practicado una veintena de abortos. El 30 de julio fue ejecutada en la guillotina de la cárcel de La Petite Roquete (París). Giraud era lo que se conocía popularmente como faiseuse d’anges (creadora de ángeles), una abortista “profesional”. La dureza de la pena sorprendió a jueces y policías, ya que nadie recordaba que un castigo semejante hubiera sido aplicado por un acto ante el cual las autoridades habían mostrado cierta tolerancia. El Código Napoleónico había definido al aborto como un crimen pero en la legislación republicana posterior quedó tipificado como un delito. Las leyes de la década de 1920 exoneraban a la mujer que abortaba pero castigaban con penas de prisión y multas a los terceros involucrados-médicos y “creadoras de ángeles”. Pero en la década del 30, la obsesión con la caída de la natalidad y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial volvieron a crear una atmósfera contraria a las prácticas reproductivas maltusianas. La criminalización del aborto fue su expresión más extrema.

En febrero de 1942, el gobierno reaccionario del mariscal Pétain promulgó la Ley 300, que volvía a definir al aborto como un crimen. La medida estaba dirigida contra “cualquier individuo sobre el cual exista la presunción precisa y consistente de que él o ella han realizado o intentado realizar, de forma reiterada y por razones económicas, un aborto, independientemente de que la mujer estuviese real o supuestamente embarazada, o que hayan facilitado los medios para llevar a cabo el aborto” (Art. 1).

No había necesidad de probar la existencia del crimen, su presunción era suficiente para condenar. La ley calificaba a los condenados como “autores, coautores o cómplices cuyas actividades amenazan al pueblo francés” (Art. 2).

Se proponían dos cursos de acción: la privación de la libertad (internamiento administrativo) o el procesamiento por el Tribunal de Estado. Este era una jurisdicción especial creada por el gobierno en 1941 –momento en que se producen las primeros actos contra la ocupación alemana– con el objetivo de imponer sanciones excepcionalmente duras por fuera de lo establecido en el Código Penal.

La decisión de procesar a Marie-Louise Giraud en una jurisdicción creada ad hoc para tratar cuestiones de enorme gravedad para la seguridad del Estado –como la resistencia armada– demuestra un grado de politización del cuerpo con pocos precedentes en la historia. Como puede leerse en los fundamentos de la sentencia del Tribunal de Estado de París –y también en algunas tesis de medicina de esa época– al criminalizar la interrupción voluntaria del embarazo, la Ley 300 transformó a los abortistas en “asesinos de la patria” y al aborto en un “crimen contra el embrión, la sociedad, el Estado y la raza”, todo ello en un contexto en el cual se glorificaba a la familia numerosa y la maternidad mientras se deportaba a judíos y revocaba la nacionalidad a extranjeros naturalizados.

El andamiaje represivo que condujo a la única ejecución por aborto de la que se tiene registro en la historia moderna no fue obra exclusiva de un régimen político empecinado en desandar el camino iniciado en 1789. Tenía sus orígenes en la campaña llevada a cabo por las organizaciones antimaltusianas en los últimos años de la Tercera República. La más importante fue la Alianza Nacional contra la Despoblación, creada en la década de 1890 y dirigida por Fernand Boverat. Este cruzado de la ideología natalista, admirado en Argentina por figuras de la talla de Gregorio Aráoz Alfaro y Alejandro Bunge, movió cielo y tierra para que el Estado francés reconociese la función patriótica de las familias numerosas a través de medidas similares a las adoptadas por las dictaduras nazi y fascista, desde las exenciones impositivas y la discriminación “positiva” en el empleo a la condena de las prácticas anticonceptivas.

La acción propagandística de la Alianza Nacional tuvo un rol fundamental en la construcción de un amplio consenso antimaltusiano. Sus ideólogos desplegaron una gran imaginación, y pocos escrúpulos para llevar el mensaje más allá del círculo de iniciados. No vacilaron en usar imágenes fuertes para convencer a la opinión de que el aborto era el peor de los crímenes. Un folleto titulado “La masacre de los inocentes”, que fue distribuido en reparticiones públicas, comparaba los distintos métodos para inducir un aborto con las torturas a las que eran sometidos los criminales en la antigüedad, como el aplastamiento, la asfixia, el empalamiento y la hoguera. El mismo documento describía al aborto como un “crimen” más vil que el asesinato de un anciano –a quien “se le roban los años menos felices de su existencia”– y un enfermo incurable –a quien “se le roban algunos años de sufrimiento”–, ya que “asesinar a un niño prenatal es robarle 60 años de vida”.

Tras décadas de ejercer presión sobre la clase política y saturar la opinión con una retórica catastrofista, en 1939 el gobierno republicano promulgó un Código de Familia que incorporaba varios de los reclamos del lobby natalista. Mientras se aprestaba para la guerra, el Estado francés se lanzó a la caza de “creadoras de ángeles” y médicos abortistas. Su víctima más notoria fue la militante feminista Madeleine Pelletier, primera mujer médica diplomada en psiquiatría, que fue arrestada y encerrada en un manicomio bajo la falsa acusación de haber realizado un aborto en una menor.


El caso Marie-Louise Giraud

Andrés H. Reggiani
Profesor investigador (Departamento de Estudios Históricos y Sociales Universidad Torcuato Di Tella)








29/3/18

EL "HOMBRE" ES UN ERROR DEL SISTEMA






La desaparición de personas, lejos de constituir un fenómeno excepcional de una etapa o de un determinado contexto sociopolítico e histórico, es la consecuencia extrema de una lógica inherente al desarrollo del capitalismo.

Sobran las pruebas históricas, también “desaparecidas” de las historias oficiales con las que se fundamentan las existencias de las organizaciones sociales y políticas denominadas “estados nacionales” y sobre cuyas bases ahora se erige la construcción de las organizaciones supranacionales y regionales como la Unión Europea, el Mercosur, el Nafta y demás decenas de Alianzas –fundamentalmente comerciales– que configuran hoy el mapa político del globo.

La comprensión de este concepto es necesaria para no tomar el caso de la desaparición de personas en el período de la última dictadura militar como un episodio “aislado” y un fenómeno estructurado por el estado “de excepción” que todo “asalto” del poder supone, en cualquiera de sus formas.

Los valores del capitalismo, aquellos que incluso se consagran en las constituciones de muchos estados nacionales que rigen la organización social y la denominada “libertad del individuo”, sobre todo las leyes consagradas a la propiedad privada y al libre comercio, son las máscaras de proa con las que, esencialmente, se protege la libertad para hacer negocios y acumular capital, lo cual incluye, implícitamente, que en las reglamentaciones prácticas de las leyes se considere la existencia misma del hombre como un error del sistema a eliminar.

No está escrito en ninguna parte, claro está, pero sí en el extremo lógico con el que se despliega esta contradicción se da la paradoja de que, si el hombre mismo se hace obstáculo para la prosecución del proceso de producción y acumulación de capital, es decir, la efectuación de la plusvalía, entonces esa es la libertad individual que puede no ser respetada. Es el verdadero estado de excepción que se contempla de fondo, sin que esto se encuentre más que en el espíritu de las leyes del capitalismo ultraliberal.

No podría dictarse ni consagrarse en ninguna constitución semejante legalidad. Pero es real: el hombre, efectivamente, es un error del sistema. 

 Y si el sistema se basa en la tendencia a la eficiencia, la productividad y competitividad en la carrera por la plusvalía, léase explotación del trabajo hecho por el hombre, entonces ese error tiende a ser inadmisible. De ahí que el desarrollo del sector de Recursos Humanos dentro de las corporaciones haya tenido tal impulso en los últimos 30 años. Pero, por más que se intenten todas las “afinaciones” posibles para lograr la adaptación obediente del ser humano, no hay caso. Lo que retorna una y otra vez, como falla del sistema, es lo que Freud detectó hace ya más de cien años en el síntoma. Retorna un cuerpo que nada tiene que ver con la operatividad del sistema, ni en cuanto al tiempo ni en cuanto al espacio en el que ese cuerpo “freudiano” habita. Retornan los vestigios del cuerpo del deseo, el amor y el goce, encadenados para situar en el inconsciente un “fuera de tiempo” y del espacio de la productividad. El síntoma, más o menos “estallado”, es la revelación de que hay algo incoercible que remite, una y otra vez, a tal falla del sistema, la “grieta por donde ese cuerpo desaparecido puede ser recuperado”.

Por lo tanto, Freud se instituye, con su método, como un recuperador de “cuerpos desaparecidos”, que se niegan a quedar enterrados para siempre en el silencio, asumidos definitivamente como “errores del sistema”.

Precisamente, el sistema pudo ir desarrollando formas más o menos sutiles de “desaparecer” los cuerpos. Por supuesto, no hablamos del cuerpo de la organicidad pura, que se explica por sistemas de órganos que se autocompensan, de cuyo funcionamiento correcto depende la prosecución de la “vida”. Freud descubrió –como lo “sabían” sus pacientes–, que en ese discurso no se hablaba de “vida”, de lo que resultaba, o no, ser “una vida”. Los pacientes, sobre todo las pacientes histéricas, daban cuenta de lo que para ellos “no era vida”.

La vida desaparecida

El psicoanálisis nace para, entre otras cosas, y sin proponérselo, dar cuenta de la extensión de lo desaparecido en el paisaje de la realidad capitalista, que, desde aquel tiempo hasta hoy, ha pasado a ser el paisaje global.

Los pacientes hablan de “lo desaparecido”, aun sin explicitarlo. Con mi colega y amigo Cristian Rodríguez, hemos escrito un libro (1) que sitúa el modo en que tanto Auschwitz como Hiroshima son los paradigmas del estado de excepción permanente en el que vive amenazada la existencia (no ya como abstracción, sino en cuanto a lo que se refiere a vestigio, a traza presente, en cada uno de los individuos contemporáneos: de humanidad) se manifiesta en estos fenómenos ubicados abiertamente en el extremo del desarrollo lógico e inercial del sistema que coloca a la existencia humana como falla, como error a eliminar. Auschwitz e Hiroshima fueron “correcciones” en masa. Un “refresh” del sistema.

Nadie que, en estado de gracia, enamorado, viviendo plenamente una vida que no está por completo ausente del deseo y del goce, puede pensar que se puede abocar al paradigma de la productividad medida en los términos de la guerra competitiva por el sinsentido de la acumulación, como se acumula basura. El “reciclado” es una de las caras actuales con las que recobra fuerza el valor de la productividad y la eficiencia, rostro más amable, de apariencia sensible incluso. Se recicla la basura, se protege la “naturaleza”, así como también se reciclan los cuerpos, y se reutilizan en una suerte de obsesión por evitar el paso de los años, por evitar, de forma alienada, quedar afuera del circuito de la utilidad.

Pacientes que “confiesan” que sienten que, para interactuar con otros, estando, como se ve dentro del paisaje urbano de todos los días, cada uno “en la suya” (con sus celulares, con sus “máquinas de enchufar”) tienen que “molestar”, cuando nadie quiere molestarse ni molestar a nadie, sobre todo porque nadie quiere ser molestado. Sin saberlo, el paciente nos brinda un rasgo del deseo, que “molesta”, incomoda, nos interfiere la inercia del movimiento rumbo a la asunción del “error”, rumbo al destino de desaparición. Son los pacientes quienes hablan de cómo se sienten “desaparecidos” para los otros.

El deseo, y el cuerpo deseante, está cada vez más borrado, aunque pudiera parecer exactamente lo contrario, en la profusión de las imágenes que supuestamente manifiestan la liberación de los deseos y el fin de las inhibiciones: eso pasa a ser casi una obligación, una nueva moral del deber “vivir la vida”. Como complemento reforzante, la maquinaria de publicidad y propaganda nos dice, a todos, qué significa y qué es “vivir la vida”. Son las formas sutiles del exterminio que mencionaba al principio, la realización de esa amenaza de fondo que constituye el estado de excepción permanente de la vida contemporánea.

¿Cómo explicarle a ese individuo, afectado de inconsciente, que de por sí, ese es el punto de partida, y no el final? ¿Cómo explicarle que, de entrada, se confronta a una libertad que, al fin y al cabo, jamás es la suya? ¿Qué sería en realidad, entonces, la construcción de una sociedad de individuos libres, realmente? Lacan se mofaba de esas declaraciones de Libertad que no contabilizan que la libertad, más que la de ser explotados, es la de asumirse como error del sistema, por lo tanto, la libertad de ser eliminado como tal.

Los pacientes hablan de su malestar, de lo exigidos que andan por la vida, como si en verdad no fuera o no la sintiesen “suya”. Esa alienación la viven como la exigencia de algo que, moralmente, los tortura –hablo en general, no en particular, una suerte de inferencia o de estado del sujeto contemporáneo, perteneciente a las clases medias, o medio altas urbanas– y que los lleva a pensar que, por esa tortura, se ganan el derecho a salvarse. ¿De qué? Pues precisamente, de desaparecer. ¡Al contrario! Por suerte existen los síntomas, y el psicoanálisis, como un dispositivo de recuperación de cuerpos, los cuerpos en los que se aloja y se vive “una vida”.

La tortura que mencionábamos, esa tortura moral que, a su vez, muchas veces estalla a nivel de esos órganos de la medicina más conservadora y tradicional, y se manifiesta como una especie de descompensación, o desregulación catastrófica inexplicable, son fenómenos OVNI (2).

¿No es acaso esta la prueba del estado de excepción, de ese punto sin ley en el que el sujeto se encuentra a merced de un goce mortífero para el que no le encuentra la vuelta civilizatoria? ¿No es allí donde reina el estado de excepción adónde van a parar los cuerpos desaparecidos, los detritos del sistema, que nada quieren saber del amor, del goce y del deseo, anudados en los cuerpos que detienen, enlentecen y hasta interrumpen la línea de montaje capitalista, sea cual fuere la forma que adopta en cada época, más moderna, menos moderna?

En el tema de la inseguridad que a muchos pacientes se les escucha decir, como “el karma de sus vidas”, se escucha el murmullo creciente y cada vez más claro, a medida de que progresa un análisis, que –lejos de tratarse de la autoestima o de la dificultad para saber “imponerse” y otras yerbas o modulaciones del decir “no”, tan de moda– donde se pone en claro que la inseguridad viene de esa pregunta del sujeto, de si el Otro, ese Otro que me devuelve el eco de mi propia voz muda, la voz muda de la pulsión de muerte, es finalmente humano. Eso es lo inquietante con lo que es difícil confrontar.




La extensión de lo desaparecido
José Luis Juresa: Psicoanalista. Miembro de EPC (Espacio psicoanalítico Contemporáneo).






1 “Auschwitz con Hiroshima: Sobre el resplandor en la línea de montaje”. José Luis Juresa-Cristian Rodríguez. Ed. Eduvim. 2017

2 “El OVNI psicoanalítico”. Texto inédito. José Luis Juresa-Cristian Rodríguez.




25/12/17

CAMBIAMOS FUTURO X PASADO






Parece haber pasado mucha agua debajo del puente, pero en realidad, no fue tanta. En julio de 2014 Daniel Scioli anunciaba públicamente, aún sin el pronunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner, su intención de postularse para suceder a la, por aquel entonces, Presidenta de la Nación. En las filas del Frente para la Victoria se abría un debate interno sobre el futuro del proyecto populista sin Cristina. El lema de aquellos tiempos, que intentaba convencer a las y los que dudaban fue “el candidato es el proyecto”.

Frente a esa propuesta cuyo fundamento ético, económico y discursivo era un proyecto político se opuso otra, que lejos de confrontarla se propuso deslegitimarla y, estrictamente en función de los resultados de las elecciones, lo logró.

Contra un proyecto que se podría caracterizar principalmente por sus propósitos y, en parte por sus logros como popular, nacional, latinoamericanista, emancipador, tecnológico-científico, industrial y inclusivo se erigió un entramado discursivo que, carente de contenido (siempre en términos discursivos), proponía la necesidad de un “cambio”, ante la inminencia de una “crisis” no sólo económica sino esencialmente de valores resumidos en la necesidad de “defender la república” y “combatir la corrupción”.

Ya lo escribía el padre del neoliberalismo norteamericano Milton Friedman, en 1962, cuando en plena hegemonía de los Estados de Bienestar, afirmaba que “sólo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”.

Frases como “vamos camino a ser Venezuela” o “queremos vivir en un país normal” inundaron los medios de comunicación tradicionales, las redes y el “sentido común” con la misma intensidad, y en el 2015, gran parte de las y los argentinos percibieron una crisis inventada e hicieron que lo políticamente imposible (el ajuste y la pérdida de derechos) sea, “pesada herencia” mediante, políticamente inevitable.

El discurso neoliberal se presentó en sus orígenes y lo repite en esta reedición vernácula como neutral, técnico, científico, ahistórico y eficientista. Por más que parezca una contradicción, dicho discurso técnico fue y es un proyecto político. Uno de los principales modos, aunque no el único, en que, medidas antipopulares como la suba de tarifas y precios, la devaluación, los despidos o la flexibilización laboral puedan ser aceptadas y, en algunos sectores hasta apoyadas, es pensarlas desde una racionalidad técnica.

El tipo de cambio estaba “atrasado” debíamos llevarlo a su precio de “mercado”, subsidiar las tarifas y controlar el precio de las naftas nos iba a “dejar sin petróleo”, las rigideces del mercado laboral (en realidad, derechos laborales) son las responsables de la existencia del trabajo no registrado y del creciente desempleo, porque desincentiva la inversión.

Estas ideas no son nuevas ni originales. En 1944 Friedrich von Hayek, padre del neoliberalismo europeo, escribía en su célebre Camino de servidumbre que “Jamás una clase fue explotada de forma tan cruel como lo son las capas más débiles de la clase obrera por sus hermanos privilegiados, explotación que es posible debido a la reglamentación de la competencia. Pocos eslóganes han hecho tanto mal como el de la estabilización de los precios y de los salarios: asegurando los ingresos de unos, se hace cada vez más precaria la situación de los otros.” Es decir, son los convenios colectivos de trabajo, la representación sindical y los derechos laborales los responsables de la precarización laboral y el desempleo que sufren miles de argentinos y argentinas. La solución cae por su propio peso y parece ser que gran parte de nuestros representantes lo ha entendido bien.

El neoliberalismo como el populismo es un proyecto político. Detrás de una máscara seudocientífica y una racionalidad técnica se esconde un proyecto político de raíz meritocrática en el que la creciente desigualdad económica es estrictamente el reflejo de los esfuerzos, las iniciativas y la inventiva individual a la que cualquier mortal puede acceder si lo desea, por lo tanto, la pobreza y la desocupación, serán el resultado, siempre individual, de la falta de deseo y esfuerzo. La alquimia funciona: las víctimas devienen en victimarios de sí mismos.

En este marco, toda regulación estatal (con excepción de las que protegen la propiedad privada y la libertad de empresa) y las políticas públicas de redistribución del ingreso y la riqueza, lejos de ser reconocimiento y restitución de derechos, implican un castigo a la iniciativa personal y una restricción a las libertadas individuales, al mismo tiempo, que premian y fomentan actitudes humanas contrarias la llamada “cultura del trabajo”.

El programa político neoliberal implica, como nos recuerda Bordieu, un sistemático ataque de los colectivos que alientan solidaridades. A la Nación, desfinanciándola; a los grupos de trabajo individualizando salarios y carreras; a los sindicatos y gremios demonizando a sus representantes y a la familia individualizando consumos. Resulta imprescindible resistir el avance de la utopía neoliberal a través de otras tantas utopías y políticas que se basen en criterios éticos, necesariamente no neutrales, y comprometidos con la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática


docente UNLZ-FCS. CEMU.
fliaandujar@gmail.com









20/11/17

Capitalismo, Extractivismo y Esclavitud en el XXI





La era del “capitalismo irónico”

    “Vamos a tener que movilizarnos porque este sistema se está pudriendo”. Saskia Sassen, quien habla, es la reconocida pensadora holandesa que viene denunciando desde hace décadas la brutalidad de este “capitalismo irónico”. “Las ciudades expanden más y más el espacio de elite y las historias que se dan en los vecindarios pobres se vuelven invisibles. Antes era más mezclado todo, entonces se podía ver. Es realmente un momento difícil y problemático, no es la primera vez en la historia”, denunció, de paso por Buenos Aires, donde participó de las XII Jornadas de Sociología “Recorridos de una (in)disciplina. La Sociología a sesenta años de la fundación de la Carrera”, realizadas del en la Facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires.



–¿Vivió muchos años en Argentina?

–Mi primer año de primaria lo hice en Córdoba. Luego fui a Buenos Aires. Fui a una escuelita de campo, me encanta esa imagen, en un barrio chiquito, Pilar de Córdoba. Nosotros vivíamos en un lugar sin construcciones. Mis padres vieron una construcción de un arquitecto de un modernismo extremo, todo blanco en un campo enorme, vacío. Se enamoraron de eso. Era una fantasía holandesa que nos le duró más de 4 años.

–¿Qué hicieron ahí?

–Ese mismo arquitecto construyó una fábrica para hacer papel, celulosa. Ellos la compraron, mi padre y un buen amigo que también venía de Holanda. No sabían cómo manejar la fábrica, trataron de vender papel, eran los dos escritores, fue un desastre, quedaron arruinados. Entonces fueron a Buenos Aires y mi papá hizo mucho teatro. Fue una aventura. Cuando fuimos a Buenos Aires fue otra modalidad. Hizo mucho periodismo.

–¿Y su mamá?

–Mi mamá quiso dejar a mi padre creo que dos años después de lo de Córdoba. Y la ley no permitía que la mujer dejara, que la madre se llevara a sus dos hijas. Si no, se hubiera ido.

–¿Cuánto estuvieron acá?

–Catorce años. Llegué a los dos y me fui a los dieciséis. Y yo no dije mi primera palabra hasta que tenía dos años… después no dejé de hablar (risas). Vinimos en un barco. Entonces mi primera palabra fue luna, porque veíamos estas lunas increíbles en el océano.

–Y cuando vuelve a la Argentina ¿qué siente, cómo la ve?

–La primera vez que volví me causó impresión porque estaba el régimen militar. Me acuerdo caminando en el centro, ver que estaban con sus armas. Pero la primera vez que me invitaron, no sabían que yo había vivido acá. Entonces, me empezaron a hablar en inglés y yo les contesté en este castellano con acento argentino y se quedaron: “¡habla argentino!”

–Ahora vino por los 60 años de la carrera de Sociología de la UBA. ¿Cómo ve la Sociología hoy y hacia donde debería ir?

–En realidad, cuando empecé a ir a la universidad desarrollé mi propio proyecto. Creí que quería hacer sociología y después de un año me dije tengo que mezclar esto con economía. Entonces yo hice mi propia trayectoria y mi primer libro, que era mi disertación doctoral, fue rechazado por doce publicadores. Era como una mezcla de sociología, economía, historia. Entonces eso me fue indicando que no soy una típica socióloga pero hay un cierto tipo de sociología que encuentro muy importante. El desarrollo de nuevas categorías de análisis, la noción de “descubrir”, en vez de simplemente “replicar”. Yo siempre estoy en el descubrir y para eso hay que poner un pie fuera del paradigma y ahí empiezan los problemas porque el paradigma no lo acepta. Entonces mi lugar es fuzzy edge, borde borroso, no está claro. Ahora siempre digo, yo puedo hacer lo que hago, porque existe un paradigma. Entonces yo estoy muy agradecida a todos los científicos sociales que siguen agregando estudios, todas las replicaciones. Ahora estoy escribiendo un pequeño libro que llamo Antes del método. Yo digo que mi espacio como intelectual y científica social es antes de entrar dentro de la cuestión metodología que disciplina, que corta la cabeza si no lo hacés así o así. Yo no hablo ningún idioma perfectamente. El único que hablo mejor es el argentino, pero incluso ahí me faltan palabras. Yo crecí en seis idiomas y no hablo ninguno perfecto, pero los capto.

–Esa era otra de mis preguntas, ¿cómo influyó en su enfoque el hecho de haber vivido en muchos países?

–Veo cosas que caen “entre”, entonces, eso me ha dado mucha energía. Tengo 70 años.

–Usted cuestiona las palabras, las categorías…

–Desestabilizar significados. Cuando un significado se vuelve estable, es momento de hacer una indagación. Yo digo hoy “la economía”, “las clases medias” son significados muy cambiados de lo que fueron después de la Segunda Guerra Mundial hasta los 80. ¿Qué significa hoy hablar del Estado? Esa es un poco la modalidad.

–A pesar de los avances tecnológicos, ¿podemos decir que hoy la vida es más cruel para las personas?

–Para la mayoría de personas. El número de personas que trabajan en modalidades contemporáneas de esclavitud ha crecido enormemente y hay falta de vergüenza. Hay empleadores que no lo ven como un problema en ciertos países en Asia, Indonesia, Tailandia, Filipinas, lugares muy duros. Hay una especie de brutalización. Estamos en una época que llamo capitalismo irónico. Porque lo que dominaba desde principios de 1900 era el consumo de masas. Pero llega a su momento más expandido después de la Segunda Guerra Mundial en muchos países (Rusia y China son otra cosa). Cuando dominaban los gobiernos y las corporaciones les interesaba gastar el dinero en las clases medias y las trabajadoras. Los sindicatos lograban mejores condiciones para los trabajadores, a los hijos de la clase media les iba mejor generación tras generación. Eso es lo que se quiebra cuando empieza esta fase en particular de la globalización, que está basada en la desregulación de la economía, la privatización y la financialización. Todo eso operando en un espacio global que se va construyendo con grandes ventajas para las grandes empresas. En Argentina antes teníamos producción de autos, de heladeras. Eso se va reemplazando con importaciones de los americanos, de los japoneses, de los alemanes. Entonces algo muy básico cambió. El orden visual no cambia tanto pero las lógicas económicas sí. Lo que vemos emerger es una especie de capitalismo que extrae. Pensemos en Google. Una vez que tuvo la plataforma, admirable, ¿pero cómo hicieron su primer billón? Tomando datos sobre todos nosotros a cero costo y vendiéndolo a alto costo a empresas. Facebook publica cosas que no son verdaderas y no pasa nada. Pensemos en algo mal hecho por una empresa de autos, de muebles… entonces hay una especie de falta de control.

–Con internet se potenció…

–Absolutamente. Para mí un ejemplo muy importante es que vamos de la banca tradicional, que vende dinero a un precio, a algo que son las altas finanzas, que financializan todo. Pueden extraer valor mismo de una condición negativa. Por ejemplo, la deuda de los estudiantes de universidades en Estados Unidos es más de un trillón de dólares. El sistema financiero logró pasar una ley que hace que sea una deuda que nunca se va a cancelar. Ahora el sistema financiero, con un trillón, en una cierta temporalidad, imaginemos todo lo que puede lograr. La banca tradicional no sabe qué hacer con eso, la banca tradicional vende dinero; la financiera es capaz de financiar a su ventaja y la desventaja de los estudiantes. Mientras tanto, el sistema financiero puede usar ese trillón. Cuando la banca tradicional dice tenemos 20 millones, los tienen; las finanzas no. Entonces es algo extractivo. Las ganancias que ha generado Facebook, con muy pocas responsabilidades, y muchas facilidades… son sectores extractivos.

–¿Cómo impactan en esta lógica los atentados?

–Hace como 15 años que vengo trabajando en esto. Una de las nociones es que esta es una guerra asimétrica. No hay dos grandes potencias que se encuentran, eso tiene muchas implicaciones. Una que he trabajado bastante pero no se habla de eso, para nada. Cuando tenemos dos grandes potencias que van a la guerra, pueden decidir, en algún momento decir “basta, se acabó la guerra”. Las dos grandes guerras mundiales duraron cinco años cada cual. Hoy esa opción no existe, porque son otras modalidades. Y en ese punto el espacio urbano se vuelve estratégico.

–¿Lo lee también como respuesta a esta lógica de extracción?

–No sé. Lo que yo creo es que esto ha estado bajo construcción como una opción por varias décadas. Cuando cambian nuestras economías, para mí los años 80 son muy importantes en ese sentido. En Occidente, ampliamente entendido, incluye países de Asia, Africa, Latinoamérica, Europa… algo se quiebra. Hago este análisis en el libro Expulsiones (Brutalidad y complejidad en la economía global). No es simplemente una cuestión de una creciente desigualdad, es cierto que estas desigualdades cruzan una especie de borde invisible, sistémico, y una vez que se está del otro lado: número uno, se vuelven invisibles; número dos, lo saben, no cuentan. De ahí surgen algunos elementos. Pero hay otras condiciones que también están en juego, una vuelta a cuestiones religiosas, que también pertenece a esta modalidad que estamos viviendo porque antes había más secularismo. No quiero mezclar esta cuestión de la religión con ser violento, pero creo que quizás el ejemplo más simple es (Donald) Trump. Trump no cae del cielo, es resultado de 20 años de una degradación del sistema político. Indiferencia a las políticas… (Bill) Clinton fue un desastre para la clase media negra, trabajadores modestos de clase media y de trabajo manual… no le importó. Demasiada indiferencia hacia toda una serie de grupos…

–¿Y como ve Latinoamérica, que en los últimos años hay una vuelta a un neoliberalismo parecido al de los 90 después de gobiernos que iban en otro sentido?

–Lo que no se ha hablado es del 30 o 40 por ciento que se ha enriquecido. El 1 por ciento más rico siempre existió, pero es distinto ahora cuando el 30 o 40 que son tan ricos que se compran tres casas, las destruyen y se generan una mansión. Eso deja una marca en el espacio urbano y va expulsando a clases trabajadoras y clases medias modestas. Si solamente hay un 1 por ciento (de ricos), es una cuestión que una ciudad puede manejar. Pero el 30 o 40 por ciento es otra cosa. Número uno, recordemos que todas nuestras ciudades eran pobres en la década del 80. Nueva York, Londres, Tokio estaban en bancarrota, París estaba destruida financieramente. Porque el sistema económico estaba en construir suburbios, en construir infraestructuras nacionales; era manufactura, grandes centros comerciales, era “hecho en América”, “hecho en Alemania”… Lo que empieza a cambiar es una especie de espacio operacional que se instala en estas ciudades, y empuja fuera a más gente. Es un espacio con mucha riqueza. Eso realmente es mucho más que el 1 por ciento. Porque eso remarca la vida de tanta gente y ahí empieza también la resistencia de los fanáticos contra la inmigración, fuera con los ricos, fuera con las corporaciones, la extrema derecha. Trump sale de eso. Él mismo ahora está ahí, tiene un gabinete lleno de millonarios.

–¿Cuál es la salida a todo esto?

–Cuando Clinton cambia la ley que había existido durante tanto tiempo, que separaba la banca tradicional de estas nuevas maneras de las finanzas, eso también pasa en Inglaterra, en Paris… ese desregular de una regulación que había sido muy marcada contribuyó enormemente a esta nueva modalidad extractiva. Están las altas finanzas que han ganado ahora incluso más dinero con Trump. Ahora han pasado leyes que permiten a nuestros ahorros trabajarlos finacieramente, siguen sacando, siguen sacando. Todas las pensiones de trabajadores, por ejemplo, están en bancarrota, no existe el dinero. Es una violación de leyes básicas. Y hablando de Estados Unidos hay una serie de presidentes, (Barack) Obama, Clinton fue un desastre, lanzó la cosa, en la época de Clinton los poderes avanzan más y más y él facilita todo.

–¿Y cómo salimos?

–Número uno, un elemento importante es reconocer que nos han robado. Sí, trabajador de mina, te han robado tu jubilación, te hacen pagar más y más para todo, te han robado tu vivienda modesta. Pero todo vestido con una elegancia, una complejidad, algoritmos. ¿Cómo logramos reterritorializar un poco nuestras necesidades? ¿Cómo activamos? Tenemos que saber quién existe en nuestra comunidad. Hay gente que tal vez pueden ser inmigrantes ilegales pero hay un doctor, uno que sabe de ingeniería, no es simplemente el trabajo que tienen ahora. Entonces la pregunta retórica que me hago es ¿necesitamos realmente una multinacional para tener una taza de café? En Italia, Starbucks está eliminando las casas de café de familias. Está todo en mano de corporaciones. Vender flores, que solía ser un espacio donde había conocimiento, en general era de familias…, ahora son todas franquicias. Las franquicias significan que no solo están sacando parte de la capacidad de consumo de un vecindario, sino que también están vaciando el nivel de conocimiento. Entonces qué podemos relocalizar. Segunda cosa, tenemos que empezar a trabajar muy seriamente en nuestro sistema político. Tenemos que tener un cierto nivel de expertise entre nuestros legisladores. Tenemos una gran mayoría de legisladores que son de una ignorancia… Lo que ellos dicen es “son demasiado complicadas las finanzas, los sistema de seguros, eso se lo dejamos a los expertos”. Y los expertos son los que manejan esos sectores. Eso hay que cambiarlo. Si uno es elegido pero no tiene ese conocimiento entonces encuentra a uno que le tiene confianza, que viene de afuera del sector, que lo puede ayudar. Pero creo que los ciudadanos tenemos que empezar a pensar de esa manera. Y ahí los facebooks y los google nos pueden ayudar, de esa manera. Vamos a tener que movilizarnos porque este sistema se está pudriendo. Las ciudades expanden más y más el espacio de elite y las historias que se dan en los vecindarios pobres se vuelven invisibles. Antes era más mezclado todo, entonces se podía ver. Entonces, yo creo que es realmente un momento difícil y problemático, no es la primera vez en la historia. Por eso digo empezar por un esfuerzo de relocalizar. Eso no te resuelve el problema básico pero es un primer paso. En mi libro Territorio, autoridad y derechos lo que yo me pregunto es ¿cómo cambian los sistemas complejos? Y no cambian cambiando todo, cambian a menudo llevándose capacidades de cierta formación, a otro lugar. Entonces cuando digo relocalizar, no digo que no tomemos más café porque está en las manos de Starbucks, no, pero lo hacemos nosotros (al café). Empezar a pensar qué pequeños inicios pueden movilizar gente, movilizar capacidades, llegar a descubrimientos. Ahora eso no resuelve el problema central que es un abuso extraordinario de la ley, del poder. Si tienen poder, abusan del poder, abusan de la ley.

–¿Cómo se expresa la crueldad? ¿La sufren más las mujeres, ciertos colectivos?

–La crueldad ha sido parte de todos los ciclos históricos. Pero aquí parte del shock es que había una esperanza de que los sistemas avanzan, conocemos más y más, que vamos a poder remediar algunas situaciones, y al contrario, estamos cayendo en negativo. Por eso esta cuestión de la ética en la ciudad. Se tiene que poder negociar. El punto para mí es en qué punto ese negativo, esa desigualdad, se vuelve profundamente injusta y no necesaria. Ahora en este momento se ven retornos de modalidades terribles. Lo que está pasando en India, una chica de cinco años la violaron varios hombres, o esa mujer que la violaron en grupo en un autobús y la mataron al final. Eso va más allá de esas personas. Si hay algo nuevo es que la injusticia ha ido aumentando. La indiferencia de los ricos, que ni siquiera tienen vergüenza, la superexplotación de los trabajadores, el crecimiento del hambre, el hecho que los agricultores han sido echados de su tierra. Estamos en un exceso de una indiferencia total a todo, al medioambiente, a las mujeres, a los niños… y una falta de vergüenza total. Siempre hubo gente muy rica pero solían ser un poco modestos.

Algo cambió. La crueldad, la desigualdad, han ido aumentando tanto, han tocado tantas comunidades. Hay toda una serie de víctimas. Es como un veneno, no solo en el agua, en el aire y en la tierra…






Saskia Sassen




28/10/17

ZAFFARONI: "Democracia o Dictadura"





En torno al debate sobre el Estado de Derecho
Buenos Aires, 5 de octubre de 2017

Bajo el signo del poder de policía


Nuestra idea de “dictadura” suele evocar la última y, para los más memoriosos, la de 1955 o incluso la de 1930, sin contar con otros periodos más discutibles. Preocupa que con ese concepto difuso a veces se hable hoy de una “dictadura”, porque confunde la naturaleza del actual momento político y equivoca la crítica.

Decididamente, no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.

Después de la implosión del totalitarismo del llamado “socialismo real”, el capitalismo hizo un giro hacia el totalitarismo que acabó con su variable keynesiana, instalando en el poder a los tecnócratas que manejan corporaciones transnacionales en detrimento de la política, que lo va perdiendo en beneficio de estos chiefs executive officers, que son la nueva oligarquía planetaria, que ya concentra en el 1% de la humanidad el equivalente a lo que recibe el 57% más pobre de ella.

    “… no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.”

Esto no es el producto de la concentración de capital que vaticinaba la Suprema Corte norteamericana a fines del siglo XIX, imaginando que un día los monopolios debían “derramar” alguna riqueza para crear mercado de consumo, o el que preveía Lenin con un final completamente diferente. Las cosas no fueron por ninguno de esos caminos, porque hace cien años no se podía calcular que un día irrumpirían masas de dinero de propietarios ignotos, manejadas por tecnócratas, que buscasen sólo concentrar más dinero en el menor tiempo a costa de cometer “macrodelitos”, cuyo crecimiento superase con creces al de la producción y que ese afán plutocrático ni siquiera se detuviese ante el deterioro acelerado de las condiciones de vida humana en el planeta.

Para colmo, el dinero que se concentra no existe, ni siquiera en los billetes verdes en que todos confiamos, porque aunque parezca mentira sólo una mínima parte de todos los billetes que se contabilizan y circulan por computadora existe en la realidad. ¿Cómo es esto posible? Muy sencillo: el dinero que depositamos en los bancos se presta y vuelve a los bancos que lo vuelven a prestar y, al final, los billetes que quedan en el banco son apenas una séptima parte de los que entregamos al depositar, de modo que si todos retirásemos nuestros depósitos, los bancos no podrían devolverlos, quebrarían porque no los tienen.

El llamado “neoliberalismo” (con perdón de los viejos liberales, que con todos sus defectos nunca pensaron semejantes incoherencias) defiende la “libertad” de esas ficciones que son las corporaciones, pero no de los seres humanos de carne y hueso y, además la teoriza, adueñado de las universidades, del Premio Nobel de Economía y de los monopolios de medios.

Este poder totalitario avanza por el mundo a propulsión delitos de dimensiones astronómicas: estafas, coacciones, administraciones fraudulentas, cohechos, trabajo esclavo a distancia, y un enorme aparato de encubrimiento por receptación, que es el servicio de reciclaje de dinero del hemisferio norte, que legaliza el producto de toda la criminalidad organizada y de la evasión fiscal de todo el mundo.

El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando su instrumento, o sea, el Estado. En los países sede de las corporaciones sus líderes políticos son agentes de las corporaciones, al menos desde la traición mundial a la política protagonizada por Reagan y Tatcher. Nuestra región no escapa a la regla: debilitan nuestros Estados.

¿Cómo lo hacen? Mediante el cohecho activo, es decir, ofreciendo y pagando “coimas” que les permiten tomar como rehenes a los politicastros que les son funcionales; debilitando la autonomía de los poderes judiciales con jueces “propios”; corrompiendo a las policías mediante la prohibición de tóxicos; neutralizando la defensa nacional al involucrar a las fuerzas armadas en funciones policiales; mostrando a la política como sucia, corrupta y perversa; creando políticos que no se presentan como políticos (imitación de Trump); estigmatizando al sindicalismo; fabricando enemigos, como los Mapuche y los adolescentes de barrios precarios; metiéndose en los servicios de informaciones autonomizados; difamando a cualquier disidente y a los defensores de Derechos Humanos y del medio ambiente; haciendo callar toda voz diferente; y cuando todo eso no alcanza, acudiendo a la violencia institucional, y podríamos seguir varias páginas más detalladas.

Por supuesto que la columna vertebral o instrumento central indispensable a esta faena destructora son los monopolios de medios de comunicación, que también son corporaciones y que crean una realidad virtual que hoy se llama “posverdad”, pero que no es nada nuevo ni muy diferente a Göbbels ni a la fábula de los “Protocolos de los sabios de Sión”, salvo en que hoy está más desarrollada la tecnología del “marketing”.

    “El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando el Estado mediante el instrumento central indispensable a esta faena destructora que son los monopolios de medios de comunicación ..."

Este poder totalitario colonialista y delincuencial no instala una “dictadura”, sino que deteriora y degrada al Estado de Derecho (que somete a todos por igual a la ley), que nunca en el mundo real llega a ser como su modelo ideal. El Estado de Derecho es una cápsula que contiene a su contrario, que es el Estado de policía (que somete a todos a la voluntad arbitraria de los que mandan), que tampoco nunca es como su modelo ideal.

Los Estados reales oscilan entre los dos modelos ideales en una continua tensión de pulsiones entre la cápsula que trata de contener las del Estado de policía, y éste que trata de perforarla y hacerla estallar. Lo que vivimos es producto de las perforaciones que logra el Estado de policía en la cápsula del Estado de Derecho, es decir, el debilitamiento programado de este último.

Estamos viviendo en un Estado de Derecho deteriorado, degradado, debilitado, con deterioro de la política y de las instituciones democráticas, con pérdida de seguridad jurídica, carente de una justicia imparcial, con un Ejecutivo unipersonal que manipula al Legislativo y al Judicial, con un monopolio mediático que crea realidad a gusto, es decir, un Estado que pierde soberanía y con ella independencia, como lo quiere esta etapa del colonialismo, inherente a la condición periférica del totalitarismo corporativo.

No es una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.

    “No vivimos una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.”

Pero no hay poder macizo, sin contradicciones, orificios de fuga ni fisuras; si alguna vez lo hubiese habido ni el lector leería esto ni yo podría escribirlo.

Sabemos que este sistema no se sostiene (“Laudato si”). La humanidad no se suicidará, la historia está en nuestras manos y la lucha por el derecho continúa y continuará, pero no contra una dictadura, sino contra las pulsiones de un totalitarismo corporativo y plutocrático que degrada al Estado de Derecho, debilitándolo para someternos más y mejor.



E. Raúl Zaffaroni
Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires






26/10/17

UNA POLÍTICA SIN AFUERA







El macrismo crea realidad. En su aparente torpeza, en su aparente estupidez, crea realidad. No refleja lo que es, no oculta lo que es. Crea, inventa, produce. No en paralelo a otra cosa. Crea un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos.

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Como en The Truman show, rebotamos contra la nube. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera. Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras.

¿Cuántas palabras tiene el vocabulario Macri? ¿O el vocabulario Bulrich, ella o él, es lo mismo? ¿Cuántas? No importa. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir. Si no entrás, te quedás pataleando en la puerta y rebotando contra la nube.

Por eso, para muchos de nosotros, la sensación de la época es la impotencia. La impotencia es más grande que la bronca y más grande que la tristeza. Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.

Contra el pensamiento crítico, los talleres de entusiasmo de Alejandro R. El macrismo es un diluyente para cualquier argumento y la impotencia se hace visible en nosotros.

Nuevamente: ¿Cuántos conceptos tiene la realidad Cambiemos? Evidentemente muchos más de lo que vemos y todos los que vemos: Macri tomando mate o abrazando a un pobre o tocando el timbre en Berazategui es un concepto, es una creación de realidad Cambiemos. Los besos al aire de Vidal son un concepto, también son realidad Cambiemos. “Nosotros”, “en todo estás vos” son una puesta en escena, no una forma de inclusión.

La cara de María Eugenia Vidal también es un concepto: su gesto es muy eficaz para la incorporación de jóvenes a este sistema cerrado de una realidad propia. Toda ella es el vecino, toda ella es el sí se puede, toda ella es el “en cada rincón estoy con vos”. Es una reificación del concepto, una puesta en acto. En ella, en las señas de su cara, en su tono de voz, los conceptos se hacen visibles. Vidal, en esta realidad Cambiemos, es pura ganancia.

Una política sin afuera requiere de un sistema de captura almibarado. Vidal es sedosa, envolvente, casi etérea. Ideal para la captura. Convierte el afuera en una situación sensible: Lucha contra el narcotráfico está incorporado, no como problema, sino como una puesta en escena: lo que más se ve del tema no es la droga sino el “sacrificio” de tener su hogar en una base militar.

Vidal es la Mujer Pro, la Mujer candidata. No necesita casi de nada. Su apariencia piadosa y su derrame Pan Triste, son más eficaces que todo Duran Barba. No le teme ni a Macri ni a Carrió.

Vidal y Carrió se repelen porque son lo mismo: las dos son bastardas en un mundo de aristócratas. Ninguna de ellas es de clase; ninguna creció con todo resuelto. Las dos son religiosas. Carrió con cuerpo de cura obeso e impunidad de fanático; Vidal como una beata devocional. (Las dos son mujeres religiosas; también Michetti, aunque desplazada por el pecado de gula 2015 “CABA es sólo mía”).

En esta lógica, ¿dónde situar a Milagro Sala, a Santiago Maldonado, las tropelías en el poder judicial, el fraude electoral? La respuesta del macrismo es la de remitir a significantes vacíos: está en manos de la justicia es el utilizado para Milagro, por ejemplo. Los significantes vacíos son parte del sistema de realidad Pro.

El pobre, el jubilado, los que duermen en la calle, los desocupados no son significantes vacíos. Pobreza cero, reparación histórica, emprendedores son conceptos de la matrix Pro que no fueron suficientes para convencer. Parece no alcanzar. ¿Nos mintieron? No. ¿Qué hicieron? Crearon más realidad: vamos juntos hacia adelante, nuestro compromiso es que vos llegues, juntos venimos bien, “yo quiero darte todo lo que falte”, dice una de las canciones Cambiemos. O sea, no hay que profundizar ni discutir las causas. Lo que hay es futuro: lo que vemos como mentira o engaño es una promesa a futuro.

El concepto “futuro” es un andamio fundamental en la construcción actual de Cambiemos: “sabemos que hay muchos que no ven todavía la mejora en la economía”; “van a llegar las inversiones”; “cómo no sentir esperanza”; “en equipo lo estamos haciendo posible”. La máquina conceptual del macrismo tiene en el futuro el soporte para mantener una política sin afuera. Mientras tanto, la puesta en escena funciona y el grado de eficacia es enorme.

Pero, la promesa de lo que ha de venir tiene fecha de vencimiento. A diferencia del pasado, que no vence, el futuro en la economía y en la política sí tiene fecha de vencimiento.

Entonces lo real, lo que sucede, el afuera arrollador se impone por encima de cualquier realidad creada y sin ninguna mediación.












24/10/17

22 de Octubre: Hoy aquí empieza todo







Se descorrió el telón electoral finalmente y la decisión popular reordenó el nuevo escenario donde se desarrollarán los próximos dos años de vida democrática.

Mirá que interesante el panorama que se abrió:

1.-El macrismo se consolidó como el partido de la derecha a nivel nacional.

2.- Cristina, aun perdiendo, se consolidó como la dirigente con más densidad de votos en la provincia de Buenos Aires y por ende, del país. Ningún gobernante y/o dirigente del peronismo logró la contundencia de votos que ella logró arrancando su campaña con un solo capital político expresado en: voluntad, decisión, proyecto, convicciones y memoria colectiva. No es poco para empezar de nuevo.

3.-Unidad Ciudadana emerge como la base de una nueva construcción social y política a construir que incluye la herramienta electoral pero no se agota allí. Cuando alguien pregunte cómo se llama la oposición a Macri, de ahora en más habrá una sola respuesta mayoritaria: Cristina Fernández de Kirchner.

4.-Perdieron todas las falsas oposiciones que priorizaron sus buenas amistades con el gobierno de Macri y, por el contrario, triunfaron aquellas alternativas que se plantaron con firmeza frente a las políticas de ajuste neoliberal y de desprecio al estado de derecho.

5.-Implotó definitivamente la tesis de la “tercera via” expresada por Massa y otros espacios afines, como el de Randazzo. Aunque hay que subrayar que todos ellos colaboraron directa o indirectamente en apuntalar el triunfo electoral del macrismo. Sigue siendo una verdadera pena que mucha militancia honesta se haya dejado llevar por operadores que nada tienen que ver con la lucha de los sectores populares que esa militancia expresa. Ojalá recapaciten y vuelvan al lugar de donde nunca tendrían que haberse alejado. Para no volver a errar el rumbo tendrán que admitir que vienen de posibilitar que no haya ingresado al Senado un militante de la entereza y la dignidad de Jorge Taiana.

Así, los que quisieron negar y competir con el liderazgo de Cristina cayeron al vacío. ¿Hace falta ponerles nombre y apellido?

6.-En el escenario quedaron en pie, de manera desigual y combinada, sólo dos contendientes y es muy probable que de la resolución final de esta contienda dependa el destino de los argentinos para lo que reste del siglo XXI.

Esos dos contendientes son: Cambiemos de un lado y Unidad Ciudadana, del otro. O si se prefiere: el neoliberalismo salvaje y el movimiento nacional y popular. El poder económico y el pueblo. Macri y Cristina.

7.-El campo popular, con sus dificultades, tendrá de aquí en más todo a su favor para ensanchar su caudal. Dependerá de la inteligencia y la grandeza de sus dirigentes posibilitar la construcción de un amplio frente que reúna en su seno todas las energías necesarias que se muestren dispuestas a enfrentar el salvajismo de la derecha y reconstruir en consecuencia una alternativa capaz de volver a gobernar el país para las mayorías populares.

8.-Sabemos que el gobierno que ganó estas elecciones legislativas sólo traerá dolor y despojo a los sectores sociales. Ganó la derecha. Es decir, ganó la expresión renovada de los sectores más ricos, más concentrados y poderosos de la economía local y trasnacional. Nada bueno para el pueblo habrá que esperar de ese lado de la vida.

9.-Ahora bien, como la política no escribe manuales de autoayuda sino hojas de ruta y cartas de navegación donde se miden y planifican los objetivos en función de las distancias y los vientos, de las relaciones de fuerza y el sentido común dominante en cada coyuntura, habrá que empezar por saber que el domingo 22 de octubre terminó de expirar el viejo sistema de partidos políticos que rigió en la Argentina desde mitad del siglo XX hasta principios de este siglo XXI.

¿Dónde está el peronismo ahora?

¿Dónde está el radicalismo ahora?

¿Dónde está representada la vieja oligarquía terrateniente y la nueva oligarquía agro-financiera ahora?

¿Dónde están representados los trabajadores y las clases medias oprimidas ahora?

El escenario se reconfiguró, pero sin fragmentarse al infinito. Y eso es un buen dato.

10.-Se recreó un nuevo bipartidismo que deja al desnudo como nunca antes las contradicciones antagónicas de esta sociedad.

La derecha ya no precisa intermediarios para gobernar. Y el movimiento popular, en reconstrucción, tampoco; porque tiene en Cristina un liderazgo que lejos de opacar sus objetivos y su representación social, se muestra dispuesto a consolidar y ensanchar las bases del movimiento popular sin dobleces ni medias tintas.

Estos dos polos son los que se enfrentan y enfrentarán de aquí en más, en paz y en democracia, hasta encontrar un punto de apoyo histórico que resulte más estable y consolidado para los próximos años.
Si el movimiento popular no se dispersa más y consigue desde este presente disparar coordenadas de entendimiento y construcción frentistas hacia adelante, estaremos ante la posibilidad histórica de afrontar los próximos desafíos con mayores recursos y con más claridad en el discernimiento de las clases sociales que componen este entramado llamado pueblo.

11.-Como requisitos imprescindibles para este desafío se imponen la memoria, las convicciones, la propia identidad y la identificación con un proyecto de país que está en las antípodas del proyecto de minorías que hoy gobiernan.

Contamos con una base territorial importante, aunque no suficiente, una militancia mayoritariamente joven, un liderazgo como el de Cristina, y además, contamos con el factor tiempo para seguir avanzando. Necesitamos tiempo, no sólo el que marca el calendario y el reloj; sino ese tiempo político que se construye día a día en cada lugar de militancia.

12.-La derrota duele. Tenemos mucha historia como para no saberlo. Pero hay que sobreponerse rápidamente porque en diciembre hay que llenar las plazas para acompañar a Cristina y los nuevos legisladores que asumirán las bancas como si fueran banderas que flamean en lo alto y resisten y marchan hacia la victoria, siempre.

Y antes hay que estar de pie en los innumerables conflictos sociales que sobrevendrán de aquí en más. Y hay que estar decididos a lograr verdad y justicia para Santiago Maldonado. Y hay que aguantar los trapos como lo venimos haciendo desde hace doscientos años.

O sea... ¡Si Cristina no se rinde, aquí no se rinde nadie!

Jorge Giles




18/10/17

Cambiemos, una manera de ser





No se parecen a nada de lo que conoció la política argentina. Hacen de la eficiencia un culto y de la falta de pensamiento crítico una herramienta. Desde allí construyen conceptos que no son ideas sino aplicaciones. Es lo que fue y lo que se viene.

Son otra cosa. No son la rancia aristocracia del siglo XIX; no son las fieras fascistas del treinta. Se parecen a los de la Revolución Libertadora (los antiperonistas se parecen, cualquiera sea la filiación política o ideológica). Pero estos de ahora son definitivamente otra cosa. Varias, no una, pero lo que más son es efectivos (por eso mismo son patoteros).

En la política son de genealogía reciente, de fines de los años setenta y comienzos de los ochenta: finanzas y era digital. O sea, máquinas de producción y resultado. Ni Roca, ni Agustín P. Justo, ni Frondizi. Ni Onganía, ni De la Sota, ni Cobos. Eso es carne vieja. Los de ahora son buitres de carroña actual. No son de derecha: no es ese el rango que los mide. Son otra cosa; neo-empresarios, de bicicleta, aire libre y viernes casual. No tienen país de origen, no les importa la Argentina. Pueden vivir aquí o en cualquier lado.

No son conservadores ni ilustrados. Son gentes a pura eficiencia y con muchos recursos técnicos. No tienen cultura, apenas aquella necesaria para el desplazamiento. En general son iletrados, de bostezo fácil frente a un libro.


Tienen preocupación por las formas, porque es parte del mismo asunto. Formas superficiales, de packaging de felicidad y armonía, de cartel en el subte que dice: “Si alguien se siente mal, ayudémoslo”. Lo obvio se convierte en slogan. Este marketing de vida sana y comprensión es la exudación de la economía política que sostienen.




Son corporaciones que negocian. Ni fábricas fordistas ni empresa familiar. Estas corporaciones no tienen dueño, los excede. Son más grandes las acciones que la voluntad individual de un dueño. Por eso no importa si es Mauricio Macri o quién sea. Macri es un muy buen exponente, sí, pero el asunto es más amplio, de inscripción internacional, de lazos más complicados, de intereses cruzados.

Tienen entrenamiento en el exterior, todos bajo el ala de las finanzas; son eficaces, muy eficaces para lo que quieren. Insisto: no son la derecha ni son conservadores. Son neo. Pura demolición a fuerza de anticipación financiera.

Neo; no es ambición sino procedimiento: es la forma de operación sobre los otros. La eficacia no admite caras, ni parentescos, ni pertenencia grupal. Cuando hablan de equipo es porque los vínculos responden a esquemas funcionales. Son cuerpos de abrazo rígido, de compromiso con la tarea y nada de comunión. Es un equipo gélido. Por eso se abrazan como repeliéndose.

La forma de operar sobre los otros es bajo una apariencia (amenaza) de modernización permanente. El Ministerio de modernización es la institucionalización del dominio financiero por encima de cualquier otra razón.

No son humanistas, no dudan. Retroceden, a veces, pero no dudan. Saben a dónde van y no necesitan que haya alguna mediación. No tienen un proyecto de país. No les importa. Son lo más agudo del capitalismo, su bisturí más impiadoso.

No es un nombre. Son otra cosa: una raza política nueva que casi no conocemos.

La administración del gobierno actual tiene una forma específica de ejercer poder: es la política vaciada como aplicación (app). No hay votantes, hay usuarios. Eso ofrecieron en las elecciones: aplicaciones para usuarios. Es decir, herramientas de uso y habilitación personal: ser felices, estar todos juntos, la alegría es poder colaborar, en todo estás vos, mirar al futuro. La aplicación más elocuente: cambiemos. Ante cualquiera de estas aplicaciones, la fuerza argumental en contra es vista como violencia. Y en el colmo de la aplicación, como soberbia.

La política como aplicación es el desplazamiento del elector al usuario móvil. La eficacia y la extensión de los íconos salen de las pantallas y se instalan y actualizan en la vida cotidiana.

Google play: 700 mil aplicaciones bajadas. Android: más de un millón. Apple, millón y medio aprobadas desde 2008. 35.000 millones de descargas. La extensión no reconoce clase social ni lugar de origen. 35.000 millones (sólo de Apple) es signo de una práctica orgánica, de un tipo de necesidad vital. 35.000 millones: no elegimos, estamos adentro.

Sergio Massa como opositor peronista es una aplicación del gobierno actual. En otras funciones, lo mismo Hugo Moyano y también lo fue el Momo Venegas. Los intendentes radicales, volver al mundo, el fin del cepo, ñoqui, contramilitancia, todas son aplicaciones conminadas al uso y la propagación. Y efectivas para administrar usuarios. El yaguareté de los billetes es la aplicación “basta de historia política”. Multitasking Pro.

Narcotráfico: la reiteración del tema, la insistencia y difusión permanente, es la composición de una nueva aplicación. Es necesario instalar el ícono en cada pantalla: Narcotráfico. No vemos claramente qué es; es suficiente el ícono. Eugenio Zaffaroni da un reportaje. Argumenta: “Al narcotráfico no le importa la Argentina porque queda lejos de Estados Unidos, lejos del lugar del consumo. El narcotráfico no es un problema aquí”. La aplicación se distribuye igual. A la aplicación no le importa Zaffaroni, no hay lugar para los argumentos de Zaffaroni.




La aplicación es eficiencia sin ética ni compromiso. Por eso puede ser una y lo contrario. Carlos Melconián: “Vamos a devaluar”; Macri, un día después: “No devaluamos”. La aplicación se actualiza. Todo es posible.

Cedamos siempre el asiento. Dejemos bajar antes de subir. Tiremos la basura en los cestos: aplicaciones para la vida Pro. La más clara, la que indica el gesto de un solapado disciplinamiento social: Esperemos siempre detrás de la línea amarilla.

No todo es aplicación. El poder judicial, el poder mediático y las fuerzas de seguridad no son aplicaciones, son la garantía de funcionamiento de las aplicaciones. ¿Para qué? Para la marcha precisa de la economía financiera y del vaciado político.

La aplicación que ya no sirve, se borra o se elimina (Ernesto Sanz y buena parte del radicalismo).

El ícono Pro, con su tecla de avance, no es un partido sino una aplicación con voluntad de vaciado político. El gobierno Pro no fue votado, fue descargado por un 51 por ciento de usuarios. Esa es su conquista inesperada. Y, a la vez, toda su fragilidad.

El macrismo crea realidad. En su aparente torpeza, en su aparente estupidez, crea realidad. No refleja lo que es, no oculta lo que es. Crea, inventa, produce. No en paralelo a otra cosa. Crea un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos.

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Como en The Truman show, rebotamos contra la nube. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera. Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras.

¿Cuántas palabras tiene el vocabulario Macri? ¿O el vocabulario Bulrich, ella o él, es lo mismo? ¿Cuántas? No importa. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir. Si no entrás, te quedás pataleando en la puerta y rebotando contra la nube.

Por eso, para muchos de nosotros, la sensación de la época es la impotencia. La impotencia es más grande que la bronca y más grande que la tristeza. Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.

Contra el pensamiento crítico, los talleres de entusiasmo de Alejandro R. El macrismo es un diluyente para cualquier argumento y la impotencia se hace visible en nosotros.

Nuevamente: ¿Cuántos conceptos tiene la realidad Cambiemos? Evidentemente muchos más de lo que vemos y todos los que vemos: Macri tomando mate o abrazando a un pobre o tocando el timbre en Berazategui es un concepto, es una creación de realidad Cambiemos. Los besos al aire de Vidal son un concepto, también son realidad Cambiemos. “Nosotros”, “en todo estás vos” son una puesta en escena, no una forma de inclusión.

La cara de María Eugenia Vidal también es un concepto: su gesto es muy eficaz para la incorporación de jóvenes a este sistema cerrado de una realidad propia. Toda ella es el vecino, toda ella es el sí se puede, toda ella es el “en cada rincón estoy con vos”. Es una reificación del concepto, una puesta en acto. En ella, en las señas de su cara, en su tono de voz, los conceptos se hacen visibles. Vidal, en esta realidad Cambiemos, es pura ganancia.




Una política sin afuera requiere de un sistema de captura almibarado. Vidal es sedosa, envolvente, casi etérea. Ideal para la captura. Convierte el afuera en una situación sensible: Lucha contra el narcotráfico está incorporado, no como problema, sino como una puesta en escena: lo que más se ve del tema no es la droga sino el “sacrificio” de tener su hogar en una base militar.

Vidal es la Mujer Pro, la Mujer candidata. No necesita casi de nada. Su apariencia piadosa y su derrame Pan Triste, son más eficaces que todo Durán Barba. No le teme ni a Macri ni a Carrió.

Vidal y Carrió se repelen porque son lo mismo: las dos son bastardas en un mundo de aristócratas. Ninguna de ellas es de clase; ninguna creció con todo resuelto. Las dos son religiosas. Carrió con cuerpo de cura obeso e impunidad de fanático; Vidal como una beata devocional. (Las dos son mujeres religiosas; también Michetti, aunque desplazada por el pecado de gula 2015 “CABA es sólo mía”).

En esta lógica, ¿dónde situar a Milagro Sala, a Santiago Maldonado, las tropelías en el poder judicial, el fraude electoral? La respuesta del macrismo es la de remitir a significantes vacíos: está en manos de la justicia es el utilizado para Milagro, por ejemplo. Los significantes vacíos son parte del sistema de realidad Pro.

El pobre, el jubilado, los que duermen en la calle, los desocupados no son significantes vacíos. Pobreza cero, reparación histórica, emprendedores son conceptos de la matrix Pro que no fueron suficientes para convencer. Parece no alcanzar. ¿Nos mintieron? No. ¿Qué hicieron? Crearon más realidad: vamos juntos hacia adelante, nuestro compromiso es que vos llegues, juntos venimos bien, “yo quiero darte todo lo que falte”, dice una de las canciones Cambiemos. O sea, no hay que profundizar ni discutir las causas. Lo que hay es futuro: lo que vemos como mentira o engaño es una promesa a futuro.

El concepto “futuro” es un andamio fundamental en la construcción actual de Cambiemos: “sabemos que hay muchos que no ven todavía la mejora en la economía”; “van a llegar las inversiones”; “cómo no sentir esperanza”; “en equipo lo estamos haciendo posible”. La máquina conceptual del macrismo tiene en el futuro el soporte para mantener una política sin afuera. Mientras tanto, la puesta en escena funciona y el grado de eficacia es enorme.

Pero, la promesa de lo que ha de venir tiene fecha de vencimiento. A diferencia del pasado, que no vence, el futuro en la economía y en la política sí tiene fecha de vencimiento.

Entonces lo real, lo que sucede, el afuera arrollador se impone por encima de cualquier realidad creada y sin ninguna mediación.