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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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20/12/12

AVANCES y DUDAS más allá del 7D





La implementación de la ley de medios, más allá del caso Clarín, implica menor concentración y, a la vez, genera preguntas sobre qué nuevos actores emergerán y sobre la construcción del “tercer sector”.



Aún si hubiera habido 7/D en los términos previos a la última extensión de la cautelar planteada por el Grupo Clarín podría haberse hablado de 7/D con el vaso medio lleno o de 7/D con el vaso medio vacío. Mucho antes de que la ley de servicios audiovisuales entrara al Congreso para su debate y sanción, desde este espacio se dijo que la pura letra fría de la ley, por mejor redactada que estuviera, no iba a ser suficiente herramienta para afrontar la construcción de una comunicación auténticamente democrática, con fuerte participación de actores que no fueran ni privados ni estatales. Esa comunicación iba a depender –y depende– de mucha voluntad de las distintas autoridades gubernamentales, de su capacidad de gestión, de mucha generosidad política y participación, de la vitalidad de la propia sociedad y de los respaldos que la sociedad recibiera en términos de estímulo, financiación y viabilidad de proyectos, profesionalización, generación de redes federales de producción y contenidos. La ley necesita tiempo y sociedad.

A 3 años de la sanción de la norma, el objetivo de construir el tercer sector ha sido cumplido sólo parcialmente y a partir no tanto de la tarea de la Afsca como de experiencias tan valiosas e innovadoras como las que se generan, por ejemplo, desde el Instituto de Cine, el Bacua (Banco Universal de Contenidos Universales Argentino), la Televisión Digital Abierta, la TDT, o la señal Encuentro.

La derecha aún recuerda con deleite morboso aquel llamado a licitación hecho por la Afsca de cara a la conformación del tercer sector que terminó mal. No queda claro qué pasó en ese caso, si se trató de una deficiencia en la gestión del organismo, que tampoco termina de afinar datos sobre el mapa comunicacional argentino o sobre la cantidad de empresas que maneja el Grupo Clarín. Como sea, la construcción del tercer sector avanzó con trabas y dificultades. Habría que añadir que esas dificultades en parte son entendibles y estaban previstas: lo que se está haciendo en Argentina en materia de políticas de comunicación y cultura, incluyendo la ley de medios, es una suerte de gigantesco experimento social, una exploración y construcción de nuevos paradigmas (que además no vienen con un librito o teoría cerrada), algo que apenas tiene antecedentes mundiales.

Al mismo tiempo, los procesos de adecuación, más allá de las guerrillas judiciales y administrativas que seguirán dilatándose en el caso de Clarín u otros actores posibles, parecen encaminarse más a un reparto de poder entre actores empresarios, a veces al interior de los grupos, que a una construcción social nueva y potente. Aún así, y dado que la adecuación implicará desconcentración (de nuevo: más allá de lo que suceda con el caso Clarín), hay un avance importante que seguirá necesitando nuevos ajustes, más transformaciones y, sobre todo, mucho tiempo, porque el cambio al que se apuesta es cultural, social, y no exclusivamente relacionado a un problema de titularidades de licencias.

Avances, dudas. Hay, entre sectores que apoyaron y apoyan la ley de medios, una sensación ambigua respecto de los resultados de su implementación. Parte de lo mejor es el alto nivel de legitimación de la norma. El dato puede verificarse en el hecho de que incluso la mayoría de los sectores opositores dejaron de impugnarla a los gritos. Lo que en todo caso cuestionan es cómo se está aplicando. Las dos críticas más fuertes tienen que ver con la no creación del tercer sector y con el hecho de que la ley no se haya aplicado en tres años a grupos que no fueran Clarín, amparado en la cautelar. La respuesta a la que apeló el Gobierno respecto de la segunda crítica es que aplicar la ley a otros grupos hubiera significado fortalecer el poder del holding más poderoso, contrariando el espíritu de la norma.

En cuanto a las sensaciones ambiguas, algunas tienen que ver con las reingenierías a las que parecen apostar grupos como Vila-Manzano o el del santiagueño Néstor Ick, que según describió Martín Sabbatella se adecuarían repartiendo licencias “en familia”. Sabbatella incluso sugirió que los accionistas del Grupo Clarín tendrían derecho a hacer algo parecido, hipótesis que alguna vez se manejó desde estas páginas. Esa salida no está en absoluto reñida con la letra de la ley, no es ilegal, sin embargo, parece disonante respecto del espíritu de la misma.

El caso Telefé. Cuando promediaba el debate sobre la ley de medios, diputados opositores de centroizquierda –bien dispuestos a apoyar la norma– alertaron sobre el rol que pudieran tener las telefónicas en el negocio de la comunicación. La respuesta del kirchnerismo fue rápida e inteligente. La Presidenta misma anunció que quedarían afuera. Hoy, la situación parece distinta: el oficialismo relativiza la relación entre Telefé y Telefónica. Los argumentos sobre el origen de los capitales de Telefónica española y sobre la relación entre ésta, Telefónica de Argentina, Telefé y la prestación de servicios tienen una parte cierta pero son “endebles”, según dijo el respetado especialista Martín Becerra, apelando a un calificativo prudente. Una hipótesis posible sobre el modo en que se aplicaría la ley en ese caso pasa por la idea de la negociación: una suerte de tolerancia hacia la situación aparentemente irregular de Telefé y a cambio el compromiso de esa empresa de desprenderse de su exceso de licencias.

De nuevo, en este caso la mitad del vaso lleno corresponde a uno de los objetivos cruciales de la ley: desconcentrar primero, para luego diversificar las voces. Lo que no está claro es hasta dónde el perfil de los eventuales compradores de licencias cedidas por los grupos se corresponderá con la idea de una comunicación distinta o más diversa. Aquí entran a tallar otras complejidades.

La primera tiene que ver con los plazos de las transferencias. Entre la presentación de los planes de adecuación o la actuación de oficio de la Afsca, las tasaciones, el llamado a concurso, el éxito o no de ese llamado a concurso, se suman tiempos quizá más largos de los informados por Sabbatella.

La segunda complejidad, que ya se planteó en estas páginas, es qué empresarios o nuevos actores comunicacionales tendrán espaldas financieras para hacerse cargo de las licencias y sostenerlas en el tiempo.

La tercera es “qué comunicación” saldrá en cada caso. Si es por un tipo de comunicación popular (expresión que se enuncia fácil pero dice poco), no parece que el “tercer sector” pueda ser comprador de empresas. Un ideal posible pero difícil de concretar sería que emergentes de ese tercer sector pudieran acceder al menos a pequeñas o medianas empresas mediante ingenierías y sinergias en las que confluyan –como sucede en algunas de las experiencias mencionadas más arriba– patas federales, universitarias, cooperativas, de organizaciones sociales.

Éste es otro modo de decir que lo que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual necesita para dar lo mejor de sí es un escenario político-cultural como el actual, con un Estado (nacional, provincial, municipal) presente a la hora de seguir estimulando su potencial. Pero además se requiere de tiempo, mucho tiempo, y mucha creatividad. Uno de los argumentos más necios que usaron quienes se opusieron a la ley fue el de decir “la ley me gusta, pero no con este Gobierno”. La ley trasciende al gobierno que la sancionó y si es buena queda para ser implementada. Si algún opositor quiere mejorar su implementación puede hacer fuerza desde su lugar de representación en la Afsca, desde el Congreso, desde los medios o en un próximo gobierno, y si la ley no previó alguna cosa puede modificarse.

Tiempo es lo que se necesita, dedicación, generosidad, creatividad, capacidad de gestión y de innovación. A la ley hay que imaginarla y proyectarla trascendiendo lo que fue cierto imaginario mágico del 7/D, entre otras cosas porque la inmensa y complejísima ecuación de la comunicación y la cultura no se resuelve exclusivamente con la fórmula “Grupo Clarín adecuado”. Si es por las reingenierías internas que vayan a practicarse al interior de cada grupo, acaso dentro de veinte años nadie se acordará de quiénes eran socios, amigos o familiares; menos aún en un negocio donde las lógicas financieras cambian los escenarios a un ritmo vertiginoso, en general perverso. Las grandes transformaciones culturales hay que medirlas en tiempos largos. Apurarse hoy en hacer el balance de lo que está sucediendo puede ser un ejercicio equivocado y eso incluye esta propia nota.








23/7/12

LA TIERRA TIEMBLA








El mundo ha entrado en una zona oscura y hace bastante que las primeras sombras llegaron a nuestra región, incluyendo a la Argentina. La Presidenta afronta las dificultades con un latiguillo: “El mundo se nos cae encima”. Buena parte de la oposición niega redondamente que los problemas de la economía local tengan relación con los de Europa, Estados Unidos o Brasil. Si bien en los últimos tiempos parte de esa oposición y ciertos economistas que cuestionan políticas del oficialismo han entendido que la estrategia de profetizar desastres no les conviene ni a ellos ni al país (no son lo mismo Carrió que Bonfatti, Miguel Bein que Miguel Ángel Broda), perdura una actitud que se asemeja a la de los plateístas de River o Vélez, célebres por ser fáciles comentaristas hostiles de lo que hacen quienes se están jugando la piel. El oficio del periodista en ese sentido también es cómodo: siempre es más fácil juzgar que construir, apelar al cinismo que a la honestidad, al impacto que a la serenidad.

Según el último informe del Indec, en mayo se registró una caída interanual del 0,5% en la actividad económica y del 4,5%, en la industrial. Dada la crisis, el escenario podría ser peor si no se hubieran desplegado ciertas políticas contracíclicas. En otros casos, el mundo no tiene toda la culpa de lo que aquí sucede. Parte de la inflación es un ejemplo, aún cuando la oposición mediática y política exacerbe su impacto. Las complicaciones de las que se viene por las políticas de subsidio a la energía y el transporte, que fueron cruciales durante años como herramienta de reactivación e ingresos, derivaron en un cuadro fiscal difícil. Lo que el Estado invierte en importar combustibles o subsidiar sin buenos controles a empresarios desaprensivos del transporte colectivo y ferroviario no puede ir a otros destinos.

Hacia adelante. Todos esos problemas son reales. La enorme diferencia que sigue existiendo entre el kirchnerismo y las por ahora no-alternativas opositoras es que el primero se arremanga y trabaja e intenta salir de sus errores, profundizando en sus aciertos. Los otros más bien comentan y recitan la agenda ajena, sin terminar de delinear visiones y proyectos de gobierno consistentes. O acaso sí, pero por derecha.

El Gobierno mientras tanto labura; labura a lo pavo. Está empeñado en salir de aquellas cosas que no se hicieron bien. Cierto discurso kirchnerista dice algo así como que “la autocrítica se ejerce con medidas concretas”. Es una apreciación generosa. Pero es cierto que el kirchnerismo, particularmente la Presidenta, tiene una capacidad temible de pelearla, de salir apostando hacia adelante, y de hacerlo tratando de cuidar el todo, especialmente a los sectores más vulnerables. Esa, de nuevo, es la otra inmensa diferencia entre Cristina Fernández, Mauricio Macri, Daniel Scioli, la dirigencia radical, la del socialismo.

Las diferencias aparecieron en el potente conjunto de noticias de esta semana. La YPF recuperada invirtiendo cerca de 6.000 millones de pesos en lugar de remitirlos al exterior. El anuncio de una inversión de 800 millones para renovar el Sarmiento y otros 500 próximos para el Mitre. La realización del primer sorteo del plan de viviendas Pro.Cre.Ar. Los anuncios en torno de la tarjeta Sube son una señal más de que se pretende de a poco ir saliendo del sistema de los subsidios, con un problema: hasta dónde llegarán los recursos de los municipios y la provincia cuando tengan que salir a cubrir lo que el Estado nacional dejó de poner. También hubo un anuncio presidencial sobre inversiones millonarias en una mina de potasio en Mendoza. Cuando se trata de extracción de oro y plata, ni la Presidenta ni los gobernadores (que llegaron a emplear la palabra “snob” para cuestionar a los ambientalistas y a los que se oponen a la minería a cielo abierto) parecen dispuestos a reexaminar el modelo extractivo, la arquitectura impositiva vigente desde los ’90, los riesgos medioambientales. Sí en cambio parecen muy decididos en competir por la renta de ese mismo modelo, lo cual atenúa sólo una parte del problema.

Vida útil. YPF, plan Pro.Cre.Ar, créditos para los jubilados, retiro cuidadoso de subsidios, inversión en infraestructura, obligación de la banca (gracias a la reforma de la carta orgánica del Central) de invertir en créditos para la producción, todas las pilas puestas para desplegar programas de protección de empleo cuando las cosas se pongan más difíciles. El kirchnerismo se enchufa pero afronta un problema. Sus mejores anuncios tienen menor tiempo de “vida útil” (menor impacto político y comunicacional) que en otras coyunturas. Corren el riesgo de ser neutralizados no sólo por la potencia de fuego de los medios opositores –asumiendo además que no es cierto todo sea manipulación–, sino por los problemas reales, las disputas de coyuntura al interior del kichnerismo y cierta repetitividad mecánica en los discursos periodísticos y políticos propios. En cuanto a la economía, en algunos casos las políticas contracíclicas (desde una mayor producción de hidrocarburos a las primeras viviendas que se construyan por el plan Pro.Cre.Ar) demorarán en tener efectos virtuosos.

En este marco, ciertos conflictos políticos como los que se sostuvieron con el moyanismo y con Daniel Scioli parecen tener para el kirchnerismo nacional ganancia cero, o quizá pérdida. Por supuesto que ante el vacío de un real debate interpartidario esos conflictos resuenan mucho más. Y como se dijo más arriba: es más fácil opinar y pedir paz y amor que tener que salir a bancar con centenares de millones de pesos a un gobernador que no se atreve a desplegar políticas tributarias más audaces porque no quiere el conflicto (algún día Scioli resumirá toda su comunicación en una gigantografía que diga “Soy un pan de Dios”) y que al mismo tiempo se saca fotos con Macri y con Moyano, eso sí, como en el tango de las 34 puñaladas, amablemente.

Pese a eso, y aún cuando fue Néstor Kirchner y no Cristina quien dedicó los retos públicos más furibundos contra el gobernador (el primero, a los pocos meses de haber asumido el gobierno), las movidas del oficialismo plantean algunas dudas. ¿Hasta dónde los cuestionamientos políticos, ideológicos o de gestión contra Scioli no traspasan una línea delicada, la de la soberanía del voto popular que lo llevó a la gobernación? Y más especulativamente: ¿hasta donde la furia kirchnerista crea empatía social? Es cierto que Cristina recibió más de 400 mil votos por encima del gobernador. Pero la boleta decía “Scioli” y decía “gobernador”. Es un tema más que espinoso por cuestionables que puedan resultar ciertas políticas bonaerenses, no sólo las de seguridad. El problema no se resuelve con los oxidados, verticales lemas peronistas de “lealtad”, “conducción” o “subordinación al proyecto” en una democracia modelo siglo XXI que dice enorgullecerse de haber consagrado nuevos derechos.


Hay crujidos en la economía que se están poniendo fieros. Hay conflictos políticos de coyuntura que se deberían morigerar y patean en contra. Un consultor que solía trabajar entre otros para el kichnerismo sostiene que, contrariamente a lo que dicen algunos de sus colegas más enojados con el oficialismo, la imagen positiva de la Presidenta incluso supera el porcentaje de los votos que recibió en octubre. Claro: con una muy importante imagen negativa. El kichnerismo está condenado a seguir trabajando a lo pavo para conservar lo que acumuló, atendiendo a los crujidos globales, los locales y a los de sus propias tripas.







22/1/12

BIENVENIDOS a la DISCUSIÓN






¿Qué pasa en las páginas de La Nación, Clarín, Perfil y en programas (no sólo) de TN que desde hace un tiempo se discuten agendas audaces? ¿Qué es eso de que paseen por allí valiosos intelectuales de diversos pelajes hablando contra la concentración de la tierra, la megaminería, la ley antiterrorista, los muertos por represión? ¿Qué raros desplazamientos y contorsiones suceden y qué vacíos en la representación política permiten que afloren estas discusiones en semejantes lugares, donde lo habitual es o era toparse con las aburridas cabecitas en crisis del radicalismo conservador, el duhaldismo o la economía liberal?

Estas no son preguntas irónicas que sólo sospechen algún pecado de “usurpación de progresismo” por parte de los medios (más o menos) dominantes “con tal de pegarle al Gobierno”. Son más bien una bienvenida al hecho de que ya sea un documento de Carta Abierta como la irrupción de un nuevo colectivo de intelectuales críticos del kirchnerismo sean asuntos noticiables e interesantes para generar debate.

Por supuesto que siempre habrá intentos de aplanamiento, recorte, distorsión, manipulación y uso por parte de los medios (más o menos) dominantes. Pero, caramba, ¿quién le está imponiendo agenda a quién en estos casos? ¿No está bueno que donde antes hubo Biolcatti, Cobos o consultor de la City hoy aparezcan de Horacio González a Maristella Svampa? ¿Y no está igualmente bien que la irrupción de la gente de Plataforma 2012 estimule a otro grupo de gente que piensa bonito a seguir afinando Argumentos y discutir cada vez mejor?

Ley antiterrorista, minería a cielo abierto, muertos por represión estatal o por patotas… Ninguna de los temas enunciados en el primer documento de Plataforma 2012 es menor. Aún cuando las críticas parezcan exacerbadas y en algún caso (como el diagnóstico de una presunta desigualdad creciente) artificiosas o temerarias. Aún cuando se trata de un puñado de temas potentes, el problema reside, como bien lo señaló Eduardo Jozami en la respetuosa entrevista que le hizo Marcelo Zlotogwiazda por TN, en “dirimir” si las eventuales falencias del Gobierno respecto de esa agenda “definen” de un saque todos los rasgos y esencias del complejo universo kirchnerista.

Una elección posible es la que apuntó en el mismo programa Gabriel Levinas: a su juicio, algunos de esos temas implican situaciones “extremas”, “que trazan una raya” a partir de la cual se supone que un simpatizante del Gobierno debería dejar de serlo.

El argumento parece atendible, sólo que la valoración –la que eventualmente conduzca a la decisión de permanecer o irse– depende de la masticación interna y la subjetividad colectiva, grupal o la de cada uno, no sólo de la de Levinas (y eso sin entrarle demasiado al asunto sí dominante de las emociones que ciegan). Puede que un simpatizante, militante o intelectual cercano al kirchnerismo, a partir de cierto grado de madurez política, ponga en la balanza cuánto comparte y cuánto no de lo hecho por el Gobierno. Mientras la balanza se incline a favor, seguramente elegirá permanecer en alguno de los espacios del kirchnerismo, entre otras cosas para hacer fuerza desde ahí. Puede que potencie esa decisión el hecho de que, por fuera del kirchnerismo, no haya proyectos transformadores ni consistentes ni convincentes (sí muy respetables agrupaciones, sin ironía, y muy interesantes voces sueltas).

Puede que piense también nuestro sujeto experimental K otras cosas largamente sabidas: como que siempre existe la amenaza de perder lo recuperado y volver a retroceder en el tiempo (Macri en la Ciudad).

Puede que se valore la importancia de anteponer la construcción, permanencia y eventuales “refacciones” en un espacio colectivo ya construido –que cuanto más se expande más arisco se pone y más tensiones genera– que salvaguardar las plenas libertades de opinión personales (huinca atajando: que nadie diga por favor que esta última línea es una incitación al estalinismo).

Arietes y fiestitas. Una crítica a Plataforma 2012 que el que escribe no comparte es el hecho de que el nuevo colectivo de intelectuales se haya expresado en alguno de los espacios de la comunicación (ya no tan) dominante. Puede que alguno de ellos opere en esa dirección y por supuesto que los medios del establishment los van a usar como ariete antikirchnerista, así como usan las críticas de Carta Abierta para hacerse la fiestita (por si las moscas: los subversivos de ambos colectivos de intelectuales hubieran sido exterminados en dictadura, con la sensata aprobación de La Nación y el opaco silencio de Clarín). También es verdad que en un escenario polarizado y a menudo binario están faltando espacios de encuentro, intercambio y debate. Pero guarda la tosca porque a veces sí emergen esos espacios de encuentro en preocupaciones comunes. En Miradas más que a menudo hemos podido hacernos cargo de varios de los temas planteados desde Plataforma (y desde Carta Abierta, o viceversa en orden de aparición): desde la minería a cielo abierto (o los riesgos tóxicos del modelo sojero) a la represión a los Quom, el asesinato de Mariano Ferreyra, las muertes del Indoamericano.

Maristella Svampa escribió aquí; Norma Giarraca (que dejó Plataforma apenas se creó ese espacio) es fuente habitual de consulta. Ergo: el kirchnerismo ni es tan monolítico ni impone un relato único.

Allí, en la idea simplificadora de “la imposición del relato kirchnerista”, falla feo el diagnóstico de Plataforma 2012. No existe en una sociedad compleja (además de discutidora como la nuestra) “imposición de relato” posible.

Hay en todo caso modos de circulación de relatos que no tienen un único emisor omnipotente (un Zeus tronante); grados siempre cambiantes de retroalimentación, de valoración, de aceptación de un verosímil. “Imponer relato” (la aguja hipodérmica en las añejas teorías de la comunicación) es algo que no consiguen ni “la Corpo”, ni un gobierno, ni Dios.

La de Plataforma es al respecto una lectura floja que revela un cierto desdén por la apropiación que hizo buena parte de la sociedad del famoso relato kirchnerista. En cuanto a los asesinados por violencia estatal o no, hay un tipo de reacción que a quien escribe le recuerda lo que le sucedió a su hija de 16 (simpatizante o turista accidental del kirchnerismo) en cuarto año del secundario cuando un compañerito del PO la acusó de “tener las manos manchadas con sangre” por el asesinato de Mariano Ferreyra. Puede suceder con un pibe de 16. No con intelectuales formados, que en su primer documento comprimieron en un mismo “sistema” cerrado una decidida voluntad política del Gobierno Nacional. Enlistar muertes en un puro sistema de crueldad estatal roza lo efectista.



Las corpos.

La gente de Plataforma (para la recuperación del pensamiento crítico) sostiene otra cosa interesante. Aquello que el gobierno kirchnerista hace horriblemente mal no es parte de una lista de “asignaturas pendientes”, como señalaría Carta Abierta. Sencillamente esas cosas jamás estuvieron ni estarán en la agenda oficial.

Carta Abierta, si al que escribe no le falla la memoria, no suele usar la expresión “asignaturas pendientes”. Pero de todos modos es más que discutible que el gobierno kirchnerista vaya en todo a contramano de lo que plantea Plataforma: Nilda Garré no es precisamente una Ministra de la Represión, la Ley de Tierras es un avance importante, lo mismo el nuevo estatuto del trabajador rural. Y allí donde Maristella Svampa generaliza una relación estructural del Gobierno con “las corporaciones”, incluyendo las cerealeras, está el último acuerdo con las cooperativas agrarias respecto de los modos de exportación, para no hablar de la relación compleja que sostuvo con otras corporaciones: Iglesia, Fuerzas Armadas, Sociedad Rural, las mediáticas, el FMI, Washington, su ruta.

En todo caso, porfis, concédannos a los simpatizantes del kirchnerismo la ilusión o la libertad de creer que colaboramos en ampliar y construir agenda. De hecho, como suele reiterar Mario Wainfeld, unas cuantas y significativas políticas impulsadas por este gobierno no estaban en su agenda inicial.

En algún punto da la sensación de que Plataforma se comió ricas porciones del relato liberal y sus suspicacias satelitarias acerca de lo que es el kirchnerismo. Maristella habla de la horizontalidad de Plataforma como quien invoca las mejores tradiciones inauguradas en las asambleas populares de 2001 y 2002.

¿Y qué es Carta Abierta? Carta es (a veces insoportablemente) horizontal y asamblearia, a riesgo de perder capacidad de hacer, de producir, de intervenir, de expresar. La desdeñosa expresión “voceros del Gobierno”, en ese sentido, es desgraciada. En cuanto a la autonomía intelectual, conviene decir que según cómo venga la bocha puede necesitarse más coraje político y personal para mantenerse en un espacio sosteniendo “pensamiento crítico” en medio de innumerables tensiones, y más cuando se hace algo tan grasa como adherir a un gobierno, que conservar en lugar fresco el ciento por ciento del discurso individual. No es el caso de la gente de Plataforma pero, para levantar el sempiterno dedito acusador, para el pensamiento y la indignación fácil, para apostar sin jamás quemarse al aplauso de la platea, para eso se inventaron los periodistas.



Primera respuesta a Plataforma

Texto completo original en “Argumentos para una mayor igualdad”

Los que siguen son algunos fragmentos principales de Argumentos por una mayor igualdad, la respuesta que un flamante espacio de intelectuales publicó en respuesta al documento emitido por Plataforma 2012.

    Esta carta pretende escapar a una falsa polarización. Quienes firman Plataforma, quienes adhieren y promueven Carta Abierta y quienes firmamos estos “Argumentos” afirmamos desear que la Argentina sea una sociedad más igualitaria. ¿Cómo es posible que nuestro diagnóstico acerca de lo que sucede en el país sea tan distante al de Plataforma?

    El pensamiento crítico, que reivindicamos, distingue entre cualidades diferentes, se adentra con cuidado en procesos complejos. No descalifica a los adversarios o a quienes piensan diferente: construye argumentos. Quienes firmamos este texto creemos que es urgente desplegar un debate franco, que busque reconocer los matices y complejidades del proceso actual.

    Los firmantes de Plataforma 2012, con algunos de los cuales hemos compartido muchas luchas, parten de una idea que consideramos equivocada: este gobierno es nefasto y sólo hace cosas nefastas.

    Todos los gobiernos, de izquierda o de derecha, construyen relatos. La pregunta no es si los intelectuales se sienten interpelados por esos relatos. La pregunta crítica es qué habilitan y qué obstruyen dichas narraciones. Honestamente, entre quienes apoyan las principales medidas de los últimos años, vemos énfasis bastante distintos, comentarios críticos, disputas relevantes e irrelevantes. La crítica a la ley antiterrorista ha sido la muestra más reciente de lo que afirmamos: hay un debate público. No vemos un discurso único, salvo que así parezca el acuerdo profundo en enfrentar los discursos de aquellos economistas que quieren llevar a este país a los años noventa.

    Existen disputas por la legitimidad política muy asociadas a los procesos de distribución económica. Y esas luchas son verdaderamente complicadas. No sólo porque una corriente progresista, que ha tenido diferentes capítulos en la historia del país, siga creyendo que las mayorías populares están engañadas, dado que han manifestado su apoyo a pesar de la supuesta “profundización de la desigualdad”. También, y principalmente, porque los poderes económicos y corporativos son mucho más reales de lo que un lector de la Plataforma podría suponer. En su texto no mencionan sus tensiones con el Gobierno: esas tensiones serían “puro relato”.

    Que haya acciones y metodologías del Gobierno que no compartamos (el Indec, la minería contaminante), no nos lleva a creer que exista hoy en la Argentina la posibilidad de una construcción de izquierda que insista en desconocer los avances logrados en estos años. Un pensamiento crítico comprometido con lo que hay que lograr pero también con lo logrado intervendrá activamente en el debate acerca de lo que falta, que es un avance cualitativo en todos los terrenos de una mayor igualdad.

    Quienes creen que nos encontramos ante el demonio y que todo lo que vivimos es solamente una fantochada, una puesta en escena, cometen el error de persistir en un análisis que elude los temas centrales de las políticas del Gobierno y también hace silencio ante el papel de los poderes a los que se enfrenta. Ese error profundiza la idea de que hay dos trincheras. Cuando tengamos un debate con matices, percibiremos que no serán los mismos los argumentos de los compañeros de Carta Abierta (que no pueden ser calificados como “voceros del Gobierno”) que los de Plataforma, pero tampoco los de sus integrantes. Quien conoce a las personas por sus trayectorias, sus hechos y sus dichos, sabe que es bueno siempre juntarse, con el riesgo de que en el entusiasmo transmitido de unos a otros esa ausencia de matices pueda terminar en rejunte.



Texto completo original en:
Plataforma (para la recuperación del pensamiento crítico)


Texto completo original en:
Carta Abierta/11






30/5/11

PEDAGOGIA DE LA CONDUCCION





En los livings, las cocinas, los jardines de las casas que rodean la quinta de Olivos los vecinos saben de ese sonido de motor y aspas de helicóptero. Más directamente lo escuchan sobre sus cabezas, hasta que la máquina se posa o despega entre los árboles, quienes trotan perimetralmente la quinta, sea para la mejora de sus calidades cardiovasculares o el desgrase. Suelen escuchar al helicóptero presidencial pasadas las ocho de la mañana y, de regreso, más allá de las diez de la noche. Un modo de hablar no sólo del trabajo y los horarios de la mandataria Cristina, sino del trajinar general de la mayoría de los altos funcionarios y políticos. Son trabajos de 24 horas al día. Néstor despertaba a los muchachos a las seis de la mañana. Se dice que Cristina es más piadosa: a lo sumo puede hacerlo a la una de la madrugada.

Hay que tener consistencia en el carácter para bancarse esos llamados, esos ritmos. Algunos madrugan bonito cuando la Presidenta no comienza su jornada de trabajo en la Rosada. A menudo, según venga la cosa, construye agenda y políticas desde Olivos, siempre desde temprano. Se ha publicado que si antes la gimnasia o la cinta de caminar. En estas páginas importa más que esos datos más o menos privados el modo en que Cristina gobierna la cosa pública.

Si es en la Rosada donde comienza la mañana pública, entonces la Presidenta suele llegar poco antes de las nueve. Hace tiempo que el helicóptero no se posa en la terraza alguna vez frágil de la Casa de Gobierno. El aparato la deja en el helipuerto que está a doscientos metros, acompañada de sus secretarios y/o secretarias de su absoluta confianza, a veces con Oscar Parrilli. Dos coches la esperan, uno para la custodia. En la explanada también la aguardan para escoltarla los granaderos: es más un rito obligado de ceremonial que un asunto de seguridad.

Desde las ventanas de su largo despacho Cristina ya no ve lo que célebremente veía Néstor en sus primeros días de gobierno: el paisaje de la hecatombe social. Antes de sentarse en el sillón que nunca fue de Rivadavia –como aclaró al inaugurar el museo del Bicentenario–, Cristina pasa por una primera antesala donde suele estar su edecán y por una segunda, la privada de sus asistentes. Para un lado, los despachos comunican con las oficinas de Parrilli. Desde el suyo, donde están su escritorio y una gran mesa de reuniones, otra puerta interna da a la Jefatura de Gabinete. Ha publicado Clarín que presuntamente se tapió esa puerta como efecto de un disgusto con Aníbal Fernández. Difícil que eso pudiera suceder, no sólo porque no hubo tal trifulca, sino porque la Casa Rosada es patrimonio histórico, no se toca ni se rompe ni se modifica sin que se cometa pecado, y menos siendo que allí habita una Presidenta a la que le gustan las cuestiones arquitecturales y las culturales también.

Existe otro ámbito físico aledaño a su despacho en el que Cristina despliega parte de su actividad: la típica sala repleta de pantallas de televisión. Puede que sea para seguir a todas las cadenas noticiosas; sirve también para discutir piezas comunicacionales del Gobierno. Al respecto, una definición de quienes conocen ese palo: “Cristina está arriba del proceso comunicacional”.

Algo más que estilos. Si Raúl Alfonsín apelaba en sus intervenciones públicas al imaginario de sus idearios, Cristina hace algo similar aludiendo a los conceptos de “proyecto” y de “modelo”. Con un plus que la diferencia de los presidentes que la precedieron desde 1983. Es que ella inauguró, como líder política que “está arriba del proceso comunicacional”, una nueva pedagogía social. En esa pedagogía la referencia al proyecto/modelo se nutre de modo permanente con el repaso obsesivo –como continuando con mayor sofisticación aquel “moneda a moneda” del que hablaba Néstor Kirchner– sobre los contenidos concretos de las políticas, el significado estratégico de cada obra que se comienza o inaugura, más toda esa información dura que suele tirar de memoria (en los últimos tiempos, a veces pregunta amistosamente a sus funcionarios si lo dijo bien, si tal número es el correcto, es como si expusiera públicamente el trabajo de la maquinaria gubernamental).

Lo que nadie sabe bien es de dónde demonios saca el tiempo para involucrarse en tantos temas, para leer, discutir, estudiar documentos de trabajo o proyectos de ley. Un ejemplo sobre la ley de medios, aportado por Néstor Busso, de la Coalición por una Radiodifusión Democrática: “En abril del 2008, la Presidenta nos convoca a una reunión en la que por primera vez la Coalición entregó formalmente los 21 puntos. A mí me tocó presentarlos con la presencia de ochenta, cien compañeros representantes de las distintas organizaciones. Y la Presidenta, en respuesta a eso, hace un discurso donde demuestra que ya conoce el tema. Es decir, no era la primera vez que escuchaba de esto, lo tenía trabajado, estudiado”.

Sí se sabe sobre su nivel de exigencia –alto, duro– y el modo en que le llegan los materiales de trabajo. Volviendo a las geografías de la Rosada: de un lado, Parrilli, como ejecutor y coordinador antes que como conceptualizador. Del otro, Aníbal Fernández, siguiendo un poco de todo. Y si se trata de la legalidad de los actos, Carlos Zanini, convertido también, sobre todo tras el fallecimiento de Néstor Kirchner, en constructor de políticas y de armados.

No hay en esto grandes discrepancias entre lo que describen los medios llamados hegemónicos y los otros: la mesa chica pasa por Zanini, Parrilli, más Juan Manuel Abal Medina, más Amado Boudou, más alguna intervención de Diego Bossio si se trata de asuntos financieros. Y ya que se mentó a Boudou, desmintiendo esta vez a los hegemónicos, todos coinciden en que la Presidenta no trabaja con escafandra. Puede que sea más cercana su actual relación personal con Boudou que con Filmus. Pero cuando tuvo que decidirse por el segundo para el puesto de candidato a Jefe de Gobierno fue porque escuchó, porque atendió a las capacidades del trío de postulantes, porque supo leer la variedad de los trabajos de opinión pública.

Eso dice precisamente uno de los consultores cercanos al Gobierno: “Tiene convicciones y las defiende, pero también escucha. Cristina quiere ganar la Ciudad y con su decisión desmintió lo que circulaba en ambientes kirchneristas que decían que eso no le interesaba”. A la vez, las convicciones de Cristina, según dice la misma fuente, se trasladan a sus modos de resolver. “Hace meses planteo una guía electoral provincia por provincia. En algunos casos se le aconsejó no viajar a ciertos distritos por la duda en el triunfo, como fue el caso Chubut. Pero ella tomó la decisión de ir a todas. Tiene mucha fe en sí misma y en que está pasando un momento político espléndido.

Alguien que tiene que ver con las asesorías políticas y comunicacionales cuenta una anécdota de tiempos más espinosos, cuando los números de las encuestas no le sonreían ni a Cristina ni al ex presidente. Hubo una cierta discusión sobre qué convenía decir dadas las encuestas y Cristina usó una frase tipo Néstor: “La verdad siempre triunfa”. Para los comunicadores, la verdad no era oportuna en ese momento. Hoy, a la distancia, ese asesor recuerda con dudas su realismo de entonces. Es que la verdad triunfó.

Tras la muerte de Kirchner, más de un ministro contó en distintos actos hasta qué punto la voluntad o la audacia del ex presidente los sorprendía y los arrastraba. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, ha dicho lo mismo sobre Cristina. Como aquella vez que fue convocado de urgencia a la Rosada en lo peor del estallido financiero global. Tomada iba torturándose dentro del coche oficial, preguntándose qué adaptaciones poco gratas a la crisis se vendrían. Pero Cristina lo esperaba para salir de contra, mediante políticas activas. “Para mañana andá preparándome un plan que sostenga el trabajo. Que no se pierda un solo empleo.”


Eso, en la Rosada. Pero hay quien la recuerda sin maquillaje en los jardines de Olivos cuando vivía el ex presidente. “Vení Néstor que llegaron los muchachos”. Y allá estaba Néstor conduciendo a tres perros, como si éstos, con sus patas embarradas, incluyendo a Katalina con ká, se vieran como parte del proyecto nacional.


25/4/10

FABRICANTES DE MENTIRAS



Mercenarios de finísimos modales. A la fabricación en serie de falsos mensajes de “la gente” algunos la llaman libertad de expresión...

La historia que se cuenta en estas páginas no sólo ayuda a describir cómo se construye opinión pública. Es el último y elocuentísimo grito –emitido por el propio accionar de sus implicados– que señala dónde y cómo opera el poder comunicacional. Revela las asimetrías determinadas por el dinero a la hora de manejar ese poder y las destrezas que se requieren para hacerlo. Cuestiona la transparencia y las presuntas buenas maneras de quienes lo detentan.

En su elegante página web la agencia La Ese se presenta como “una formación mutante que se adapta para responder a los sucesivos desafíos que le plantean los distintos escenarios que enfrenta”.

Escrita en el lenguaje sobrio, eficaz y un tanto condescendiente que caracteriza al marketing comunicacional, dice también la presentación que “los equipos formados y dirigidos por Carlos Souto han sido y son protagonistas importantes del cambio en el lenguaje político latinoamericano de la última década, en la consolidación del dominio de lo audiovisual, y el desarrollo e integración de las diversas técnicas del marketing político”. De más está decir que la empresa se congratula por esos “cambios de lenguaje” y esos “dominios”. Otros los entendemos como parte de un problema que pinta para el lado de la tragedia cultural.

Dice la gente de La Ese acerca del concepto central de la campaña que pusieron en marcha para que Carlos Menem fuera presidente en 2003: “Basamos la estrategia en cambiar drásticamente el discurso, humanizar a Menem y presentar su futura tercera presidencia como la histórica, donde renunciará a cualquier interés personal”.

Dice la agencia sobre otra estrategia de campaña que tuvo a cargo, la última de Francisco de Narváez: “Presentar al candidato como un hombre común, con planes para resolver los problemas de la provincia, que habla francamente y con convicción”.

Que la política se reduzca a la construcción de pequeñas ficciones astutas a esta gente le importa poco. Para decirlo con más finura: que los candidatos puedan ser redomados hijos de puta, amorales peligrosos, que puedan desplegar sus talentos para la destrucción de un país, esas no son responsabilidades de los publicistas, seres a quienes les sobra sofisticación como para entrar en razonamientos tan tristes.

Que publicistas o empresarios mediáticos se pongan a disposición del mejor postor es un viejo y ceniciento asunto de corazones que atrasan: Ya sea que se hable de las agencias de publicidad nacionales o de la transnacional Burson & Masteller, contratadas por la dictadura de Videla para mejorar imagen.

Vemos el estilo de quienes redactaron con el viejo estilo sensiblero de la revista Gente de los ’70 la solicitada firmada por Felipe y Marcela Noble, para lograr ponerlos en El lugar de las víctimas. O de quienes sean que hayan alquilado sus talentos para reconvertir a la Shell –acusada de contratar mercenarios para asesinar activistas en Nigeria– en una petrolera preocupada por la preservación de la selva amazónica.

Pertenecer tiene sus privilegios. Hace unos años el teórico cultural francés Paul Virilio escribió: “Los medios de comunicación industriales disfrutan de una depravación singular de las leyes democráticas... Si no disponen a priori de la libertad de anunciar falsas noticias, nuestra legislación les concede en cambio el poder exorbitante de mentir por omisión, censurando y prohibiendo las que no les convienen o pueden dañar sus intereses”.

La industria publicitaria disfruta de un privilegio aún mayor: goza de mayor prestigio social, aunque no necesariamente de consenso. La belleza de una buena publicidad está en lo más emblemático del lujoso imaginario del capitalismo tardío. Viejo truco de los reyes de la antigüedad a la hora de glorificar sus hazañas en estatuas, relieves y estelas, destreza llevada a nivel de espectáculo de masas por la iglesia católica a lo largo de 2.000 años, la publicidad es arte de punta, el must de la modernidad, reservado a las mentes más abiertas, más talentosas, más audaces.

Pero aun cuando se trata de una profesión necesitada de sutilezas, de mediciones finas de impacto del lanzamiento de productos, de complejos galimatías sobre pautas de conducta y consumos, en las lógicas de largo aliento los publicitarios suelen trabajar no para lo nuevo sino para lo ya establecido. Y a veces apelando a la simplificación más primitiva. Es exactamente esto lo que hacen/hacían los equipos desplegados por la agencia de Carlos Souto, reforzando un clásico de la comunicación hegemónica. De un lado intelectuales o blogueros K “a sueldo del kirchnerismo”. Del otro ciudadanos indignados ante las desmesuras del Gobierno. De un lado la prepotencia totalitaria. Del otro el consensualismo y la santidad. Y aunque como nunca lluevan sobre las pampas misiles en masa contra un Gobierno, la libertad de expresión (¿así se le llama a la fabricación seriada de mensajes desde un call center?) está en riesgo.

Eran estos los foristas. Esta historia echa luz también a un asunto que en relación con lo anterior parece menor, pero tiene su miga. Se trata de nuevo de las responsabilidades de las empresas de comunicación masiva, incluyendo a las publicitarias. Como cualquiera en nuestro oficio, quien escribe, ya fuera trabajando en el diario Crítica de la Argentina o en Miradas, recibió en los foros (presuntos) de lectores la acusación de “a vos te pagan los K”. No es nada simpático ligar insultos gratis, especialmente cuando se apuesta a imprimirle un mínimo sentido de racionalidad, serenidad y justicia al debate de ideas.

La pregunta acerca de qué hacer con ciertos foristas que –continuando una antigua tradición intoxicadora de los servicios de inteligencia– siembran violencia simbólica en las versiones digitales de los medios sigue por ahora reducida a las redacciones y cafés aledaños. Lo mismo respecto de una larga sospecha: cuántos de los que escriben son reales y cuántos provocadores, rentados, sacados, milicos o canas retirados, fanáticos militantes o no. ¿A quiénes representan realmente? ¿Esos tipos son “la gente”?

Ahora lo sabemos: una parte ardua de cuantificar de esos foristas hipotéticos y falsos repiqueteadotes radiales son empleados de la comunicación privada, sin pecado concebida. La misma que sostiene la necesidad de enaltecer los mejores valores ciudadanos. La que nunca crispa, no confronta, no prepotea. Pero seguimos diciendo “foro” y pensamos en una congregación de atenienses calmos inaugurando una democracia plácida. Y seguimos tratando a los oyentes radiales, por zarpados que estén, como fuente de toda razón y justicia.

Curiosa cultura de mercenarios discurseando sobre la beligerancia. Curiosas falluterías de una guerra por las conciencias. La que también aparece develada en la web de la empresa de Carlos Souto: “Hoy en día, La Ese está decidida a seguir invadiendo amigablemente el territorio más importante de las campañas en las que interviene: la cabeza y el corazón de quienes votan”.
Y gracias, Señor, por la suavidad del adverbio: amigablemente.



2/6/09

A falta de votos, hablemos de trampas


En pocos días la campaña de Francisco de Narváez viró de un optimismo lleno de sus sonrisas, más las de Mauricio y Gabriela, a un escenario tenebroso en las calles del conurbano bonaerense en el que vecinos asustadizos, tirando a cobardes, se resisten a resistir el peligro de un fraude seguro. Semejante cambio de tono parece obedecer al amesetamiento en la intención de voto en favor del dueño del canal América, corroborado en distintas encuestas. Lo cierto es que la apuesta al miedo tantas veces achacada al kirchnerismo, incluyendo el crescendo en la instalación del fantasma del fraude, tiene antecedentes en la última campaña electoral ecuatoriana, en afirmaciones de buena parte de la oposición y en una frase aún más reiterada por Elisa Carrió aunque jamás probada: “Nos robaron la provincia”.

Hay también un dato nuevo: el salto cualitativo en la estrategia de la comunicación hegemónica a escala latinoamericana, una suerte de Plan Cóndor electrónico. Cada vez más se trabaja en sistema para construir la idea, sobre datos fragmentarios o falseados, de un eje del mal Chávez-Kirchner, ya sea que se hable de Techint o de la demora sufrida por el escritor Mario Vargas Llosa en un aeropuerto venezolano. Pueden pasar meses sin que los noticieros argentinos dediquen un solo minuto a temas del subcontinente, pero el miércoles pasado sufrieron un ataque bolivariano: la noticia de lo sucedido al autor de La ciudad y los perros compitió cabeza a cabeza y en todos los canales de televisión con el gol de Messi en la final de la Champions League.

A los problemas de campaña y convivencia en Unión PRO se sumó un episodio insólito cuando Felipe Solá, seis años gobernador de la provincia, se cruzó con quien debería ser apenas un asesor prominente, Jaime Durán Barba, consultor electoral todo terreno. El ecuatoriano, ya sea que es respaldado por el dinero que cobra o por el poder que le derivan, hasta se atrevió a acusar a Solá de contribuir con un aporte “muy modesto respecto de De Narváez y Macri”, apenas “sus contactos con el peronismo”.

Se sabe que Solá hasta hoy fue deliberadamente marginado de la campaña. No se trata sólo de disidencias entre los disidentes, sino del razonamiento de Durán Barba: todo lo que politice, pero peor aún lo que peronice, resta votos. Sincerando y ventilando esa rara interna en el diario La Nación, Solá respondió diciendo que la estrategia de De Narváez-Macri implica “desconocer la identidad peronista de millones de bonaerenses” y “restar votos, además de debilitar el control del escrutinio”.

El duhaldismo apoya este razonamiento, acaso teniendo en cuenta un antecedente hoy olvidado: años atrás, en otro proceso electoral que terminó perdiendo, quien fue asesor de Bill Clinton, James Carville, le recomendó a Eduardo Duhalde evitar las feas liturgias peronistas, construir una imagen de sensatez y seriedad, huir como de la peste de figurones piantavotos. Cuando Duhalde concluyó que esa estrategia no le daba resultado, comenzó a hablar de la deuda externa, se mostró junto al impresentable Alberto Pierri y José Manuel de la Sota, borró de la agenda a Carville.

Pobre víctima inocente. Aunque las modernidades presuntas de los spots elaborados según los preceptos de los Durán Barba, James Carville o Duda Mendonça son esencialmente ardides repetidos y conservadores, a falta de mejores luces los candidatos compran.

La estrategia de la victimización es otra receta remanida. La empleó Duhalde en las elecciones de 1999, dos días después de la masacre de Ramallo, cuando un spot lo mostró paseando triste, solitario y final con el fondo de una voz en off que preguntaba: “¿Usted cree que es justo lo que le están haciendo a este hombre?”. Poco antes su slogan vendedor de fortaleza era “La fuerza que hace falta/ La fuerza de los hechos”. Siendo que slogans y asesores son perfectamente intercambiables, no puede sorprender que por esos mismos días la campaña de Fernando De la Rúa haya estado a un tris de usar la consigna “La fuerza necesaria”, ni que años antes el radicalismo apelara a “Mejor Jesús, con la fuerza de la democracia”.

Si en las lógicas de la despolitización la intercambiabilidad es la norma, tampoco sorprende que Unión PRO cuente en sus filas con el publicista Ramiro Agulla, quien colaboró con la campaña de Carlos Menem en el 2003 –De Narváez puso un millón de dólares que Agulla cobró por una semana de campaña– y la de Fernando de la Rua en 1999.

Hay antecedentes simpáticos en estas vueltas de la vida: Carlos Grosso y Juan Manuel Casella acudieron en su momento al mismo odontólogo estadounidense a la hora de dar mejor sonrisa. Y también François Mitterand debió limarse la dentadura para resplandecer en TV. La democracia electrónica tiene su socorrido momento fundacional en aquellas gotas de sudor que perlaban la frente de Richard Nixon, y lo afeaban, en el debate con J.F. Kennedy. Lo llamativo es que desde el marketinerismo se considera aquel episodio histórico como fuente de toda razón y justicia.

No le alcanzó en el ’99 a Duhalde con victimizarse mediante las astucias menores del brasileño Duda Mendonça y no le está alcanzando a Unión PRO ni al Acuerdo Cívico y Social con hacer lo mismo apelando a la amenaza de las “cosas raras” que puedan suceder en el escrutinio, la “persecución” de sus candidatos (días enteros de una instalación mediática que ocultó que cuatro candidatos de la lista del Frente para la Victoria también fueron impugnados) o los “agravios” que tanto sufren Macri y Michetti, un poco con el gesto del gordito con plata que, ofendidísimo, se lleva la pelota y se va con la mamá. Si es por el lado de la sensibilidad del candidato, se dice que a la hora de vender sufrimiento de niño rico lo que hizo De Narváez fue seguir los consejos de Agulla, quien en su momento le sugirió a Menem hablar de la pérdida de su hijo, con fondo de arbolitos.

El problema de la instalación de fantasma virtuales como el del fraude es que termina constituyendo materialidades culturales que trascienden un episodio electoral para socavar lo que todos dicen defender: la fortaleza institucional. A fuerza de construcciones políticas y mediáticas. A fuerza de repetir hasta el último minuto de la campaña “vamos a la segunda vuelta” (las encuestas le daban un 16% de los votos), el candidato ecuatoriano Álvaro Noboa, magnate bananero, “el hombre más rico del país”, terminó verosimilizando para algunos que Rafael Correa ganó con fraude las elecciones de abril pasado. Como De Narváez, Noboa heredó la fortuna de su padre. Como De Narváez, peleó con sus hermanos por ese dinero. Como De Narváez, denunció ser perseguido. Como De Narváez: dinero, comunicación y fantasmas.

Los K, clientes difíciles. En alguna edición anterior de este diario, a propósito de las carencias de la comunicación kirchnerista, se sostuvo la idea de que no hay mejor comunicación política que la buena política y aún más el buen gobierno… que necesita de buena comunicación política. Pese a sus falencias, la comunicación oficial apeló de tanto en tanto a un imaginario muy distinto al de los Durán Barba globales, anclado en cierta idea de lo popular, de lo social, de la cultura del trabajo, el desarrollo industrial, el barrio, el imaginario peronista/keynesiano. Desde hace unas semanas los Kirchner modificaron sus modos de comunicación aunque siguen pisando los medios como quien prueba con el dedo gordo las aguas de un lago de origen glaciario.

Lo que se conoce de Néstor y Cristina Kirchner a la hora de trazar estrategias es que son constructores de su propia comunicación, y no compradores de lo que se les venda. Se trata de viejos militantes refractarios al mero marketing político. Las diferencias de estrategia respecto de Macri-De Narváez se ven claramente en las últimas piezas de campaña. A tal punto no hay personalización ni “psicoanálisis de peluquería” en el primer spot kirchnerista que no aparecen ni el ex presidente ni Daniel Scioli. Lo que se pretende transmitir son políticas de gobierno concretas, debatiendo implícitamente con las lógicas mediáticas despolitizadoras y haciendo un llamado a la movilización social. En sentido contrario, el último spot de De Narváez (ver nota en esta página) plantea literalmente “andá a fiscalizar. Es un garrón, pero sólo un rato en tu vida”.

Como sucede típicamente en quienes necesitan defender su gestión (incluido el “Menem lo hizo”), la estrategia del oficialismo va a los bifes: “Nosotros hacemos”. E inmediatamente los números: cuatro millones de puestos de trabajo, 1,8 millones de nuevos jubilados, 13 aumentos consecutivos de las jubilaciones, etc. Y aunque el oficialismo dice no haber elegido un adversario con el que confrontar, parece claro que ese adversario es De Narváez, ya que se disputa buena parte de un mismo electorado urbano. ¿Cómo se ganan esos votos, con spots que luzcan modernos o con buena política? No debe existir contradicción entre ambos términos. La respuesta es fácil pero de muy ardua implementación: equilibrio entre la política en serio y un ojo atento que sepa leer las sensibilidades e imaginarios fragmentados y recelosos de los tiempos de la hipermediatización.


Informe: Demián Verduga

15/4/09

El candidato de la Tele Sociedad Anónima



El multimillonario, los medios de comunicación y la imposibilidad de ser el Berlusconi argentino.

Por Eduardo Blaustein




Néstor Kirchner está muy enojado porque el día que jugó la selección usted apareció dos o tres veces durante la transmisión.

–Los Kirchner se enojan por tantas cosas…

El diálogo –una maravilla del arte de tirar paredes en televisión– se produjo en el programa de cable de Mariano Grondona. Al candidato Francisco de Narváez no le preguntaron por el dinero, o el favor recibido, que puso para esa aparición triple en minutos de máxima audiencia. A los reclamadores de la Transparencia Republicana Total no les resultan pertinentes ciertas preguntas según de quién se trate. Les es natural que un potentado como De Narváez, nueva esperanza blanca del arco opositor, se dé sus gustos porque se los ganó trabajando. Gustos tales como ser copropietario de señales de cable y televisión, diarios, revistas y webs, o hacerse de la biblioteca y el traje de gala de Perón por 250 mil dólares, o sostener con otros 400 mil dólares mensuales un equipo de 80 pensadores presuntos. Si rigiera la ley de Servicios Audiovisuales propuesta por el Gobierno, al candidato se le complicarían tanto las chances de comprar PNTs que le den el toque nack & pop como postularse a la gobernación bonaerense casi exclusivamente por el formidable poder comunicacional que controla.

Gracias a esa potencia de fuego, en la ya larga genealogía inaugurada por el menemismo de las figuras “que vienen de afuera de la política para renovarla”, subcategoría empresarios, De Narváez larga con una enorme ventaja respecto de los Macri o los De Urquía. Con el truco remanido de la dureza berlusconiana, vendiendo fantasías de combate contra la inseguridad, tiene además una buena apostura, alguna que otra extravagancia desestructurante, y un intento de suicidio en una habitación del Hyatt que relató públicamente, siendo que sabe manejarse en el terreno de la telepolítica.

Su domicilio bonaerense supo ser un campo de Luján y una de sus posesiones más valiosas el predio de la Sociedad Rural, allí donde, el año pasado, en la fiesta aniversario de El Cronista Comercial, su socio Daniel Vila, tras romper una copa de champagne casi le corta la yugular a Enrique Llamas de Madariaga al grito de “Ladrón”.

De Narváez comenzó a hacerse conocido como heredero y socio de la cadena Casa Tía. La vendió al Exxel Group y la francesa Promodés por 638 millones de dólares. Fue fiestero emblemático de la década de los ’90. No tiene estudios universitarios, sí parte del secundario cursado en una academia militar de Toronto, Canadá.

El paso decisivo del candidato del llamado peronismo disidente se produjo en junio del 2007 cuando compró a Carlos y Juan Cruz Ávila el 35 % de las acciones que éstos poseían en Aisa, la controlante de América Multimedios. Tal como se sabía que para Mauricio Macri la presidencia de Boca era el trampolín para su postulación a jefe de Gobierno de la ciudad, del mismo modo se sabía que el objetivo de De Narváez era la gobernación de la provincia. La nueva propietaria de Aisa sería la sociedad Zarova, poseída en partes iguales por De Narváez y el Grupo Uno de Daniel Vila y José Luis Manzano (dueño de Supercanal Holding, la tercera red de cable del país), excepto un 5 % en manos de Luis Nofal, ex socio de Avila.

Para el momento de esa operación, que significó el fin de su idea de hacerse del diario Crónica, De Narváez ya había comprado El Cronista Comercial y su web al grupo español Recoletos, junto a las revistas Information Technology y Apertura, más una productora de seminarios. También poseía por entonces parte del paquete accionario de Ámbito Financiero, que más tarde cambió de dueño. La adquisición realizada por Vila-De Narváez, según trascendió entonces, se efectuó por mucho menos dinero del que había invertido Ávila. Antes había mediado una convocatoria de acreedores.

El vértigo con que se compran y venden acciones de empresas de comunicación en la Argentina le permitió a Francisco de Narváez, en un tiempo récord de cinco años, consolidarse en el mapa nacional de medios. Sólo a través del Grupo América controla LR5 Radio La Red (AM 910 y FM 101.5), Milenium (FM 106.7), LS86 televisión canal 2 (América televisión), la señal de cable América 24 y Junín televisión (LRH450 televisión canal 10).

En el camino quedan las negociaciones frustradas para quedarse tanto con Canal 9, como las que mantuvo con Marcelo Tinelli para hacerse del 50 % de la productora Ideas del Sur. Quedaron atrás también las conversaciones con Carlos Mata, el ex propietario de Aerolíneas Argentinas, ya sea por Ámbito Financiero, al que el español quería reconvertir en diario no especializado, o por América televisión. Carlos Mata finalmente no compró Ámbito sino la mayoría del paquete accionario de Crítica de la Argentina, el diario que hasta hace poco dirigía Jorge Lanata.

Dinero va, dinero viene, el que sí anunció en diciembre de 2004 una negociación exitosa con Tinelli fue Carlos de Narváez, hermano de Francisco, a la hora de anunciar la autorización otorgada por la Municipalidad de Vicente López para construir en las mejores tierras costeras un shopping con cines, oficinas, un hotel cinco estrellas y un estadio cubierto mediante la inversión 250 millones de pesos. En Vicente López, una agrupación de autodenominados “vecinos indignados” y el periódico zonal Lo Nuestro hasta el día de hoy denuncian que esa aprobación “escandalosa” se produjo un 24 de diciembre de 2004, a las 4 de la madrugada.

Alguna vez, en las disputas por el control de Casa Tía, Francisco echó también de madrugada a la tropa de su hermano Carlos contratando a una empresa de mudanzas. El propio Francisco confirmó la historia en una entrevista hecha por el diario Perfil. Así se marketinea en la política contemporánea: un toque de gestionador exitoso por aquí, otro importante de mano dura por allá, y en la web propia, sin nada consistente por decir pero tratando de emular los éxitos interneteros de Barack Obama, la apelación humana del slogan ¿Me ayudás? Como si lo necesitara.


21.09.2007: Francisco De Narváez, contra la política de seguridad: "Arslanián y Solá deben pedir perdón por haber causado tanto daño". El candidato a gobernador bonaerense por la alianza Unión-PRO acusó a Felipe Solá y a su ministro de haber "desmantelado la fuerza de seguridad" logrando sólo "que los delincuentes circulen libremente".