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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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29/3/18

EL "HOMBRE" ES UN ERROR DEL SISTEMA






La desaparición de personas, lejos de constituir un fenómeno excepcional de una etapa o de un determinado contexto sociopolítico e histórico, es la consecuencia extrema de una lógica inherente al desarrollo del capitalismo.

Sobran las pruebas históricas, también “desaparecidas” de las historias oficiales con las que se fundamentan las existencias de las organizaciones sociales y políticas denominadas “estados nacionales” y sobre cuyas bases ahora se erige la construcción de las organizaciones supranacionales y regionales como la Unión Europea, el Mercosur, el Nafta y demás decenas de Alianzas –fundamentalmente comerciales– que configuran hoy el mapa político del globo.

La comprensión de este concepto es necesaria para no tomar el caso de la desaparición de personas en el período de la última dictadura militar como un episodio “aislado” y un fenómeno estructurado por el estado “de excepción” que todo “asalto” del poder supone, en cualquiera de sus formas.

Los valores del capitalismo, aquellos que incluso se consagran en las constituciones de muchos estados nacionales que rigen la organización social y la denominada “libertad del individuo”, sobre todo las leyes consagradas a la propiedad privada y al libre comercio, son las máscaras de proa con las que, esencialmente, se protege la libertad para hacer negocios y acumular capital, lo cual incluye, implícitamente, que en las reglamentaciones prácticas de las leyes se considere la existencia misma del hombre como un error del sistema a eliminar.

No está escrito en ninguna parte, claro está, pero sí en el extremo lógico con el que se despliega esta contradicción se da la paradoja de que, si el hombre mismo se hace obstáculo para la prosecución del proceso de producción y acumulación de capital, es decir, la efectuación de la plusvalía, entonces esa es la libertad individual que puede no ser respetada. Es el verdadero estado de excepción que se contempla de fondo, sin que esto se encuentre más que en el espíritu de las leyes del capitalismo ultraliberal.

No podría dictarse ni consagrarse en ninguna constitución semejante legalidad. Pero es real: el hombre, efectivamente, es un error del sistema. 

 Y si el sistema se basa en la tendencia a la eficiencia, la productividad y competitividad en la carrera por la plusvalía, léase explotación del trabajo hecho por el hombre, entonces ese error tiende a ser inadmisible. De ahí que el desarrollo del sector de Recursos Humanos dentro de las corporaciones haya tenido tal impulso en los últimos 30 años. Pero, por más que se intenten todas las “afinaciones” posibles para lograr la adaptación obediente del ser humano, no hay caso. Lo que retorna una y otra vez, como falla del sistema, es lo que Freud detectó hace ya más de cien años en el síntoma. Retorna un cuerpo que nada tiene que ver con la operatividad del sistema, ni en cuanto al tiempo ni en cuanto al espacio en el que ese cuerpo “freudiano” habita. Retornan los vestigios del cuerpo del deseo, el amor y el goce, encadenados para situar en el inconsciente un “fuera de tiempo” y del espacio de la productividad. El síntoma, más o menos “estallado”, es la revelación de que hay algo incoercible que remite, una y otra vez, a tal falla del sistema, la “grieta por donde ese cuerpo desaparecido puede ser recuperado”.

Por lo tanto, Freud se instituye, con su método, como un recuperador de “cuerpos desaparecidos”, que se niegan a quedar enterrados para siempre en el silencio, asumidos definitivamente como “errores del sistema”.

Precisamente, el sistema pudo ir desarrollando formas más o menos sutiles de “desaparecer” los cuerpos. Por supuesto, no hablamos del cuerpo de la organicidad pura, que se explica por sistemas de órganos que se autocompensan, de cuyo funcionamiento correcto depende la prosecución de la “vida”. Freud descubrió –como lo “sabían” sus pacientes–, que en ese discurso no se hablaba de “vida”, de lo que resultaba, o no, ser “una vida”. Los pacientes, sobre todo las pacientes histéricas, daban cuenta de lo que para ellos “no era vida”.

La vida desaparecida

El psicoanálisis nace para, entre otras cosas, y sin proponérselo, dar cuenta de la extensión de lo desaparecido en el paisaje de la realidad capitalista, que, desde aquel tiempo hasta hoy, ha pasado a ser el paisaje global.

Los pacientes hablan de “lo desaparecido”, aun sin explicitarlo. Con mi colega y amigo Cristian Rodríguez, hemos escrito un libro (1) que sitúa el modo en que tanto Auschwitz como Hiroshima son los paradigmas del estado de excepción permanente en el que vive amenazada la existencia (no ya como abstracción, sino en cuanto a lo que se refiere a vestigio, a traza presente, en cada uno de los individuos contemporáneos: de humanidad) se manifiesta en estos fenómenos ubicados abiertamente en el extremo del desarrollo lógico e inercial del sistema que coloca a la existencia humana como falla, como error a eliminar. Auschwitz e Hiroshima fueron “correcciones” en masa. Un “refresh” del sistema.

Nadie que, en estado de gracia, enamorado, viviendo plenamente una vida que no está por completo ausente del deseo y del goce, puede pensar que se puede abocar al paradigma de la productividad medida en los términos de la guerra competitiva por el sinsentido de la acumulación, como se acumula basura. El “reciclado” es una de las caras actuales con las que recobra fuerza el valor de la productividad y la eficiencia, rostro más amable, de apariencia sensible incluso. Se recicla la basura, se protege la “naturaleza”, así como también se reciclan los cuerpos, y se reutilizan en una suerte de obsesión por evitar el paso de los años, por evitar, de forma alienada, quedar afuera del circuito de la utilidad.

Pacientes que “confiesan” que sienten que, para interactuar con otros, estando, como se ve dentro del paisaje urbano de todos los días, cada uno “en la suya” (con sus celulares, con sus “máquinas de enchufar”) tienen que “molestar”, cuando nadie quiere molestarse ni molestar a nadie, sobre todo porque nadie quiere ser molestado. Sin saberlo, el paciente nos brinda un rasgo del deseo, que “molesta”, incomoda, nos interfiere la inercia del movimiento rumbo a la asunción del “error”, rumbo al destino de desaparición. Son los pacientes quienes hablan de cómo se sienten “desaparecidos” para los otros.

El deseo, y el cuerpo deseante, está cada vez más borrado, aunque pudiera parecer exactamente lo contrario, en la profusión de las imágenes que supuestamente manifiestan la liberación de los deseos y el fin de las inhibiciones: eso pasa a ser casi una obligación, una nueva moral del deber “vivir la vida”. Como complemento reforzante, la maquinaria de publicidad y propaganda nos dice, a todos, qué significa y qué es “vivir la vida”. Son las formas sutiles del exterminio que mencionaba al principio, la realización de esa amenaza de fondo que constituye el estado de excepción permanente de la vida contemporánea.

¿Cómo explicarle a ese individuo, afectado de inconsciente, que de por sí, ese es el punto de partida, y no el final? ¿Cómo explicarle que, de entrada, se confronta a una libertad que, al fin y al cabo, jamás es la suya? ¿Qué sería en realidad, entonces, la construcción de una sociedad de individuos libres, realmente? Lacan se mofaba de esas declaraciones de Libertad que no contabilizan que la libertad, más que la de ser explotados, es la de asumirse como error del sistema, por lo tanto, la libertad de ser eliminado como tal.

Los pacientes hablan de su malestar, de lo exigidos que andan por la vida, como si en verdad no fuera o no la sintiesen “suya”. Esa alienación la viven como la exigencia de algo que, moralmente, los tortura –hablo en general, no en particular, una suerte de inferencia o de estado del sujeto contemporáneo, perteneciente a las clases medias, o medio altas urbanas– y que los lleva a pensar que, por esa tortura, se ganan el derecho a salvarse. ¿De qué? Pues precisamente, de desaparecer. ¡Al contrario! Por suerte existen los síntomas, y el psicoanálisis, como un dispositivo de recuperación de cuerpos, los cuerpos en los que se aloja y se vive “una vida”.

La tortura que mencionábamos, esa tortura moral que, a su vez, muchas veces estalla a nivel de esos órganos de la medicina más conservadora y tradicional, y se manifiesta como una especie de descompensación, o desregulación catastrófica inexplicable, son fenómenos OVNI (2).

¿No es acaso esta la prueba del estado de excepción, de ese punto sin ley en el que el sujeto se encuentra a merced de un goce mortífero para el que no le encuentra la vuelta civilizatoria? ¿No es allí donde reina el estado de excepción adónde van a parar los cuerpos desaparecidos, los detritos del sistema, que nada quieren saber del amor, del goce y del deseo, anudados en los cuerpos que detienen, enlentecen y hasta interrumpen la línea de montaje capitalista, sea cual fuere la forma que adopta en cada época, más moderna, menos moderna?

En el tema de la inseguridad que a muchos pacientes se les escucha decir, como “el karma de sus vidas”, se escucha el murmullo creciente y cada vez más claro, a medida de que progresa un análisis, que –lejos de tratarse de la autoestima o de la dificultad para saber “imponerse” y otras yerbas o modulaciones del decir “no”, tan de moda– donde se pone en claro que la inseguridad viene de esa pregunta del sujeto, de si el Otro, ese Otro que me devuelve el eco de mi propia voz muda, la voz muda de la pulsión de muerte, es finalmente humano. Eso es lo inquietante con lo que es difícil confrontar.




La extensión de lo desaparecido
José Luis Juresa: Psicoanalista. Miembro de EPC (Espacio psicoanalítico Contemporáneo).






1 “Auschwitz con Hiroshima: Sobre el resplandor en la línea de montaje”. José Luis Juresa-Cristian Rodríguez. Ed. Eduvim. 2017

2 “El OVNI psicoanalítico”. Texto inédito. José Luis Juresa-Cristian Rodríguez.




16/7/16

EL FRÍO DE SU CORAZÓN





Decretar aumentos colosales, mal calculados y aplicarlos al gas cuando empieza el invierno no fue un error, fue un acto de desprecio. En general las medidas de este gobierno impactan así en la piel de la gente. Sobre los derechos humanos acumula varias, como cuando Macri dijo que iba a acabar con el curro de los derechos humanos o cuando el minúsculo ex secretario de Cultura de la CABA dijo que la cifra de los 30 mil desaparecidos había sido inventada para cobrar indemnizaciones. El ministro de Hacienda pidió perdón por la nacionalización de YPF a empresarios españoles que están presos en España y que vaciaron la petrolera. Pero allí lo superó el mismo presidente al intentar meterse en la cabeza de los próceres y decir que seguramente “sintieron angustia por España” al liberarse de ella. En lo social es una atrás de otra. “Si andás en pata y en camiseta en invierno, quiere decir que estás derrochando” fue la más reciente de Macri, o sea, sólo los ricos como él pueden andar en pata y en camiseta en invierno. Pero antes habían dicho que el kirchnerismo engañó a los “empleados de nivel medio” al hacerles creer que con su salario podían comprar “un plasma, un celular y viajar al exterior”. De ese tono hubo de sobra, alguno de la vicepresidenta Gabriela Michetti. Y el miércoles en la Bolsa de Buenos Aires, Macri se incluyó entre los que negrean plata. “Ya no vamos a tener que ocultarnos” dijo, suelto de cuerpo, para explicar las bondades del blanqueo que propicia. Es impúdico que lo diga un presidente que tiene empresas offshore, de las que se usan para “ocultarse”, evadir y negrear.

No son declaraciones habituales en la política. No las diría un gobierno radical o peronista de derecha. No están tamizadas por la política, se expresan como una derecha militante aunque está dicho con la parsimonia de abuelito conservador. Sin filtro, sin vergüenza, sin sensibilidad.

No son furcios, hablan así porque piensan así y no se dan cuenta de la violencia que transmiten, o se dan cuenta y no les importa. Cualquiera de las dos. Esas expresiones tienen una fuerte coherencia interna. Y su gozosa exposición pública tiene un motivo. Macri ha sido aún más expresivo en las exposiciones que realizó ante empresarios extranjeros durante su reciente gira por Europa y Estados Unidos. Se presenta como el Fidel de la derecha. Y su discurso, reivindicador de algunos clásicos que la derecha prefiere ocultar en todo el mundo, es una forma de mostrarse como el caudillo que derrotó al populismo sin ocultarse. Su victoria es la de una derecha que no tiene vergüenza y que gana votos. Una derecha que puede hablar de ajuste, despido, tarifazo, austeridad, autoridad y ganarle en las elecciones a gobiernos que promovieron medidas “populistas”. Macri se presenta como líder de una revolución restauradora derechista que puede llevar esperanza también a otras geografías. “Se puede derrotar al populismo”, agita. Por eso reclama a los grandes empresarios y financistas del mundo que lo apoyen.

En esas declaraciones rigurosamente clasistas se compagina el relato épico de Macri y su gobierno. Es el relato del dirigente que sacó a la derecha del clóset de barrios ricos y la hizo tan popular como una rockstar. Si no se cuenta al fascismo y al nazismo, la derecha no ha tenido un relato épico. Macri siente que ahora lo encarna en plenitud con la derrota que le infirió al kirchnerismo en las urnas y con esa seguidilla de formulaciones provocativas que buscan profundizar la hegemonía ideológica abiertamente de derecha.

    Es una apuesta difícil. Un sector de la derecha en Argentina tiene esa vocación extremista. En su versión autoritaria, la dictadura de Videla innovó con su estrategia masiva de secuestro-tortura-desaparición que aplicó en forma masiva. En su versión democrática, el macrismo busca su consolidación con un discurso clasista que la derecha de todo el mundo evita y que en Argentina siempre tuvo que travestirse como una parte del radicalismo o del peronismo. No es una exageración: en el desfile del bicentenario confluyeron esas dos caras de la derecha franca: el gobierno de Macri y los que todavía reivindican a la dictadura. Escuchar las declaraciones de algunos de los que desfilaron o asistieron al desfile producía escalofríos. Y Macri consagró esa confluencia por la “reconciliación” nacional.

Durante La noche del apagón, en 1976, secuestraron a 400 personas de Ledesma, Jujuy, por pedido de los Blaquier, dueños del Ingenio, según denunciaron los vecinos. Ahora Blaquier ordenó al gobernador radical Gerardo Morales, que destruya a la Túpac Amaru, la organización que impulsó el juicio de Blaquier por aquella represión. Morales ganó con la boleta de Macri. Hay una convergencia de historias de la dictadura y el macrismo. El jueves, el gobernador Morales mandó reprimir en forma salvaje a los trabajadores del ingenio de los Blaquier y dejó numerosos detenidos y 80 heridos. Ese mismo día encarceló a Raúl Noro, esposo de Milagro Sala. El macrismo de Morales devolvió a la provincia las viejas prácticas de las dictaduras junto a la presencia ominosa del apellido Blaquier.

El masivo y extendido Ruidazo del jueves fue ignorado por los medios oficialistas, o sea la mayoría de los medios. Fue editado en un segundo, tercer o cuarto nivel. En primera plana estuvo López hasta el cansancio. Mientras transcurría el Ruidazo o cacerolazo, Canal 13 hacía el centésimo informe sobre López. El tarifazo provocó la unificación de todos los intendentes del peronismo, unificó a la oposición en el Senado y provocó otra movilización contra el gobierno, pero los medios oficialistas y sus periodistas emblemáticos no se dan por aludidos.

En vez de organizar una sola concentración, las multisectoriales hicieron miles de convocatorias en todo el país. No hubo fotos de grandes multitudes como las del acto del kirchnerismo en Comodoro Py o del movimiento obrero en el monumento al Trabajo. Los organizadores priorizaron la participación de los vecinos en sus barrios antes que el efecto de las fotos multitudinarias. Los medios oficialistas aprovecharon esta modalidad para desvalorizar la movilización. Pero lo real es que, con frío y con lluvia, centenares de miles de vecinos participaron en las esquinas de barrio en todo el país, incluso en los pueblos más chicos. “La izquierda protestó contra el tarifazo”, confundía el zócalo de TN mientras mostraba poca gente en el obelisco, antes de que empezara la protesta.




El Ruidazo anuncia el fin de una etapa en la que el gobierno se sostenía con el discurso de “la pesada herencia” y con el show mediático de la corrupción k. Ese discurso se está agotando. El gobierno cree que el caso López terminó de hundir al kirchnerismo porque supone que permite generalizar. Pero en realidad es al revés: de los innumerables casos de corrupción denunciados, López es el único comprobable e indiscutible. Es diferente a los demás. En vez de permitir la generalización, López acentúa por contraste el hecho de que en todos los demás no se pudo lograr una prueba irrefutable. Si hubo una corrupción desaforada como la que denuncian los medios oficialistas, tendría que haber más López y no decenas de casos en permanente discusión en tribunales con jueces y fiscales totalmente parcializados o condicionados por la masiva campaña mediática y por el gobierno.

Los medios oficialistas insisten con el show de la corrupción k porque no encuentran aspectos del gobierno que habiliten un discurso reivindicable. Esa práctica arrastra a los funcionarios de la Justicia a prácticas repugnantes, como la difusión de las fotografías del dinero declarado que estaba en las cajas de seguridad de la hija de Cristina Kirchner. La misma Florencia Kirchner había solicitado al juez Julián Ercolini que ratificara el contenido de las cajas, “para terminar el show mediático”, que fue lo que insólitamente promovió el juez.

Frente a la gran protesta contra el tarifazo, la campaña mediática es cada vez más débil. Los funcionarios ya no usan la letanía de “la pesada herencia” que repitieron durante los primeros meses porque ya no suena como explicación sino como justificación. Sienten que ya está gastada, que perdió fuerza. Es una etapa que se va cerrando. Para sostenerse, Macri deberá ensayar ahora su propio relato. Tiene la colaboración de los medios oficialistas y de sus periodistas emblemáticos que tratan desesperadamente de insuflarle carisma y credibilidad, de ocultar los límites y maquillar los desastres y denigrar a sus adversarios. Aún así, hasta en sus lectores, la imagen de Macri es que gobierna para los ricos. Y las frases que quedan en el imaginario colectivo para identificar a su gobierno son las más provocativas, las más ideológicas y menos políticas. Con ese perfil deberá alimentar las expectativas que aún mantengan quienes lo votaron.

















25/7/15

EL CORAJE DE LA DESESPERACIÓN






Giorgio Agamben dijo en una entrevista que “el pensamiento es el coraje de la desesperanza”, una visión que es especialmente pertinente para nuestro momento histórico, cuando como regla general aun el más pesimista de los diagnósticos termina con una insinuación optimista de alguna versión de la proverbial luz al final del túnel. El verdadero coraje no es imaginar una alternativa sino aceptar las consecuencias del hecho de que no hay una alternativa claramente discernible: el sueño de una alternativa es una señal de la cobardía teórica, sus funciones como un fetiche que evita que pensemos hasta el final de nuestro predicamento. En otras palabras, el verdadero coraje es admitir que la luz al final de túnel es la luz de otro tren que se nos acerca en la dirección opuesta.

No hay mejor ejemplo de la necesidad de tal valor que Grecia hoy.

La doble vuelta en U que tuvo la crisis griega en julio de 2015 no puede sino aparecer como un paso no sólo de la tragedia a la comedia, sino, como Stathis Kouvelakis apuntó, de la tragedia llena de reveses cómicos directamente al teatro del absurdo (¿hay alguna otra manera de caracterizar el cambio de un extremo a otro, que pudiera deslumbrar incluso al filósofo hegeliano más especulativo?). Cansado de las interminables negociaciones con los ejecutivos de la Unión Europea (UE), en la que una humillación siguió a otra, Syriza llamó al referendo del domingo 5 de julio, que preguntaba al pueblo griego si apoyaba o rechazaba la propuesta de nuevas medidas de austeridad de la UE. Aunque el propio gobierno claramente apoyó el No, el resultado fue una sorpresa para el propio gobierno: la sorprendentemente abrumadora mayoría de más del 61 por ciento votó No al chantaje europeo. Los rumores comenzaron a circular de que el resultado –la victoria para el gobierno– era una mala sorpresa para Tsipras, que secretamente tenía la esperanza de que el gobierno perdiera, de modo que una derrota le permitiría salvar el honor al rendirse a las exigencias de la UE (“tenemos que respetar la voz de los votantes”). Sin embargo, literalmente, a la mañana siguiente, Alexis Tsipras anunció que Grecia estaba dispuesta a reanudar las negociaciones, y días más tarde Grecia negoció una propuesta con la UE, que es básicamente la misma que habían rechazado los votantes (en algunos detalles, aún más duras). En resumen, actuó como si el gobierno hubiera perdido, no ganado, el referéndum:

“¿Cómo es posible que un devastador No a las políticas de austeridad se interprete como una luz verde para un nuevo memorando de entendimiento? El sentido de lo absurdo no es sólo un producto de este cambio inesperado. Surge sobre todo del hecho de que todo esto se está desarrollando ante nuestros ojos como si nada hubiera pasado, como si el referendo fuera algo así como una alucinación colectiva que terminara repentinamente, dejando que continuemos haciendo libremente lo que hacíamos antes. Pero debido a que no todos nos hemos convertido en comedores de loto, vamos al menos a dar un breve resumen de lo que ocurrió en los últimos días. Desde el lunes por la mañana, antes de que los gritos de victoria en las plazas públicas del país hubieran desaparecido totalmente, empezó el teatro del absurdo. El público, aun en el estado de goce por el resultado del domingo, observaba cómo el representante del 62 por ciento se subordinaba al restante 38 por ciento en el período inmediatamente posterior a una resonante victoria para la democracia y la soberanía popular. Pero el referendo ocurrió. No era una alucinación de la que todo el mundo ahora se ha recuperado. Por el contrario, la alucinación es el intento de rebajarla a un temporario “dejar que se ventile el humo antes de reanudar el descenso hacia un tercer acuerdo”.

Y las cosas siguieron en esa dirección. En la noche del 10 de julio, el Parlamento griego le dio a Alexis Tsipras la autoridad para negociar un nuevo plan de rescate, por 250 votos contra 32, pero 17 diputados del gobierno no apoyaron el plan, lo cual significa que tiene más apoyo de los partidos de la oposición que del suyo propio. Días más tarde, la Secretaría de Política de Syriza, dominada por el ala izquierda del partido, concluyó que las últimas propuestas de la UE eran “absurdas” y que “exceden los límites de la resistencia de la sociedad griega” –¿extremismo izquierdista?–. Pero el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), en este caso una voz del capitalismo mínimamente racional, hizo exactamente lo mismo: un estudio del FMI publicado el día anterior mostró que Grecia necesita mucho más alivio de la deuda de los gobiernos europeos que lo que éstos estaban dispuestos a contemplar hasta ahora. Los países europeos tendrían para dar a Grecia un período de 30 años de gracia para cumplir con toda su deuda en Europa, incluidos nuevos préstamos, y una extensión de la madurez dramática. No es de extrañar que el propio Tsipras declarara públicamente su duda sobre el plan de rescate: “No creemos en las medidas que nos impusieron”, dijo Tsipras durante una entrevista de televisión, dejando en claro que la apoya por pura desesperación, para evitar un colapso económico y financiero total. Los eurócratas utilizan tales confesiones con impresionante perfidia: ahora que el gobierno griego aceptó sus duras condiciones, dudan de la sinceridad y la seriedad de su compromiso: ¿cómo puede Tsipras realmente luchar por un programa en el que él no cree? ¿Cómo puede el gobierno griego estar realmente comprometido con el acuerdo cuando se opone al resultado del referendo?

Sin embargo, declaraciones como las del FMI demuestran que el verdadero problema es otro: ¿la UE realmente cree en su propio plan de rescate? ¿Realmente cree que las brutales medidas impuestas promoverán el crecimiento económico y por lo tanto el pago de las deudas? ¿O es que la motivación final de la brutal presión extorsionista sobre Grecia no es puramente económica (ya que es obviamente irracional en términos económicos), sino política e ideológica –o, como dijo Krugman, “la rendición no es suficiente para Alemania”–, que quiere el cambio de régimen y la humillación total de Grecia. Y hay una facción importante que sólo quiere sacar a Grecia de la UE, y más o menos le daría la bienvenida a un estado fallido como una advertencia para el resto. “Uno siempre debe tener en cuenta el horror que Syriza representa para el establishment europeo” (un miembro conservador polaco del Parlamento Europeo apeló incluso directamente al ejército griego para dar un golpe de Estado con el fin de salvar al país).

¿Por qué este horror? A los griegos ahora se les pide que paguen el alto precio, pero no para una perspectiva realista de crecimiento. El precio que se les pide que paguen es la continuación de la fantasía de “extender y pretender”. Se les pide que asciendan a su sufrimiento real con el fin de sostener el ensueño de otros (eurócratas). Gilles Deleuze dijo hace décadas: “Si vous êtez pris dans le rêve de l’autre, vous êtez foutus” (“si estás dentro del sueño de otro, estás en problemas”) y ésta es la situación en cual Grecia se encuentra ahora: a los griegos no se les pide que traguen muchas píldoras amargas para un plan realista de reactivación económica, se les pide que sufran para que otros puedan seguir soñando su sueño imperturbables. El que ahora necesita despertar no es Grecia, sino Europa. Todo el mundo que no está atrapado en este sueño sabe lo que nos espera si el plan de rescate se promulga: otros 90 mil millones de euros, más o menos, serán arrojados al cesto griego, aumentando la deuda griega a unos 400 mil de millones (y la mayoría de ellos volverán rápidamente a Europa occidental. El verdadero plan de rescate es el rescate de los bancos alemanes y franceses, no de Grecia), y podemos esperar que la misma crisis estalle en un par de años...

Pero ¿ese resultado es realmente un fracaso? A nivel inmediato, si se compara el plan con su resultado real, obviamente sí. A un nivel más profundo, sin embargo, no se puede evitar la sospecha de que el verdadero objetivo no es darle a Grecia una oportunidad, sino transformarlo en un estado semicolonizado económicamente, mantenido en la pobreza y la dependencia permanente como una advertencia a otros. Pero en un nivel más profundo, hay nuevamente un fracaso, no de Grecia, sino de la propia Europa, del núcleo emancipatorio del legado europeo.

El No del referéndum fue sin duda un gran acto ético-político: contra una propaganda enemiga bien coordinada que difundía mentiras y temores, sin ninguna perspectiva clara de lo que yace delante, contra todas las probabilidades pragmáticas “realistas”, el pueblo griego rechazó heroicamente la presión brutal de la UE. El No griego fue un gesto auténtico de la libertad y autonomía, pero la gran pregunta es, por supuesto, lo que ocurre el día después, cuando tenemos que volver de la extática negación al sucio negocio de todos los días, y aquí surge otra unidad, la unidad de las fuerzas “pragmáticas” (Syriza y los grandes partidos de la oposición) contra el Syriza de Izquierda y Amanecer Dorado (ultraderecha). Pero ¿significa esto que la larga lucha de Syriza fue en vano, que el No del referéndum fue sólo un vacío gesto sentimental destinado a hacer más palpables los dictámenes de capitulación?

Lo realmente catastrófico de la crisis griega es que en el momento en que el referendo aparecía como la elección entre el Grexit (salida de la Zona Euro) y la capitulación a Bruselas, la batalla estaba ya perdida. Ambos términos de esta elección se mueven dentro de la eurocrática visión predominante (Recuerde que los alemanes de línea dura antigriega, como el ministro de Finanzas, Schauble, ¡también prefieren el Grexit!) El gobierno de Syriza no estaba luchando sólo por un mayor alivio de la deuda y por más dinero nuevo dentro de las mismas coordenadas globales, sino por el despertar de Europa de su sueño dogmático.

Ahí reside la grandeza auténtica de Syriza: en la medida en que el ícono de la agitación popular en Grecia fueron las protestas en la plaza Syntagma, Syriza se comprometió a la labor hercúlea de promulgar el cambio del Syntagma al paradigma que, en el largo y paciente trabajo de traducir la energía de la rebelión en medidas concretas que cambiarían la vida cotidiana de las personas. Tenemos que ser muy preciso aquí: el No del referéndum griego no era un No a la “austeridad” en el sentido de los sacrificios necesarios y el trabajo duro, era un No al sueño de la UE de seguir con el negocio como de costumbre. Varoufakis (el ministro de Finanzas que renunció poco antes del referendo) repetidamente dejó en claro un punto: no alcanza con endeudarse más, hace falta una rehabilitación global para darle a la economía griega la oportunidad de recuperarse. El primer paso en esa dirección debería ser un aumento en la transparencia democrática de nuestros mecanismos de poder. Nuestros aparatos estatales democráticamente electos están cubiertos por una red espesa de “acuerdos” (TISA, etc.) y los órganos “expertos” no electos que ostentan el poder económico (y militar) real. Aquí está el informe de Varoufakis en un momento extraordinario en sus tratativas con Jeroen Dijsselbloem:

“Hubo un momento en que el presidente del Eurogrupo decidió actuar contra nosotros y nos excluyó efectivamente, e hizo saber que Grecia estaba esencialmente saliendo de la Eurozona. Hay una convención que los comunicados deben ser unánimes, y el presidente no puede convocar una reunión de la zona euro y excluir a un Estado miembro. Y él dijo: ‘Oh, estoy seguro de que puedo hacer eso’. Así que pidió una opinión legal. Creó un poco de jaleo. Durante unos 5 a 10 minutos la reunión se detuvo, los secretarios, funcionarios estaban hablando entre sí, por sus teléfonos, y, finalmente, algún funcionario, algún experto legal se dirigió a mí y dijo: ‘Bueno, el Eurogrupo no existe legalmente, no hay un tratado que haya convocado a este grupo’. Así que lo que tenemos es un grupo inexistente que tiene el mayor poder para determinar la vida de los europeos. No le tiene que rendir cuentas a nadie, dado que legalmente no existe y es confidencial. Así que ningún ciudadano sabe lo que se dice ahí adentro dentro. Estas son decisiones casi de vida y muerte, y ningún miembro tiene que rendir cuentas ante nadie.”

¿Suena familiar? Sí, para cualquiera que conozca cómo funciona el poder de China hoy en día, después de que Deng Xiaoping puso en marcha un sistema dual único: el aparato y el sistema legal amparan las instituciones del partido que son, literalmente, ilegales, o, como dijo He Weifang, un profesor de Derecho en Beijing, sucintamente: “Como organización, el partido se sienta por fuera y sobre de la ley. Debería tener una identidad legal, en otras palabras, una persona a la que demandar, pero ni siquiera está registrada como organización. El partido existe fuera del sistema legal totalmente”. Es como si, en palabras de Benjamin, la violencia del estado fundador permanece presente, encarnada en una organización con un estatuto jurídico confuso:

“Parecería difícil ocultar una organización tan grande como el Partido Comunista de China, pero cultiva su rol de trasfondo con cuidado. Los departamentos grandes del partido que controlan a los medios de comunicación y a su personal mantienen un perfil público deliberadamente bajo. Los comités del partido (conocidos como ‘conductores de grupos pequeños’) que guían y dictan la política a los ministerios, que a su vez tienen la tarea de ejecutarlos, trabajan ocultos. Rara vez se hace referencia a la composición de todos estos comités, y en muchos casos incluso su existencia, en los medios de comunicación controlados por el Estado, para no hablar de cualquier discusión sobre la forma en que se llegan a las decisiones.”

No es de extrañar que exactamente lo mismo que a Varoufakis le sucedió a un disidente chino que, hace algunos años, se presentó formalmente al juzgado y acusó al Partido Comunista Chino de ser culpable de la masacre de Tiananmen. Después de un par de meses, recibió una respuesta del Ministerio de Justicia: no pueden continuar con su acusación ya que no hay organización llamada “Partido Comunista Chino” oficialmente registrado en China. Y es fundamental señalar cómo esta opacidad del poder es falso humanitarismo: después de la derrota griega, hay, por supuesto, tiempo para preocupaciones humanitarias. Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea) dijo hace poco en una entrevista que él está tan contento por el acuerdo de rescate porque va a aliviar de inmediato el sufrimiento del pueblo griego que tanto le preocupaba. Escenario clásico: después de una represión política llega la preocupación humanitaria y la ayuda, incluso posponiendo los pagos de deuda, etc.

¿Qué se debe hacer en una situación tan desesperada? Uno debería especialmente resistir la tentación del Grexit como un gran acto heroico de rechazar nuevas humillaciones y salirse... ¿adónde? ¿Estamos entrando en un nuevo orden positivo? La opción Grexit aparece como el “verdadero-imposible”, como algo que llevaría a una desintegración social inmediata: “Tsipras aparentemente se dejó convencer, hace algún tiempo, de que la salida del euro era completamente imposible. Parece que Syriza ni siquiera hizo una planificación de contingencia para una moneda paralela (espero descubrir que esto es un error). Esto lo dejó en una posición de negociación desesperada”. El punto de Krugman es que el Grexit es también un imposible-verdadero que puede suceder con consecuencias imprevisibles y que, como tal, puede ser arriesgado: “todos los jefes sabios diciendo que el Grexit es imposible, que daría lugar a una implosión completa, no saben de que están hablando. Cuando digo esto, no necesariamente significa que están equivocados. Creo que lo están, pero cualquiera que confía en algo aquí se está engañando a sí mismo. Lo que quiero decir, en cambio, es que nadie tiene ninguna experiencia de lo que estamos viendo”. Si bien, en principio, esto es cierto, no obstante, hay demasiados indicios de que un Grexit súbito ahora llevaría a una total catástrofe económica y social. Los estrategas económicos de Syriza están muy conscientes de que tal gesto causaría una caída inmediata del nivel de vida adicional del 30 por ciento (como mínimo), llevando la miseria a un nuevo nivel insoportable, con la amenaza de descontento popular e incluso de dictadura militar. La perspectiva de este tipo de actos heroicos es por lo tanto una tentación que debe ser resistida.

Luego están las convocatorias de Syriza para volver a sus raíces: Syriza no debe convertirse en otro partido parlamentario gobernante más. El verdadero cambio sólo puede venir de las bases, desde el pueblo mismo, desde su propia organización, no de los aparatos estatales, otro caso de posturas vacías, ya que evita el problema crucial de cómo hacer frente a la presión internacional con respecto a la deuda, o cómo ejercer poder y dirigir un estado. Las bases de autoorganización no pueden sustituir al Estado, y la pregunta es cómo reorganizar el aparato para que funcione de manera diferente.

Sin embargo, no es suficiente decir que Syriza luchó heroicamente, probando lo que es posible. La lucha continúa, acaba de empezar. En lugar de insistir en las “contradicciones” de la política de Syriza (después de una triunfal NO, acepta que el mismo programa que fue rechazado por el pueblo), y de ser atrapado en recriminaciones mutuas sobre quién es culpable (la mayoría de Syriza cometió una “traición” oportunista, o la Izquierda fue irresponsable en su preferencia por Grexit). Uno debería centrarse en lo que el enemigo está haciendo: las “contradicciones” de Syriza son un reflejo de las “contradicciones” del establishment de la UE que están socavando gradualmente los fundamentos mismos de la Europa unida. En el disfraz de las “contradicciones” de Syriza, el establishment de la UE está simplemente recibiendo su propio mensaje en su verdadera forma. Y esto es lo que Syriza debería estar haciendo ahora. Con un pragmatismo despiadado y cálculo frío, debe explotar las grietas más pequeñas en la armadura del rival. Debería utilizar todos aquellos que se resisten a las políticas predominantes de la UE, desde los conservadores británicos a UKIP en el Reino Unido. Debería coquetear descaradamente con Rusia y China, jugando con la idea de darle una isla a Rusia como su base militar en el Mediterráneo, sólo para asustar totalmente a los estrategas de la OTAN. Parafraseando a Dostoievski, ahora que el Dios UE falló, todo está permitido.

Cuando uno escucha las quejas de que la administración de la UE ignora brutalmente la difícil situación del pueblo griego en su ciega obsesión por humillar y disciplinar a los griegos, que incluso los países del sur europeo como Italia o España no mostraron solidaridad con Grecia, nuestra reacción debería ser: ¿es sorprendente todo esto? ¿Qué esperaban los críticos? ¿Que la administración de la UE entienda mágicamente la argumentación de Syriza y actúe de acuerdo a ella? La administración de la UE simplemente está haciendo lo que siempre hizo. Luego está el reproche de que Grecia está buscando ayuda en Rusia y China, como si la propia Europa no estuviera presionando a Grecia en esa dirección con su presión humillante.

Luego está la afirmación de que fenómenos como Syriza demuestran cómo la tradicional dicotomía izquierda / derecha sobrevive. En Grecia, Syriza es llamada la extrema izquierda, y en Francia, Marine Le Pen la extrema derecha, pero estos dos partidos tienen mucho en común efectivamente: ambos luchan por la soberanía, contra las corporaciones multinacionales. Por lo tanto, es bastante lógico que en la propia Grecia, Syriza está en coalición con pequeño partido derechista pro soberanía. El 22 de abril de 2015, François Hollande dijo en la televisión que Marine Le Pen hoy suena como George Marchais (un líder comunista francés) en la década de 1970. La misma defensa patriótica de la difícil situación de los franceses comunes explotados por el capital internacional. No es de extrañar que Marine Le Pen apoye a Syriza, una rara afirmación que no dice mucho más que el viejo liberalismo sabio acerca de que el fascismo es una especie de socialismo. En el momento en que ponemos en el tapete el tema de los trabajadores inmigrantes, todo este paralelo se desmorona.

El problema final es uno mucho más básico. La historia recurrente de la izquierda contemporánea es la de un líder o partido elegido con entusiasmo universal, prometiendo un “nuevo mundo” (Mandela, Lula), pero, entonces, tarde o temprano, por lo general después de un par de años, se topan con el dilema fundamental: ¿se atreven a tocar los mecanismos capitalistas, o se deciden a “seguir el juego”? Si uno perturba los mecanismos, uno es muy rápidamente “castigado” por las perturbaciones del mercado, el caos económico y el resto.

El heroísmo de Syriza fue que, después de ganar la batalla política democrática, se arriesgaron a un paso más perturbando el buen funcionamiento del capital. La lección de la crisis griega es que el capital, aunque en última instancia sea una ficción simbólica, es nuestra realidad. Es decir, las protestas y revueltas de hoy se sostienen por la combinación (superposición) de los diferentes niveles, y esta combinación explica su fortaleza: luchan por la democracia (parlamentaria “normal”) contra los regímenes autoritarios; contra el racismo y el sexismo, sobre todo contra el odio dirigido a inmigrantes y refugiados; por el Estado de Bienestar contra el neoliberalismo; contra la corrupción en la política y la economía (empresas contaminando el medio ambiente, etc.); por nuevas formas de democracia que van más allá de los rituales multipartidistas (participación, etc.); y, por último, el cuestionamiento del sistema capitalista global como tal, tratando de mantener viva la idea de una sociedad no capitalista. Ambas trampas deben ser evitadas aquí: el falso radicalismo (“lo que realmente importa es la abolición del capitalismo parlamentario liberal, el resto de las peleas son secundarias”), así como el falso gradualismo (“ahora luchamos contra la dictadura militar y por la simple democracia, olviden sus sueños socialistas, esto viene después, tal vez...”). Cuando tenemos que hacer frente a una lucha específica, la pregunta clave es: ¿cómo será nuestra participación en ella o la retirada de la misma afectará a otras luchas? La regla general es que, cuando una revuelta comienza contra un régimen opresivo semidemocrático, como fue el caso en el Oriente Medio en 2011, es fácil movilizar a grandes multitudes con lemas que uno no puede sino caracterizar para agradar a la multitud –por la democracia, contra la corrupción, etc.–. Pero entonces nos acercamos poco a poco a decisiones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que lo que realmente nos molestó (nuestra no-libertad, la humillación, la corrupción social, la falta de perspectivas de una vida digna) continúa en una nueva forma. En Egipto, los manifestantes lograron deshacerse del régimen opresivo de Mubarak, pero la corrupción permaneció, y la perspectiva de una vida digna se alejó aún más. Después del derrocamiento de un régimen autoritario, los últimos vestigios de la atención patriarcal para los pobres pueden caer lejos, de modo que la libertad recién adquirida se reduce de hecho a la libertad de elegir la forma preferida de la propia miseria. La mayoría no sólo sigue siendo pobre, pero, para colmo de males, se les dice que, ahora que son libres, la pobreza es su propia responsabilidad. En tal situación, tenemos que admitir que hubo fallas en nuestra propia meta, que la meta no era suficientemente específica. Por ejemplo, que la democracia política estándar puede también ser la forma misma de no-libertad: la libertad política puede fácilmente proporcionar el marco legal para la esclavitud económica, con los más desfavorecidos vendiéndose “libremente” a la servidumbre. Por lo tanto hemos de exigir más que sólo democracia política. También la democratización de la vida social y económica. En resumen, tenemos que admitir que lo que al principio tomamos como el fracaso de no darnos cuenta plenamente que un principio noble (el de la libertad democrática) es un fracaso inherente a este principio en sí. Aprender este paso de la distorsión de una noción, su realización incompleta, a lo inmanente distorsión a esta noción es el gran paso de la pedagogía política.

La ideología dominante aquí moviliza todo su arsenal para impedirnos llegar a esta conclusión radical. Empiezan diciéndonos que la libertad democrática trae su propia responsabilidad, que tiene un precio, que no estamos todavía maduros si esperamos demasiado de la democracia. De esta manera, nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, por lo que se nos dice, somos todos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas, decidiendo poner más en nuestra educación que en divertirnos si queremos tener éxito, etc. En un plano político más directo, la política exterior de Estados Unidos elaboró una detallada estrategia de cómo ejercer el control de daños recanalizando un levantamiento popular hacia limitaciones parlamentarias capitalistas aceptables. Como se hizo éxitosamente en Sudáfrica tras la caída del régimen del apartheid, en Filipinas después de la caída de Marcos, en Indonesia después de la caída de Suharto, etc. En esta coyuntura precisa, la política emancipatoria radical se enfrenta a su mayor desafío: cómo llevar las cosas más allá después de que la primera etapa entusiasta termina, cómo dar el paso siguente sin sucumbir a la catástrofe de la tentación “totalitaria”. En resumen, cómo moverse más lejos de Mandela sin convertirse en Mugabe.

El coraje de la desesperación es crucial en este punto.


Slavoj Zizek
















Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año.

Traducción: Celita Doyhambéhère.






1/7/15

GRECIA EN APUROS






El Nobel en Economía Joseph Stiglitz opinó sobre la difícil situación que se está viviendo en Grecia y destacó como ejemplo el caso argentino después de la crisis de 2001.

En una entrevista al medio inglés BBC, el economista afirmó: "Las condiciones impuestas a Grecia son indignantes". Estas declaraciones se dan después de conocerse que el gobierno helénico no pagará al FMI y caerá indefectiblemente en default.

"Es concebible que el resto de Europa y Alemania despierten y se den cuenta de que sus exigencias a Grecia son absolutamente indignantes", dijo Stiglitz. Y amplió: "Para mí es obvio que la austeridad ha fracasado. El pueblo griego fue el primero en decir: 'Nos negamos a renunciar a nuestra democracia y aceptar esta tortura de Alemania'. Pero con suerte, otros países, como España y Portugal, dirán lo mismo".

Stiglitz, quien ya se manifestó en varias oportunidades sobre el ejemplo argentino, volvió a destacar el caso nacional post crisis 2001. Afirmó: "Me parece que hay una importante lección a partir del éxito de Argentina". Y agregó: "Después del default, Argentina empezó a crecer a una tasa del 8% anual, la segunda más alta en el mundo después de China".

"Estuve en Argentina y vi el éxito que tuvo, y lo que hizo para los estándares de vida. La experiencia argentina prueba que hay vida después de una restructuración de deuda, y después de dejar un sistema cambiario".

Sobre la moneda única en Europa, opina Stiglitz: "El euro fue solo parcialmente exitoso por ocho años. Fue un experimento corto, en mi opinión, fracasado, a menos que cambien dramáticamente lo que están haciendo".



REFERENDUM GRIEGO

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, volvió a exponer su punto de vista sobre la crisis que atraviesa su país en un mensaje a la nación difundido por la televisión nacional. El referéndum no es sobre si Grecia permanece o no en la zona euro, dijo, agregando que "nunca habría esperado que una Europa democrática negara tiempo y espacio a una decisión democrática".

"Esto no es una ruptura con el euro, sino un retorno a la Europa de los principios".

Según Tsipras, los acreedores internacionales chantajean a los griegos para que voten a favor del programa de rescate que elaboraron, y que impone nuevas reformas de austeridad.

Ante esta perspectiva, Tsipras volvió a pedir los griegos que voten en contra de este programa en el referéndum del 5 de julio, argumentando que el Gobierno que él encabeza defiende las pensiones de los ciudadanos. Según él, el 'NO' permitirá a Grecia adoptar una posición más fuerte para seguir presionando a los acreedores y alcanzar así un acuerdo más social, y no uno que grave más a los jubilados y a las familias con menos recursos.

El primer ministro dijo estar dispuesto a seguir hasta el final con las negociaciones con los acreedores, incluso después del referéndum.







DEFAULT O NO DEFAULT

Si Grecia no paga el vencimiento de 1.600 millones de euros que tiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI), no entrará en default, sino en una "mora" que no tendrá efectos inmediatos para el resto de los compromisos de deuda del país mediterráneo.

Existe una diferencia entre no cumplir con el pago de bonos a inversores privados y no hacerlo con un organismo de crédito internacional como el Fondo que da préstamos en vez de comprar títulos de deuda.

Según los estatutos del Fondo, los países prestatarios, que a la vez son miembros del organismo, no entran en "default" cuando no cumplen con un pago, sino en "mora".

Además de la diferencia de vocabulario, esto significa que la cesación de pagos no produce efectos inmediatos sobre los demás compromisos del país con el resto de sus acreedores, según destacaron recientemente las tres principales agencias calificadoras de riesgo.

Prueba de ello es que el proceso interno que una mora desata dentro del FMI es gradual y muy moderado, en comparación a la retórica verbal que sus autoridades mantienen puertas afuera.

Dos semanas después de que un país no cumple con uno de los pagos, en este caso Grecia mañana, el encargado del FMI para ese Estado envía un documento al ministro de Finanzas o al presidente del Banco Central reclamando el pago "inmediato" y explicando la seriedad del asunto.

Si nada sucede, en dos semanas el director gerente del FMI, actualmente la francesa Christine Lagarde, notifica a la junta ejecutiva del organismo que el país no cumplió con un pago.

Recién a los tres meses del inicio de la mora, el FMI publica una "declaración factual breve" en la que anuncia públicamente que el país en cuestión no cumplió con un pago.

Finalmente, a los dos años de no haber cumplido con el vencimiento inicial, el FMI puede comenzar un proceso para expulsar al país en mora del organismo.

La situación financiera de Grecia, en cambio, podría deteriorarse rápidamente si no cancela los 3.500 millones de euros en bonos que están en manos del Banco Central Europeo (BCE) y que vencen el próximo 20 de julio.

En este caso, si no hay un acuerdo y el BCE acepta comprar nuevos títulos de deuda, Atenas sí entrará en default.






24/1/14

QUÉ PASA CON EL DÓLAR







Razones personales hacen que desde hace más de 3 años pueda participar de conversaciones con economistas que trabajan en el Estado Nacional, ninguno con responsabilidades relevantes, o mejor dicho, de los que toman decisiones. Que Argentina está en una situación de crisis en su mercado cambiario no es ninguna novedad. Los especialistas lo suelen llamar “stress cambiario”, pero nosotros que no somos tan finos le decimos corrida cambiaria, es decir, mayoritariamente los agentes del mercado quieren comprar dólares. Con la incertidumbre que tenemos todos los militantes que no tenemos una sólida formación en economía, considero que compartir algunas de las reflexiones que Los Economistas Amigos me dieron para pensar lo que está sucediendo en el país, puede servir para enriquecer los análisis que el presente requiere.

¿Qué está pasando con el dólar en Argentina?

Al preguntarles a los que entienden de economía sobre las corridas, que fue una de las principales causas de conflictos económicos que el gobierno señaló hace tiempo, me explicaron que los motivos de la corrida son discutidos, y por lo que vengo escuchando y leyendo, difícilmente alguien que ofrezca certezas sobre el asunto esté diciendo la verdad. Para explicarme algo de lo que está pasando, Los Economistas Amigos (LEA) me dicen que están quienes piensan que el tipo de cambio está “atrasado” y que cómo finalmente se va a tener que corregir apuestan al dólar; que hay otros que piensan que el problema es más estructural y que como el país se acerca a un período de escasez de dólares (por déficit energético, del que también hace muchos años que los escucho hablar, tanto antes de la nacionalización de YPF; por las  necesidades de la industrialización, por la deuda y las ganancias de las multinacionales) va a tener que devaluar irremediablemente y por lo tanto compran dólares. Otros sostienen que es un problema financiero vinculado a lo baja rentabilidad relativa del ahorro en pesos, y finalmente están también quienes piensan que es lisa y llanamente una forma de desestabilizar al gobierno.

Según dicen, los diagnósticos son muchos y variados. A cada diagnóstico le corresponde una respuesta de política diferente siempre y cuando lo que se busque es evitar una devaluación brusca que convalide la corrida y beneficia a los que compraron dólares.

Al preguntarles a los economistas amigos qué estamos haciendo desde el gobierno, la respuesta fue que el gobierno tomó actitudes diferentes a lo largo del ya extenso período que tiene el problema. En un principio, cuando comenzó la corrida en los meses previos a la elección de Cristina del 2011, el gobierno decidió responder mostrando su poder de fuego sobre el mercado y salió a vender reservas y mantener el tipo de cambio. Como la corrida no se frenó y se consumían demasiadas reservas, después de las elecciones se cambió de estrategia y se optó por los controles. El “cepo” como le llaman.

Los controles tienen ya un tiempo largo y la justificación fue,  efectivamente, la de evitar una gran devaluación que tuviera efectos negativos sobre la distribución del ingreso. Al pedirles que me expliquen los efectos de una devaluación, me respondieron los LEA que si el tipo de cambio se devalúa fuerte, los precios de los productos importados suben, los precios de los alimentos exportables suben, se encarece la canasta de consumo básica y por lo tanto se transfieren ingresos desde los trabajadores al capital. Además, se premia a todos los que apostaron a comprar dólares, que al final de cuentas van a tener muchos más pesos con los billetes verdes que fugaron. Eso era lo que se quería evitar.

La realidad demuestra que después de un tiempo de controles aparecieron algunos problemas adicionales. Por un lado las reservas siguieron cayendo por el pago de la deuda externa y porque se hacía difícil controlar efectivamente que no se fugaran dólares por algunas de las ventanillas todavía abiertas. Por otro lado, la dinámica del mercado paralelo y los negocios financieros vinculados al dólar se volvieron demasiado atractivos e incentivaron algunas conductas que tendieron a agravar la situación. Los exportadores que tienen productos cuyo valor está dolarizado retienen sus productos para venderlos cuando la devaluación sea un hecho (esto lo podemos ver al ir por la ruta 2 a la costa y ver los silo bolsa durmiendo sobre los campos). Los importadores inventan formas para simular que los productos que compran son más caros y conseguir que les vendan más dólares que los que realmente necesitan, y los turistas aprovechan sus salidas al exterior para hacerse con todos los dólares que puedan.

Después de las elecciones del año pasado y el cambio de gabinete, los amigos dicen que se modificó de nuevo la estrategia. La estrategia proponía un mix de instrumentos: un poco de controles, un poco de devaluación y un poco de apuesta a resolver los problemas de acceso al crédito externo y una intervención sobre el dólar paralelo a través de los mercados de deuda pública en dólares.

¿Por qué entonces se mantiene esa sensación de stress cambiario?

La nueva estrategia se topó con algunos problemas, me respondieron. Algunos más esperables que otros. Por un lado el verano y las vacaciones son un momento de fuerte demanda de dólares para turismo, lo cual impulsó la suba del dólar paralelo, por el otro en el plano internacional la mayoría de los países emergentes están sufriendo salida de capitales y devaluaciones por el cambio en la política monetaria de los EEUU, lo cual hace más grande la supuesta corrección cambiaria que hace falta. Por último, les parece que hubo una cierta apuesta a conseguir algo de reservas que no funcionó. Si el Banco Central pierde reservas mientras devalúa se genera la sensación de que es el mercado el que la está haciendo, si la devaluación ocurriera con reservas estables, el Estado es el que parece tener el control del mercado.

Como no me encuentro en el país, ayer les escribí a Los Economistas Amigos para preguntarles de qué se trató la devaluación de ayer, porque no pareció tan gradual como la que ellos venían diciendo que había que hacer. La respuesta consensuada fue que la devaluación de ayer es una novedad. Que hay que esperar para ver si efectivamente se decidió abandonar la devaluación gradual y cambiarla por una devaluación más fuerte que elimine las expectativas de devaluación. Según me dijeron, en los hechos, es convalidar la corrida. Pero hay que esperar un poco para confirmar que esto sea así. En ese caso el gobierno tendrá que buscar las formas de compensar los efectos regresivos de la devaluación.

No parece casualidad entonces que justo el día de la mayor devaluación de los últimos años, la Presidenta anunciara un ambicioso programa de inclusión social que, debemos reconocer, tiene el mismo objetivo que el existente Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, lo cual debe interrogarnos respecto a si el mismo no tuvo el alcance esperado por problemas de comunicación o porque los intendentes no lo implementaron como correspondía. Al devaluar la pelea fuerte deberá darse en este campo: muchos esfuerzos para controlar la inflación y sostener los acuerdos de precios y mucha política para tratar de compensar a los sectores que puedan verse más afectados.

En el correo que les envié después de esa respuesta, les pregunté si tenemos que pensar si la batalla contra la corrida la perdimos. La respuesta fue que tenemos que entender una cosa: el kirchnerismo tuvo durante mucho tiempo al tipo de cambio alto (es decir devaluado) como un pilar fundamental de su política. El problema es que siempre pensó que las devaluaciones debían ser compensadas, es decir que debían evitarse los efectos distributivos regresivos. Hasta 2008 esto se hacía a través de las retenciones a las exportaciones. Se devaluaba el tipo de cambio y para evitar que los productores de alimentos exigieran mayores precios en el mercado local por sus productos, se incrementaban los impuestos de exportación. Tras la crisis del campo, las retenciones dejaron de ser una opción de política y el gobierno perdió su instrumento para compensar las devaluaciones. Si efectivamente se decidió que la única forma de frenar la corrida cambiaria es una devaluación más fuerte, deberá hacerse un esfuerzo muy grande para compensar los efectos distributivos de la medida. El gobierno intentará lograr que los ingresos de los sectores populares crezcan más que los precios, en un contexto en el que se pretende que el dólar suba más que los dos anteriores. La responsabilidad se traslada a las áreas de gobierno que tienen que controlar precios y diseñar políticas sociales. Aunque todavía hay que esperar para confirmar lo de ayer.

Desde el 2010 que vengo escuchando a mis amigos economistas y, hasta el momento, nunca se equivocaron con los análisis que me dieron, es por eso que los comparto.


AGENCIA PACO URONDO





24/11/12

JUEZ GRIESA DESDE EUROPA








Argentina corre riesgo de caer en suspensión de pagos en diciembre, aunque no necesariamente lo hará. No es que el país sudamericano tenga una deuda equivalente al 175% de su PIB, como la griega. Al contrario, se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 35 años, en términos netos en el 19% del PIB, mucho menos que el 92% español.

Sin embargo, un juez de Nueva York, Thomas Griesa, ha establecido que si no le paga a los acreedores que tienen bonos impagos desde 2001 tampoco podrá abonar a los que aceptaron en 2005 y 2010 la reestructuración con quitas de más del 50% de esos mismos títulos. Y como la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, se niega a pagar el 100% adeudado al 7% que se quedó fuera de esa reestructuración, con el argumento de que sería injusto para el 93% que la aceptó, entonces este país sudamericano puede verse obligado a dejar de pagarle a estos últimos. Pero Argentina apelará la decisión del juez y además se especula con la opción de que pague lo debido en otro país, de modo de esquivar el fallo. El 7% de la deuda no reestructurada se reparte así:

El 36% son bonos en euros que en general pertenecen a inversores europeos. La mayoría son ahorradores italianos que en muchos casos engañados por los bancos de su país creyeron en 2000 o 2001 que invertían en papeles muy rentables, pero seguros. Como la justicia de Italia no les permitió demandar allí al Estado argentino, han recurrido al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).

El 33% son títulos en dólares que están en poder de inversores institucionales de EE UU y ahorradores argentinos. Son acreedores que también habían comprado los bonos antes de la suspensión de pagos y han iniciado demandas en Nueva York.

El 27% son bonos en dólares que están en manos de los llamados fondos buitre, que se dedican a comprar deuda en suspensión de pagos, a precios bajísimos, y después litigan para cobrar el 100% de lo debido. El fallo de Griesa se refiere a una demanda presentada por dos fondos buitre y ahorradores argentinos. El 2% son títulos en pesos en manos de argentinos. Las demandas en el país sudamericano no han prosperado.

El Gobierno de EE UU, a pesar de sus diferencias con el de Argentina, se presentó en la causa para defenderla. También lo hizo la Reserva Federal de Nueva York. El Ejecutivo de Barack Obama considera que el bloqueo del pago sentaría un mal precedente para otros canjes de deuda que puedan requerir en un futuro no muy lejano algunos países europeos.


EL  PAIS, España



23/7/12

LA TIERRA TIEMBLA








El mundo ha entrado en una zona oscura y hace bastante que las primeras sombras llegaron a nuestra región, incluyendo a la Argentina. La Presidenta afronta las dificultades con un latiguillo: “El mundo se nos cae encima”. Buena parte de la oposición niega redondamente que los problemas de la economía local tengan relación con los de Europa, Estados Unidos o Brasil. Si bien en los últimos tiempos parte de esa oposición y ciertos economistas que cuestionan políticas del oficialismo han entendido que la estrategia de profetizar desastres no les conviene ni a ellos ni al país (no son lo mismo Carrió que Bonfatti, Miguel Bein que Miguel Ángel Broda), perdura una actitud que se asemeja a la de los plateístas de River o Vélez, célebres por ser fáciles comentaristas hostiles de lo que hacen quienes se están jugando la piel. El oficio del periodista en ese sentido también es cómodo: siempre es más fácil juzgar que construir, apelar al cinismo que a la honestidad, al impacto que a la serenidad.

Según el último informe del Indec, en mayo se registró una caída interanual del 0,5% en la actividad económica y del 4,5%, en la industrial. Dada la crisis, el escenario podría ser peor si no se hubieran desplegado ciertas políticas contracíclicas. En otros casos, el mundo no tiene toda la culpa de lo que aquí sucede. Parte de la inflación es un ejemplo, aún cuando la oposición mediática y política exacerbe su impacto. Las complicaciones de las que se viene por las políticas de subsidio a la energía y el transporte, que fueron cruciales durante años como herramienta de reactivación e ingresos, derivaron en un cuadro fiscal difícil. Lo que el Estado invierte en importar combustibles o subsidiar sin buenos controles a empresarios desaprensivos del transporte colectivo y ferroviario no puede ir a otros destinos.

Hacia adelante. Todos esos problemas son reales. La enorme diferencia que sigue existiendo entre el kirchnerismo y las por ahora no-alternativas opositoras es que el primero se arremanga y trabaja e intenta salir de sus errores, profundizando en sus aciertos. Los otros más bien comentan y recitan la agenda ajena, sin terminar de delinear visiones y proyectos de gobierno consistentes. O acaso sí, pero por derecha.

El Gobierno mientras tanto labura; labura a lo pavo. Está empeñado en salir de aquellas cosas que no se hicieron bien. Cierto discurso kirchnerista dice algo así como que “la autocrítica se ejerce con medidas concretas”. Es una apreciación generosa. Pero es cierto que el kirchnerismo, particularmente la Presidenta, tiene una capacidad temible de pelearla, de salir apostando hacia adelante, y de hacerlo tratando de cuidar el todo, especialmente a los sectores más vulnerables. Esa, de nuevo, es la otra inmensa diferencia entre Cristina Fernández, Mauricio Macri, Daniel Scioli, la dirigencia radical, la del socialismo.

Las diferencias aparecieron en el potente conjunto de noticias de esta semana. La YPF recuperada invirtiendo cerca de 6.000 millones de pesos en lugar de remitirlos al exterior. El anuncio de una inversión de 800 millones para renovar el Sarmiento y otros 500 próximos para el Mitre. La realización del primer sorteo del plan de viviendas Pro.Cre.Ar. Los anuncios en torno de la tarjeta Sube son una señal más de que se pretende de a poco ir saliendo del sistema de los subsidios, con un problema: hasta dónde llegarán los recursos de los municipios y la provincia cuando tengan que salir a cubrir lo que el Estado nacional dejó de poner. También hubo un anuncio presidencial sobre inversiones millonarias en una mina de potasio en Mendoza. Cuando se trata de extracción de oro y plata, ni la Presidenta ni los gobernadores (que llegaron a emplear la palabra “snob” para cuestionar a los ambientalistas y a los que se oponen a la minería a cielo abierto) parecen dispuestos a reexaminar el modelo extractivo, la arquitectura impositiva vigente desde los ’90, los riesgos medioambientales. Sí en cambio parecen muy decididos en competir por la renta de ese mismo modelo, lo cual atenúa sólo una parte del problema.

Vida útil. YPF, plan Pro.Cre.Ar, créditos para los jubilados, retiro cuidadoso de subsidios, inversión en infraestructura, obligación de la banca (gracias a la reforma de la carta orgánica del Central) de invertir en créditos para la producción, todas las pilas puestas para desplegar programas de protección de empleo cuando las cosas se pongan más difíciles. El kirchnerismo se enchufa pero afronta un problema. Sus mejores anuncios tienen menor tiempo de “vida útil” (menor impacto político y comunicacional) que en otras coyunturas. Corren el riesgo de ser neutralizados no sólo por la potencia de fuego de los medios opositores –asumiendo además que no es cierto todo sea manipulación–, sino por los problemas reales, las disputas de coyuntura al interior del kichnerismo y cierta repetitividad mecánica en los discursos periodísticos y políticos propios. En cuanto a la economía, en algunos casos las políticas contracíclicas (desde una mayor producción de hidrocarburos a las primeras viviendas que se construyan por el plan Pro.Cre.Ar) demorarán en tener efectos virtuosos.

En este marco, ciertos conflictos políticos como los que se sostuvieron con el moyanismo y con Daniel Scioli parecen tener para el kirchnerismo nacional ganancia cero, o quizá pérdida. Por supuesto que ante el vacío de un real debate interpartidario esos conflictos resuenan mucho más. Y como se dijo más arriba: es más fácil opinar y pedir paz y amor que tener que salir a bancar con centenares de millones de pesos a un gobernador que no se atreve a desplegar políticas tributarias más audaces porque no quiere el conflicto (algún día Scioli resumirá toda su comunicación en una gigantografía que diga “Soy un pan de Dios”) y que al mismo tiempo se saca fotos con Macri y con Moyano, eso sí, como en el tango de las 34 puñaladas, amablemente.

Pese a eso, y aún cuando fue Néstor Kirchner y no Cristina quien dedicó los retos públicos más furibundos contra el gobernador (el primero, a los pocos meses de haber asumido el gobierno), las movidas del oficialismo plantean algunas dudas. ¿Hasta dónde los cuestionamientos políticos, ideológicos o de gestión contra Scioli no traspasan una línea delicada, la de la soberanía del voto popular que lo llevó a la gobernación? Y más especulativamente: ¿hasta donde la furia kirchnerista crea empatía social? Es cierto que Cristina recibió más de 400 mil votos por encima del gobernador. Pero la boleta decía “Scioli” y decía “gobernador”. Es un tema más que espinoso por cuestionables que puedan resultar ciertas políticas bonaerenses, no sólo las de seguridad. El problema no se resuelve con los oxidados, verticales lemas peronistas de “lealtad”, “conducción” o “subordinación al proyecto” en una democracia modelo siglo XXI que dice enorgullecerse de haber consagrado nuevos derechos.


Hay crujidos en la economía que se están poniendo fieros. Hay conflictos políticos de coyuntura que se deberían morigerar y patean en contra. Un consultor que solía trabajar entre otros para el kichnerismo sostiene que, contrariamente a lo que dicen algunos de sus colegas más enojados con el oficialismo, la imagen positiva de la Presidenta incluso supera el porcentaje de los votos que recibió en octubre. Claro: con una muy importante imagen negativa. El kichnerismo está condenado a seguir trabajando a lo pavo para conservar lo que acumuló, atendiendo a los crujidos globales, los locales y a los de sus propias tripas.







4/4/12

“El País” trabaja para “Barcelona”






España está padeciendo una crisis económica aguda. La desocupación es la más alta de una Europa en descalabro y su gobierno de derecha embistió contra los trabajadores para salir de la recesión, además de diseñar el ajuste más furioso del gasto público desde el fin del franquismo.

Se sabe que el resultado será más recesión, más desocupación y más deterioro social. Todo para arrodillarse ante el altar del euro con el objetivo de evitar el default de la deuda pública, que se agiganta cada vez más en relación con un Producto que se achica y por el creciente déficit fiscal provocado por la política recesiva. Los españoles no están en condiciones de aconsejar nada en temas económicos; más bien pueden aprender de la experiencia argentina, ya que han decidido transitar la de los noventa. El publicitado modelo económico español ha naufragado. Ha recibido un potente golpe a esa economía basada en boom de la construcción, turismo, consumo exacerbado por el crédito a tasas bajas y especulación financiera. La debacle de la economía española es notoria, y sus grupos económicos, que se expandieron al exterior, con preferencia hacia Latinoamérica, pueden mantenerse a flote gracias a las extraordinarias ganancias que le reporta una región pujante, en especial Brasil, Argentina y Venezuela.

España es una potencia de segundo nivel de la Zona Euro, que no pudo alcanzar un desarrollo autónomo dinámico pese a más de dos décadas de crecimiento y copiosos aportes financieros de la Unión Europea, y por eso no integra el G - 20, siendo sólo un actor de reparto invitado a las cumbres. Cuando se construye la autopercepción de “nuevo rico”, el golpe de la realidad es bastante despiadado. Políticos y empresarios aún están en proceso de negación de su deprimente situación y se comportan como si nada hubiera cambiado.

El editorial del conservador diario El País de España de ayer es la manifestación de esa decadencia, que se expresa así patética: afirma que el gobierno de CFK está “intentando esconder el fracaso de su gestión económica detrás de una fachada de nacionalismo”; que la economía “está bajo amenaza y, en esta hora de frustración, la Presidenta ha optado por escudarse en las viejas consignas patrióticas”; que “Argentina corre el riesgo de una ruina a corto plazo”; que Cristina Fernández de Kirchner “ha sido incapaz de aplicar una política de moderación del consumo y tampoco ha gestionado bien su producción nacional de productos energéticos” y que “el resultado es una demanda creciente, una producción cada vez menor y unos precios disparados que pesan sobre los consumidores”.

Este editorial tiene el objetivo de defender los intereses de Repsol en la petrolera nacional YPF, compañía a la que “le están retirando arbitrariamente permisos de explotación en las provincias argentinas y sobre la que pende en los últimos meses un decreto de nacionalización”. “No hay ninguna razón para nacionalizar YPF”, supone, con la perspicacia de darse cuenta de que así “deterioran la cotización de YPF”.

El modelo económico español se reveló un fiasco, está en una debacle cuyo fondo no es fácil advertir y el diario El País de Madrid observando la economía argentina trabaja gratis para la revista Barcelona.






24/1/11

KRUGMAN: ¿Tiene salvación Europa?





Hace no mucho, los europeos podían, de manera bastante justificada, afirmar que la actual crisis económica estaba demostrando realmente las ventajas de su modelo económico y social. En gran parte de Europa, las normas que regían el despido de los trabajadores ayudaban a limitar la pérdida de empleos, mientras que los sólidos programas de bienestar social garantizaban que incluso los parados mantuviesen su asistencia sanitaria y recibiesen unos ingresos básicos. Puede que el producto interior bruto de Europa estuviera cayendo tanto como el de Estados Unidos, pero los europeos no estaban sufriendo ni de lejos el mismo grado de miseria. Y la verdad es que siguen sin sufrirlo.

Sin embargo, Europa padece una crisis profunda; porque el logro del que está más orgullosa, la moneda única adoptada por la mayoría de los países europeos, está ahora en peligro. Lo que es más, cada vez se parece más a una trampa. Irlanda, aclamado como el Tigre celta no hace mucho tiempo, ahora está luchando para evitar la quiebra. España, una economía en auge hasta hace pocos años, ahora tiene un 20% de desempleo y se enfrenta a la perspectiva de años de deflación dolorosa y agotadora.

Se suponía que la creación del euro era el momento más sublime de una grandiosa y noble empresa: el esfuerzo realizado durante generaciones para traer la paz, la democracia y la prosperidad compartida a un continente antes y a menudo desgarrado por la guerra. Pero los arquitectos del euro, atrapados por la magnitud y el romanticismo de su proyecto, decidieron ignorar las dificultades mundanas con las que una moneda compartida previsiblemente se encontraría.

La consecuencia es una tragedia no solo para Europa sino también para el mundo, para el que Europa es un modelo de conducta crucial. ¿Cómo ha ocurrido esto?

El camino hacia el euro

Todo empezó con el carbón y el acero. El 9 de mayo de 1950 -una fecha cuyo aniversario se celebra ahora como el Día de Europa-, Robert Schuman, el ministro de Asuntos Exteriores francés, propuso que su país y Alemania Occidental aunaran sus producciones de carbón y acero. Fue el primer paso en el camino hacia una "federación de Europa" que, en última instancia, se convertiría en una unión aduanera dentro de la cual se comerciaba libremente con todos los bienes. Luego, a medida que la democracia se extendió por Europa, también lo hicieron las instituciones económicas unificadoras europeas.

En los años ochenta y noventa, Europa se puso manos a la obra para eliminar muchos de los obstáculos que aún impedían la plena integración económica. Las fronteras se abrieron; se garantizó la libre circulación de las personas; y las normas sobre los productos, la seguridad y los alimentos se armonizaron. Se proclamó que la creación del euro era el siguiente paso lógico de este proceso.

Las ventajas de una moneda única europea eran evidentes. No más necesidad de cambiar dinero al llegar a otro país; no más incertidumbre por parte de los importadores sobre lo que un contrato terminaría costando realmente, ni por parte de los exportadores sobre lo que realmente valdría el pago prometido. Mientras tanto, la moneda compartida reforzaría la sensación de unidad europea.

Por otro lado, formar una unión monetaria significa sacrificar la flexibilidad. ¿Hasta qué punto es grave es esta pérdida? Eso depende. Fijémonos en lo que, en principio, parece una comparación extraña entre dos economías pequeñas con problemas.

Dejando a un lado el clima, el paisaje y la historia, la República de Irlanda y el Estado de Nevada tienen mucho en común. Ambas son economías pequeñas de unos pocos millones de personas enormemente dependientes de la venta de productos y servicios a sus vecinos. Ambas fueron economías en expansión durante la mayor parte de la década pasada. Ambas padecieron enormes burbujas inmobiliarias, que estallaron y causaron mucho dolor. Ambas padecen ahora un paro de alrededor del 14%. Y ambas son miembros de uniones monetarias más grandes: Irlanda forma parte de la zona euro y Nevada, de la zona dólar. Pero la situación de Nevada es mucho menos desesperada que la de Irlanda.

Es cierto que los presupuestos tanto de Irlanda como de Nevada han sufrido un duro golpe por culpa de la crisis. Pero gran parte del dinero que se gasta en los habitantes de Nevada proviene de programas federales, no estatales. En concreto, los jubilados no tienen que preocuparse porque la reducción de la recaudación de impuestos del Estado vaya a poner en peligro sus cheques de la Seguridad Social o su cobertura de Medicare. En Irlanda, por el contrario, tanto las pensiones como el gasto en sanidad están a punto de sufrir recortes.

Además, Nevada, a diferencia de Irlanda, no tiene que preocuparse por el coste de los rescates bancarios, no porque el Estado haya escapado a las grandes pérdidas de préstamos, sino porque esas pérdidas, en su mayoría, estarán cubiertas por Washington.

Y es probable que el problema del paro de Nevada se vea aliviado en gran medida durante los próximos años gracias a la emigración; de manera que, incluso si los puestos de trabajo no vuelven, habrá menos trabajadores en busca de los empleos que queden.

Europa, por otro lado, no está integrada fiscalmente: los contribuyentes alemanes no corren automáticamente con parte de los gastos de las pensiones griegas o los rescates bancarios irlandeses. Y aunque los europeos tienen el derecho legal de moverse libremente para buscar trabajo, en la práctica, una integración cultural imperfecta -sobre todo la falta de un idioma común- hace que los trabajadores tengan menos movilidad geográfica que sus homólogos estadounidenses.

Estados Unidos, como sabemos, tiene una unión monetaria que funciona, y sabemos por qué funciona: porque coincide con un país: un país con un Gobierno central grande, un idioma común y una cultura compartida. Europa no tiene ninguna de estas cosas, lo cual ha hecho que las perspectivas de una moneda única fueran inciertas desde el principio.

Euroforia, eurocrisis

El euro nació oficialmente el 1 de enero de 1999. Al principio, era una moneda virtual: las cuentas bancarias y las transferencias electrónicas se expresaban en euros, pero la gente seguía teniendo francos, marcos y liras en sus carteras. Tres años después, se llevó a cabo la transición final y el euro se convirtió en el dinero de Europa.

El mercado de eurobonos empezó a rivalizar pronto con el mercado de bonos en dólares; los pagarés en euros empezaron a circular por todo el mundo. Y la creación del euro infundió una nueva sensación de confianza, especialmente a aquellos países europeos que históricamente habían sido considerados riesgos de inversión. Hasta más tarde que resultó evidente que este aumento de la confianza era el cebo de una trampa peligrosa.

Grecia, con su larga historia de impagos de deudas y rachas de inflación elevada, era el ejemplo más llamativo. Hasta finales de los años noventa, la historia fiscal de Grecia quedaba reflejada en el rendimiento de sus bonos: los inversores solo compraban bonos emitidos por el Gobierno griego si estos ofrecían unos intereses mucho más altos que los bonos emitidos por gobiernos considerados apuestas seguras, como Alemania. Sin embargo, a medida que el estreno del euro se acercaba, la prima de riesgo de los bonos griegos se desvanecía. Después de todo, se razonaba, la deuda griega pronto sería inmune a los peligros de la inflación: el Banco Central Europeo procuraría que así fuese.

De hecho, a mediados de la década de 2000, casi todo el miedo a los males fiscales específicos de un país había desaparecido de la escena europea. A medida que los tipos de interés convergían en toda Europa, los que antes eran países con tipos de interés elevados se dejaron llevar, como era de prever, por el frenesí del préstamo. (Merece la pena señalar que este frenesí del préstamo estaba financiado por bancos de Alemania y de otros países con tipos de interés tradicionalmente bajos; esa es la razón por la que los actuales problemas de deuda de la periferia europea son también un gran problema para el sistema bancario europeo en su conjunto).

Y entonces, estalló la burbuja

Todavía se oye a la gente hablar de la crisis económica mundial de 2008 como si fuese algo fabricado en Estados Unidos. Pero Europa merece cargar con la misma responsabilidad. Nosotros teníamos nuestros prestatarios de alto riesgo, que decidieron firmar hipotecas demasiado elevadas para sus ingresos o fueron engañados para que lo hicieran; los europeos tenían sus economías periféricas que, de forma similar, tomaron prestado mucho más dinero del que realmente podían permitirse devolver.

En Grecia, la historia es sencilla: durante los años de los préstamos fáciles, el Gobierno conservador de Grecia asumió una gran deuda (más de la que reconocía). Cuando el Gobierno cambió de manos en 2009, las ficciones contables salieron a la luz; de repente, se descubrió que Grecia tenía un déficit mucho mayor y una deuda considerablemente superior de lo que todo el mundo pensaba. Los inversores, comprensiblemente, emprendieron la huida.

Pero Grecia es en realidad un caso poco representativo. Hace solo unos años, España, con diferencia la mayor de las economías en crisis, era un ciudadano europeo modélico, con un presupuesto equilibrado y una deuda pública aproximadamente la mitad de grande, expresada como porcentaje del PIB, que la de Alemania. Lo mismo se podía decir de Irlanda. ¿Qué fue lo que salió mal?

En primer lugar, se produjo un grave revés fiscal a causa de la crisis. Los ingresos se hundieron en España e Irlanda y, a medida que subió el paro, también lo hizo el coste de las prestaciones por desempleo. Como consecuencia, tanto España como Irlanda pasaron de superávits presupuestarios justo antes de la crisis a enormes déficits presupuestarios en 2009.

Luego estaban los costes de la limpieza financiera. Estos han sido especialmente agobiantes en Irlanda, donde los bancos se descontrolaron durante los años del boom. Cuando la burbuja estalló, se sospechó inmediatamente de la solvencia de los bancos irlandeses. En un intento por impedir un ataque masivo contra el sistema financiero, el Gobierno de Irlanda garantizó todas las deudas bancarias (lo que cargó al Gobierno con esas deudas e hizo que se cuestionase su solvencia). En comparación, los grandes bancos españoles estaban bien regulados, pero había y hay una gran inquietud respecto al estado de las cajas de ahorro más pequeñas, y preocupación sobre cuánto tendrá que gastar el Gobierno español para evitar que quiebren.

En el transcurso del último año más o menos, primero Grecia y luego Irlanda se vieron atrapadas en un círculo vicioso financiero: a medida que los posibles prestamistas perdían la confianza, los tipos de interés que tenían que pagar por la deuda aumentaban, lo que socavaba sus perspectivas futuras, lo cual conducía a una pérdida mayor de confianza y a tipos de interés aún más altos. Los países europeos más fuertes solo consiguieron evitar una implosión inmediata proporcionando a Grecia e Irlanda líneas de crédito de emergencia, lo que les permitió esquivar temporalmente los mercados privados. ¿Pero cómo se va a resolver todo esto?

Cuatro líneas argumentales europeas

Algunos economistas, entre ellos yo mismo, observamos los males de Europa y tenemos la sensación de que hemos visto esta película antes, hace una década en otro continente: concretamente en Argentina.

A diferencia de España o Grecia, Argentina nunca renunció a su moneda, pero en 1991 hizo la siguiente mejor cosa posible: vinculó rígidamente su moneda al dólar estadounidense, y creó una "caja de conversión" según la cual cada peso en circulación estaba respaldado por un dólar de las reservas. Durante gran parte de los años noventa, Argentina se vio recompensada con unos tipos de interés mucho más bajos y grandes entradas de capital extranjero.

Sin embargo, Argentina acabó cayendo en una persistente recesión y perdió la confianza de los inversores. Hacia principios de 2002, después de airadas manifestaciones y una retirada masiva de los bancos, todo se había ido al garete. El vínculo entre el peso y el dólar se rompió, mientras el valor del peso caía en picado; entretanto, Argentina dejó de pagar sus deudas y terminó pagando solo unos 35 céntimos por cada dólar.

Es difícil evitar la sospecha de que el futuro podría deparar algo similar a una o más de las economías problemáticas de Europa.

Tal como yo lo veo, hay cuatro modos en que la crisis europea podría remitir (y podría remitir de manera diferente en los distintos países):

- Resistir: cabe la posibilidad de que las economías europeas puedan tranquilizar a los acreedores mostrando la voluntad suficiente para soportar el dolor y evitar así el impago y la devaluación. Los modelos de conducta en este caso son los países bálticos, Estonia, Lituania y Letonia, que han estado dispuestos a soportar una austeridad fiscal muy dura mientras los salarios se reducen poco a poco con la esperanza de restaurar la competitividad (un proceso conocido como "devaluación interna").

Hasta cierto punto, los países bálticos han conseguido tranquilizar a los mercados, que ahora los consideran menos arriesgados que Irlanda, y no digamos que Grecia. Pero todos los indicios apuntan a que pasarán muchos años antes de que recuperen el terreno perdido.

- Reestructuración de la deuda: los inversores no esperan que Grecia e Irlanda paguen sus deudas por completo. Esperan alguna clase de reestructuración de la deuda, aunque ello no pondría fin de ningún modo al sufrimiento de las economías en dificultades. Fijémonos en Grecia: aun cuando el Gobierno se negase a reconocer toda su deuda, todavía tendría que recortar drásticamente el gasto y subir los impuestos para equilibrar su presupuesto, y todavía tendría que padecer el dolor de la deflación. Pero una reestructuración de la deuda podría terminar con el círculo vicioso de la caída de la confianza y la subida de los costes del interés, lo que convertiría la devaluación interna en una estrategia viable aunque atroz.

- La estrategia argentina completa: Argentina no solamente dejó de pagar su deuda externa; también abandonó su vínculo con el dólar, lo que permitió que el valor del peso cayese más de dos tercios. Y esta devaluación funcionó: a partir de 2003, Argentina experimentó una rápida recuperación económica impulsada por la exportación.

¿Seguirán el mismo camino uno o más de los países europeos con problemas? Para ello, tendrían que superar un gran obstáculo: el hecho de que ya no tienen sus propias monedas. Como señalaba Barry Eichengreen, de Berkeley, en un influyente análisis de 2007, cualquier país de la eurozona que insinuase siquiera que iba a abandonar la moneda, desencadenaría una devastadora retirada masiva de sus bancos, al apresurarse los depositantes a trasladar sus fondos a lugares más seguros. Y Eichengreen concluía diciendo que este obstáculo "procedimental" que impide la salida hacía que el euro fuera irreversible.

Pero también se suponía que la vinculación con el dólar de Argentina iba a ser irreversible, y lo que al final hizo posible la devaluación fue el hecho de que hubo una retirada masiva de los bancos a pesar de la insistencia del Gobierno en que un peso siempre valdría un dólar. Esta retirada obligó al Gobierno argentino a limitar el dinero que se podía sacar y, una vez que estos límites entraron en vigor, fue posible cambiar el valor del peso sin desencadenar una segunda retirada masiva. En Europa no ha pasado nada parecido (todavía). Pero sin duda es algo que está dentro de lo posible, especialmente a medida que el sufrimiento causado por la austeridad y la devaluación interna se prolongue.

- Europeísmo reavivado: a principios de diciembre, Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, y Giulio Tremonti, el ministro de Economía de Italia, desataron una tormenta con su propuesta de crear "eurobonos" que serían emitidos por un organismo de deuda europeo a instancias de los países europeos individuales. Como estos bonos estarían garantizados por la Unión Europea en conjunto, brindarían a las economías con problemas un modo de evitar los círculos viciosos del declive de la confianza y el aumento del coste de los préstamos. Por otra parte, esos bonos podrían exponer a unos Gobiernos a las deudas de otros (un inconveniente que los furiosos funcionarios alemanes se apresuraron a señalar). Los alemanes defienden con firmeza que Europa no debe convertirse en una "unión de transferencias" en la que los Gobiernos y los países más fuertes proporcionen ayuda sistemáticamente a los más débiles.

Pero como demuestra la comparación entre Irlanda y Nevada, Estados Unidos funciona como una unión monetaria en gran parte precisamente porque también es una unión de transferencias, en la cual los Estados que no han quebrado ayudan a los que sí. Y resulta difícil vislumbrar un modo de que el euro funcione a menos que Europa encuentre la manera de lograr algo similar.


Un fracaso del euro representaría un golpe posiblemente irreversible para las esperanzas de una verdadera federación europea. ¿Permitirán los países fuertes de Europa que eso suceda? ¿O asumirán la responsabilidad, y posiblemente el coste, de ser los guardianes de sus vecinos? El mundo entero espera la respuesta.






Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía de 2008. Su último libro es El retorno de la economía de la depresión y la crisis de 2008. © The New York Times Magazine 2011. Distributed by The New York Times Syndicate. Traducción de News Clips.