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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.
30/12/25
La ESTUPIDEZ y otras calamidades
19/8/21
El manifiesto de Aaron Swartz
Es muy posible que usted haya escuchado hablar o sepa quien es Edward Snowden (1), lo que hizo y por qué está refugiado en Rusia y no vive en su país de origen, Estados Unidos. Pero es muy poco probable que haya escuchado hablar de Aaron Swartz (2). Como me interesa (mucho) que lea el manifiesto que escribió en julio del año 2008, en Italia, sólo voy a escribir algunos detalles de su biografía. Para fijar las ideas: Aaron Swartz nació en Highland Park, una ciudad pequeña pero donde vive gente de muy alto poder adquisitivo, unos 30 kilómetros al norte de Chicago, en Estados Unidos. Nació el 8 de noviembre de 1986 y se suicidó el 11 de enero del 2013, con 26 años, en Brooklyn, uno de los barrios de New York.
Swartz fue una suerte de prodigio que quiso socializar el conocimiento. Programador (fue uno de los fundadores de la muy famosa Reddit), escritor y me cuesta un poco de trabajo definirlo como hacker, pero, en un momento determinado, aprovechando su extraordinaria capacidad en temas de computación, logró ingresar en la biblioteca digital del MIT (el Instituto de Tecnología de Massachusetts) y comenzó a bajar todos los archivos allí almacenados y los difundía públicamente. En algún sentido Swartz (3) fue el primero que habló, escribió y programó en lo que hoy conocemos como criptomonedas, criptografía, blockchain, bitcoins, ethereum, etc.
El gobierno norteamericano ha perseguido históricamente no sólo a Snowden o a Julian Assange, sino que mucho antes, el target preferido fue Aaron Swartz y si me permite el atrevimiento, creo que les interesaba más capturar a Swartz que a Bin Laden. Finalmente fue arrestado el 6 de enero del año 2011 acusado de fraude electrónico, informático, y sobre todo por haber descargado publicaciones académicas para que después pudieran ser leídas por cualquier persona sin tener que pagar ningún tipo de derecho.
El FBI y los fiscales federales lo acusaron de tantos cargos que la pena que le correspondía era de un millón de dólares, pasar ¡35 años de prisión!, incautación de bienes, indemnización, y más.
Mientras se producía el juicio con múltiples apelaciones, Aaron Swartz se suicidó en un pequeño departamento en donde vivía en Brooklyn, pero los 26 años que vivió le alcanzaron para ser incluido por sus aportes extraordinarios en el Salón de la Fama de Internet en junio del año 2013. Ahora sí, con estos antecedentes brevísimos, le pido que no abandone y lea el manifiesto que publicó en el año 2008 con el título Guerilla Open Access (“La Guerrilla por el Acceso Gratuito”). Verá que vale la pena.
El manifiesto de Aaron Swartz
“La información es poder. Pero como todo poder, hay quienes quieren quedárselo para sí mismos. Todo el patrimonio científico y cultural del mundo, publicado durante siglos en libros y revistas, está siendo cada vez más digitalizado y guardado por un puñado de empresas privadas.
¿Quiere leer los artículos que presentan los resultados más famosos de las ciencias?Deberá enviar cantidades enormes a editores como Reed Elsevier (4). Hay quienes luchan/luchamos por cambiar esto. El Movimiento de Acceso Abierto ha luchado valientemente para garantizar que los científicos no firmen sus derechos de autor, sino que se aseguren de que su trabajo se publique en Internet, en condiciones que permitan a cualquiera acceder a él.
Pero incluso en los mejores escenarios, su trabajo solo se aplicará a lo que se publique en el futuro. Todo (lo publicado) hasta ahora se habrá perdido. Ese es un precio demasiado alto a pagar.
- ¿Obligar a los académicos a pagar dinero para leer el trabajo de sus colegas?
- ¿Escaneando bibliotecas enteras pero solo permitiendo que la gente de Google las lea?- ¿Proporcionar artículos científicos a los de las universidades de élite del Primer Mundo, pero no a los niños del Sur Global?
Es indignante e inaceptable. 'Estoy de acuerdo', dicen muchos, 'pero ¿qué podemos hacer? Las empresas poseen los derechos de autor, ganan enormes cantidades de dinero cobrando por el acceso, y es perfectamente legal; no hay nada que podamos hacer para detenerlos'.
Sin embargo, hay algo que podemos hacer, algo que ya se está haciendo: podemos contraatacar.
A aquellas personas con acceso a estos recursos (estudiantes, bibliotecarios, científicos) se les ha otorgado un privilegio. Si tú eres uno de ellos, tú tienes la oportunidad de alimentarte en este banquete de conocimiento mientras para el resto del mundo está bloqueado.
Pero no necesitas -de hecho, moralmente, no podrías- conservar este privilegio para vos mismo, únicamente para vos. Tienes el deber de compartirlo con el mundo. Lo que tienes que hacer es: intercambiar contraseñas con colegas, completar solicitudes de descarga para amigos.
Mientras tanto, los que han sido excluidos no deben quedarse de brazos cruzados. Hasta aquí, han estado escabulléndose por los agujeros y trepando vallas, liberando la información encerrada por los editores y compartiéndola con sus amigos. Pero toda esta acción transcurre en la oscuridad, escondida bajo tierra. Se llama robo o piratería, como si compartir una gran cantidad de conocimientos fuera el equivalente moral de saquear un barco y asesinar a su tripulación. Pero compartir no es inmoral, es un imperativo moral. Solo aquellos cegados por la codicia se negarían a permitir que un amigo hiciera una copia. Las grandes corporaciones, por supuesto, ellas están cegadas por la codicia.
Las leyes bajo las cuales operan así lo exigen: sus accionistas se rebelarían por algo mucho menor que esto. Y los políticos han sido comprados, aprobando leyes que les dan el poder exclusivo de decidir quién puede hacer copias.
No hay justicia en seguir leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública. Necesitamos acceder a la información, esté almacenada donde sea, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Necesitamos tomar las cosas que no tienen derechos de autor y agregarlas al archivo. Necesitamos comprar bases de datos secretas y ponerlas en la Web. Necesitamos descargar revistas científicas y subirlas a redes de intercambio de archivos. Necesitamos luchar por Guerrilla Open Access.
Con suficientes de nosotros en todo el mundo, no solo enviaremos un mensaje contundente en contra de la privatización del conocimiento, sino que lo convertiremos en una cosa del pasado. ¿No te querés sumar?”
Aaron Swartz, julio de 2008, Eremo, Italia (5)
fuente:
Aaron Swartz: un prodigio que quiso socializar el conocimiento(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Snowden
(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Aaron_Swartz
(3) Este es el artículo sobre encriptación que el gobierno norteamericano no quería que fuera público. Ahora, obviamente, gracias a Aaron Swartz, ya lo es: https://groups.csail.mit.edu/mac/classes/6.805/articles/money/nsamint/nsamint.htm
(4) Reed Elsevier: https://www.referenceforbusiness.com/history2/81/Reed-Elsevier-plc.html
(5) La vida de Aaron Swartz se puede ver en este documental: https://www.youtube.com/watch?v=M85UvH0TRPc&feature=youtu.be
13/10/20
¿HUYAMOS... Hacia la DERECHA?
- Las explicaciones fluyen como si de un jubilado sentado en el banco de la plaza vinieran, pero no son aceptables si quien las enuncia es el Presidente, porque millones de compatriotas tienen hambre, lo pasan muy mal, sin embargo sólo se atienden las demandas de la clase media...
8/6/20
EL DESASTRE PERFECTO según NAOMI KLEIN
La periodista Naomi Klein, autora de libros como «No Logo» y «La doctrina del shock», analiza en esta entrevista con Vice las especulaciones en torno a la pandemia, el rol de Estados Unidos y cómo salir de la emergencia diaria para pensar más acá de la vida:
«Lo que un momento de crisis como este revela es la interrelación entre nosotros. En lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables».
25/5/20
BOUDOU: "CUANDO PASE EL TEMBLOR"
10/5/20
LOS DUEÑOS DE LA GRIETA
En las primeras semanas de la cuarentena, cuando el temor a contagios y a muertes masivas por el coronavirus dominaba el espacio público, hubo un clima de tenue convivencia política con los poderes fácticos.
Con la pandemia hubo una tregua inicial sobre la disputa estructural que existe acerca del rumbo de la sociedad argentina, vulgarizada con la palabra "grieta".
En esa breve pausa, con la comunión de aplausos en los balcones a las 21 horas, las palabras solidaridad, unión y colaboración se repetían en medios de comunicación. Había una sociedad de intereses con el objetivo de cuidarse para cuidarnos entre todos.
¿Qué sucedió a los pocos días para que se alterara esa alianza social? ¿Por qué se volvió a agitar "la grieta"? ¿Por qué medios, analistas y políticos conservadores volvieron a intervenir en el espacio público con una elevada carga de violencia simbólica?
1/5/20
RAMONET: CAPITALISMO Y PANDEMIA
Coronavirus: La pandemia y el sistema-mundo
Todo está yendo muy rápido. Ninguna pandemia fue nunca tan fulminante y de tal magnitud. Surgido hace apenas 100 días en una lejana ciudad desconocida, un virus ha recorrido ya todo el planeta y ha obligado a encerrarse en sus hogares a miles de millones de personas. Algo sólo imaginable en las ficciones post-apocalípticas…
A estas alturas, ya nadie ignora que la pandemia no es sólo una crisis sanitaria. Es lo que las ciencias sociales califican de «hecho social total», en el sentido de que convulsa el conjunto de las relaciones sociales, y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores.
20/4/20
AMADO BOUDOU: "CONSTRUIR UN NUEVO ORDEN MUNDIAL"
También comprendamos que los sectores más vulnerables están desprovistos de recursos para enfrentar tanto la pandemia como la vida diaria mientras dure esta situación.
Por favor, hacia ellos los mayores esfuerzos.
La desigualdad sigue siendo el problema más grave de las sociedades y en circunstancias extremas se hace más visible...
13/4/20
MAURIZIO LAZZARATO: "El Capital Odia a Todo el Mundo"
En El capital odia a todo el mundo (Eterna cadencia), el sociólogo y pensador italiano Maurizio Lazzarato establece un debate profundo al interior de las corrientes filósoficas y biopolíticas que empezaron a generarse en el llamado pensamiento del 68. Plantea que en la actualidad no se trata de retomar lisa y llanamente el concepto de lucha de clases, sino entender que vivimos una era de luchas de clases, en sentido plural. En esta entrevista exclusiva Lazzarato evalúa la realidad mundial con énfasis en los países del sur sur y la evolución de la pandemia si se la dejara librada a la economía de mercado...
13/2/20
EL PENSAMIENTO DE SAMIR AMIN
Samir Amin, economista mundialmente conocido, explica la razón de la condición decadente de la economía moderna y da la receta de la salvación del imperialismo global...
20/10/19
EL DISCURSO DE LA DERECHA
La ofensiva que lanzó el propio Mauricio Macri desde su estrado en el “debate” presidencial del domingo pasado no fue espontánea, ni menos aún vinculada a la disputa electoral coyuntural.
La partitura fue escrita hace rato, pero ha sido necesario remozarla debido al cambio dramático que introdujo Cristina Fernández cuando anunció el lanzamiento de la candidatura presidencial de Alberto Fernández.
La partitura sostiene que el kirchnerismo es autoritario, antirrepublicano, peligroso para la libertad y la propiedad y filo-chavista. Y chorro, para la gente menos ideologizada...
12/6/19
"SE ROBARON TODO" Y OTROS MITOS INVENTADOS
- “El gobierno de Macri convirtió el cinismo en una forma de gestión”.
- • La política comunicacional de Cambiemos, dice el sociólogo Saúl Feldman, capturó el sentido común para imponer un nuevo sistema de valores.
- “Hay que oponerle una emocionalidad distinta, anclada en lo colectivo.”
10/6/19
MACRI Y EL SUBSUELO
La realidad económica es más previsible que la política. Tal como se escribió no solamente en este espacio, la reconstrucción del mega endeudamiento en moneda extranjera llevó primero a una crisis externa y a la recaída en el FMI y luego, con el Fondo adentro, a la vuelta de tuerca sobre el programa ortodoxo que condujo a la economía al subsuelo dónde hoy se encuentra...
28/8/18
LA SEGUNDA RESISTENCIA
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Dado el incalculable daño causado a la República por este gobierno, la verdad es que la respuesta popular ha sido hasta ahora muy prudente. El desastre económico y social (hambre, desempleo, destrucción del sistema productivo y provisional, y de la educación, salud y ciencia) ha alcanzado niveles que jamás nadie imaginó. Pero el presente ominoso que vivimos -siendo doloroso y desalentador- no por eso ha vencido al pueblo argentino ni mucho menos.
Y tampoco lo doblega el circo periodístico, pletórico de fotocopias dudosas y sin pericias caligráficas, que ofrece arrepentimientos insinceros arrancados a fuerza de chantaje judicial. Con lo que las “confesiones” son truchas porque los dizque “arrepentidos” son corruptos perdonados a cambio de acusaciones verbales y sin pruebas, como si el deshonor se lavara con el agua bendita de Comodoro Pro. Y encima no deja de ser llamativo que en la lista de empresarios coimeros que se autoincriminan diariamente ante el sergiomoro argentino sigue sin ser citado el Sr. Franco Macri. Ausencia más que notoria, impresionante. A menos que sea el único hiperempresario que jamás ofreció ni cobró una coima.
Pero sí es verdad que la organización de la oposición se ha demorado, en parte por la velocidad, audacia y heterodoxia con que el oficialismo impone decisiones, a la vez que siembra cizaña y miente con descaro. No obstante lo cual, aunque llevó más tiempo del deseado, la organización popular empieza a ser visible.
Obviamente no es un proceso concluído y su evolución es lenta y probablemente será dolorosa, porque el más grave daño moral infligido a la república por este gobierno es el odio que instalaron, que es un odio de clases, un odio gorila que genera resentimiento en los subsuelos de la Patria y hoy opera con la misma ferocidad que en los bombardeos criminales de otros odiadores, los de junio de 1955, que de hecho son los mismos, reciclados, porque estos son hijos y nietos putativos de aquellos oligarcas, igualmente corruptos y violentos.
Por eso quizás sea pertinente hablar de una Segunda Resistencia. Que, como hace décadas, se está gestando y será una tromba, aunque quizás todavía no se vea clara porque aún es tiempo de apechugar y tomar impulso.
Quizás muchos jóvenes ignoren qué fue la Resistencia Peronista, nombre con el que la Historia Argentina recuerda el enfrentamiento a las dictaduras y gobiernos civiles instalados a partir del golpe de estado que el 16 de septiembre de 1955 derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Hasta el 25 de mayo del 73, cuando una gran victoria electoral llevó a la presidencia a Héctor J. Cámpora, fueron 18 años de lucha contra todos los gobiernos instalados mediante golpes de estado y elecciones con el peronismo proscripto.
Si hace décadas aquella Resistencia -que fue sindical, estudiantil, juvenil, barrial y cultural e incluso religiosa- tenía por objetivo el regreso de Perón al país y la realización de elecciones libres y sin proscripciones, la de hoy puede y debe ser mejor. Porque ya no es sólo peronista, ni kirchnerista solamente, sino que ahora hermana a todo el pensamiento nacional y popular, incluyendo a los muchos radicales que no se doblaron, a los socialistas de buena memoria que honran a Alfredo Palacios, a las organizaciones de la izquierda nacional y a decenas de colectivos que se plantan día a día frente a la canalla neoliberal, reclamando de manera pacífica el fin de este oscuro período de latrocinio y odio.
Es un pueblo el que se está plantando frente a los nuevos dictadores de este tiempo miserable. Es tiempo de optimismo, entonces, si como pensamos la Segunda Resistencia ha comenzado. Fragmentada y pacífica, pero consistente, ya se la ve en las calles, los muros, las fábricas, las plazas, los puentes. En el repudio y la puteada cada vez más sonoros. En los maestros y ahora en los estudiantes, una vez más vanguardia de resistencia. El universo sindical que con excepciones tiene vocación retardataria, se sumará más temprano que tarde. Y todo en paz, esta vez sin más armas que las ideas y principios libertarios, la convicción democrática y el anhelo de justicia, soberanía, trabajo y dignidad. Y con el sentimiento patriótico renovado, para enfrentar al coloniaje.
Esta Segunda Resistencia convoca a militantes de todos los orígenes, hermanados en el repudio a la mafia ejecutivo-judicial y en la comprensión de que el centro y eje de la cuestión pasa por una nueva Constitución Nacional. Lo que es buenísimo, más allá de que algunos lo celebren como si descubrieran el dulce de leche. En esta columna lo afirmamos muchas veces: desde el mismísimo 27 de abril de 1956, cuando por un así llamado “bando revolucionario” los dictadores de entonces anularon la CN más democrática, social e igualitaria de nuestra historia (la de 1949), hubo memoria por lo menos en juristas como Jorge Cholvis y Eduardo Barcesat, y ahora también en un colectivo de ciudadanos notables, entre ellos Raúl Zaffaroni, Julio Maier, José Massoni y muchos más que trabajamos por una nueva Constitución.
Que es un camino largo pero inexorable, desde ya, porque replantea todo, como señala El Manifiesto Argentino desde 2002: que la salud, la educación y la previsión social son irrenunciables, indelegables e innegociables. Que las políticas sociales son derechos. Que los únicos monopolios deben ser para defender recursos naturales, servicios públicos sociales y desarrollo de áreas estratégicas. Que los recursos naturales en todo nuestro territorio, en superficie y en subsuelo, son también irrenunciables, indelegables e innegociables, y no serán jamás garantía de endeudamientos o negociaciones financieras, y se anulará toda extranjerización. Que la soberanía será de doble carácter Nacional y de Unidad Latinoamericana, y que desde esa concepción la Argentina promoverá la paz con paz y no se integrará a políticas guerreristas internacionales. Que los derechos históricos, geográficos y jurídicos sobre las Islas Malvinas son inclaudicables. Y entre muchas otras disposiciones, que la transparencia de todos los actos públicos y/o de gravitación social será Política de Estado -de una buena vez- y se caracterizará por el control, lucha y castigo de toda forma de corrupción, para lo cual es prioritario -ab initio e in totum- declarar en comisión a todo el Poder Judicial.
Como toda resistencia política, pacífica y patriótica, es difícil pero es posible.. Y sobre todo es urgente y necesaria.
→ ¿Cuál es el Plan, qué Programa levantaremos?
- ☼ El 1º Plan QUINQUENAL y el 2º Plan QUINQUENAL
- ☼ La CONSTITUCIÓN del 49, que se irá perfeccionando con intervenciones de todo tipo, principalmente las del movimiento obrero, a través del tiempo.
- ☼ El aporte gigantesco del Movimiento Obrero con el Programa de LA FALDA (agosto 1957)
- ☼ El Programa de HUERTA GRANDE (junio de 1962)
- ☼ El Programa de la CGT de los ARGENTINOS (mayo 1968), que en sí, constituye una continuidad de lo enunciado en La Constitución de 1949
Hoy, toda NUESTRA HISTORIA de PLANES, la CONSTITUCION y los PROGRAMAS PERONISTAS, se ACTUALIZAN en 27 PUNTOS del PROGRAMA DE LA CORRIENTE FEDERAL DE TRABAJADORES – CGT
Con el pueblo movilizado, para empezar la discusión sobre el plan, con el objetivo a llevar adelante para tener el país que queremos.
NECESITAMOS UN PROGRAMA PERONISTA
29/4/18
HORIZONTE NEOLIBERAL
El 1º de Mayo es una fecha conmemorativa de la tragedia de los Mártires de Chicago, ocurrida en Estados Unidos en 1886, cuando dirigentes y activistas sindicales fueron sometidos a un proceso vergonzoso, plagado de irregularidades y que llevaron a condenas –en varios casos, a la horca- o al suicidio de los obreros víctimas de esa farsa montada por el Estado. Fue imprescindible la ayuda de fuerzas policiales infiltradas –y responsables de las bombas que explotaron- en una manifestación, la complicidad de la prensa hegemónica ligada a las patronales y un buen grado de xenofobia e indiferencia de las capas medias de la sociedad.
La lucha obrera tomada como excusa para la represión de las fuerzas de seguridad –que cobró la vida de muchos manifestantes- y la posterior “judialización”, sesgada y fraudulenta, tuvo consecuencias dramáticas como las antes aludidas u otras variadas expresiones persecutorias (expulsión de extranjeros, multas, encarcelamientos, tortura de detenidos). Además, tenía por objeto la reducción de la jornada de trabajo que, por ese entonces, superaba en promedio las 14 horas sin descanso semanal, alcanzar condiciones de labor algo más acordes con la dignidad humana y combatir el trato laboral recibido por mujeres y niños sujetos a una explotación extrema.
Con el tiempo, en virtud de las conquistas y progresos en materia de Derechos Sociales esa fecha, sin perder la connotación conmemorativa, fue constituyéndose a su vez en una celebración del trabajo y de los trabajadores. Sin embargo, con frecuencia ha dado el marco para el reclamo, la protesta o el rechazo de políticas de gobierno.
Experiencias históricas
La flexibilización laboral se enuncia como un proceso de necesario acomodamiento de las nuevas formas de producción, a la adaptación al desarrollo tecnológico, que no estarían debidamente consideradas en la legislación vigente, tildándosela de rígida o sobrecargada en materia de regulaciones de la relación entre empleador y empleado.
Paradójicamente, como quedó a la vista en la última década del siglo pasado, la desregulación normativa no fue tal. Por el contrario, fueron dictadas gran cantidad de normas –llegamos a tener más de 25 modalidades de contratación laboral flexibles-, convirtiendo al Derecho del Trabajo en un universo jurídico inmenso, de permanente cambio peyorativo e ininteligible en cuanto a su dimensión cierta no sólo para sus destinatarios naturales sino para los principales operadores del derecho (magistrados, funcionarios, abogados)
La aducida modernidad que imponía flexibilizar el desenvolvimiento del trabajo dependiente en beneficio de un falso interés general, tuvo por resultado la creciente precarización de las condiciones laborales, los abusos patronales consuetudinarios y el incremento indecente de la rentabilidad de las grandes empresas.
El horizonte laboral que nos proponen
El fallido intento inicial del Gobierno por consagrar una Reforma Laboral que barría con derechos conquistados e institucionalizados a lo largo de muchas décadas, tuvo una segunda etapa que consistió en inducir en la práctica empresaria –sostenida por el Estado- la flexibilización precarizante de hecho a la sombra del desempleo creciente, la represión brutal de los reclamos obreros y la pasividad –cuando no la connivencia- de ciertos sectores sindicales.
A la par, esa segunda fase comprendía una inusitada presión sobre los jueces del trabajo, la cooptación evidente de la Corte Suprema favorecida por su nueva integración y la pretensión de introducir por goteo la Reforma pretendida con variadas iniciativas legislativas propiciadas por el Poder Ejecutivo, a la espera de condiciones favorables para volver sobre el primer Proyecto de deconstrucción integral del Derecho del Trabajo.
En estos días nos volvió a “sorprender” el Máximo Tribunal nacional echando por tierra con una jurisprudencia que se creía consolidada en el año 2015, con sustento en Tratados y Convenios Internacionales sobre derechos humanos y sociales esenciales, reiteradamente invocados en sus fallos. El caso “Rica c/ Hospital Alemán” es la punta del iceberg en la búsqueda de deslaboralizar el trabajo dependiente, en línea con el afán empresario que representa el Gobierno nacional.
En esa línea se exhibe la bizarra creación de la categoría de los “trabajadores profesionales autónomos económicamente vinculados”, una absoluta ficción incorporada en aquel Proyecto de Reforma Laboral.
Categoría laboral que abarcaría a aquellas personas que presten servicios especializados, realizando una actividad a título oneroso, de manera habitual, personal y directa, para una persona física o jurídica y de los que resulten hasta el 80% de sus ingresos anuales y/o no superen las 22 horas semanales de dedicación.
Ostensible caracterización de una relación de empleo, pero que los dejaría fuera de la aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo y con sujeción a parámetros de imposible contralor, convirtiéndose así en una legalización de un fraude impune.
El juego de las semejanzas
No se trata de hacer forzados paralelismos con los sucesos de 1886, ni con otros muchos similares que registra la Argentina del siglo XX, sino de un análisis elemental de lo que está ocurriendo en la actualidad.
La resignada aceptación de lo que nos muestran como el único camino, y destino inexorable, comunicadores rentados y funcionarios ocupados sólo de gerenciar intereses antinacionales y antipopulares, nos conduce aceleradamente al abismo que nos presentan como grieta.
Mirar al costado, hacerse el distraído, pensar que únicamente le ocurre a otros sin que nos genere sentimiento alguno de solidaridad, acelera el recorrido de un sendero que no se bifurca porque la meta es una sola.
Despertar cuanto antes del sueño amarillo prometido, que en realidad es una pesadilla atroz para la inmensa mayoría de la población, es la exigencia de la hora.
No vaya a ser que el aletargamiento, un negacionismo insostenible, nos conduzca irremediablemente a una tragedia nacional de incierto y cruento final.
1° de MAYO: Recuerdos del Futuro
Los mártires de Chicago
El 1 de mayo empezaron una serie de protestas en Chicago (donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades del país) se habían producido en respaldo a los obreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. El 4 de mayo de 1886 se convirtió en el punto álgido de las protestas. Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta.
El 5 de mayo en Milwaukee, la milicia del Estado respondió con una masacre sangrienta en un mitin de trabajadores; acribillaron a ocho trabajadores polacos y un alemán por violar la ley marcial. En Chicago, se llenaron las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung y la policía detuvo a 8 anarquistas: George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies. Todos eran miembros de la IWPA (Asociación Internacional del Pueblo Trabajador), asociación de corte -de lo que años después se denominaría como- anarcosindicalista.
Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas y anarcocomunistas, donde cinco de ellos fueron condenados a muerte (uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado) y tres fueron recluidos. Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero
Las últimas palabras de los Mártires de Chicago
Michael Schwab: Hablaré poco, y seguramente no despegaría los labios si mi silencio no pudiera interpretarse como un cobarde asentimiento a la comedia que se acaba de desarrollar. Lo que aquí se ha procesado es la anarquía, y la anarquía es una doctrina hostil opuesta a la fuerza bruta, al sistema de producción criminal y a la distribución injusta de la riqueza. Ustedes y sólo ustedes son los agitadores y los conspiradores.
Adolf Fischer: Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno… pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida.
Albert Parsons: El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.
Hessois Auguste Spies: Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia.
Louis Lingg: No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!
25/12/17
CAMBIAMOS FUTURO X PASADO
Parece haber pasado mucha agua debajo del puente, pero en realidad, no fue tanta. En julio de 2014 Daniel Scioli anunciaba públicamente, aún sin el pronunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner, su intención de postularse para suceder a la, por aquel entonces, Presidenta de la Nación. En las filas del Frente para la Victoria se abría un debate interno sobre el futuro del proyecto populista sin Cristina. El lema de aquellos tiempos, que intentaba convencer a las y los que dudaban fue “el candidato es el proyecto”.
Frente a esa propuesta cuyo fundamento ético, económico y discursivo era un proyecto político se opuso otra, que lejos de confrontarla se propuso deslegitimarla y, estrictamente en función de los resultados de las elecciones, lo logró.
Contra un proyecto que se podría caracterizar principalmente por sus propósitos y, en parte por sus logros como popular, nacional, latinoamericanista, emancipador, tecnológico-científico, industrial y inclusivo se erigió un entramado discursivo que, carente de contenido (siempre en términos discursivos), proponía la necesidad de un “cambio”, ante la inminencia de una “crisis” no sólo económica sino esencialmente de valores resumidos en la necesidad de “defender la república” y “combatir la corrupción”.
Ya lo escribía el padre del neoliberalismo norteamericano Milton Friedman, en 1962, cuando en plena hegemonía de los Estados de Bienestar, afirmaba que “sólo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”.
Frases como “vamos camino a ser Venezuela” o “queremos vivir en un país normal” inundaron los medios de comunicación tradicionales, las redes y el “sentido común” con la misma intensidad, y en el 2015, gran parte de las y los argentinos percibieron una crisis inventada e hicieron que lo políticamente imposible (el ajuste y la pérdida de derechos) sea, “pesada herencia” mediante, políticamente inevitable.
El discurso neoliberal se presentó en sus orígenes y lo repite en esta reedición vernácula como neutral, técnico, científico, ahistórico y eficientista. Por más que parezca una contradicción, dicho discurso técnico fue y es un proyecto político. Uno de los principales modos, aunque no el único, en que, medidas antipopulares como la suba de tarifas y precios, la devaluación, los despidos o la flexibilización laboral puedan ser aceptadas y, en algunos sectores hasta apoyadas, es pensarlas desde una racionalidad técnica.
El tipo de cambio estaba “atrasado” debíamos llevarlo a su precio de “mercado”, subsidiar las tarifas y controlar el precio de las naftas nos iba a “dejar sin petróleo”, las rigideces del mercado laboral (en realidad, derechos laborales) son las responsables de la existencia del trabajo no registrado y del creciente desempleo, porque desincentiva la inversión.
Estas ideas no son nuevas ni originales. En 1944 Friedrich von Hayek, padre del neoliberalismo europeo, escribía en su célebre Camino de servidumbre que “Jamás una clase fue explotada de forma tan cruel como lo son las capas más débiles de la clase obrera por sus hermanos privilegiados, explotación que es posible debido a la reglamentación de la competencia. Pocos eslóganes han hecho tanto mal como el de la estabilización de los precios y de los salarios: asegurando los ingresos de unos, se hace cada vez más precaria la situación de los otros.” Es decir, son los convenios colectivos de trabajo, la representación sindical y los derechos laborales los responsables de la precarización laboral y el desempleo que sufren miles de argentinos y argentinas. La solución cae por su propio peso y parece ser que gran parte de nuestros representantes lo ha entendido bien.
El neoliberalismo como el populismo es un proyecto político. Detrás de una máscara seudocientífica y una racionalidad técnica se esconde un proyecto político de raíz meritocrática en el que la creciente desigualdad económica es estrictamente el reflejo de los esfuerzos, las iniciativas y la inventiva individual a la que cualquier mortal puede acceder si lo desea, por lo tanto, la pobreza y la desocupación, serán el resultado, siempre individual, de la falta de deseo y esfuerzo. La alquimia funciona: las víctimas devienen en victimarios de sí mismos.
En este marco, toda regulación estatal (con excepción de las que protegen la propiedad privada y la libertad de empresa) y las políticas públicas de redistribución del ingreso y la riqueza, lejos de ser reconocimiento y restitución de derechos, implican un castigo a la iniciativa personal y una restricción a las libertadas individuales, al mismo tiempo, que premian y fomentan actitudes humanas contrarias la llamada “cultura del trabajo”.
El programa político neoliberal implica, como nos recuerda Bordieu, un sistemático ataque de los colectivos que alientan solidaridades. A la Nación, desfinanciándola; a los grupos de trabajo individualizando salarios y carreras; a los sindicatos y gremios demonizando a sus representantes y a la familia individualizando consumos. Resulta imprescindible resistir el avance de la utopía neoliberal a través de otras tantas utopías y políticas que se basen en criterios éticos, necesariamente no neutrales, y comprometidos con la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática
Carlos Andújar
28/10/17
ZAFFARONI: "Democracia o Dictadura"
Bajo el signo del poder de policía
Nuestra idea de “dictadura” suele evocar la última y, para los más memoriosos, la de 1955 o incluso la de 1930, sin contar con otros periodos más discutibles. Preocupa que con ese concepto difuso a veces se hable hoy de una “dictadura”, porque confunde la naturaleza del actual momento político y equivoca la crítica.
Decididamente, no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.
Después de la implosión del totalitarismo del llamado “socialismo real”, el capitalismo hizo un giro hacia el totalitarismo que acabó con su variable keynesiana, instalando en el poder a los tecnócratas que manejan corporaciones transnacionales en detrimento de la política, que lo va perdiendo en beneficio de estos chiefs executive officers, que son la nueva oligarquía planetaria, que ya concentra en el 1% de la humanidad el equivalente a lo que recibe el 57% más pobre de ella.
- “… no vivimos bajo una dictadura, porque ese modelo está pasado de moda: corresponde a una etapa anterior del colonialismo, que si bien continúa con su estrategia de profundizar nuestra condición periférica, lo hace ahora con tácticas diferentes a las dictatoriales.”
Esto no es el producto de la concentración de capital que vaticinaba la Suprema Corte norteamericana a fines del siglo XIX, imaginando que un día los monopolios debían “derramar” alguna riqueza para crear mercado de consumo, o el que preveía Lenin con un final completamente diferente. Las cosas no fueron por ninguno de esos caminos, porque hace cien años no se podía calcular que un día irrumpirían masas de dinero de propietarios ignotos, manejadas por tecnócratas, que buscasen sólo concentrar más dinero en el menor tiempo a costa de cometer “macrodelitos”, cuyo crecimiento superase con creces al de la producción y que ese afán plutocrático ni siquiera se detuviese ante el deterioro acelerado de las condiciones de vida humana en el planeta.
Para colmo, el dinero que se concentra no existe, ni siquiera en los billetes verdes en que todos confiamos, porque aunque parezca mentira sólo una mínima parte de todos los billetes que se contabilizan y circulan por computadora existe en la realidad. ¿Cómo es esto posible? Muy sencillo: el dinero que depositamos en los bancos se presta y vuelve a los bancos que lo vuelven a prestar y, al final, los billetes que quedan en el banco son apenas una séptima parte de los que entregamos al depositar, de modo que si todos retirásemos nuestros depósitos, los bancos no podrían devolverlos, quebrarían porque no los tienen.
El llamado “neoliberalismo” (con perdón de los viejos liberales, que con todos sus defectos nunca pensaron semejantes incoherencias) defiende la “libertad” de esas ficciones que son las corporaciones, pero no de los seres humanos de carne y hueso y, además la teoriza, adueñado de las universidades, del Premio Nobel de Economía y de los monopolios de medios.
Este poder totalitario avanza por el mundo a propulsión delitos de dimensiones astronómicas: estafas, coacciones, administraciones fraudulentas, cohechos, trabajo esclavo a distancia, y un enorme aparato de encubrimiento por receptación, que es el servicio de reciclaje de dinero del hemisferio norte, que legaliza el producto de toda la criminalidad organizada y de la evasión fiscal de todo el mundo.
El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando su instrumento, o sea, el Estado. En los países sede de las corporaciones sus líderes políticos son agentes de las corporaciones, al menos desde la traición mundial a la política protagonizada por Reagan y Tatcher. Nuestra región no escapa a la regla: debilitan nuestros Estados.
¿Cómo lo hacen? Mediante el cohecho activo, es decir, ofreciendo y pagando “coimas” que les permiten tomar como rehenes a los politicastros que les son funcionales; debilitando la autonomía de los poderes judiciales con jueces “propios”; corrompiendo a las policías mediante la prohibición de tóxicos; neutralizando la defensa nacional al involucrar a las fuerzas armadas en funciones policiales; mostrando a la política como sucia, corrupta y perversa; creando políticos que no se presentan como políticos (imitación de Trump); estigmatizando al sindicalismo; fabricando enemigos, como los Mapuche y los adolescentes de barrios precarios; metiéndose en los servicios de informaciones autonomizados; difamando a cualquier disidente y a los defensores de Derechos Humanos y del medio ambiente; haciendo callar toda voz diferente; y cuando todo eso no alcanza, acudiendo a la violencia institucional, y podríamos seguir varias páginas más detalladas.
Por supuesto que la columna vertebral o instrumento central indispensable a esta faena destructora son los monopolios de medios de comunicación, que también son corporaciones y que crean una realidad virtual que hoy se llama “posverdad”, pero que no es nada nuevo ni muy diferente a Göbbels ni a la fábula de los “Protocolos de los sabios de Sión”, salvo en que hoy está más desarrollada la tecnología del “marketing”.
- “El totalitarismo corporativo lucha contra la política debilitando el Estado mediante el instrumento central indispensable a esta faena destructora que son los monopolios de medios de comunicación ..."
Este poder totalitario colonialista y delincuencial no instala una “dictadura”, sino que deteriora y degrada al Estado de Derecho (que somete a todos por igual a la ley), que nunca en el mundo real llega a ser como su modelo ideal. El Estado de Derecho es una cápsula que contiene a su contrario, que es el Estado de policía (que somete a todos a la voluntad arbitraria de los que mandan), que tampoco nunca es como su modelo ideal.
Los Estados reales oscilan entre los dos modelos ideales en una continua tensión de pulsiones entre la cápsula que trata de contener las del Estado de policía, y éste que trata de perforarla y hacerla estallar. Lo que vivimos es producto de las perforaciones que logra el Estado de policía en la cápsula del Estado de Derecho, es decir, el debilitamiento programado de este último.
Estamos viviendo en un Estado de Derecho deteriorado, degradado, debilitado, con deterioro de la política y de las instituciones democráticas, con pérdida de seguridad jurídica, carente de una justicia imparcial, con un Ejecutivo unipersonal que manipula al Legislativo y al Judicial, con un monopolio mediático que crea realidad a gusto, es decir, un Estado que pierde soberanía y con ella independencia, como lo quiere esta etapa del colonialismo, inherente a la condición periférica del totalitarismo corporativo.
No es una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.
- “No vivimos una “dictadura”, sino una crisis del Estado de Derecho, su debilitamiento conforme al actual momento regional de etapa avanzada del colonialismo impuesta por el totalitarismo corporativo que pulsiona avanzando por el mundo.”
Pero no hay poder macizo, sin contradicciones, orificios de fuga ni fisuras; si alguna vez lo hubiese habido ni el lector leería esto ni yo podría escribirlo.
Sabemos que este sistema no se sostiene (“Laudato si”). La humanidad no se suicidará, la historia está en nuestras manos y la lucha por el derecho continúa y continuará, pero no contra una dictadura, sino contra las pulsiones de un totalitarismo corporativo y plutocrático que degrada al Estado de Derecho, debilitándolo para someternos más y mejor.
22/8/17
¿Qué es la subjetivación neoliberal?
Una vez más, en su último libro La pesadilla que no acaba nunca, Christian Laval y Pierre Dardot profundizan su analítica del neoliberalismo en su nueva extensión planetaria. Siguiendo una tradición foucaultiana, estos autores no ven al neoliberalismo como exclusivamente un “mal” de los mercados financieros que tendrían como cometido destruir el espacio público. Más bien, el neoliberalismo es un nuevo orden racional que va borrando tendencialmente la diferencia público-privado y que dispone de la potencia de apropiarse de los distintos órdenes de la vida hasta llegar a configurar el modo más íntimo de la vida del sujeto. Para estos autores, funciona una suerte de promesa neoliberal que en su ejercicio cautivante constituye a los sujetos en su propio modo de ser.
En el capítulo denominado “la ilimitación de la subjetividad”, reconociendo la clara inspiración en la tesis de Lacan indagan el modo en que la condición primordial “ilimitada” del neoliberalismo se introduce en la vida de los seres hablantes. Por condición ilimitada, estos autores, al igual que Lacan, admiten que el nuevo capitalismo no puede ser intervenido ni regulado por ningún exterior. Su potencia conectora, abarcadora e interventora en la propia conformación de los lazos sociales es imposible de limitar. ¿En qué afecta esto a los sujetos?, ¿cómo interviene esta potencia ilimitada en la propia constitución de los sujetos?
En primer lugar, los autores insisten que el neoliberalismo ha sabido construir un “imaginario” al que no se le ha podido contraponer un mundo alternativo por parte de la izquierda. Lo que le otorga al neoliberalismo su carácter de promesa y seducción es que a través de distintos dispositivos acompañados por “coachs” de distinto tipo y managers del alma de diferentes cuños y estilos han introducido una lógica de rendimiento y de “autovaloración de sí” donde el sujeto solo es una voluntad de acumulación del propio valor. Aunque los autores no citen a Heidegger, esta cuestión evoca claramente su lectura de la Técnica en conjunción con la Voluntad de Poder, esa voluntad que sólo anhela aumentarse a sí misma indefinidamente.
En el neoliberalismo los sujetos no sólo venden su fuerza de trabajo bajo la forma Mercancía, también existe algo que compromete al propio ser con un “capital humano” y un “espíritu empresarial” que lleva a la existencia misma a comportarse como una empresa. No se trata de tener una empresa ni de trabajar en ella, sino de existir bajo el mandato de convertirse a sí mismo y a la propia relación con uno mismo en capital financiero. Laval y Dardot enmarcan esta operación en la fórmula (S-S’) donde el sujeto se engendra a sí mismo ilimitadamente en capital financiero y el capital financiero en sujeto. En efecto, se trata de un movimiento circular tal como Lacan describe el funcionamiento del Discurso Capitalista. En este aspecto, señalemos que en este discurso ilimitado se van borrando progresivamente los legados simbólicos, la alteridad y la imposibilidad que la determina, hasta volverse la vida expresión de un presente absoluto. Sin duda se trata, y los autores lo señalan, de un proceso permanente de “automaximización”. O como lo dicen los propios autores: “el sujeto autoaumentado es el que goza del valor que es él mismo”. O, en otros términos, el sujeto goza de la producción que aumenta su valor.
En este punto es necesario aclarar e insistir en que “goce” en Lacan es diferente de placer, el que siempre es regulado y limitado. El goce es un “mas allá del Principio del Placer” que se ajusta adecuadamente al dispositivo del rendimiento empresarial vinculado a su carácter compulsivo, adictivo y finalmente su reverso depresivo. Y por supuesto, dado el carácter existencial de estos dispositivos, los mismos afectan a los sectores incluso más desposeídos.
No obstante, a pesar del excelente y completo análisis que Laval y Dardot ofrecen sobre la razón neoliberal no logran explicar por qué esta promesa de volver a la propia vida una empresa interminable de maximización del propio valor resulta tan irresistible y atractiva para los sujetos que se entregan incondicionalmente a la misma, incluso contra sus propios intereses. Tal vez esta cuestión no es despejada con la argumentación suficiente porque los autores incurren en este caso en un error clásico: están atravesados por una noción ambivalente de la categoría del sujeto. Al pensar al sujeto constituido por el Poder, el sometimiento, la sujeción al mismo, se lo presenta como un hecho primario y constitutivo de la existencia humana. Pero el suelo nativo del sujeto, el lugar desde donde adviene a su propia existencia no es el Poder, sino la estructura del lenguaje que lo precede y lo espera antes de su propio nacimiento. El sujeto es un accidente fallido y contingente que emerge en el lenguaje atravesado por la incompletud y la inconsistencia. Radicalmente dividido, agujereado y que necesita siempre de distintos recursos “fantasmáticos “ para soportar su falla constitutiva. Esta es la verdadera razón por la cual la promesa neoliberal puede encontrar su anclaje en el sujeto, e incluso ser deseada. Por ello, es fundamental distinguir metodológicamente al sujeto causado como un efecto contingente por el lenguaje de la “subjetividad” producida por los dispositivos de poder. Si esta distinción no se efectúa el círculo es imposible de cortar. Si la subjetividad esta producida por el poder, ¿por qué razón encontrará en ella misma recursos para sustraerse de aquello que la ha constituido? Como se puede apreciar este es un problema político de primer orden si se desea pensar en experiencias contrahegemónicas con respecto al neoliberalismo.
Nuestra experiencia de lo Común es la copertenencia al surgimiento en la lengua , siempre fallido, en falta y tentado por las diversas promesas imaginarias de “autovalorizarnos” de tal modo que la verdad de nuestra fragilidad constitutiva se esconda para nosotros mismos. He aquí, a nuestro juicio, uno de los secretos que brindan su fuerza a la promesa del imaginario neoliberal.
7/12/16
DESTRUYE MAURICIO
Un año en el gobierno:
los 10 programas eliminados o vaciados por Mauricio Macri
Macri, sus ministros y funcionarios desarticularon o eliminaron políticas públicas promovidas por el anterior gobierno de Cristina para favorecer la inserción laboral, acortar la brecha digital y brindar salud y el acceso a la Justicia de sectores vulnerables.
Al momento de aplicar las políticas de ajuste económico, Cambiemos explica que se debe a la "pesada herencia" que le dejó el kirchnerismo. En ese accionar, el gobierno de Mauricio Macri aplica recortes a políticas sociales, educativas y de acceso a la justicia que afectan, principalmente, a los sectores sociales más vulnerables.
1. Conectar Igualdad
Luego de su nacimiento en 2010, este programa repartió 5.400.000 netbooks a todos los estudiantes y docentes de establecimientos públicos de educación secundaria, especial y de formación docente. Este año, el Ministerio de Educación y Deportes despidió a los 60 empleados del equipo central y solo 6 se quedaron en este programa.
Se priorizaron los perfiles técnicos por sobre los pedagógicos y se desmanteló la área que desarrollaba las capacitaciones, realizaba talleres en escuelas y organizaba encuentros nacionales. Bajo la gestión de Esteban Bullrich solo se repartieron 200 mil computadoras y no se cubrió la totalidad del alumnado que ingresó este año al secundario y se trataba de un remanente de la gestión anterior.
2. Asistir
El gobierno de Mauricio Macri recortó fuertemente el programa Asistir, que depende del Ministerio de Trabajo, a través del cual se brinda información y asesoramiento sobre sus derechos laborales. Cumple una importante función social ya que los principales demandantes de este asesoramiento son personas de bajos recursos.
Hasta diciembre contaba con 20 abogados, dos psicólogos y tres administrativos. Pese a la gran cantidad de despidos, que se aceleraron en el segundo semestre, hoy Asistir funciona con 10 abogados y sin asistencia psicológica.
3. Progresar
En paralelo a los despidos que hubo en el Ministerio de Hacienda y Finanzas, más de 300 mil jóvenes dejaron de percibir el beneficio económico del Progresar. De los 130 despidos en la cartera de Alfonso Prat-Gay, 100 fueron aplicadas sobre los trabajadores del programa lanzado en enero de 2014 por Cristina Kirchner, que quedó sin personal.
El recorte en el Progresar ya se refleja en el número de jóvenes que acceden al beneficio: era más de 960 mil en noviembre pasado y en abril de este año se redujo a 600 mil, según informó el propio Gobierno. Gran parte de los despedidos integraba la red territorial, cuya función era llevar información sobre el programa puerta a puerta en zonas del interior del país donde se hace difícil acceder a ese tipo de información.
4. Argentina Sonríe
El gobierno de Mauricio Macri decidió derogar el programa Argentina Sonríe, lanzado por Cristina Kirchner en diciembre de 2014 y que había atendido a 31.900 personas. Hasta diciembre de 2015 había 2316 personas en tratamiento y 3300 prótesis instaladas. Además, había 626 talleres de prevención de salud bucodental con 11638 participantes. Se hacía limpieza de dientes, arreglo de caries, tratamiento de conducto, extracción dental y colocación de prótesis. Según la resolución publicada en el Boletín Oficial el 21 de octubre, que lleva la firma del ministro Jorge Lemus, la decisión fue por cuestiones técnicas.
El corte abrupto del programa, que era gratuito, generó una fuerte demanda a nivel municipal de asistencia odontológica debido a que había tratamientos que estaban inconclusos y cuyos costos en el sector privado oscilan entre 8.000 y 15.000 pesos.
5. Centros de Atención Judicial (CAJ)
Desde la asunción de Mauricio Macri, los Centros de Atención Judicial (CAJ), que ofrecían un servicio gratuito de asesoramiento jurídico, derivación institucional, acompañamiento psicosocial y mediación comunitaria, fueron desmantelados. Hasta diciembre pasado existían 82 CAJ, pero Cambiemos cerró al menos 30, en su mayoría en el conurbano bonaerense, y despidió a más de 200 trabajadores.
6. FinEs
Si bien este programa, a través del cual se puede finalizar los estudios secundarios, continúa vigente, el Ministerio de Educación y Deportes lo trasladó a las provincias que, debido al escaso presupuesto con el que cuentan, tuvieron que ajustar el programa y abrir menos comisiones. Más grave aún, a través de una resolución publicada en abril, la gestión de Esteban Bullrich dio de baja en FinEs en las Universidades, donde ya no se podrán inscribir nuevos alumnos a partir del año que viene.
7. Jóvenes por Más y Mejor Trabajo
Este programa nace en plena crisis internacional del 2008 y apunta a jóvenes de entre 18 y 24 años que no hayan terminado la secundaria. el objetivo es la inclusión social y laboral personas afectadas por el desempleo y la precarización laboral.
Hasta diciembre pasado el programa contaba con 21 trabajadores y ahora solo quedaron 7 debido a despidos y reubicaciones. Si bien el contenido de los cursos donde se le hace conocer a la persona sus derechos y obligaciones laborales no cambió, la llegada al territorio, principalmente enfocado en barrios vulnerables, bajó considerablemente al punto de que cayó a la mitad la cantidad de adherentes al programa.
8. Programa de Salud Sexual y Reproductiva
La gestión del ministro de Salud, Jorge Lemus, echó a 55 profesionales que pertenecían a este programa. Sólo 19 conservaron el puesto, pero fueron reubicados en otros sectores. Así, se redujo la capacidad de acción y abordaje territorial de esta área que, en 2015, distribuyó en centros de salud de todo el país 33.212.649 de métodos anticonceptivos.
Quedaron muy afectadas las Áreas de Monitoreo y Evaluación, Fertilidad, Diversidad, Comunicación y Promoción Comunitaria. Hay una imposibilidad de contar con información fidedigna sobre la distribución de métodos anticonceptivos, el seguimiento sobre las prestaciones realizadas por los efectores de salud en los distintos niveles de atención, el seguimiento de la organización de los servicios y la calidad y atención de los mismos. Esto dificulta gravemente la toma de decisiones de la política pública en torno de los derechos sexuales y reproductivos.
9. Plan Qunita
Mediante la resolución 454, publicada en abril en el Boletín Oficial, el Ministerio de Salud dio de baja el plan Qunita con el pretexto de que los elementos que acompañaban las cunas eran "muy riesgosos". El objetivo de Qunita era reducir la muerte súbita de bebés menores de un año y se entregaba de forma gratuita a mujeres beneficiarias de la asignación universal por embarazo.
Tras la entrega de 67 mil kits, en septiembre pasado el juez Claudio Bonadio rechazó acondicionar los objetos y, pese al repudio de neonatólogos y pediatras, ordenó la destrucción de 60 mil kits. UNICEF cuestionó la decisión y pidió que se revean los aspectos técnicos. Bonadio cambió de opinión y dijo que reutilizar los materiales del Plan Qunita es decisión del Ministerio de Salud.
10. Argentina Innovadora 2020
Luego del recorte de 3.000 millones de pesos en el presupuesto del Ministerio de Ciencia y Tecnología para 2017, las consecuencias se empiezan a observar en los programas de la cartera que conduce Lino Barañao. Desde el CONICET denunciaron que para el año próximo ingresarán un 60% menos de investigadores al organismo, lo que representa la cifra más baja desde 2004.
Esto choca contra el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva "Argentina Innovadora 2020", que se lanzó hace tres años y que fijaba el objetivo de alcanzar 5 investigadores por cada mil habitantes de la población económicamente activa.
13/11/16
QUÉ TRUMP
Las 7 propuestas de Donald Trump que explican su victoria
La victoria de Donald Trump (como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinion. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.
¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la TeleRealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: «No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación» . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : «Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%.»
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.
3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. «Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país.», suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: «El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos.»
En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.
4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo », reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »
Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo…
4
Vino, vio, y ella perdió
Los medios estaban estupefactos, las caras de los periodistas eran una mueca, sus análisis disparatados. Las bolsas del mundo se desplomaban. Eran las dos de la mañana y Trump tomaba irreversiblemente la delantera en la carrera presidencial para dejar a Hillary Clinton con los crespos hechos. He came, he saw, she lost.
Buenos días, tenemos nuevo presidente. ¡Gracias medios de comunicación!… ¿Gracias medios de comunicación?… Donald Trump, no solo ha vencido a Clinton, también derrotó a los grandes medios que, de manera orquestrada, se dedicaron a reforzar la imagen de monstruo peligroso que hoy hace temblar quienes todavía creen en lo que dicen las primeras planas.
¡Trump es un racista! Clamaban los mismos medios que silencian o tuercen a conveniencia la matanza sistemática de ciudadanos negros por parte de la policía. Los medios que no cuentan cómo y por qué las cárceles de los EEUU están llena de negros y latinos. Trump es un racista, aunque Hillary había llamado a los jóvenes negros super depredadores. La conveniente hipocresía ya no podía ser contenida.
Los grandes titulares escandalizaban para callar otras cosas que Trump decía, pero la gente, sobre todo los blancos pobres, esos que llaman allá “white trash”, basura blanca; hartos de no ver su realidad reflejada en ningún noticiero, invisibles, porque, por ser blancos, ni siquiera entran en eso que llaman minorías, pararon la oreja.
Trump denunciaba a un sistema que permitía que tipos ricos, como él, se declararan en bancarrota, una, y otra, y otra vez sin sus bolsillos sufrieran algún daño. Un sistema que, a la vez, penaliza severamente a cualquier ciudadano cuando no puede cumplir con el pago de alguna cuota de su vida hipotecada, bloqueándolo por varios años del acceso al crédito, cosa que en el país de las oportunidades te convierte en un paria. En los EEUU, la línea de crédito es tu única credencial. Es casi mejor tener antecedentes penales que una línea de crédito manchada. El crédito determina la posibilidad de alquilar una vivienda, y ni hablemos de comprarla. Lo mismo para acceder a un seguro de salud, una vaina vital, porque allá no existe la salud pública. Sin crédito, no eres nada. Tu crédito determina, incluso, la posibilidad de obtener un buen trabajo; quien no paga bien, no puede ser una persona responsable.
Mientras los medios destacaban que Trump era un misógino, él denunciaba a un sistema donde los ricos podían comprar con sus “donativos” a la clase política. “Todos ustedes han recibido dinero de mi” –decía, en el primer debate republicano, a sus contrincantes. Todos bajaron la cabeza tratando de disimular tan incómoda verdad. “Incluso, yo le pagué a Hillary Clinton” –continuó. “Uno les paga para que hagan lo que uno quiere. Ella vino a mi boda porque yo le pagué”. Y no solo van a bodas, pasan leyes que favorezcan al mejor postor. Y los pobres, por supuesto, nunca tienen para pagar por una ley que los proteja de los desmanes de las grandes corporaciones, siempre tan generosas con sus donativos.
Se preguntó Trump, en voz alta y frente a los micrófonos ¿Qué hacían los Estados Unidos derrocando gobiernos por el mundo. “Yo soy un hombre de negocios. Yo puedo sentarme a negociar con gente que me caen muy mal y obtener resultados que nos beneficien a ambos” – Habló , incluso, de una alianza con Rusia para detener al Estado Islámico, todo esto cuando le preguntaron por su política hacia los gobiernos “enemigos”. Se preguntó qué hacían metidos en todas esas guerras. Cuestionó la existencia de la OTAN. Habló de los millones desperdiciados en guerras, y propuso dirigir ese dineral hacia adentro de sus fronteras para poder reducir impuestos, abaratar la medicina, mantener planes sociales… y los prospectos de soldado, los pobres que no tienen otro remedio que irse a matar o morir para que la Exxon haga caja, lo escucharon, a pesar de que los medios hacían todo el ruido posible para que sus palabras no llegaran.
Y el bocón se metió con la banca, proponiendo mayores impuestos y una legislación que limite las inversiones de riesgo en la banca tradicional. Trump también renegó de los tratados de libre comercio que que dejaron a millones de obreros americanos fuera de juego. Habló de rescatar el orgullo del “Made in USA”, habló de volver a hacer de Los Estados Unidos un país grande otra vez, reviviendo la nostalgia por aquel idílico país de los años 50. “Make America great again”.
Y claro, habló del muro mexicano, y contra la inmigración ilegal, y de mujeres facilongas que se van con tipos como él por dinero, pero ¿en serio creen que fue por eso que las grandes corporaciones lo marcaron como el enemigo, que por eso los medios lo pintaron como un payaso, y todito el sistema financiero se alió con en su contra? ¿En serio creen que es por eso eso que las bolsas se desploman hoy a niveles del 11S?
No sé si Trump va a gobernar a la altura de lo que su boca dice. Lo que sí sé es que el sistema se tambalea desde adentro, desde sus propios excesos, desde su propio desprecio a las gentes que lo sostienen a punta de sudor y sangre, desde el fruto de ese mismo sistema de injusticias: un multimillonario, que, acostumbrado a decir y hacer lo que le de la gana, terminó desnudándolo.
3
Mauricio Trump
“Todos tenemos un amigo que votó a Macri y ahora se lamenta porque ganó Trump” dice una frase que circula por las redes. Ironías aparte, tiene algo de razón, Macri es más parecido a Trump aunque quisiera parecerse a Hillary. Los dos son de derecha, pero Hillary es más presentable. Para los macristas, el triunfo de Trump en Estados Unidos fue como si los hubiera sorprendido un espejo caminando por Florida y los enfrentara a la imagen del empresario rústico, ignorante y oportunista para los negocios, que se desayunó al sistema político y alcanzó la presidencia. Trump y Macri fueron socios en un emprendimiento inmobiliario en Manhattan. Forman parte del mismo universo cultural. El aparato mediático del macrismo, Canal 13, TN, Lanata y demás, se apresuraron a disimular esas semejanzas, lo hicieron como si les dieran vergüenza. “Trump es de derecha, como el kirchnerismo pero sin doble discurso”, dijeron.
Macri y Trump son parte de la propagación en todo el mundo de una hegemonía conservadora y regresiva. Se habla de Hillary como progresista y Trump conservador. Pero cada uno representa un aspecto diferente de la derecha. Es un fenómeno paradójico. Los obreros empleados y desempleados del cordón de óxido de los viejos estados industriales que hace pocas semanas votaron al izquierdista Bernie Sanders en la interna demócrata, ahora lo hicieron por el conservador Donald Trump. El principal motivo que traccionó esos votos las dos veces fue la necesidad de generar empleo y defender el que hay, un reclamo que relegó otros aspectos. Hubo “progresistas” que en Argentina votaron a la derecha y preferían que gane Hillary en Estados Unidos. Y hubo progresistas peronistas y no peronistas que preferían a Trump por sus promesas de menos intervencionismo. Cualquiera de los dos era un desastre para Argentina. Es posible que el intervencionismo de Trump sea menor, pero será más agresivo, sobre todo en la competencia con China. Rusia es más un problema para Europa y Alemania. Con Macri, Argentina quedó muy vulnerable ante la gestión de Trump. El presidente es más parecido a Trump y hasta puede entender su lógica chabacana de country de ricachones, pero necesitaba desesperadamente que ganara Hillary para mantener el Transpacífico, los tratados de libre comercio y las bajas tasas de interés de la Reserva Federal.
Hay similitudes para repartir. Pero a nadie le causaría sorpresa si se topara a Macri, Trump y Silvio Berlusconi abrazándose en Olivos. El abrazo kirchnerista, en todo caso fue entre Néstor, Lula y Chávez. Son fotos diferentes, con éticas y lógicas opuestas.
Los medios conservadores argentinos sueñan con parecerse a los grandes medios norteamericanos como The Washington Post o The New York Times, llamados “los medios serios” que apoyaron abiertamente la campaña de Clinton. Una gran cantidad de medios respaldó a la candidata y creó la sensación de que Trump no tuvo respaldo.
No fue tan así, porque en gran parte de su campaña recibió el soporte activo de Rupert Murdoch, el magnate mundial que encabeza un poderoso grupo multimedia que abarca desde prensa deportiva hasta la empresaria y bursátil, del ex News Corporations, hoy dividido en 21th Century Fox y NewsCorp. A los que se sumó una miríada de publicaciones localistas y el respaldo de los grandes Chicago Tribune y Los Angeles Times. The New York Times y The Washington Post son leídos por las capas medias y altas urbanas, pero los medios gráficos y de televisión, amarillistas y gritones, de Murdoch, son medios populares, que llegan a millones de esos trabajadores y campesinos del país profundo que pusieron su voto por Trump. Todos los medios, los que respaldaron a uno y otro son de derecha. En el sistema de medios norteamericano no existen medios importantes que expresen una mirada progresista y popular.
La batalla también se dio en las redes. Trump usó una artillería pesada de botts y trolls, y docenas de personas creando contenidos y estrategias provocativas para involucrar audiencias, además de su intervención personal. En Twitter, Trump tiene 11 millones de seguidores, en tanto que Clinton, con una campaña muchísimo más costosa y el apoyo de los medios “serios” tenía ocho millones. En Facebook, la relación era 10,2 millones de “me gusta” en la página del republicano, a 5,5 millones de la demócrata. Las declaraciones más bizarras del empresario recalentaban las redes. Podría decirse que el lenguaje ramplón y berreta que usó Trump encajaba mejor en la lógica crispada de las redes.
Otro parecido: la etiqueta más popular de Trump en Twitter fue #CorruptaHillary. Fue su caballito de batalla: “Hillary es tan corrupta que la echaron de la Comisión Watergate. ¿Cuán corrupto tienes que ser para que te echen de la Comisión Watergate? Bastante corrupto”, repitió en varios de sus discursos. La acusación de corrupción a su adversaria llevó a la presidencia a un empresario de la construcción, donde todos los norteamericanos saben que se lava dinero y que allí anidan mafias de las más pesadas. En Argentina, ese mismo discurso “anticorrupción” contra su oponente llevó al poder a un empresario que hizo su fortuna como proveedor del Estado que, como todo el mundo sabe, es un negocio plagado de tramposos y coimeros. La coincidencia es también que ambos presidentes fueron socios.
Los servicios de inteligencia: otro respaldo que se escapa en la mayoría de los análisis. El FBI respaldó abiertamente a Trump con fuertes operaciones de inteligencia. Pocos días antes de la elección, James Comey, director del FBI, hizo filtrar una carta donde informaba al Congreso que se había abierto una investigación sobre e-mails de Clinton. Fue un golpe mortal a la ex primera dama, terminó de alejar a mujeres, latinos y negros que directamente no fueron a votar. Ojo: en el equipo de Trump sobresale Rudolf Giuliani, lobbista del mundo de las armas y de la seguridad y un contacto directo con los servicios.
Es difícil englobar esta irrupción generalizada de las derechas con respaldo de masas en el mundo. Tienen signos diferentes en cada país y los significados tampoco son los mismos cuando se trata de economías centrales o economías periféricas. Y es difícil hacerlo en un mundo cambiante donde al producirse con rapidez muchas veces los procesos son asincrónicos: Macri y Trump surgen cuando decayó la estrella de Il Cavaliere Silvio Berlusconi en Italia.
Cuando habla de los derechos de las minorías, de la inmigración o de las mujeres, Trump saca conceptos del ideario restaurador y neoconservador que busca restringir derechos. “A todas las mujeres les gusta que les digan un piropo, aquellas que se ofenden, no les creo. No puede haber nada más lindo que un piropo, por más que esté acompañado de una grosería, que te digan qué lindo culo tenés, está todo bien”. Bueno, ese no fue Trump, fue Macri. Trump dijo: “Cuando eres una estrella, las mujeres te dejan hacerles cualquier cosa, agarrarlas por el coño, lo que sea”. Bernasconi tiene a docenas. Para Trump, los inmigrantes latinos son lo peor, “violadores y ladrones”. Va en línea con lo de “resaca” como los calificó el senador Miguel Angel Pichetto y ratificó Claudio Avruj, el secretario de Derechos Humanos de Macri, que antes había dicho que acabaría “con el curro de los derechos humanos”. Trump prometió que sacará el plan de salud para los pobres, el Obamacare. Hay muchas acá sobre ese tema, desde la frase del radical Ernesto Sanz de que la plata de la AUH se va por la canaleta de la droga o la que dijo hace pocos días el mismo Macri al canal de La Nación de que había “muchos argentinos que son pobres y no se habían dado cuenta”. Se dan cuenta con él, pero eran pobres de antes.
Es probable que muchos votos de Trump hayan sido antisistema. Pero Trump es producto del sistema. Los mismos medios y periodistas que en Argentina estaban desolados por la derrota de Hillary Clinton, coincidían con Trump en su diatriba contra los inmigrantes. En Argentina se viene una crisis social muy fuerte y esos discursos que estimulan la guerra entre pobres son funcionales a la derecha. Ellos aquí y Trump allá, son una consecuencia del esquema de valores que puso en juego el neoliberalismo en su confrontación crispada con las experiencias democráticas y populares: la antipolítica, la exaltación de la riqueza como máxima virtud, la naturalización de la pobreza, la leyenda del empresario sin cultura ni escrúpulos que triunfó. Trump abona al mismo clima de época que Macri, que Uribe y el No a la paz en Colombia y que el Brexit en Gran Bretaña.
2
El cielo se llenó de cisnes negros
Introducción: si por “cisne negro” se entiende a los hechos extraordinarios, imprevistos e impredecibles que rompen política, social y culturalmente con la acostumbrada línea del horizonte y con la línea vertical de la ley de gravedad vigente, digamos que varios y diversos hechos han logrado ser merecedores de tal mote en el último tiempo. Nombremos algunos: la votación de Inglaterra para salir de la Unión Europea (Brexit); la votación por el No a la Paz en Colombia; La unción de un cura peronista como Papa; la victoria de Donald Trump en los EE.UU. De allí el título de esta reflexión somera para abrir el debate.
1.- El triunfo de Trump es el inicio del fin del neoliberalismo global y la aceptación norteamericana de que el mundo dejó de ser unipolar para convertirse en un mundo multipolar. Es el primer presidente de los EE.UU. que no llega al gobierno con el apoyo poderoso del complejo financiero militar de su país ni de Wall Street ni de los grandes medios. Léase: la flor y nata del poder neoliberal global.
2.- EE.UU. desarrollará con Trump, según se anuncia, una fuerte política aislacionista, puertas adentro de sus fronteras, que tendrá como meta devolver a los estadounidenses la ilusión del sueño americano: basta de gastos bélicos para costear los gastos del mundo a expensas de la creciente pobreza del ciudadano propiamente norteamericano; es lo que proclama Trump.
3.- Hay que dar un intenso debate con los compatriotas que por desconocimiento o prejuicios se compraron el cliché de que en EE.UU. ganó la derecha más retrograda y perdió el progresismo más avanzado. Ganó una versión norteamericana de la derecha nacionalista, sí. Pero la que perdió fue una de las principales comandantes de las fuerzas políticas militares de EE.UU. y la OTAN que asesinó en vivo y en directo a un líder terrorista antes prohijado por ellos ( Bill Laden) y por sobre todo, aniquiló una nación como Libia provocando en consecuencia la tragedia humanitaria de este siglo expresada en las masivas migraciones que día a día naufragan en el Mediterráneo. Libia siempre fue un estado tapón del África. Muamar al Gadafi advirtió que si lo derrocaban Libia dejaría de ser contenedor de sus hermanos africanos para ser el muelle por donde se irían a Europa los pueblos que huyen del hambre y de las guerras y de los misiles norteamericanos. Es lo que está pasando. La candidata que perdió, además, convalidó los ataques económicos y parlamentarios a Venezuela, a Bolivia, a Ecuador, y diseñó los golpes que destituyeron gobiernos populares en la región. No nos engañemos más con el discurso falsamente “progre”.
4.- Todas las bolsas del mundo cayeron ni bien se supo que ganaba Trump, todas, menos la de Rusia. Algo nos dice este dato del nuevo mapa mundial que se abre de ahora en más.
5.- Anotemos y observemos quiénes se lamentan aquí de la derrota demócrata: Macri, Malcorra, TN y Clarín, La Nación, los pro-buitres de la Bolsa.
6.- Trump ya se pronunció contra todo intento de reeditar el ALCA, tipo el Acuerdo Transpacífico (PPP), y contra el NAFTA (acuerdo de libre comercio de EE.UU. con Canadá y México) y contra el mega gasto económico militar que hacen para mantener a la OTAN. Que cada uno se pague lo que consuma, dijo Trump. Por eso las caras largas contra él en toda Europa. Trump acepta que son tres potencias las que se reparten la geopolítica mundial en este siglo: EE.UU., Rusia y la China emergente. De allí los enojos de unos y las caras alegres de otros. O sea: Trump acepta que el mundo es multipolar y que al aceptarlo podrá direccionar el gasto público fronteras adentro de los EE.UU. y no tanto en las trincheras externas. Él no es un pacifista. Es un millonario pragmático que leyó mejor que nadie la realidad del mundo y de su propia sociedad. Como dice irónica y sagazmente un amigo: por fin los yanquis tienen a un presidente que se parece a su pueblo.
7.- En este contexto, Argentina y América Latina deberán reagrupar fuerzas y volver a disputar el sentido común perdido con el neoliberalismo que hoy llora la derrota de Clinton. No esperemos nada de nadie. No festejemos el triunfo de ninguna potencia. Nosotros cuando fuimos libres fue porque nos valimos de nuestras propias fuerzas y con nuestro propio espíritu libertario. No dependamos de nadie. Más que de nosotros mismos.
8. Ahora sí entrémosle a la cantinela impuesta por los medios a escala global: Trump es xenófobo, sexista, racista, insensible, etc., etc. Y sí. Toda discriminación merece nuestro más absoluto repudio y rechazo. Condenemos este rasgo autoritario. Para eso damos la batalla cultural día a día de la manera que cada uno puede. Pero de lo que se trata es de comprender que la política es causa y consecuencia de las relaciones de fuerzas y de poder que vayamos construyendo. La inteligencia política entonces es aprovechar el resquebrajamiento del poder unipolar para construir mayores espacios de autonomía y para construir más y más derechos sociales.
9.- Macri no es Trump. El nuestro es un millonario a costa del Estado pero que ahora reniega del Estado para no tener que hacer grande y feliz a su pueblo, sólo a su propio bolsillo. El otro es un millonario que se vale del Estado para fortalecer a su nación a costa de dejar a la intemperie a todo aquel que no sea un NIC como se aprecia ser él. No caigamos en la trampa que nos tiende el poder financiero mediático vendiéndonos que ahora viene la catástrofe para América Latina. Nunca se preocuparon de nosotros más que para expoliar nuestras riquezas. Dejemos que sigan sin preocuparse de nosotros y hagamos lo que tengamos que hacer como libres que somos.
10.- A la izquierda nuestra, la pared: tenemos más que suficiente autoridad política y moral para condenar todas las conductas racistas y xenófobas verbalizadas por el presidente electo de la potencia imperial del norte. Los que votaron a Macri tendrían que tener el pudor de no mostrarse tan verborrágicamente anti Trump mientras aquí votaron como votaron. Somos pocos y nos conocemos muchos. Pero mucho más condenamos la violencia imperial que arma el ISIS, que bombardea a escuelas y hospitales de niños en Siria y a los países de aquella tan sufrida y milenaria región en nombre del “mundo libre”. El mundo cruje por abajo y por arriba. El futuro es impredecible y nos obliga a ser creativos. Como enseñan los pueblos originarios: No sigamos las huellas de los antiguos, busquemos la última huella que ellos dejaron y el lugar que ellos buscaban al momento de partir. Y sigamos caminando hacia delante, haciendo nuestras propias huellas.
Volveremos y seremos mejores, ya lo verás mi amor.
1
Un mundo para Donald Trump
El mundo mira con profunda desconfianza al nuevo presidente de los Estados Unidos, como nunca antes miró a otro, y sobran razones para eso. Donald Trump podría ser considerado una especie de ovni, que está a menos de dos meses de aterrizar en el corazón del mundo, y nadie tiene la menor idea sobre que va a salir de esa nave.
Sin duda su victoria sobre Hillary Clinton, ha asombrado a las enormes mayorías que siguieron el proceso electoral de los Estados Unidos, que en muchos tramos tuvo entidad de culebrón mexicano, y que anoche terminó convirtiéndose en un verdadero “cisne negro” que acaba de desplegar sus alas con todo esplendor.
Las razones de porque ganó Trump, más allá de que supo llevar al barro a Clinton y sabemos cómo se manejan los empresarios en la mugre, se engloban en una sola respuesta: los trágicos ocho años de gobierno del Barack Obama, que, más allá de la crisis económica y cualquier tipo de objeciones, termina su mandato dejando al mundo al borde de la tercera guerra mundial, aunque para muchos, incluyendo al Papa Francisco, esa guerra ya ha empezado hace más de un año.
No conforme con esto, Obama alentó como sucesor a quien ha hecho lo indecible por generar este estado de cosas. Los cinco años de Hilary Clinton, al mando del Departamento de Estado, son la razón fundamental de que hoy ya nadie se sienta seguro en ningún lugar del mundo, sino que lo digan los cuatro parroquianos muertos en el bistró Le Petit Cambodge durante la trágica jornada del 14 de noviembre del año pasado en Paris, donde un raid terrorista terminó con la vida de 140 personas y, por mucho tiempo más, con aquello de que París era una fiesta.
Las aberrantes políticas del tándem Obama-Clinton son la causa fundamental del resurgimiento de la ultra derecha en toda Europa, como única respuesta a los millones de refugiados que, con los bombardeos “quirúrgicos” del Pentágono, lanzaron a las playas y caminos europeos, sin contar los miles que quedaron en el fondo del Mediterráneo. Esta “invasión” de víctimas de las políticas guerreristas de Obama, llevadas a cabo por Clinton, como un efecto dominó, no solo provocó el Brexit, sino que puso a la Unión Europea al borde de la disolución.
Las políticas que también la Unión Europea fomentó con el apoyo de Washington, son la razón de la guerra en Ucrania, lo que obligó a Moscú a intervenir, en defensa propia. En Ucrania la OTAN, pretendía terminar de enhebrar en toda la frontera occidental rusa, un peligroso cerco, que desde ya el presidente ruso Vladimir Putin no iba a tolerar. La torpeza del Departamento de Estado, ya en manos de John Kerry, que poco y nada pudo hacer para enderezar la nave definitivamente escorada por Clinton, terminó por darle visibilidad mundial al presidente Putin, quien se ha convertido en un líder global que Rusia no tenía desde los tiempos de Stalin, y a una China, a quien prácticamente obligaron a salir de su milenario mutismo.
Donald Trump, el 45 presidente de los Estados Unidos, tiene todo un mundo por resolver si pretende que lo sentenciado por Francisco no se convierta en una aseveración absoluta.
La bronca blanca
Nunca antes en la historia moderna nadie tuvo tanto poder político sin una carrera que lo respaldara. Trump, es un perfecto arribista que solo pudo acceder a su postulación como el candidato del partido Republicano, porque supo, y muy bien, transitar por las vísceras carcomidas de un sistema tomado por la corrupción, tal cual sucede con el partido Demócrata, que solo se animó a jugar con una candidata del establishment desgastada, ya no solo por su actuación en el Departamento de Estado, sino también por ser parte de esa “clase” política que los blue collar, es decir los obreros, particularmente blancos, se cansaron de sostener asó como al sistema que los llevó a la desocupación, a los bajos sueldos, disparándose, además, en esos sectores las tasas de alcoholismo, drogadicción y suicidio, como nunca antes.
Trump les habló a las clases bajas blancas que se han sentido traicionadas por el sistema, y supo direccionar su bronca, su bronca blanca, como los líderes europeos, que nada han podido hacer para que esos mismos sectores no deriven en una bronca parda y eso ha sido también un elemento clave de su triunfo.
Es paradójico que muchos sectores progresistas, siempre en busca de un padre, esta misma mañana hayan librado un cheque en blanco a quien hasta hace pocas semanas catalogaban de nazi y hoy prácticamente lo ven como a un Fidel Castro bajando de Sierra Maestra.
Develaremos quien es el verdadero Trump luego de que llegue a la Casa Blanca, ya que en Irak y Siria se están librando dos batallas claves contra el Estado Islámico, que no le dará tiempo para ninguna luna de miel. Turquía, aliado fundamental en la región de Washington desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se ha desbocado en estos últimos meses y las andadas de su presidente, Recep Erdogan, tampoco permiten dilaciones al momento de ponerlo en caja. A ello se suma, el desorden generalizado de Libia y la crisis en Afganistán, donde el talibán, ya casi desbordando al gobierno títere de Kabul, están a punto de volver a incendiar Asia Central.
Será clave la política exterior que lleve Trump, para entender si en Estados Unidos hubo un cambio real u otra vez el establishment hizo una de las suyas, si bien su grandes propuestas fueron hacia el interior de los Estados Unidos, antes de encerrarse tras su fronteras, levantar muros y demás, tendrá que ordenar por lo menos en parte lo que su antecesor le ha dejado.
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¿Fin del fenómeno Trum?
(Septiembre 2016)
Según las encuestas, y aunque faltan dos meses para las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre en Estados Unidos, las cosas parecerían estar ya claras en lo que concierne al resultado: la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, resultaría electa y se convertiría así –venciendo además toda una serie de prejuicios machistas–, en la primera mujer que gobernaría los destinos de la principal potencia mundial de nuestro tiempo.
La pregunta es: ¿qué ha ocurrido con el candidato del Partido Republicano, el tan “irresistible” y mediático Donald Trump? ¿Por qué, de pronto, el magnate se desploma en las encuestas? (1). Siete de cada diez estadounidenses no se sentirían “orgullosos” de tenerlo como presidente, y solo el 43% lo juzgaría “cualificado” para sentarse en el Despacho Oval (mientras que el 65% sí juzga, en cambio, que la Sra. Clinton está cualificada) (2).
Conviene recordar que, en Estados Unidos, las elecciones presidenciales no son nacionales, ni directas. Se trata más bien de cincuenta elecciones locales, una por estado, que determinan un número preestablecido de 538 grandes electores quienes, en realidad, son los que eligen al (o a la) jefe de Estado. Por lo cual, las encuestas de ámbito nacional tienen apenas un valor indicativo y relativo (3).
Ante sondeos tan negativos, el candidato republicano remodeló su equipo a mediados de agosto y nombró a un nuevo jefe de campaña, Steve Bannon, director del ultraconservador Breitbart News Network. También empezó a modificar su discurso en dirección a dos grupos de electores decisivos, los afroamericanos y los hispanos.
¿Conseguirá Trump invertir la tendencia y lograr imponerse en la recta final de la campaña? No se puede descartar. Porque este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ha desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.
Hay que entender que, desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido), ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la carrera por la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencia, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la ascensión de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la “rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un “conservador con sentido común” y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerrealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado dirigiendo. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la “casta”. Y promete inyectar honestidad en el sistema; renovar nombres, rostros y actitudes.
Los medios de comunicación han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o “ubuescas”. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en Juego de Tronos, de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21.000 millones de dólares sería financiado por el Gobierno de México. En ese mismo orden de ideas: también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes... Y atacó con vehemencia a los padres de un oficial estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.
También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre”, y su crítica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores en varios estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”.
Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios de comunicación dominantes no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se plantea es: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadra.
Para responder a esa pregunta ha habido que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir qué otros puntos fundamentales defiende, silenciados por los grandes medios. Éstos no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: “No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación” (4). En un tweet reciente, por ejemplo, escribió: “Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%”.
Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros: The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito...
Otra razón por la que los grandes medios de comunicación atacan a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien remunerados desaparecieron. Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del brexit, Donald Trump ha desvelado que, si llega a ser presidente, tratará de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.
En regiones como el rust belt, el “cinturón de óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras han dejado altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo. Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro sanitario) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.
Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú. También, contrariamente a muchos líderes de su partido, ha declarado aprobar el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables y odiosas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios de comunicación dominantes. Pero sí explican mejor el porqué de su éxito en amplios sectores del electorado estadounidense.
(1) A finales de agosto, Hillary Clinton le llevaba a Donald Trump, a nivel nacional, una ventaja de 6,8 puntos, según la media de sondeos que elabora la web RealClearPolitics.
(2) Varios estudios revelan también que el tándem demócrata Hillary Clinton-Tim Kaine derrotaría, por el momento, al “ticket” republicano Donald Trump-Mike Pence en algunos segmentos sociológicos determinantes: las mujeres (el 51% frente al 35%), los afroamericanos (el 91% frente al 1%), las minorías étnicas (el 69% frente al 17%), los jóvenes (el 46% frente al 34%), los electores con título universitario (el 47% frente al 40%) y los hombres (el 43% frente al 42%). Donald Trump sólo vencería entre los electores blancos (el 45% frente al 40%), los mayores de sesenta años (el 46% frente al 43%) y los electores blancos sin titulación (el 49% frente al 39%).
(3) Aún considerando esto, según otros sondeos, la candidata demócrata también derrotaría a Trump en varios estados clave como Florida, Pensilvania o Virginia, que son decisivos. Porque, sabiendo que California (55 grandes electores) y Nueva York (29) votan siempre a favor de los demócratas, a Hillary Clinton le bastaría con vencer, efectivamente, en Florida (29), Pensilvania (20) y Virginia (13) para acercarse holgadamente a la cifra mágica de 270 grandes electores que garantiza la elección.
(4) En su mitin del 13 de agosto, en Fairfield (Connecticut).



























