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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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19/2/13

DEMOCRACIA O CORPORACIÓN SINDICAL







El Sindicato de Camioneros, que conduce Hugo Moyano, aplica el bloqueo sobre una treintena de supermercados mayoristas de una empresa, en un avance de la protesta para reclamar por el reencuadramiento de trabajadores vinculados a la función logística y distribución, que hoy son afiliados al gremio de Empleados de Comercio. El conflicto planteado por la dirección de Camioneros abarca también un enfrentamiento al Ministerio de Trabajo por defender las normas vigentes. Este conflicto, como otros, es una condensación al que confluyen diversas causas coyunturales y estructurales, que se articulan en este acontecimiento. La historia del sindicalismo contemporáneo es la historia del peronismo: se cruza con el momento fundacional, su apogeo, sus gestas, sus traiciones, sus luchas. El empoderamiento sindical significó uno de los hechos malditos del país dominado por la burguesía , pero también la integración a ese mismo país burgués.

Es imposible pensar en el poder de Moyano hoy, sin recurrir a la historia, una historia que no tiene inocentes. Una historia dura, en la que se forjaron los días que transitamos, una historia pletórica de facticidad, que el peronismo transita como pez en el agua, y también de retórica, muchas veces ingenua respecto de la realpolitik. Los cánones ideológicos se doblegan ante la seducción rentística del poder que el régimen ha puesto a disposición de la dirigencia de los trabajadores.

La coexistencia del sindicalismo en un movimiento nacional siempre está en equilibrio inestable, por la tensión que provoca la prevalencia de uno de los sectores sobre el conjunto. Este conflicto supone la ampliación de cobertura del gremio de Camioneros para incrementar su plantilla y acumular poder de presión. No se trata de ser igual, o solidario, se trata de ser superior: la cultura capitalista ha calado hondo.

Ya no hay proletariado como unidad; se fomenta desde adentro incrementar la brecha social intraclase. La creciente interrelación privada con el sistema de obras sociales es un dato no menor en el cambio de la mentalidad del sindicalismo. Es innegable la participación sindical en la recuperación democrática, como es innegable la complicidad de algunos dirigentes –como otros civiles– con las dictaduras. El Programa de Huerta Grande, CGT de los Argentinos, Combativos y A.T. Vandor respondían a la misma matriz. Este último fue la máxima expresión del dominio sindical contra la política. Moyano tiene sus parecidos.

Hoy, consolidada la democracia, se asiste a la conformación corporativa de la sociedad poliárquica que abarca a los medios, las grandes empresas capitalistas; y los grandes sindicatos. La política profesional ante tanta presión debe luchar para no ser arrastrado por lo sectorial. El uso de una práctica como el bloqueo remarca el carácter extorsivo de la misma, violentando las reglas de la democracia y afectando a terceros que no tienen nada que ver. Esto no se hace para la emancipación de la clase trabajadora, se hace con un objetivo menor: la privatización de los trabajadores.








28/4/12

VÉLEZ EN CRISTINA






Vélez puso en el cenit a una Cristina Kirchner que llevó la expropiación de YPF como trofeo para una tribuna que, si bien fue muy masiva, tuvo aún más importancia por lo que representó de todo el país, social y generacionalmente, y por la oficialización de un nuevo protagonista político, la cristalización de una fuerza propia que sostiene a la Presidenta dentro del peronismo y por fuera de él. Humildes y jóvenes tomaron esa metafórica copa dorada de la expropiación como consumación y basamento de un compromiso mutuo.

El acto de Vélez fue el primero en todos estos nueve años de gobierno kirchnerista cuyo objetivo central no fue una campaña electoral o la defensa de una medida concreta, como la 125 o los actos por derechos humanos. En nueve años, ésta ha sido la primera vez que el propósito principal fue respaldar a Cristina Kirchner. Y tuvo como consecuencia el reconocimiento de un liderazgo por las numerosas agrupaciones convocantes de manera unificada y no dispersa como había sido hasta el viernes.

La expropiación de YPF sumó al tono épico de la concentración, pero no fue el centro, porque el acto había sido convocado como de respaldo a la Presidenta desde antes de que se anunciara la medida. El azar como un componente de la historia fue aludido por Cristina Kirchner en su discurso, al señalar que cuando los dirigentes del Evita y La Cámpora le hablaron del acto, en febrero, ni se había pensado en ese momento en la derivación que tomaría la situación de YPF. Recordó que la idea era hacerlo el 11 de marzo, en recuerdo de las elecciones que ganó Héctor Cámpora, pero que finalmente se decidió hacerlo en el aniversario de las elecciones que determinaron la asunción de Néstor Kirchner. Valga la paradoja pero, en esas elecciones, Kirchner había perdido frente a Carlos Menem.

El ejercicio histórico que hizo la Presidenta fue certero. Néstor Kirchner era un presidente que había perdido la elección, con apenas el 22 por ciento de los votos, que dependía de una estructura política que no controlaba, que no había podido legitimar su gestión porque Carlos Menem se había retirado de la segunda vuelta. Y además recibía un país destruido desde el punto de vista económico, político y moral. En esas circunstancias, que hubieran paralizado de pánico a la mayoría de los políticos, Néstor Kirchner asumió un mandato “que tenía legalidad, pero al que le faltaba legitimidad”, recordó ayer la oradora. Si se recuerdan la frialdad y el escepticismo con que eran escuchados los candidatos en aquellas elecciones, incluso por sus propios adherentes, el contraste con el entusiasmo de las tribunas de ayer es muy grande. De una tribuna a la otra hay una laboriosa reconstrucción de la política como posible herramienta democrática de transformación de la sociedad.

Los opinadores mediáticos que sólo quieren ver corrupción y latrocinio en ese proceso no pueden explicar esos datos de la realidad, que demuestran que sobre todo hubo políticas de ciudadanía de alta calidad democrática. No se puede explicar el recorrido de ese camino en condiciones tan adversas y desde un punto de partida tan débil y vulnerable sin el desarrollo de políticas de empoderamiento social y construcción de ciudadanía. Kirchner no habría durado ni dos días sin generar esas políticas y no reconocérselo es un acto de mezquindad histórica.

Los movimientos sociales que fueron el eje de la convocatoria de ayer, desde La Cámpora hasta la CTA que dirige Hugo Yasky, la Federación Tierra y Vivienda de D’Elía, el Movimiento Evita, el Kolina (de Alicia Kirchner), el Frente Transversal, la Martín Fierro, la Tupac Amaru, la Corriente Nacional y Popular de la Militancia y numerosas agrupaciones más chicas, tuvieron muchas dificultades en estos nueve años para generar acciones propias en forma conjunta y las pocas veces que lo hicieron en estos largos años fueron momentos fugaces que terminaron en discusiones y peleas.

Estas agrupaciones, sobre todo La Cámpora, han crecido mucho en el territorio y han ampliado su convocatoria como rebote del liderazgo de Cristina Kirchner. Y ahora, a través de estas organizaciones, ese liderazgo toma forma orgánica, tiene un punto concreto de articulación. En ese sentido se constituyen como fuerza propia de la Presidenta. Hay otras corrientes y sectores del peronismo que la respaldan, pero el acto de ayer fue fuerza propia de la Presidenta.

El otro acto del peronismo esta semana, y que de alguna manera quiso empatarse con el de Vélez, fue el de Hugo Moyano en el Parque Roca, el jueves, y fue representativo de las razones que provocaron el distanciamiento del camionero de la Presidenta. La idea de plantearse como competencia o como presión en lo político, por fuera del ámbito gremial, fue letal para Moyano, que era el aliado natural del kirchnerismo en la CGT. Pero Moyano concibió siempre su participación con la lógica gremial de presionar para negociar y sacar provecho en lo político. Y esa lógica, donde incluso los actos de apoyo se presentaban como demostración de fuerza, siempre hizo cortocircuito con Néstor y Cristina Kirchner.

Kirchner eligió a Moyano como su aliado porque pensaba que había una proximidad política e incluso valoraba la rusticidad combativa del camionero que, para el resto de los políticos, lo convertía en piantavotos. El kirchnerismo habría apoyado el afianzamiento de Moyano en la CGT si éste no lo hubiera usado para presionar en el plano político. Esa forma de relacionarse expresó una de las características personales de Moyano, que desconfía de todo lo que no sea tropa propia. Con esa carga, la ruptura siempre fue cuestión de tiempo. Los roces fueron permanentes. Con la lógica de la relación de fuerzas establecida por el camionero, cuando el kirchnerismo evaluó la suya, se la aplicó, y Moyano en vez de aceptar las reglas de juego, optó por alejarse.

Sin el respaldo oficial, Moyano no tiene fuerza para sostenerse como titular de la CGT. El jueves, prácticamente reconoció que es el inminente ex secretario general y lanzó advertencias colocándose de hecho junto a la oposición. El peor consejero en general, y en política en particular, es el despecho. Pero la personalidad de Moyano es irascible y emotiva. El camino que tomó, por ahora, no tiene mucho destino y por su carácter también es difícil que pueda compartir espacio con otro en un mismo proyecto.

El momento que eligió para su acto, pensándolo como reflejo del de Vélez, fue monopolizado por el tsunami de YPF. La concentración en el Parque Roca fue arrastrada como una hoja en el viento de la nacionalización petrolera. Pese a la furia, habría sido letal para él cuestionar una medida que seguramente está subrayada en su propia agenda. Y entre tanta protesta, advertencia y cuestionamiento, se vio obligado a respaldar esta medida del gobierno al que ahora se opone.

El jueves había terminado el debate en el Senado y se preparaba el de la Cámara baja. El respaldo que tuvo la expropiación de YPF en el Senado puso otra vez muy en evidencia la cobertura de los grandes medios que, desde el anuncio, había consistido en amplificar las quejas, protestas y amenazas de Repsol, del gobierno conservador español y de cuanto funcionario menor de Estados Unidos o la Unión Europea sugiriera represalias contra Argentina. Esa estrategia editorial repetía la no tan vieja política del neoliberalismo de mostrar escenarios apocalípticos y castigos terribles ante cualquier desobediencia a la lógica de los centros financieros de poder. Sus principales editorialistas y opinadores insistieron en este libreto o mantuvieron la línea de descalificación de funcionarios por la que convierten a la política en una sucesión de hechos policiales. Como en pocos casos anteriores, los políticos en general se desmarcaron de esa ofensiva y plantearon un debate más argumental y más razonable.

Se produce este prodigio que es la manifestación del desencuentro profundo entre los grandes medios con las grandes mayorías, cuando son éstos los que siempre se han relacionado con los públicos masivos. Al mismo tiempo, los opinadores de estos medios se jactan de que esas grandes mayorías viven en una realidad virtual porque no comparten la realidad virtual que ellos representan. Esa dualidad persistente resulta patética porque la evidencia no los favorece y sólo se pueden dirigir a los que ya piensan fanáticamente como ellos.

El acto de Vélez fue una más de esas evidencias porque significó la cristalización o el anuncio oficial de un fenómeno que se viene produciendo desde antes y cuyo significado es que el escenario de la política argentina incorporó un nuevo protagonista en el kirchnerismo como fuerza nacional, popular y progresista. Un protagonista con tradición y mucho peso popular en ese espacio, al que llegó para quedarse.






17/12/11

COMO UN CAMIÓN







Cuando Moyano advirtió al Gobierno que la mayoría de los votos que obtuvo Cristina Kirchner provenían de los trabajadores, en realidad estaba prendiendo una luz de alerta para él mismo. Se llama tiro por la culata o escupir al cielo. Porque la base social del moyanismo en los gremios es cristinista en lo político y si el desafío que propone el jefe de la CGT es contraponer esas dos lealtades estaría llevando esa disputa a un territorio donde en estos momentos el que tiene más que perder es él mismo.

No hay ninguna diferencia entre la relación que mantenía Hugo Moyano con Néstor que la de ahora con Cristina. Allí hay una consideración machista. Desde el principio se trató de la alianza de dos fuerzas afines, pero no idénticas, un contrato de cohabitación sin casamiento a la vista, algo que puede cambiar, pero que por ahora se mantiene en ese nivel con las pujas, los tironeos y hasta las desconfianzas propias de esa situación. El peronismo hace culto de la lealtad, pero al mismo tiempo tiene un latido de desconfianza, porque es un componente inherente al poder, un barrio por el que al peronismo le gusta caminar.

El punto de contraste con respecto a esa primera alianza con Kirchner es que al principio la fuerza del entonces presidente –como en todo lo que hizo en ese primer período– fue la debilidad. Kirchner no tenía base social propia, pero tenía el Gobierno, la lapicera. Moyano tenía una interna muy fuerte en la CGT y necesitaba el respaldo del Gobierno. Entre los dos, además, había coincidencias en lo político y en la época del MTA ya habían transitado con cierta cercanía.

Esa fue la relación con Néstor: afinidad y alianza, pero tironeo permanente con discusiones y codazos. No fue un lecho de rosas.

En cambio ahora el kirchnerismo tiene base social propia y muy amplia. Moyano creció mucho también en estos ocho años. Logró la mayoría de sus reclamos y amplió los espacios del movimiento gremial. Pero en lo político, el dirigente camionero creció a la sombra del kirchnerismo. Lo que en un principio era una base social prestada si se quiere, rápidamente fue apropiada por el kirchnerismo. El acuerdo con tironeos por arriba gestó un matrimonio por abajo, en la base social.

Todos esos cambios reformularon también las relaciones de fuerza. En el discurso de Huracán, lo que hizo Moyano fue expresar su desacuerdo con la distribución de espacios que hizo el kirchnerismo a partir de su lectura de la nueva situación. Moyano juzga que la corriente que representa fue relegada y por lo tanto renunció a sus cargos en el Partido Justicialista. En forma muy indirecta lanzó sus dardos contra La Cámpora que, desde su propia lectura, habría recibido más de lo que le corresponde. Sus alusiones a la falta de “peronismo” en el PJ y a los “chicos bien” apuntaron a la agrupación juvenil que obtuvo los cargos en las listas que no le correspondían a la estructura más orgánica del justicialismo. Sin ser mayoría, ni mucho menos, la agrupación se quedó con algunos de los espacios que podría haber reclamado el gremialismo.

En esa distribución hubo otros sectores del kirchnerismo que podrían reclamar como Moyano. Casi todas esas corrientes participan en el kirchnerismo desde el principio del gobierno de Néstor, pero mantienen cierta autonomía. En cambio, la Presidenta no considera a La Cámpora como una agrupación cercana, sino como fuerza propia y quiso evitar en este período el derrame permanente de legisladores de su bloque por lealtades a otros dirigentes o a gobernadores. En estos ocho años, el Frente para la Victoria ha sido la fuerza que tuvo más deserciones de diputados y senadores. En la mayoría de los casos esas fracturas obedecían a alianzas muy volátiles en la interna del PJ, donde el kirchnerismo era muy débil al principio.

Esta vez, la Presidenta abrió los espacios a cada caudillo territorial, asignó algunos a sus aliados del kirchnerismo, incluyendo al moyanismo y otros movimientos sociales, y ocupó los lugares que quedaban con jóvenes de La Cámpora. Además de Moyano, ese armado hizo ruido en Córdoba y La Pampa, pero finalmente todos aceptaron el nuevo esquema.

Tras la crisis del 2001-2002 el peronismo quedó reducido a una liga de caudillos provinciales con una unión inestable. El kirchnerismo heredó esa situación que le provocó una gran sangría parlamentaria. Si bien la mayoría de los legisladores que se cambiaron de bando provenían del duhaldismo o mantenían lealtades con gobernadores que se relacionan a regañadientes con la Casa Rosada, lo cierto es que también en el seno del kirchnerismo se produjo el éxodo de por lo menos 3 diputados: los dos de Libres del Sur y Miguel Bonasso, que pasaron a votar con la oposición.

Para ser justos, la mayoría de las otras fuerzas que confluyen en el kirchnerismo, incluyendo al moyanismo, mantuvieron su voto con el Gobierno. Sin embargo, la primera secuela del discurso de Moyano esta semana fue la negativa a apoyar con su voto al proyecto de nuevo estatuto del peón rural por parte de los 3 diputados del gremialismo. Se podría pensar que si hubiera habido más diputados de ese sector habrían votado a favor porque estarían conformes. O todo lo contrario: que hubieran sido más los votos en contra.

El problema menor es cuando algún diputado vota en contra de proyectos de su propio bloque. Es algo que sucede normalmente. El problema es cuando un grupo de diputados que llegaron a sus bancas, en este caso con el oficialismo, pasan a votar en contra de todas las propuestas de la fuerza que los llevó a ese lugar.

El otro eje del discurso de Moyano fueron las obras sociales. El jefe de la CGT mencionó una deuda astronómica del Estado por el pago de tratamientos especiales. Dijo que las obras sociales están cerca de la quiebra y advirtió que en ese momento la ruptura será irreversible.

El discurso del kirchnerismo ha sido el de la construcción de un sistema de salud con tres patas: las obras sociales, la salud pública y la salud privada. A diferencia de otras, ésta es un área donde se ha hecho poco desde que Ginés García fue reemplazado primero por Graciela Ocaña y después por Juan Manzur. Sin embargo, las obras sociales no solamente crecieron acompañando la economía, sino que fueron respaldadas por una política muy clara tanto con legislación como con desembolsos periódicos del Ejecutivo.

De todos modos, es cierto que se han espaciado esos aportes para tratamientos especiales porque se convirtieron en el epicentro de las denuncias por corrupción, pero no hubo ninguna definición oficial, ni señales que hagan suponer que serán suspendidos ni que se permitirá la quiebra de ninguna obra social. Los mismos gremios deberían preocuparse por generar mecanismos transparentes para la inversión de estas grandes sumas, y salir de esa manera del centro de sospechas y denuncias.

Se ha destacado siempre la importancia del rol solidario de las obras sociales frente a las prepagas. Y la mayoría de las denuncias contra las obras sociales, amplificadas y repetidas en forma permanente por los grandes medios, ha buscado favorecer el comercio de las prepagas a través del desprestigio de sus competidoras, presentándolas como la caja de los gremios. Las denuncias forman parte de esa estrategia, por eso los gremios deberían diseñar formas de control muy severas para neutralizar los principales argumentos de esas campañas.

Algunos creyeron ver en esta parte del discurso en Huracán la verdadera razón del enojo de Moyano. Pero la única discusión real ni siquiera es si se va a pagar o no una deuda, sino por su cantidad. Mucho menos está en duda la existencia de las obras sociales, cuya importancia es reconocida en todos los discursos oficiales. Lo que está planteando en este punto Moyano es que se acabe la megacausa de los medicamentos truchos y sus secuelas, entre ellas el descongelamiento de esos aportes para prestaciones especiales.

La obra social de los camioneros también está bajo la lupa de la Justicia en causas que investigan los jueces Norberto Oyarbide y Claudio Bonadío, lo que dispara la desconfianza de Moyano para responsabilizar al Gobierno. Pero el Gobierno a su vez ha debido afrontar otras denuncias en su contra, lo que demuestra que no tiene control sobre la Justicia, que ha sido utilizada incluso por la oposición para frenar leyes aprobadas por el Congreso.

Una lectura más o menos razonable de las palabras de Moyano pueden ofrecer estas conclusiones, que se mantendrán de todos modos en el plano de la especulación hasta ver cuáles serán los próximos pasos del gremialista. Por ahora, ha recibido ofertas de alianzas de sectores tan disímiles como el líder de la fracción antikirchnerista de la CTA, Pablo Michelli, y el jefe de la antikirchnerista CGT Azul y Blanco, Luis Barrionuevo.









16/12/11

UN ELEFANTE EN UN BAZAR









Con la gracia de un elefante en un bazar, Hugo Moyano dio su paso de minué y trastrocó el escenario político. Sus bases acaban de votar por Cristina Kirchner, como él mismo lo dijo, y aun así eligió este momento, cuando todavía ese voto está caliente, quizá cuando está más fuerte la Presidenta, para meter presión. Sus bases emitieron ese voto no porque lo ordenara el jefe de la CGT, sino porque la representación política es diferente a la representación gremial. Es decir, sus bases se sienten cristinistas en lo político y moyanistas a nivel gremial. Son dos planos diferentes, la transferencia de esa representación es muy difícil, y la apuesta de contraponer esas dos lealtades puede tener un costo político muy alto para Moyano. Si eso pasa con los moyanistas, ni hablar de lo que piensa esa masa de la población que ha sido cooptada por el lugar común del antisindicalismo.

Puede ser legítimo o no su reclamo por más espacios de poder a nivel de cargos electivos, de gestión y partidarios para el sector gremial. Pero si su mayor argumento es el peronómetro, va por mal camino. “Está vaciado de peronismo”, “le falta peronismo” afirmó con relación al Partido Justicialista e insistió permanentemente en el peronismo de “Perón y de Evita” de alguna manera representado, según él, por su corriente. Resulta por lo menos sorprendente que ese mismo argumento fuera usado por analistas políticos interesados en ampliar la brecha entre Moyano y el Gobierno. Viejos enemigos de Moyano que a partir del discurso de ayer lo empezaron a ver rubio y de ojos azules.

La sociedad ha cambiado mucho, su composición es muy diferente que la de los años ’50, ’60 y ’70, y el mejor ejemplo justamente es que el gremio más importante en aquellos años era la UOM, un gremio de la producción, y ahora es el de los camioneros, que es un gremio de servicios. Moyano es un producto de esos fenómenos porque proviene del gremio de camioneros y tendría que tener más en cuenta esa metamorfosis. Cambió también la forma de articulación entre los distintos sectores y sobre todo se produjo un proceso muy grande de fragmentación en los sectores populares. Si piensa que el peronismo se pudo mantener al margen de esos procesos, como pensaba el ex presidente Eduardo Duhalde, corre el riesgo de seguir el mismo camino. El famoso peronómetro de hace cuarenta años que quiso usar Duhalde en la campaña electoral quedó anacrónico. Más allá de las disquisiciones dogmáticas y las admoniciones de unos pocos viejos dirigentes del menemismo que pasaron a retiro, a efectos de lo concreto, en este momento, para “la gente”, el “pueblo”, la “multitud” o como quieran llamar a la gran mayoría de los peronistas, el peronismo está representado muy fuertemente por Cristina Kirchner.

Cualquier munición en contra de esa percepción tan extendida es mojar la pólvora, desgastar argumentos que quizá en otro momento hubieran hecho más ruido. Sobre todo son argumentos que terminan por vincularlo con Gerónimo Venegas y Luis Barrionuevo, uno requemado por su respaldo a las patronales del campo –sus patronales– en el conflicto por la 125 y el otro incinerado por el menemismo. Moyano, desde que fundó el MTA en los ’90, estaba instalado más en otra tradición del gremialismo peronista como fueron los antiguos combativos, los “de pie”, los duros o “los 25”.

La proyección hacia el futuro del discurso de Moyano es difícil de medir, porque tampoco se ve con claridad cómo serán sus próximos pasos. En este momento la relación con el Gobierno quedó en un punto de poca estabilidad. La inercia de los hechos lo obligará a decidir si vuelve a posiciones de respaldo o se aleja aún más y sobrepasa el punto sin retorno, es decir, se pasa a la oposición. Es un cuadro difícil tanto para el Gobierno como para Moyano.