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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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3/4/09

¿Israel al banquillo?




por José Steinsleger


Luego de la reciente invasión a la franja de Gaza, sería aventurado pronosticar qué se trae entre manos el nuevo gobierno de Israel. ¿Otra orgía de destrucción y asesinatos a granel de palestinos? Lo cierto es que nada indica que la "comunidad internacional" (o sea Washington y la Unión Europea) deje de ver a Palestina como el conejillo de Indias de la industria bélica mundial.

Con base en una torcida lectura del Holocausto, el Estado sionista es el único del mapaundi cuyo sistema se nutre de una sofisticada doctrina de odio y terrorismo. Así es que cuando sus gobernantes dicen "nunca más" se refieren únicamente a los judíos. Y que los demás pueblos cuiden de sí mismos.

Sin embargo, las adoloridas y más lúcidas voces del judaísmo no parecen dispuestas a consentir que el nuevo premier Benjamin Netanyahu siga la línea de Ehud Olmert, su antecesor en el cargo: "No hay equivalencia moral entre ellos y los ataques palestinos contra Israel. Lo inmoral es atacar a Israel" (agencias, 22/6/06).

Desconcertante democracia israelí, "la única de Medio Oriente" (sic). Democracia que otorgó luz verde a una camarilla de políticos y criminales de guerra intoxicados, envilecidos y totalmente insensibles a los argumentos humanitarios y a los tribunales de justicia supranacional.

Con todo, algunas luces al final del túnel. El camino para juzgar al Estado sionista por crímenes de guerra empieza a tornarse posible. Y esto es lo único que teme Tel Aviv: el aluvión de denuncias que circulan por el mundo y en los acotados espacios de dignidad del país, que podrían derivar en una acción del pusilánime Consejo de Seguridad de la ONU, desbaratando una política de hechos consumados, medidas unilaterales y propaganda islamofóbica.

El 12 de febrero pasado, por primera vez, 14 fiscales internacionales de 11 países (nueve de América Latina, uno de África y otro de Asia) se dieron cita en Sevilla con el fin de cotejar cientos de denuncias. Emitieron sentencia: Israel, culpable de crímenes de lesa humanidad y genocidio contra la infancia palestina en la franja de Gaza.

Asimismo, un juez español abrió una investigación judicial contra siete funcionarios, políticos y militares israelíes, sospechosos de arrojar una bomba de una tonelada sobre la casa del líder de Hamas, Salah Shehade, en la que murieron 14 personas, la mayoría niños. Crimen que el ministro de Defensa Dan Haluz calificó de "golpe en el ala".

Por su lado, 450 asociaciones francesas y palestinas presentaron en la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya una denuncia contra Israel por crímenes de guerra y contra la humanidad. Gilles Devers, experto en justicia internacional y conocido abogado de Lyon, redactó el documento apoyado por el importante periódico L’Humanité. La denuncia exige que no haya dos varas para medir. Y que de una vez las leyes internacionales se le apliquen a Israel.

Inusitadamente, la CPI resolvió abrir una pesquisa preliminar, luego de que Ali Kashan, ministro de Justicia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP, que gobierna en Cisjordania), reconoció su autoridad sobre los territorios ocupados.

Como es sabido, las denuncias ante la CPI pueden venir del Estado donde ocurrió el ataque. No sería, en principio, el caso de Palestina, Estado no reconocido todavía. Sin embargo, las autoridades palestinas sostienen que con la retirada militar de los territorios en 2005, el propio gobierno sionista habría configurado la existencia del Estado palestino.

Aun cuando no haya ratificado el estatuto de la CPI (que lo firmó en Roma en diciembre de 2000), las mañas leguleyas de Israel gozan de escasa credibilidad. Recordemos, entre innumerables acciones clandestinas, el secuestro del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann (Argentina, 1960), y el ataque a la central nuclear de Osirak (Irak, 1981).

Los fiscales de Sevilla codificaron su sentencia basados en la Convención de Ginebra (1948 y, por tanto, del Tribunal de Nüremberg), y un protocolo adicional (1950), pensado para regular el derecho internacional humanitario, la protección de los prisioneros de guerra y la población civil afectada por conflictos armados.

Si bien reconoce el criterio "de proporcionalidad" (el uso de la fuerza es adecuado en su magnitud a la amenaza a la que responde, y si el daño a civiles de un ataque supera en gran medida el objetivo militar), Israel no suscribió los protocolos adicionales.

Durante la invasión a Gaza, la Corte Suprema de Justicia sostuvo que Tel Aviv habría "respetado escrupulosamente" la mentada "proporcionalidad". Falacia desmentida por el propio Olmert, cuando amenazó con una respuesta militar "de naturaleza ruda y desproporcionada" frente al asedio de los cohetes artesanales de Hamas.

Sentar a Israel en el banquillo de los acusados equivaldría a juzgar a Estados Unidos y la Unión Europea. Por ahora, importan las palabras del fiscal Sergio Tapia en Sevilla: "Si no podemos combatir los crímenes contra la humanidad, al menos denunciémoslos para que no se cometan en silencio".



26/2/09

Terrorismo financiero y crimen organizado


(15/10/08)

Las crisis del capitalismo no brotan de la nada. Desde la primera gran crisis, cuando el bulbo de tulipán holandés saltó de 200 florines a seis mil por unidad (1634), quedó claro que el saqueo planificado es la “función social” del capitalismo. De ahí, su odio al pensamiento crítico que lo impugna. Las crisis son el gran negocio del gran capital. Sin crisis no hay capitalismo.

“Mano invisible del mercado”. Adam Smith, padrino de la economía clásica liberal, jamás usó esta expresión. La inventaron los economistas de Chicago. Por esto, la crisis actual devino en autoprofecía cumplida y tramada en la pitagórica Wall Street, reciclado oráculo de Delfos donde “todo es número”. Y la nube de pedos de la “filosofía posmoderna” contribuyó a este desastre.

Derivada de la voz krino (juzgar, distinguir), los antiguos griegos empleaban la palabra “crisis” para indicar “combate”, “lucha”, “esfuerzo”. La palabra “crítica” viene de “crisis”, y equivale a “cambio” o “mudanza”. Por extensión, “… situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese”. O bien: “… momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes”.

“Crisis” es sinónimo de “carestía y escasez”. Y en la clínica médica denota “neurosis”. Neurosis: “conjunto de enfermedades cuyos síntomas indican un trastorno del sistema nervioso, sin que el examen anatómico descubra lesiones en dicho sistema”.

A eso iba. ¿No que podíamos dormir tranquilos porque el peso estaba “sano y fuerte”? Pero hace un mes, cuando el dólar se cotizó por debajo de los diez pesos, me dije: ¡hay que comprar! Comparemos esta especulación casera, con la “sabiduría” de los gánsters de Lehman Brothers, que habrían retirado 400 mil millones de dólares en activos para enviarlos a bancos de Israel, antes de que su matriz de Nueva York se declarara en quiebra (Bajo la Lupa, La Jornada, 12/10/08).

¿Quiénes recogieron con pala dólares a 10 pesos para revenderlos a 14 y más? Alguien les avisó. ¿El gordo o el flaco que conducen la economía “nacional”? Que un grupo de empresas “desataron la especulación para agenciarse utilidades”. ¡Avaricia! ¡Insensibilidad! ¡Codicia! ¡Especulación! ¡Ausencia de ética y moral! Los gatos del sistema se indignan. ¿Qué esperaban?

“Cien millones de pobres más”, según Robert Zoellick. El presidente del Banco Mundial observó que la crisis fue causada… por “el hombre”. Bueno. Con un millón más que se dediquen al narcotráfico, las acciones de las empresas de “seguridad” subirán como levadura. Y los palafreneros de la OEA, Naciones Unidas y jefes de “seguridad” de América Latina, han tenido la osadía de manifestar que el “crimen organizado mata más que la pobreza y el sida”. Hijos de puta.

Quizá tenga razón Sarah Palin, primera flautista de Alaska: Bin Laden es el culpable del desmadre financiero. Sin embargo, es posible que el crimen organizado haya convenido en advertir a los ilusos seguidores de Obama, quién manda en el global market. ¿O creían que la banda del innombrable y Dick Cheney se retiraría así nomás, sin dejar un recuerdo más brutal que la misteriosa caída de las Torres Gemelas?

Ninguna de estas observaciones interesan a quienes exigen la devolución de su dinero en contante y sonante. Es comprensible. Pero ellos aceptaron las reglas del crimen organizado: compraron papeles a ropavejeros expertos en las artes del timo financiero y formados en centros de “excelencia académica” donde aprendieron que “el dinero produce dinero”.

Mi abuelo materno levantó durante 40 años una fábrica de bolsas de arpillera. Cuando sus hijos propusieron venderla, les dijo: “no entiendo la economía moderna… ¿no es el trabajo lo que produce el dinero?” El abuelo murió, los hijos vendieron, pusieron el dinero “a trabajar” y acabaron en la miseria. La hiperinflación programada los devoró.

En cambio, los trabajadores a destajo y los asalariados no pueden elegir. Por ley, el crimen organizado arroja sus fondos de retiro al casino del crimen organizado, eufemísticamente llamado “mercado”. ¿Desaparece el dinero con las crisis? No, no desaparece. El dinero se lo chupa la plutocracia que vive en el vértice más estrecho de la pirámide social, librando batallas antropófagas.

No obstante, el capitalismo siempre encuentra una salida. ¿Qué tal un ataque nuclear de la “comunidad internacional” en algún “oscuro lugar del mundo” (Bush dixit) para “estabilizar” el imperio? Hitler decidió ir a la guerra cuando el kilo de pan costaba una carretilla llena de marcos devaluados, y Roosevelt cuando fracasó el New Deal. Sólo se salvó la ex Unión Soviética y no viene a cuento recordar a qué costo humano, económico, ideológico y político.

Cuidado con creer que los yanquis, negociantes tenaces, serán buenos perdedores en las movedizas arenas del capitalismo globalizado. Así es que lo peor está por venir, y lo mejor en el porvenir. Pero hay que ponerse las pilas: 1) apagar el televisor; 2) separar la paja del trigo; 3) ponerle punto final al terrorismo financiero, única y auténtica causa del crimen organizado.

la jornada - mexico