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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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20/10/19

EL DISCURSO DE LA DERECHA





La ofensiva que lanzó el propio Mauricio Macri desde su estrado en el “debate” presidencial del domingo pasado no fue espontánea, ni menos aún vinculada a la disputa electoral coyuntural.

La partitura fue escrita hace rato, pero ha sido necesario remozarla debido al cambio dramático que introdujo Cristina Fernández cuando anunció el lanzamiento de la candidatura presidencial de Alberto Fernández.

La partitura sostiene que el kirchnerismo es autoritario, antirrepublicano, peligroso para la libertad y la propiedad y filo-chavista. Y chorro, para la gente menos ideologizada...

28/1/15

JUDÍOS EN ARGENTINA Y EXTREMA DERECHA







"Argentina’s Jews are serving the far right’s silent revolution"

I ask myself how these wise and good-hearted people could have fallen into a trap and wound up on the same side as the country’s fascists.

http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.639110


TRADUCCIÓN: 

"Judios de la Argentina están sirviendo a la revolución silenciosa de la extrema derecha".

Me pregunto cómo estas personas sabias y de buen corazón podrían haber caído en una trampa y terminan en el mismo lado que los fascistas del país...





nota completa traducida de Meir Margalit :

«Una vez más se demostró que en la Argentina la verdad es más extraña que la ficción. Lo que parecía una teoría conspirativa tomó forma real; quién sabe qué está tramando el monstruo. Vuelven fuerzas oscuras del pasado, deseosas de cobrar venganza de la familia Kirchner porque el fallecido presidente Néstor Kirchner, esposo de su sucesora Cristina Fernández de Kirchner, los llevó a juicio por crímenes contra la humanidad.

»Hace cerca de una semana escribí en la edición en hebreo de Haaretz que el asesinato del fiscal Alberto Nisman olía a una oportuna conspiración de derecha, apañada con ex agentes policiales y militares, para tumbar al Gobierno y destruir la democracia argentina, todavía endeble después de 30 años.

»En efecto, mientras se va filtrando la información se fortalece la conclusión de que la Argentina atraviesa un intento de “revolución”. Es ésta una revolución elegante, sofisticada y refinada. No se lleva adelante con tanques o ataques a la Casa Rosada, la Casa Blanca de la Argentina, sino fomentando el tipo de caos social y económico que tumbó al presidente chileno Salvador Allende en 1973, método que Naomi Klein describió tan bien en su libro La doctrina shock.

»Y aquí, entre toda la conmoción, humo y desinformación, asoma la conexión judía –principalmente porque el asunto gira en torno del ataque terrorista de 1994 contra el centro comunitario judío AMIA de Buenos Aires– y las 85 víctimas enterradas debajo. En segundo lugar, el periodista Damián Pachter, que dio la primicia de la muerte de Nisman recibió amenazas de muerte y se fue a Israel, dejando tras de sí una serie de especulaciones sobre sus razones.

»Peor aún es el papel que sin querer está jugando en este lamentable asunto la comunidad judía, mientras protesta contra el acuerdo que firmó la Argentina con Irán en lo que considera un intento de absolver a Teherán de su responsabilidad por el ataque terrorista. 

»El acuerdo es sin dudas controvertido y problemático, pero no se compara con los acuerdos de venta de armas de Israel a la Argentina durante la dictadura que comenzó en 1976. En los años ’70, el número de judíos asesinados por la Junta con armas israelíes fue varias veces superior al número de judíos asesinados más tarde por los secuaces de Teherán en Buenos Aires.

»Y la comunidad no nota que la ultraderecha se está montando en la protesta legítima para construir los fundamentos de la revolución desde su crítica. No sólo esta intentona no sirve a los judíos, sino que no hay que ser historiador para saber que tarde o temprano apuntará contra ellos.

»Nisman, asesinado hace una semana, es un ejemplo del drama judío en la Argentina. Estaba infectado por la obsesión con Irán que infectó a toda la comunidad. Estaba alimentado por materiales que le proporcionaba Israel (según medios locales) y fue usado por la derecha para impulsar una revolución que probablemente nunca quiso. Al final, pagó con su vida.

»Esta es la historia de los judíos argentinos en pequeña escala. Me pregunto cómo esta gente inteligente y de buen corazón pudo haber caído en una trampa para terminar del mismo lado que los fascistas de la Argentina.

»Si no fuera suficiente, está la conexión israelí. Israel se ha convertido en un actor del drama argentino, y no trabaja para la empresa de producción adecuada. Los argentinos creen que le dio información de Inteligencia a Nisman, y ahora el periodista que dio la primicia encontró refugio allí.

»Israel probablemente no esté directamente involucrado en el asunto, pero los argentinos lo ven como un jugador extremadamente poderoso que complica las cosas fundamentalmente por dos razones: por un lado, porque es una oportunidad de pegarle a Irán; por otro lado, porque Israel tiene cuentas pendientes con los gobiernos latinoamericanos de “izquierda” que abrazaron a los palestinos y votaron contra Israel en la ONU.

»Aun si la teoría es exagerada, las dos razones parecen lógicas. En lo que concierne a Israel, la derecha argentina es más sionista que el actual gobierno, y ésa es razón suficiente para acelerar un cambio de régimen.

»Y así los judíos argentinos, cuyo dolor es real, se convirtieron en peones en manos de intereses extranjeros que no tienen nada que ver con ellos. Peor aún, son funcionales a un proceso histórico orquestado por fuerzas a las que no sólo no les interesan los judíos, sino que ajustarán cuentas con ellos a la primera de cambio.

»Irónicamente, pareciera que los judíos argentinos que la semana pasada salieron a la calle con carteles que decían “Somos Nisman” sabían de qué estaban hablando».



Meir Margalit es Coordinador de la oficina de América latina en el Foro de Organizaciones de Paz. Encabeza el Centro para el Progreso de Iniciativas de Paz. Nota publicada ayer en el diario israelí Haaretz, donde también había salido la columna de Damián Pachter.




5/3/14

HAY UN PLAN DEL PENTÁGONO PARA DERROCAR AL GOBIERNO VENEZOLANO







Armand Mattelart: Hay un plan del Pentágono para derrocar al gobierno de Venezuela

Según el sociólogo belga Armand Mattelart, experto en comunicación, los medios actuales trabajan “para justificar aquello que denuncian ciertos sectores reaccionarios. No es que manipulen, sino que sirven de respaldo para estos discursos emergentes de la extrema derecha. Esto es lo que me da más miedo; que no aparecen discursos enfrentados sobre la concepción de la vida, de la diversidad, de la inclusión…”

Unas declaraciones realizadas en Madrid durante la presentación del libro Por una mirada-mundo. Un recorrido por la trayectoria de uno de los grandes teóricos de la comunicación y la cultura (Editorial Gedisa). Una obra que recoge la conversación que durante alrededor de cuatro años (aunque no de manera ininterrumpida) mantuvieron Mattelart y el investigador canadiense Michel Sénécal.

A lo largo de todo el libro, el lector recorrerá todos aquellos momentos de la vida de Mattelart que fueron especialmente determinantes para configurar tanto su pensamiento crítico como las obras sobre demografía, geopolítica y comunicación que el sociólogo ha escrito a lo largo de 50 años. Así, Sénécal y Mattelart repasan las raíces de su conciencia política, el estado de las relaciones de fuerza a nivel internacional y los movimientos de ideas en acción, así como la propia evolución teórica en los estudios diferentes sobre la cultura y la comunicación.

-Desde la II Guerra Mundial han cambiado las estrategias de guerra, colonización o invasión. ¿Ha cambiado también la forma en la que los medios de comunicación abordan este tipo de sucesos?

-La guerra determinante en la historia del manejo de los medios de comunicación fue la I Guerra Mundial, que fue una guerra de propaganda en la que apareció por primera vez una oficina de censura y de orientación de la información, especialmente Inglaterra, Francia y EEUU. Precisamente aquí nació toda la teoría civil de las relaciones públicas, ya que fue el Gobierno estadounidense quien aconsejó sobre la estrategia que tenían que seguir los medios para convencer a la población de que su país debía participar en el conflicto. El primer libro sobre la teoría moderna de la opinión lo escribió Lasswell y se publicó en 1927, aunque antes se habían escrito otros sobre las RRPP que se basaron en lo ocurrido durante esta guerra. Este es un elemento fundamental porque las estrategias que aprendieron del comportamiento de los medios en una guerra para movilizar a las masas o, más específicamente, para lavar los cerebros, los usaron después con la sociedad civil. Después, progresivamente, los medios han ido evolucionando, en situaciones tanto de guerra como de paz, hasta llegar al punto más representativo que fue el comportamiento de los medios en el atentado de las dos torres fue fundamental.

-¿Y cuál es el resultado de esa evolución?

-Que se ha extendido la parte de excepción en el Estado de derecho. Cada vez son más habituales las situaciones de excepción que hace un Gobierno sobre el Estado de Derecho. Si nos fijamos en EEUU, en la guerra contra el terrorismo, su comportamiento se basa en un conjunto de excepciones: respecto a la libertad de expresión, a la libertad de prensa y, finalmente, a la libertad de movimiento de los ciudadanos, todo ello justificado por la mayor parte de los medios.

-Incluso la vulneración del derecho a la privacidad.

-Esto ha sido el resultado del desarrollo de las tecnologías, que ha traído consigo una nueva doctrina basada en el fin del derecho a la intimidad, a la vida privada. Es la llamada “doctrina de Facebook”. De los dueños de Facebook, más bien. Basta con leer las publicaciones que han salido al respecto. Para ellos no hay duda de que vamos hacia sociedades donde el derecho a la privacidad es una utopía. Y es aquí donde se desarrollan estas nuevas estrategias de comunicación de los Estados y de los actores del mercado.

-En este último libro, usted dice que fue volviéndose más laicista a medida que iba adquiriendo mayor conciencia social. ¿Esta conciencia la obtuvo gracias a sus propias experiencias vivenciales o una formación teórica?

-Gracias a mi trayectoria. Fue todo lo que viví durante los tres años que estuve en contacto con la Unidad Popular, en Chile, donde mis compañeros y yo vimos, claramente, la importancia de los medios para construir a la oposición. El Mercurio (periódico chileno) fue el verdadero constructor del intelectual colectivo opositor. Cuando Allende fue elegido presidente, la portada de este diario se vanaglorió de ser el Times de América Latina. El día antes del golpe de Estado de Pinochet, esta portada no era más que un cartel, un afiche, con fotografías, y apenas sin texto.
El segundo factor de influencia de este diario es que los opositores de Allende no sabían qué hacer, estaban desorientados. Pero a medida que la oposición fue ganando terreno, los editoriales de este periódico consistían en apuntar contra diferentes colectivos: un día los médicos, otro las enfermeras, los ingenieros, los trabajadores del cobre… Hasta que se formó un frente, desde dentro de cada profesión, para oponerse a Allende. Los editoriales tuvieron un verdadero efecto llamada hacia la movilización contra Allende. Lo que hay que reconocerle a la Unidad Popular y al propio Allende es que siempre respetaron la libertad de prensa y de expresión, tal y como se expresa en la Constitución, bajo el control de la clase dominante. Y esta libertad de expresión se convirtió para los opositores en una libertad de sedición. Para mí esta experiencia fue básica para poder entender a los medios de comunicación como organizadores colectivos en tiempos de crisis y de paz, aunque en la paz se note menos.

-En la época de las dictaduras latinoamericanas de los años 60 y 70, se valieron de asesinatos, torturas, desapariciones y una represión feroz para imponer el capitalismo como sistema económico. ¿Hoy también podemos hablar del neoliberalismo como de un sistema genocida o es ir demasiado lejos?

-Efectivamente, hay una línea de continuidad, aunque como cuentan con otras tecnologías, se da un fenómeno en el que a la vez hay continuidad y ruptura. Por eso han redefinido su doctrina militar a partir de lo que llaman el soft power, el poder blando. Las prácticas de tortura, por ejemplo, son igual de drásticas que antes. Aquí está la contradicción de Europa, que deja sobrevolar aviones con presuntos terroristas para que sean torturados en países donde sí es legal, lo que recuerda una historia que no queda tan lejos, como es la de los vuelos de la muerte en Chile, Argentina… En toda Latinoamérica. En ese sentido, creo que no han cambiado, sino que continúan con sus prácticas represivas sin apenas ninguna protesta social. Esto es lo que trato de demostrar en un libro que publiqué en 2009 llamado El Mundo Vigilado, donde parto de la Guerra Fría hasta llegar a las estrategias de Bush, para acabar comprobando cómo las prácticas de hoy son hijas de las de ayer. Los gobiernos siguen sin preocuparse por los Derechos Humanos más que en su discurso. Es más, hoy en día se tortura en nombre de la democracia.

-En el libro también cuenta que en el movimiento obrero del Chile de los años 70 faltaba una cierta reflexión sobre qué hacer con los medios de comunicación populares o cómo crearlos al margen de la teoría de la comunicación. ¿A qué se debía ese vacío?

-Creo que la herencia de la izquierda mundial en aquella época fue que los obreros pensaron que con la nacionalización de los medios se arreglaba todo además de esa marca de la teoría de la agitación y de la propaganda. Y esto, en realidad, no resultaba en Chile, donde ya estábamos viviendo en una democracia de masas y teníamos la cultura de masas que nos merecíamos. Michelle, mi compañera, junto con otra compañera argentina, investigaron sobre cómo recibía la gente lo que emitía la televisión. Y concluyeron que cuando echaban una telenovela, como Simplemente María, o una serie como Misión Imposible, la gente se debatía entre quedarse a ver la televisión o asistir a la reunión del sindicato o del barrio. Es un ejemplo muy sencillo para entender que la cultura de masas no estaba a nuestro favor. De ahí el libro del Pato (Para leer al Pato Donald, 1972). El Pato no puede entenderse sin este contexto.

-Respecto a ese libro, Para leer al Pato Donald, una de las críticas que les hicieron a Dorfman, su coautor, y a usted fue que no analizaron cómo recibía la gente estos mensajes, sino que se centraron en el emisor.

-Es que no nos interesaba la parte del receptor. Queríamos investigar al emisor, especialmente en Chile, donde se usaban los cómics para alienar a la población. Por ejemplo, hablaban de un dictador, sin decir cómo o quién era. Si hacemos una lectura desde el punto de vista de la oposición, el dictador solo podía ser una persona: Allende.

-Dado que la gran mayoría de los medios de comunicación abordan la realidad desde el punto de vista del que manda, qué hace usted para informarse?

-Vuelvo a lo que le he dicho antes, mi matriz de pensamiento crítico frente a este mundo de la tecnología me viene de una experiencia histórica, lo que me ha hecho ser escéptico frente a lo que me cuentan. El problema es saber defenderse individual y colectivamente. Colectivamente comienza a haber alianzas, aunque de manera progresiva. Individualmente yo en Francia, por ejemplo, sólo veo una cadena de televisión: el canal Arte. El problema es que los canales interesantes son los llamados culturales que también tienen un aspecto elitista, aunque en realidad es falso que el pueblo no puede escuchar o entender lo que se llama la gran cultura. A veces, cuando miro la evolución de las orquestas en Venezuela de música clásica y cómo los sectores populares se han podido apropiar de este tipo de música, me emociono. Me emociona muchísimo ver que estas orquestas intergeneracionales de Venezuela se retransmiten en una cadena francesa, porque contradice a aquellos que dicen que la música clásica es únicamente para la vieja historia occidental.

-Ahora que ha nombrado Venezuela, ¿cree que los opositores al chavismo están orquestando un golpe de Estado?

-Fuera de todo juicio, y sin caer en teorías de complot, creo que hay un plan del Pentágono y del Departamento de Estado de EEUU para derrocar y terminar con el régimen chavista, aunque la situación no sea comparable con lo que hizo Pinochet en Chile. Fuera de todo juicio subjetivo, ¿eh? A Estados Unidos le molesta que gobierne el chavismo en Venezuela desde un punto de vista geopolítico. Pasa igual con otros países. Creo que es una nueva guerra en contra de lo que ellos llaman el retorno de la subversión contra EEUU. Es evidente que han repensado esto e, incluso, cada vez tienen más estrategias de uso de las nuevas tecnologías para participar activamente. Cuando Hillary Clinton era jefa del Departamento de Estado ya dijo que EEUU iba a prestar su ayuda a la oposición, no solo en China sino en cualquier lugar donde las medidas políticas no correspondan con su esquema geopolítico. Lo que ocurre es que todos los grandes medios occidentales se han puesto de acuerdo para condenar al Gobierno de Venezuela pero no al estadounidense. No quieren contar que Estados Unidos está acorralando a los diferentes gobiernos que, por diferentes motivos, no les gustan.
















9/1/14

CANÍBALES






En estos tiempos de celebración de fechas democráticas, y hace pocas semanas los argentinos cumplimos 30 años ininterrumpidos bajo ese sistema, se hace necesario no sólo discutir y debatir el rol de los gobiernos, sino también el de las oposiciones.

El otro día, revisando archivos televisivos, encontré la célebre entrevista que Sergio Villarruel, Roberto Maidana y Héctor Timerman le hicieron a principios de septiembre de 1973 al todavía candidato a presidente Juan Domingo Perón. En ese reportaje, el viejo líder, devenido en "león hervíboro" definió a la sociedad argentina como "muy politizada pero con muy poca cultura política" e insistió en la necesidad de armar un consejo de gobierno integrado por oficialistas y opositores que sirva de elemento de consenso entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Se sabe que la idea de Perón provenía más de la tradición corporativista, con influencia de las Cortes europeas, y relegaba al Parlamento a poco más que redactores de leyes, por lo tanto no es útil retomar esa línea argumentativa. Pero me parece importante detenerme en dos cuestiones básicas: la "cultura política" y el rol de las oposiciones.

Entiendo por "cultura política" las formas de relación entre los distintos actores políticos respecto al sistema democrático –gobierno, oposición, grupos de presión, medios de comunicación– y la forma de involucramiento del individuo ante la cosa pública. Y sostengo que en la Argentina de los últimos 30 años se ha llegado a lo puede denominarse un "acuerdo entre caníbales". Es decir, ante el brutal colofón –la dictadura militar– de la etapa que denomino la "Democracia Imposible" (1916-1983), los principales actores políticos, lejos de llegar a un pacto de premisas mínimas, interpusieron el espanto ante lo pasado. En los momentos de cordialidad, cada uno de los actores jugó su rol con delicada hipocresía; en los momentos de crisis, comenzaron los tarascones.

Pensemos, por ejemplo, en los finales de ciclo como el de Raúl Alfonsín o la crisis del 2001. Recordemos la brutalidad de la oposición justicialista entre 1988 y 1989, y la voracidad de los grupos de presión como la SRA, la UIA y los principales medios de comunicación, que hicieron todo lo posible para marcar la cancha a la política. Y de hecho lo lograron entre 1991 y el 2001. La crisis de principio de siglo también mostró la facilidad con que la sociedad argentina se canibaliza produciendo muertos, heridos, desplazados, crisis política. Algunos de esos chispazos volvieron a encenderse en diciembre último, claro.

Claro que no se trata de la lógica de la sociedad de consenso, lo que estoy planteando. La política es conflicto, claro. De intereses económicos, de influencias y voluntades y de armazones simbólicos. Lo que cambia, respecto de la "cultura política", es el compromiso de no romper el juego democrático, por ejemplo.

 La lógica amigo–enemigo, por ejemplo, es perjudicial para la construcción de una "cultura política" sólida. Primero, porque no reconoce al Otro como un par; segundo, porque cierra cualquier tipo de disenso hacia el interior de cada uno de los bloques; tercero, porque no permite el pensamiento en diagonal, es decir, no permite articular elementos de uno y otro sector. Es comprensible en momentos de grandes transformaciones, pero termina siendo contraproducente si se mantiene a lo largo del tiempo.

¿Por qué? Porque cristaliza a la sociedad en dos posiciones irreconciliables, que tarde o temprano llegan al conflicto. En el "mientras tanto", se producen enfrentamientos de baja intensidad, prejuicios cruzados, incomprensiones y, sobre todo, la lógica centrífuga impide seducir a los sectores moderados en la escala política. Y se construye un andamiaje discursivo de la justificación total por un lado y del ataque total, por el otro. Así, ni el oficialismo permite a los suyos ver los propios errores ni permite a la oposición comprender que no se puede criticar todo y siempre sin caer en contradicciones flagrantes. Se borran lo parámetros: no importa qué haga la presidenta en realidad. Antes era omnipresente ahora omniausente, la cuestión es criticar, oponer, destruir. Y lo mismo puede ocurrir, en algunos casos, con los actos de gobierno. No importa si está bien o mal tal o cual acto de gobierno, hay que defender de cualquier manera.

Claro que la peor parte la lleva el oficialismo, en todos los casos. Por el desgaste que produce la gestión y porque algunas decisiones pueden generar malestar dentro de las propias filas. Dentro de lo que se conoce como "kirchnerismo amplio", por ejemplo, ya se empiezan a sentir algunas filtraciones, producidas por sectores progresistas que no se sienten interpelados por algunas políticas determinadas y se sienten más invitados a romper con el oficialismo para “salvarse” a ellos mismos que a bancar la parada frente a las tempestades que se avecinan. Para la oposición (en sentido amplio: actores políticos y grupos de presión) el negocio hoy más que nunca es la oposición destructiva.
 
El otro punto a tomar en cuenta respecto de la "cultura política" es el involucramiento de los individuos en el ámbito político. Claro que no se trata de un "compromiso militante perpetuo", ya que una sociedad así no podría reproducirse económicamente. Pero el argentino lejos está de ser un ciudadano ejemplar: cree que con "pagar los impuestos" –lo mínimo indispensable y en muchos casos evadiendo a la AFIP- ya se ganaron el carnet de Príncipe y Paladín Argentino. Capacidad de información, niveles de participación, compromiso con su realidad inmediata, cooperación solidaria también definen un hacer y un pensar en la materia. Y, sobre todo, su relación con los partidos políticos. 
 
La crisis de representación de los partidos habla del comportamiento de los políticos pero dice más todavía del individualismo outsider, es decir, de aquellos que prefieren cortarse solos para sobrevivir cargándole sus costos a los demás. Para poner un ejemplo sencillo: el argentino medio semeja a la "bruja quejosa" o el "sabelotodo" del edificio que en vez de comprometerse con el consorcio y controlar desde el Consejo de Administración, se la pasa por los pasillos acusando de corrupción y de mal manejo al tipo que intenta controlar al Administrador fraudulento. Obviamente, estos personajes siempre van a encontrar una factura abultada o una obra que falta o está mal hecha, lo que nunca van a hacer es arremangarse para solucionar el problema. Pero como pagan las expensas, creen que tienen derecho a basurear a cualquiera. Un edificio se sostiene con un par de estos personajes, pero si la mayoría actúa de esa manera, esa administración se convierte en un infierno. Con la política pasa algo similar. Si nadie se compromete y todos se limitan a pagar los impuestos y a quejarse panza arriba, no hay mejora de la cultura política posible.
 
Por último, un punto que nunca es visualizado es que el "ciudadano que paga las expensas" –escrita esta apelación con ironía– es el verdadero conflicto de intereses en el campo de la acción política. Alborotado por la "histeria coyuntural", definen siempre como adversaria a la gestión política y no a los grupos de presión que muchas veces son más culpables de su situación inmediata que el Estado. Con los cortes de luz, apuntaron al Estado antes que a las empresas; con la inflación señalaron al Estado antes que a los formadores de precios. Más allá de la responsabilidad que tengan los agentes estatales en la falta de control de ciertas empresas, los responsables directos son esos agentes privados. Pero la "cultura política" anti estatal, antisistémica, anárquica-neoliberal –que no tiene absolutamente nada que ver con el noble pensamiento del anarquismo– dirige al individuo a acusar al Estado antes que al privado. Y no es buen negocio en términos colectivos, excepto para el privado, claro. Los medios de comunicación, que son empresas privadas alimentadas por empresas privadas hacen muy bien su tarea, por supuesto.
 
Una última cosa más: los políticos, que también son en cierta medida una corporación, deberían tomar nota de que su "negocio" consiste en estar más cerca del individuo que de las empresas privadas, porque, se sabe, aunque hoy estén en la oposición, mañana, si están en el oficialismo, los grupos de presión también van a ir por ellos. Y una democracia profundizada no consiste solo en el derecho al pataleo sino fundamentalmente del acceso a la acción política de la mayor cantidad de ciudadanos y de la preeminencia de lo colectivo, a través del Estado y sus diferentes formas de representación y participación, frente a lo privado e individual. Lo contrario es este pacto con los caníbales que llevamos los argentinos desde hace más un siglo.




22/12/13

CONFLICTOS y PODER






Acontecimientos de muy diversa naturaleza y causalidad –desde extorsiones policiales llamativamente generalizadas en una importante cantidad de provincias y saqueos en zonas previamente liberadas por esas policías, hasta cortes prolongados del suministro de energía en grandes ciudades– han contribuido, en su insólita simultaneidad, a configurar un clima político visiblemente enrarecido.

Resulta complejo establecer un cuadro del conjunto de la situación. Sin embargo, sin ese cuadro no hay análisis político. Claro que construirlo no equivale a enlazar arbitrariamente los acontecimientos ni, mucho menos, recurrir a ese remedio mágico contra la complejidad de lo político que son las teorías conspirativas. Estas hipótesis, que siempre presuponen algún actor unitario y omnipotente que mueve los hilos de la conspiración universal, han fabricado poderosos anticuerpos en el mundo intelectual y periodístico; tienen una bien ganada mala fama. Ahora bien, sucede a veces que el rechazo del atajo conspirativo va aparejado con la renuncia a un análisis político de conjunto, a un intento por establecer una trama analítica de los acontecimientos.

Está de moda hoy llamar “relato” a esa trama orgánica en la que se inscriben los hechos particulares y de la cual estos hechos toman su sentido social y político. Cada uno de los actores sociales protagónicos de las situaciones particulares tiene su propio relato. El agente policial puede explicar su apoyo a la “protesta” sobre la base de reivindicaciones insatisfechas por el poder político; los diversos sectores perjudicados por el corte de luz demandan razonablemente que las autoridades involucradas asuman su responsabilidad en la solución del problema y en las compensaciones a los daños sufridos. Así, hay también planes de lucha de sectores sindicales que esgrimen reclamos justos y razonables, como lo son también las quejas de múltiples y heterogéneos conglomerados sociales que consideran que sus demandas no son satisfactoriamente atendidas.

 No se puede, sin embargo, construir una clave interpretativa sobre la base de la simple suma o el amontonamiento de relatos parciales; y no se puede, sencillamente, porque ni la sociedad ni la política pueden reducirse a esa suma de experiencias heterogéneas entre sí.

A ese método se le pierde un eslabón decisivo en la interpretación: las relaciones de poder en el plano nacional y la puja de poder que en esas relaciones se desarrolla. Esas relaciones y esas luchas por el poder pueden estar más o menos presentes en la conciencia de los actores sectoriales, pero en ningún momento dejan de influir en los acontecimientos. Para graficar un poco tanta abstracción: cómo, si no desde la perspectiva del poder, puede explicarse el apoyo de Moyano al Gobierno hace dos años y su actual beligerancia extrema; ¿es la orientación del Gobierno en materia distributiva o la posición de Moyano en la lucha de poder lo que se ha modificado drásticamente?

Si la escena política se ha enrarecido no es, entonces, por la mera suma de episodios particulares de innegable impacto social. Lo que le da a la escena el nivel actual de dramatismo es la existencia de un problema principal, el del poder político en el país. Por si hace falta aclararlo más aún: no se habla acá de una intención unánime y deliberadamente desestabilizadora de los protagonistas de cada escena parcial; cada una de ellas tiene razones y tiene causas. De lo que se trata es de la capacidad que tiene la lucha por el poder de capturar las racionalidades particulares y absorberlas en una lógica común, en una lógica, justamente, de poder. Cuando de lo que se trata es de la lucha por el poder, poco importa si en tal o cual conflicto tenemos que situarnos en la defensa de lo que, mirado desde la particularidad, no quisiéramos defender. Miremos si no, a Carlos Pagni en su columna del diario La Nación agitando el abandono por parte del Gobierno de su política de memoria, verdad y justicia, supuestamente consumado con la aprobación parlamentaria del ascenso del general Milani. La preocupación del comentarista no armoniza con su posición durante estos últimos años ni con la insistente e indignada prédica del medio en el que trabaja contra la política del Gobierno en la materia.

La derecha hizo su diagnóstico a la salida de las elecciones legislativas. Dijo que el futuro era, o bien una “transición” ordenada (y obviamente acordada con los poderes fácticos) o el caos. De ahí en más no hace falta teoría conspirativa alguna para explicar las crecientes tensiones políticas: se va a actuar sistemáticamente, más aún de lo que se viene haciendo en los últimos cinco años, para convertir cada conflicto local en una chispa válida para el gran incendio. Claro que cada una de esas chispas –las policías autocontroladas y a la vez desmadradas, la falta de inversión de las empresas concesionarias de los servicios, la subsistencia de fuertes bolsones de pobreza y marginación– son preguntas sobre nuestra situación política y social que no admiten respuestas autocomplacientes. El país está en un punto de su historia que no es el del prólogo al gigantesco derrumbe de fines de 2001 ni es el de la superación plena del orden que produjo aquel colapso y la consolidación definitiva de un rumbo diferente de desarrollo. Más aún: muchas de las políticas concebidas como reparación de los males sociales más agudos y urgentes generaron nuevos problemas y nuevas contradicciones, aunque ese noble origen de los problemas no exima de la obligación de asumirlos y superarlos. Un país que pasó por las circunstancias terribles, y no del todo superadas, de una crisis orgánica que amenazó hasta su viabilidad como comunidad política, no puede no estar atravesado por estos polvorines sociales.

 En este país se desmanteló la industria, se condenó a millones al desempleo y a la marginación, se entregó el patrimonio nacional casi totalmente, se destruyeron los ferrocarriles, se regaló la aerolínea de bandera. Y, ante todo, especialmente a partir de la última dictadura, se debilitaron extraordinariamente la cultura de la ley, el respeto de lo público y la idea de justicia.

El déficit estatal argentino viene de mucho más lejos y no puede explicarse sin referencia a la sistemática usurpación del poder legal por parte de fuerzas armadas comprometidas con las clases dominantes, durante gran parte del siglo pasado. Conocimos el atropello brutal contra todo derecho humano en los tiempos de la última dictadura y la reestructuración neoliberal de nuestra sociedad en los años noventa: Estado terrorista y privatización neoliberal como portadores de la misma sustancia antiestatal y antipolítica.

Alrededor del Estado, de su capacidad para regular al mercado, de su efectivo poder de decisión, de su capacidad para proveer orden en un contexto de respeto por los derechos individuales y sociales y con un sentido de justicia social, gira el conflicto político central en Argentina.

Más que nunca la consolidación del Estado soberano se juega en el terreno del consenso social y la arena de disputa es la cultura política de los argentinos.

Claramente la idea articuladora de los conflictos que sostiene la derecha no es de índole “positiva”, es decir, no es una plataforma política desde la cual se proponga una nueva forma de convivencia social entre los argentinos. Los conflictos se articulan en su “negatividad”; su fuerza, en las versiones más duras y audaces, es la de converger en un dispositivo que pueda generar una situación de absoluta ingobernabilidad. La gobernabilidad es la calle, según lo acaba de precisar cierto economista que trabaja para el establishment de los buitres. La calle es el punto más sensible de éste y de cualquier otro gobierno: ahí es donde se juega la capacidad de ejercer el orden con el mínimo posible de violencia legal. En la calle están los cuerpos y está siempre latente la violencia. Por eso puede hablarse de estos acontecimientos como inscriptos en una estrategia de lucha por el poder. No porque cada hecho lo sea desde la perspectiva de sus actores, sino porque convenientemente amplificados e inscriptos en una descripción de lo que ocurre, los acontecimientos transforman su sentido, dejan de ser lo que son como conflictos particulares para convertirse en escenas de lucha por el poder.  

Los hechos no son los hechos: son la inflación, la inseguridad, la corrupción, la ineficacia gubernamental, todos ellos conceptos que no pueden ser discutidos ni problematizados, son presentados por la maquinaria mediática dominante como un dato del más elemental sentido común. Son el “relato” habilitante de la provocación desestabilizadora.

Los cambios en el gabinete y en algunos formatos institucionales (claramente, el lugar de la Jefatura de Gabinete) son también parte de esta lucha, una adecuación de formas y de tiempos por parte del Gobierno que parte de dos hechos fuertes: el retroceso electoral de octubre y la imposibilidad de la re-reelección de la Presidenta. Se nota un doble esfuerzo: el de mejorar la gestión estatal de las políticas públicas que se impulsan y el de jerarquizar la comunicación y el debate público. La preservación de la figura presidencial frente a ciertas circunstancias conflictivas y el intento de ganar la iniciativa en la construcción de la agenda pública diaria se insinúan como logros de estos cambios. La formulación de la idea de la unidad entre los argentinos que queremos vivir en democracia, hecha por Cristina en su mensaje público del último 10 de diciembre, es una idea fuerza muy importante. Supone distinguir claramente entre quienes quieren ganarle al Gobierno la próxima elección y quienes quieren impedir, por los medios que sean necesarios, que este gobierno llegue a la próxima elección.

Un debate más abierto y más rico puede contribuir a esa diferenciación y hacer más difícil la alianza de hecho entre sectores que defienden (o dicen defender) proyectos de país inconciliables entre sí. Lejos de suponer un debilitamiento, una mayor apertura en la discusión pública es una de las claves para la continuidad de la experiencia política argentina nacida hace diez años.





11/12/13

30 AÑOS







30 años de libertad

Tres décadas son apenas un suspiro en la historia de una sociedad. Sin embargo, se trata de un período inédito de vigencia ininterrumpida de la democracia en la Argentina.


Tal ha sido la dificultad para construir ciudadanía que enfrentamos los argentinos en estos 200 años de vida institucional.

Nos trajo hasta aquí un recorrido sinuoso, plagado de tropiezos. Con avances extraordinarios como el juicio a las Juntas y retrocesos penosos como las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en esa lucha desigual que enfrentó al primer presidente del regreso de la democracia, Raúl Alfonsín, con el poder militar y el poder económico.

Pasamos por la década neoliberal, marcada por la pérdida de derechos y la destrucción del aparato productivo nacional, las privatizaciones y el oprobio de las relaciones carnales.

Y fuimos testigos de la peor crisis social de la historia moderna que se cocinó al fuego lento del achicamiento del Estado. Familias partidas –otra vez– ahora por la distancia. Jóvenes sin futuro que buscaban su destino en otro lado. La mitad de los argentinos pobres y un tercio sin empleo. Y el hastío a cualquier cosa que tuviera que ver con la política. Después llegó la recuperación económica y la política de Memoria, Verdad y Justicia con los juicios a los genocidas que les dieron sentido a las rondas de las Madres y la búsqueda incansable de las Abuelas.

También llegó la ampliación de derechos sociales, con la jubilación para todos, la Asignación Universal por Hijo, el plan Conectar Igualdad y el matrimonio igualitario, sólo por mencionar algunos. Treinta años después de la recuperación de la democracia, la Argentina sigue siendo un país desigual. Pero es, sin lugar a dudas, un país mejor.

Por primera vez en casi medio siglo, los hijos tienen expectativas de tener una vida mejor que la que tuvieron sus padres. Es difícil entonces no hacer un paralelismo entre la densidad de la democracia y la calidad de vida de los sectores populares. Está en nuestras manos, profundizar ese camino. Cerrar sin hesitar el paso a cualquier intento de condicionar a la democracia. Con participación popular y ejercicio democrático. Respetando las diferencias y trabajando sobre las coincidencias.

Por esta libertad que hoy tenemos, por los que vienen detrás, por los que ya no están y por lo que falta, que todavía es mucho.














1/7/13

DE CÓMO LA PATRIA ES EL OTRO





El tema del Otro refiere –en uno de los tantos abordajes de la cuestión– al pensamiento de Emmanuel Levinas. Se trata de una ética de la alteridad. En Hegel la alteridad es negación. “Toda determinación es negación” es uno de los conceptos centrales de una filosofía que interpreta lo Otro (usamos la mayúscula en la tradición de Levinas) como negación dialéctica, de esa negación surgirá el tercer momento de una historia sustancial, con decurso necesario, teleológica, que apunta a una superación final de las contradicciones. Levinas plantea una ética de la alteridad porque el Otro me es necesario para ser yo. No puedo ser yo sin el Otro. Está ahí su rostro y en ese rostro puedo ver que no existo solo y que el Otro no existe para negarme sino para completarme. Esta ética de la alteridad lleva hoy a una ética de la diferencia. Yo no soy yo. Existo en tanto diferencia. En un mundo en que todos son diferentes de mí y yo diferente de todos. Mi presencia no es una solidez autónoma que se inscribe en una historia lineal en la que encuentra su sentido en la medida en que se lo otorga. Toda presencia es diferencia. Soy diferencia de lo que yo no soy. No soy lo que lo otro es. Pero, al no ser mi presencia completud, totalidad autosuficiente, necesito del Otro, de su diferencia para establecer un yo, así como el Otro necesita de mí para ser él. Esta es la ética de la alteridad. Una ética en que la alteridad (el Otro) es fundamental, no como elemento antagónico, no como expresión de conflicto, sino como rostro en el que me espejo. Ese Otro soy, también, yo y sin él no podría serlo. Lo mismo le sucede al Otro en su relación conmigo. El pensamiento de Levinas debe instrumentarse en toda teoría de la violencia. Hace unos cuantos años, a raíz de un texto de Oscar del Barco, estalló un debate sobre el tema. Los materiales se recopilaron en un libro que llevó por nombre Sobre la responsabilidad. Levinas fue uno de los autores más citados. Si necesito al Otro para ser yo, ¿cómo habría de matarlo?

Dentro de este marco conceptual (Levinas es un autor bastante oscuro) se inscribe la frase que CFK lanzó recientemente: “La patria es el otro”. Lo que dice ese concepto es que resulta imposible edificar una democracia (o una patria democrática) sin una ética de la alteridad que haga del Otro lo presente en mí, completándome. Toda declaración sobre los derechos humanos, que defienda el derecho sustancial de la vida, desde la de las Naciones Unidas de 1948 hasta el discurso de Esteban Righi a la policía de junio de 1973, parte de la afirmación absoluta del respeto a la vida del Otro. Esta concepción fue derivándose hacia la exaltación de la diferencia. Al respeto por el diferente. En el sistema lingüístico de Ferdinand de Saussure todo elemento establece una diferencia con otro. Surge en tanto diferencia. Pero ningún elemento está completo en sí. Ninguno es presencia absoluta. Al ser cada uno diferencia de otro, en toda presencia hay una despresencia. Al requerir al diferente para completarme, el diferente es una despresencia que me señala la necesidad de pertenecer al sistema en tanto alteridad que requiere de las otras alteridades para buscar su plenitud. La patria es el otro significa, entonces, que necesito del otro para hacer la patria. Sin el otro no hay patria posible. Nadie puede creerse la patria. La patria es una urdimbre de otredades que se requieren las unas a las otras.

Estas ideas implican el esfuerzo tal vez más sólido para la creación de un mundo sin muertos, de una sociedad del respeto y del diálogo, una sociedad de la vida que erradique el odio y la muerte, que es su consecuencia. Surge como un deseo siempre irrealizable. La Declaración de 1948 a nadie frenó para hacer la guerra. El discurso de Righi sirvió para que se burlaran de él. No mejoró a la policía. La policía fue moldeada por Camps, no por el humanista Righi.

No bien CFK lanzó ese concepto en tanto consigna democrático-política se alzaron las voces previsibles. ¿Qué podía decir la derecha sino que ella era la que menos derecho tenía a decir esa frase? Que ella no respetaba la disidencia o lo diferente. ¿Cómo podría hacerlo un régimen autoritario, que negaba la propiedad privada y la libertad de prensa? (Sin olvidar la inevitable referencia a la corrupción.) Ya se sabe: quienes dicen esto son los que apoyaron a los sanguinarios gobiernos masacradores de la historia argentina, los que nunca llegaron democráticamente al poder. (¿Cuándo la derecha argentina impuso sus planes económicos por medio de la democracia? Nunca. Siempre fue primero la espada, después la economía. Siempre fue llegar al gobierno por medio del fraude o de la violencia.) Sin embargo, una Presidenta que llega al gobierno con un 54% de los votos recurre a la vertiente leviniana de la filosofía –que sus oponentes deben ignorar por completo– para proponer una democracia para todos, que no vea en el Otro al enemigo sino al que necesito para fundar un orden basado en la no violencia, en el respeto de las personas. La izquierda también previsiblemente habrá objetado: ¿cómo ver la patria en el otro si son los otros los que se la robaron y se la roban día a día? CFK decidió bajar el concepto a tierra y precisarlo: “La patria es el otro, es el que todavía no ha podido conseguir trabajo, o que consiguiéndolo no está registrado (...) la patria es el que todavía trabaja y lucha para tener su casa propia; la patria es el joven que no estudia porque tiene que trabajar para ayudar en su hogar; el otro es el que sufre adicciones, y que tenemos que rescatarlo; la patria es estas mujeres que han luchado 35 años pidiendo justicia; la patria es esos miles y miles de emprendedores”.

Al afinar el concepto desde su opción política no pudo sino incluir los conflictos: la patria es el otro, pero no todos son el otro. Porque si la patria es el que no ha conseguido aún trabajo sabemos que otro, que se cree la patria, se lo niega o ha contribuido a empobrecer el país y eliminar la posibilidades del empleo para todos. Si la patria es el joven que no puede estudiar por verse obligado a contribuir en el sustento de su casa es porque otro, que también se cree la patria, le quitó su participación en la renta nacional, se la devoró. Y, en fin, si la patria es el otro y el otro son “esas mujeres que han luchado 35 años pidiendo justicia”, ¿cómo podrían ser el otro y construir una patria para todos con todos esos otros que asesinaron a sus hijos? 

“La patria es el otro” es una frase utópica y hermosa. Lo dijimos: es la única posibilidad de fundar una ética de la alteridad, de la vida, del respeto a los demás. Pero las que triunfan en la historia no son las utopías, sino las distopías. No sé si la Presidenta cree que el Otro es el que le grita libremente en las calles de su Gobierno –al que acusan de autoritario y protonazi– “yegua, puta y montonera”. Pero ese otro no busca completar a nadie ni hacer una patria para todos. Busca una patria para pocos y ni siquiera piensa en la palabra patria. Piensa en sus intereses particulares: que no le toquen los dólares, por ejemplo. Además, en un mundo globalizado en que las estrategias de la derechas nacionales se diseñan en el imperio y se comunican por medio de las embajadas, ¿dónde está la patria? La patria sería nuestra Suramérica, agredida por el poder mediático extraterritorial, que apela a la mentira, al escarnio. ¿Qué puede un neogandhismo contra un poder globalizado, colonialista y bélico?

El otro, el otro que quiere la patria para él y para sus socios, ni siquiera decide y actúa desde la patria. Para ellos, la patria ha muerto. Es un concepto arcaico. Pertenece al cajón de trastos usados de los populismos nacionalistas. Ya no hay patria. Hay intereses globalizados.

Sin embargo, no es aconsejable seguir la metodología de los que ven en la diferencia una alteridad bélica, una lógica del enfrentamiento y no el respeto para construir un espacio común que nos incluya a todos en la diversidad, pero en el compartido respeto por la vida y los intereses de las mayorías. Esa metodología nos llevaría a ser como ellos. Creo en esa ética que propone Levinas porque nos invita a huir de la muerte. Pero no pretendo que todos crean en ella. Vivimos y viviremos largamente aún en un sistema que –como Gordon Gekko en Wall Street II, film de Oliver Stone– propone: Greed is good (La codicia es buena.) Esta frase se inspira en una que dijo un agente de bolsa en la Escuela de Negocios de la UC Berkeley, en mayo de 1986, cuando el capitalismo se desbocaba hacia la crudeza neoliberal. Fue un tipo importante durante la década del ’80 y se supone que inspiró al personaje de Gordon Gekko, sobre todo por esa charla que dio. Se llama Ivan Boesky y dijo: “No hay mal en la codicia. Sepan esto: creo que la codicia es sana. Uno puede ser codicioso y vivir en paz con sí mismo”.

¿Qué tiene que ver un predicador de la codicia con una ética de la alteridad? Para el codicioso, el Otro, no sólo no es la patria, sino que es un obstáculo a eliminar si no se le somete. La sorpresa y el odio de los poderes fácticos de la Argentina ante el gobierno de CFK es que no se le someta. Esto se inicia cuando Néstor Kirchner rechazó el pliego de condiciones de José Claudio Escribano. Ese no sometimiento despertó el odio del establishment. Ese odio fue creciendo con todo lo que vino después. Insuficiente para la izquierda, como siempre. Excesivo e insultante para la derecha, como siempre. Habrá, pese a todo, que insistir con la frase: “La patria es el otro”. Porque es nueva. Porque nunca se propuso en este país. Pero no será aconsejable olvidar que ellos, el poder, el establishment, los monopolios, jamás pensarán que la patria son los otros. Sino que pensarán lo que siempre pensaron: que son ellos, solamente y nadie más que ellos.






13/4/13

JUECES Y FISCALES POR + DEMOCRACIA EN EL PODER JUDICIAL










Los 6 proyectos de ley que reforman el sistema judicial enviados al Congreso por el Poder Ejecutivo generaron mucha resistencia y rechazo entre algunos de los involucrados que se niegan al cambio.

Sin ir más lejos, la Unión de Empleados de Justicia de la Nación (UEJN), que conduce Julio Piumato, lanzó un paro de tres días en rechazo al debate. Del otro lado, el titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, vertió mínimas y tímidas declaraciones aduciendo que en un futuro no muy lejano podría tener que intervenir, como ministro del tribunal, en una decisión sobre la reforma.

Sin embargo, no todos los miembros del Poder Judicial se abroquelaron en rechazo a las iniciativas que plantean la modernización del sistema.



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En ese sentido, el juez del tribunal de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires, Daniel Carral, declaró: "En términos generales, en al menos cuatro de los seis proyectos hay un consenso tanto de los sectores involucrados en la gestión judicial como en la sociedad toda", en referencia a la creación de tres nuevas Cámaras de Casación; la publicidad de los actos judiciales; la publicidad de las declaraciones juradas de los funcionarios y el concurso público para ingresar al Poder Judicial.

"Los proyectos que aparecen como más difíciles de consensuar en este momento se relacionan con la reforma del Consejo de la Magistratura y aquello vinculado al nuevo régimen de medidas cautelares. Con respecto a la Magistratura, la verdad es que habrá que ver en la futura discusión del proyecto en las Cámaras si se puede precisar bien cuál es el mejor mecanismo a través del cual los jueces serán electos por el voto popular, de qué manera. Me parece bien que haya una mayor amplitud en la participación de la gente para elegir a quienes van a representar a los jueces", afirmó Carral.

En tanto, puntualizó: "Ahora, si esto significa necesariamente que tengan que ir en una boleta o a través de partidos políticos es algo que quizá tenga que discutirse, o si existen otros mecanismos que se puedan someter a la decisión popular".

Por último, Carral afirmó: "Respecto de las cautelares, me parece que hay muchísimos ejemplos que nos tienen que hacer repensar que el régimen vigente expone a los jueces a una posición de arrogarse también, en definitiva, la suma del poder público. Porque hay ejemplos claros de leyes sancionadas que no pueden entrar en vigencia porque a un juez se le ocurre sacar una cautelar. Y esa cautelar, como toda medida cautelar, es una medida provisoria, revisable, y sin embargo está vigente durante años y no se resuelve la cuestión de fondo".

"Entonces, poner algún límite temporal para que los jueces terminen de resolver la cuestión de fondo cuando media una medida cautelar es algo admirable. En cualquier caso, en aquellos que son noticia todos los días y en algunos otros que no son tan noticia que la gente debiera pensar también, por ejemplo cuando hay una persona que está detenida con prisión preventiva. Los jueces no pueden estar años con una persona bajo prisión preventiva, eso es una medida cautelar también", agregó.

Y subrayó: "Esta regulación, en principio, no me parece mal. Siempre y cuando, y así parece que la ley lo deja establecido, se preserven particulares situaciones para la vida, la libertad, la integridad física e incluso para el medio ambiente".



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Sobre el mismo punto, el exfiscal federal Félix Crous, actual titular de la Procuraduría Adjunta en Narcocriminalidad (Procunar), sostuvo: "La reforma del Consejo incorpora dos elementos fundamentales: la elección popular de los electores de los jueces y los partidos políticos como instancia mediadora, el sinceramiento y la jerarquización de la política de partidos en todos los departamentos del Estado".

Además, manifestó: "Creo que son un conjunto de proyectos muy interesantes en cuanto, no sólo a la transformación que plantean, sino al sistema de organización. Como posición global, a mí me parecen muy importantes. Todos los proyectos son muy interesantes, pero algunos atacan temas más estructurales, dos de ellos sobre todo. El tema de la reforma del Consejo de la Magistratura y, en segundo orden, el sistema de ingreso al Poder Judicial".



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Por su parte, el juez de la Cámara Nacional de Casación Penal, Alejandro Slokar, sostuvo: "En términos generales la reforma es favorable, muy positiva porque tiene la capacidad de alterar el perfil de un poder del Estado que es el Poder Judicial y las relaciones entre ese poder y la sociedad".

"Democratización, transparencia, agilidad son básicas", agregó el magistrado.



En ese sentido, Slokar manifestó que la reforma va en contra de las condiciones actuales: "El desprestigio social que tiene el Poder Judicial es porque se lo observa como un poder demasiado autoritario, con privilegios anti igualitarios y poco abierto a la sociedad. Y una exigencia elemental de la democracia es el deber de rendir cuentas, que además hace a una esencia ética y de responsabilidad".

"En ese orden, el conjunto, el paquete de iniciativas que comprenden la reforma me parecen decididamente loables porque tienden a la reconstrucción de un puente entre el Poder Judicial y la sociedad y de otra parte a la transformación del poder del Estado como un poder más plural, más democrático y, en definitiva, más fuerte", remarcó.

"Que la Corte se ocupe de dictar sentencias y no de administrar el Poder Judicial, porque para administrar el Poder Judicial la Constitución dice que está el Consejo de la Magistratura", concluyó Slokar.



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A su vez, el fiscal general de la Unidad de Coordinación de Causas de Derechos Humanos, Jorge Auat, manifestó: "Estoy absolutamente de acuerdo con todos los proyectos. Además, espero que se siga profundizando esta iniciativa y estos cambios. Desde Justicia Legítima (agrupación de jueces y fiscales que reclaman cambios en el Poder Judicial) compartimos todos los proyectos".

Aunque sostuvo: "Los proyectos no van a agotar la discusión que nosotros iniciamos en la Biblioteca Nacional, son nada más que parte de lo que pensamos que tiene que haber. Lo fundamental es instalar la discusión con carácter permanente. Este es el objetivo de nuestro foro".

"Y queremos que haya nuevos proyectos que inicien el cambio que tanto espera la sociedad. Este es el único poder al que no lo atravesó la democracia en su totalidad. Jueces y funcionarios de la Dictadura pasaron a ser en 24 horas jueces y funcionarios de la democracia y este es un fenómeno que me parece no podemos soslayarlo. Y marcó, de algún modo, un paradigma de funcionamiento del Poder Judicial, del sistema judicial en su totalidad, y creo que es hora de empezar a mirar cuáles son los déficit que tiene, si está a la altura de las expectativas de la gente y ver cómo hacer para que deje de estar de espaldas a la sociedad", agregó Auat.



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Por su parte, el juez de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, Carlos Rozanski, expresó: "Estoy completamente de acuerdo con los proyectos, por lo menos con los que he leído, todavía no los termine de leer en detalle. Coincido con todos los proyectos y con la idea de cada uno de ellos".

"La parte más importante es la modificación del tema de elección para lo que es el Consejo de la Magistratura. Reemplazar la elección dentro de cada una de las corporaciones por la votación popular me parece que es un avance importante", sostuvo.

Y explicó: "Es un viejo reclamo que el Consejo de la Magistratura pueda realmente tener una amplitud de criterio que le van a dar en este caso, las distintas disciplinas que van a estar representadas por los académicos en lugar de ser pura y exclusivamente los abogados. Y en el caso de los abogados y jueces, o sea los representantes de cada una de esas profesiones, van a estar elegidos por la gente y no por los propios grupos de cada corporación. En el caso de los jueces no llegan a 2 mil electores y van a pasar 15 millones", concluyó.



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En tanto, la Procuradora General de la Nación y jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, remarcó: "Estamos madurando progresivamente la relevancia que van a tener los proyectos. Tenemos motivos para pensar que esto va a ser diferente".

Gils Carbó destacó además la elección mediante voto popular de integrantes del Consejo de la Magistratura de la Nación, al considerar que va a significar una "mayor participación ciudadana y transparencia".










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JUSTICA POPULAR O CORPORATIVA






19/2/13

DEMOCRACIA O CORPORACIÓN SINDICAL







El Sindicato de Camioneros, que conduce Hugo Moyano, aplica el bloqueo sobre una treintena de supermercados mayoristas de una empresa, en un avance de la protesta para reclamar por el reencuadramiento de trabajadores vinculados a la función logística y distribución, que hoy son afiliados al gremio de Empleados de Comercio. El conflicto planteado por la dirección de Camioneros abarca también un enfrentamiento al Ministerio de Trabajo por defender las normas vigentes. Este conflicto, como otros, es una condensación al que confluyen diversas causas coyunturales y estructurales, que se articulan en este acontecimiento. La historia del sindicalismo contemporáneo es la historia del peronismo: se cruza con el momento fundacional, su apogeo, sus gestas, sus traiciones, sus luchas. El empoderamiento sindical significó uno de los hechos malditos del país dominado por la burguesía , pero también la integración a ese mismo país burgués.

Es imposible pensar en el poder de Moyano hoy, sin recurrir a la historia, una historia que no tiene inocentes. Una historia dura, en la que se forjaron los días que transitamos, una historia pletórica de facticidad, que el peronismo transita como pez en el agua, y también de retórica, muchas veces ingenua respecto de la realpolitik. Los cánones ideológicos se doblegan ante la seducción rentística del poder que el régimen ha puesto a disposición de la dirigencia de los trabajadores.

La coexistencia del sindicalismo en un movimiento nacional siempre está en equilibrio inestable, por la tensión que provoca la prevalencia de uno de los sectores sobre el conjunto. Este conflicto supone la ampliación de cobertura del gremio de Camioneros para incrementar su plantilla y acumular poder de presión. No se trata de ser igual, o solidario, se trata de ser superior: la cultura capitalista ha calado hondo.

Ya no hay proletariado como unidad; se fomenta desde adentro incrementar la brecha social intraclase. La creciente interrelación privada con el sistema de obras sociales es un dato no menor en el cambio de la mentalidad del sindicalismo. Es innegable la participación sindical en la recuperación democrática, como es innegable la complicidad de algunos dirigentes –como otros civiles– con las dictaduras. El Programa de Huerta Grande, CGT de los Argentinos, Combativos y A.T. Vandor respondían a la misma matriz. Este último fue la máxima expresión del dominio sindical contra la política. Moyano tiene sus parecidos.

Hoy, consolidada la democracia, se asiste a la conformación corporativa de la sociedad poliárquica que abarca a los medios, las grandes empresas capitalistas; y los grandes sindicatos. La política profesional ante tanta presión debe luchar para no ser arrastrado por lo sectorial. El uso de una práctica como el bloqueo remarca el carácter extorsivo de la misma, violentando las reglas de la democracia y afectando a terceros que no tienen nada que ver. Esto no se hace para la emancipación de la clase trabajadora, se hace con un objetivo menor: la privatización de los trabajadores.








12/12/12

CASO MARITA VERÓN: CORRUPCIÓN











Escribo esto con profunda bronca a la hora del cierre, quede claro. No quiero dejar pasar la furia que siento y que sé, me consta, veo y palpo que sienten en estas horas de dolor millones de ciudadanos y ciudadanas en todo el territorio nacional. Para sorpresa y espanto del país entero (el país decente, digo, el que mayoritariamente no es corrupto) todos los acusados por el caso Marita Verón fueron absueltos en Tucumán en esta noche ominosa de la Argentina, en una decisión judicial obviamente sospechable de lisa y llana y flagrante corrupción.

Esta es la justicia (desde ahora la escribo con minúsculas) que tenemos. La que impera mayoritariamente en nuestro país. Unica institución republicana que no fue democratizada en serio desde la recuperación de la Democracia. Y que junto con sus socias, las malditas policías y los malditos servicios penitenciarios provinciales, son las únicas que conservan intactas todas las taras formales y esenciales que les inculcó la dictadura.

Porque la democracia significó profundos cambios institucionales en casi todos los órdenes: militares, educativos, de relaciones exteriores, de economía, de sociedad. Pero lo que no se tocó, ni se toca todavía, es lo que huele a podrido. Y este “fallo” –es un decir perfecto: fallo– está llenando de hedor a la Nación entera.

A sabiendas de que toda generalización es injusta y peligrosa –y en conocimiento de que hoy mismo se conoció el noble pronunciamiento de más de 200 jueces, fiscales y defensores públicos que emitieron un contracomunicado que desdice a ciertas catervas de jueces y camaristas viajeros a Miami por cuenta de empresarios, y a los lobbistas marrulleros del Colegio de la Magistratura y a los de esa de nombre imposible Comisión Nacional de Protección de la Independencia Judicial– yo me siento esta noche tentado de homologar esta maldita justicia a las malditas policías.

La que condena nuevamente a Marita Verón y nuevamente procura destruir a Susana Trimarco (pero a la que en realidad e involuntariamente enaltece) es la justicia que hay que cambiar de una vez y yo quiero ver si los opositores tendrán huevos para hacerlo, e incluso si el Gobierno los tendrá, todo sea dicho.

Cambiar de una vez los procedimientos y los plazos; cambiar de una vez el engolamiento y la pretendida santidad de los magistrados; cambiar los tratos y rótulos del siglo XIX para que las Señorías engoladas de hoy que no pagan impuestos empiecen a pagarlos como cualquiera de nosotros, que laburamos y sostenemos este país con esfuerzo y decencia. Y así acabar con mitos como el de la “familia judicial” y el de que los trapos sucios se lavan en casa.

Esa es la justicia que a mí, empleado durante cuatro años en el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia del Chaco y joven estudiante de Derecho en la Universidad Nacional del Nordeste –y lo digo por primera vez públicamente–, me llevó a abandonar cuando tenía 21 años la profesión que yo amaba y había elegido a los 16.

Hay que dar los nombres de estas tres “señorías” tucumanas de las que el mismísimo gobierno de José Alperovich sería bueno que dijese su opinión públicamente. Son ellos: Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano. Yo no sé si sus conciencias, si las tienen, los podrán juzgar. Y no me importa. Pero nosotros, la ciudadanía, sí. En democracia y en paz, serena pero definitivamente, tenemos que condenarlos éticamente, a la vez que vincularlos con los mencionados colegios, juntas, consejos, asociaciones y demás grupos corporativos que sólo son puro lobby, para decirlo clarito.

No tienen vergüenza y esta noche en que celebran todos los miles de prostíbulos del país, y todos los proxenetas, y todos los mercaderes de carne humana, y todos los hijos de puta de la trata, y perdóneseme la furia textual, nosotros, los que sí tenemos vergüenza y somos la inmensa mayoría de este país atormentado, por eso puteamos. Por eso LOS puteamos. Con la misma fuerza y convicción con que abrazamos a Susana Trimarco y esperamos un día abrazar a Marita Verón y a todas las Maritas que fueron y seguirán siendo, por desdicha, gracias a estos infames protectores de tratantes de personas.

Malas noches, Argentina.




15/11/12

CÓMO SERÁ EL 7D


















El clima en la conferencia de prensa en la que el titular del AFSCA, Martín Sabbatella, explicó cómo será el proceso de adecuación de los medios audiovisuales después del 7 de diciembre, fue tranquilo y cordial. Pero se vio apenas interrumpido por dos preguntas de enviados del Grupo Clarín, que hicieron una curiosa interpretación tanto de la ley como de los dichos del funcionario.


AFSCA – Estado de situación de los grupos de medios


Alejandro Alfie, periodista del diario Clarín, sostuvo que el 7 de diciembre no vence ningún plazo legal para desinvertir en los medios que exceden lo permitido por la ley y que lo dicho por Sabbatella “era mentira”. Ante eso, el funcionario le contestó que eso era lo planteado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación y que no estaba faltando a la verdad.

Unos minutos más tarde, el cronista de Todo Noticias (TN), lanzó: “¿Por qué usted cree que ir a la justicia no encuadra dentro del sistema democrático?”. Cuando se le preguntó por qué afirmó eso, el enviado de Clarín reconoció que no estaba dicho con esas palabras en el spot por la ley de medios.

“En ningún momento dije que ir a la justicia no encuadra con el sistema democrático", arrancó Sabbatella. Y continuó: “No lo dije con esas palabras. Sabemos, y es una obviedad, que cualquier ciudadano puede ir a la justicia cuando considera que hay una situación que lo afecta. El estado argentino y el Afsca han sido respetuosos de todos los fallos judiciales y lo seguirá siendo. Una resolución de la Corte dice que el 7D es la fecha limite y dice que como no hay riesgo para la libertad de expresión en el cumplimiento de la ley, se pone una fecha limite a la cautelar porque si no lo tiene funciona resolviendo la cuestión de fondo de quien presento la cautelar”.

“Se construye un relato porque no se quiere decir la verdad, que es: se quiere defender la posición dominante que existe. Se busca un relato para buscar una causa noble. Hay un solo grupo (Clarín) que dice ´No vamos a presentar nada ni antes del 7d. Por lo cual no están cumpliendo, no estamos inventándolo”, concluyó Sabbatella.




EL FALLO DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA...

Ley de Medios 161 Corte Suprema




LA CONFERENCIA DE PRENSA DE SABBATELLA...





14/11/12

El CONTROL de lo que VEMOS, OÍMOS y LEEMOS






En los últimos años se ha producido en Estados Unidos un avance espectacular en la monopolización de los medios. Se puede tomar como punto de partida de este proceso la Ley de Telecomunicaciones (“Telecommunications Act”) de 1996. Esta ley levantó las restricciones que existían sobre la propiedad de estaciones de radio. Con anterioridad a esa fecha, una compañía sólo podía ser propietaria de dos emisoras de radio AM y dos FM dentro del mismo mercado y no más de 40 a escala nacional. Con el cese de esta limitación se desató una ola de consolidaciones.

En los seis años que siguieron a la promulgación de la ley, “Clear Chanel Communications”, por ejemplo, obtuvo el control de 1,225 estaciones de radio en 300 ciudades. Actualmente su propiedad o control se ha extendido a más de 6,600 estaciones, más de la mitad de las que existen en Estados Unidos, incluyendo una red nacional (“Premiere Radio Networks”) que produce, distribuye o representa unos 90 programas, sirve a cerca de 5,800 emisoras y tiene alrededor de 213 millones de oyentes semanales. Incluye también “Fox News Radio”, “Fox Sport Radio” y “Australian Radio Network”, entre otras. Sus ingresos en 2011 alcanzaron la cifra de 6.2 billones (miles de millones) de dólares.

Eliminadas las restricciones para la consolidación vertical, sólo faltaba suprimir las limitaciones que existían a la consolidación horizontal establecidas por la regla de la FCC (“Federal Communications Commission”) de 1975 (“cross ownership rule”) que prohibía al que poseía un periódico la posesión de una estación de radio (o de televisión) y viceversa en el mismo mercado. El objetivo de la regla era impedir que una sola entidad se convirtiese en voz demasiado poderosa dentro de una comunidad. En 2003 la FCC flexibilizó estas restricciones, pero el Tercer Circuito de Apelaciones bloqueó la aplicación de los cambios. En marzo de 2010 la Corte levantó el bloqueo y quedó abierto el camino a la consolidación horizontal.

Los medios de prensa escrita, radiales o televisivos, siguen las agendas que imponen los dueños. Cuando éstos se cuentan por miles, prevalece la diversidad de información y opinión dentro de los límites que permite el “establishment”. Pero cuando la consolidación se produce en gran escala, como sucede actualmente, la agenda que domina es la de unos pocos y poderosos propietarios, y la ideología que adelantan los medios es, por supuesto, la más reaccionaria y ultraderechista. Hoy tenemos más canales de televisión que nunca antes, pero una cantidad sustancial de ellos se dedica al fundamentalismo religioso, a las ventas por televisión, al más frívolo entretenimiento, o a la pornografía. En el resto, la calidad ha descendido a su peor nivel, lo que, unido al exceso de comerciales, alcanza límites embrutecedores.

Todo esto es extremadamente peligroso en una sociedad que apenas lee ya y que ha perdido la capacidad para discernir entre hechos y opiniones, porque se ha acostumbrado a la selección o presentación de los hechos en conformidad con criterios preestablecidos. Los hechos se ignoran o se deforman para validar opiniones.

La desregulación abrió a la competencia desleal todos los mercados de telecomunicación, incluyendo los de cable o satelital, y la Internet. 5 conglomerados mediáticos controlan el 90 % de todo lo que leemos, oímos y vemos. Qué de extraño tiene que decenas de millones de norteamericanos aprueben la guerra preventiva, los asesinatos selectivos de presuntos enemigos de Estados Unidos, la tortura de prisioneros, las violaciones de fronteras con drones, o los crímenes llamados daños colaterales. O que ignoren completamente los sufrimientos de la población de Cuba a causa de un bloqueo criminal de medio siglo, o las injustas y crueles sentencias dictadas contra 5 patriotas cubanos.

La consolidación produce medios que no están dirigidos a toda la comunidad. Los anunciantes proporcionan ¾ de los ingresos, y a ellos solamente les interesa el sector de la población con capacidad para adquirir sus productos o sus servicios. Típicamente, la población de menores ingresos no es de su interés. La consolidación convierte a los ciudadanos norteamericanos en simples consumidores y espectadores.

Actualmente, el libre mercado es el criterio con el cual se analizan los medios, es decir, la operación eficiente y la máxima ganancia constituyen los objetivos principales o únicos, sin tener en cuenta el importante papel que deben desempeñar los medios en la sociedad y en la vida pública. Los medios consolidados son generalmente grandes y complejas instituciones sociales, culturales y políticas, no sólo económicas, que ejercen una profunda y negativa influencia en la sociedad. Si permitimos que controlen lo que vemos, oímos y leemos, controlarán también lo que pensamos.





9/11/12

VOCES DE LA CALLE 8N







La abundante manifestación de anoche evidencia la solidez de la democracia, derretida por la crisis de 2001/2002. Esto es así con independencia de los efectos buscados por sus más activos promotores. Es inimaginable que un gobierno que a la salida de aquella enorme conmoción social resistió la presión de los acreedores externos y los organismos financieros internacionales, de las empresas privatizadas de servicios públicos, de las cámaras patronales agropecuarias e industriales, se apoque por las voces de cualquier número de personas que quiera atribuirse a los actos de ayer. Esos son sueños de una noche de verano. Hoy continuarán los juicios por crímenes de lesa humanidad y las medidas de protección del empleo en medio de la crisis global, el mes próximo entrará en vigencia la ley sancionada para democratizar la comunicación audiovisual, no habrá devaluación, nuevo endeudamiento ni venta de dólares para atesorar. La detestada presidente no modificará las políticas con las que hace un año pidió y obtuvo su mandato ni aquellas que adoptó después en respuesta a las corridas cambiarias iniciadas aún antes de que asumiera.

Hace un cuarto de siglo el diario francés Libération publicó una gran foto de Luciano Menéndez amenazando con su cuchillo de paracaidista a quienes lo abucheaban al salir de un canal de televisión. El título decía: “Al que me llame asesino, lo mato”. Nada asocia a los manifestantes con Menéndez. Pero aquella tapa evoca el contrasentido de gritar contra la presunta dictadora sin ningún temor por las consecuencias. Nadie protestaba en las calles contra Videla.

Esa es la gran diferencia entre las protestas argentinas y la primavera árabe, aunque ambas se convocaran con tweets de 140 caracteres. Desde octubre de 2010 fueron asesinadas miles de personas en diecinueve países árabes (sobre todo en Siria y Libia donde el conflicto derivó en guerra civil). Aquí no hubo ni un contuso ni un detenido y lo único que debieron padecer los organizadores fue la exposición pública de sus nombres, que algunos querían preservar en el anonimato, para simular una espontaneidad y un apoliticismo que, por fortuna, no son reales.

Otra comparación pertinente. El politólogo estadounidense Abraham F. Lowenthal escribió que su país estaba polarizado entre las dos costas (donde ganan los demócratas) y el interior (que vota republicano), entre lo rural y lo urbano, entre lo religioso y lo secular, entre los inmigrantes y quienes se les oponen y entre ciudadanos de diferentes niveles de ingresos, género y edad. “Con la consolidación de las empresas de medios y la fragmentación de los mercados de medios muchos ciudadanos sólo están en contacto con los argumentos que aprueban. El discurso cívico ha sido desplazado por la retórica de la confrontación”, agregó Lowenthal. Es irrelevante si esa confrontación se encubre con ondas de paz y amor, puede agregarse desde la Argentina. Sin la misma sutileza de Lowenthal, el empresario Donald Trump instó a hacer una revolución en las calles contra Obama. Escribió entre signos de indignación que “¡No somos una democracia!”. En 2011 Trump lanzó su candidatura presidencial con una denuncia abominable: dijo que Obama no había nacido en Estados Unidos. Debió retirarse desairado cuando el presidente presentó su partida de nacimiento, como le exigía el extremista Tea Party. Si Lowenthal hace pensar en Guillermo O’Donnell, Trump es como Maurizio Macrì (de quien fue socio de negocios y amigo de farras, aunque terminaron mal porque el pez grande se comió al chico). Este cultor del diálogo y el consenso propuso tirar a Kirchner por la ventana.

Como la marcha de la Constitución y la Libertad de 1945 o la recepción a Eduardo Lonardi en 1955, la concentración de ayer expresa a un sector minoritario pero significativo de la sociedad argentina. La saludable novedad es que ha aprendido a manifestarse en forma pacífica y que el Gobierno no ha hecho nada por imposibilitarlo o reprimirlo. El nuevo abanderado de la derecha argentina tuvo el mérito de organizar una fuerza política con capacidad electoral, al menos en algunos distritos. Esto es algo que las clases dominantes no supieron hacer en todo el siglo pasado, por lo que debieron recurrir a la conversión de las Fuerzas Armadas en Partido Militar (con la colaboración imprescindible de la Iglesia Católica) o a la cooptación de los partidos de origen popular, como el radicalismo y el justicialismo, una vez que ganaban las elecciones con propuestas populistas que pronto traicionaban. La colonización de estas estructuras por los grandes intereses económicos condujo al desconche de fin de siglo. El gobierno de Fernando de la Rúa que había comenzado con dos muertos en el puente de Corrientes, concluyó con otros 35 en todo el país. La administración interina que lo sucedió dejó dos víctimas más en la estación Avellaneda. Los nueve años siguientes dieron respuesta institucional al reclamo de los excluidos y concitaron la ira de quienes sólo conciben al sistema político como facilitador de sus intereses particulares. Las imágenes de ayer son elocuentes sobre la composición social de quienes ahora hacen sentir su descontento. Muchos y homogéneos.

Aquellos partidos históricos no se disipan en el aire. Así como el FpV tiene su ala de radicales K, el PRO mostró ayer a su peronismo cheto de los Amadeo y Bullrich, muy a gusto con Federico Pinedo. Surfeada la ola que no supieron cómo eludir, las Dondas, los Solanas, los Binner, las Stolbizer ahora deberán preguntarse “qué hace una persona como yo en un lugar como éste”, a la rastra de Macrì, la Sociedad Rural y el Grupo Clarín.

De todas las consignas que impulsaron los convocantes son aceptables las más genéricas y abstractas, esas que significan lo que cada uno quiere entender. Es difícil coincidir con otras e imposible comulgar con aquellas no explicitadas pero troncales, como las que justificaron la adhesión de la esposa del mayor Pedro Mercado y la hermana de Alfredo Ignacio Astiz.

Pese a ello, es satisfactorio constatar que el sistema imaginado por Kirchner, con una fuerza de centroizquierda opuesta a otra de centroderecha, parezca desde ayer más cerca de la existencia. El desafío para el alcalde porteño será capitalizar el malhumor evidente anoche dentro de un año, cuando vuelvan a abrirse las urnas.