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Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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22/7/15

PUEBLOS ORIGINARIOS Y DEMOCRACIA





22 de julio 2015


5 meses de acampe de Pueblos Originarios en Av. 9 de Julio

Los derechos humanos continúan siendo violados por gobiernos con democracias formales y están sufriendo una crisis conceptual. Frente a las protestas sociales de pobladores e indígenas, los gobiernos, a veces nacional a veces provinciales, responden con represión, persecución y/o intimidación, judicializando las protestas por oponerse a la minería a cielo abierto y a los daños ambientales y la destrucción productiva regional. Políticas que provocan el éxodo de pobladores de sus territorios y el aumento de zonas marginales periféricas en las grandes ciudades, generando mayor pobreza y marginalidad.

El gobierno quiere la continuidad de su política de “proyecto nacional y popular” contradictoria, que entrega los bienes y recursos del pueblo a las empresas trasnacionales, como el petróleo, el gas, los minerales, y amplía las fronteras sojeras, los agro-tóxicos, las semillas robadas, la destrucción de la biodiversidad por empresas como Monsanto y la Alumbrera, la Barrick-Gold y Chevron entre otras, contaminan el ambiente generando enfermedades cancerígenas en los pueblos fumigados y pretenden implementar la minería por fracking en territorios ancestrales. Todos elementos que influyen sobre la situación de los pueblos originarios, ya que está en juego el territorio. Territorio de negocios para algunos, pero la Madre Tierra para los pueblos originarios.

Merced a todo esto los pueblos originarios están desde hace más de cinco meses en el acampe en Av. de Mayo y la 9 de Julio, reclamando ser recibidos por el gobierno nacional frente a las continuas violaciones de sus derechos por los gobiernos provinciales y la judicialización de las protestas sociales, siendo víctimas de la violencia social y estructural. El gobierno busca invisibilizar a los pueblos originarios con la complicidad de organizaciones nacionales y provinciales como el poder judicial de Formosa, el INAI- Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y el gobierno de Formosa. Pareciera que enviar, como hace dos semanas, carros de asalto, la guardia de infantería, tanquetas y camiones hidrantes, para desalojarlos del lugar sin escucharlos y sin resolver sus problemas es parte del llamado “proyecto nacional y popular K”. Varios organismos de DDHH y organizaciones solidarias acompañamos a los indígenas en el acampe y logramos detener el desalojo por la policía.

El Cardenal Poli me llamó muy preocupado y, por pedido de la Iglesia, la Presidenta dio orden que los indígenas fueran recibidos por el Secretario de DDHH de la Nación, Martín Fresneda para tratar los reclamos planteados por las comunidades. En la reunión no se hicieron presentes el representante del INAI, y de la gobernación de Formosa.

Durante la reunión se trataron problemas medulares del conflicto como:

1.- Realizar nuevamente el relevamiento de los territorios indígenas, que se hicieron sin la presencia de las Comunidades y sus representantes, quitándoles territorios.

2.- Terminar con la judicialización de las protestas sociales de los pueblos originarios y la represión de que son objeto en Formosa como en otras provincias.

3.-Enviar un camión del Ministerio del Interior para que puedan sacar el DNI, ya que muchos integrantes de las comunidades no tienen documentos. Que la emisión sea gratuita y directa entre Nación y los indígenas, lo que facilitaría, una vez logrado el DNI, el reconocimiento de las comunidades y gestionar la Personería Jurídica.

La Secretaría de DDHH quedó en gestionar los pedidos y lograr la presencia de los responsables del gobierno de Formosa y del INAI en una próxima reunión, que esperamos a la brevedad, ya que en otras reuniones anteriores en el Ministerio del Interior no se logró avanzar en la solución de los conflictos existentes.

En el acampe hay muchas mujeres y niños, algunos de ellos con problemas de salud, necesitan apoyo y solidaridad del pueblo y que las autoridades atiendan sus demandas.

Sólo la decisión política puede resolver estas demandas, no la intimidación.

El Papa Francisco fue muy claro, pidió perdón por los daños y violencia contra los pueblos originarios en América cometidos por la Iglesia. Esperamos que la Presidenta y funcionarios del gobierno Nacional y de la Provincia de Formosa sigan su ejemplo con hechos concretos y las comunidades una vez resuelto los conflictos puedan regresar a sus provincias.


Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz




En 1980, Adolfo Pérez Esquivel recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de la Democracia y los Derechos Humanos por medios no-violentos frente a las dictaduras militares en América Latina. En su discurso de aceptación, le afirmó al mundo que no lo asumía a título personal sino "en nombre de los pueblos de América Latina, y de manera muy particular de mis hermanos los más pobres y pequeños, porque son ellos los más amados por Dios; en nombre de ellos, mis hermanos indígenas, los campesinos, los obreros, los jóvenes, los miles de religiosos y hombres de buena voluntad que renunciando a sus privilegios comparten la vida y camino de los pobres y luchan por construir una nueva sociedad".








27/6/10

MANO DURA EN PROVINCIA



La provincia de Buenos Aires ha vuelto a tener más de 30.000 personas privadas de su libertad, lo cual constituye la tasa de prisionización más alta del país y sólo es superada en Sudamérica por Chile, sin que por ello se aprecie un incremento de la seguridad, salvo una leve merma de los hurtos menores. En cambio, crecen los actos de brutalidad cometidos por la policía provincial y por su servicio penitenciario, de cuyas filas proviene el ministro de Justicia y Seguridad, el alcaide mayor Ricardo Casal. Esto a su vez coincide con mayores niveles de violencia por parte de quienes participan en robos, sin que pueda asegurarse a ciencia cierta cuál es la causa y cuál el efecto aunque es ostensible que se realimentan.


Uno de cada tres


El 76 por ciento, o casi 23.000 personas, no tienen condena firme. Según la estadística que el gobierno provincial suministró a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cuando esos casos concluyan el 30 por ciento serán declarados inocentes. Es decir que la principal provincia argentina retiene en condiciones de alojamiento que altas instancias internacionales han definido como denigrantes a unos 7000 ciudadanos/as que no han cometido ningún delito.

En lo que va de este año, se han pronunciado sobre esas condiciones, incompatibles con la dignidad humana y con las convenciones internacionales sobre Derechos Humanos que obligan a la Argentina, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 23 de marzo; el Comité de Derechos del Niño de la misma organización, el 10 de junio, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el lunes de esta semana.

En las 54 unidades penitenciarias bonaerenses, sobreviven 26.000 de esas personas en condiciones vergonzosas, con frío, sin buena alimentación, remedios ni cuidados médicos y sometidos a prácticas vejatorias como traslados constantes, duchas frías, palizas y hasta torturas con electricidad.

Otras 4000 se hacinan en las comisarías, que no han sido concebidas para alojar personas en forma permanente. Sin intimidad alguna deben realizar todos sus actos fisiológicos en un mismo espacio minúsculo.

Durante la campaña electoral del año pasado, el gobernador Daniel Scioli había anunciado que vaciaría de presos las sedes policiales para volcar la totalidad de los efectivos a las tareas de prevención en la calle. De haber cumplido esa promesa la provincia sólo habría obedecido un fallo de la Corte Suprema de Justicia. Pero nada de eso ocurrió. Por el contrario, esos números que habían comenzado a descender luego de la decisión del máximo tribunal, volvieron a aumentar gracias a las reformas legislativas y al discurso represivo del actual gobierno bonaerense.

Como alternativa a este enfoque ilegal y autoritario, una coalición de universidades nacionales, expertos en seguridad, organizaciones sociales y partidos políticos de todo el espectro democrático elaboraron un Acuerdo para la Seguridad Democrática, que se presentó en el Congreso Nacional en diciembre, y en La Plata este mes, y que fue entregado en la Casa de Gobierno, a la presidente CFK y a su ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak.

La demagogia punitiva que practica el gobierno bonaerense, con permanentes reformas legislativas para ablandar garantías procesales, acrecer las facultades de la policía e impedir las excarcelaciones durante el proceso, convirtiendo la prisión preventiva no en la excepción sino en la regla, han incrementado los niveles de violencia pero no han sido eficaces.

El Acuerdo afirma que esas políticas de mano dura “se han convertido en uno de los principales obstáculos para encontrar soluciones eficaces a las legítimas demandas de seguridad de la ciudadanía”. También destaca la “sospechosa incapacidad” de sus impulsores “para desarticular los grandes mercados delictivos, conviven con sectores que gozan de una impunidad que no puede ser casual ni producto de la mera ineficiencia y no desarrollan planes consistentes para prevenir la conflictividad violenta”.


La censura provincial

El alcaide mayor Ricardo Casal fue entrevistado sobre este Acuerdo y acerca del detenido desaparecido Luciano Arruga en el programa La página del medio, de Radio Provincia.

Arruga es un adolescente de 16 años que luego de su detención por fuerzas policiales fue golpeado en el destacamento de Lomas del Mirador y nunca más volvió a saberse de él. La entrevista fue realizada por las periodistas Margarita Torres y Silvina Garrido al mediodía del sábado pasado. El diálogo fue ríspido y Casal levantó la voz para negar que su política fuera de mano dura y que hubiera crecido la tasa de prisionización.

Al terminar, Casal les dijo que eran terribles y estaban “en pie de guerra en la discusión”, por lo cual las felicitó. Pero las autoridades de la radio consideraron que interrogar al ministro sobre estos temas constituía una falta de respeto. “Es el patrón de ustedes”, les gritó el director de Producción Radial y Programación de la radio, Oscar Castañeda Alippi, según informaron los trabajadores. El 22 de junio, el mismo funcionario y el director de Gestión Comercial, Ricardo Luis Spaletti, comunicaron la cesantía de los periodistas Marcelo Chapay y Silvina Garrido.

También prohibieron colgar la entrevista en la página de la emisora en Internet. Esto provocó un conflicto gremial en el que intervinieron el Sindicato de Prensa, la Asociación de Trabajadores del Estado y la CTA. Los trabajadores denunciaron este “nuevo acto de censura” para “ocultar y silenciar casos como el de Luciano Arruga que afectan la imagen de la Policía Bonaerense”.

Ante una orden previa para bajar del portal otra noticia sobre Arruga, el jefe del servicio informativo, Rubén Cassano, comunicó al director de la radio, Roberto Zarlenga, que compartía el reclamo de los trabajadores, ya que la desaparición del chico “es un hecho gravísimo”.

En su última nota a las autoridades, los trabajadores escribieron que “la radio pública que pretende la sociedad y que el gobierno nacional ha hecho suya a través del impulso que le ha dado a la nueva Ley de Comunicación Audiovisual, está demasiado alejada del oficialismo obsecuente que propicia la dirección de LS 11”. Recién cuando el caso cobró volumen público y ante el reclamo epistolar a Scioli, la radio revocó las cesantías. Pero los trabajadores mantienen el estado de alerta, ya que los contratos precarios por tres meses vencen el 30 de junio y temen que no sean renovados. También reclaman que se extiendan por lo menos a seis meses.


La entrevista

Ante una pregunta de las periodistas sobre la fusión de los ministerios de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal prefirió responder que el Acuerdo para la Seguridad Democrática era un documento político del ex gobernador Felipe Solá y de su ministro de Seguridad Carlos Arslanian, cuyo contenido calificó como falso.

En realidad, Arslanian no está alineado con Solá sino con el gobierno nacional y el ASD fue suscripto por dirigentes políticos y sociales de todas las fuerzas del arco democrático, como el presidente del bloque oficialista Agustín Rossi y los integrantes de esa bancada Remo Carlotto, Diana Conti, Héctor Recalde y Adela Segarra; los secretarios generales de la CGT y de la CTA, Hugo Moyano y Hugo Yasky, los diputados radicales Raúl Alfonsín y Ricardo Gil Lavedra; los socialistas Rubén Giustiniani y Ariel Basteiro; los miembros de la CCL Griselda Baldata, Marcela Rodríguez y Elisa Carca; Horacio Alcuaz, del GEN; los dirigentes del centro izquierda Martín Sabbatella y Pino Solanas, y organizaciones de derechos humanos como el CELS y la Comisión Provincial por la Memoria, entre muchos otros.

También, participaron otros expertos, como el creador de la Policía de Seguridad Aeroportuaria Marcelo Saín; el secretario de seguridad de Santa Fe, Enrique Font; el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Raúl Zaffaroni y el de la Suprema Corte de Santa Fe, Daniel Erbetta.

Cuando le preguntaron por la autonomización de la policía que vuelve a fijar su propia estrategia como en tiempos del comisario Pedro Klodyck, Ricardo Casal dijo que había una “interacción absoluta entre la policía y la representación democrática” (sic). Cada vez más molesto, Casal se negó a dar información sobre la desaparición forzada de Luciano Arruga, porque dijo que estaba delineando una nueva estrategia para esclarecer el caso de acuerdo con el Poder Judicial, y mencionó a Margarita Núñez, de Los Hornos, desaparecida durante seis meses pero no por obra policial, sino de un familiar.

Una de las periodistas afirmó que “la mano dura no sirve para prevenir el delito” y preguntó acerca de penas alternativas y sustitutivas de la privación de la libertad, que logren los fines de resocialización. Ricardo Casal respondió que estaba de acuerdo en términos filosóficos pero que una “realidad criminal distinta”, con aumento notable de la violencia en el delito, “anula la posibilidad excarcelatoria”. Explicó que hay personas que han “decidido que el delito sea su forma de vida”, pese al “esfuerzo del tratamiento penitenciario”. La reincidencia de aquellas personas que según Casal “son realmente peligrosas y no hay un cambio de modalidad en su vida por más opciones que tengan es casi automática” una vez cumplida una condena o lograda la libertad.

Otro momento de exacerbación ministerial ocurrió cuando dijo que no era cierto que tres cuartas partes de las personas privadas de su libertad lo estuvieran con prisión preventiva. Dijo que por el contrario, el 53 por ciento tenía condena de un tribunal de primera instancia. Estos datos no coinciden con los que las propias autoridades ministeriales y penitenciarias suministraron hace pocas semanas al Relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre los Derechos de las Personas Privadas de su Libertad, el colombiano Rodrigo Escobar Gil. Su informe, aprobado por la CIDH, dice que “según las cifras oficiales, el 61 por ciento de los privados de la libertad en Buenos Aires no tiene sentencia en firme; sin embargo, la Relatoría observa que dicho porcentaje no incluye aquellos detenidos en dependencias policiales”, lo cual eleva el porcentaje por encima del 70 por ciento.

Como ya lo había hecho la Corte Suprema en 2005, también la Relatoría considera preocupante “el uso abusivo de la detención preventiva”, que es “una medida excepcional, de naturaleza cautelar”. La CIDH también sostuvo que “entre febrero y junio de 2010 se reportaron 241 casos de torturas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, de los cuales 115 fueron denunciados formalmente ante las autoridades. La Relatoría también recibió información por parte de diversas fuentes sobre la falta de voluntad del Estado para investigar y sancionar los actos denunciados, la impunidad imperante, y la falta de un registro oficial, que permita contar con información fidedigna sobre la dimensión real del problema y diseñar políticas de prevención”.


La demagogia punitiva


La cantidad de personas privadas de su libertad no guarda relación con los índices delictivos, sino con decisiones políticas que a su vez responden a estrategias electorales. Durante 30 años la tasa de prisionización creció sin pausas, hasta que en 2005, la Corte Suprema declaró inconstitucionales las condiciones de alojamiento en comisarías, objetó el uso de la prisión preventiva como pena anticipada y ordenó una serie de reformas legislativas. Forzado por esa resolución, ante el reclamo de las organizaciones sociales que focalizaron la situación en las cárceles como la principal violación contemporánea de los derechos humanos y bajo la presión del Poder Ejecutivo Nacional, el entonces gobernador Felipe Solá cumplió con algunas exigencias de la Corte. De ese modo, por primera vez se redujo el número total de detenidos en la provincia y, en forma más señalada, en comisarías.

Contra lo que pretende la agenda mediática, esas reformas racionales no produjeron rechazo social. Por el contrario, el oficialismo provincial se impuso en las elecciones de 2007. Lo contrario puede decirse con la contrarreforma emprendida por Daniel Scioli, cuya demagogia punitiva no fue acompañada por el éxito electoral.

La cantidad de personas privadas de su libertad en la provincia creció un 11 por ciento y en comisarías un 51 por ciento y sin embargo el oficialismo fue derrotado. Por supuesto, en los comicios influyen una gran diversidad de elementos, pero los resultados de 2007 y 2009 bastan para poner en cuestión la ciencia infusa que medios y políticos comparten sobre las bondades proselitistas de la ilusión penal.

Si se observa desde los intereses generales de la sociedad y no de la dirigencia política, la esterilización de un enorme porcentaje de la fuerza policial para custodiar a los detenidos, 24 horas por día los 365 días del año, lejos de reforzar la seguridad la deteriora.

La devolución de todo el poder a la policía, liberada de los controles civiles, se refleja en su ineficiencia investigativa (caso Pomar), su desinterés o incapacidad para enfrentar a las grandes bandas (caso Tigre), su corrupción (primero algunos jueces y luego el ex ministro Stornelli denunciaron que la policía recluta jóvenes y adolescentes para robar) y su violencia (caso Arruga y otras sesenta muertes en episodios en los que intervino la bonaerense.

En algunos se ha comprobado el estado de indefensión de las víctimas y el uso desproporcionado de la fuerza). En el caso de Emiliano Martino, de Ramos Mejía, la policía disparó sobre el auto pese a que sus familiares habían alertado que se lo estaban llevando como rehén. Antes de cualquier peritaje de las armas, el alcaide mayor Ricardo Casal declaró que las balas que mataron al ciudadano secuestrado no fueron policiales.

Estas políticas se replican luego en los municipios. En Tigre comenzó a actuar una UCEP como la que Maurizio Macri montó en la Capital, que en compañía de funcionarios policiales desalojan familias en la noche e incendian sus precarias carpas y frazadas. Los desalojados cortaron una ruta, pero por presión del intendente Sergio Massa ni las radios, ni el diario ni el canal de televisión local lo informaron.
La reforma como estafa

Las reformas anuales del Código Procesal no dan cuenta de la inutilidad de la reforma anterior, lo cual constituye una estafa a la sociedad. En consecuencia no se resuelve la inseguridad; aumentan la violencia y la impunidad policial en las calles; colapsan las cárceles, cuyo hacinamiento recrudece la violencia al interior de los penales y el Estado argentino termina sancionado por organismos internacionales como la OEA y la ONU por la situación en las cárceles y por los casos de violencia policial.




10/4/10

LA TRAGEDIA DE SILVIA SUPPO



Durante más de 30 años, Silvia Suppo y su compañero Jorge “Corcho” Destefani lucharon por memoria y justicia en Rafaela, la conservadora ciudad de 100 mil habitantes llamada la Perla del Oeste Santafesino, donde florece la economía y permanece el espíritu de la inmigración piamontesa.

Eran compañeros de militancia cuando fueron secuestrados, el 24 de mayo de 1977, y derivados juntos a centros clandestinos de detención de la capital provincial. Decidieron volver a su ciudad, contra viento y marea, cuando fueron liberados, ella después de un año y medio, él tras cinco años de cautiverio.

Armaron una pareja, tuvieron dos hijos, llevaron adelante la talabartería Siempre Cuero, en el centro de la ciudad, construyeron una casa luminosa y nunca jamás dejaron de lado la militancia. Todos los 24 de marzo organizaron actos conmemorativos, invitaron a Estela de Carlotto, impulsaron los juicios contra represores.


Tenía 51 años, era viuda, tenía dos hijos. Su voz, su memoria, su coraje fueron fundamentales en el largo camino que todavía recorre la Justicia para alcanzar a los responsables del genocidio perpetrado durante la última dictadura militar en Argentina. En su cuerpo llevaba las marcas de la tortura, la violación y un aborto producto de esa otra forma de tortura sistemática.

9 puñaladas terminaron con su vida hace apenas 10 días, en un hecho que mientras no esté esclarecido completamente guarda la sospecha de estar destinado no sólo a callarla, sino también a amedrentar al resto de los hombres y las mujeres que siguen dando testimonio en cientos de causas todavía abiertas. Como si quisiera ponerse a girar otra vez la correa de transmisión del terror con que los genocidas quisieron asegurar su propia impunidad. Pero el miedo, dicen quienes sobrevivieron y lo prueban sus testimonios, no alcanza a paralizar la búsqueda de justicia, la necesidad de seguir haciendo hablar a la memoria. Aunque duela, aunque arda.


En octubre del año pasado, Silvia dio un testimonio clave en la causa Brusa, y recordó a su compañero, que había fallecido pocos meses antes por una enfermedad. El lunes 29 de marzo, a media mañana, Silvia atendía su negocio. Ilusionada porque en pocos días viajaba a París a visitar a su hermano. Entre las 9 y las 10, le asestaron 9 puñaladas.

La dejaron detrás del mostrador, y fue encontrada un rato después, por una clienta ocasional. Murió cerca del mediodía, en el Hospital Jaime Ferré. “Sostenemos la hipótesis del asesinato político hasta que se nos demuestre lo contrario con una investigación convincente”, afirma Marina, su hija, después de la marcha que convocó a la enormidad de 1200 personas –en Rafaela–, para pedir el “total esclarecimiento”. Aunque el fiscal Rodolfo Zehnder y el juez Alejandro Mognaschi trabajen sobre la hipótesis principal de homicidio en ocasión de robo, el ensañamiento del crimen deja más dudas que certezas.

Y pone en carne viva heridas muy actuales para los testigos-sobrevivientes. “Esto provoca un profundo dolor, un dolor que siento por primera vez de esta manera. Por la historia compartida. Y no sé cómo vamos a sanarlo. Porque nosotras le encontramos la vuelta al juicio, a lograr sentencia, pero esto es un dolor al que no le encuentro palabras”, expresa entre lágrimas Stella Vallejos, compañera de cautiverio de Silvia en la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe. Las unía esa relación profunda que quedó como marca de vida entre prisioneras políticas que la pasaron juntas. Se visitaban cada tanto, compartían las instancias del juicio a Brusa, festejaron juntas la sentencia.

En esa causa fueron condenados, el 21 de diciembre pasado, el ex juez Víctor Brusa, Juan Calixto Perizotti, María Eva Aebi, Mario Facino, Héctor Colombini y Eduardo “Curro” Ramos a penas de entre 19 y 23 años de prisión.

Mientras no esté esclarecido, lo ocurrido con Silvia actualiza el horror de la desaparición de Jorge Julio López.

“En la Argentina, dar testimonio en los juicios sigue siendo exponer la vida”, consideró la historiadora Andrea Andújar. Así lo viven las personas que están próximas a dar testimonio, aunque no las amedrenta. “Creo que todos somos conscientes de dónde estamos declarando y sobre qué estamos declarando. Pero es el acompañamiento de la sociedad lo que más nos protege y que se entienda que no se trata de casos cerrados, que falta mucho para investigar, con poderes económicos que los sustentan, como ocurre en el caso de los supuestos hijos de Ernestina Herrera de Noble”, considera Liliana Gómez, testigo de la megacausa Feced, que está por iniciarse en Rosario.

Por su parte, Adriana Calvo, de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos, subraya que los testigos sobrevivientes han roto el mandato de ser correa de transmisión del terror. “Nosotros pudimos dar testimonio para luchar por justicia”, afirmó. Las palabras de los sobrevivientes no sólo traen al presente a los desaparecidos, cuyo lugar de aparición es la memoria, sino que también urden la trama para construir un futuro con justicia.

Una testigo importante

El testimonio de Silvia fue importante, porque había podido verles la cara a los represores cuando la llevaron a reponerse de un aborto en el Centro Clandestino de Detención La Casita. Silvia se refirió específicamente a la violencia sexual como otra forma de tortura. Le llevó años ponerle nombre pero, cuando lo hizo, no dudó. Recordó que se dio cuenta de su embarazo cuando ya la habían trasladado desde el CCD de la Comisaría 4ª al GIR. Perizotti –responsable de su lugar de detención– le dijo que debían “reparar el error”. Ella tenía 18 años. En una entrevista para LasI12, el año pasado, Silvia recordó su indignación ante las palabras de Perizotti. “Como si hubiera sido un error. Me quedé helada cuando me dijo eso. No fue ningún error, tres personas no te violan por error. El lo decía como si hubiera sido obra de algún estúpido, como si no lo hubieran utilizado como método”, dijo Silvia. Su testimonio –como el de las otras testigos– no sólo tuvo el valor de acusar a los represores, sino que también puso las cosas en su lugar: las violaciones fueron otra forma, específica, de tortura. No le resultó fácil decirlo.

Por eso, el acto del último 24 de marzo en Santa Fe fue distinto. Leyeron la sentencia. En otra ocasión, los y las querellantes le entregaron una copia al gobernador Hermes Binner y a la vicegobernadora Griselda Tessio. Ella –que fue fiscal en causas por los derechos humanos– fue la única funcionaria provincial que salió a hablar de la posibilidad de “sicarios”. Es decir, de un crimen por encargo.

La escena del crimen

En la misma semana del asesinato, dos jóvenes fueron detenidos como sospechosos. Rodrigo Sosa, un muchacho de 19 años que se ganaba la vida lavando autos, conocido como Sosita, y su primo Rodolfo Cóceres, de 22. A Sosita, Silvia lo conocía porque de vez en cuando el chico le lavaba el auto. Los sospechosos aseguraron que habían entrado a robar y se adjudicaron el crimen, que negaron haber cometido por encargo. Las pocas cosas que habían robado, y el presunto celular de la víctima, estaban en casa de unos familiares de Cóceres. Pero una nota publicada el domingo pasado en Página/12 por Juan Carlos Tizziani detalla algunas contradicciones: los jóvenes dijeron que la habían asesinado en la parte de adelante del comercio, y luego la arrastraron hasta detrás del mostrador, pero no hay ni una gota de sangre en todo el trayecto. También los sospechosos dijeron que Silvia se había resistido el robo, y por eso la mataron. Pero la perito de parte Dolores Perassolo no vio heridas defensivas y cortantes en las manos ni los brazos. Desde el primer día, los hijos de Silvia consideraron imposible que su madre se resistiera a un robo.

Otro punto es la contaminación de la escena del crimen. La abogada de Hijos de Santa Fe, Lucila Puyol –que junto a su colega Guillermo Munne representa a los hijos de Silvia–, afirmó: “Desde el primer momento cuestionamos cómo se contaminó la escena del crimen. Cuando la policía llegó al lugar, comenzó a tomar huellas, y había mucha gente adentro del comercio. A tal punto que, cuando entraron los hijos, ellos tuvieron que echar a los curiosos. No había ni siquiera un vallado, y eso es significativo, porque esas horas son fundamentales”. La profesional también criticó que la fiscal subrogante de ese momento, Cristina Fortunato, no fuera convocada por la policía para las primeras medidas. “Ese mismo día, cuando fuimos a hablar con la fiscal, ella ni siquiera había sido notificada, le avisaron después de que la inspección había concluido”, rememoró Puyol.

Después de reunirse con el fiscal, la abogada consideró que “el ensañamiento y la alevosía nos impiden plantear un homicidio en ocasión de robo, puede ser por encargo, o por lo menos calificado por la alevosía”. Y señaló que “la policía está intentando cerrar rápidamente la causa. Pero, como dicen los hijos de Silvia, deberá haber un proceso que demuestre realmente cómo ocurrieron los hechos, porque ella, en calidad de testigo de crímenes de lesa humanidad, puede haber sido víctima de un atentado como hubo tantos otros”.

La propia Puyol sufrió, el año pasado, el robo de su estudio jurídico, del que –justamente– faltaron los discos rígidos de las computadoras. La investigación policial cerró rápidamente como un robo común. Por eso Hijos seccional Santa Fe alertó el mismo día del crimen que no se podía circunscribir la investigación. En ese sentido, Munné reclamó al Estado que, “si como dicen las autoridades policiales, judiciales y del Ejecutivo, no se descarta la hipótesis del ataque a Silvia como testigo de crímenes de lesa humanidad, esa hipótesis debe ser trabajaba con un esquema investigativo de más amplio alcance que la del delito común. Es lo mejor para la tranquilidad de los testigos, que una situación así no se minimice, porque la vulnerabilidad se hace más grande si ante una situación de semejante gravedad no se profundiza realmente la investigación”.

En esa línea, Puyol consideró imprescindible que el Estado no cristalice la impunidad, algo que ocurre “si no se investigan los hechos ocurridos, o terminan en nada, sin responsables, sin saber quiénes los sostienen, porque acá hay recursos económicos y humanos. Se necesitan recursos materiales y gente, no los hacen los represores que tienen entre 70 y 80 años”. La teoría del sicario tiene que ver “con las dudas acerca de si podría haber sido un crimen por encargo, por la calidad de testigo de Silvia. Pero en la causa todavía no hay elementos en ningún sentido. Está en las preliminares”.

Otra causa

Lo cierto es que Silvia era denunciante en una causa que investiga el Juzgado Federal número 1 de Santa Fe, por la desaparición de Reinaldo Hattemer, que fue secuestrado el 25 de enero de 1977 en una iglesia de Rafaela, a la que había concurrido para presenciar el casamiento de uno de sus hermanos. Silvia reconoció a cuatro personas de su ciudad, y volvió a reconocerlos cuatro meses después, cuando la secuestraron a ella, a su hermano, Hugo Suppo, y a Destefani. De los cuatro acusados como secuestradores, dos fallecieron. Y otros dos viven en Rafaela. Uno de ellos está jubilado, y el otro trabaja en la seguridad privada de una empresa. “Hasta ahora las dos causas no están relacionadas. Una cosa es la que está en el Juzgado Federal, que continúa abierta. En esa causa, Silvia y su esposo fueron denunciantes. Por otro lado, está la causa por el asesinato de Silvia, en un Juzgado de Instrucción provincial, con Sosa y Cóceres como imputados”, afirmó Puyol.

Como muchos testigos en causas por crímenes de lesa humanidad, Silvia sufrió amenazas e intimidaciones. Hace un año y medio, cuando concurrió a declarar en la etapa de instrucción de la causa Brusa, la intimidaron, con personas que se paraban amenazantes en la puerta de su negocio.

Valientes testigos

Con la causa por el asesinato de Silvia Suppo en estado preliminar, es imposible tener certezas. Sí que la víctima de un brutal asesinato fue una importante testigo contra represores en causas por crímenes de lesa humanidad. Y que en Rafaela ese tipo de asesinatos en ocasión de robo son del todo inusuales. La duda, el temor, el dolor que provoca su muerte tiene un efecto expansivo, así como el reclamo de justicia.

“El simple hecho de que nos surja la duda significa que las cosas no están claras y que sentimos que no hay una protección. Significa estar expuestos. Justamente, la protección es eso, que la sociedad tome conciencia de que estamos expuestos, que estamos juzgando genocidios, que algunos de los responsables no están procesados, que otros están prófugos, que no hay un control desde los organismos del Estado sobre qué visitas reciben y qué contactos tienen los que sí están presos. Y hay muchos con prisión domiciliaria”, planteó Liliana Gómez, quien cuestionó fuertemente la respuesta del Programa de Protección de Testigos de la provincia, a cargo de Oscar Blando. “Lo primero que salieron a decir fue que Silvia no estaba en el programa. Eso nos resulta extorsivo. Quiere decir que sólo cuidan a los testigos que están en el programa. Fue una respuesta que a mí me molestó muchísimo. No es una respuesta política para dar”, apuntó la testigo de la causa Feced. Para ella, las dudas que genera el asesinato de Silvia, así como la certezas de la desaparición de Jorge Julio López, “significan que el tema todavía está vivo”.

Testigo de la misma causa que Silvia, y con gran cercanía afectiva hacia ella, Stella Vallejos no deja de pensar en el valor del testimonio. “Queremos ser cuidadosas, porque este tipo de hechos tienen el objetivo de amedrentar, y no queremos replicarlo”, afirma Vallejos. ¿Qué significa dar testimonio? “Es una experiencia dolorosa, es exponer todo lo que nos pasó, pero es liberadora, te libera porque contribuís a la reconstrucción histórica, hacés una contribución a terminar con la impunidad, y eso no tiene precio. Lamentablemente tenemos un testigo desaparecido y una muerte que necesitamos esclarecer. Yo voy a seguir dando testimonio porque fui querellante en una causa pero voy a ser testigo en otras”, afirma.

Por su parte, Adriana Calvo, de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos, admitió que crímenes como el de Silvia “por supuesto que generan temor, como lo generó el secuestro de Julio López, y en ese caso incluso no había ninguna duda sobre el motivo. En este puede quedarle a alguien alguna duda. Nosotros pensamos que, hasta que se demuestre lo contrario, esto tiene objetivos políticos, de amedrentar, de amenazar brutalmente a los testigos”. La sobreviviente afirmó que “generar temor es uno de los fines que buscan. Los que hace mucho que estamos en esto sabemos que no está mal tener miedo, lo que hay que lograr es que no te paralice”.

Entre los mandatos que los genocidios dejaron en la sociedad, uno de ellos fue que los sobrevivientes actúen como cadena de transmisión del terror. “Ese fue el objetivo de que hubiera sobrevivientes. Pero desde la Asociación nosotros decimos que logramos vencer ese mandato. Porque logramos hacer testimonio sin transmitir el horror sino la lucha de los compañeros, quiénes eran, por qué los llevaron, la resistencia posible en los campos de concentración, la exigencia de justicia. Nosotros logramos vencer ese mandato porque seguimos luchando, y el terror no logró su objetivo, que es paralizar”, afirmó la testigo en la causa ESMA. Para muchos –como lo fue para Silvia– luchar por la justicia fue un motivo de vida. “La parte central de nuestra militancia fue dedicada a eso. Nos parece que en ese sentido hemos roto el mandato de los genocidas.”

La razon de su vida

¿Silvia tenía miedo? Marina, su hija, de 24 años, no duda ni un instante. “Nunca tuvo miedo. Al contrario, luchaba. El miedo mayor de ella era la injusticia y la impunidad, esos eran sus fantasmas.” Por eso, rememora, cuando declaró en la causa Brusa “se sacó un gran peso de encima”. Y se cuela el recuerdo de su madre cuidando de ella y su hermano Andrés. “Nosotros sabíamos algo, pero ella fue esperando nuestros procesos intelectuales y psicológicos, para que pudiéramos asumir lo que tuvo que vivir nuestra madre. Ella nos protegió de estas cuestiones violentas y morbosas que no formaban parte del legado que querían dejarnos”, apunta Marina.

Convocada a hablar de la persona que fue Silvia Suppo, que a los 18 años estudiaba enfermería y era militante de la Juventud Peronista, Marina subraya “el compromiso” que mantuvo durante toda su vida, que llegó hasta los 51 años. Marina recuerda que su madre “fue una luchadora, una militante de toda su vida, en todos los planos que implica para una persona. Siempre tuvo coherencia, a pesar de toda la impunidad. Calculá que recién después de 30 años pudo mandar presas a las personas implicadas. Pero no pudieron romperla ideológicamente, no pudieron corromperla. Ese fue el gran triunfo de ella, de su generación, de los sobrevivientes de aquellos años”.

Marina quiere subrayar el legado político de su madre no sólo en los grandes gestos sino también en la vida cotidiana. “Desde cómo nos educó, desde el amor, pero también con esa coherencia, siempre buscando la justicia, la verdad, siempre yendo por el lado democrático, en el acto más mínimo, que supone hacer la comida, desde decisiones cotidianas y triviales, qué jugo comprar, qué información darnos, a qué escuela ir, fue muy coherente toda su vida”.

Por eso, considera importante recordar a su madre por el “lado humano, que es político, porque tiene que ver con la ética”. Y recuerda que su mamá y su papá hicieron “una opción política. Podrían haberse perdido en el anonimato de una ciudad más grande, pero decidieron emprender su vida acá contra viento y marea. Fue muy difícil cargar con ese pasado, que ahora nos da orgullo pero en algún momento fue una carga. Ellos tuvieron mucho miedo de cómo eso nos podía afectar a mí y a Andrés. Eso lo valoro mucho, que en esta ciudad que aún es conservadora, pero lo era mucho más hace 30 años, ellos salieran a denunciar lo que les pasó”.

Para Marina, no es casual la reacción de la ciudad. “El acercamiento que tuvimos fue mayor de lo esperado, el grado de compromiso que han manifestado, tanto los poderes del Estado como las organizaciones no gubernamentales, el apoyo que recibimos, fue inesperado. Rafaela se mostró súper conmovida, se acercaron muchas personas que ni siquiera habían manifestado un interés político, se movilizaron muchísimo, y eso también lo tengo que reconocer”, subrayó Marina.

El crimen de Silvia Suppo movilizó a Rafaela. “De inmediato se formó un grupo de amigos y compañeros de Marina para hacer algo en relación a lo que había pasado. Nos estamos reuniendo con otras organizaciones de Rafaela y con personas en particular para continuar la lucha por el esclarecimiento del asesinato”, apuntó Dahiana Belfiori, del grupo de mujeres Enredaderas. Así llegaron a la marcha del Viernes Santo, cuando juntaron la enormidad de 1200 personas, en una ciudad de 100 mil, con altos índices de apatía.

Es que Silvia y Corcho no estuvieron tan acompañados como en las grandes ciudades en su lucha por los derechos humanos, aunque últimamente veían los frutos de su prédica. “Era una mujer muy entera que junto a su compañero llevaron la lucha en mucha soledad. Pero evidentemente la semilla está plantada, porque ahora somos muchos y muchas los que estamos preocupados y activando para que se esclarezca su crimen”, consideró Belfiori.