que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

18/6/11

El ADN de los pañuelos blancos





Cuenta la historia que cuando los primeros Granaderos empezaban a cruzar la Cordillera de los Andes, durante la gesta americana de la Revolución, José de San Martín se ocupaba de la estrategia y la táctica de guerra pero antes se preocupaba por advertir a sus soldados que no miren el abismo, que no se mareen, que no confundan la huella, que no discutan ni se entretengan entre ellos. Sólo había que marchar a paso de vencedores.

Ya no lo tenemos a San Martín, pero sus enseñanzas siguen firmes. Así como los godos intentaban amañar los tiempos a su antojo, provocando alguna emboscada letal para los patriotas, los poderes económicos mediáticos de hoy intentan arrastrarnos hacia el precipicio de la manera que sea.

Si se les facilita la tarea desde las huestes populares, Magnetto les estará agradecido. Es necesario precisar en qué punto estamos de esta batalla cultural del siglo XXI. Incurrir en un error de apreciación, es correr el riesgo de retirarse tarde de Cancha Rayada y llegar a destiempo al campo victorioso de Maipú.

Estamos en plena ofensiva de las fuerzas nacionales y populares. Tanto es el avance que no conformes con llegar a la China, Europa, África y hasta el último rincón de la América latina, en plena etapa de expansión de nuestra integración global, llegamos ahora hasta el mismísimo espacio sideral con el satélite SAC/D, pura industria nacional.

Esa es la dimensión real de este momento crucial. Que este país que arrojaba piedras hace apenas 10 años, como dijo la Presidenta, ahora lance un satélite para ayudarnos a medir el impacto del calentamiento global y sus consecuencias y previsiones a adoptar, es la expresión concreta del paso gigantesco que ha dado la Argentina desde el 2003 a la fecha.

Aunque hay algunos que todavía lanzan piedras contra un país que definitivamente está en órbita. Sobre este plano de la realidad, disputan dos proyectos de país. Si uno avanza, el otro retrocede. Así de simple. Así de dramático. Porque los que ven jaqueados sus viejos privilegios, sus monopolios, su impunidad, su poder concentrado y corporativo, seguirán haciendo lo imposible para que desviemos el camino, para que miremos hacia abajo, para que discutamos en líneas internas.

Magnetto pagaría fortunas por cada disputa intestina del campo popular.

¿Es tan difícil comprender que es así y que siempre fue así?

Hay que recordar que los imperios dominantes en el siglo 19 se valieron de los seguidores de Rivadavia y de Mitre para aplastar a los gauchos federales, mucho más que de cualquier general inglés, francés o español, por habilidosos que estos hayan sido en “el arte de la guerra”.

Los enemigos de esta nueva democracia muerden por los flancos del proyecto nacional y popular, buscando hacer daño por cualquier grieta que encuentren. Aun así, no avanzan en el terreno de los hechos. Están a la defensiva y se desvelan por hacernos creer que la iniciativa es de ellos, que los que imponen un cerco imbatible son ellos, que los que marcan la agenda son ellos.

Por si no queda claro, “ellos” son el Grupo Clarín, sus socios del poder económico y mediático y sus políticos serviles.

Es en este marco en que se inscribe la carga de artillería pesada contra Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo.

Van por ella por lo que ella representa en la historia de este pueblo en los últimos 30 años y porque pocos, como ella, comprendieron y encarnaron la claridad de que los derechos humanos son una categoría política, la más sublime de todas, la más alta, la más profunda, la más universal, pero categoría política al fin.

He ahí la más formidable construcción colectiva impulsada por Néstor y Cristina Fernández de Kirchner.

Por eso, cuando atacan a Hebe no sólo atacan a los organismos; peor que eso, atacan al Gobierno y al nuevo rol del Estado en los asuntos cotidianos de la comunidad y la Nación.

“Basta de viviendas populares”, “basta de política”, gritan los enemigos de esta democracia inclusiva.

Si la defensa de los derechos humanos se estancara en el mero rol testimonial y no se involucrara con aquellos temas que aborrecen los enemigos de los derechos humanos de ayer y de hoy, el retroceso político y cultural sería una nueva tragedia colectiva.

No termina ahí el propósito de Magnetto.

Atacando a Hebe, incentivan a los dignos representantes de otros espacios defensores de los derechos humanos a que vuelvan a gatillar viejos rencores, viejos odios, viejas contradicciones, viejas rencillas
. Que nadie se ofenda, pero hay que decirlo: Magnetto les estará agradecido a todos quienes caigan en la trampa.

Además, siempre es indigno valerse de la herida de los que fueron traicionados creyendo que así se salva uno del “fuego enemigo”. Lo que dignifica es la solidaridad, no el oportunismo. De los temas controversiales, habrá tiempo para dirimirlos.

En estas circunstancias dolorosas, hay que aborrecer y denunciar al que traicionó, se llame como se llame. Si se comprobara la traición y la defraudación, no alcanzarían 100 años de cárcel para el o los culpables. Pero ahora hay que identificarse con la víctima de la traición y en consecuencia, abrazar a Hebe. Esa también es una forma de honrar la vida y la memoria.

Sólo los vencidos moralmente se quieren parecer a sus vencedores.

No es casualidad que Elisa Carrió haya recalcado exultante en un programa de TN que la diputada que hizo la denuncia contra Schoklender y encabezó la oposición contra la extracción “compulsiva” de sangre, haya sido una ex presa política de la dictadura.

De ese lodo, no se vuelve.

Por eso, solidarizarse con Hebe es actuar en defensa propia. Si bien el avance del Gobierno y el amplio espacio popular que lo respalda es rotundo, traducido en cantidad de viviendas, caminos, radares, laboratorios, escuelas, empleos, cultura, hospitales y por si fuera poco, la vaca Rosita y el satélite criollo, son necesarios muchos “predicadores”, como denomina Carlos Zannini a los que realizan la tarea colectiva de reproducir el mensaje de esperanza que hoy encarna Cristina Fernández de Kirchner.



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