que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

7/4/09

Dos modelos en disputa


Ante la nueva ofensiva de las entidades patronales del campo surgen algunas preguntas interesantes. En primer lugar, ¿el nuevo lockout patronal se debió a la desaparición de la rentabilidad debido a la caída de los precios internacionales de los productos agrarios como consecuencia de la crisis mundial? La respuesta es no.

Es cierto que se produjo una caída en el precio de los productos primarios, fundamentalmente de la soja. Sin embargo, los precios internacionales siguen siendo en términos históricos elevados. El precio internacional de los bienes agropecuarios se encontraba sumamente elevado por dos causas centrales. Por un lado, el aumento de la demanda como resultado del crecimiento de Asia, fundamentalmente de China y de India.

Por otro lado, debido a causas especulativas. Pero con la crisis económica desatada en Estados Unidos y que pone en duda la misma globalización financiera desapareció esta última causa que generó el aumento internacional del precio de los productos agropecuarios. Pero todavía perdura la otra causa debido a que el crecimiento de China y la India todavía no se detuvo y esto implica que la demanda de bienes agrarios a nivel mundial siga siendo sumamente alta. Si bien los precios de la soja, maíz y trigo se redujeron, todavía siguen siendo elevados en comparación a otros períodos históricos, y principalmente en comparación a la década del 90. Por lo tanto, la rentabilidad del “campo” sigue siendo alta.

Surge entonces la segunda pregunta: ¿por qué las entidades agrarias retoman la ofensiva contra el Gobierno? La respuesta es que van por el modelo económico. El conflicto agrario denota la disputa de dos modelos económicos que en algunos aspectos son contradictorios.

Ahora, la tercera pregunta: ¿cuáles son esos dos modelo en disputa?

Para explicarlos es necesarios introducir un concepto central en este debate: el saldo exportable. Esto es, de la producción interna el monto destinado a las exportaciones. Ese saldo depende del nivel de producción y del consumo interno. Ahora bien, en el corto plazo el aumento del saldo exportable depende casi con exclusividad del consumo interno. En otras palabras, cuanto mayor es el consumo interno menor es el saldo exportable, y viceversa.

¿Qué le conviene a las entidades agrarias? Que el saldo exportable sea lo más grande posible, así de esta manera poder exportar la mayor cantidad de bienes y obtener la mayor rentabilidad posible. De esta forma, para las entidades agrarias el consumo interno se transforma en un problema. Por tales causas, históricamente los terratenientes en la Argentina se opusieron a todo intento de industrialización de la economía. Esto se debe a que la industria genera puestos de trabajo, los puestos de trabajo generan que la gente tenga dinero y esto produce que el consumo interno aumente y al incrementarse el consumo interno se reduce el saldo exportable.

¿Qué significa ese proceso? Que todo intento de industrialización es contraproducente para los dueños y productores del campo al atentar contra su renta extraordinaria al tener que destinar una producción creciente al mercado interno. Por lo tanto, para las entidades agrarias el desempleo, la pobreza, la indigencia y la concentración del ingreso son funcionales a sus propios intereses debido a que restringen el consumo popular y esto aumenta el saldo exportable e incrementa de esta forma su rentabilidad.

Otra pregunta: ¿qué modelo económico prefieren entonces las entidades agrarias? La historia argentina es demostrativa de los intereses de los terratenientes. El modelo agroexportador que se desarrolló entre 1880-1930 se estructuró alrededor de las exportaciones de productos primarios a los países del centro y la importación de productos industriales. Durante ese modelo los dueños de las tierras se oponían a la industrialización de la economía. Hoy las entidades agrarias añoran ese modelo. ¿Cuál sería el país ideal para los dueños de la tierra? Simple: un país sin industria, que genera desempleo y pobreza, lo cual implicaría un incremento abrupto del saldo exportable al reducirse el consumo de los sectores populares.

Por lo tanto, en la actualidad los dos modelos económicos en disputa son:

1. Las entidades agrarias que proponen, implícita o explícitamente, el retorno del modelo agroexportador. Es decir, estructurar la economía como exportadora de productos primarios, lo cual implica la inserción periférica en el comercio internacional y el liberalismo económico como filosofía para restringir la intervención estatal.

2. Del otro lado se plantea la necesidad de profundizar el proceso de industrialización a partir de una fuerte intervención del Estado y una integración latinoamericana como vehículo del desarrollo industrial.

Ese proceso debe cumplir una doble función. En primer lugar, reducir el desequilibrio externo con los países centrales. En segundo lugar, el desarrollo del sector manufacturero permite reducir los desequilibrios internos al posibilitar mejorar la distribución del ingreso al disminuir la desocupación y con esto la pobreza y la indigencia. Este objetivo se debe lograr básicamente a través de dos fenómenos: una fuerte intervención estatal y la integración regional.

Para la industrialización de la Argentina es fundamental la intervención del Estado en la economía. El libre juego del mercado condujo a la economía hacia el modelo agroexportador que se tradujo en un desequilibrio internacional al alejarnos del nivel de desarrollo de los países centrales y a un desequilibrio interno al consolidarse una economía fuertemente heterogénea. Por lo tanto, para poder generar una transformación estructural de las economía nacional a partir del proceso de industrialización es fundamental la intervención del Estado.

En este sentido, el Estado debe realizar un conjunto de medidas para direccionar el proceso de industrialización, es decir, promover al desarrollo manufacturero a través de un programa planificado. De esta forma, las principales funciones del Estado deben ser la de acelerar la acumulación del capital intensificando la sustitución de importaciones a través de diferentes medidas como el proteccionismo; construir la infraestructura necesaria para el proceso de industrialización; orientar los recursos financieros hacia la inversión productiva; estimular la inversión privada y promover el desarrollo tecnológico.

De la correlación de fuerzas depende la imposición de alguno de los dos modelos. Y de la imposición de algunos de los dos modelos depende el futuro del país.


Juan Santiago Fraschina
Economista
del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular
(GEENaP).





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