que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

6/3/09

El referéndum movilizador



Pedro Brieger

El triunfo de Hugo Chávez en el referéndum del 15 de febrero tiene varias aristas interesantes para analizar por sus implicancias para América Latina.

En primer lugar hay que resaltar el apoyo de la mayoría de la población después de diez años de gestión, algo que pocos gobiernos pueden mostrar en su haber. En segundo lugar, todo triunfo de Chávez refuerza a un conjunto de gobiernos latinoamericanos que -amén de las diferencias que puedan tener con el proceso bolivariano- necesitan de este Chávez. Por otra parte, Chávez, con su “obsesión” por votar cada una de las reformas que propone ha provocado un efecto en cadena de legitimación en las urnas de los procesos que llevan adelante profundos cambios en América Latina desarmando también a los partidos opositores de derecha.

El mérito es todo suyo, a menos de tres meses de haber asumido realizó el primer referéndum para convocar a una Asamblea Constituyente. Por ahora, Bolivia y Ecuador son los otros países donde la legitimidad del poder emana una y otra vez de las urnas pensado también como proceso de movilización de las grandes masas.

A diferencia de la década de los 70, en la cual la mayoría de los movimientos revolucionarios negaba la llamada ¿democracia burguesa?, estos gobiernos han resignificado el poder de las urnas. Si la ¿democracia? ¿formal? implica votar cada 4 años sólo para los altos cargos -con la consecuente apatía y abstención-, las convocatorias a referéndums sobre la esencia misma del desarrollo político-social de un país se convierten en agentes de participación. Esto lo han comprendido muy bien los sectores que tradicionalmente gobernaron y han perdido el poder.

Desde la restauración democrática en América Latina a mediados de los ochenta que estos sectores no se muestran tan desconcertados y temerosos ante las votaciones. No son las convicciones democráticas “per sé” las que provocan el rechazo a la “reelección indefinida” de tal o cual gobernante, sino la imposibilidad de construir una alternativa que les permita vencer en las elecciones porque -en esencia- su discurso es un retorno al pasado.



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