que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

26/2/09

G-20: una pelea ideológica




(21/02/09)

Gran Bretaña,
sede de la reunión internacional,
giró un documento-base
inaceptable.


El 2 de abril de 2009, se reunirán en Londres los representantes del Grupo de los 20 para analizar la crisis financiera y económica internacional. La suma de estos países representa el 85% de la producción mundial, el 80% del comercio internacional y los dos tercios de la población. Nada menos: miremos un poco al norte.

Allí veremos que el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, presentó el documento oficial de la reunión, que expresa los puntos de vista del gobierno británico, llamado El camino para la Cumbre de Londres. Se parte de la base de que enfrentamos la peor crisis bancaria en generaciones; que fracasaron las más importantes instituciones; que los países entraron en recesión a través del mundo, con caída del comercio y aumento de la desocupación.

Las medidas propuestas. Además, el documento de base del G-20 se propone obtener un paquete de medidas internacionales coordinadas tendientes a restaurar la estabilidad y a marcar un curso para una recuperación sostenible. Las principales medidas son:

1. Revisar el impacto global y la efectividad de las medidas adoptadas para estimular la demanda.

2. Inmediata acción para el aumento sustancial de los recursos del FMI para incrementar su capacidad de préstamos destinados a la asistencia de los países con reducción de flujos de capital.

3. Inmediata acción a través de países y con estrategias de salida para sostener préstamos domésticos e internacionales.

4. Que los países renuncien al proteccionismo.

5. Reforma de la regulación financiera, con vistas a crear un sector financiero global que sirva a las necesidades de toda la economía.

6. Un sistema internacional de avisos y señales, con un rol fortalecido del FMI para ayudar a promover un crecimiento equilibrado.

7. Reforma de las instituciones financieras internacionales, incrementando sus recursos, estimulando el acceso a los recursos del FMI y fortaleciendo la participación de los países emergentes y en desarrollo.

8. Respetar los compromisos de incrementar la ayuda al desarrollo para proteger a los más pobres del impacto de la crisis.

Objeciones.
La propuesta británica suscita algunas objeciones.

La primera atañe a la insuficiencia del diagnóstico de la situación. El documento del G-20 se refiere a la crisis de las hipotecas en Estados Unidos y a las pérdidas del sistema bancario. Cita la estimación del FMI que calcula para Estados Unidos una pérdida de dos billones (trillions en inglés) de dólares, sin que se sepa quién soportará las pérdidas. Tampoco se demuestra una relación de causalidad entre los miles de millones de dólares afectados al rescate de los bancos y la reactivación económica; a falta de una política gubernamental que fije las conductas de los bancos (pasando posiblemente por su estatización), el efecto será mínimo, ya que los bancos utilizan esas ayudas para recuperar su capital (cuando no para remunerar sus accionistas y directivos) y no para otorgar créditos.

En líneas generales, el documento atribuye toda la crisis al mal funcionamiento del sistema financiero, que pudo emitir y difundir grandes cantidades de crédito dudoso sin la más elemental supervisión de las autoridades públicas. No percibe, sin embargo, que detrás del crédito descontrolado (versión anglosajona de la plata dulce) está el problema fundamental de la distribución del ingreso en un capitalismo dominado por el sector financiero y los rentistas, que busca extraer ganancias financieras de dos dígitos de una economía real que crece a tasas mucho menores. Así, la única forma en que se pudo mantener un consumo creciente pese al retroceso de la parte del ingreso recibida por los asalariados fue mediante el sobreendeudamiento de las familias. A su vez, muchas empresas debieron sobreendeudarse para invertir, ya que en vez de reinvertir las ganancias debían distribuir siempre más dividendos. Lo que se requiere entonces no es simplemente mejorar la regulación financiera: es cambiar el modo de funcionamiento del capitalismo moderno.

El FMI.
El segundo tema objetable se refiere a las soluciones planteadas. Algunas de ellas se refieren a la ayuda a los países más pobres y al proteccionismo. Las aspiraciones enunciadas chocan frente a la realidad. En 2007, los países del G-7 destinaban apenas 0,23% de su ingreso a la ayuda al desarrollo. Y para ellos el proteccionismo es algo malo per se, que se prohíbe a los demás.

El aspecto central de la propuesta británica propone el aumento de los recursos del FMI para que aporte fondos y estimule la demanda. Sin embargo, la política del FMI –no sólo la histórica sino la actual– constituye la antítesis de ese postulado. Los acuerdos stand-by suscriptos con países que han solicitado fondos para atenuar la crisis, mantienen los programas de ajuste tradicionales: restricción fiscal, suba de la tasa de interés, fortalecimiento de los bancos, privatizaciones, disminución del gasto público, baja de sueldos y jubilaciones estatales, reducción de la demanda y recapitalización prioritaria de los bancos eligibles. Desde septiembre se firmaron acuerdos con esta orientación con Bielorrusia, El Salvador, Georgia, Hungría, Islandia, Latvia, Paquistán, Serbia, Seycheles y Ucrania. Como se ve, no olvidaron nada, ni aprendieron nada.

Es la política opuesta a la seguida por los paises desarrollados. El FMI sigue aplicando las condicionalidades diferentes según el grado de desarrollo de los países, tal como lo expuso en el Informe Anual de 1990. Allí se sostiene que los países desarrollados deben tener un ajuste que, primero, ponga fin a una utilización ineficiente de los recursos y permita una adaptación más rápida a la innovación tecnológica; y, segundo, aumente el potencial de producción. “Se trata de ajustes expansivos”, afirmaba el FMI. En cambio, en los países subdesarrollados se aplica una política contractiva: el equilibrio interno y de pagos externos se logran reduciendo el consumo, adaptándose a las normas internacionales de comercio y producción, y reduciendo el gasto público. Es el ajuste recesivo. Parece absurdo continuar con estas condicionalidades en medio de la crisis financiera mundial; pero así lo está haciendo ahora el FMI.


Posición del gobierno argentino.
La posición del gobierno argentino fue expuesta el 11 de febrero pasado por el canciller Jorge Taiana al Secretario del Foreign Office del Reino Unido Lord Mulloch Brown. En el comunicado de la Cancillería se puntualizan algunas de las preocupaciones del gobierno a, que son:

1. Que los principales países y no sólo los en desarrollo cumplan con el ordenamiento macroeconómico y del sector externo.

2. Necesidad de un alto flujo de capitales y de financiación a los países en desarrollo a tasas razonables; modificación del papel de las agencias de riesgos.

3. Reformar el FMI y el Banco Mundial democratizando y capitalizando ambas instituciones y modificando las condicionalidades, de modo que se favorezcan las políticas anticíclicas.

4. Ordenar el sistema financiero internacional y controlar el flujo de capitales especulativos.

5. Lograr mayor equilibrio de los resultados en las negociaciones comerciales, eliminando el proteccionismo y las distorsiones, como en el caso de la agricultura.

Es de esperar que la difícil situación de los países desarrollados por la crisis que ellos mismos provocaron, los induzcan a introducir cambios profundos, que hagan mucho más justo y eficiente al sistema financiero internacional. Ojalá que la reunión del G-20 sirva para comenzar a lograrlo.


Por Alfredo Eric Calcagno (Economista)
y Eric Calcagno (senador nacional FPV)


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