que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

27/8/13

SIRIA, LA NUEVA GUERRA DE OBAMA






Convencido de que Siria puede convertirse en una trampa, Obama dará la luz verde para un ataque limitado. Una exhibición de fuerza que no ponga en peligro al gobierno de Bashar al Assad, ya que la situación actual, en la que los enemigos de Israel se entretienen en una larga guerra de desgaste, es la mejor opción. Tras la conquista de Libia por la OTAN, EE UU ya controla todo el levante mediterráneo, donde Siria no representa ninguna amenaza y que hasta hace unos días no figuraba entre las prioridades de Washington.

Obama está siendo arrastrado por los sauditas, que tras el exitoso derrocamiento del presidente egipcio, Mohamed Mursi y su remplazo por una brutal junta militar, pretenden golpear a Irán, reduciendo su influencia regional, vía el derrocamiento del gobierno de Assad.

Con la acusación de que Assad empleó gas sarín contra la población civil –algo inverosímil justo cuando un equipo de 20 inspectores de la ONU se encontraba en Siria buscando armas químicas–, se reactualizó la opción militar.

Moscú –que es el principal aliado de Siria–, afirma tener pruebas de que dos misiles cargados de sustancias químicas fueron lanzados por los rebeldes en la periferia de la capital siria. Sin embargo, tampoco se puede descartar la implicación del sector duro del gobierno de Assad, cuyo móvil sería sabotear las negociaciones en curso con los rebeldes.

Independientemente de quien sea el autor, el asesinato de 1300 civiles sirios constituye el segundo caso de uso de armas químicas después de la masacre perpetrada por Saddam Hussein durante la guerra entre Irak e Irán. El asunto es embarazoso para Washington porque precisamente esta semana la revista Foreign Policy reveló documentos que demuestran que los EE UU apoyaron a Saddam Hussein cuando utilizó armas químicas contra los iraníes. Es más, ayudó al entonces presidente de Irak a localizar al enemigo. De acuerdo con un documento de la CIA, recientemente desclasificado y que incluye entrevistas con ex funcionarios de inteligencia estadounidenses, los EE UU tuvieron "evidencias firmes" de ataques químicos iraquíes a partir de 1983, pública Foreign Policy.

"Las comunidades militares y de Inteligencia de los Estados Unidos sabían y no hicieron nada para detener la propagación de un gas mucho más devastador que los empleados en Siria", informa el periódico tras señalar que "al fin, la política exterior ha aprendido".

En 1988, durante los últimos días de la guerra de Irak con Irán, EE UU se enteró a través de imágenes de satélite que Irán estaba a punto de ganar una importante ventaja estratégica al explotar una base de las defensas iraquíes. Funcionarios de Inteligencia estadounidenses transmitieron la ubicación de las tropas iraníes en Irak, "conscientes de que el ejército de Hussein atacaba con armas químicas, incluyendo el gas sarín, un agente nervioso letal".

Estos ataques, en los que Hussein empleó gas mostaza y gas sarín, "ayudaron a inclinar la guerra a favor de Irak y a llevar a Irán a la mesa de negociaciones. La administración Reagan lo sabía y no lo dio a conocer", indica la publicación.

Lo cierto es que, hoy por hoy, nadie puede ganar en Siria, ni siquiera EEUU. La politóloga iraní Nazanim Armanian escribe en el diario Público, de España, que "la puja entre media docena de países que operan directa o indirectamente en aquel escenario, neutraliza cualquier plan no consensuado".

Sin embargo, –señala Armanian–, "un ataque a Siria hoy tiene menos costo político para Obama que hace dos años. El presidente puede recurrir a una operación 'quirúrgica' utilizando el asesinato selectivo de Assad, un golpe de Estado contra él, o un bombardeo copiando el modelo de Kosovo de 1999. Si no ha recurrido a estos recursos hasta ahora, es por temor a que el día después los islamistas -financiados por Arabia Saudita y Qatar- llenen el vacío de poder".

EEUU confiesa no saber "quién es bueno y quién malo" en el terreno sirio, y aun así parece dispuesto a regionalizar el conflicto.

En ese sentido, el pacifista israelí Uri Avnery sostiene que el presidente de Estados Unidos no dirige realmente la política de su país. "Obama puede dar bonitos discursos, elevando la democracia a un estatus divino, pero no puede hacer mucho más al respecto. Es un complejo político, económico y militar el que dirige la política y él es solo su representante."

A este complejo no le importan nada los "valores americanos". Está al servicio de los intereses estadounidenses y los suyos propios. Una dictadura militar en Egipto o la regionalización de la guerra siria, favorece estos intereses.

Un ejemplo: antes del golpe de Estado en Egipto, la asesora de Seguridad Nacional de los EE UU, Susan Rice, había aconsejado al presidente Mohamed Mursi renunciar a su cargo. Él lo rechazó, y el primer presidente elegido del mundo árabe fue derrocado por los generales que le garantizan a Washington el libre tránsito por el Canal de Suez.

"¿Cómo es que los millones de ciudadanos felices que consiguieron liberarse de una cruel dictadura, que respiraron los primeros y embriagadores aires de libertad, que convirtieron la Plaza de la Liberación (eso es lo que significa Tahrir) en un faro de esperanza para toda la humanidad, han acabado de forma tan triste?", se pregunta Avnery.

"Al principio parecía que lo estaban haciendo todo bien. Recibir con los brazos abiertos a la Primavera Árabe era fácil. Se tendieron lazos entre unos y otros, religiosos y laicos desafiaron juntos a las fuerzas del decadente dictador. Parecía que el ejército los apoyaba y los protegía.

Pero los errores fatales eran obvios ya entonces. Fallos que son comunes a todos los nuevos movimientos populares a favor de la democracia, la libertad y la justicia social en todo el mundo, incluido Israel. La actitud anárquica y feliz de los jóvenes no pudo hacer frente al verdadero poder.

Son los fallos de una generación educada en las redes sociales, la inmediatez de Internet, la facilidad de lo instantáneo de la comunicación en masa. Esto ha fomentado una sensación de poder sin esfuerzo, de que es posible cambiar las cosas sin el arduo proceso de organizar a las masas, de construir políticamente el poder, de contar con una ideología, liderazgo o partidos. Una actitud anárquica y feliz, que desgraciadamente no puede hacer frente al verdadero poder", advierte Avnery. Y concluye: “Cuando la democracia consiguió por fin su momento de gloria y se vislumbraron unas elecciones limpias, esta masa amorfa de jóvenes tuvo que enfrentarse con una fuerza que poseía todo lo que a ellos le faltaba: organización, disciplina, ideología, liderazgo, experiencia, cohesión".

La politóloga Nazanim Armanian advierte que "Obama debería saber que un ataque a Siria acabará con las posibilidades de llegar a un acuerdo nuclear con Irán, su principal desafío. Fortalecerá el núcleo duro de los Guardianes Islámicos que tachan de ingenuo al nuevo presidente Hassan Rohani, como lo fueron Saddam y Khadafi, derrocados siendo aliados de EE UU y sin armas de destrucción masiva. Además de poner en peligro la vida de miles de soldados de la OTAN en Afganistán e Irak".

El único éxito que puede exhibir la caótica política exterior de Obama en Medio Oriente es haber armado a grupos terroristas fundamentalistas en Libia, Yemen, Irak o Siria.

En Israel, Obama ha sido incapaz de influir sobre las políticas de Tel Aviv, ni siquiera en el avance de los asentamientos. O en Pakistán, donde su gobierno cierra los ojos ante la quema de los convoyes de la OTAN que transportan víveres para las tropas en Afganistán.

Sin una estrategia definida y sin conocer la realidad de la región, Obama es arrastrado por mandatarios de otros países que –por sus propios intereses–, lo sacan de una guerra para meterlo en otra.















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