que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

28/3/13

ROVERTO LAVAGNA Y EL CUCO DEL RODRIGAZO






El latiguillo discursivo de la oposición mediática de un tiempo a esta parte ha variado de estrategia: del eje anticorrupción y la crítica a un supuesto autoritarismo gubernamental al imponer el gobierno la mayoría parlamentaria en la promulgación de leyes, a las acusaciones realizadas por organizaciones que representan las patronales de las corporaciones mediáticas de Latinoamérica oponiéndose a la ley de Medios de la democracia. El cambio de eje opositor fue de la mano del crecimiento inflacionario, y de la tendencia alcista del dólar en el mercado negro. Estos indicadores profusamente difundidos y reforzados por los medios opositores se han convertido en la punta de lanza de una idea fuerza que remite a los temores históricamente más internalizados en la sociedad: instalar en la opinión pública la sensación que la situación económica se torna ingobernable y que el horizonte cercano estará atravesado por el descontrol de las variables fundamentales de la economía.

El primero en salir al ruedo anticipándose a los efectos de las negociaciones paritarias de otoño fue el representante máximo de la Unión Industrial Argentina José Ignacio de Mendiguren. La estrategia comunicacional de las filas de la oposición retomaron el exabrupto del directivo de la UIA, y esta vez pusieron en boca del ex ministro de Economía de los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, la convicción que el escenario económico de nuestro país es una suerte de “Rodrigazo en cuotas”. Agregando: "Ya vimos esta película y sabemos que esto no termina bien." No es casual que estas declaraciones se den cuando cobra fuerza desde el peronismo opositor la idea de armar un frente electoral a escala nacional, para las próximas legislativas. En ese armado antikirchnerista se ubican presurosos el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, Hugo Moyano, Felipe Solá, Francisco de Narváez y hasta el mismísimo sindicalista "Momo" Venegas.

Todos y cada uno de los nombrados refuerzan sistemáticamente como abonados a los programas del cable de noticias del multimedio hegemónico un diagnóstico alarmista sobre el devenir de la economía, fogoneando la idea del Rodrigazo, como símbolo paradigmático del descontrol de la inflación.

Pero qué fue realmente el Rodrigazo y qué similitudes tiene con el actual escenario político, económico y social. El 2 de junio de 1975, el entonces ministro de Economía Celestino Rodrigo dispuso un brutal ajuste que duplicó los precios y provocó una crisis en el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Rodrigo quería eliminar la distorsión de los precios relativos con una fuerte devaluación de 160% para el cambio comercial y 100% para el cambio financiero. La tasa de inflación llegó hasta tres dígitos anuales y los precios nominales subieron en 183% al finalizar 1975. Se produjo desabastecimiento de gran cantidad de productos de necesidad primaria (alimentos), combustibles y otros insumos para transportes.

Los argumentos oficiales fueron "sincerar" la economía argentina, reducir el enorme déficit público existente y aumentar la productividad de las empresas vía devaluación del peso. Otros opinan que también se buscaba hacer perder poder a los sindicatos, licuar deudas de empresas y bancos, y sobre todas las cosas, aumentar la tasa de ganancia de las empresas. El Rodrigazo disparó la disputa por el reparto del ingreso, en medio del vacío de poder y la espiral de violencia política. Ricardo Zinn, el verdadero cerebro detrás de este ajuste, sabía perfectamente las consecuencias de las medidas tomadas. Era un hombre profundamente conservador, que luego pasaría a ser funcionario de la dictadura militar. Para Zinn, había una "guerra" por la distribución del ingreso, y eran las empresas las que debían ganar. A los 49 días de asumir, y después de enormes protestas y movilizaciones, cae López Rega y Celestino Rodrigo deja el ministerio de Economía junto con todo su equipo.

Además de lo narrado hubo en ese particular contexto otras dimensiones del ámbito social y político no tenidas en cuenta no solo por Roberto Lavagna sino por todos aquellos que refuerzan ese pronóstico fantasmagórico de la inminencia de un nuevo Rodrigazo. En esos años, en centenares de establecimientos fabriles, miles de jóvenes confrontaban con las patronales y se organizaban desde las bases en sus lugares de trabajo. Contingentes orientados por lo que se llamó el activo amplio o la vanguardia natural de la clase. Tendencias heterogéneas entre las cuales surgieron la Juventud Trabajadora Peronista, el Movimiento Sindical de Base, o la Intersindical del legendario Agustín Tosco. Corrientes del clasismo fuertemente arraigadas no sólo en Córdoba sino en la provincia de Santa Fe, en Villa Constitución, en el gran Rosario y entre los años '73 y '75 en constante crecimiento en los cordones industriales del oeste, norte y sur de Buenos Aires. Crecimiento que fue socavando el poder monolítico de las viejas cúpulas sindicales, atravesadas por el ideario colaboracionista.

Esa compleja y explosiva realidad de las paritarias de 1975, donde se congregaron en las llamadas Coordinadoras de Gremios, tuvo su máxima expresión en el llamamiento de dicha Coordinadora, lo mejor de la militancia combativa con incidencia de masas. Esa nueva coordinación fabril alternativa a la cúpula cegetista, por su extensión y radicalidad, sintetizaba un verdadero cambio de época en el ámbito laboral. Esta nueva emergencia sindical generó una semana de paros y movilizaciones, que forzaron a la CGT de Casildo Herrera al primer paro general al gobierno de Isabel Martínez.

Por su parte el giro neoliberal del gobierno de Isabelita y la hegemonía de la derecha peronista, en su afán disciplinador, proyectó el ajustazo en materia económica del 2 de junio de 1975, con su ministro de Economía Celestino Rodrigo y en paralelo constituyó, en connivencia con fuerzas policiales, la patota sindical y grupos paramilitares como las tres A, que resultaron funcionales a lo peor de un empresariado ávido de desterrar del seno de las empresas la creciente democracia de base. Esa realidad abismalmente diferente es la que hace una verdadera caricatura a las afirmaciones del futuro candidato opositor Roberto Lavagna.




No hay comentarios:

Publicar un comentario