que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

2/6/12

TOC VERDE







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Entre el verde y el azul

En el contexto de crisis mundial en que estamos viviendo hoy nos encontramos por un lado, con EE.UU. tratando de reflotar la burbuja especulativa y por el otro lado con Europa haciendo sangrar siempre sus lujos con ajustes a la clase trabajadora, en pos de extender el mito de la Unión Europea; de más está decir que no se puede salir ileso frente a este panorama, aunque el crecimiento económico no se vio interrumpido, bajó unos números de aquellas famosas “tasas chinas”, pasando del 9% a rondar un 4%.

La historia nos tiene marcadas costumbres y dentro de ellas está la compra de dólares. Argentina está en el podio de los países (sacando a EE.UU.) que poseen más cantidad de dólares pér cápita y tiene una razón de ser: tenemos historia cercana de una hiperinflación, una década de convertibilidad ficticia y hoy por hoy, el peso no sirve como medio de ahorro frente a la inflación.

Sectores medios y altos son los abanderados de la divisa extranjera. En estos últimos días dejó de manifiesto, potenciado desde los medios, que la compra de dólares contiene un gran caudal de ciudadanía y se tomó como barómetro del grado de democracia.

Las restricciones puestas por la AFIP para controlar la fuga de divisas no es sorpresiva, sin embargo para algunos “defensores de la democracia”, esta medida roza la tiranía comunista. Desde el año pasado se está intentando contralar la fuga de dólares que se generan en el mercado argentino y parten sin decir “adiós”. El objetivo es claro y más que justificado: lo que se produce aquí debe tener su contraprestación correspondiente antes de escapar a territorios ajenos y poder ahorrar lo suficiente para afrontar la deuda con el Club de París o bien pedir préstamos nuevos.

Estos controles se suman a los realizados por la AFIP a grandes empresas como Bunge y la cooperación que se hará junto a Uruguay para evitar que ambos puertos fragüen evasores o mercadería no declarada. Ahora bien, controlar la venta a los simples mortales de la divisa no traería mayor inconveniente, sin embargo da una excusa perfecta para desgastar al kirchnerismo. Aproximadamente el 11% de los argentinos atesora en dólares y el 44% de la venta se hace por montos inferiores a los U$S 3 mil, no es un número chico pero el 56% restante maneja cifras mucho más grande y con fines poco claros. Mientras tanto los medios ayudan a crear la paranoia y foguean al “dólar blue” que tocó la semana pasada los $6 sin detenerse en aclarar que es una actividad completamente ilegal. Buscan generar una corrida bancaria.

Paradojas si las hay que la moneda que a nivel mundial nos desvela está sustentada sobre la nada misma, sólo por una continua financiación de deuda por préstamo, en un círculo que la Reserva Federal imprime billetes a su antojo y sin controles de los EE.UU. Podríamos intentar implementar un SUCRe como los países de ALBA para sus transacciones comerciales regionales y ahorrar los impuestos a las transacciones en dólar Nuestras reservas desde hace años vienen creciendo y sería productivo que se abra un debate constructivo sobre el peso argentino y la necesidad del dólar en la economía local, pesificar el mercado de los inmuebles y ver hasta qué punto la moneda nacional puede valerse por sí sola. Entendemos que esta medida con su costo correspondiente son el preludio de futuras decisiones trascendentales para la economía nacional. Mientras tanto nuestro campo guarda la producción en los silos esperando que el dólar se dispare para poder morder un poco más en la torta.

Alegre rebeldía
Boletín N°13



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Ahorristas que eligen creer en rumores

Los depósitos en moneda extranjera del sector privado se redujeron en la semana del 21 al 24 de mayo inclusive en 406 millones de dólares, equivalente a una baja del 3,6 por ciento, informó ayer el Banco Central. Este resultado evidencia una aceleración en el ritmo de salida de depósitos en dólares, que se reanudó a partir del endurecimiento de los controles oficiales para la compra de divisas.

Desde la aplicación de ese sistema de validación de la AFIP, a fin de octubre último, el volumen de colocaciones en moneda extranjera a plazo se redujo 25,2 por ciento, que representa 3716 millones de dólares, al pasar de 14.746 millones a 11.030 millones.

El Gobierno implementó el 29 de octubre de 2011 un sistema de consulta para la compra de moneda extranjera, con el objetivo de neutralizar la corrida cambiaria que tenía lugar en ese momento a partir de especulaciones sobre una fuerte devaluación luego de las elecciones presidenciales. Cercado ese canal de elusión cambiaria y tributaria, se inició entonces un proceso de salida de depósitos en dólares del sistema bancario. En ese momento el stock de depósitos para este segmento promedió los 14.746 millones de dólares. En noviembre la salida fue de 2586 millones de dólares, concentrada en la segunda y tercera semana de ese mes, con pérdidas de mil millones cada una.

El impacto, más allá de lo que se registró en los balances de los bancos, fue una baja en las reservas del Central debido a la reducción de dólares de encajes sobre esos depósitos. Los bancos deben inmovilizar en una cuenta del Central el 20 por ciento de las colocaciones de sus clientes. El organismo monetario flexibilizó entonces ese esquema, permitiendo que los bancos conserven el resto de los fondos que no sean encajes ni se presten, con el objetivo de que tengan la liquidez en dólares necesaria para abastecer la demanda de los ahorristas. La preocupación manifestada por la titular del BC, Mercedes Marcó del Pont, a los banqueros pasaba porque no se cortasen las líneas de prefinanciación de exportaciones a escasas semanas del inicio de la cosecha gruesa de soja.

Las medidas aplicadas por el Central descomprimieron la salida de depósitos. En los meses subsiguientes esa fuga llegó incluso –por momentos– a revertirse. En diciembre crecieron en 20 millones de dólares y luego se registraron caídas marginales: enero (145 millones), febrero (69 millones), marzo (92 millones) y abril (sólo 3 millones). Durante mayo se verificó un elevado nivel de rechazo de operaciones de compra de divisas, como resultado de nuevos parámetros utilizados por la AFIP. Esto generó una aumento en el precio de las transacciones en el mercado informal y una nueva salida de depósitos en moneda extranjera del sistema bancario. En lo que va de mayo –con datos oficiales hasta el 24 de ese mes– se registró una salida de 846 millones de dólares, 7,4 por ciento, para finalizar en los 11.030 millones de dólares.

En ambas oportunidades la no renovación de los depósitos en dólares respondió a rumores sobre medidas tendientes a pesificar esas colocaciones, lo que fue desmentido categóricamente por el viceministro de Economía, Axel Kicillof (Lo que quedó tras el negocio que hizo Repsol).

En la plaza cambiaria la divisa estadounidense se mantuvo en 4,49 pesos, sin variaciones en la semana, mientras que el precio para el denominado “blu” (ilegal) finalizó en 5,92, tres centavos por encima de la víspera. El Central adquirió 80 millones de dólares y el stock de reservas se incrementó con ese monto a 47.104 millones. Es la primera vez en tres semanas que el stock de reservas acompaña el volumen de compras oficiales, ya que el pago de vencimientos de deuda pública y del organismo, sumado al impacto de la salida de los depósitos y la caída en la cotización de otros activos en cartera, llevaron a una caída de casi mil millones en las reservas durante mayo, mientras que la entidad acumuló compras por más del doble.

Cristian Carrillo



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Tipo de cambio

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) con el dólar, síntoma que se ha agudizado en estas últimas semanas a partir de una terapia de shock de abstinencia inmoderada, gatilla el debate sobre el nivel del tipo de cambio. Desde vertientes de la ortodoxia se insiste con que la mayor demanda de divisas tiene su origen en el atraso cambiario provocado por el aumento de precios internos. Diagnóstico compartido por no pocos sectores de la heterodoxia e incluso por economistas cercanos al gobierno. Representantes de ambas corrientes sentencian que la paridad peso-dólar se fue retrasando en los últimos años, lo que ha provocado pérdida de competitividad en diferentes actividades productivas, en especial por el alza de los costos laborales medidos en dólares. En forma contundente concluyen que las mayores tensiones que se observan en el mercado cambiario son por la inflación y que un supuesto equilibrio se lograría con una devaluación. La ortodoxia plantea una fuerte, lo que implica elevados costos políticos para el gobierno y una importante transferencia de ingresos hacia el núcleo exportador, además de convulsiones sociales. En tanto, miembros de la heterodoxia proponen que los mini ajustes de la paridad tengan un ritmo más acelerado en el marco de la política de administración del tipo de cambio flotante.

Es un debate que está abierto y que la administración kirchnerista no rehúye, como puede suponerse. Lo que sucede es que no transita por ninguno de esos dos caminos sugeridos. La cuestión es encarar esa discusión con análisis rigurosos sobre competitividad más que la simple cuenta de relacionar el valor del dólar con la inflación...

Alfredo Zaiat




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