que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

19/7/11

GLOBOS Y RAZONES DEL TRIUNFO VECINAL



¿Qué sucedió en las cabezas porteñas para que ganara la ineficiencia macrista en políticas públicas? ¿Por qué el macrismo sacó más votos que los esperados y sorprendió a propios y extraños?

Seguimos analizando los resultados luego de las elecciones del domingo 10 de julio, en la CABA, donde se impuso la fórmula PRO con Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, con el 47 % de los votos de quienes se arrimaron a las urnas...



LA DICTADURA DE LOS VECINOS


En la medianoche del domingo había llegado a Costa Salguero con el siguiente mensaje: “Es hora de dejar de pelear con los fantasmas del pasado y mirar el futuro”. ¿Se refería acaso a los juicios por delitos de lesa humanidad? Imposible saberlo. Porque, de inmediato –y con Miguel del Sel como partenaire– se entregó a su danza. A unos metros, la vice electa, María Eugenia Vidal, ensayaba unos tímidos pasitos. Y la concurrencia aullaba de alegría, entre miles de globos multicolores. Poco después, Fito Páez arrojó su granada discursiva, bajo la cual correrían ríos de tinta. El relato de lo sucedido en las urnas giró entonces hacia un debate sobre la dialéctica del asco. Pero bajo los escombros de una cifra –el 47 por ciento de votos macristas– persistiría un interrogante: ¿cuáles son las pulsiones de un electorado que –en apariencia– vota a quien no lo representa ni protege? En otras palabras: ¿cómo interpretar la conciencia política de una ciudad?

Entra en el orden de las cosas que el PRO obtenga buena acogida en barrios como Recoleta y Belgrano, aunque es sorprendente que también arrase en Lugano y el Bajo Flores. En resumidas cuentas, ¿qué punto de identificación puede tener esa pequeña masa de pequeños propietarios, trabajadores de escasos recursos e, incluso, desocupados, con un tipo como Macri? Días antes de los comicios, un vecino de Balvanera explicó por Radio Continental que no lo votaría a Filmus porque éste “quiere sacar las bicisendas”. Ya se sabe que otros vecinos se inclinan por el PRO debido a que su líder “hizo una buena gestión en Boca”. Y, desde luego, también están los vecinos que confían en la honradez de Macri “porque, como es rico, no tiene necesidad de robar”.

Es que Macri es el impulsor de lo que se podría llamar la “dictadura de los vecinos”. Lo cierto es que él inyectó semejante ilusión de grandeza en el espíritu público, dando forma a una categoría social hasta entonces imprecisa, formada por kiosqueros, amas de casa y taxistas. Una categoría social plagada de miedos y atavismos. Que la inseguridad. Que los cartoneros. Que los piqueteros. De manera increíble, ese muchacho millonario, afortunado y frívolo llegó para velar por ellos. Porque él, pese a su dicción incierta, es nada menos que la voz de los sin voz. La voz de los que creen que “los derechos humanos son sólo para los delincuentes”. La voz que llegó para poner orden a las cosas. La voz que llegó para hacerles frente a todas las amenazas sin rostro que acechan en las calles.Y, además, sabe interpretar todos los sinsabores de la vida urbana.

Ya no importa que en el campo de la gestión haya perdido o deformado todas sus batallas. Tampoco importa su desinterés por los planes sociales. Ni el colapso de los hospitales. Y menos que las escuelas se vengan abajo.

¿En qué barrio, en qué esquina se discute sobre la “subejecución presupuestaria?”. ¿En qué se ve afectada la señora de Barrio Norte con que Macri haya pinchado el teléfono del cuñado manosanta? En nada. Porque Macri trabaja. Pavimenta calles. Arregla pasos a nivel. Inaugura playas secas para los pibes que no pueden viajar a la costa. Mauricio no hace política. Trabaja. Es el dirigente que transformó la ilusión de la antipolítica en un arma cargada de futuro. En ello consiste su liderazgo. Un liderazgo cifrado en la simpleza o –como escribió Horacio González– en el “extremismo de la simpleza”. Al fin y al cabo, la “nueva política” es precisamente eso.

Hace no mucho, los partidos políticos tenían por nombre un adjetivo que enunciaba su ideología. Ahora, ningún partido se llama “conservador” o “liberal”. En estos tiempos, los siglas ofician como nombres de pila. Nombres sin significado. Pero con marca. Una marca detrás de la cual subyace una compleja ingeniería de publicidad y mercadotecnia; una fábrica de contenidos llena de gerentes y administradores diestros en el difícil arte de teñir las raíces de su ideología.

Así, con tales recursos, Macri pudo dar su mensaje y lograr la aceptación de un vasto sector social, que se expresó a través del voto. Por eso los globos de cumpleaños. Por eso la palabra “bienvenidos”.





MACRISMO SIN MACRI


Suele suceder que una comunidad se sorprenda ella misma de lo que, sin proponérselo, acaba realizando. Mauricio Macri y Daniel Filmus encarnan los dos modelos de ciudad que conviven en esta monstruosa megalópolis, que recuerda y olvida según su bipolar estado de ánimo porque en ella conviven famosos y olvidados, torturadores y víctimas, laburantes, vividores y ñoquis perpetuos, el rock, el tango y la cumbia villera. Frivola, narcisista y rica como pocas, esta ciudad construye los pisos más suntuosos y las villas miseria más pobladas y eternas de la Argentina. Es la ciudad donde no se pudo hacer Tecnópolis pero que se paraliza fascinada ante la largada del rally París-Dakar.

Este gran manicomio urbano tiene más psicólogos y mas psicoanalizados por metro cuadrado que cualquier otra capital en el mundo, pero eso no previene los masivos ataques de locura de sus habitantes ante los cortes de calles o las interrupciones en los trenes y los subtes. Es la ciudad en donde las preocupaciones sociales y éticas conviven con la amnesia más impúdica. El único lugar en el mundo donde iracundos ahorristas perdonaron a los bancos, pero jamás perdonarán a los piqueteros. También es la ciudad de millones de seres que una vez quisieron cambiar el mundo y ahora se conforman con cambiar a la Federal por la Metropolitana.

¿Por qué Buenos Aires es tan esquizofrénica? Una razón es que la riqueza que se produce en las pampas y en los suburbios industriales se realiza y se gasta en Buenos Aires, donde el Producto Interno Bruto es de nivel europeo. Pero, también, es la ciudad donde un sector cada vez más numeroso de la clase media urbana asume como propios los valores y los modelos de los ricos. Es preciso decirlo: hay vastos sectores populares que dejaron de pensar en un avance social colectivo y se refugiaron en la pobre esperanza del ascenso social individual. En ese sentido, Mauricio Macri no sólo encarna la pasión por el dinero y el éxito, sino que también expresa el desprecio de lo político: a un 30 por ciento de sus votantes no les interesa la política. Para ellos, la palabra “libertad” es sinónimo de libertad de circulación y de bicisendas. Macri personifica como pocos a todos aquellos que detestan a los sindicalistas y que quisieran exterminar a los piqueteros, los cartoneros y –en primer lugar– a los trapitos. Muchos de esos votantes son hijos y nietos de inmigrantes que ahora profesan una xenofobia sigilosa, un racismo pigmentario, que sólo Macri se atreve a verbalizar con el argumento de “reglamentar la inmigración descontrolada”. En ese sentido, a una amplia franja de votantes tampoco les crea problemas de conciencia que Macri patee a los sin techo o que pretenda reducir a las villas a una suerte de Disneylandia de la cumbia villera. Todo lo contrario: lo aprueban.

Con la inapreciable colaboración de los medios hegemónicos, Macri exhalta los valores de las soluciones individuales. El sur de la ciudad, donde las fábricas desaparecieron junto con los obreros y la solidaridad, y donde se amontonan los trabajadores mal pagados y precarizados, votó casi igual que los barrios ricos porque Macri cabalgó un racismo inmundo. O sea, los pobres del sur votaron por Macri para sentirse superiores a la gente que convive con ellos.
En la vereda de enfrente, la campaña de Daniel Filmus no convenció diciendo que Macri era estúpido, que decía tonterías, que era un vago, que no hablaba ni debatía para no decir pavadas. Tampoco funcionó como argumento que dejaba que las escuelas públicas y los hospitales se derrumbasen. Entre muchos pobres en ascenso, aún perviven las ideas privatistas y antiestatistas. Ellos adhieren a las ideas de la oligarquía sobre el carácter parasitario del Estado, como se demostró durante el conflicto del campo.

El empecinamiento en criticar a Macri contribuyó a victimizarlo en una primera instancia y –más tarde– a inmunizarlo. En el imaginario colectivo, ese hostigamiento y aislamiento al jefe de Gobierno se terminó percibiendo como un castigo dirigido contra todos los porteños que reivindican el individualismo y suscriben la teoría del miedo y la inseguridad. Pero, Macri no ganó sólo por eso. El macrismo se explica sin Macri. El macrismo “popular” es la expresión del atraso, la xenofobia, la incultura y la despolitización. Hay que disputar la influencia sobre los sectores medios y destruir los mitos con los que quieren dominarlos.




1 comentario:

  1. muy bueno el análisis, tome una parte del texto q publicaron para mi blog: anticontradictorio.blogspot.com
    saludos desde uruguay

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