que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

13/2/11

SE VIENE EL PROMENEMISMO






Pasaron casi 10 años entre un ofrecimiento y el otro. Entre el de 2002 y el actual. El primero, ajustado a la coyuntura de la política nacional, fue más solemne y grave, y se escenificó en el amplio comedor de la quinta de Olivos, en Vicente López. En la cabecera de la mesa de madera, Eduardo Duhalde, en su rol de presidente inesperado, de “piloto de tormentas”, según la metáfora que tanto le gusta concederse ahora. A un costado, Mauricio Macri, todavía presidente de Boca, ya en plena transición hacia la política electoral. Duhalde lo tentó con la sucesión del mando y Macri pasó. Habló de la necesidad de “experimentar”, de “capacitarse”.

En el ínterin, lo sabido: el casting duhaldista derivó en un casi desconocido Néstor Kirchner y Macri prefirió probar suerte en la Capital Federal. Con partido propio, perdió en 2003 y ganó en 2007. En noviembre pasado, casi 10 años después de aquella charla en Olivos, Duhalde alentó a Macri por teléfono: “Metele, dale, tenemos que ir para adelante”. Y Macri, ya alcalde, ya “experimentado”, y a pesar de su discurso incombustible sobre la nueva política, aceptó la oferta y cerró el déjà vu presidencial.

El pacto entre Macri y el Peronismo Federal, una suerte de ProPeronismo, se sostendría, desde ya, en el interés mutuo. Vista desde PRO, la alianza con el PJ antikirchnerista compensa la floja estructura nacional del partido de Macri. Sumaría, a su vez, una franja de votos justicialistas y evitaría la dispersión de dos candidaturas anti-K en un universo simbólico similar: la propia de Macri, más la de Duhalde (o Rodríguez Saá, Mario Das Neves y Felipe Solá).

Hay más. Porque Carlos Reutemann dio un portazo en la mesa federal el año pasado y se bajó de cualquier candidatura posible. Pero con Reutemann nunca se sabe. Es que sobre las perspectivas del santafesino es muy difícil hacer futurología: nadie termina de descifrar su poesía muda. Sus últimas palabras públicas, crípticas, una vez más, se registraron en noviembre pasado. “No todos respetaron el duelo de la Presidenta”, dijo el ex piloto de F1 y, desde entonces, silencio de radio. Pero sigue jugando. Días atrás, se encargó de mandar a negar la fogoneada fórmula “Macri presidente-Reutemann vice”. No sólo eso: avaló, además, un acuerdo de su espacio político con los peronistas K, en Santa Fe.

Macri no se desanima ni lo toma como un no definitivo, pero tampoco busca presionar al sensible ex piloto. Con encabezar el aparato nacional del peronismo no K, el alcalde se conforma. Sabe, además, que ciertos pruritos estéticos frente al PJ pueden funcionar bien en Recoleta y, a la vez, restarle en la patria emocionalmente peronista. En definitiva, la historia dura de la Argentina marca que el PJ, en sus distintas variantes, gobierna desde hace 20 años.

La peronización de PRO excita, de rebote, al jefe de ministros porteño, Horacio Rodríguez Larreta, absorto en un mano a mano cruel con la otra aspirante a la herencia de Macri: la carismática Gabriela Michetti. Larreta, abajo de “Gaby” en las encuestas, reúne más consensos dentro de PRO y del peronismo, y compensa con cintura política su falta de sex appeal electoral.

El otro actor primario del folletín político del verano, Francisco de Narváez, también avaló el acuerdo y apunta a ser el candidato a gobernador bonaerense del combo “ProPeronista”.
En el PJ antikirchnerista, la falta de opciones achica dramáticamente su libertad. Los federales se contentan con lo posible y lo conocido. En 2002, Duhalde valoraba tres aspectos de Macri: su perfil de outsider —muy cotizado, al calor de las protestas antipolíticas de 2001—; su imagen positiva, construida sobre los éxitos deportivos del Boca de Carlos Bianchi; y cierta docilidad en el liderazgo interno que, suponía el ajedrecista de Lomas, le permitiría a él ocupar un cargo no formal, aunque siempre anhelado por Duhalde: el de estratega en las sombras. En 2011, tras nueve años de cambios sociales y personales, Duhalde reconoce en Macri… casi lo mismo.

Y si bien la posibilidad de alinearse detrás de Macri no emociona para nada al peronismo anti-K, perder entusiasma mucho menos. Una candidatura testimonial, sea encabezada por Duhalde o por Rodríguez Saá, Das Neves o Solá, es un no lugar dentro de la historia del PJ.

También están los números. Duhalde, a la fecha, no supera su ya tradicional techo de 10 puntos, en la categoría intención de voto. Los demás peronistas federales que vienen con ambición presidencial miden menos aún. A casi seis meses de las elecciones primarias, el núcleo de los justicialistas no kirchneristas comienza a asumir ese paisaje electoral.

Revertir la tendencia, entienden los federales, no será fácil. Pero ya maquinaron un plan A: una interna larga, por regiones y bien a la estadounidense; dos meses seguidos de discursos, de cruces teatrales por TV, por radio y en los diarios. El proceso, asumen, les garantizará visibilidad mediática y, al final, unificará y jerarquizará los deseos internos en función de los externos.

El ex presidente es, por ahora, el que tiene más chances relativas, en contraste con “el Alberto” (Rodríguez Saá) y “el Portugués” (Das Neves), en el argot justicialista. “A fines de mayo, estaré encima de los 20 puntos. Y llegaré a la segunda vuelta con el 26 ó el 27 por ciento”, pronosticó Duhalde. Hoy, el encuestador más optimista le otorga un 7 por ciento y, en paralelo, un nivel de rechazo muy alto. En resumen, una autoprofecía de difícil concreción.

De ahí, más por default que por convicción, entra en juego el plan B: 52 años; ingeniero civil de la Universidad Católica Argentina; casado en segundas nupcias y de ideología liberal. Es decir, una alianza con Mauricio Macri para evitar que se materialice la peor pesadilla duhaldista, la que más lo angustia y deserotiza: que Cristina Fernández de Kirchner sea reelecta.

“Es una posibilidad cierta”, admitió Duhalde sobre la posible unión de los federales con el macrismo. Y propuso tomar como modelo la “experiencia muy exitosa” de la sociedad que, en las elecciones legislativas de 2009, concretaron Macri, Solá y De Narváez.

Este último, incluso, ya difundió la fórmula Macri presidente-Reutemann vice-De Narváez gobernador. “Con esa boleta, hacemos boleta al kirchnerismo”, declaró De Narváez, en una actualización doctrinaria de su pegadizo “alica, alicate”.

Reutemann, sin embargo, no habló, tal su costumbre. Ahora, de vacaciones por Nueva York, el “Lole” calla y alimenta su propio mito. Y con él, sobrevive esa obsesión de algunos medios y del justicialismo no K: que encabece, acompañe o, al menos, apoye con alguna vehemencia la candidatura presidencial de esa fuerza.

El reciente compromiso asumido por los peronistas santafesinos, kirchneristas y reutemistas incluidos, de asociarse bajo un mismo frente electoral para pelear la gobernación al Frente Progresista Cívico y Social de Hermes Binner parece llevarse puesta cualquiera de esas hipótesis. Ser kirchnerista en Santa Fe y macrista en la Nación le implicaría un gran esfuerzo de flexibilidad ideológica. Algo difícil de presentar en público, pero nunca imposible para el enigmático “Lole”.

En el hotel marplatense de Costa Galana, comiendo lenguado junto a Mirtha Legrand y eludiendo los escraches del Frente Popular Darío Santillán, Duhalde también desalentó la posibilidad de que el “Lole” tome partido. Legrand preguntó por Reutemann y Duhalde contestó: “Tengo un cariño y un respeto por él, pero no va a participar de la elección. ‘No me molesten más’, dijo, ‘este año no’”. Así, repitiendo sus supuestas palabras, Duhalde selló su vínculo con Reutemann. Al menos por ahora.

Fue también un desaire televisado hacia De Narváez, quien había asegurado que había “conversaciones” con Reutemann. El que aprovechó la operación errática de De Narváez fue otro de sus aliados-enemigos (un vínculo inusual, aunque muy practicado por De Narváez): Jorge Macri, el primo hábil de Mauricio, diputado provincial y precandidato a gobernador bonaerense de PRO. O sea, el mismo cargo al que aspira De Narváez.

“No hubo llamados de ningún tipo”, lo contradijo Jorge. Y remató con un: “No hay apuro para cerrar las listas ni a nivel nacional ni en provincia”. Los macristas seguirán pasándole la lija a De Narváez; inflarán la candidatura de Jorge Macri y, así, condicionarán al dueño de La Rural.

La esperanza para la gobernación bonaerense de los peronistas disidentes es Graciela Camaño, popular desde su trompada a mano abierta al diputado ultra K Carlos Kunkel. Para Camaño, el box fue la continuación de la política por otros medios y eso, naturalmente, la instaló como candidata.

Llegado el caso, encuestas en mano, macristas, peronistas federales y denarvaístas se definirán por una única boleta. Por haber vencido a Néstor Kirchner en plena Provincia de Buenos Aires y por su famosa disposición de recursos, De Narváez puntea el ranking.

También en la Capital Federal, cada sector cuenta con aspirante propio. En el macrismo, lo dicho: el puesto será para la diputada Gabriela Michetti o para Horacio Rodríguez Larreta. Ella, con encuestas más favorables; él, con mayores apoyos.

De Narváez promueve a José Scioli, alias “Pepe”, hermano y ex funcionario bonaerense de Daniel, pero a su vez porteño y con ganas de gestionar la Capital. Los federales se entusiasman con la candidatura de Martín Redrado, ex presidente del Banco Central y hoy asesor duhaldista, entre otras cosas. El egresado de Harvard afirmó que Macri y Duhalde “tranquilamente podrían medir fuerzas en las primarias abiertas para determinar la fórmula presidencial”.

Pero falta, aún, para cerrar la letra fina de las alianzas. “PRO y Mauricio son amplios y siempre incorporaron a sectores del PJ. Tenemos que trabajar para concretar los acuerdos con el Peronismo Federal”, dijo a Newsweek el jefe de los legisladores macristas, Cristian Ritondo, viceministro del Interior durante la presidencia de Duhalde.

“Ya iniciamos el proceso de preinternas. El candidato que surja deberá tejer un gran acuerdo con epicentro peronista. De este lado, hay vocación frentista”, aseguró a esta revista el diputado Ramón Puerta. El ex gobernador misionero y fugaz presidente durante el verano de los saqueos y de los cinco presidentes en una semana coordina las reuniones de Duhalde, los Rodríguez Saá, Das Neves, Solá y el salteño Juan Carlos Romero.

La preinterna de los federales arrancará en abril y se extenderá por seis o siete domingos consecutivos. Según el plan, la elección se dividirá por regiones: NOA, NEA, la Patagonia, Centro (Córdoba y Santa Fe), Provincia de Buenos Aires y Capital Federal. La Cámara Electoral cederá los padrones de 2009, pero la fiscalización estará a cargo de los justicialistas, que usarán el sello Frente Unión Federal.

Felipe Solá ya avisó que no se anota en esa preinterna. También comentó: “No descarto una alianza con Macri” y: “Hay que mantener lo mejor del kirchnerismo”. Su estrategia es dejar pasar la preinterna de los federales y competir directamente en la primaria del 14 de agosto.

Los perseverantes que sí se anotaron son: Duhalde, Alberto Rodríguez Saá y, con algunos reparos, Mario das Neves. Ganará uno. Y, en el ideal verticalista de sus militantes, esa victoria pondrá orden en el mundo revoltoso del Peronismo Federal. Más adelante, el “orden” se expandirá sobre toda la Argentina, según la promesa de campaña. Pero eso será en una etapa posterior. Antes, hay una elección primaria agendada, obligatoria por ley.

“El modo de legitimar una convergencia entre el Peronismo Federal y PRO se dará en agosto, en comicios entre los candidatos de ambos espacios”, afirma Miguel Ángel Toma, ex jefe de la SIDE, cerebro del PJ Federal, de buen trato con los gerentes del macrismo, incluido su jefe.

Toma proyecta una primaria entre Duhalde y Macri, con Duhalde ganador. Los macristas, lo mismo pero con resultado invertido. Una interna exitosa, se entusiasman en PRO, será una doble carambola para Macri: le permitirá conducir las estructuras del justicialismo no K y, a la vez, presentarse como adversario interno de Duhalde. Una forma de sumar sin quedar pegado a una figura con alta imagen negativa (según la consultora OPSM, el 62,5 por ciento de los argentinos jamás votaría a Duhalde).

El perfil de Macri y su discurso liberal pleno tampoco enamoran a todos los justicialistas. “Dentro de las posibles alianzas del Peronismo Federal, Macri es mi límite”, avisa Das Neves en charla con Newsweek. Y ni siquiera el alcalde porteño es una garantía electoral. Para la consultora Equis, mide un 12,3 por ciento y, según las propias encuestas macristas, alcanza un 19 por ciento.

Como sea, todavía lejos de Cristina Fernández de Kirchner, con su franja de 35 a 45 por ciento, dependiendo de quién encargue la medición.

En resumen, si fuera por Macri y por Duhalde, la alianza estaría en marcha. Y lo está, de hecho, en sus distintos andariveles: municipales, provinciales y nacionales. En Córdoba, macristas y federales coinciden en la candidatura a gobernador de Eduardo Mondino, ex defensor del Pueblo de la Nación. En Salta, ambos empujan a Alfredo Olmedo, diputado que se hizo conocido por enfrentarse, con dudoso gusto (y argumento) al matrimonio igualitario.

“Existen muy buenas relaciones con el PJ, a nivel de la dirigencia nacional y también en las provincias. No descartamos una alianza y mantenemos activos nuestros vasos comunicantes”, asegura el jefe de campaña presidencial de Macri, el peronista Humberto Schiavoni.

La figura de Schiavoni refiere a un segundo pelotón dirigencial: varios hombres y una mujer, obreros de la “rosca” política que llevan y traen del macrismo al PJ y del PJ al macrismo. Del equipo PRO, se destacan Ritondo, el ministro de Ambiente Diego Santilli, el diputado Jorge Triaca, Jorge Macri y el operador Emilio Monzó, ex ministro de Agricultura de Scioli. De parte del grupo humano del PJ Federal, figuran Puerta (amigo personal de Macri), Toma, Camaño, el gastronómico Luis Barrionuevo y el ex intendente de San Martín Carlos Brown.

Las reuniones se concretan en las oficinas de Triaca, sobre la Avenida Rivadavia y frente al Congreso. Macri casi nunca asiste.


El último cara a cara de Macri con el grueso de los generales del PJ no kirchnerista fue en octubre, en el departamento del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, en Alvear y Cerrito, junto a Duhalde, Solá, De Narváez y Reutemann.

Por regla, Macri trata de evitar el cotilleo y el “reunionismo”, como él lo define. Es la parte de la política que más lo aburre y desgasta, entregado ya, mansamente, a su candidatura presidencial.






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