que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

22/11/09

CARLOS STORNELLI



















Ex fiscal federal con linaje militar

El periodista Enrique Vázquez suele evocar un pasaje de su vida profesional: “En 1983, cuando ingresé a Radio Belgrano, me recibió el interventor militar. Estaba de uniforme y tenía un crucifijo más grande que el de Río de Janeiro”. Se trataba del teniente coronel Atilio Stornelli. Éste, si bien pasó a retiro una vez restaurada la democracia, volvería al Ejército para prestar servicios administrativos. Hasta 1992, cuando fue cesanteado por el general Martín Balza. A éste, semejante osadía no le salió barata. Tres años después, luego de que en su calidad de comandante en jefe del Ejército efectuara su famosa autocrítica, el teniente coronel Stornelli –junto con el ex represor Genaro Díaz Bessone– sería uno de los que suscribieron su expulsión del Círculo Militar.

Y, un lustro después, su hijo, el entonces fiscal federal Carlos Stornelli, lo envió tras las rejas en el marco de la causa por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia. Por entonces, Stornelli Junior ya estaba casado con Claudia Reston, hija del ex ministro de Trabajo durante la dictadura, Llamil Reston. Por entonces, ella trabajaba en el estudio jurídico del ministro del Interior menemista, Carlos Corach. Y fue éste quien impulsó a su marido en el cargo de fiscal.

Ahora, entronizado como el responsable político de la seguridad en la provincia de Buenos Aires, diríase que no se priva de nada. Y en dicha gestión tuvo que ver alguien de su máxima confianza; su nombre: Soledad Spinetto. Se trata de quien fuera la esbelta secretaria del ex gobernador Felipe Solá, antes de contraer enlace con el encarcelado barrabrava de Boca, Rafael Di Zeo. Su nombre sonó para ocupar un puesto en el equipo de Stornelli. De hecho, sus consejos fueron determinantes en su construcción, al igual que algunos nombres de su agenda; entre ellos, el del polémico ex jefe de la Federal, Roberto Giacomino, que habría asesorado a Stornelli en ciertos aspectos de la gestión. Spinetto también acercó al Ministerio a otros tantos ex oficiales de alto rango tanto de la Federal como de la Bonaerense. Spinetto realiza actualmente tareas de coordinación entre la Unidad Ministro y la Auditoría de Asuntos Internos, además de figurar en la nómina de esa cartera con rango de Directora.



Punteros y porongas

Cualquier argentino está familiarizado con el término puntero. Denostados, por izquierda y por derecha, así se denomina a esos políticos –desde funcionarios hasta juntadores de votos– que acceden a la trama de dinero, planes sociales, puestos en municipios o acceso a negocios tales como la obra pública. Los porongas son menos mencionados. Porque poronga suena grosero pero, sobre todo, porque da miedo meterse con ellos. En la jerga policial no podía surgir un nombre elegante para nombrar a los jefes que, en actividad o exonerados, la tienen tan grande que pueden partir al medio a cualquiera. No es preciso haber sido un lector denodado del recientemente fallecido Claude Lévy-Strauss para saber que se habla como se vive. Es decir, el lenguaje es una prolongación del acto. También es un acto. No es lo mismo patear una mesa que decir algo. Pero ciertas palabras o conceptos generan conductas. Los porongas generan disciplina. Imponen respeto a unos y terror a otros.

La Bonaerense no está sola. Hay una red –podría llamarse corrupción estructural– de delitos ocultos que pretenden justificarse en la escasa remuneración salarial. Pero el problema no son los vales de nafta o los viáticos, sino la impunidad. Desde las zonas liberadas para que algunas bandas operen –y paguen el diezmo a los recaudadores de los porongas– hasta el uso de mano de obra juvenil para cometer delitos. ¿Alguien puede creer que dos pibitos chorros de una villa se roban un Mercedes Benz por cuenta propia? Ni siquiera en un mal guión de Hollywood. Es más, el mismo juez platense Luis Arias denunció casos en los cuales, las mafias policiales les pagaron a los pibes “con 40 dosis de paco” por hacer trabajos sucios. Arias aseguró que, además, se tomó la molestia de constatar que muchas de las partidas presupuestarias destinadas a la contención de chicos en riesgo (calle, droga, delito) no llegan a destino. Claro, el ministro de Seguridad Carlos Stornelli denunció penalmente a Arias.

Stornelli, el contrarreformador, prefiere a los porongas. Para él, aquella reforma de León Arslanian, que tanto furor causaba en la familia policial, es nefasta. Porque con los foros de participación comunitaria se puede husmear lo que pasa en las comisarías, enterarse de los recorridos de los patrulleros y hasta incidir en el nombramiento de los jefes de las comisarías. Y los porongas tienen todo el circuito armado. Bien lo sabe el peronismo conservador bonaerense: cuando arreció la pelea entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde se tiraron con fruta muy pesada. El entonces gobernador, que había esculpido con cuidado su relación con la Bonaerense desde 1974, estaba orgulloso de la mejor policía del mundo. Hoy no la maneja Duhalde. Pero éste logró poner a muchos jueces y fiscales que son amigos de la familia policial y de los punteros políticos. Pero también lo saben radicales que, con menos intendentes en la provincia, tienen senadores y diputados que miraron al costado cuando Arslanian hizo la reforma y que ahora hacen lo mismo frente a la contrarreforma de Stornelli. Además, a la hora de dar acuerdo para los nombramientos de jueces o fiscales miran más sus intereses que la probidad de los candidatos.

En la provincia de Buenos Aires no hay una puerta giratoria para los presos. Las cárceles albergan a cerca de 30.000 presos. El noventa por ciento proviene de hogares pobres o de barrios marginados. No hay prácticamente presos por delitos de guante blanco. Los pocos ex policías procesados porque alguna vez fueron pescados in fraganti lograron zafar de las condenas porque los jueces encontraron vicios procesales o desestimaron evidencias. En contraste, el setenta por ciento de los presos tienen prisión preventiva pero no condena. Por la incapacidad de jueces y fiscales es que, a veces, algunos presos logran que se les computen doble los años sin condena y salen relativamente pronto. Pero, ojo, en otros casos no es que los magistrados sean incompetentes, sino que son corruptos.

Con respecto a los mal llamados menores (que para la ley provincial son “niños, niñas y adolescentes”, como en la Convención Internacional de los derechos…), la legislatura provincial sancionó una ley de Protección de los Derechos de la Infancia en 2004.

Por distintas dilaciones, se puso en marcha hace dos años y significó la creación progresiva de tribunales especiales y de servicios de contención también adecuados a cambiar la ley de Patronato por una de derechos. Hubo dos especialistas que pasaron por la subsecretaría de Niñez y Adolescencia (Martha Arriola y Cristina Tabolaro) que fueron desechadas por el gobernador Daniel Scioli, sin dudas a instancias de Stornelli, quien coincide con que el tema de niñez en calle o en riesgo debe ser asimilada a la órbita policial. En muchos distritos, las líneas telefónicas para contención de chicos en calle pasan automáticamente al 911, la línea policial. Todo un dato. Todo un mensaje. Todo un lenguaje. Todo un acto.

Eduardo Anguita



Hay una crisis seria de inseguridad

"No es la primera vez que la provincia de Buenos Aires atraviesa por una crisis seria en materia de seguridad, con incremento de hechos y con la alarma de la gente", afirmó el ex funcionario León Arslanian y recordó el anterior "pico que ocurrió entre 2002 y 2003".

El reconocido jurista criticó la gestión en materia de seguridad de Scioli y de su ministro Carlos Stornelli y alertó sobre las "objeciones constitucionales" del proyecto para restablecer el Código Contravencional, al que ubicó en términos peores de los que existían en la última "dictadura" militar.

Arslanian vinculó las protestas al incremento de los índices delictivos y respaldó las cifras difundidas por la Procuración Bonarense, que reveló que en la Provincia ocurren 9 homicidios por día, el triple de lo que admite la administración Scioli. "Las cifras de la Procuración son absolutamente veraces. No tengo por qué desconfiar de la fuente judicial. No habría este estado de crispación y clamor social, y la cantidad de noticias de homicidio tras homicidio si las estadísticas fueran tan bajas como se pretende", alertó Arslanian, en Radio Mitre.

"Reivindico lo que hice. Yo no tenía puebladas. Durante mi gestión se redujo sensiblemente los índices del robo automotor más de 30%, los homicidios a la mitad y desapareció prácticamente el secuestro extorsivo, que era una pesadilla. Hicimos el 911 y logramos poder prestar un auxilio más rápidamente a personas que sin ese sistema no podían comunicarse con servicio policial. La reforma fue exitosa", consideró.

El ex integrante de la Cámara Federal que condenó a los jefes de la última dictadura advirtió que el gobierno de Scioli lanzó "una contrarreforma" a la que él había puesto en marcha y lo ejemplificó con lo realizado con la nueva función del 911, "que se convirtió en una suerte de Comando Radioeléctrico", como así también con "la desarticulación de los foros vecinales".

Sobre el aumento de la delincuencia, Arslanián advirtió que "hay una íntima conexión entre el fenómeno del crecimiento de la pobreza, la inequidad social y la exclusión social asociada al incremento de la violencia".

Consultado por el proyecto del Ejecutivo provincial de un nuevo Código Contravencional, Arslanian manifestó: "Es algo que va más atrás de la dictadura, a la década del 20. Tiene objeciones constitucionales de distintas procedencias".

"Concede un poder exorbirtante a la Policía y le confiere facultades de detener personas de sectores más vulnerables de la sociedad, como mendigos, gente sin hogar, el encarcelamiento por causas menores, insultos, merodeo y permite la prisión por deudas", afirmó.

El ex ministro consideró que los cuestionamientos que le hicieron desde la gestión actual, a su paso por el Ministerio de Seguridad "es una crítica ridícula y cobarde, porque hay que asumir responsabilidades. Yo puedo mostrar qué hice en los dos primeros años. Esta gestión no puede demostrar nada, hasta ahora ha deconstruído, los resultados están a la vista".

"No se trata de enjuiciar a las autoridades, sino de atender a la opinión pública que se está manifestando. Con la desarticulación de los foros vecinales hay una disconformidad profunda que me gustaría que advierta el gobernador y así escuchar otras veces", concluyó.

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