que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

15/6/09

El viejo truco de la fuga de capitales



Dada la política de la administración nacional de aislarnos del sistema financiero internacional y procurar la mayor parte de los recursos de fuentes internas, la crisis financiera mundial impactó en nuestro país por el lado de los precios de nuestras exportaciones y en el acrecentamiento en la dificultad de colocar nuestros productos, así por una mayor competencia y a menores precios de los productos que importamos y producimos en el país.

Sin embargo, grandes empresas, formadoras de precios en mercados claves como son el siderúrgico, cemento, energía en todas sus variantes, aluminio, papel, que son a su vez insumos de otros productos, restringen a partir de la segunda parte del año pasado sus inversiones.

Esto es, habiendo obtenido importantes márgenes de ganancia en todo el período de recuperación de la economía argentina, donde el PBI acumuló un crecimiento de más del 50%, donde ellos se apropiaron de la mayor parte de ese crecimiento, produciendo siempre en el límite de su capacidad instalada, sin incorporar más trabajadores, máquinas y materias primas que las que sus fríos números le aconsejaban, deciden, una vez desatada la crisis financiera internacional, dejar de invertir, bajar el tren de actividad, y fugar capitales al exterior.

En el año 2008, la inversión significó el 23% del PBI, suma mayor que la tasa del 19,8% del año 2005, que los 21,6% del año 2006, y que los 22,6% del año 2007; sin embargo, es insuficiente para emplear a todas las personas dispuestas a trabajar en la Argentina y para mantener la tasa de crecimiento del PBI a lo largo del tiempo.

No se cuenta con los datos del corriente año 2009, pero se puede inferir que la tasa de inversión dejó de crecer. Los empresarios prefirieron ajustar por el lado de dejar de invertir en sus plantas, para quedarse con el excedente.

Si observamos los balances presentados por las empresas que cotizan en el Mercado de Valores de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (Cuadro 1), veremos que las que tuvieron importantes márgenes de ganancia están vinculadas a la Industria Metálica Básica, a la Refinación de Petróleo y a los servicios bancarios y de telefonía.

Si cruzamos esa información con la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) a esa misma fecha (30/06/2008), que nos informa el Indec, notaremos que:

• Industrias metálicas básicas: la UCI es del 97,3%

• Refinación de petróleo: la UCI es del 91,1%

• Industria textil: la UCI es del 83,5%

• Edición e impresión: la UCI es de 77,3%

• Papel y Cartón: la UCI es de 76,6%

Todos esos sectores requieren inversión para aumentar la capacidad de producción, dado que en la Argentina actual y futura, falta ampliar la oferta de bienes y servicios y que, en algunos sectores más que en otros, sólo se lo puede lograr mejorando e incrementando la infraestructura y las máquinas y equipos.

El problema estriba en que en conjunto y en promedio, pese a que la mayoría de los sectores productivos operaron en estos últimos años con elevados márgenes de rentabilidad (mayores incluso que los de la década de los ’90), como lo demuestran los balances presentados en todos estos períodos, sin embargo no se transforma parte de esas ganancias en inversión (en promedio, las empresas ganaron más que en la década de los ’90, pero invirtieron menos).

Cuando observamos, siempre basándonos en el Indec, la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) del año 2008 y del primer trimestre del 2009 (Cuadro 2) se ve claramente. Con estos datos podemos concluir que se ha producido en general una importante contracción del nivel de actividad de los sectores seleccionados, que se refleja en la falta de inversión y la baja de la utilización de la capacidad de producción, como lo demuestran las industrias metálicas básicas (empresas del grupo Techint, Acindar y Aluar), y que sigue siendo alta la utilización en la refinería de petróleo.

En síntesis, ante la crisis, las grandes empresas de las ramas mencionadas reducen su actividad.
La teoría económica nos dice que para cumplir el objetivo de un crecimiento sostenido es necesario:

a) Utilizar la capacidad productiva disponible, mejorando el nivel de ocupación del capital y de la mano de obra de una manera sostenible.

b) Alentar la formación del capital.

c) Aumentar la productividad mediante mejoras en la calidad de los factores y la eficiencia de su asignación.


Bien, el fuerte incremento de la productividad del trabajo del período 2003-primer semestre 2008, se lo apropiaron los dueños del capital, y cuando tenían que invertir parte de ese excedente para suplir la baja dotación de capital, prefirieron fugar esas ganancias como lo demuestra la cuenta “Formación de Activos Externos del sector privado no financiero” del Balance Cambiario del BCRA, que tuvo un resultado de U$S 23.098 millones en todo el año 2008, y alcanzó los U$S 5.684 millones en el primer trimestre del 2009. Con lo que podemos apreciar que residentes argentinos han sacado, a lo largo de quince meses, de la circulación interna de la Argentina la suma astronómica de 28.782 millones de dólares. Suma que representa más del 50% del total de la inversión de las empresas privadas en nuestro país, o, si se quiere, casi el 10% de lo que se produce por año.

Qué es eso de la burguesía nacional. Todo modelo de acumulación se basa en la inversión productiva que se financia con la ganancia generada en la actividad. Cuando observamos que más de la mitad de las ganancias declaradas por las empresas en lugar de invertirse en el país se fugan, que abusando del derecho de propiedad y de las libertades que la Constitución Nacional les confiere, en lugar de ampliar la producción y generar más puestos de trabajo, una parte importante de los empresarios y funcionarios de esas empresas deciden sacar gran parte de sus ganancias de la Argentina.

En un país como el nuestro, según estimaciones de la ENGE (Encuesta Nacional de Grandes Empresas) del Indec, las primeras 500 (quinientas) empresas por volumen de facturación, contribuyen con el 23,9% del total del Valor Agregado del país. De ellas, las primeras 100 (cien) empresas representan el 17,1% del valor agregado de la Argentina

Si a los datos mencionados le sumamos que sólo 20 (veinte) empresas, donde están las acerías del grupo Techint, las comercializadoras de grano (Bunge Cerval, Nidera, Cargill, Louis Dreyfuss, Pérez Companc, etc.), las petroleras (Repsol y Petrobras), y las automotrices, son responsables de las ventas por más de U$S 35.000 millones sobre los U$S 70.589 millones de las exportaciones del año 2008. Nos permite configurar, todo ello junto, una economía fuertemente concentrada.

Es más, fuertemente concentrada y extranjerizada, dado que si vemos la composición del capital accionario de las primeras 500 (quinientas) empresas, 330 (trescientas treinta) son extranjeras. Hecho que se agrava cuando observamos su participación en la producción, donde el 81,7% del valor bruto de producción total del panel y el 83,2% del valor agregado del mismo, son generados por empresas con participación de capital extranjero. También dichas empresas extranjeras explican el 90,2% de las utilidades de las 500 (quinientas) empresas del panel en su conjunto.
En ese marco podemos concluir:

a) Que la supuesta burguesía industrial argentina, consciente de sus limitaciones y sin mayores ambiciones que las de buscar garantizarse altas tasas de ganancia en el país y en el exterior, es incapaz de estar a la altura de las circunstancias, y si no obtiene ganancia fácil y rápida prefiere, como ha hecho tantas veces, fugar capitales del país.

Que, cuando el Gobierno les observa la irresponsabilidad con la sociedad y con sus trabajadores, comienzan a “operar” sin miramientos para limitar el poder estatal, de allí que tratan de infundir incertidumbre, dando a entender elípticamente que la Argentina va a seguir el camino de Venezuela, donde el gobierno del país hermano estatizó seis empresas del área siderúrgica, en cuatro de las cuales el Grupo Techint tenía participación accionaria (Sidor, Tavsa, Matesi y Comsigua), dado que ante la falta de inversión, los conflictos laborales y el alto precio de sus productos (que son a su vez insumo de otros productos con lo que se encarece toda la producción), el gobierno venezolano tomó la decisión soberana de estatizarlas.

b) Que es imprescindible que se respeten los principios de intervención estatal y de control de los sectores más concentrados de la economía argentina, con lo que se garantiza no solamente afrontarla en mejores condiciones, sino y sobre todo que no repercuta en los sectores de ingreso fijo y más débiles de la sociedad, garantía para salir fortalecido de la crisis, a la vez que se generan condiciones para un nuevo modelo de acumulación que tenga al Estado como soporte y como referente.

El objetivo debe ser maximizar el empleo, maximizar la producción y mejorar la distribución de lo que se produce. “De la crisis se sale solamente con crecimiento económico”, como se hizo en nuestro país durante la crisis de los años 2001/2002, razón por la cual, a la vez, se debe defender el mercado interno para no facilitar la sustitución local de producción y de trabajo, orientando las ventas al exterior para priorizar aquellas con mayor valor agregado, para que paralelamente en lugar de destinar cada vez más recursos a la soja, se lo haga con los cultivos que consumimos y se propicie y se fomente la producción industrial.

Y allí nos encontramos con el centro de la cuestión. Si no hay burguesía industrial, entonces es el Estado en nombre de todos y garantizando la provisión de insumos básicos el que debe intervenir.

En Venezuela, el Estado Bolivariano propicia las tres banderas que supo tener el justicialismo: La independencia económica, la soberanía política, y la justicia social, no es la “oportunista” burguesía industrial” que está en nuestro país la que puede aceptar esas reglas de juego y va a usar todo su poder y todos los mecanismos que tiene a mano para impedirlo.


Horacio Rovelli
Economista, docente de la UBA

No hay comentarios:

Publicar un comentario