que venga el día

«...Y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día / al cimarrón se prendía / hasta ponerse rechoncho / mientras su china dormía / tapadita con su poncho»

19/3/09

Macri quiere esconder sus candidatos con la boleta única






Por Alicia Bello
Diputada de la Ciudad de Buenos Aires

Estamos en un año electoral y es lógico que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires quiera hacer campaña. Pero alzar la bandera de la nueva política cuando durante su primer año de gobierno ha hecho poco y nada para acompañar los cambios que el sistema político de la Ciudad necesita, es poco serio, es oportunista y es vieja política.

Durante el último año en la Legislatura se presentaron 22 proyectos de materias vinculadas a la reforma política, esto es, código electoral, partidos políticos, voto electrónico, campañas electorales, Justicia Electoral, etc. Ninguno de ellos tiene por autor al Jefe de Gobierno mientras que 14 corresponden a los bloques de la oposición.

Por eso cuando el Gobierno organizó una jornada sobre voto electrónico parecía que por primera vez las condiciones estaban dadas para que todos los partidos políticos comenzáramos a trabajar conjuntamente en la tan demorada reforma política. Lamentablemente no fue así, con el voto electrónico el macrismo pretendía lo mismo que con el resto de sus iniciativas, hacer un poco de prensa e intentar que la Legislatura apruebe en quince días la norma que ellos proponen sin introducirle modificaciones.

Hoy en vez de voto electrónico proponen boleta única, pero ni el uno ni la otra por sí solos podrán transformar la forma en que se hace política en la Ciudad. No existen soluciones mágicas. Peor aún, el hecho de que el macrismo en menos de un año presente dos alternativas distintas y contradictorias de sistema de votación pone en evidencia lo endeble que son sus convicciones en materia de reforma política.

El Jefe de Gobierno da 3 razones por las que resultaría conveniente utilizar una boleta única en las próximas elecciones. Dice que es más transparente, que elimina la posibilidad de fraude y que hace más fácil y rápido el comicio. Desafortunadamente ninguna de las tres es cierta.

En la Ciudad de Buenos Aires hay actualmente 49 partidos reconocidos a los que se suman los partidos nacionales con sede en la Ciudad y los partidos que obtengan reconocimiento provisorio para cada elección. Si todos se presentaran en las próximas elecciones habría más de una centena de opciones políticas para la categoría de legisladores y una cantidad igual para elegir representantes comunales. Para incluir estas doscientas opciones de forma legible, la papeleta debería tener mínimamente el tamaño de diez hojas oficio y esto si, como propone el oficialismo MACRISTA, solamente se incluyen en la boleta los nombres de los primeros tres candidatos de cada lista. A esto hay que sumarle además, que el orden de las listas dentro de la boleta única sería determinado por sorteo y no de acuerdo al número que les otorga la Justicia, como ocurre actualmente en el cuarto oscuro. En conclusión, con el sistema de boleta única no será menos complicado para el votante identificar la lista de su preferencia, ya no podrá llevarla desde su casa y las demoras en el cuarto oscuro seguirán ocurriendo.

Tampoco la boleta única facilitará o acelerará el recuento de los votos, que seguirá siendo manual. El proyecto oficial tiene demasiadas zonas grises en cuanto a la validez de los votos emitidos. Supongamos, por ejemplo, que el elector debe indicar su elección en la boleta con un marcador proporcionado por el Tribunal Superior pero que al hacerlo, en vez de dibujar una cruz en el espacio en blanco contiguo al nombre de la lista, lo hace sobre el símbolo del partido elegido o que en vez del marcador oficial utiliza uno propio ¿es válido su voto? La ley nada dice al respecto. ¿Y entonces qué sucede? Seguirá sucediendo lo mismo que hasta ahora. Los fiscales presentes defenderán o cuestionarán la validez de cada voto según sean votos a favor de su partido o de un competidor. ¿Quiénes serán los perjudicados? Los partidos pequeños, que son los que mayores dificultades tienen para contar con fiscales en todas las mesas.

En cuanto al fraude, la posibilidad de que se produzca no desaparece con la utilización de una boleta única. La ley propuesta por el Jefe de Gobierno no brinda garantías suficientes de que el voto haya sido emitido libremente. Sólo hace falta que un elector introduzca en la urna un sobre vacío y se lleve consigo la boleta oficial para que se active el voto en cadena.

Por último, quisiera detenerme particularmente en la supuesta transparencia que la boleta única brindaría al sistema político. Nadie puede defender seriamente que es más transparente una boleta en la que solamente figurarán los primeros tres candidatos de cada lista así como tampoco nadie puede creer que los electores conocerán más a sus candidatos porque las listas completas estén colgadas en alguna pared de los centros de votación. Mucho menos puede argumentarse que las listas dejarán de estar encabezadas por personalidades conocidas que “arrastren” votos o que desaparecerán las llamadas “colectoras”.

Cada vez que las elecciones nacionales y las locales se realicen conjuntamente, la legislación aplicable será la nacional. O sea que por más que el proyecto sea aprobado, hay amplias posibilidades de que este año al entrar al cuarto oscuro nos encontremos con varias listas distintas de diputados locales que acompañen la candidatura a diputada nacional de la actual Vicejefa de Gobierno.

En conclusión, impulsar la boleta única en la Ciudad de Buenos Aires es pretender tapar el sol con las manos. Los problemas que actualmente atraviesan los vecinos a la hora de votar seguirán existiendo y los partidos políticos pequeños seguirán estando en desventaja. La reforma política que realmente necesitamos los porteños requiere el tratamiento conjunto de la ley de partidos políticos, el código electoral y una reforma de la ley de campañas electorales. Resulta inconcebible que aún no contemos con estas leyes de mandato constitucional. Y no es por falta de propuestas sino por falta de voluntad política del oficialismo de sentarse a debatir y consensuar las cuestiones de fondo con quienes hemos presentado proyectos alternativos. El macrismo produce slogans, no impulsa reformas y de esta manera lo único que genera es un desgaste aún mayor de las instituciones políticas.




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